Un rosado de otra categoría superior a los jugos de fresa

Hace unos días comí con un gran amigo que conozco desde hace varias décadas y que últimamente se ha dedicado a explorar y a traer cosas raras a la mesa, me refiero a botellas escasas o que no se encuentran tan fácil. Comimos en un restaurante de inspiración española, aunque añoro aquellos restaurantes de antaño donde traían la fuente desde la cocina hasta la mesa para saborear un buen cocido humeante o una exquisita sopa, y que desde lejos se podía empezar a disfrutar oliendo los vapores que emanaban. Abundancia y gran sazón que no ofrecen los chefs de hoy con estrellitas, sino un buen cocinero con amor y pasión a su trabajo sin preocuparse de las guías y de tantas historias.

Yo llevé un rosado de López Heredia añada 1995, esos que pasan 5 años en barrica, con la maestría de la casa para poner la madera usada y que a ojos cerrados en boca parecen tintos. Por desgracia estoy comprobando que ya no está en su plenitud; esta bajando la colina inexorablemente. Está bebible pero sin la acidez ni la complejidad de hace un par de años. Él llevó un tinto de bodegas Domecq que carece de etiqueta, sacado de un rincón de la bodega y pomposamente cacareado como añada 1982. Me pareció muy extraño que tuviera una capa alta y que no hubiera rastros de sedimento, en nariz está muy vivo, con fruta negra y especias como la pimienta negra y el tomillo. Un buen ejemplar de no más de 8 años, diría yo. Además el corcho, que debieron reencorchar, es de viruta y en excelente estado, ni siquiera a traspasado el borde del corcho. Debo reconocer una buena hechura, un vino firme y cautivador, sin duda, pero que difícilmente podría pensarse en 42 años de vida, ni siquiera a 12°C y 70% de humedad en un remoto calabozo de la bodega.

Roda, una bodega que podríamos catalogar como ejemplo de modernidad, vecina de otra bodega calificada de las más clásicas, R. López de Heredia. Contrastes de dos productores diametralmente diferentes, pero ambos con excelentes productos para mercados distintos. Escogí del anaquel una botellita de Sela 2021. La gama baja de esta bodega, y que posiblemente he probado, pero que hoy me ha sorprendido gratamente por estar a la altura de vinos cuyo precio puede llegar al doble. Tiene un bonito color picota, brillante y fluido. Nariz limpia a regaliz, lavanda y fruta roja en sazón. En boca tiene buena entrada, tanino rugoso, excelente acidez, y final largo. Como para comprar una caja y comprobar en el tiempo su evolución. Yo lo decantaría media hora antes del servicio. Su precio ronda aquí los 40 dólares. Me llama la atención que en la página de la bodega mencionen en las notas de cata: (…) «La madera es casi imperceptible, la fruta se apodera del aroma en este momento» Es quizás la primera vez que veo que le dan poco protagonismo a la madera, cosa que celebro.

De salida me asomé a la mesa de las ofertas y pude ver algunas cosas muy interesantes de Francia, como por ejemplo un borgoñita blanco de una zona no muy conocida, Rully 2018 de Nicolas Potel, por 350 pesos creo que esta en un rango decente, si lo comparamos con algunos blancos de menor calidad al mismo precio.

El último vino que probé hace un par de días fue un Muga, cuya etiqueta no había visto por los anaqueles. Hace alusión al famoso barrio de la estación de Haro, donde se ubican bodegas como Roda, López Heredia, Gómez Cruzado, Muga entre otras. El Andén de la Estación 2019. Un vino de capa media, limpio con aromas a fruta negra, tomillo y algunas notas térreas, en boca firme de tanino mullido y buena acidez. Para seis botellitas. Hasta aquí lo último que ha caído presa del descorchador.

Queda en el tintero el Rully 2018, que ya he puesto a enfriar para desmenuzarlo el fin de semana.

