Chambers Street Wines

Nueva York, una ciudad fascinante, cautivadora y cosmopolita para la mayoría de la gente, incluso para quienes preferimos los paisajes bucólicos y el aire fresco del campo por la mañana, sin dejar las comodidades de la civilización moderna: una buena cama, aire acondicionado, TV con cable y un baño amplio y muy limpio… aaah y deliciosos platillos regadas con un buen vino. Y aquí está la clave para muchos amantes de La Gran Manzana, donde se pueden encontrar todo tipo de lugares exóticos y no tanto, desde una pizza al horno de leña hasta carne de rinoceronte… Es cosa de tener un poco de imaginación y pedirlo, seguramente se te concederá.

La Meca del comercio del vino; tiendas como: Crush y Chambers Street Wines, entretenimiento puro revisando etiquetas, y con los 6 litros permitidos en la aduana la cosa pinta bien. Tan solo el inconveniente de cargar una pesada caja varias cuadras, pero no hay tiempo para que la lleven al hotel, además falta el traslado al aeropuerto y del aeropuerto a casa… Pero vale la pena.
La primera tienda está en la 52th entre Lexington y la 3rd, y la otra, más tradicional, está ubicada en el 148 de la calle del mismo nombre, a unas cuadras de la reconstruida y bulliciosa zona del WTC.

Ninguna tienda de vino podría tener prestigio sino fuera por lo que tiene dentro de sus cuatro paredes. El vino y la gente que lo promueve y vende. Bodegas, regiones y marcas que difícilmente se consiguen de este lado del Atlántico, sobre todo si tomamos en cuenta que además están todas juntas. En el 148 de Chambers Street. Lo primero que compré fue un Carema de Ferrando 2007, había dos etiquetas, compré el más económico. Un vino que probé por primera vez hace unos años en esta misma ciudad, un vino seductor de 37 dólares. Porque además de una selección abundante y muy cuidada, es una tienda cuyos precios son más que justos. Después metí al carrito dos maravillosos blancos: un Nikolaifhof Wachau 2010 y un Willi Schaefer Riesling Spätlese 2010 del Mosela, para después aceptar la recomendación de un vendedor muy amable cuyo nombre nunca pregunté, pero que me dijo: Si de algo interesante con burbujas se trata, mostrándome un montón de botellas. Al final decantándome por un vouvray brut, de Francois Pinon por pura curiosidad, ya que nunca lo he probado. Para esa noche en el hotel me llevé un rosado vinificado con tres uvas: gamay, grollean y cabernet franc. Vino que comentaré más adelante.

Camino al hotel tuve una urgente necesidad fisiológica, pero mi educación me impide meterme a un bar así como así. De manera disimulada me acerqué por una Coca Cola light. Cuando me di cuenta que había un Mosela por copeo, estiré el brazo. Heinz Eifel 09, un riesling kabinet que nadie me culparía si lo prefiero a la Coca Cola, misma que acabó en la coladera. Este riesling es un vino abocado, que huele a té verde y cera, sutil en boca con notas cítricas a limón.

KO 2010, vacía… duró poco

Para cenar mi hijo y yo estuvimos de acuerdo en sushi, así que bajamos al vestíbulo y preguntamos al concierge que por lo regular confunden el precio con la calidad, que no siempre es directamente proporcional. Nos señaló dos, y escogimos el más cercano: Megu, un restaurante sobrio, meseros amables sin llegar al apapacho, materia prima de buena calidad, sabroso pero excesivamente caro. Con un riesling cabinet, anónimo, y un shiraz, aún más anónimo tuve suficiente además de algunas tablas de sushi y platillos que cabían en un dedal, con una capa de trufa encima. Saldo 300 verdes y un sentimiento de haber sido timado. No hubo postre.

En el hotel descorché el rosadito, vinificado como dije antes, con tres uvas. KO 2010 de Sari Puzelat-Bonhomme un Vin de France. Genérico sin estirpe pero muy bien integrado, de color salmón, brillante, cítrico con un ligero cosquilleo y un final de lima con un fondo mineral, algo muy digno para acabar el día y olvidar el atraco recién perpetrado.

