ZambujeiroHace unos días leía un hilo en verema.com sobre la cultura del vino en España. Es un tema recurrente entre propios y extraños. Mucha gente piensa que por el hecho de que un país sea productor y consumidor de vino a gran escala, ello implica que sus habitantes tengan cultura del vino. Qué debemos entender por cultura según la RAE:

cultura.

(Del lat. cultūra).

1. f. cultivo.

2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.

3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.

4. f. ant. Culto religioso.

—Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Sin tomar en cuenta otras tantas acepciones, que no vienen al caso, ya que están fuera de contexto.
La segunda acepción ¿A qué conjunto de conocimientos se refiere? Hay muchos prejuicios alrededor del vino, los conocimientos de la gente muchas veces nacen de la desinformación. Cuántas veces nos paramos en un restaurante a pedir que refresquen el tinto, y el mesero pone cara de asombro, rebuznando; el tinto va al tiempo, o no saben que es un decantador, o luchan con la botella al descorcharla…

Si tomamos como válida la tercera acepción, podemos estar parcialmente de acuerdo. «Modo de vida y costumbres» nadie puede negar que España, Francia, Italia, Portugal y Alemania entre otros países europeos, tienen una gran tradición vitivinícola, así como también Argentina, Chile y EE.UU en América. El vino ha sido parte cotidiana de sus vidas, sobre todo en Europa, acompañando los alimentos y también como elemento esencial de convivencia, lo que llama Manuel Camblor: «lubricante social».* Pero que hay del conocimiento, es aquí donde empiezan mis dudas.

El tequila y el mezcal son las bebidas nacionales, o por lo menos es lo que nos hacen creer. Pero esto no implica de ninguna manera que yo tenga conocimientos del tequila, apenas si sé que proviene de una plantita de hojas largas y puntiagudas, y el jugo que sale de la piña, corazón de esta planta, se destila.
Bebo café todas las mañanas, y eso tampoco me hace un experto en café. Pienso que es una cuestión cultural y no siempre va de la mano del consumo consuetudinario. Estoy convencido de que no hace falta nacer en un país tradicionalmente vitivinícola para entrar de lleno a este apasionante mundo. Somos un puñado de bichos raros quienes gozamos el vino en su máxima expresión. Aquí y allá.
Libro y copa
Pocos son los países con arraigo vitivinícola que se ocupan de los vinos extranjeros. Lo he visto en Chile, Argentina, Portugal poco menos en España.
EE.UU. como he podido comprobar en mis visitas, tiene uno de los mercados más importantes del mundo junto con el mercado inglés. Si bien es cierto que existe una inmensa oferta de vinos californianos, hay puntos de venta donde la oferta de vinos extranjeros es un sueño para cualquier enófilo. En primer lugar está la ciudad de Nueva York, seguida de otras como Chicago y Los Ángeles.
En Argentina la gran mayoría de los vinos que encontré en las tiendas de Buenos Aires, eran argentinos, y por desgracia pocos vinificados con Torrontés; uva blanca con la que identifico a Argentina.

Pero siguiendo con el hilo de la dichosa cultura del vino, no he encontrado gran diferencia entre unos y otros países. Como dije antes; en cada país existe ese grupo grande o pequeño de gente que disfruta y conoce el vino, sin importar que tanto produce o que tanto se consume el vino en su país.

* Este término aparece en la obra «Ancient Wine» del autor Patrick Mc Govern, en la solapa del libro, al final: «As medicine, social lubricant, mind-altering substance, and highly valued commodity, wine became the focus of religious cults,» (…)

FiascoMis primeros recuerdos del vino me remontan a una alacena que tenía mi madre en casa. Allí guardaba mi padre algunas botellas de vino que pronto se convertían en vinagre ya que las guardaba paradas y con la mitad del corcho de fuera. Un desastre. Ni que decir de la temperatura y la humedad. Él no fue un enófilo ni mucho menos, sus encuentros con el vino eran muy casuales y rara era la ocasión que lo bebía sin combinarlo con alguna otra cosa. A pesar de todo, mi memoria olfativa me lleva a mis primeros encuentros con los riojas, que con alguna certeza, pudieron haber sido: Tondonia, Federico Paternina, Marqués de Riscal y Marqués de Cáceres, vinos que llevan mucho tiempo en México, y que han sido de la preferencia de los mexicanos y españoles residentes en este país.