Cata 262 brillan los blancos de nueva cuenta

Han caído ya algunas lluvias como saben caer por estas tierras: fuerte y persistente. El ambiente es húmedo, provocando que las copas se empañan con una película que no deja ver el color del vino. Empezamos con LA Cetto, un blanco al que han bautizado con el nombre de Verano añada 2021. Una etiqueta muy ad hoc con algunas impresiones de tabla de surf, estrella de mar, piña, rebanada de limón, sandalias de playa, lentes para el sol, sombrilla, etc. nos remite a un día soleado en la playa con una copita de blanco bien frío en la mano bajo una palmera colgados de una hamaca. Se trata de una mezcla de colombard y sauvignon blanc, con 12.5 grados y sin especificar la crianza. Es de color amarillo pálido y huele a piña madura y manzana verde. En boca es mineral con una acidez comedida, una sensación agradable aunque como dijo alguien en la mesa: un poco rara. Para un par de botellas.

El segundo blanco fue La Junta 2022, del Valle de Curicó en Chile, el único extranjero. Una rara combinación de viogner y savignon blanc. Para mí algo superior al anterior. Con sus seis meses de roble francés y sus 13.2% de alcohol muy bien integrado. Amarillo dorado, huele a paja mojada, heno y algo de fruta amarilla; níspero de fondo. En boca tiene buen ataque y un cosquilleo propio del CO2 aunque no se percibe en la copa, agua quina y un apretón al final amargo. Hoy voy por un par de botellas.

El tercero fue un tinto, Parábola 2021 de Vinícola El Retorno. El primer golpe son cerezas en licor y membrillo, moviendo la copa salen las notas de moras muy maduras, casi mermelada. Tanino comedido y de gusto salado, acidez baja. Mucho mejor en nariz que en boca. Nada que me mueva a una segunda compra. Inmemorable con causa.

Palabra 2020. Vinificado con 70% zinfandel, 15% tempranillo y 15% barbera. 12 meses de roble blanco. Primer golpe aromas químicos a acetona, con un poco de aire se limpia y se percibe pimienta blanca y algo de fruta roja. En boca: flor de Jamaica y notas de tamarindo, salado y picante. Un vino austero, inmemorable con causa.

Por último: Retorno 2019, con un dibujo en la etiqueta de una indicación de retorno. Misma bodega del Valle de Guadalupe. Todos percibimos notas salinas en los 3 tintos de la noche, la escasez de lluvia, como este año en el sur, provoca que la salinidad se concentre en los suelos además de los pozos de agua con los que se riega el viñedo en algunos casos. Este vino fue el mejor de los tintos. Huele a tamarino, fruta negra y notas de lavanda. En boca es redondo, buena acidez y tanino, final medio, en general bebible sin enamorar a nadie. Para probar otra botella.

Alemania sin pedigrí

Publicado: 25 junio, 2024 en Vino
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Ayer baje a la cava a desempolvar una vieja botella de riesling del 2010. Para mi sorpresa se trataba de un Monchhof sin pedigrí, es decir decía en la contraetiqueta Qualitätswein, que es la clasificación de vinos por arriba del Tafelwein. Esta última la más baja en calidad, donde es práctica común la chaptalización (adición de azúcar). Color amarillo oro, brillante, espeso y algo de burbuja fina al servir en la copa. Huele a durazno, miel, paja mojada y barro, con alguna notita de queroseno lejana. Para mi gusto, y sólo por quisquilloso, me parece que le falta más nervio, el armazón que le podría dar un poco más de acidez, quizás sea ya mucho tiempo para un Qualitätswein en esta categoría de vinos por su grado de azúcar, se permite la chaptalización, la diferencia es que es de un excelente productor. Me parece una buena opción para cuando se busca el primer acercamiento a los grandes vinos alemanes sin hipotecar la casa, yo de aquí saltaría a un Spätlese. He encargado uno a mi hija que anda de viaje, de preferencia Dr. Loosen o Joh. Jos. Prüm, y si encuentra un Auslese… mejor. La riesling en su máxima expresión, sin llegar a los Beerenauslese y demás vinitos que ya piden un riñón.

Me puse a revisar por pura curiosidad y al parecer una etiqueta pasada de Mönchhof ya estaba registrada en el blog; me remitió a esta entrada, año 2011, sin saber qué pasaría en el futuro, en aquella ocasión hago mención de que sería interesante observar su evolución: sueño cumplido. Interesante que todavía no se desarrollaban aromas de queroseno, típicos aromas de la riesling después de unos 7 añitos de vidrio. Un vino en plena juventud. Contrastar estos datos es el sueño de muchos enófilos que buscan la evolución de los vinos cuando los guardan por tanto tiempo, confieso que este vino en particular lo guardé 14 años sin realmente tener esa intención, pero ha resultado, y compruebo que mi bodega, a pesar de las variaciones que ha tenido en temperatura, no lo hace tan mal.

