México 2010, Edición Limitada
No cabe duda de que cada día en los anaqueles encontramos nuevas etiquetas de vinos mexicanos. Con motivo de la conmemoración del bicentenario y centenario de la Independencia y Revolución Mexicana, respectivamente, no faltaron bodegas que se decidieran a sacar a la venta botellas alusivas a estos dos importantes acontecimientos, del año pasado. La última que encontré; México 2010, tiene en la contra etiqueta varios datos interesantes; la botella está fabricada por Vitro, nunca había visto la marca de la botella impresa. Otro dato es que se trata de «un vino colectivo…» México 2010, Edición Limitada, Elite Tinto, es un vino en cuya producción participaron veintiún bodegas diferentes de Baja California, así como una docena de variedades distintas: barbera, cabernet franc, cabernet sauvignon, cariñena, grenache, malbec, merlot, mision, petite syrah, sangiovese, syrah y tempranillo. Un coctel que yo por lo menos no había visto antes en vinos tintos. Pero lo que menos me explico es cómo pudieron participar tantas bodegas en su elaboración. Aunque señalan que participaron: «mezclando sus mejores cosechas» Me imagino que pudo haber sido más fácil que algunas aportaran las uvas o los mostos, otras las barricas, otras asesoría… O haberlo hecho de manera meramente simbólica.

Resultado: Al principio huele a cacao y tostados, girando la copa aparecen aromas persistentes a arándanos y ciruela roja, al final aflora el pimiento de la cabernet. En boca lo primero que me llama la atención es su acidez, muy viva y fresca, me recuerda la frescura de algunos blancos. Frutal, con mucha fruta roja y una nota vegetal, que distrae por momentos. La acidez crece y llega a un punto crítico, con algo de verdor sin que afecte el conjunto. Al último se desarticula un poco el conjunto, con demasiadas notas verdes… ¿Qué pasará en 24 horas…? He guardado un poco para mañana.

"Elite Tinto, vino mexicano colectivo"Para el domingo es un vino sutil, frutal, redondo. Me ha gustado más que el día de ayer, así que merece la pena decantarlo, algo que en un principio me parecía una locura por la forma como evolucionó después de que lo descorché.

Trimbach Reserve, pinot gris 2001 Hay algo en el ambiente que ya huele a primavera. Quienes vivimos pegados al Ecuador nos anticipamos a esta bellísma estación, donde todo florece y los animales se reproducen, incluidos los pájaros con sus melodiosos cantos. También es la estación donde la apetencia por los blancos comienza para desbordarse en verano, aunque por aquí en lugar de calor, llueve de manera torrencial. Afortunadamente. De otra forma no habría ser humano que lo resistiera.

Después de extirparme por la mañana, un pedazo de mi ser, un lunar que creció más de la cuenta. Compré un analgésico en la farmacia y desde mi casa hice algunas labores cibernéticas, sin necesidad de pisar la oficina. Sí, la visita al oncólogo puede poner nervioso a más de una persona, pero más vale prevenir que lamentar. Aunque confieso que mi valentía y determinación flaquearon a la hora que el médico sacó el bisturí, a pesar de las dos inyecciones de anestasia local. Como me decía un amigo de padre galeno: todo lo que te corten, debe ser analizado. Esperaré una semana para saber el resultado. Un buen pretexto para descorchar una buena botellita. Soy optimista.

Aunque tampoco había que esperar siete días. Antes de la comida bajé por una botellita de blanco, para recibir anticipadamente la primavera. Como Dios manda. La añada 2001 en Alsacia para mí resultó espectacular tomando en cuenta aquel Cuvée Frederic Emile Trimbach que descorché hace poco menos de diez meses. Hoy disfruté en toda su plenitud, un Trimbach Reserve, pinot grigio de la misma añada. Poco más de cinco años metido en bodega, lo han pulido y lo han transformado en un vino cítrico, con mucha toronja, lima y limón real, conclusión esta última de mi mujer…al final de un largo trago. Yo agregaría notas de cera de abeja, barro y piña madura. En boca es un vino entrando en la madurez con mucha casta y elegancia. Acidez perfecta. Largo y evocador. Una obra de arte en un punto de madurez que no esperaría más para disfrutar una cajita de aquí a finales del próximo verano.