Ya de adolescente acostumbraba a pedir vino cuando salía a comer con alguna amiga. En las comidas formales nunca faltó una botella de vino. Antes de meterme al rollo de leer sobre este tema, bebía Siglo, de bodegas AGE, el de la malla tejida. No fue casualidad que desfiló en las mesas de mi boda. En blancos siempre pedía Chablis, sin reparar en la bodega y mucho menos si era Petit, Premier Cru o Grand Cru. Cuando visitaba un restaurante italiano, era obligado el típico Chianti en su «fiasco» con su tejido de paja. ¡Qué tiempos!. Difícil de creer que añore esa época. No había prejuicios, no sabía que las copas debían ser de cristal poroso, delgado y sin bordes, con que tuviera una copa limpia a mano era suficiente. ¿Añadas? que cosa más ridícula. Temperatura de servicio… el tinto al tiempo y el blanco frío. Los mejores vinos eran los franceses, aunque todavía pienso lo mismo, en aquella época no reparaba en regiones ni apelaciones de origen.

Con el tiempo todo cambió, sobre todo cuando en un viaje a España decidí comprar un buen libro de vinos y aprender sobre el tema. En realidad fue un regalo de una buena amiga, ya que llegué a México con las manos vacías, pero le encargué el libro a mi amiga que se había quedado en España. «Manual de los Vinos de España, Ed. Everest, de Pedro Plasencia y Teclo Villalón, 1994″, hoy debo reconocer que es un libro muy ilustrativo y ameno, pero con algunos conceptos pasados de moda.

Pronto se convirtió en una obsesión y compraba más y más libros y recorría las tiendas de vino buscando nuevas botellas. Después de casarme empecé la construcción de mi cava. Un agujero en el jardín con las paredes aisladas con poliuretano. Cuando vi terminada mi obra, me sentí tan orgulloso como cuando los faraones terminaron las pirámides de Egipto. El problema fue llenarla, cosa que no sucedió sino hasta después de diez años. Una de las consecuencias de un pobre presupuesto. Por la misma época pertenecía a un club de vinos en México. Después de un par de años, me salí, y fundé mi propio Club. Hasta la fecha son más de ciento veinticinco catas, una por mes.

Qué tengo hoy… Una bola de prejuicios y un paladar poco conformista. ¿No estaba mejor antes? Creo que la búsqueda del conocimiento y el goce, o la parte práctica es lo que nos lleva a grandes satisfacciones, pero hay un precio que pagar. Perdí por decirlo así: la inocencia, la candidez. Pero de ninguna manera piensen que estoy hablando de un estado superior de levitación, donde me codeo con los dioses del Olimpo. Todo lo contrario, creo que tener tantas ideas, algunas bien estructuradas otras preconcebidas, hacen que ya no disfrute del vino como antaño. Para quienes nos gusta probar y leer sobre vinos, leer y probar nuevos vinos, sabemos de sobra que es un camino infinito y que a medida que lo recorremos se hace más largo.

En este momento de ocio en sábado por la noche, me vino a la mente ese fugaz recorrido por los inicios de mi declarado amor por el vino. Lo comparto, aunque no estaría mal que me tomara unas vacaciones y olvidarme de todo lo que tenga que ver con el vino, incluyendo este blog, a pesar de que mucha gente (más de tres mil) me han hecho favor de leer alguna de las tonterías que acostumbro escribir. Sin embargo hay pocas personas dispuestas a comentar, y esto de alguna manera merma un poco mi incipiente vocación «blogera».

Foto extraída de flikr, autor: Marco Prete

corchoEl tapón de corcho, ese trozo de corteza cilíndrico extraído del querqus suber, mejor conocido como alcornoque. Posee características que lo hacen único: es elástico, es impermeable a los líquidos, es ecológico. Aunque aún no está muy claro su impermeabilidad a los gases.
Se utiliza como tapón para la boca de las botellas desde mediados del siglo XVIII. Esto fue, junto con las botellas de vidrio, la principal causa de la expansión del comercio del vino.