«Todos los animales huyen del dolor y buscan el placer. Los humanos como animales espirituales, buscan además los goces espirituales: música, danza, pintura y ampliamos constantemente nuestras necesidades». Dicho por los autores del libro Biografía de la Humanidad: Antonia Marina y Javier Rambaud. Pues yo agregaría el vino, nadie bebe vino para quitar la sed. Es un placer espiritual inspirador y que invita a la reflexión profunda: somos frágiles y efímeros. Como decía Borges: «Nuestro destino es el olvido». Nuestra permanencia en la Tierra es corta, y que mejor que sea de esa manera. No me imagino vivir eternamente, sería una carga insoportable.

John Ruskin, ese barbudo, maravilloso crítico de arte, literatura y todo lo que tenía que ver con la recreación del alma a niveles superiores, decía: «Decís que al perder el goce que un día me proporcionaba la naturaleza voy bajando, cada vez más, a la altura de los otros». Parafraseando también decía que no había que perder la capacidad de asombro de los niños. Y es que hay vinos que tienen la capacidad de hacernos soñar.

Nuiton-Beaunoy Volnay 2018

Ayer que buscaba a mi presa para descorcharla in situ, vi sobre una mesita de ofertas un vino que me llamó la atención. Se trata de un Volnay, esa comuna en Cote d´Or, específicamente en Cote de Baune. Productor: Nuiton-Beaunoy (2018), al parecer una sociedad de productores de la zona bajo esta marca desde 1957. En pocas palabras no se trata de una casa aristócrata ni mucho menos de un monopole. De todas formas me pareció una ganga por 650 pesos mexicanos, unos 32 euros. Color cereza, capa baja, limpio y brillante. En nariz es una belleza: bosque bajo, capuchino, ciruela en sazón, trufa y una nota etérea a lavanda. En boca tiene una acidez extraordinaria, un soplo fresco, acostumbrado a los vinos sobre-madurados, con aromas a mermelada. Este vino es grácil con la frescura de la juventud y las buenas hechuras que dan la maduración fenólica y de azúcares precisas. Tanino pulido, seco y de final largo. Aunque muchas gente puede decir que no son de larga guarda, pienso que 5 añitos o quizás un poco más, le vendrían muy bien. El aire lo vuelve cada vez más cautivador. Podría oler este vino toda la tarde. Por ese precio, difícil pensar en algo mejor. Para comprar una caja.

Cata 261, de vuelta a México: 2 blancos y tres tintos

Abrimos con un blanco, L.A. Cetto Boutique 221. Vinificado con tres variedades, incluida una tinta: chardonnay, viogner y pinot noir. Como en la zona del Ródano donde en ocasiones se mezcla con pequeñas proporciones de uvas blancas, con Viognier como en Côte Rotie, o con Marsanne y Roussanne (ambas blancas) en el caso de Hermitage. En algunas zonas de Cataluña no es raro ver alguna variedad blanca entre los viñedos plantados con garnacha tinta. El color pudiera pensarse con alguna tonalidad tirando a rosado por la pinot, pero es de color pajizo, así que la proporción de esta tinta debe ser baja, brillante y fluido. Huele a flores sin distinguir cual, espino blanco y toronja blanca. En boca tiene un cosquilleo aunque el CO2 no es visible, debe tratarse de otra cosa, abocado, mineral y largo, quizás queda corto de acidez. Repetible.

El segundo blanco viene de San Miguel de Allende, Guanajuato. Viñedo San Miguel Blancs 2010, Poco confuso el nombre, yo agregué lo de Viñedo San Miguel, aunque no sé si sea fácil de identificar como sólo Blancs. De esos embrollos en los que se meten los responsables de mercadotecnia … Vinificado con savignon blanc, chardonnay y semillón. Color amarillo pálido, huele a orín de gato, típico de la savignon blanc, barro y bonitas notas de durazno, aunque al principio no les gustó su aroma se fue limpiando, confieso que a mí me encantó desde un principio. Tiene mucho peso en boca, es un vino corpulento, tirando a dulce, acidez comedida, muy redondo en boca. Se antoja con un buen queso brie artesanal.