Llegó un correo electrónico muy interesante a mi cuenta. Raro, rarísimo, pero de repente sucede. Gracias a Jorge quien lo envió. Se trata de un artículo de New York Times en su sección de Science sobre la fragilidad en la que se encuentran las variedades de vitis vinífera, siendo presa de enfermedades y plagas que ponen en peligro la industria moderna del vino. Todo se debe a que la reproducción sexual de las plantas no es común hoy en día, debido a la intervención del hombre. El 75% de todas las variedades están estrechamente relacionadas. Y yo agregaría que la Vitis Vinífera L. Sylvestris, una de cien especies dispersas por Europa y Asia ha dado origen al 99% de todas las variedades. El hombre es quien ha «reprimido» la vida reproducción sexual de la vid.

Si el uso alternativo de tapones sintéticos ha escandalizado tanto a los consumidores, ya me imagino lo que vendrá. Pero los dejo con el enlace. Espero sus comentarios.

Observar y anotar, oler y anotar, sorber…

Ayer por la noche en nuestra primera cata del año disfrutamos de seis vinos varietales de uva malbec. Lo primero que tengo que decir acerca de estos vinos es que en su mayoría tienen una buena relación calidad-precio, vinos agradables sobre todo el número cinco del que hablaré más tarde. Ninguno de ellos rebasa los 200 pesos (12 € ). La dinámica del grupo ha cambiado, y ahora cada uno de quienes se sientan a la mesa, debe escribir algo sobre el vino catado en un cuaderno que van pasando al de al lado. Una iniciativa que ayuda a mantener la atención para que los participantes no empiecen a discutir sobre cómo arreglar el mundo, y se concentren en los vinos, ya habrá tiempo para todo lo demás. Me ayuda también a tener una idea del vino, desde otra perspectiva… «diez narices huelen más que una». Sin mayor preámbulo empezamos con Finca el Portillo 2008, de bodegas Salentein. Nariz frutal: ciruela y cereza maduras, en boca es ligero, mineral, suave, de final amargo, sus 14.0 de alcohol están bastante presentes, por lo que se contradicen los comentarios por aquello de «suave». De Bodegas Norton su malbec básico: Norton 2009 tiene doce meses de barrica, el 50% nuevo. Al principio huele a arena caliente, pétalos de rosa, hollejos y sandia, boca frutal aunque un poco flojo. El tercero es de Bodegas Francoise Lurton, Lurton 2006, sulfuroso al principio con notas terrosas. Agradable en boca, mineral y largo. Alguien apuntaba que «sabía a lo que olía»… La Flor 2009, de Bodegas y Viñedos Hugo y Eduardo Pulenta tiene seis meses de roble y viene cargadito de alcohol con sus 14.0 grados. Picante (volátil) una vez que pasa, aparece la fruta; frambuesa, acidez alta, un punto dulce de madurez que por momentos descompone el final, tánico y con una arista alcohólica. El siguiente fue definitivamente el vino de la noche. Santa Ana Homage 2008 de Bodegas Santa Ana. Un vino muy bien amalgamado, todo en su lugar, tabaco, cedro. En boca es redondo, con tanino mullido y final largo. Y su precio139 pesos ( 8 € ). Por último llegó Eco de Tango 2006, cuya bodega según la poca información en la etiqueta es la «A». Este vino rebasaba los 200 pesos, pero tenía descuento. No ha sido del agrado de los jueces, quienes han sido muy severos escribiendo lo siguiente: «Acidez pronunciada, corto, se interrumpe en retro, sulfuroso, acido y ligero… Le falta cuerpo» con esos comentarios ¿habrá necesidad de poner alguna calificación?