Continuará…

No todo el vino en nuestro país se produce en el noroeste. Baja California se ha convertido en el referente como zona productora de vino. Cuando se menciona el vino mexicano, los reflectores apuntan a una sola zona, Baja California, concretamente el Valle de Guadalupe, cuyos vinos tienen una mineralidad en ocasiones extrema, con una salinidad evidente. Pero hay otras zonas que emergen y otras en franco descenso. Es injusto pasar a segundo plano lugares como Parras Coahuila o Ezequiel Montes en el estado de Querétaro.

En esta ocasión probamos algunos vinos de estas dos últimas zonas. Empezamos con el vino reservado para los puntuales: un Mumm Brut cuya fama no sólo viene de Francia, en Napa ya se producen algunos espumosos interesantes. En este caso es un francés. No hay nada mejor que empezar con algo de burbujas para limpiar el paladar, se trata de un espumoso fresco, de buena burbuja; mediana y persistente, de color pajizo con destellos verdosos. Aromas a avellanas y notas de pastelería de fondo. En boca es refrescante, cítrico y de buena acidez.

El primer tinto fue Sierra Gorda Cabernet/merlot 2008, de Viñedos la Redonda. Aromas frambuesa, barro. En boca es compacto y mineral, con una leve arista de alcohol.

Casa Madero 3V cabernet 2009, sauvignon, merlot y tempranillo. De la bodega del mismo nombre. El primer golpe es cítrico; cáscara de naranja, notas de guanábana… ¿Estamos hablando de un blanco? Color rubí capa media, tanino firme, recuerdos de grosella y final áspero.

Casa Grande Gran Reserva 2007, cabernet/shiraz. Se percibe el pimiento de la cabernet, así como notas especiadas de pimienta negra y clavo. Boca frutal y final largo.

Casa Madero cabernet/ merlot 2008. Otra vez percibo la piel de naranja, fresa silvestre, mermelada de zarzamora, flojo en el paso de boca y final corto

Sierra Gorda producción Limitada 2008 cabernet/merlot/mabec. Al igual que el primero, tiene 12.5 grados de alcohol, algo insólito en estos días. Aromas a lavanda, menta y madera. Tanino mullido y de buena acidez.

Y el último y más viejo, Casa Grande Shiraz 2006. Nariz intensa a fruta roja y pimienta negra. Entrada amplia, buen tanino y largo. A pesar de su larguísima crianza en roble americano nuevo (24 a 26 meses), la fruta no está ahogada en madera. Algo que me ha sorprendido. ¿Será que la shiraz aguanta…?

Han sido bien recibidos, sobre todo por el contraste de la salinidad de Baja California, aun tratándose de vinos con cierta mineralidad, bastante comedida. Dos bodegas que tienen mucho futuro por delante.

En las últimas dos semanas he transitado entre el desencanto y el aburrimiento. Poco que comentar en cuanto a descorches se refiere.
Una boda, acontecimiento donde la gente acostumbra echar la casa por la ventana con jardines delicadamente cuidados de frondosos árboles y coloridas flores o salones exquisitamente decorados, música en vivo, refrigerios a la entrada, manteles largos, menú con nombres extravagantes… Pero el vino. Nada. No le prestan la menor atención, y no estoy hablando del precio, sino de la búsqueda de un vino sensato, de trago largo, sin rebuscamientos pero que pueda beberse inclusive solo. Pero nada de nada, no abundaré en un tema ya de por sí trillado que al parecer sólo importa a quienes buscamos cosas interesantes, para otros los precios altos son sinónimos de calidad, y viceversa. Allá ellos.