El tercero fue un tinto. Orlandi 2020 de la bodega La Redonda en el estado de Querétaro. Está vinificado con merlot y cabernet sauvignon. Con crianza en roble americano, sin especificar si es madera nueva ni el tiempo. Huele a flor de jamaica, tamarindo y notas de madera usada. Buena entrada, paso ligero y final fugaz, va de más a menos muy rápido. Tanino pulido, seco y de acidez comedida. Sin mucho encanto, pero debo decir que fue el mejor de los tintos de esta noche.

Magoni 2021 de Vinícola Tres Raíces. Capa alta, picota, ribete rubí. El primer golpe es de un aroma dulce como a chabacano, canela y ligeras notas de frambuesa. En boca es muy discreto, la entrada y el final casi en la misma intensidad. Inmemorable con causa.

El último tinto fue un Viña Coronado 2021, viene con una medalla que dice textual: «Selección México Yuactán 2023 Oro» quienes son asiduos a este blog saben de sobra que para mí las medallas no representan lo que para otros sería un motivo contundente de compra. La bodega es: Causa Bodega y Viñedo, en San Luis Potosí, una tierra que cuesta trabajo relacionar con la vitivinicultura, aunque hoy en día ya hay un puñado de bodegas. Se me ocurre hacer una próxima cata con vinos de esta región, si es que se pueden conseguir, me imagino que hay muchos que no alcanzan a comercializarse fuera de la región. El primer golpe es pimienta, después se asoma tímidamente algo de zarzamora y romero. En boca le falta armazón, paso por boca ligero, de tanino pulido y acidez comedida. Buscaré si hay algún blanquito de esta bodega.

Yo diría que fue la noche de los blancos, el calor también ayuda, pero los percibí mucho más redondos y de buena hechura.

Hace poco menos de 15 años escribí la última entrada de las «misceláneas» y como ya era repetitivo eso de escribir Peculiaridades Diversas… Aquí va una «miscelánea». Que no es más que el mismo concepto de hablar de todo un poco, con diferente título.

Siguen los implacables calores sin dar tregua por estas latitudes. Empiezo a creer que estos cambios son producto de todo lo que desechamos, pero en realidad han existido de siempre, y la desastrosa gestión humana no es la determinante, por más que nos quiera convencer Green Peace para que intereses supranacionales manejando fortunas fruto de países arrepentidos como España que compra energía «limpia» a Francia, dejando de producir electricidad de las mismas fuentes de energía nuclear del país vecino. Que conste que no estoy a favor de tirar la basura a los ríos ni contaminar a diestra y siniestra el aire. Pero seamos mesurados, y miremos las glaciaciones y todos los cambios de clima que hubo en el pasado, sin la menor intervención humana. Por lo tanto seguiré consumiendo más blancos que tintos para refrescar la garganta.

Este es el primer sábado sin mi cariñosa compañera que acompañó a la familia durante 13 largos años. Los perros, esos magníficos animalitos, que nos brindan su cariño y compañía a cambio de una caricia y un poco de amor. He leído un mensaje de consuelo que me enviaron desde la clínica veterinaria donde la atendían que quiero compartir: «Un amigo es quien conoce el lenguaje de tu silencio, acompaña tus pasos y construye caminos en tu corazón.»

Pasando a mis últimas degustaciones, empezaré con un vino verde, que no podría comparar ni de lejos con aquella magnífica garrafa en Alentejo Portugal, que bañó un kilo de almejas en mantequilla y un bacalao dorado en harina, sé que el contexto tuvo mucho que ver. Se trata de un Casal Garcia en botella transparente. Burbuja mediana, que al servir en la copa aparece inmóvil en las paredes. Color amarillo pajizo. Huele a manzana amarilla. En boca es ligero, falto de acidez, final corto. Inmemorable con causa. Por algo más de 250 pesos (15 dólares americanos) hay cosas más interesantes en blancos, aunque no sé que tantos vinos verdes se puedan comparar.

Sin estricto orden cronológico, probé un Centine 2019, un vino toscano (IGT) de Banfi. Frutal, muy interesante. Huele a ciruela roja en sazón, notas de bosque bajo, al mover la copa mentolados, capuchino y notas de panadería, nariz muy agradable y compleja. En boca es de tanino dulce sin perder firmeza tiene buen armazón por su acidez y tanino mullido. Mucho mejor en nariz que en boca. Repetible.

