Floración Tardía

Publicado: 10 enero, 2018 en El clima, Vino
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racimo tardío

Foto tomada el 8 de enero, antes del envero

La vendimia, ese acontecimiento festivo que da lugar a bailes, comilonas y excesos, y que en el hemisferio norte se realiza entre agosto y septiembre, y en el sur seis meses después, fuera de los casos en que se dejen los racimos madurar más de la cuenta para obtener una mayor concentración de azúcar residual (cosecha tardía) que puede resultar una vendimia hasta noviembre o diciembre.

La vendimia ha marcado un ciclo en la vida del hombre, que ha sabido observar y que ha de guiarse para desarrollar otras tantas actividades, sobre todo en países cuyas estaciones son más marcadas; con calor en los largos días de verano y nieve en invierno.

Todo hasta aquí suena lógico, hasta que descubrí que la parra que tengo plantada en  el jardín de mi casa ha dado frutos a finales del año pasado. Sí, por ahí de junio apenas dio unos racimos enfermizos que me obligaron a podarla dejando sólo el tronco y algunas ramas. Cuál sería mi sorpresa que poco después florecería en todo su esplendor, para más tarde asomarse unos cuantos racimos.

Si alguien sabe qué sucedió, por favor que me lo explique, porque sospecho que no seré el único intrigado. Yo definitivamente no sé la razón de este florecimiento tan tardío.

Viernes 8 del último mes del año, noche fría. Después de atender una importante cita propia de un padre que está al pendiente de las actividades escolares decembrinas de sus hijos, y de haber escuchado tocar el piano magistralmente, y de ver bailar en escena a mi hija, me dispuse a llegar a tiempo a la cena de Vino Por Placer, grupo al que orgullosamente pertenezco y donde nos reunimos puntualmente el último viernes  de cada mes. Ahora en diciembre como muchos de quienes siguen el blog saben, sacamos los manteles largos. Festejamos en primer lugar estar vivos, con achaques propios de la gente entrada en años, pero eso sí, con buen humor aunque a veces sea un poquito negro… ¡Mejor! También festejamos estas fechas que ablandan los corazones y que en algunos casos afloran los mejores sentimientos, aunque en otros, sigan en las mismas todo el año. Y por último festejamos el decimonoveno aniversario del Grupo.

Partiendo el lechón con el plato, a la vieja usanza...

Partiendo el lechón con el plato, a la vieja usanza…

Debo hacer énfasis en el esmero y tiempo invertido por parte de nuestro anfitrión que este año ha sido René. No sólo abrió las puertas de su casa sino también las del asador, que en su interior  doraba dos tiernos lechones. Suaves por dentro y crujientes por fuera, como mandan los cánones de los buenos asados segovianos. Mi única observación fue que si rociaba la sal (gruesa) en el lomo de los cerditos, quizás la sal hubiera sido poco menos contundente, que sumergirlos en salmuera por tantas horas… ¿Veinte habías dicho? Fuera de eso exquisitos, así como también el tradicional bacalao de Carlos, receta de su abuela.

Los vinos no podían desmerecer, así que nos decantamos unánimemente por una vertical de Valbuena 5° de la añada 2006 a la 2011. Seis vinos de una bodega que lleva más de 125 años en pie y con mucho futuro por delante, todo se debe a la Vega (1000 Ha), como llaman familiarmente a la propiedad. Pertenece al grupo Tempos de Vega Sicilia que agrupa nada más y nada menos que Valbuena de Duero con los Vega Sicilia Único, Reserva Especial y Valbuena 5°. Por otro lado Alión también en Ribera del Duero, Pintia en Toro, Macán en Rioja y Oremus en Tokaji Hungría. Su enólogo estrella después del legendario Mariano García fue Xavier Auxás, responsable del resultado de estos vinos… Y el último cambio en 2015 Gonzalo Iturriaga, cuya firma no aparece en esta vertical.

