
Unas patatas con bacalao, guisadas un día antes, me hicieron bajar a la cava para buscar algún jerez seco. Me parece que van bien con el bacalao. Aunque caí en la cuenta que no tenía nada, sólo dos botellas de Madeira. Escogí una sin saber los resultados en la copa. Hace tiempo que no pruebo un madeira, y no estoy muy familiarizado con estos portugueses.
Este vino empezó como un vino no fortificado. A finales del XVI, menos de 200 años después del descubrimiento de la isla, su producción de vino era ya importante. Sin embargo los primeros «madeiras» se deterioraban durante el viaje a su destino, misma razón que me hace sospechar de los vinos que supuestamente viajaban desde España al Nuevo Mundo. Para solucionar el problema en Madeira, comenzaron a añadir, muy probablemente, alcohol de caña para que sobrevivieran al viaje. Esta práctica de fortificar los vinos no fue común hasta bien entrado el siglo XVIII. Más tarde se dieron cuenta que mejoraban, según su paladar, cuando viajaban en las bodegas de los barcos, revolviéndose con el vaivén de las olas y sometiéndose a temperaturas no muy apropiadas para el vino. Vino da roda, en lugar de los vinos que no viajaban vinho canteiro los que se quedaban en la isla para su consumo. Los viajes por el trópico, proporcionaban esos efectos desconocidos, sin embargo era impráctico viajar al trópico para obtener el resultado. Hasta que se usaron estufas especiales dentro de los barcos para simular el viaje y obtener resultados similares. Los ingleses históricamente han demandado vinos fortificados, no sólo madeiras sino también jereces, pero los madeiras tienen esta historia que contarnos.

Justino´s Madeira, bodega fundada en 1870. Tiene 3 años de crianza en roble, aunque los hay de 5 y de 10, algunos llevan la indicación: Extra Reserve, bastante raros, llegando a los 15 años de crianza. Este vino caoba, llevaba 25 años guardado, prueba de que me estoy haciendo viejo. Ayer lo descorché y me pareció que guarda un equilibrio que nunca me hubiera imaginado. Color caoba ribete amarillo ocre, un poco velado. En nariz presenta aromas muy marcados a caja de puros, canela, vainilla y frutos secos. En boca se confirman los frutos secos, caramelo de tofe, uvas pasa, orejones de manzana, alcohol muy bien integrado, acidez exquisita. Tiene un dejo dulce que no empalaga el paladar. Quizás sea una mala elección para las patatas con bacalao, necesitaba algo más seco y contundente, yodado, tal vez un fino. De todas formas disfrute de este vino, que se bebe a tragos pequeños, sin prisa.
Puedo advertir también que la bodega tiene una humedad que ayuda a la evolución lenta de los vinos, aunque las etiquetas y las corbatas sufran las consecuencias.











