La última y nos vamos…

Publicado: 11 septiembre, 2010 en Despedida
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Todo en la vida tiene un principio y un fin. Este blog, por más de un año, ha sido para mí un gratificante espacio de catarsis y una forma de estar actualizado y en contacto con la gente que se identifica con el Mundo del Vino. Por desgracia hay momentos complicados y tediosos que demandan mucha atención y tiempo, tiempo y ánimos que no tendré para dedicar a este queridísmo espacio. Así que prefiero retirarme con algo de audiencia y no esperar a que este sitio se empolve y cuarteé. Un año y medio, 23,568 visitas, 135 entradas, 791 comentarios, son las cifras finales. Me despido con tristeza  y agradecimiento para toda la gente que amablemente ha pasado por aquí para leer y dejar sus gratos comentarios.

En verema.com me han abierto generosamente un espacio en su sección de blogs, para que siga escribiendo, quizás no con tanta frecuencia, pero sí con la misma entrega. Han emigrado gran parte de la información de este blog. Gota a gota en Verema , además de vinos catados y otros artículos que he escrito a lo largo de ocho años. Los espero por allá para seguir en contacto. Además de la cuenta de correo: benjamin@gotaagotablog.com, así como también la cuenta de twitter: @gotaagotablog

Muchas gracias y hasta pronto.

La etiqueta está muy ad hoc... ¿o no?

La etiqueta está muy ad hoc… ¿o no?

Mientras mi mujer hacía las compras de la semana decidí echar un vistazo a la sección de vinos y licores. Dentro de las novedades en cervezas importadas encontré una hecha de frutos del bosque. Lo primero que pensé es que se trataba de uno de tantos licores de fruta, tipo cooler, pero no, decía bien claro en la etiqueta; c-e-r-v-e-z-a de frutos del bosque y más abajo:

«Un nuevo concepto de cerveza, una nueva forma de tomar y disfrutar… con esencias frutales de frutas del bosque. Fue elaborado con el fin de satisfacer el paladar mexicano». (…)

Mi primera reacción fue dejarla donde estaba, darme la vuelta y seguir mi camino, pero me pudo más la curiosidad. ¿A qué sabrá…?. Así que volví al anaquel y la metí al carrito. Una vez en casa en la comida dominical, saqué discretamente la botellita y me dispuse a abrirla para probar. El primer tufo fue algo así como de pastillas «charms» la de sabor cereza, quien se acuerde de ellas sabrá que venían en paquetes y en varios colores y sabores. El primer trago fue una mezcla de cerveza diluida con algo de jarabe para la tos, fue lo peor, lo demás no me desagradó tanto: cerveza con frambuesa, ligeramente dulce.

Mi experiencia con esta rara cerveza me lleva a varias reflexiones en esta tarde lluviosa de domingo. La primera: ¿hasta dónde llegarán las empresas con sus sofisticados departamentos de mercadotecnia? llegarán algún día no muy lejano a ofrecernos bebidas con sabor a rocas lunares. Se imaginan a un hombre corto de estatura, calvo, de bata, con lentes y con su libretita, rascándose la cabeza y haciendo un «check list» ¿Qué bebidas alcohólicas se han inventado hasta el momento…? Vino de uva… ya, vino de arroz… ya, de piña…ya, de guayaba…ya. Y tras un día de sesudo escrutinio, llegar a la conclusión de que faltaba la esperadísima cerveza-de-frutos-del-bosque.