La edad promedio de las viñas es de 35 años,  plantadas  en 140 Ha. La fermentación se lleva a cabo en depósitos de acero inoxidable con levadura autóctona, quiero pensar que viene del mismo hollejo. Tras la fermentación pasan a tinas de madera de 20,000 litros cada una, entre cuatro y siete meses. Su crianza comienza en barricas nuevas de 225 litros entre 15 y 18 meses combinando roble francés y americano, y 3 meses en barrica usada. Así como los buenos riojas, este Ribera del Duero sale al mercado como un vino ya hecho, listo para beber. Entiéndase que su evolución es lenta pero para quienes desean las satisfacciones inmediatas, lo pueden descorchar, no es así el caso de los burdeos. Por lo que pasarán 2 años más en botella antes de salir al mercado. En resumen tiene una crianza entre madera y vidrio de cinco años, de ahí el nombre de Valbuena 5°. Por último, antes de pasar a la cata en particular, está vinificado en su mayoría con tinto fino, lo que llaman en casi toda España tempranillo y una ligera proporción de merlot, dependiendo la añada.

Notas de las añadas en particular y sus condiciones climatológicas:

Valbuena 2006 al 2011

Valbuena 2006 al 2011

El primero, 2006. Se vendimió entre el 9 y 27 de septiembre. Invierno frío y lluvioso y primavera con temperaturas altas. Un vino que no parece haber salido de esas condiciones de clima, por su acidez, muy vivaracho, con evidente juventud que al probar los dos siguientes dudé en pensar que fuera el «más viejo». Fruta negra de primerísima, notas de tomillo y pimienta. En boca excelente acidez, y un tanino aún poco limado; rugoso. Como para esperar unos cinco añitos más a ver qué pasa.

2007. Buena brotación en primavera, que fue calurosa y algo de granizo. Verano algo más frío. Este vino me ha desconcertado desde el principio, al igual que a todos los presentes. Huele a granos de café tostado como cuando se deja en la copa por varios minutos, fruta negra lejana, casi ausente, en boca es planito entra y sale sin advertirlo demasiado. Falta armazón y contundencia. Según la bodega: «una añada límite y austera».

2008. Invierno seco, primavera fría y lluviosa, brotaciones tardías. Se registra tan solo 1 °C el 29 de septiembre que activa las torres anti-helada.  El primer golpe en nariz es de madera quizás no tan nuevecita como la que acostumbran las bodegas de hoy. En boca su tanino está presente y su acidez muy comedida, le falta garra. Por eso he dicho que el primero resultó más jovial que sus predecesores. Bodega: «Añada de corte Atlántico, sombría, pura elegancia».

notas20122009. Invierno frío y con heladas habituales en torno al Duero. Poca lluvia en primavera. Verano caluroso. La vendimia comenzó el 24 de septiembre y finalizó el 3 de octubre. Regaliz, chocolate amargo y notas de fruta roja; ciruela en sazón. Redondo, todo en su lugar, acidez, alcohol y tanicidad ¡Media cajita por favor.!

2010. Destaco que según la bodega: Gracias a las reservas hídricas en el suelo y las buenas condiciones del verano, el ciclo de la vid se recuperó. La vendimia comenzó el 1 de octubre y finalizó el 15.

Se ha roto el corcho, curioso que haya sido en un vino más reciente y tomando en cuenta los casi 5cm de largo de los estándares de la bodega, se halla pulverizado de tal forma. Seguro una guarda distinta a los demás; menos humedad. Pero bueno ya lo apunté en «incidentes menores»

2011. Invierno típico, primavera con temperaturas más altas de lo habitual que forzaron a adelantar el ciclo de la planta. Verano cálido con un final escaso en lluvias y buenas temperaturas que permitieron esperar el punto óptimo de maduración.  Otro corcho roto al abrir la botella. Huele a zarzamora, algo de tomillo y nuez moscada, fruta negra; arándanos. En boca es de tanino presente y falta un poco de acidez. Bebible. Así concluye este festín que por cierto se abrió al último un CUNE reserva, que parecía venido a menos junto a los dos últimos vinos de la cata. Curioso, será que ya el paladar no daba para más… Pero había que bajar la grasita del pellejo del lechón.

