El Festival Oenovideo se celebró este año en Arbois, Jura, en su décima octava edición. El video ganador: «La Clef des Terroirs» de Guillaume Bodin. Aquí una probadita de este documental.
El Festival Oenovideo se celebró este año en Arbois, Jura, en su décima octava edición. El video ganador: «La Clef des Terroirs» de Guillaume Bodin. Aquí una probadita de este documental.
El cielo está despejado, sólo hay algunas nubes en el horizonte que apenas asoman enmarcando el paisaje sabatino, El clima es templado, el termómetro marca 19°C a pesar de que no se han dejado sentir las lluvias como deberían en este mes. La reunión del pequeño grupo de amigos cercanos apunta a un opíparo festín, aún con mejores vinos. Los inmaculados manteles blancos bordados a mano lo presagian. Al fondo un grupo tocando Jazz, con una vocalista de voz angelical, a un nivel audible pero que deja hablar y escuchar de un lado al otro de la mesa. Mi esposa preparó unas tiras de atún con algo de cítricos y cilantro, del otro lado en la mesa hay una rica fuente de mariscos frescos con una espesa salsa cremosa secreto legendario de la abuela. Todo acompañado de una exquisita ensalada con varios tipos y colores de lechuga, palmitos y tomates bañados de aceite de oliva extra virgen con trufa. Como plato fuerte un lechazo de cordero al horno, en su punto, crujiente por fuera y suave por dentro, como guarnición; papa al horno con crema agria y trozos finamente picados de tocino y cebollín. La papa no puede faltar en mi dieta.
De la cava sale un Tondonia Blanco 1964 y un Puligny Montrachet Louis Jadot 1996, para acompañar los primeros platos, no sin antes descorchar un Pol Roger Rosé 1998 para el brindis. Pensando en el maridaje del lechazo, he escogido un La Tâche 1988, que ya debe estar entrando a la madurez…
Perdón, pero la abstinencia de carne roja y vino tinto me han hecho alucinar, además soñar nada cuesta… Llevo diez días portándome como un angelito, los cristales de ácido úrico son historia, pero no quiero abusar. Mañana. Mañana será otro día, es día del padre, nunca lo había esperado con tantas ansias… pero si he de pecar debe ser con algo que valga la pena. (continuará)
Foto extraída de arthursclipaert.org

Cual vil verdura tuvo que subir a la báscula…
Unos cuantos gramos pueden marcar una gran diferencia. Para un recién nacido prematuro, 100 gramos pueden ser la diferencia entre la vida o la muerte. Después de aquella entrada titulada Pensando Verde en la que hablé de la propaganda de las bodegas a favor de prácticas ecológicas, y dar dos ejemplos: uno el de Casillero del Diablo Merlot 2010 anunciada como «NUEVA BOTELLA LIVIANA». Y la otra, bodega de Miguel Torres en Penedés, con su Sangre de Toro 2010.
Tenía la curiosidad de saber la diferencia entre una botella de las de antes y ésta… Aprovechando que no había mucha gente; que las básculas en el departamento de frutas y verduras están al alcance del público, y que todavía encontré la añada anterior; pesé las dos botellas. La primera un Casillero del Diablo Merlot 2009, botella «normal» y la misma de añada 2010, con la leyenda antes descrita. La diferencia es de sólo 100 gramos, la primera pesó 1,350g y la segunda 1,250g un 8% más liviana y no un 13% como lo apuntan en su página. Aunque también cabe la posibilidad de que la báscula esté un poco descalibrada… Un peso neto por botella de 600 y 500 g respectivamente. Traducido a una caja (doce vinos), estamos hablando de una diferencia de 1 kilo 200 gramos, casi otra botella «liviana» por caja. Por cada doce cajas podrían meter al camión una extra. El ahorro en la utilización de vidrio es de 2,200 toneladas al año, según datos de la compañía. Cifra nada despreciable.
Aún así son números que para un hedonista puro e inmisericorde como yo, no representan un motivo poderoso para que escoja el Casillero Merlot 2010 sobre otros vinos en botellas «pesadas». Pero no dudo que existan personas más preocupadas y ocupadas por la ecología que cambien sus prácticas a favor de lo verde. Tampoco dejo de reconocer el esfuerzo de estas compañías para producir vino sin menoscabo del medio ambiente, aún cuando las autoridades las tengan bajo la lupa para obligarlas a cumplir con ciertos lineamientos y así más tarde compensarlas a la hora de pagar impuestos.
Bodegas Torres es la otra bodega que puse de ejemplo en el post anterior, muestra en la botella de Sangre de Toro crianza 2010 una etiqueta verde con la leyenda en inglés:
#1 Winery Minimizing Environmental Impact.
Por The Drinks Business Magazine
Dentro de su página señalan que:Procuran integrar diferentes medidas medioambientales en todas las etapas de su sistema de producción. En este sentido, Torres practica una viticultura respetuosa con el medio ambiente utilizando alternativas biológicas en lugar de productos agresivos. Asimismo, colabora en la protección de los bosques del Penedès y de otras regiones de España y Chile.
Para quienes quieran más información aquí pueden consultar.

