
Botellas de la Cata 143
Este año se acabaron las multas y los castigos monetarios para los impuntuales y los que dicen que vienen y nunca llegan, de cualquier forma lo recaudado se destina a la cata de fin de año. A cambio los primeros en llegar reciben una resfrescante copita de espumoso. Hoy empezamos con este nuevo protocolo, muestra de cordialidad y bienvenida, en este ya de por sí complicado panorama de la vida cotidiana. Así que desde ahora un espumoso de entrada: champán, cremant, cava, prosecco, asti, lambrusco… cualquiera que se atraviese en el camino. En esta ocasión serví un cava Peñalba López 2008, Aranda de Duero, de la bodega Torremilanos. Austero, de burbuja persistente pero muy grande, aromas a manzana verde, en boca le falta acidez.
El primer malbec; Finca La Colonia 2010, de la famosa bodega Norton, una de las más grandes de Mendoza. Color picota, brillante y con una nariz muy integrada, difícil de desmenuzar: frutal, floral con una nota mentolada que lo hace muy jugoso y refrescante, un buen vino joven por menos de $100. Viento Sur 2010, de la conocida bodega Freixenet que ha hecho inversiones importantes en América. Este vino tiene de entrada olores químicos, tinta china, de tanino áspero y acidez justa, nada que lo mueva a uno, ya no digamos a volverlo a comprarlo, sino a darle un segundo trago. Fue el que menos gustó.
Tierra de Luna Alta Colección 2009. Aromas herbáceos, hollejos y notas químicas. En boca tiene un final a fruta pasada, que me recuerda la comida que le dan a los pobres changos en el zoológico. Aunque creo que fui el único en detectarlo, para los demás fue un vinito frutal de fruta fresca.
Rigal Malbec 2009, Vin de Pays. Algo que veniamos detectando en la mayoría de los vinos anteriores, junto con este, es un olor a sandía. Quizás sea la primera pista para definir la tipicidad de esta uva. Una vez que nos pusimos de acuerdo en este detalle, llegó el último de la noche a descomponer nuestras valiosas conclusiones, la verdad es que ya lo sospechaba desde un principio. Otro detalle ha sido que la mayoría tienen poca crianza en barrica, y es de segundo uso, con excepción del último. El quinto de la noche fue el mejor. Todos coincidimos. Sur De Los Andes Reserva 2006, nariz intensa a chocolate, vainilla, fruta negra, en boca untuoso, complejo y tánico.
Encontré el malbec de Monte Xanic 2008, «Edición Limitada»que de inicio me pareció buena idea probarlo, hacía mucho que no compraba algo de esta bodega, ni siquiera los blancos. Fue una total decepción. Un vino de más de $500 pesos, que a lo único que sabe es a agüita con chamoy, salado y sin pizca de acidez. Aquí transcribo algunos comentarios: «Se nota que es de Baja California…» me imagino que lo apunta por lo salado, «salado y amargo» (…) Si lo salado es resultado de la tierra y los años más secos, creo que deberían empezar a buscar otras tierras. Así terminamos esta cata para entrar en la segunda fase de malbec, de precios mucho más altos. En este caso hubo dos vinos fuera de Argentina, que no hicieron muy buen papel.

Todas rotas por la pierna...
Esta noche también rompí el record de copas rotas, con un total de tres. Una carambola de tres no es muy común, pero gracias a algunas copas extras que tenía guardadas no padeceremos por escasez en nuestro inventario. Lo más frustrante de todo es que se han roto de la pierna, quedando el cuerpo intacto… también quiero confesar que el único culpable he sido yo.
Aunque en muy pocos lugares del mundo la savignon blanc goza de tanta fama y prestigio, los vinos blancos de Burdeos, salvo algunas afortunadas excepciones, bodegas como: Y´Quem y Chateau Carbonnieux son poco conocidos aunque sus precios nunca han sido accesibles, es quizá por esta razón que la gente no se acerca a ellos, y en cambio prefieran los tintos de esta zona, que sin ser más baratos son más populares a nivel mundial. Hace cinco años me hice de una botellita de Haut Brion Blanc 1994, desde el 2006 permanecía muy quietecita en el botellero acumulando polvo y evolucionando lentamente para que llegara el día de su descorche.


Después de saber que vendría Gonzalo Lainez a México, lo primero que pensé es que sería una magnífica oportunidad para conocerlo en persona. A Gonzalo lo sigo desde el foro de verema.com desde hace casi diez años, pero por extraño que parezca nunca habíamos coincidido en España, mucho menos me imaginé que pudiera darse el encuentro en México. Pero no es la primera vez que sucede, recuerdo cuando conocí a Pedro Aibar, enólogo de Viñas del Vero, en una presentación de sus vinos en una cadena de tiendas especializada aquí en México.

Para el domingo es un vino sutil, frutal, redondo. Me ha gustado más que el día de ayer, así que merece la pena decantarlo, algo que en un principio me parecía una locura por la forma como evolucionó después de que lo descorché.
Hay algo en el ambiente que ya huele a primavera. Quienes vivimos pegados al Ecuador nos anticipamos a esta bellísma estación, donde todo florece y los animales se reproducen, incluidos los pájaros con sus melodiosos cantos. También es la estación donde la apetencia por los blancos comienza para desbordarse en verano, aunque por aquí en lugar de calor, llueve de manera torrencial. Afortunadamente. De otra forma no habría ser humano que lo resistiera. 