La segunda: ¿Quién está capacitado para opinar sobre la calidad o sobre lo que se tenga que opinar de las cervezas de frutos del bosque? A mí no me gustó. Lo mío no es la cerveza y menos la de frutos del bosque, pero debe haber alguna persona que haya probado más de una de estas cervezas y que tenga el paladar calificado para dar una opinión más sustentada.
Algún profesor, de los que no se olvidan, me decía hace años que el horizonte se abre en la medida que vayas probando todo lo que te rodea… Bueno, no todo. Le decía yo. El conocimiento llega con la experiencia, es decir, yo no puedo opinar sobre la cerveza ya que es la primera vez que la pruebo, lo único que puedo decir es si me gusta o no. Algo que hemos olvidado quienes pensamos en las complicaciones del vino. Si lo transferimos al vino, que es donde quería llegar, la situación es aún más evidente. Me encuentro a mucha gente opinando sobre un vino determinado, metiéndose en varios enredos que lo pueden llevar a un laberinto sin salida, hablando con la seguridad que sólo da la ignorancia; sin tener ninguna experiencia previa: No digamos con otros vinos, ni siquiera con el vino que tiene en la copa, frente a sus narices…Cuando sería mucho más fácil decir: me gusta, o no me gusta.
Cada vino es diferente, existen diferencias entre una botella y otra; de una misma añada, de una misma bodega y hasta de una misma caja. A veces pienso que sobran las palabras y que deberíamos estar más abiertos a nuestros sentidos para disfrutar, o tirar el vino al fregadero… Me gusta o no me gusta. Así de simple.

¿2003 o 2004…?

El 25 de agosto pasado Germán Dehesa Violante anunciaba a sus lectores en Gaceta del Ángel su terrible padecimiento. Cáncer. No sé dónde ni cuándo empezó todo, pero ayer supe que perdió la batalla. Hombre de letras, de pluma aguda y crítica, con un humor tirando a negro. Sin duda de mis favoritos. Así que en honor a don Germán, El Charro Negro, bajé a la cava y junto con mi mujer nos bebimos un borgoñita.
Domaine Jean Grivot es una bodega de la que no había probado nada, aunque dejé escapar un detalle. La añada. Se trata de un Chambolle-Musigny, La Combe D´Orveaux, 2003, los calores de ese año han dado vinos con mucha azúcar y poca acidez. A veces me pregunto si es mejor ignorar ciertas cosas a la hora de descorchar una botella, sobre todo tratándose de aspectos que vayan en contra de ese vino. El caso es que lo descorché con cierto escepticismo. Tardó algo en abrir, su nariz no es muy intensa; algo de fruta roja, mi esposa decía cereza yo frambuesa, algunas notas térreas de trufa y tierra mojada, pero muy leves, una nota especiada a tomillo era más evidente. En boca todo empieza bien, pero al final se hace hueco le falta profundidad y algo de armazón. Mis intenciones eran despedir a don Germán con algo mejor, pero conste que los borgoñas son de mis preferidos, aunque a veces no es posible dar en el clavo. Por cierto algo que nos ha intrigado mucho en el corcho, es un «4» debajo del «3» a manera de corrección… Caprichos de la naturaleza ya que el corcho es finalmente un pedazo de madera, algunas imperfecciones han tomado la forma de ese poco recurrente «4». ¿Qué habrá pasado con esa añada… fue mejor?

Corchos con sus bozales

Corchos con sus bozales

Por desgracia nuestro amigo Carlos no pudo llegar a la cita por motivos de salud de su señora madre, desde aquí nuestros mejores deseos para que se recupere pronto.
El caso es que las botellas ya estaban listas y alguien tenía que dirigir la cata. Ese fui yo. Así que me metí a internet para averiguar aquello de que el cava no es sólo catalán, además de las nuevas variedades «mejorantes» encabezadas por la chardonnay.
Para la gran mayoría pensar en cava es sinónimo de vino espumoso catalán, 200 millones de botellas, el 95% de la producción anual de cava procede de Cataluña. En 1872 Josep Raventós fue el pionero en la elaboración de espumoso en España. Pero hay que recordar que en Rioja y Álava también se producen estos vinos, siguiendo la línea hacia el sur; Valencia produce cava y aún más al sureste en tierras de dehesas como en Badajoz. Me parece muy interesante en un futuro cercano organizar una cata de estos vinos poco conocidos fuera de España. El cava como cualquier otro vino varía su calidad desde vinos muy baratos hasta cavas de mucho prestigio, cuyo precio no alcanza los del champán. Una de las uvas para vinificar rosados es la trepat, autóctona de Conca de Barbera, según datos del diccionario del vino. Otras tintas más conocidas son la pinot noir y la garnacha tinta para mezclar y así producir rosados.
El primer cava de la noche fue un Cordón Negro de la bodega Freixenet, un cava de producción industrial vinificado con 60% parrellada y el resto macabeo. Frutal de boca cítrica y manzana verde, a pesar de ser brut se nota algo de azúcar residual, de muy buena acidez. Seguimos con Peñalba López Brut nature, mucho más seco y final amargo, muy calizo y de burbuja fina. Vilarnau Brut, vinificado con parrellada, macabeo y una pequeña proporción de xarel lo, cítrico y poco más.