En los últimos seis años ha ido creciendo mi interés por llegar a conocer la verdad acerca de la permeabilidad del corcho a los gases. ¿Existe esa entrada de gases al interior de la botella?. Pancho Campo, el primer Master of Wine español, contestó amablemente a un correo que le envié, diciendo que sí existe una micro-oxigenación gracias a la permeabilidad de los tapones de corcho. Su respuesta es clara y contundente. Sin embargo no dio ningún argumento, yo tampoco se lo pedí. Lancé la pregunta y él contestó. No tengo ninguna intención de desacreditar esta postura, sólo me he concretado ha preguntar por diferentes foros y analizar cada respuesta, otorgando más peso a aquellas que me parece tienen mayor sustento científico. De ningún modo debe ser un acto de fe, ni tampoco una cuestión de pertenecer al bando de los que creen o de los que no creen. Mi intención es lanzar al aire la pregunta, dejarlo en la mesa de debate y al final ponerlo en la balanza, y así acercarme a una respuesta mucho más ponderada de la que tengo hasta el momento.

Hace unos años mi amigo Juan Ferrer me comentó que La Rioja Alta S.A. estaba haciendo un estudio sobre el corcho y no sólo eso, sino de la forma más adecuada de guardar las botellas de vino. Dándome algún adelanto; me decía que la arraigada costumbre de guardar las botellas en botelleros en posición horizontal podía dar un giro inesperado. El contacto del corcho con el vino no es del todo adecuado, ya que puede contaminarlo, no sólo con TCA, que tampoco es el causante del mismo, sino con otras sustancias propias de la misma naturaleza del corcho. En condiciones de humedad relativa alrededor del 75%, el corcho no pierde su sección, por lo que en teoría no deja pasar el oxígeno. Por desgracia hasta la fecha no tengo los resultados a la mano. A pesar de haber preguntado por correo eléctrónico a la bodega. Pocas personas expertas en este tema han contestado a mi petición. Pienso que como aficionado, el interés de los estudiosos no despierta las mismas espectativas que con la gente relacionada comercialmente al corcho y al vino, o quizás sea sólo un prejucio. No lo sé. En aquella ocasión quien contestó a mi correo fue:Raul Riba D´ Ave. De la compañía: APCOR – Portuguese Cork Association. De manera muy amable hizo varias aclaraciones, que hasta el día de hoy me parecen las más sólidas y sensatas. A continuación repoduzco la respuesta a mi correo:

Estimado Benjamin,
Gracias por su email.

La impermeabilidad del corcho a los liquidos es un hecho. Cuanto a la impermeabilidad a los gases, eso ya no es tan claro. Hoy pocos estudios sobre este tema y, por eso, uno de las investigaciones que haremos el proximo año será exactamente sobre la permeabildad de gases en el corcho.

Sin embargo, dejeme esclarecerlo sobre lo que ya se sabe sobre la permeabilidad a los gases:

– Un corcho nuevo, aplicado correctamente en el pico de una botella es impermeable a gases y liquidos en condiciones normales de presion.
– Hay una experiencia que prueba que el aire puede pasar por el corcho cuando inyectado a altas presiones (eso nunca ocurre en una bodega)
– Con el tiempo, los corchos van perdiendo lentamente sus excelentes calidades. Eso va pasando, en general, a lo largo de los primeros 25 anos. A los 25 anos el corcho puede haber perdido alguna de su elasticidad y, por eso, si hay variaciones bruscas de temperatura y presion en la bodega, entonces el corcho puede no acompanar la dilatacion/contracion del pico de la botella. Pasando eso, puede darse que entre aire o salga vino de la botella. Cuando se habla en tener bodegas con temperatura mas o menos constante durante el ano, es para evitar, especialmente, este tipo de situaciones. Claro que botellas acostadas, temperatura y humedad mas o menos constante ayudan a que los corchos duren mucho más. Y dejeme aclararlo en una cosa muy importante: a pesar de que en general los corchos pierdan algunas de sus propriedades elasticas a los 25 anos, esto no significa que no puedan seguir siendo un excelente tapon para el vino durante más 75 años. En realidad, si se mantiene las botellas en una bodega con buenas condiciones de temperatura/humedad, entonces no habrá problemas. Nosotros hemos preguntado a los bodegueros de vinos de Oporto si cambiaban los corchos de sus vinos VINTAGE (es la categoria «premium» de vino de porto y que anejara en botella por decadas). Verificamos que hay muchas pocas bodegas que lo hacen, y las que lo hacen, lo cambian de 40 en 40 anos. Las que no cambian, dicen que no es necesario porque cuando abren vinos con mas de 80, a veces mas de 100 anos, los vinos estan espectaculares. El corcho esta’ completamente adpatado al pico de la botella. Solo que estos corchos no pueden ser extraidos con sacacorcho. Hay que utilizar las tenazas, pues que el corcho esta’ muy fragil y no aguantaria.