Dentro de todo este conjunto de aburridas experiencias dizque vínicas y hedonistas, me encuentro con un vino que vuelve a mi mesa con bastante frecuencia, sobre todo cuando salgo a un restorán.  Cune Crianza, una apuesta segura, un vino sabroso consistente que siendo caro, en un lugar chic y de moda, de esos que algunos esclavos de la misma pueden llegar a esperar una hora para que los pasen a la mesa, puede llegar a los 400 pesos o poco más, pero que tampoco es raro encontrarlo en menos de 300, nada que pueda desfalcarnos una vez al mes.

Ayer bebí tres copas del 2008, y me encantó, tiene un tanino sedoso, una acidez extraordinaria, todo en su lugar para pasar la tarde platicando y bebiendo. Sí, lo sé, mucha gente puede pensar que si esto es lo mejor que me ha pasado en las últimas semanas, se ría o se compadezca de mí. De una u otra forma ¡Muchas gracias!

Foto extraída de http://www.cvne.net

Apenas un bebé...

Como sacada de una película de James Bond, la torre-cava de más de 4 pisos de altura (12m) luce como un coloso en la entrada del restorán Aureole en el hotel Mandalay Bay, en Las Vegas. Aunque realmente su creación fue inspirada por la serie Misión Imposible, (quién puede olvidarse de su musiquita) las wine stewards o wine angels suben y bajan por medio de cables, escogiendo los vinos elegidos por los comensales. Construida en acero inoxidable, vidrio templado y Plexiglass en los nichos, da cobijo a casi diez mil botellas.

Con una tableta electrónica es fácil escoger un vino sin perderse en un mar de países, regiones, bodegas y uvas. En cuanto vi el Morgon de Lapierre en la pantalla no lo dudé un solo instante. Era una tarea pendiente, no por falta de interés sino de existencias en el mercado mexicano. Hace un año que su productor partió de lo terrenal, y la noticia hizo eco en el mundo del vino. Un año después puedo probar este vino biodinámico de la añada 2009 en una noche especial.
Lo primero que dijo el sumiller muy convencido, fue que debía decantarlo, y como yo soy muy obediente esperé a que terminara la maniobra. La verdad es que sí necesitaba bastante aire, con todo y la decantación este vino es una lápida, muy cerrado. Apenas en su infancia; es un gamay limpio, de lo más puro que he probado en mi vida, abre poco a poco, un vino enfocado sin distracciones, directo y puro, con fruta de la mejor calidad: moras, cerezas, frambuesa, regaliz, notas de bosque y lavanda. En boca es firme de una acidez exquisita y tanino firme, final laaargo. Una verdadera delicia, como para comprar un par de cajas y gozar de su encantadora evolución.

De poco servirá quejarse, pero me molesta que cubran las contra-etiquetas con información chatarra, cuando podrían pegarlas en otra parte, quizás en el fondo de la botella 🙂 (foto)

Otro ejemplo de información chatarra en contra-etiqueta

Morgon es uno de los diez crus, cuya evolución es más lenta, llegando a la madurez en varios años. Cuando le comentaba al sumiller que necesitaba cinco años más, movió la cabeza, asegurándome que le faltaban por lo menos quince. No lo dudo, ya que alguna vez probé un gamay de 1966, que si no estaba en su mejor momento, tampoco era un cadáver, para quienes piensen que la gamay es para vinos ligeros y de poca evolución. Les puedo asegurar que están en un error.

Así que con la primera entrada probé un blanco alemán spätlese cuya marca no recuerdo, y tampoco apunté, pero decía «off dry» que podría traducirlo a abocado, o por lo menos eso me pareció. Un vino de caracter floral bien maridado con un fuagrás, para después darle entrada a un atún sellado sobre cama de papas, que le vino de maravilla al Morgon, en honor a Mr. Lapierre. ¡Salud!

Para quienes quieran recordar tiempos pasados… y la monótona musiquita.

Cinco mexicanos y un colado…

En este mes patrio volvimos nostálgicamente a los vinos mexicanos de alta extorsión, perdón expresión. Y es que esos precios lo dejan a uno temblando, y como he dicho y no me cansaré de repetirlo; por esos precios me empiezo a poner muy exigente. La competencia puede realmente ponerse dura e inmisericorde con todo y que la competencia es extranjera, implicando gastos de fletes y otras cositas, a veces no tiene ninguna relación lógica lo que puede pagarse por un vino extranjero contra un mexicano. Pero allá ellos mientras les dure.