Por estas fechas en el estado de Puebla encontramos en algunos restaurantes de comida típica el mole de caderas. Así como sucedió en un principio con los pantalones de mezclilla que eran usados por albañiles y gente de trabajo rudo, y que hoy no sólo  se han puesto de moda entre mujeres y hombres, sino que podemos encontrar jeans o vaqueros arriba de los 500 dólares, el mole de caderas exclusivo de gente del campo, hoy se ha elevado a un platillo gourmet. Pero qué es y cómo empieza el ritual de este platillo. Copio textual un papelito que llegó a mis  manos:

El mole de caderas

El mole de caderas o huaxmole es un platillo tradicional de carne de chivo de la región de Tehuacán, Puebla.

Es considerado como uno de los platillos más importantes en los estados de Puebla y Oaxaca, debido a la prolongada crianza y cuidados en la preparación del animal – del cual se aprovecha la totalidad de la carne- y de la celebración del festival de la matanza, que acompaña y da inicio al sacrificio de animales de crianza para la preparación de los alimentos y para la posterior conservación y curado de la carne.

En la preparación del mole de caderas se emplea la carne y hueso de la cadera, condimentos a base de sal, chile y  un baño de limón para darle un toque especial, con un caldo de color rojo hervido en la carne de las caderas, y ejotes silvestres.

El sabor del platillo es característico de la carne de los chivos, que son llevados durante un trayecto que dura un año, pastando a través de las regiones del Sur del estado de Puebla, y del Norte de Oaxaca, alimentado al ganado sólo con abundantes cantidades de sal, se mantienen hidratados sólo por agua. De la práctica de este tipo de crianza se obtiene carne de un sabor fuerte y característico.

El 20 de octubre se lleva a cabo el festival de la matanza, en la que hay bailes y danzas, como la denominada Danza de la Matanza, donde literalmente se baila con un cabro macho, para sacrificarlo al final con un tiro en la frente.

Con esta celebración da inicio la matanza, no sin antes ofrecer una ceremonia por parte de los matanceros en un altar, donde se pide para que la matanza sea abundante; igual o mejor que la del año pasado. Los matanceros dan paso a los chiteros, y éstos a su vez a los fritangueros de vísceras.

Las referencias históricas señalan como fecha probable los inicios del siglo XIX, época en la que hubo un aumento  sin precedentes en la cantidad de cabezas de ganado caprino.

al mojo de ajo

Con su Guacamole y totopos al lado…

Algunos, no todos quienes formamos el grupo de catadores Vino Por Placer llegamos a El Burladero en el boulevard Atlixco. Un restaurante que sin destacar por su decorado, hay que admitir que se respira en un ambiente limpio y muy ad hoc a la fiesta taurina. Nada mejor que empezar con un par de mezcales, uno ya conocido por su servidor 400 Conejos reposado. Ese olor y sabor ahumados van muy bien con las salsas picantes y la carne de chivito, seguido de otro mezcal artesanal que no había probado: Amores reposado, algo más suave y cremoso que el anterior. Había llegado a la mesa un platillo al mojo de ajo, que como es lógico pensar, no hay caderas suficientes como para la gran demanda en esta temporada, así que deben echar mano del espinazo que no está nada mal.

Un platillo no apto para quienes padezcan de colesterol y triglicéridos altos, así como tampoco los de espíritu vegetariano.

Huaxmole

Huaxmole o mole de caderas… ¡Mmmm!