-sin embargo, no hay todavia pruebas cientificas que el corcho es completamente impermeable al aire. Se discute que el corcho permite una especie de micro oxigenacion del vino haciendo pasar pequenisimas cantidades de aire del exterior para el interior de la botella. Otros dicen que el aire que llega al vino no viene del exterior, sino del espacio entre las celulas del corcho (un corcho es constituido 50% por una especie de aire que esta’ entre sus celulas). De ser verdad, sera’ necesario probarlo cientificamente, y eso es lo que esta planeado para el proximo ano. Asi, creo que lo de almacenar en un lugar exempto de olores fuertes es una medida de prevención, especialmente para los vinos más antiguos, que pueden tener problemas de infiltraion si las condiciones de la bodega varian de manera abrupta.

Esperando haber contribuido para su conocimiento sobre los vinos y el corcho, les enviamos nuestros mejores saludos.
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Real Cork – Irreplaceable
APCOR – Portuguese Cork Association
Av. Comendador Henrique Amorim n.º 580
P. O. Box 100
4536-904 Santa Maria de Lamas
Portugal

He tratado de volver a comunicarme con él en varias ocasiones, sin éxito, lo único que me han respondido de la compañía es que Raul D´Ave ya no trabaja allí. Y que los resultados aún no se publican.

Nada me daría más gusto que esta entrada sirva para despertar un debate, pero sobre todo que arroje alguna luz sobre los últimos descubrimientos al respecto.

¿Continuará…? Es lo más probable.

Foto extraída de APCOR – Portuguese Cork Association

MMarza-Wine-(AA_1_8_84)La tecnología moderna me está rebasando, el siglo XXI ha llegado con una oleada de inventos que hasta hace poco sería imposible de concebir para nuestros padres. A mis ya bien entrados cuarenta y tantos, me siento a veces fuera de lugar. No tengo ipod, ni celular con cámara integrada, de no sé cuántos megapixeles, ni tampoco tengo lap top.
Recuerdo que recien llegados los ochentas, la televisión con control remoto inalámbrico apenas se asomaba, era el comienzo de las videocaseteras Betamax y el lanzamiento del Columbia era todo un acontecimiento digno de ver y disfrutar con toda la familia. En casa había un coche y un televisor, el tiempo pasaba más lento y la gente guardaba el vino para que evolucionara a favor por muchos años. Hoy la música se eschucha con minúsculos audífonos, girando un comando circular en un aparato más pequeño que la mano, con una capacidad infinita para guardar canciones, las grandes pantallas de plasma sustituyen las gordas y pesadas televisiones, el blue ray es lo actual y los taxis espaciales de la NASA se ven como piezas de museo. Obsoletas. Piden a gritos nuevas formas para el trasporte al espacio, los vinos se compran y se beben el mismo día.
Hay algo dentro de nosotros que nos hace disfrutar de lo viejo, lo retro, lo que llamamos ultimamente, vintage. Esos carteles publicitarios de antaño cargados de romantisismo y de arte, que nos trasportan a los tiempos donde la gente se detenía a observar una puesta de sol, se hacían largas sobremesas en cualquier día de la semana, cuando las cosas eran más sencillas y el sol brillaba y se podía disfrutar sin necesidad de ponerse bloqueadores del 40, 50 o 70.