Esta noche han faltado tres amigos de último momento, avisando unas horas antes, al más puro estilo mexicano. Sumado a los precios altos, nos toca de un buen billete por cabeza. Empezamos con un cava que no tiene mucho que llegó a México, de la bodega Sumarroca. Nuria Claverol 2008. 65% Xarel-lo, 20% parellada y el resto de la «mejorante» chardonnay, tres años en sus lias y 12% de alcohol, un cava fresco, burbuja media y de mediana persistencia, aunque yo no me fío mucho, ya que dependerá de la porosidad de las copas. Al principio desprende aromas de pastelería, frutos secos, pero poco después se muestra muy floral. En boca es cítrico con cierta mesura y algo corto al final. $590 es algo subido para lo que da. La depredación de los detallistas juega un papel importante en esto de los precios.

De la bodega californiana (México) Vinícola Tres Valles, probamos el Maat 2008 y el Kuwal 2007, ambos vinos muy parecidos; buena nariz, de mucha intensidad. El primero es un grenache noir que es lo mismo que garnacha tinta, sino es así pueden corregirme. Aunque mis compañeros parece que ya le tienen tirria a los vinos mexicanos, para mí son dos ejemplos de vinos de buena fruta que no desmerece con la salinidad. Kuwal 2007 es un vino con aroma a hollejos, amarga en la entrada, largo y con cierta salinidad, moderada.

Big Blend 2008, de Vena Cava. Un coctel de cinco uvas diferentes: 35% syrah, 29% zinfandel, 18% cabernet sauvignon, 12% petit syrah y 6% grenache… ¿algo más…? con sus casi 14% de alcohol huele a aceituna negra, frutos rojos, de buena acidez. Un vino correcto, pero por $500 ya no es tan correcto.

Quinta Monasterio 2008, que en un principio pensé que se trataba del Ribera del Duero. Catorce meses entre roble francés y americano nuevecito. Transcribo algunos comentarios: «bastante más redondo, sin aristas, más largo y amable» otro «simpático, me gustó, ácido, afrutado» me agrada comparar el vino con los humanos, palabras como: honesto, firme, juguetón… describen muchas veces mucho mejor algunos vinos que utilizando el lenguaje propio de «catas profesionales».

Por último de Vinícola La Trinidad, nueva para un servidor, llegó Minotauro 2009. Un vino de 600 pesos que sabe a chamoy del bueno, acidito y salado que al final da algunas notas de sandía, un inmemorable con causa. Así concluye esta costosa cata para rematar con unas pizzas también caras, ¿o será que ya se siente la crisis mundial…?

Podría ser un buen título para un artículo de la revista Forbes o Robb Report anunciando las últimas añadas de Burdeos, y seleccionando aquellos que no rebasan los dos mil verdes. Los Burdeos y Borgoñas han pasado de ser vinos míticos a objetos de especulación: ventas a futuro, subastas, colecciones de rusos y de chinos millonarios… Y quienes salen perjudicados somos todos quienes disfrutamos descorchando y comentando experiencias alrededor de estos vinos. Hasta hace unos años era posible hacerse de un par de botellas por algo más de cien dólares. Lo digo por experiencia ya que en 1998 compré en Sherry-Lehmann (tienda en la ciudad de Nueva York no precisamente barata) un Haut Brion y un Lafite 90 y 91, aunque no me acuerdo qué añada corresponda a cuál. Añadas flojitas pero no dejan de ser interesantes en algunos chateaus. Y apenas rebasaron los cien verdes cada uno. Hoy no alcanza ni para comprar los segundones (Carruades Lafite y Le Clarence de Haut-Brion) que dicho sea, este último hay ocasiones que está mejor que su hermano mayor. 1998 tan cerca y tan lejos ¿Se acuerdan de la motocicleta BMW R1200 que salió en una película de James Bond? Ya se ve antigua… pero los vinos son menos profanos, mejoran con los años.