El segundo plato que fue puesto en mitad de la mesa, lo vi pasar de mano en mano sin poder hincarle el diente, y es que ir con seis personas adultas de buen apetito,  algunos de ellos sin haber desayunado, es casi temerario.  Lo bueno vendría después, ya que cada uno tendría su propio plato de Huaxmole. Un platillo caldoso que quienes saben, desmenuzan la carne en otro plato aparte, para deshacerse de los huesos y así volver a remojarlo en el caldo.

Los vinos fueron los que dieron de qué hablar, no precisamente por la selección, sino que los precios estaban completamente fuera de lugar. Arriba de 700 pesos (40 dólares) Cune crianza y cosas por el estilo, sin sumiller y con un mesero que derramada las últimas gotas en el mantel a la hora de servirlo. Nos vimos obligados a pagar algo así como 40 verdes por un par de botellas de Santa Emiliana Carmenere. Hay restauranteros que todavía no entienden que el vino debe ser un complemento y no un artículo de lujo. Por lo demás todo muy bien, como para repetir la experiencia el año que entra y volver al molito de caderas.

Los vinos más baratos de la carta

Publicado: 20 noviembre, 2017 en Restaurantes, Vino
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Vino de La Tierra de Castilla

Vino de La Tierra de Castilla

Cuántas veces por cuestiones del destino hemos parado en un restaurante por primera vez, y dado el mobiliario, la decoración y todo lo que le rodea, pensamos que la carta debiera ser breve y de precios comedidos. Es decir no hay sumiller, ni siquiera un mesero medianamente enterado en el servicio del vino, no hay cristalería decente, y en la mayoría de las ocasiones se ve algo cutre. Pensamos que se pueda traducir en precios bajos. Pues ayer no fue así, si bien desde la entrada se veía la esmerada preparación de una paella para algo más de cien tragones, y el ambiente olía a tocino ahumado, olor que tengo en lo más fresco de mis recuerdos cuando entro a un restaurante español. Y de hecho se trataba de un restaurante inspirado en comida de la Madre Patria.  La parte de arriba del restaurante distaba mucho del buen ambiente de la planta baja, a un grado de la depresión. Otro factor que se repite en muchos sitios como si arriba hicieran algún descuento extraordinario. La carta no era precisamente corta pero tampoco era la selección mejor escogida. Viendo vinos caros por doquier, encontré uno muy escondido en un rincón a un precio razonable, rondando los 300 pesos, algo así como 16 dólares. Y como no soy muy exigente en los restaurantes la mayoría de las ocasiones escojo el más barato, y por fortuna en más de una  salgo satisfecho con la elección, salvo cuando conozco de sobra ese vino barato y sé de antemano que no es santo de mi devoción. Siempre he pensado que pedir vinos dignos de celebración en restaurantes es de antemano arriesgarse a pagar un sobreprecio que puede llegar a más del 300%. Y que también habrá una que otra ocasión que lo amerite ¡Por supuesto! Pero no siempre.

Ayer corrí con suerte, el vino en cuestión fue un Crin Roja 2015,  un vinito sin pedigrí (Vino de la Tierra) que cumplió con creces  la amable tarea de aligerar la digestión y refrescar la garganta mientras pasaba la suculenta grasa de un lechón crujiente por fuera y suave por dentro. Mucho mejor que haber roto el cochinito o hipotecar la casa para darnos cuenta al final de que el vino no cumplía con las altas expectativas que nacen de las cartas infladas y se traducen en grandes decepciones.

Color rubí, frutal y redondo, sin ninguna otra pretensión que ser bebido. Así que los invito a probar los vinos más baratos de la carta, a veces resulta.

El pasado 8 de octubre se desató en los condados de Napa, Sonoma y Mendocino, uno de los incendios más destructivos. Nadie sabe cómo comenzó, aunque no sería difícil apostar a las altas temperaturas y los fuertes vientos; dos de las principales causas que en el pasado han arrasado miles de hectáreas en esta zona de California.