Me estoy haciendo viejo y reconozco que cada día me molestan más los descarados recursos propagandísticos acerca del vino mexicano. Al abrir el periódico Reforma en la sección Buena mesa aparece con letras grandes: Buenos, baratos y mexicanos…. Ajem, ajem ¿A qué se referirán con baratos…? Hablan de vinos debajo de 350 pesos; los trece vinos citados dan un promedio de 260 pesos. ¡Veintidós dólares para mi bolsillo ya no es barato…! Y en ese margen me empiezo a poner muuy exigente.
Las calificaciones no podían ser de otra forma que las designadas por el abogado de Maryland, Mr. Robert Parker Jr. (50 a 100). Aunque también me llama la atención que ninguno de los trece vinos catados rebasa los 89.3 puntos. ¿Qué le habrá faltado para el 90.0 a ese Jardín Secreto 2007, de la bodega Adobe de Guadalupe? ¿0.7 gramos más de roble francés o 0.7 gramos más de alcohol?

Hasta hace poco menos de diez años no podía entender cómo alguien se atrevía a dar una opinión sobre un vino sin tener de parámetro una calificación numérica. Hoy en día estoy convencido de que no hay números ni letras suficientes ni precisos para calificar un vino. Son muy fríos. Prefiero remontarme a mi memoria olfativa y saber si ese vino me despierta pasiones, me deja indiferente, o simplemente es para beberse a tragos largos, sin muchas contemplaciones. Siguiendo con la promoción de vinos mexicanos… O mejor dicho con el ocioso ejercicio que convocó a tres expertos con todo y su peto de cuero y todas sus medallas. Los Sumilleres que en México y otros países latinoamericanos prefieren escribir sommelier para darles un acento franchute y de más prestigio. Los sommeliers han dado su veredicto y los demás mortales… el resto, podrá tomar una mejor decisión a la hora de escoger entre un vino francés o un mexicano, baratito de 20 verdes.
Creo que algunas maniobras como ésta ayudan muy poco al vino mexicano. Y en muchas ocasiones dejan más confundido al consumidor. Ya me cansé de oír historias sobre la «democratización del consumo del vino», hacerlo más accesible, bla bla bla… Pero en el momento de las medallas, premios y altas calificaciones, el vino despega y se vuelve un ente volátil inalcanzable para la gran mayoría que prefiere gastarse sus $260.00 en otra cosa.

Tinto del Mogorcito 2006

Haciendo un recorrido sabatino por los pasillos de una de las tiendas de vino más surtidas de mis alrededores, me encuentro con una gran variedad de nuevos vinos mexicanos, que ni siquiera había escuchado que existían. Por desgracia y siendo cada vez más frecuente, abundan los vinos por arriba de los $400.00 (32 dólares), precios que ahuyentan a mucha gente, y que quedan situados en un nicho de mercado muy reducido. Aún así escogí uno de los «baratos» $384.00 Se trata de un Tinto del Mogorcito 2006 que no tiene nada que ver con Casa Mogor Badan, como pudiera parecer. Se trata de Viñas de Garza una bodega muy joven nacida en 2003 cuya primera cosecha es precisamente la 2006. Ubicada en el Valle de Guadalupe. Tinto del Mogorcito es una mezcla de cabernet sauvignon y merlot con doce meses de roble francés y americano. Su enólogo Amado Garza, que por su apellido sospecho que algo más tiene que ver con la marca. Hugo D´Acosta también intervino en el proyecto. Poco después de comprar la botella terminó en la copa, y estas con mis impresiones: Aromas de fruta negra en sazón: zarzamora, notas especiadas de albahaca y pimienta verde. Boca frutal, con un final pasificado que desaparece con el aire, acidez justa, de taninos maduros que pierde algo de nervio con el aire. En general un vino rústico con una arista de alcohol muy presente.

Mouton Rothschild 1999

Publicado: 13 enero, 2011 en Vino
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Mouton Rothschild 1999

Con motivo de un festejo importante para mí, a pesar del exceso de comida y bebida en recientes fechas pasadas, por fin he descorchado una botellita que llevaba guardada desde enero de 2006 y que me costó trabajo decidirme a sacar de la bodega. Chateau Mouton Rotschild 1999. Una añada que Michael Broadbent la describe como: más frutal que la primera vez que la probó en 1998, me imagino que fue una prueba en barrica)…»Very sweet, hovering between lisson and plump ripeness». Después dice que lo probó con «Harvé Berland:deep, velvety; -toasted- Cabernet aroma that open up beautifully . Fleshy noted again, dry finish end charm. (****) Atractive wine 2008-2025.