Bajo estas premisas, nuestros desafortunados hijos y nietos tendrán que hipotecar su casa para poder comprar la añada 2025, y si es declarada por el hijo de Robert Parker como la añada del siglo… Suele suceder, entonces tendrán que sumar uno de sus riñones y una córnea a la cuenta. O procurar de nuestra parte heredarles una buena dotación de vinos para que sepan lo que fueron los Burdeos de los setentas y ochentas, por no irnos más atrás. Aunque el gusanito de comprar una añada reciente siempre estará latente, si es que deciden beber vino y no se decantan por otras bebidas más espirituosas y mandan al carajo la colección completa. Además hay que añadir que los Burdeos salen al mercado bastante cerrados, y debemos guardarlos varias décadas para su maduración.

Para muestra de precios de locura, un botón:

Chateau Lafite 2010 de 398€ en Suiza (que suerte la de Daniel) hasta 1173.75€ en EE.UU.
Chateau Latour 2010 de 225.34 en Suiza, a 1567.39€ en EE.UU
Chateau Margaux 2010 de 190€ en Alemania a 1297.92€ en Suiza… ¿habrán invertido los precios).
Fuente: Vinopedia
Otra conclusión a la que he llegado, es que nuestro amigo Daniel P. W. se fue a Suiza por otras razones… 🙂

…Y todo a media luuuz…

Han pasado casi dos meses desde que saqué la última botella de mi bodega. Luigi Bosca de Sangre. aunque llevaba poco tiempo tumbada después de que me la regalaron, ha salido de la bodega. Las seis que descorcho cada fin de mes para la cata grupal, no las he contado. Un detalle intrascendente para la mayoría que me hace favor de leer este blog, pero que me ha hecho reflexionar del poco vino de diario que queda, al que no se le rinde culto, ni se guarda mucho tiempo, que no se mima en el frío y la oscuridad, estas deben ser las razones por las que he comprado y descorchado botellas el mismo día, durante las últimas semanas. Usar y desechar. Por un momento pensé que no podría vivir sin una buena reserva de vinos bajo tierra, pero tal parece que siguiendo los criterios modernos, la guarda del vino es una costumbre en vías de extinción.
Pero sí, sí tiene sentido; cuando la gente busca algo más en el vino. Cuando va en busca de la magia que se desenvuelve al guardar y descorchar un vino maduro, que sin prisas ha sabido llegar a la copa después de años, casi olvidado en un rincón frío, oscuro, intemporal. El día de ayer por la noche, y a pesar de que viajó en coche, y las copas no eran austriacas, decidí descorchar esta botella, comprada en una legendaria tienda de Londres, y que guardé hasta el día de ayer. Motivos podría inventar muchos, pero el hecho de poder salir a cenar con mi esposa es suficiente.

Gevrey Chambertin Domaine Alain Burguet Tradition 2004, un vino desconcertante, al principio se muestra austero, sin concesiones, pero con un buen rato en la copa comienza la magia. Una nariz amalgamada de fruta negra en sazón, de carácter térreo; hongos, sotobosque, flores de lavanda y algo de tomillo y albahaca, con los ahumados y cuero muy presentes. En boca es firme y hasta un poco amargo al principio, pero el aire lo va limando, sus taninos muy presentes y su acidez le da un buen armazón, largo y profundo. Unos añitos más le hubieran sentado mucho mejor, aunque ya se puede disfrutar. Sería mejor decantarlo media hora antes del servicio. Maridó de maravilla con un pato en salsa de ciruela. La foto, un desastre, a medía luz y fuera de foco, todo por no usar flash, no me gusta la frialdad de los colores con el flashazo. En fin, no hay mucho de donde escoger para documentar la velada.