Los anuncios de cigarros han desaparecido, tal parece que de unos años para acá ha habido un consenso mundial para acabar con la industria del tabaco. La época de Clark Gable con su cigarro en boca, ha pasado de glamorosa a la condena total.
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La publicidad del vino en México nunca ha trascendido, los anuncios se pueden contar con los dedos de la mano. Sobre todo si se compara con las millonarias cantidades que gastan las empresas de cerveza, tequila, brandy, ron y refrescos. Quizá por ello llama más la atención cuando vemos algún anuncio de vino perdido en el océano de publicidad en un universo donde pocos se ocupan de la promoción del mismo. Al observar más de cerca la industria vitivinícola en México, podemos concluir que los dueños de las bodegas tienen que librar varios obstáculos para poder hacer de éste, un negocio rentable. La desmedida carga impositiva, la voraz competencia internacional y el bajo consumo nacional, los hacen verdaderos héroes. ¿Será por eso que abundan los vinos caros en nuestro país?. Como decía mi difunta madre: «En el pecado llevan la penitencia», al aumentar los precios se vuelven menos competitivos en el extranjero. Sin afán alguno de molestar a los nacionalistas; pienso que no hay mucha gente dispuesta a pagar esos precios por vinos sin tradición, sin historia como podrían hacerlo con algunos franceses, italianos y españoles. Es un panorama complicado. El tema de las medallas y los premios internacionales parece de mucho interés para los productores. Hoy leía en el periódico Reforma, de varios premios internacionales para muchas bodegas mexicanas como: L.A. Cetto, Santo Tomás, Casa Madero y otras muy recientes que empiezan su carrera en esto de las medallas. Luis Cetto director general de la casa del mismo nombre, explica la importancia de estos concursos: «La decisión de qué vinos participan en qué concursos radica en las oportunidades de mercado en el país donde se realiza el evento». Para mucha gente que no tiene la experiencia ni tampoco las herramientas para establecer un juicio de valor con respecto a lo que bebe, le es de mucha utilidad conocer vinos con medallas y reconocimientos. Para otros los precios altos tienen una relación directamente proporcional con la calidad y el goce del vino, sobre todo si pueden pagarlos, así que los vinos de bajo precio quedan descartados de manera automática. Limitándose de esa forma, perdiendo la oportunidad de encontrar esos vinos de excelente relación calidad precio, que no dejan agujeros en los bolsillos y sí dejan satisfecho el paladar. También puedo decirles que no ha habido ninguna campaña extraordinaria para la promoción del vino en nuestro país. No sé si ya sea hora de que despierten y usen la imaginación para que sus vinos sean consumidos por más gente, y no quede sólo en un puñado de personas de cierto poder adquisitivo.

Fotos extrídas de Flikr

Y ahora, un anuncio «vintage» claro, directo y sin copas ni efectos especiales…

Ayer por la tarde, después de un partido de tenis, cosa rara porque no acostumbro a jugarlo o más bien he jugado un par de veces en toda mi cuarentona vida, llegué a mi casa y me planté frente al monitor de la computadora. No acababa de acomodarme en la silla cuando leí la noticia de la muerte de Michael Jackson. Así es precisamente como corrió la noticia, ya que fue por internet donde se dio primero. Ni CNN, ni la BBC fueron tan rápidas como el internet. Ya a medio día había lamentado mucho la muerte de mi primer amor platónico, Farrah Fawcett. Quién no recuerda a esa rubia en los Ángeles de Charlie. Hubo una temporada en un pasado remoto, que me dediqué en cuerpo y alma a coleccionar todo lo relacionado con esta mujer; desde estampas hasta posters, pasando por botones y camisetas con su foto.

Michael Jackson, como todos los grandes, estuvo rodeado de una bola de escándalos y conflictos personales, como los tuvo en su tiempo, guardando las proporciones; Lennon, Elvis, Sinatra y pasándonos al producto nacional; Pedro Infante y el charro cantor; Jorge Negrete… Es parte de la naturaleza de los «ídolos» de las masas, conflictos en el caso de Michael, de índole muy oscura y deprabada. Aunque dudo que se repita el fenómeno Jackson. No lo digo por sus ventas, ni por sus Grammys, ni por sus innovaciones en la música, ni por los llamados «video clips», ni sus grandes escándalos de pederastia, cirugias plásticas ni tratamientos blanqueadores. Sino a la profusión de artistas y de programas en la televisión y en internet, es casi imposible pensar en fenómenos como el de «Siempre en Domingo» , hablando en plan local, cuando un artista lo veía la gran mayoría de televidentes en ese momento. Hoy los medios han dispersado esas masas y los programas de TV. no tienen la importancia ni la audiencia en términos absolutos como la tenían antes.