En el corazón de Coyoacán...

Restaurante Corazón de Maguey
Pasadas las dos y cuarto me asomé al restaurante, atraído por una mesa en primera fila, «reservado para Gonzalo…» mi amigo oriundo de este bello barrio, o por lo menos habitante con muchos años acuestas respirando los impregnados aires de calma provinciana.
No habían pasado ni diez minutos cuando apereció. Antes de que pudiera negarme a su petición, encargó una botella de cabernet chileno… el shiraz me da dolor de cabeza…. Hermano, si supieras el dolor del dedo gordo… pero uno no está para defraudar a los buenos amigos, así que no pude menos que asentir con la cabeza y preparar la garganta.

Nimbus 2007
Ver a la gente pasar mientras platicaba con Gonzalo, me remontó a aquellos pueblos donde los ancianos sacan su silla para sentarse toda la tarde y saludar a todos los que pasan por enfrente del zaguán. Una tarde apacible en una ciudad convulcionada por las: manifestaciones, el tránsito lento y los vendedores ambulantes. Parece mentira poder encontrar y disfrutar en el corazón de este barrio la tranquilidad y el sosiego de muchos pueblos alejados de la capital. Es uno de los sitios que debería uno visitar de vez en cuando; tomarse una tarde para disfrutar de una buena charla, buena comida y un cabernet chileno con aspiraciones californianas.
Superado de forma parcial el ataque de gota, mi acercamiento al elixir de Baco debía ser restringido y moderado, pero con los especímenes de esta calurosa noche primaveral no pude resistir a la tentación de repetir algunos tragos, seguidos de una dosis extra de Zyloprim.

Cambio de Información por información chatarra...

Alto octanaje en noche primaveral...
Después de dos semanas sin escribir en este blog empiezo a reflexionar sobre lo ya escrito y lo que viene. Y es que después de los cuarenta, que dicho sea yo ya estoy más cerca de los cincuenta, las crisis existenciales son más profundas. Veo que algunos blogs han desaparecido, teniendo que borrarlos del blogroll, otros llevan meses sin entradas nuevas en una asfixiante pausa. Un buen ejemplo es el de Manuel Camblor, que desde hace seis meses no ha escrito nada en su blog la otra botella. Hecho que se hace más palpable ya que era uno de los blogs más activos, y nos tenía acostumbrados a dos o hasta tres entradas por semana.
El silencio en la música es necesario, es decir aquellas pausas entre una nota y otra, podríamos aplicarlo a la vida misma dentro de todas las actividades que realizamos cotidianamente, incluido el escribir en un blog.
Muchos blogueros se han planteado la utilidad de lo que escriben… Sin tener respuesta, algunos piensan que se han renovado, otros siguen a un paso más lento y el resto ha optado por cerrar sus puertas. Esta última opción ha cruzado por mi mente más de una vez, pero si no fuera porque hay momentos que me llena el alma poder escribir, ya estaría en la lista de los extintos. Yo siempre he defendido la tesis de que quienes escribimos de manera amateur, lo hacemos en primer lugar como un ejercicio de catarsis; ya serán los lectores quienes juzguen si vale o no la pena. De todos quienes me hacen favor de seguir Gota a Gota, hay muchos anónimos que no han dejado ningún comentario, otros tantos son viejos amigos, y unos pocos son nuevos lectores que acostumbran dejar algún mensaje. Mensajes que alimentan el ego, y que nos permiten saber si vamos por buen camino, o por lo menos que no los hacemos bostezar.
Yo tengo varias preguntas para mis amigos blogueros: ¿Cuántas veces descorchan un vino para tener algo que contar? ¿Cuántas ocasiones se han perdido de algo interesante por estar apuntando en la libretita algunas impresiones sobre acontecimientos relacionados con el vino? ¿Y cuántas otras han buscado ir algún acontecimiento para tener algo que escribir? Lo que no me queda claro es saber si esta búsqueda de material es algo patológico o es la norma.
Por lo pronto tomaré un receso de algunos días gracias a un agudo ataque de gota. El colesterol, los triglicéridos, el ácido úrico son la antesala de los cincuenta. Habrá que cuidarse porque finalmente por muchas cualidades para la salud que le encuentren cada semana al vino, es lo primero que prohíben los médicos.
Foto extraída de blogcastello.com