Inmemorables con causa

Publicado: 6 septiembre, 2011 en Vino
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Orlandi 2009

De principio no sé si debiera o mereciera la pena el comentario… pero de todas maneras lo comentaré. Las etiquetas mexicanas cubren varios anaqueles de La Europea. Cuántos de estos vinos sobrevivirán en el futuro inmediato, es otra historia pero por ahora abundan, y debe haber más en este auge quizás inexplicable. Pero no piensen que soy un aguafiestas, simplemente en los procesos de crecimiento tan rápido pocos pasan el delicado tamiz del comercio interno, y mucho menos el externo donde son contados quienes llegan a disfrutar las mieles de la fama.
Otra cosa que me sorprende son los precios, muchos rondan los cuatrocientos y otros los seiscientos, por no hablar de los que se exhiben bajo llave que pasan sin problemas los mil pesos. Vinos que hace poco tiempo no figuraban en la geografía vitivinícola. Lo que algunos llamamos arribistas.

Despertaron mi curiosidad algunos vinos mexicanos por debajo de los trescientos pesos, que francamente no había probado. Decidí meter un par de ellos a la canasta y medir sus atributos o sus carencias. Empecé con un blanquito de Ezequiel Montes: Orlandi 2009, 100% savignon blanc. Un blanco con seis meses de roble francés sin indicación sobre el estado de la misma: nueva o usada (pero lavadita). Porque hay quienes confunden la madera usada necesariamente sucia. Esta bodega la conocí apenas hace un par de meses. Se trata de un savignon con seis meses de roble francés bastante elocuente. Al principio huele a cera, a barro fresco, con un fondo de níspero que después pasa a piña cristalizada, madera, granos de café. Acidez justita y final amargo. Mucha madera, que percibo usada.

Divino Tinto 2008

Después llegó el tinto; Divino Tinto 2008, cuyo nombre no guarda ningún vínculo con el Gran Divino de Chateau Camou. 80% syrah y 20% cabernet sauvignon. Su color es más propio de un pinot que de un syrah, color cereza de capa media. Aromas de mediana intensidad a moras con un fondo mentolado que se pierde en el vacío para dar notas de sandia. En boca es ligero, de tanino fugaz y un ligero amargor al final. Ambos perdidos en el anonimato. Aunque después de ver las últimas estadísticas donde ya figuramos en primer lugar como consumidores de refresco (163 litros per cápita), cualquier vino será mucho mejor.

Tenemos Cojón de Gato o Teta de Vaca... ¿Cuál prefiere?

Tal parece que muchas bodegas con el afán de captar a un determinado grupo de consumidores, se han volcado a imprimir en sus etiquetas nombres tan descabellados como poco ortodoxos, sacados de no sé donde, pero que para mucha gente podrían rayar en el mal gusto: Cojón de Gato, Teta de vaca, Fish Eye…
De momento no me viene a la memoria ningún vino mexicano con estas características, pero puedo darles algunas sugerencias, qué tal: Pata de Perro, Oreja de Elefante, Diente de Conejo, Moco de Gorila… Son sólo algunos ejemplos que podrían figurar en la lista de ingredientes de alguna hechicera para preparar una pócima, pero no para encontrarlos en la carta de vinos de un restaurante.

Dentro de mis parámetros para escoger el vino, definitivamente no están los nombres raros, ni las etiquetas bonitas, aunque debo reconocer que me ha llamado mucho la atención la manera como algunos productores han bautizado sus vinos para poder captar la atención de un grupo específico de bebedores de vino. La pregunta sería; ¿qué tan serio es este consumidor? es decir habrá mucha gente que se acerque y compré una botella… ¿pero podrán repetir? Parafraseando a un sabio bodeguero español; «yo no vendo mi vino cuando llega a los anaqueles, ni siquiera cuando lo compra la gente, sino cuando vuelve por otra botella». Seguramente el grado de eficacia amerita sacar del baúl de los nombres extraños, algunas incoherencias para plasmarlos en una etiqueta, pero también habrá otros consumidores que repudien ese tipo de maniobras y no les merezca confianza comprar un Cojón de Gato o un Teta de Vaca. Por mi parte, sólo me he atrevido a sacar la cámara fotográfica para documentar esta entrada, tal vez mañana estaré hablando de lo bueno que es el Cojón de Gato o lo maravilloso que es el Teta de Vaca. Uno nunca sabe. ¿Alguien ya los probó?