Dando un vertiginoso giro de 180 grados de la farándula, al vino. En más de una ocasión he leído y oído hablar de las bondades del corcho, la idea romántica que nos es tan difícil de desprender al image-bank2aceptar otro sistema de cierre para los vinos como; el plástico, vidrio y acero. Usar el sacarcorcho es parte del rito del vino, cualquier otra maniobra en la boca de una botella va en contra de las prácticas ortodoxas de este ritual. Hay quienes se resisten a comprar botellas con «corchos» sintéticos o tapones metálicos, algunos aluden que estos últimos causan cáncer. Lo cierto es que todavía son mayoría los vinos con corchos naturales. Dejando de lado las consideraciones estéticas y románticas, el corcho es un excelente material, impermeable a líquidos y a gases. Para mucha gente la micro-oxigenación es algo indiscutible, tan real que no admite ningún tipo de juicio. Para mí ésto ha sido motivo de búsqueda durante algunos años. No hay pruebas concluyentes que aseguren tal intercambio de gases. Las presiones que se necesitan para que un gas traspase un corcho no se dan en condiciones normales dentro de una bodega. Pero dejaré el tema para otra entrega.
Algo que parece la solución final al problema del TCA, son los corchos que produce la compañia Oeneo-Bouchage, como se puede ver en el video, con su nuevo corcho llamado Diam fabricado con aglomerado y expuesto a dióxido de carbono, que permiten no sólo la erradicación del TCA en el vino sino las variaciones de una botella a otra. Me imagino que se refieran a las variaciones que tienen que ver más con un defecto, que con cuestiones de la evolución natural de una botella a otra, de una misma añada, o inclusive variaciones en botellas de una misma caja. Hugel & Fils esa famosa bodega en Alsacia ha puesto en marcha la colocación de estos corchos en sus botellas. El tiempo les dirá si fue una buena inversión. Por lo pronto su aspecto es mucho mejor que el de los corchos de aglomerado actuales, que abundan en el mercado de vinos de bajo precio.

*Video M.J. restringido (youtube)

Sin dieta, sin ejercicio, sin pastillas, sin pócimas mágicas, pero con algunos dolores y molestias, he bajado 3 kilos el fin de semana pasado. Para mi mala suerte los recuperaré muy pronto, ya que no se trata zinfandel-2003de grasa sino de agua. Una infección estomacal me tuvo fuera de combate estos tres últimos días. Parece mentira que el estómago en mal estado pueda tenerlo a uno en jaque tanto tiempo. Sin tener la certeza, todo parece que se originó el jueves pasado, al asistir a un restaurante italiano con unos amigos. Yo sabía de sobra que la especialidad eran las excelentes pizzas recién salidas del horno, un horno muy grande y campirano con leña. Pero tenía antojo de risotto, y pedí el único que había en la carta. Risotto con mariscos. Desde que lo pusieron frente a mis narices se me quitó el apetito, tenía más pinta de arroz con leche con parmesano que de risotto. Mis espectativas iban más bien enfocadas a algo con azafrán, chícharos, mejillones, camarones y lo que se le pudiera ocurrir en un chispazo de virtuosismo al chef.
Aquello era muy poco apetitoso, por decirlo de manera suave. Una vez que despejé con el tenedor una capa de centímetro y medio de crema y parmesano, apareció el risotto con dos pálidos camarones y un enclenque calamar partido en varios trozos. No era necesario que algún camarón estuviera echado a perder para provocarme náusea. Pero, como hay que guardar las formas, no hice ningún gesto ni comentario negativo, al ver a todos los comensales a mi alrededor disfrutando de sus respectivos platillos. Mi mala suerte o mala elección no venía a cuento.
Debido a que la charla estaba muy sabrosa y no tenía mucha hambre, no pedí que me cambiaran el plato.

Como ya es costumbre, me habían pedido que sugiriera el vino. Yo no acostumbro a que la gente se incomode pagando vinos caros, todavía más caros en un restaurante. Así que escogí uno de precio razonable, pronosticando un vino correcto que pudiera beber la gente sin que se les cortara la digestión. Mi elección; L.A. Cetto Zinfandel 2003, 6 meses de barrica y 14 gradotes de alcohol que los disimula muy bien, un vinito sin pena ni gloria, comercialito, que no pasó de lo pronosticado; algo correcto por $210.00, como 15 dólares.