Pero qué hay de las bodegas, la mayoría de los centenares que se han establecido, no sufrieron daños, según The Mercury News; son alrededor de 23 bodegas las que han sufrido daños materiales. Una de las más afectadas fue Paradise Ridge Winery, cuyos dueños, como en otros casos, tuvieron que huir de sus instalaciones para salvar la vida. Prácticamente se incendiaron todos los edificios, con excepción del viñedo.

Bodegas tan famosas como Stag´s Leap Winery cuya primera añada data de  1893, sufrieron daños en sus edificios secundarios. Mayacamas Vineyards fundada en 1889, sufrió pérdidas en su sala de degustaciones. Pérdidas menores como en la mayoría de las bodegas, pero que de algún modo repercutirán en la presente añada.

El panorama de los vinos de esta zona en nuestro país no es muy alentador, si bien nunca ha habido un gran flujo de importaciones de vino de California, los precios seguramente se incrementaran a los ya de por sí altos precios por tipo de cambio. Habrá menos vinos californianos que de costumbre en los anaqueles de exhibición.

Ayer fue viernes, y además de celebrar la cata 212, porque precisamente es una celebración al vino, a la camaradería y  al hecho de seguir vivos en este caótico mundo, también repuse el equipo de refrigeración de la vetusta cava que ya pronto cumplirá 22 añitos. No sé si entre en la categoría de cavas viejas, como las viñas después de los 25. En Europa hay muchas en castillos con algunos siglos a cuestas, aunque tampoco sé si abunden las particulares con estas características. Hay mucho qué contar en los dos años y algunas semanas que estuvo fuera de servicio, bien podría resumirse en mucho moho, etiquetas dañadas por humedad excesiva y temperaturas variantes entre los 19 y los 25°C,  además claro está cierta dosis de apatía para comprar vino. Adopté muy pronto esa costumbre de comprar lo que se bebe pronto, como máximo un mes de consumo. Me preguntaba para qué comprar más vino si no tenía la cava en condiciones para guardarlo por mucho tiempo. Pues bien, hoy volví a entrar y escuché ese ruido del difusor que sonaba a una melodía angelical,  sintiendo en el rostro la suave brisa del aire fresco,  aunque ya no bajaré el termostato a los 16°C acostumbrados, sino a unos comedidos 18 más que suficientes para que duerman y reposen en calma todas las botellas, además de que mi cartera no resienta el pago de la factura de la electricidad. Es pues para mi muy grato volver a cuidar de las botellas y comprar algo más para la guarda. Dicho lo anterior la cata tuvo algunos vinos para comentar:

IMG_0661 (2)Don Leo 2012 Sauvignon Blanc. Un vinito fácil, color pajizo, brillante y fluido, con una espléndida nariz a kiwi y una sutil nota de durazno maduro. En boca es firme, abocado, fresco y de final largo y mineral. Para comprar media caja, aunque los calores se han ido, vale la pena de aperitivo o con un queso no muy maduro.

Coloso 2015. Este vino sé que a mucha gente le daría pena comprarlo, o no podría quitar el estigma del equipo de futbol América, sobre todo quienes le vayan  a las Chivas, pero como yo no soy aficionado, y además me llamó la atención lo que estaba dentro de la botella, lo compré. Huele a regaliz y cerezas, tiene buen paso, algo mineral y de acidez alta. No está mal pero no volvería a comprarlo, me parece que por los 375 pesos (20 dólares) que piden hay ofertas mucho más atractivas.

Don Leo  Pinot Noir 2015. De la misma bodega del primer vino, huele a mermelada de zarzamora y notas de ciruela madura. En boca es muy frutal, buena acidez y notas minerales. Un pinot de 13,9 grados aunque parece que empieza a ser la norma en lugar de la excepción. Bueno si me dijeran que es otra cosa y no un pinot noir, asociado, por lo menos por un servidor, a cosas más sutiles.