De aquí en adelante fueron cavas de la bodega René Barbier, cuyas virtudes no son muchas. Unidimensionales sin la fuerza, la acidez ni la profundidad de los grandes cavas, a ojos cerrados los cambiaría por una botella de Clos Mogador de esta misma bodega en Priorat. Un vino moderno pero con cierto encanto. Lástima que sea tan caro. Les decía que empezamos con los René Barbier, hizo su aparición un rosado con bastante azúcar residual y falta de acidez, los resultados se los pueden imaginar… un vino que cansa el paladar al segundo trago. El semi seco que le siguió también le faltaba esa estructura que da la acidez en los espumosos. Por último un Brut Reserva, seco hasta la médula, bastante calizo. La verdad es que hay poco aún de donde escoger, algunas botellas aisladas en los aparadores. Espero que con el tiempo Agustí Torrelló Mata o Bodegas Gramona vayan siendo parte del repertorio de algunas tiendas de vino.

Les Granges 2007

Les Granges 2007

Recién desempacado de Acapulco lo único que concluyo es que será mejor para la próxima llevar el vino y las copas desde casa. Me sorprende la limitada oferta de vinos de Casa Palacio en comparación con Palacio de Hierro de Perisur, la tienda que más conozco de todas. ¿Estarán en lo correcto al pensar que la mayor demanda de vinos de calidad está en la Ciudad de México? Yo dejaría esta pregunta en el aire, ya que tengo mis serias dudas. Es que además la paupérrima oferta no llega ni siquiera a la quinta parte de la Ciudad de México, predominando los tintos, aunque esto último no me extraña en lo más mínimo.
En esta ocasión no he visitado la Europea pero puedo decirles que es la mejor opción en este puerto del Pacífico. La oferta culinaria en la zona nunca ha sido como para echar tiros, conocimos el Forno di Gio, un restaurante italiano que sin mirar los precios es aceptable, pero una vez que traen la cuenta las pretensiones a la hora de cobrar son exageradas. El vino de la casa a $95 la copa, lo sacan de una pequeña barrica, aún así no está mal. Yo me imaginaba chupando una duela recién barnizada.

En muchas ocasiones el vino es el protagonista de la tarde, y en segundo lugar la comida. De manera intencional hoy a quedado de manifiesto lo anterior. Bajé a la cava y he sacado de su nicho el único chinon que quedaba. Se trata de Les Granges 2007, de Bernard Baudry. Hermoso color carmín. Nariz muy sugestiva a ciruelas y grosellas maduras con notas de casis, tamarindo y barro. En boca es suave de acidez perfecta, trago sedoso y amplio a la vez. Por lo regular para mi la comida pasa a segundo término cuando tengo en mente sacar alguna botella a la que le tengo ganas de tiempo atrás. No sé si sería capaz de descorchar un Rutherford de Napa con sardinas en tomate… Pero tampoco creo llegar a esos extremos. El caso es que hoy sábado mis hijos han pedido por teléfono dos pizzas: una preparada con peperoni y tomate, y la otra con jamón y piña, nada menos que de Dominos Pizza, la compañía del eslogan de los treinta minutos… Además la han pedido de pasta gruesa, sólo faltó lo del doble queso. Sin duda por esta ocasión como en muchas otras el protagonista ha sido este chinon de ese hermoso valle. Pero ambas partes hemos tenido lo nuestro, yo me conformo con el vino y ellos con la pizza.

El lunes por la tarde no es el momento más usual para una cata, además de que los ánimos no andan tampoco para estos acontecimientos, pero tratándose de una invitación del buen Jorge y ante su insistencia, me enfilé con otro amigo a uno de mis restaurantes favoritos, donde todo estaría listo para la cata. Como suele suceder el show empezó varios minutos tarde y la asistencia no fue muy nutrida, aunque había varias caras conocidas.