Deliberando...

Imposible pasar por alto el acto de barbarie del jueves en Monterrey. La indignación, el miedo y la desesperanza juntas. Anoche todos nos preguntábamos, ¿qué sigue…?

Girando hacia aspectos de la vida que nos reconfortan y nos dan esperanzas…hemos dejado atrás los malbec, por lo menos de manera temporal. Hoy toca turno a Alfonso. Nos ha traído un repertorio variado, destacando algunos vinos de la tierra del canguro y del bumerán. Antes de empezar a descorchar los vinos, Alfonso nos dio una introducción a los dos vinos australianos de la noche, traídos precisamente de ese país, además de reseñar el panorama del comercio del vino a nivel mundial, destacando los principales países productores y consumidores. Australia ocupa el sexto lugar como productor de vino, sin embargo es el cuarto en ventas al exterior por volumen y tercero por precio. El vino australiano según datos de Alfonso, es de los más caros.

La idea principal de esta cata ideada por Alfonso, es medir los aciertos de cada uno de los presentes para identificar: país, uva y añada. Le decía de broma que si quería también el nombre y apellido de los productores… 🙂 La verdad es que eso ya sólo se ve en las películas, con este globalizado estilo de vinificar se ha perdido casi por completo la tipicidad, el terroir y todo aquello que pudieramos identificar para diferenciar un vino de otro. Pero la lucha se hizo. Para imprimir más emoción al asunto, Gabriel sugirió que cada uno depositara 100 pesos, y al final quien tuviera el mayor número de aciertos se embolsara todo el dinero. Curiosamente fue él quien ganó. ¿Casualidad o premeditación…?

Abrimos con un sudafricano, Nederburg 2006, que francamente no reconocí ni de cerca. Había además que escoger de una lista de cinco paises y cinco posibles añadas. A la mayoría les pareció un vino caliente, es decir muy alcohólico, sus aromas para mí están marcados por la vainilla, chocolate amargo, fruta roja (ciruela). Acidez destacable y de final amargo. Al último huele a toffee, forma pomposa de decir cafe con leche. Éste fue uno de tantos que no acerté a dar con su origen y por ende tampoco la uva. Quien me ponga a prueba con un sudafricano de uva shiraz y un australiano con cabernet sauvignon, no es digno de confianza 🙂

El segundo fue un australiano Ebenezer Shiraz 2006, de Barossa, a las afueras de Adelaida. De los pocos que acerté, por pura asociación. Australia-shiraz. Toques herbáceos, ciruela y pimienta negra, de entrada potente y muy tánico.

Sirviendo el tercer vino...

El tercero fue un Chateau La Grange Clinet 2006, otra trampita, ya que este burdeos como muchos otros no es varietal. Tiene un predominio de la merlot, pero también está vinificado con cabernet sauvignon y cabernet franc. Nariz corta, floral y con un paladar mineral y final amargo. De los que pasan al olvido pronto.

Seguimos con Isla de Lobos 2008, que de saber que era uruguayo la respuesta a la uva era automática. Tannat. Nariz difusa (tercera acepción) ¿a qué huele esto…? yo me pregunto. En boca es tánico y desenfocado. Palabras como: ligero, corto, flojo y plano llenaron la libreta.

El penúltimo fue el español, Vega Riaza 2005, un riberita con 14 grados de alcohol muy bien integrados, aromas a chocolate y roble, con buen armazón.

Por último otro australiano. Wynns Cabernet Sauvignon 2008, de Coonawarra. Podría definirse como unos de los vinos más especiados que he probado últimamente. Romero, tomillo, pimienta blanca… boca mineral y buena acidez. Me gustó. aunque creo que el favorito fue el cinco.

Desde aquí nuestros mejores deseos para Jorge y su familia, que todo salga bien en su viaje.