¡Bon appetit!
El sábado, ese hombre de las cavernas un poco calvo y más civilizado, invitó a sus amigos con sus esposas a una paellada. Una paella que casi nada tiene que ver con la valenciana. Para empezar, el azafrán está por la nubes, prefiero gastarlo en camarones y mejillones. Hay colorantes que la dejan muy apetitosa, aunque un pomito de azafrán a ninguna paella se le puede negar. Después vendrá todo lo demás; incluido el paquete de salchichas coctel, la chistorra y el chorrito de Corona en el último hervor.
Para la mayoría de mis invitados ésta era la primera vez que probaban mi paella mexican style. Y por más elogios que sumen, únicamente cuando repiten me doy cuenta de que les gustó. Siempre he dicho que es un gran placer desde el momento que llego con la lista al súper, para comprar la materia prima, hasta que muestro a mis comensales mi obra culinaria terminada, para que inmediatamente se sirvan ellos mismos, y yo me ponga a un lado para espantarles las moscas, propias del jardín en este calor primaveral.
Sin ninguna duda me gusta más cocinarla que comerla.

Los cadáveres de la tarde...

Botellas de la 144
No recuerdo que hubiera tan pocos miembros del grupo en una cata, a pesar de la poca concurrencia: sólo siete personas incluido su servidor: Descorchamos los seis vinos malbec destinados para esta ocasión.
Alfonso, un buen amigo entusiasta del vino, nos ha acompañado en múltiples ocasiones, pero fue hasta ayer que se hizo oficial su entrada al grupo, por la única razón del cupo: Es un placer que esté entre nosotros. Hay quienes se ganan la entrada y otros que van cerrándose la puerta. Pero así es esto, los grupos son dinámicos y van cambiando con el paso del tiempo.
Abrimos con un Aria de Segura Viudas, un cava comercialito bastante conocido por estas latitudes. Sólo para refrescar el paladar y tonificar la lengua.
Una alergia me tiene desde hace un par de días con la nariz húmeda y algo inflamada, incapaz de detectar aromas sutiles, en mi ya de por sí limitado olfato, así que esta vez me conformé con saber que había alguna diferencia entre un vino y otro. Con la nariz cerrada abrí los oídos y los ojos. Comenzamos con un vino de la Bodega Viñedos Santiago Graffigna, se trata del Graffigna Centenario Reserve 2008, aromas intensos a mermelada de grosella, para la mayoría alcohólico, astringente y de final amargo, nada que seduzca, algo desenfocado. El segundo; Secreto de Viu Manent 2009, un malbec chileno del Valle de Colchagua, 85% malbec y el resto nadie lo sabe, un secreto. Aunque hay quienes opinaron que se podía tratar de cabernet sauvignon por algunas notas de pimiento. Nariz de poca intensidad, notas especiadas a romero, granos de café tostado, ligero y de final corto.
Alamos 2009, de Catena Zapata, fue el tercero de la poca concurrida cata; un vino de buen armazón, con nervio y de tanino firme, frutal y con notas a chocolate amargo.
Catena 2008, de la misma bodega con 18 meses de roble francés nuevo, se muestra más astringente, de tanino casi dulce, mullido y final largo. Repetible dentro de su lado moderno. El quinto fue una sorpresa agradable ya que se trata de un vino mexicano de Aguascalientes, muy fresco y frutal.
Tabla No. 1 Malbec 2008, cuya hechura fue asesorada por el señor Hugo D´Acosta, el archi recontra famoso, Michael Rolland mexicano. Vino redondo, fresco, de buena acidez que da vida al conjunto, de tanino suave. Con capas de fruta roja entre mezcladas con canela y notas minerales. En un precio que coquetea del lado oscuro. $399.00. Pero creo que lo volvería a comprar.
Por último Vibo 2007, de la misma bodega; Viu Manent, pero ésta, ubicada del lado argentino en Mendoza. Un vino cuya pesada botella despierta la primera incógnita: ¿Es de 750 ml.? su tamaño es engañoso, aunque su gran agujero por debajo de la base, sirve para ajustar el volumen. Un vino corpulento, de buena fruta y ataque amplio. Integrado, ha dicho la mayoría. Aunque yo sigo sin pescarlas… Puedo decir que me agradó el 3 y el 5. Nada más.