Megacero Premium Blend 2014. Un nombre raro para un vino, se antoja para el nombre de esos ridículos robots «Transformers» y no para un vino. Fruta madura a raudales con algunos toques ahumados (tocino). En boca es tosco y muy astringente. Inmemorable con causa.

Tierra Adentro Merlot 2011. Este vino zacatecano huele a piedra de río, para quien no entienda muy bien de qué va, es que nunca ha dado un paseo por las márgenes de un río después de las doce del día, cuando las piedras desprenden ese vaporcito una vez que han ganado calor por los rayos de sol. Es mineral  y tiene notas de ciruela pasa, un toque dulzón y en boca astringencia y poco más. Bebible.

Tierra Adentro Syrah 2011. Chocolate, mermelada de ciruela y arándano. En boca va de más a menos, desenfocado.

Willi Schaefer 2010

Publicado: 4 octubre, 2017 en Vino
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Etiqueta dañada por la humedad, el único inconveniente de humedades altas.

Humedad alta en bodega, etiquetas dañadas único inconveniente.

La añada 2010 de este Riesling.

Después de un año de un invierno crudo y largo, la floración comenzó más tarde que de costumbre, pero pasado el caluroso mes de julio, se logró la misma madurez que la de 2009.

Septiembre cambiante afectó la abundancia de las uvas, al mantenerse la mayoría en buenas condiciones, y después de varios días soleados de octubre la cosecha tardía en el Mosela se logró una vez más. (…)

Esta es más o menos la perspectiva que nos presentan en la bodega Schaefer de esta añada.

Riesling, esa maravillosa uva blanca que tanto deleite proporciona a los paladares de todo el mundo. Sin ninguna duda mi uva blanca favorita, y más tratándose de la región del Mosela, además de venir de un gran productor.

Un vino encantador y delicado, cuyo color amarillo oro y aromas florales me hacen dudar entre beberlo o seguir oliéndolo y contemplarlo toda la tarde. En nariz como ya dije es floral, flores delicada de azahar, madreselva y té verde, fruta entre toronja y pera con una nota lejana de durazno. Y como todos los riesling con algunos años: queroseno. En boca tiene un ligero amargor en la entrada que me recuerda al agua quina, así como algo de aguja que no se logra observar en la copa (burbuja). Espeso, brillante, dulce, miel, flores todo envuelto en una acidez firme pero discreta. Una delicia. Lástima que sea el único que quedaba en la bodega. Por cierto esta botella había sido depositada en los brazos de Morfeo en 2011, un añito después de que naciera. Una selección de Terry Theise, importador de la costa este de EE.UU.

CATA 211Ayer por la noche tenía todas mis esperanzas puestas en que cada uno de los seis vinos cumpliera con su reconocida fama; las expectativas eran muy altas. Había desembolsado algo así como doscientos veinte dólares, cuatro mil pesos mexicanos en seis botellas de vino. Es difícil dejar de relacionar el precio con la calidad, aunque aquí estuviera asegurada esta última, pero no muchas veces va de la mano con el placer recibido a cambio.

España volvía a la copa, tierra querida de donde llega la mayor parte de las importaciones de vino a México.

Empezamos con un ejemplar de distinto origen, un francesito, un Chablis premier cru 2014 de La Chablissine, una bodega no muy aristócrata, por un lado, y por otro un vino muy joven. Como muchos deben saber un buen Chablis empieza a abrirse con su encanto después de cinco añitos. En el caso de los grandes Cru  ocurre mucho después. Este vino aromático huele a manzana verde y hierba recién cortada. En boca es cítrico, con una entrada mineral, algo que me llamó la atención ya que lo mineral por lo regular se percibe al final.

Seguimos con un tinto de capa alta y muy barroco. Huele a chocolate y ciruela con un tanino rugoso y fruta muy concentrada y sobre madurada. Se trata de un Torremilanos 2015 vinificado 100% tempranillo. Le falta mucho aire, vidrio o ambas.

