
Ayer fue una de esas noches en las que mis sentidos estaban más adormecidos que lo de costumbre. Al principio pensé que había sido la saturación de perfume de uno de los presentes, pero creo que ya lo mío es crónico. Con todo, hice un esfuerzo por poner todo de mi parte y descubrir algunas características organolépticas de los vinos que nos ocuparon.
Empezamos con un blanco de la bodega CVNE, que francamente no me había dado cuenta que se trataba de esa histórica bodega. Y digo histórica porque por estas tierras es de las compañías más socorridas. Se trata del Asúa 2022, cuya variedad de uva no apareció por ninguna parte, ni siquiera en la página web, o por lo menos un servidor no la encontró, ni con lupa. Aunque me parece que se trata de viura. Color amarillo verdoso, fluido y brillante. Huele a flores, melón y algo de fruta amarilla que no pude definir. Buen ataque, paso por boca y de final largo. Cítrico, buena acidez. Para media caja.
El primer tinto fue Las Tierras del Pego 2020. Se trata de un toro, con doce meses en barrica americana y de roble francés. Granate capa alta, huele a ciruela en sazón y una notita de pimienta negra. En boca es astringente y de acidez comedida. Para repetir.
Crudabendita de añada desconocida fue el segundo tinto. Seguro que este nombre no viene de lo que nosotros llamamos cruda, ya que en España sería resaca. La añada la tiene muy bien escondida, a veces me pregunto si los encargados del diseño de las etiquetas no se enteran de estas graves omisiones. La añada no es un dato que debiera pasarse por alto, al menos que sea de una mezcla de añadas o vinos de bajo perfil. Huele a moras y poco más. Bastante austero. De acidez baja, astringente, se nota una textura granulosa y tiene un final que arranca la lengua. Sus 14 grados los tiene bien integrados, de sus pocas cualidades. Un inmemorable con causa.
Faustino Rivero Ulecia 2019. Al parecer tiene un defecto que no se limpio con el aire, huele a cartón, posible TCA. Para estas alturas me guie de mis compañeros lazarillos. Al final olía a fósforo, de alcoholes altos. Habrá que darle otra oportunidad, pudo haber sido un mal manejo de la botella, o que ya venía desde la bodega con ese defecto.
Por último Marqués del Atrio 2018. Una mezcla de tempranillo y graciano, con 30 meses de crianza sin especificar el tipo de barrica. Granate capa media, huele a moras y humo, en boca tiene una arista de alcohol. Olvidable.