Un menú corto, conciso con buena materia prima, tiempos adecuados de cocción, originalidad, con precios decentes, es lo que me apetece para salir de casa. Haciendo hincapié en el menú corto, ya que no sirve de nada un menú extenso con platillos que salen de las características que mencioné antes. Cuántas veces visitamos un restaurante buscando un solo platillo, la especialidad, luego entonces porque los chefs y encargados del asunto se complican con platillos como el risotto que comí. Excelente horno para pizzas, pues entonces enfóquense en ese platillo y no cometan el grave error de correr a la gente con bazofia.
Moraleja para los comensales: pedir la especialidad de la casa o alguna recomendación de un amigo confiable.

Que esto sirva para iniciar una etapa de desintoxicación, más que de una dieta, que buena falta me hacen las dos cosas. Como dice el dicho: «No hay mal, que por bien no venga. Ni mal que dure cien años… esto en referencia al malestar estomacal.

letreroLas mentiras producto de la mercadotecnia son de todos muy conocidas, aunque algunas pasan sin la menor advertencia, ni crítica, están tan bien hechas que muy poca gente se da cuenta de la tomadura de pelo. Pero hay otras que rayan en lo elemental y ridículo. Pasaba por la calle cuando me encontré con el letrerito de la primera foto. Lo primero que surgió de mi cabecita fue la siguiente pregunta: ¿los franceses hacen barbacoa? quizá peque de ignorante, pero hasta el momento me es imposible relacionar la barbacoa con la cocina francesa, y si nos vamos a la tradicional barbacoa de chivo o de cabra envuelto en hojas de maguey, es todavía menos probable. Si pienso en la cocina gala me viene a la memoria la sopa de cebolla, el suflé, las crepas y uno que otro platillo delicado. Así que por muy buena que sea esa barbacoa creo que está fuera de contexto. Pero las incoherencias no sólo son externas, hay otras que salen solitas de mis adentros. Saqué un vino de la cava, algo que había comprado hace un par de semanas. Se trata de un Moscato D´Asti. Las mujeres presentes, que además eran mayoria, se sintieron muy complacidas y halagadas con este blanquito espumante dulzón. No podía haber escogido un vino más adecuado para ellas en una tarde calurosa de primavera. Bosc Dla Rei 2006, de Beni di Batasiolo, un vinito cuya espuma es más artificial que el color blanco de Michael Jackson. Lo que pudo sorprenderme fueron sus 5,5 grados de alcohol y su precio. Pagar más de $200.00 se me hace excesivo, incoherente pagar semejante cantidad de dinero por algo de su clase, que dicho sea de paso, no llega con tanta frecuencia a México.
Debido a que se acabó tan rápido ante tantos paladares femeninos sedientos, y yo quería algo más genuino, husmeé en la bodega de las tías, y encontré un tinto, un Marqués de Cáceres crianza 1986. Marqués de Cáceres 86
Un vino que de joven es más bien de batalla, abunda en la mayoria de restaurantes que ofrecen vino, si su precio estuviera abajo del rango de 10 dólares sería una muy buena opción, pero nada que pueda levantar suspiros. Después de 23 años de guarda, no muy rigurosa, resultó sorprendente. Color ocre muy opaco casi turbio, con mucho sedimento, no sólo por la precipitación de taninos sino también de tartratos, un vino con todas las características de lo que puede hacer el paso del tiempo. Aromas muy marcados de reducción, pero que con un poco de aire se vuelven complejos; caza con pelo, ahumados, fruta roja madura, tabaco de pipa y piedra mojada. En boca se repiten muchos aromas, es amplio y con una acidez que ya quisieran muchos jovenzuelos. Una gran sorpresa de un crianza que por la edad debería estar ya en la tumba. Otra incoherencia más de este apacible domingo. Esta última muy afortunada, ya que este vino me hizo la tarde y lo pude disfrutar trago a trago.