Pesquera Crianza 2013 un vinito de 14 grados de alcohol que huele a arcilla y fruta roja indefinida. Sin pena ni gloria… Y yo seguía esperando.

El cuarto fue un Bosconia Reserva 1998  ¿Viejo o maduro? qué fácil puede la gente confundir una cosa con la otra, y más tratándose de un vino precedido por dos vinos cuyos taninos son bastante elocuentes y de alcoholes altos. No quiero extenderme en este vino cuya elegancia y profundidad hablan por sí solas, esos 19 años apenas han servido para hacerlo más interesante, le queda tiempo por delante.

Los dos siguientes francamente no sé qué pudo haberles sucedido…

Pesquera Reserva 2012 un tinto que debía estar por lo menos ya hecho y bebible, apareció un poco débil y anémico.  Buena nariz:  térrea, champiñón y algo especiado con notas de canela de fondo. En boca, ni pena ni gloria.

Gran Reserva 904 2007.  Sin lugar a dudas uno de mis vinos clásicos favoritos. Esta vez se presentó tímidamente, recordándome aquella descripción de Camblor cuando se refería al «mutismo»  aseguraba que era una etapa en los grandes vinos. Etapa donde todo parece levitar en un sueño invernal como los osos dentro de sus madrigueras, donde apenas sí respiran para volver a la vida con todo ímpetu en la primavera. Pues quiero pensar que este gran vino estaba dormido y no despertó en la copa por más muñequeo que imprimí durante algunos minutos.

El balance de la cata para mi gusto fue pobre, una decantadita previa hubiera hecho la diferencia en la mayoría de los vinos.

Rasgueo dominical

Publicado: 10 septiembre, 2017 en De todo un poco, Vino
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Como quien toca la guitarra y sólo hace algunos ejercicios para no perder la costumbre, hoy domingo escribo algo de lo que me ha pasado en este año, que no es muy interesante ni siquiera abundante pero que de algún modo debo de hacerlo para sacudir de polvo este espacio.

Como dije antes, no escribiré la reseña de cada cata del grupo, pero si algunos detalles sobresalientes si es que se le puede calificar así a los hechos cotidianos del mundo del vino. Empezaré por un tinto que probé en julio pasado y que llamó la atención. Uno de esos vinos cuya fruta contenida en la botella nos lleva al viñedo, fruta que se siente viva por su acidez y encanto. Todo lo demás son alcohol, tanino, textura, postgusto…  en su lugar y de una manera que no sólo convence sino enamora. Cualidades cada vez más escasas en la industria del vino, y he dicho industria porque quizás sea la mejor forma de describir lo que impera en la actualidad. Vinos por montones sin rasgos que los diferencien unos de otros. Hace poco escuchaba a un mesero sugerir un merlot, por lo dulce, como si sólo se tratara de la uva, echando por tierra el calendario de la vendimia (a mayor tiempo, mayor azúcar) y no menos importante el proceso de  vinificación.  Agregaría como lo he hecho siempre, la estandarización y el abuso de la madera, para completar un triste cuadro. Pero hablando del mismo vino Il Fiore de Marco Bonfante, me parece que comprar una cajita sería muy buena idea.Il fiore

Otro vino que me sedujo, este caso aún más raro, tratándose de Hugo D´Acosta, nuestro Michael Rolland mexicano, y no por que no pueda sino porque a veces le salen cosas raras experimentando con uvas y procesos cuyo resultado son tes de roble, casi siempre caros. Esta vez me sirvieron un vino de la casa en el restaurante Barrio La Bocha. Un vino con buena fruta, equilibrado y sin excesos. La Bocha, no recuerdo añada. Ambos muy recomendables en este océano de vinos comerciales servidos muchas veces a temperaturas abajo de lo disfrutable. Si antes, quizás 25 años atrás, padecíamos de aquello de «temperatura ambiente», hoy los vinos los ponen junto a los mariscos en el congelador. Ayer precisamente me sirvieron un malbec con esa cortina de humedad que se forma alrededor de la copa, cuando el vino esta muy frío. Claro que alguien puede decirme que es mejor eso a que venga caliente. Sí claro, ya que puede ganar algunos grados centígrados en la mano.