Siempre he pensado que la mejor manera de disfrutar el vino es tener la mente abierta, sin prejuicios. Pero por desgracia en la medida que se van descorchando más vinos, la mente empieza a encasillarlos y resulta más difícil no tenerlos. He confesado aquí varias veces que los vinos de añadas muy viejas tienden a parecerse. Esas notas de caza, de sangre, ahumados y en general notas animales que ganan con el tiempo en vidrio al producir proteínas hacen que los vinos sean muy semejantes. No importando su origen, como si se tratara de un destino final, que abarcara todos los vinos más allá de la madurez.

Con doce años y después de haberlo probado por primera vez hace cinco años, mis expectativas eran las de un vino de taninos firmes, buena acidez y mucha fruta, pero resultó un vino evolucionado desde su color, ocre y un poco velado. Con aromas terciarios muy arraigados: caza con pelo, ahumados, y notas lejanas de cuero y tierra. En boca es de buena acidez, de taninos completamente limados, té negro, ciruela pasa y maderas (cedro). Nada que ver con las expectativas de hace cinco años cuando lo probé por primera vez.

Notas de cata del 2001 al 2002

Revisando algunas viejas notas de cata del año 2001, sacadas de una libreta verde de pasta dura, encuentro algunos vinos interesantes que en este mismo momento me gustaría disfrutar una vez más. Estos años me han enseñado que las notas de cata generalmente sirven para muy poco, cuando dicen algo, y no sirven para nada cuando se escriben sin el alma. Simplemente son referencias someras para sus propios autores. Hoy poco me dicen de ese momento, es como si estuviera leyendo las anotaciones de una persona ajena.

Pero volviendo a la subjetividad de las notas, partamos del hecho de que cada individuo es diferente, así los estímulos externos tendrán distintas interpretaciones en cada persona. Hay quienes son más tolerantes a la acidez, otros al alcohol… Lo que para mí es tánico, tal vez para el vecino sea lo justo. Por esta razón los parámetros en una nota de cata son muy personales.

En esta libretita, regalo de alguna alma caritativa, aparece en la portada: «Wine & More, by mdm» adentro una breve explicación en alemán de la lengua y sus distintas partes que distinguen los cuatro diferentes sabores: Dulce, amargo, ácido y salado… Lo demás son hojas en blanco que yo utilicé para anotar algunas notas. En vista de que la libretita me gustó, decidí sólo escribir notas de cata de vinos «excepcionales».

Me ha sorprendido saber que mi primer encuentro con un Bonnes Mares fue el 14 de febrero de 2001, y era de la añada 1989, metido en la cava el 11 de julio de 1998. Y dice así:

Degustado en la noche… (…) antes era más escrupuloso en los detalles, faltó la hora y los segundos. «Luois Jadot, Bonnes Mares 1989. Nariz — Casis con notas de violetas y caza — carne— vainilla. Paladar, acidez, tanicidad (todo en blanco ???) Ataque franco, austero poca fruta.»

¡¡¡Woww!!! me sorprendió mucho que uno de mis Borgoñas preferidos no tuviera fruta… ¿Habrán cambiado mis gustos o mi paladar.?

El segundo: «Les Forts de Latour 1994, color rubí brillante, f. rojos, ciruela m., higo. Ataque franco, acidez +, taninos discretos.»

El tercero: «Chateau Margaux 1992, color — rubí brillantes, Nariz — aromático, frutos rojos, casis, trufa, notas de vainilla. Paladar— Buen ataque, final amargo, taninos presentes, joven, cuerpo medio + complejo.» Ésto fue el 11 de julio de 2001.