Faltaban unos minutos para que mi mujer y yo nos sentáramos cómodamente en la terraza a disfrutar de una botellita de champán; Drappier Zero Dosage de pinot noir y sin añada… Suena el teléfono, contesta ella. Inmediatamente se queda muda y con la cara descompuesta, cuelga y sale a Drappierdecirme que había que cancelar las tarjetas de crédito de su hermana, porque acababan de asaltarla junto con mi cuñado. Una hora después habíamos terminado con nuestra apresurada y tensa tarea. Pero ya no teníamos ganas de descorchar nada. Por desgracia son historias que se repiten de manera cotidiana, y no me refiero a la cancelación de la velada. A veces me siento fuera de lugar al escribir sobre vino en un país con tantas carencias, entre otras las de seguridad pública, tarea primordial del Estado. Pero como no escribiré de cosas tristes, volteo y miro el gran placer que me llena poder beber, disfrutar y escribir. Así que después de este penoso preámbulo, triste porque vivo aquí, y porque no veo que mejore a corto plazo, repiro profundo y sigo adelante.

Hoy es un nuevo día o mejor dicho una nueva noche, y me dispongo a descorchar esa botellita que quedó pendiente. Un vino hasta hace poco imposible de conseguir en estas latitudes. Para mi sorpresa, Carlos Font me regaló una botella a principios de año, advirtiéndome que la había comprado en México. Así que me dio mucho gusto por el regalo y porque ya puedo conseguir este sabroso y no tan común champán de manera local. Zero dosage, que se traduce como un espumoso seco hasta la médula, por no tener ningún aporte de azúcar para el final, lo que los franceses llaman liqueur de expedition. Resultado; «una mujer sin maquillaje» un champán sin concesiones pero también sin máscaras. Una ensaladita de lechuga con mandarina y unas gotas de un aderezo que no ha querido el chef darme la receta. Levantando la copa pido desde lo más profundo de mis entrañas, que las cosas cambien y mis hijos puedan disfrutar un mundo mejor. ¡Salud!

ChinonRecuerdo con cierta nostalgia aquella etiqueta anaranjada de cabernet franc Monte Xanic, para quienes lo conocieron, lo bebieron y lo disfrutaron sabrán de que estoy hablando. Un vino rústico, con aromas y sabores térreos que ganaba con unos grados de temperatura más abajo de lo «normal». Yo lo metía media hora antes de servirlo, en el refrigerador. Creo que éste ha sido mi encuentro más placentero con la cabernet franc. Lástima que haya desaparecido del mercado y que desde hace algunos años Hans Backhoff le meta tanta madera a sus tintos… demasiada. Al escuchar cabernet franc muchos estarán pensado en el Valle del Loira. Yo también, pero mi acercamiento ha sido fallido. Primero Carrefour, que al decir verdad lo eché de menos cuando desapareció del mapa local, ya que su oferta de vinos era diferente a las demás. Allí fue donde me hice de seis botellas de Carbonnieux 1999, mal etiquetados. Confieso haberme aprovechado de «su oferta no planeada.» Eran tintos, aunque hubiera preferido los blancos, esta bodega de Pessac-Leognan es más famosa por sus deliciosos savignon blanc y semillon que por sus tintas. Precisamente en esta tienda compré mis primeros Chinon, y la verdad no me dejaron muy gratos recuerdos, pasaron sin pena ni gloria. Diluidos y sin ningún caracter: agüita con fruta y algo de alcohol.
Hace poco encargué tres botellas de Chinon de EE.UU. Una vez completada la fase de reposo, descorché un Domaine Pascal Brunet 2005, si bien no pagué arriba de 20 dólares por esta botella, creo que es un vino bastante austero y de poco caracter, sin ninguna concesión. Color picota, brillante y fluido. Al principio es una lápida, muy muy cerrado, en media hora empieza con aromas de fruta roja; cereza, y notas cítricas pero lo más raro es una nota a pimiento. Pareciera tratarse de un cabernet sauvignon. Después se torna a hollejos y algo de especiados: pimienta blanca y tomillo. Pero en boca sigue amargo. El aire parece que lo mejora, o no sé si al beberme gran parte de la botella solo, en un corto lapso, el efecto del alcohol haya mejorado mi percepción de este Pascal. En resumen, no encuentro todavía algún cabernet franc que me haya gustado, sé que debe haber alguno. Tengo en bodega: un Bernard Baudry 2007, y Marc Bredif 2006, así que el tiempo lo dirá, pero sí tienen alguna buena recomendación, échenla, échenla…