Horacio Sebastián Fuentes es un enólogo muy joven, a sus treinta años se le ha confiado la línea premium de la bodega chilena Ventisquero. Durante la presentación de los viñedos, la bodega y sus vinos, fuimos catando y maridando con algunas entradas preparadas con esmero por la joven y talentosa chef María Fernanda Arámburo. Empezando con un Chardonnay 2009 del Valle Central, color amarillo brillante con destellos verdosos. En nariz es limpio, intenso, manzana verde, notas de toronja blanca. En boca es cítrico. Limón y notas de lima. Unas croquetas rellenas de cangrejo, que conste que no alcancé a escuchar de que estaban hechas, el caso es que el vino no ha desentonado.

Queulat es un parque nacional y un glaciar, nombre que han escogido para una línea de vinos. Este primero es un  Queulat Carmenere 2008 está vinificado con un 5% de cabernet sauvignon… Para Horacio vinificar con cabernet sauvignon es la carta de presentación de todo enólogo, uva tinta más plantada en Chile, ocupando más del 40% de los viñedos. «El terroir tiene límites» (…) algo que me llamó la atención fue la manera como concibe el terroir. Cuando menciona los límites se refiere a la calidad de cada pago, no es lo mismo la chardonnay en Montrachet que en Casa Blanca. Defensor de la tecnología en los procesos de vinificación, aunque marcando una frontera no muy clara entre su uso y el abuso. Hasta ahí todo iba bien, coincido en lo general con estos planteamientos, pero cuando se refiere a la tipicidad de la uva en distintas regiones, me empiezo a poner algo ansioso, y rechina algo en mis entrañas. Si bien es cierto que la riesling del Mosela no es ni por equivocación la misma que en el Valle Clare en Australia, la tipicidad se pierde cuando los vinos son sometidos a crianzas en madera nueva y bien tostadita por infames periodos de manera indiscriminada, que lo único que hacen es ahogar la fruta en roble. Estas prácticas han sido muy populares en los últimos 25 años, así que poder reconocer un cabernet sauvignon chileno, español o argentino es como sacarse la lotería.

Siguiendo con el Queulat Carmenere 2008, domina la ciruela, la zarzamora, notas de humo y tomillo, de tanino pulido y acidez muy justa. Acompañado con unas tostadas de garbanzo. El tercero de la misma línea fue un Queulat Cabernet Sauvignon 2009, con 5% de syrah. Menos intenso que el anterior y con una arista alcohólica, quizás resultado de la temperatura. El mousse de roquefort definitivamente no va con este vino, un sauternes sería lo ideal. Su crianza se hace en un 20% de barrica de segundo uso y 40% de tercer uso. Interesante crianza para los estándares modernos, donde toda la barrica es nuevecita y muy pintadita de rojo en medio.

Por último probamos el Grey Syrah 2008, el vino premium de la bodega con 16 meses de barrica y uno en vidrio. Fruta negra y notas de lavanda. El canapé una calabaza de nueva Zelanda con reducción de balsámico, mucho mejor maridaje que el anterior.
En general me parecen tintos rayando en el anonimato, a pesar de que el enólogo haya proclamado el terroir a los cuatro vientos. Tintos muy parecidos unos a otros. Me han mandado por correo la lista de precios, pero no he podido abrir el archivo, aunque todo indica que los precios no son como para hipotecar la casa.

Fotos extraídas de ventisquero.com

Cata 136, Shiraz y Sirah con otras…

La uva shiraz es tan representativa de Australia para las bodegas, como lo son los canguros para el turismo. Esta uva es la reina del Valle del Ródano en Francia, aunque se escribe diferente (syrah). Pero es la misma variedad que ha prosperado en aquellas tierras australes, el terroir y las prácticas de vinificación hacen la diferencia. Australia figura en el sexto lugar como productor de vino a nivel mundial, con poco más de 160,000 ha de viñedos. (2005)