Y por último el 13 de julio de 2002 descorché un Vega Sicilia Único 1981. Tengo muy presente que éste fue regalo de la esposa de un político a una tía de mi esposa. Cuando llegó con la botella en brazos, a preguntarme si valía le pena… apenas la vi de reojo. Pero cuando ella leyó en la etiqueta: V-e-g-a S-i-c-i… no había acabado cuando volteé tan rápido que casi me disloco el cuello. ¿De quién es esa botella? pregunté. Tuya. Ya sabes que a mi tía no le gusta el vino. ¡Bendito sea que no le gusta el vino! ¿Te la dio para mí? Sí. Creo que cada vez quiero más a tu tía…

La nota:

Cada mes de diciembre la mayoría de los mortales nos proponemos cambiar ciertos hábitos para el año nuevo. Un rasgo muy humano, pero aún más humano es no cumplirlo. Así que no me he trazado metas sublimes, son bastante sencillas, precisas y fáciles de aplicar. Y son los propósitos siguientes:

1.- Beber poco, pero bueno. Este primer propósito no sólo está en un plano puramente hedonista, sino también porque debo bajar varios kilos que me sobran y estorban.

2.- Comprar menos vino pero que valga la pena, un año para dejar la experimentación. Ir a lo seguro.

3.-Leer más y escribir menos. Sin lo primero no puede hacerse bien lo segundo.

4.- Beber y disfrutar las botellas maduras; en su plenitud. Una tarea bastante complicada y no me refiero al hecho de consumirlas, si no a elegir las que estén en la cima. Casi nada…

5.- Compartir el vino y la charla con mis amigos, ya lo hago y lo disfruto, pero siempre es bueno recordarlo.

¡Mis mejores deseos para el 2011 y que todos sus buenos propósitos los puedan alcanzar!

Los tres en la lista…

Fin de año es un buen momento para reflexionar sobre el camino andado y por qué no, de lo bebido y lo que se quedó en el tintero, en este caso en los botelleros. Esta reflexión viene a colación ya que hace un par de días un amigo me decía que todo lo que guarda en su bodega no está para beberse, sino hasta dentro de varios años. Refiriéndose a las añadas del 2000 al 2007 de bodegas de Burdeos con mucho prestigio. Además de que puso en duda la evolución a favor de algunos vinos que reposan en mi bodega desde hace algunos años. Mouton Rotschild 93, 98, 99… Vinos que por una o por otra razón guardo de manera casi obsesiva. Mouton ha cambiado en la hechura de sus vinos, por lo menos es lo que algunos críticos han dicho, entre ellos da fiel testimonio Jonathan Nossiter en su película Mondovino, donde aparece el imperio de Mouton Rotschild como una fábrica de sueños… Vinos a la medida del consumidor norteamericano.

No sé si sea momento de descorchar algunos vinos casi olvidados en sus botelleros, pero me parece que para algunos Burdeos y Borgoñas veinte años son apenas suficientes para que comience en su interior la magia de la madurez. Esa evolución que hace sublime una copa de vino en su mejor momento, complejidad y profundidad en su máxima expresión. Premio a la paciencia.

En el caso de los Mouton, las etiquetas tienen mucho que ver con mi impulso de conservarlas por más tiempo. Hace algunos años compré una botella de la añada 1993 en EE.UU. país donde la etiqueta original del boceto de Balthus no aparece. La etiqueta «original» es la de una joven acostada con el torso hacia el lado izquierdo. Pero alguien de manera hipócrita no dudo en censurar la imagen imprimiendo sólo el color beige del fondo. Otra etiqueta que me llama la atención es la añada de 2008, de Rufino Tamayo, titulada El Brindis por. Único pintor mexicano que aparece en el repertorio desde 1945 en las diferentes etiquetas de este famoso vino, Premier Cru desde 1973. La última botella, la de 1999, no tiene para mí ningún valor especial. Se trata de un cabrito dando una coz. Su autor es Raymond Savygnac, cartelista francés que murió en 2002. Al parecer una buena añada, así que comenzaré por esta última.

Del proyecto televisivo del Grupo Lezama por internet WineTV by Taberna del Alabardero, me ha llegado por correo electrónico la entrevista al director de Freixenet José María Ferrer. Una entrevista un tanto informal, que ilustra la dirección que ha tomado Freixenet en los últimos años al elaborar además de cava, champagne y un tinto en Ribera del Duero. Lo comparto con Uds.