Antiguo collarín…
Domingo por la tarde, los niños ya están de vacaciones y yo un poco cansado. Por la mañana con una taza de café al lado, revisaba correos y echaba un vistazo por algunos blogs que frecuento, así me encuentro con el último post del señor Tyler, en su concurrido blog Dr. Vino, hablando de los legendarios vinos de López Heredia Viña Tondonia. Vinos que salen ya maduros de la bodega, una práctica casi extinta. Entre otros por el costo que representa guardar las botellas por tan largo tiempo antes de sacarlas al mercado. Diferencia histórica entre los Burdeos que deben madurar en las bodegas privadas de quienes pueden todavía gastarse una fortuna en las últimas añadas, esperando otro tanto, y echar la moneda al aire… Gran diferencia entre los vinos clásicos riojanos, sobre todo de esta mítica bodega, vinos con una larga crianza en madera y en vidrio, listos para beberse desde que salen al mercado o seguir evolucionando por décadas y recompensar con magia y encanto a quienes saben esperar.
Así que se me ocurrió mandar un correo a Ma. José López Herdedia, con el enlace para que le echara un ojo. Acto seguido bajé a mi cava para escoger algún vino de esta bodega de Haro. Algunos tintos entre dos muy especiales: Tondonia y Bosconia del 64, un Tondonia del 70 y algunos Bosconias del 86 y 88. Pero hoy estaba para blancos, así que desempolvé uno de dos Gravonias 93, que aún conservaba de media caja. Ya había escuchado rumores del origen de su nombre. Influido por la zona francesa de Graves en Burdeos, mismo que confirmó por correo Ma. José López Herdedia. Agradezco no sólo su disposición y su respuesta como siempre, sino su amabilidad y prontitud para contestar.
Entre otros nombres franceses me ha contado cosas interesantes:
«Te mando fotos de los collarines que se ponían en las botellas donde, claramente, se observa cómo copiaban los nombres Franceses. Cuando se prohibieron en 1954 es cuando un tío abuelo mío llamado Julio César cambio el Cepa Graves por Gravonia, el cepa Medoc por un vino que teníamos llamado Borgoña….» (…)
«El alambrado se ponía a los vinos que más viajaban, para evitar que fueran falsificados y el lacre también».(…)
Aunque lo de Graves no viene precisamente por la cepa, ya que no es savignon blanc sino 100 % viura. Lo más destacable de este noble blanco es su exquisita mineralidad, a sus dieciocho años tiene una estructura impecable con esa acidez que forma su columna vertebral. De color oro viejo con reflejos cobrizos, me recuerda al Sidral Mundet que bebía de niño. Sólo por el color. El primer golpe es de maderas finas (cedro) y pimienta blanca, recuerdos de membrillo y notas cítricas a toronja. En boca su mineralidad envuelve el paladar, firme y con una extraordinaria acidez, sobrio y profundo. Un blanco que no es precisamente para un domingo de alberca, pero una vez que se me ha cruzado algo por la cabeza…

Gravonia 1993