Las catas programadas, que dicho sea ya vamos en la ducentésima décima, lo dejaré para otra entrada. Sólo quiero destacar un cava que probamos y cuya información no aparece en la página oficial de CUNE, pero amablemente respondieron a mi correo brindando algunos datos. Se trata de un espumoso de carácter calizo con aromas intensos a frutos secos y panadería, sin perder su exquisita acidez. Vale la pena. Dentro de la información que enviaron (ficha técnica) aparece que está vinificada en el Penedés, Saint Sant Sadurní dʼAnoia. Y que está vinificada con xarel-lo, macabeo y parrellada.

En otro tema, Pedro Poncelis Brambila sin duda es el sumiller decano de México, inició su carrera como químico y poco a poco fue creciendo su interés hasta lograr un reconocimiento de todos quienes vivimos este maravilloso mundo de Baco. Una visita al Hotel Presidente en el restaurante Alfredo Di Roma, confirmó mis sospechas de que ya se había retirado para mudarse a Baja California para el proyecto hecho realidad de vinificar. Poncelis

Acabo de descubrir (aunque el proyecto inicio en 2011) un vino con su nombre en la etiqueta, proyecto iniciado por su hijo con su colaboración. En fin los detalles no los tengo a la mano, pero sí puedo decirles que nos llamó la atención, y que se puede esperar que mejoré con algunos años en vidrio. Da gusto ver la culminación de una larga carrera con un proyecto de esta naturaleza. ¡Felicidades a los dos! Padre e hijo.

Por cierto, 435 pesos no está en el rango de vinos para beberse diario, por lo menos no en mi caso. Si me preguntan si los vale… sí lo creo, aunque como consumidor quisiera que estuviera abajo de ese precio.

Renovarse o morir

Publicado: 15 mayo, 2017 en Vino y amigos

En esta ocasión quisiera sacudir un poco el esqueleto y dar nuevas formas a esto que llamo mi rincón de catarsis, he caído sin proponérmelo, en una retahíla de repeticiones y monotonías que por lo menos a mi  ya me tenían separado de Gota a Gota. Quisiera con ánimo renovado seguir escribiendo por otros derroteros. Tampoco se trata de inventar el hilo negro, sino de darle un poco de sal y pimienta a algo que carecía ya de originalidad y de espíritu, si es que algún día tuvo algo de ambas cosas. Los últimos cuatro años me he dedicado más a la lectura que a la escritura, aunque debo confesar que he escrito dos libros, cuyos lectores han sido aún más escasos que quienes pasan por este lugar. Pero al final lo importante, y parafraseando a Borges: no es cuántos te lean sino el hecho mismo de escribir aquello que surge de tu interior.

Venía masticando el proyecto de escribir un libro mucho tiempo atrás, y surgió no sólo uno, sino tres, y eso ha hecho que me quitara un gran peso de encima. Así que sin más preámbulos escribiré mis «ensayos» en este blog, tal vez con más frecuencia pero sin apresuramientos. A estas alturas quienes me leen sabrán que cato seis vinos mensuales con un grupo de buenos amigos, así que pensé que seguir de manera cronológica cada una de las catas es ocioso, ya que no siempre suceden cosas dignas de contar.  Cuando surjan estaré detrás del teclado contándoles a todos mis amables lectores, de otra forma podría caber la posibilidad de que este rincón haya entrado irremediablemente en plena decadencia, y sólo quedé en mis recuerdos, como tantos otros sitios (blogs) que se han resquebrajado y empolvado con el paso del tiempo hasta desaparecer del infinito mapa de internet.