Siguiendo con Italia descorchamos en la barra, o mejor dicho el chef machacó el corcho hasta dejarlo desmoronado en dos partes, por dos razones: falta de un sacacorchos eficiente, además que estaba roto, y una pésima técnica, situación que no pueden dar como resultado otra cosa que un penoso desenlace. Menos mal que colaron los residuos o no cayó ninguno dentro de la botella. Boschi dei Signori 2021. Color picota, huele a refresco de cola, cerezas en licor y humo. En boca tiene una entrada modesta, de tanino áspero y final largo. Algo desenfocado para mi gusto, no sé si repetiría.

Despedida a un amigo

Publicado: 15 mayo, 2024 en Vino y amigos

Cada vez que parte un ser querido es inevitable pensar en lo efímeros que somos. Hoy estamos aquí, mañana no hay certeza alguna de que podamos ver la luz del día. La batalla fue larga, combatió como un guerrero, su fortaleza es fuente de inspiración para muchos que le rodeamos. Como alguna vez dijo un amigo en referencia a su suegro: era un hombre bueno, en toda la extensión de la palabra.

De los primeros en unirse al grupo: Vino Por Placer, entusiasta miembro de la peña. Recuerdo que le gustaba el champán, pero era precavido, ya que decía que las burbujas se le subían a la cabeza muy rápido. Siempre amable y bondadoso, con un alto sentido de la amistad. En tiempos difíciles nos reconfortaba con una palabra amable y cariñosa de consuelo.

Sergio, dejas un hueco muy grande en la mesa y en nuestros corazones, siempre te recordaremos con cariño. No me despido con un adiós sino con un hasta pronto.

Cata 260

Publicado: 28 abril, 2024 en Cata
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Vinos de la ducentésima sexagésima cata

Los calores han apretado como hace mucho no lo hacían. Hablar de grados centígrados a veces es un poco engañoso, que si en la sombra que si debajo de un árbol o dentro de casa, lo que percibe el cuerpo es un sofocamiento que obliga a no despegarse del aire acondicionado y un buen vaso de agua con hielos, al lado. Así que no es mala idea abrir con dos blanquitos. Chateau Domecq 2022, vinificado con chardonnay y viogner. Roble sí tiene pero no señala el tiempo transcurrido, que no pienso que sea más de un año. El resultado es un vino con 12,7 grados de alcohol, algo raro de ver que los grados con decimales fuera del 12,5 o 13,5. Color pajizo, brillante y fluido. Huele a hierba recién cortada, níspero y una notita de piña verde. En boca es cítrico; limón y de buen paso por boca con cierta contundencia. Para media cajita. El segundo blanco, un Magoni sauvignon blanc 2022. Se trata de un varietal del valle de Guadalupe con 12,5 % de alcohol. No especifica crianza. Huele a lácteos, queso brie y al mover la copa da alguna nota de durazno. Color pajizo, brillante y fluido muy parecido al anterior en cuanto a color. En boca es un punto dulce, diría que abocado, de acidez comedida y final corto. Inmemorable con causa.

El tercero de la noche es el primer tinto. Chateau Domecq 2017. Vinificado con cabernet sauvignon, merlot y nebbiolo. Color violáceo, ribete rubí, velado. Huele a fruta roja de la mejor calidad: ciruela, cerezas y hollejos. En boca es frutal, buen paso, de acidez exquisita, tanino firme y con un final que da un apretón de astringencia sin molestar. Una agradable sorpresa, esta casa está haciendo buenos vinos.

Magoni 2022 vinificado con un 80% de barbera y el resto de cabernet sauvignon. El primer golpe tiene una nota química a merthiolate, un poco de aire lo limpia dando paso a fruta roja indefinida, en boca no tiene nada que mueva a la compra de otra botella, tiene un final astringente.