Juan Antonio ha traído los vinos que más le gustaron de su último viaje a Australia y decidió descorchar algunas botellas para esta cata, que él mismo dirigió. Compartiendo sus conocimientos y algunos datos interesantes previamente adquiridos en una interesante cata de veinte vinos en el país de origen, en la zona de Barossa. Al leer el título pensé que se trataba sólo de bodegas australianas, aunque Juan Antonio nos tenía preparada una cata comparativa de la misma uva en diferentes países y regiones. Comenzamos con un vino del valle de Barossa. La región productora más grande en Australia. Peter Lehman 2008 un varietal con 14,5% de alcohol y tapón metálico. Muy frutal, fruta negra en sazón; arándanos y ciruela, de tanino granuloso y final amargo. El tiempo lo puede mejorar. Seguimos con la recontra-conocida y vendida bodega chilena Concha y Toro, Casillero del Diablo 2007, 100% Shiraz con apenas 13,0% de alcohol. Especiado, pimienta negra y de tanino dulzón con poca definición en boca. El siguiente fue el que más me gustó, se trata de un Chamarré Syrah Merlot 2006, «Vin Rouge» un plebeyo con buena estampa. Pero eso no le quita que sea un vino de buen paso de boca y con una acidez que lo hace muy vivaz, no es varietal, lleva algo de merlot.

El siguiente par de vinos tuvieron algún problema en la guarda, ya que presentan aromas similares: polvo, café tostado, baúl viejo, y uno que otro aroma a sulfuro… En boca muy planos así que sólo diré que uno era sudafricano y el otro un francés, vin de pays. Cerramos con otro australiano de los que trajo Juan. Taylors 2008 de Clare Valley, una de las regiones de producción más viejas de Australia, mejor conocida por sus riesling. Taylors tiene algo de roble americano y 13,5% de alcohol. En boca es goloso con mucha fruta roja, toffe y una buena dosis de vainilla, me imagino que es por el roble «americano» indiscriminado, aunque sus taninos son suaves, muy limaditos.
Así concluye este acercamiento a esta uva tan de moda y que promete su expansión por muchas otras regiones del mundo.

Al colgar un comentario y un enlace del blog uvinum en el foro de verema.com sobre el supuesto icewine español vinificado en Penedés, parece que la cosa va más de broma que en serio, hubo varios comentarios interesantes. La foto al parecer es de otro viñedo muy lejos de allí. Por supuesto que las condiciones no son las mismas que en Francia o en Canadá, y no basta con una buena nevada, así que un poco de nieve carbónica agregada a los racimos ya vendimiados es la supuesta solución. Al ver el video me hace pensar más en clases de repostería que en la propia vinificación. Pero júzguenlo ustedes mismos en este video de la bodega Gramona. Parece que los trucos en las bodegas son justificados por el resultado final. Recuerdo haber probado aquel Vi de Gel Gewürtztraminer 2003, aunque me pareció concentrado le faltaba acidez, el resultado es que empalaga fácilmente. La bodega San Alejandro Miedes, hace otro vino en la D.O. Calatayud, en Aragón, con el mismo método; Vino Blanco de Hielo, Baltazar Gracián. Aunque éste no lo he probado aún. La pregunta sería: ¿Bajo estas condiciones es posible hacer un vino de hielo (Icewine) de calidad…? las imitaciones rara vez son buenas.

Burbujas de oro

Publicado: 26 julio, 2010 en De lo social, Novedades, Vino
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Blue Nun Sparkling, Gold Edition

Blue Nun Sparkling, Gold Edition

Cuando parecía que ya había visto todo acerca de las artimañas para atraer a los clientes a comprar vino, justo frente a mis narices aparece en los anaqueles de vino un espumoso con pepitas de oro. Se trata de la popular y archi-vendida marca Blue Nun. Arriba de la etiqueta aparece un letrero: «Voltee la botella, sorpréndase!!! (y con mayúsculas) ES ORO DE 22 QUILATES!!!». Me recordó aquellos souvenir tan famosos en los ochentas: cápsulas semiesféricas de plástico transparente que se agitaban para detonar una lluvia de copos blancos o pepitas plateadas, y cuyo contenido cambia dependiendo del país que se visite. Adentro puede tener el castillo de Disney, la Torre Eiffel, las Pirámides de Egipto… Pero nunca pensé que pudieran adoptar tal concepto para una botella de vino.