El quinto y último: Macramé 2020, un cabernet sauvignon que curiosamente ya habíamos probado en enero de este mismo año, lo puse en el carrito de último momento sin reparar en ese detalle. No recuerdo haber repetido vino de la misma añada con tan poco tiempo de diferencia entre uno y otro. Me pareció bastante mudo en nariz, al mover la copa aparece un aroma a fósforo, pero sigue sin dar muestras de expresividad. en boca es planito y con alcoholes altos. En enero se mostró más abierto, prueba contundente de que cada botella es un mundo, y más tratándose de botellas de medio pelo. Aquí transfiero la nota de enero de este mismo vino: «Un cabernet sauvignon de San Vicente de las Minas, con 13,8 de alcohol y 6 meses en roble francés sin especificar si es nuevo o de uso. Huele a tabaco, fruta roja y una nota a canela. En boca tiene buena acidez y tanino mullido, aunque no encontré ninguna arista, no sé si repetiría». Y aquí llegamos con la cata 260 ¡Abur!

Como empieza a ser costumbre nos fuimos a la barra mi amigo y un servidor a descorchar una botellita, en esta ocasión fue de Napa. Buscando en los anaqueles encontré un zinfandel de viñas viejas. Inevitablemente me acordé de aquella sentencia de un buen amigo que decía: «Últimamente han plantado muchas viñas viejas». En alusión a tantas etiquetas con esta advertencia mercadológica. Su precio es de 1200 pesos, unos 72 billetes verdes. Old Ghost 2020. De capa alta, color granate ribete cardenalicio, brillante. Huele a fruta roja, ciruela de la mejor calidad, pimienta negra y alguna nota lejana especiada a mejorana. En boca es de cuerpo pleno, de buena acidez y tanino rugoso, este vino puede pulir esos taninos en vidrio y madurar, hoy está muy sabroso y abigarrado. Con un final amargo, sin molestar. Para un par de botellitas. Se trata de un vino de tierras californianas que no puede dejar indiferente a nadie, parecería que esta sobre madurado, y sí tiene algo de fruta sobre madurada, aún así es de buena hechura, sacaría un buen queso maduro para la próxima ocasión.

Riedel Coca Cola

Riedel se ha diversificado en el diseño de sus copas exponencialmente. Recuerdo haber comprado seis copas de cabernet sauvignon en 1998 en la ciudad de Nueva York. Entré a la primera tienda abierta y salí muy feliz con una bromosa caja, ese día me sentía muy afortunado ya que no había visto Riedel por las tiendas mexicanas, así que valió la pena cargarlas. En ese entonces no había mucha variedad, quizás algunas de blanco como: chardonnay, savignon blanc, chenin blanc y poco más, de tintos la cabernet sauvignon, merlot, pinot noir, shiraz, tempranillo y alguna otra. Poco a poco fueron extendiendo su oferta a tal grado que en poco tiempo tenían copas de las uvas mencionadas, más otras tantas de vinos maduros también, haciendo distinción entre un vino joven y otros entrando a la madurez. Después llegó la serie para tequila, pero ahora veo esta marca austriaca al extremo de sacar al mercado unos vasos para Coca Cola, así es, para un refresco, donde ya cabe una gran variedad. Podrían sacar en un futuro la serie para la Fanta de naranja o el Seven Up

Ayer en la comida descorché en compañía de un amigo una botellita de un vino austriaco Huber grüner veltliner, Terrassen 2018. Un vino austero, sin concesiones, pero que tiene su encanto, color pajizo brillante con reflejos verdosos, algo de sidra en nariz, y notas de petróleo muy sutiles, también de fruta amarilla, parecería un riesling joven entrando a esas notas de queroseno. En boca es seco, cítrico pero creo que le falta un punto de acidez. Para ir por dos botellitas. Su precio ronda los 600 pesos (36 dólares). Por alguna razón no he hecho ninguna foto, así que he buscado una en internet que parece ser la única que ronda por la red. Llévese el crédito quien la haya hecho primero. De segundo plato descorchamos nuevamente el Old Ghost 2020. Para aprendérnoslo de memoria ¡Abur!

Reserva Magna, tirando hacia los clásicos

Una tarde, hace ya unas semanas, acompañé a un amigo a comprar vino (una tienda que se ha vuelto la preferida de muchos enófilos), con mucho entusiasmo por hacer su colección, me hizo recordar cuando construí el agujero que tengo como cava en un rincón del jardín, ya hace poco menos de 30 años. Y es que él tiene poco tiempo con su cava, la ha montado bajo todas las normas que marcan los cánones de todos a quienes nos gusta el vino: climatizada a 16°C, de la humedad no estoy enterado, pero debe estar arriba de 60%. Me contaba que le faltaban alrededor de veinte botellas para completar los nichos, así que ayer se dio a la tarea de buscar algunas cosas interesantes: algunos borgoñitas de medio pelo, un vaqueiras, y sino mal recuerdo algún burdeos. Más tarde pasamos a la barra y descorchamos una botella, un tinto de la tradicional y vieja Casa Domecq. Me dio a escoger una botella y como había pasado ya un par de veces por los anaqueles y le había echado el ojo a un Reserva Magna 2019. La Casa Domecq en México nunca se ha distinguido por sus vinos en cuanto a calidad, el Padre Kino ha sido un vino básico como en España Don Simón, aunque aquí no hemos llegado al nivel de tetrapack en esta bodega en particular. Al meterme a su página me percaté de que hay un Reserva Real de cepas de 35 años y una crianza de seis meses. Pero ese no figuraba en los anaqueles. Se trata de un vino de corte clásico, madera usada, notas balsámicas, tanino pulido, seco, de buen paso y final largo. Bien podría guardar seis botellitas para seguir su evolución.

Don Leo 2013 sauvignon blanc más de 9 años acostada

Hurgando en el fondo de la cava, donde acostumbro a tumbar los blanquitos, ya que éstos deben estar algo más frescos que en los botelleros superiores. He encontrado una botella de Don Leo 2013 vinificado con sauvignon blanc. Se había desprendido la corbata, o desaparecido por la humedad, así que calculo que debe tener poco más de 8 años acostada, el moho ha deteriorado la etiqueta, la evaporación es mínima, apenas por debajo del cuello. El corcho salió a pedazos a pesar de la humedad alta por arriba de 80%. Color dorado, brillante y espeso. Nariz tropical a mango, una vez que moví la copa huele a piña madura y una nota vegetal. En boca sorprende su juventud; acidez que lo hace muy vivaracho; ha evolucionado mejor de lo que pensaba, con una paso de boca mineral, seco y final largo. Una gran recompensa para quienes esperamos esa magia dentro de las botellas con el paso del tiempo. Aunque para ser sincero esta botella no estaba destinada a estar un período tan largo dentro de la bodega ¡Fue un rescate muy a tiempo!

La he parado sólo para la foto ¡Sorprende el nivel! Arriba del cuello después de 37 años

A unos centímetros de ese nicho asoman unas cuantas joyitas de López Heredia, se trata de cinco blancos de otra categoría, con una larga crianza en madera usadita, de las que no maquillan el vino, a la usanza de antes; barricas que solo sirven para pulir el vino y que después en el vidrio ganan con aromas terciarios como los que podemos distinguir en este tipo de vinos. Se trata de dos Gravonias 2003, un Viña Tondonia Gran Reserva 1987 (sin que se note evaporación, por arriba del cuello) dos Viña Tondonia cosecha 1995. Me decidí por el Gravonia 2003. Sé que mucha gente ignora la larga evolución de estos vinos y hasta se atrevería a sugerir echarlos a la coladera, pero aquí hablamos de cinco de los mejores blancos que se pueden adquirir sin los precios inflados con esteroides que vemos en al mercado, bajo la mirada complaciente de los chinos y los rusos multimillonarios

Hermoso color oro viejo

Me decidí por el Gravonia 2003, el más jovenzuelo. El corcho salió entero además de no presentar problemas de filtraciones, algo que me llamó la atención después de estar acostado 21 años. Sin duda la humedad de la bodega ayuda a que el corcho se mantenga elástico. Color oro viejo, brillante y fluido. En nariz piedra de río recién mojadita, algunas notas de barro, algo de orejones de manzana, y un fondo muy sutil de frutos secos. En boca tiene una acidez sorprendente que le da armazón al conjunto, final mineral y largo. Un vino para tener por cajas, su evolución ha sido espectacular; yo me atrevería a decir que le faltan unos añitos para que empiece a descender. Una verdadera joya del barrio de La Estación.

Y hablando de este viejo conocido, recuerdo lo que apuntaba alguna vez Manuel Camblor, que decía que lo de Gravonia venía por los vinos minerales de Graves, aunque no puedo confirmarlo me ha gustado la idea por aquello de su gran mineralidad.