Alguna vez me comentó un amigo que encontró una botella de vino con pepitas de oro, aunque en esa ocasión pensé que la había visto en una tienda de artículos extravagantes y caros para gente que no sabe en qué gastarse el dinero. Nunca me imaginé que Blue Nun se ocuparía de meterle pepitas de oro a una botella de espumoso de $140.00, poco más de diez dólares americanos. Una medida extrema para que la gente se sienta atraída por este producto, aunque siempre me ha parecido muy burdo agregar piedras y metales preciosos a algunos artículos; desvirtuando su verdadero fin. Como en aquella tienda en Frankfurt donde se vendían teléfonos celulares con incrustaciones de diamantes, rubíes y esmeraldas, ya se podrán imaginar los precios… ¿Tendrán mejor recepción?

Otra cosa que me sorprende aún más es la bodega en cuestión, ya que Blue Nun nunca se ha distinguido por llegar a los bolsillos más acaudalados… Aquí en México se trata de un vino sencillo, de baja calidad, agradable para muchos paladares, cuya aceptación ha sido un éxito rotundo tanto para un día en la alberca como para una fiesta, un vino de trago largo. ¿Para qué carajos agregar pepitas de oro…?

En cuanto a la higiene y la salud… qué motiva a la gente a beber un vino con pepitas de metal flotando por todos lados a la hora de agitarlo, conste que además se trata de un espumoso. ¿Algún beneficio para la salud?

Alguna vez escuché que el número total de marcas de vino era alrededor de un millón. Quien lo dude, puede contarlas y darnos la cifra exacta. Por mi parte, estoy conforme con esa cifra. En realidad es un dato irrelevante. Lo que sí puedo asegurarles es que no alcanza la vida entera para probar todos los vinos de todas las bodegas. Partiendo de este principio y entrando a la madurez y al buen juicio en este corto y a veces desdichado paso terrenal, pienso que ya no estoy para perder el tiempo explorando nuevas marcas sin tener alguna buena referencia. Aquellos tiempos en que casi llenaba el carrito con nuevos vinos ha quedado atrás. Es menos riesgoso y más aconsejable comprar aquellas botellas que me recomiendan algunos amigos con gustos similares, además de ser más barato en estos tiempos de crisis. Hay algunas etiquetas muy sugerentes por su forma, sus colores, su tipografía y por los datos contenidos. Aunque confieso que pocas veces he comprado un vino por el simple hecho de que me llame la atención su etiqueta. Con excepción de aquella botella de Mouton Rothschild 1993, cuya obra original del pintor francés Balthus, de una joven desnuda acostada hacia el lado izquierdo, fue censurada en EE.UU. y apareció en blanco, o mejor dicho en color beige. Esta botella la conservo en la cava y me gustaría conseguir la «versión europea» para tener ambas botellas, diferentes pero de una misma añada. Otro caso es el Mouton 1998 donde aparece una pintura de Rufino Tamayo, «El Brindis por», primer Mouton con una obra de un pintor mexicano en su etiqueta. Para los amantes de esta bodega aquí pueden encontrar gran parte de la colección.

Cada día me encuentro con nuevas etiquetas en los anaqueles, algunas muy vistosas, otras más sobrias, pero algunas son verdaderamente de llamar la atención, con temas fuera de lugar. Como la ilustración de un camión de bomberos, un avión caza, o la de un hombre sacando un chorro de vino por la nariz… Etiquetas, quizá producto de un viaje provocado por los efectos de alguna droga. Aunque en el fondo no vayan dirigidas a todo el mundo, no me puedo imaginar quienes se interesan en este tipo de vinos, fuera de tener una colección de botellas raras.

Existe una expresión en inglés que ilustra de manera elocuente lo que me sucede al descubrir este tipo de etiquetas: «turn me down» en español; desanimarme. El caso es que al verlas, no se me antoja comprar vino y mucho menos probarlo. Me gustaría que un especialista en mercadotecnia me explicara a qué nicho de mercado va dirigido. Aunque repito que para mí, pierde todo sentido.