Por estas fechas estamos de manteles largos, festejamos: Navidad, aniversario de fundación de Vino por Placer(décimo cuarto) y sobre todo el hecho de poder estar reunidos y compartir el fruto de la vid. Extrañamos a Juan Antonio que por motivos de salud no pudo asistir a esta clásica reunión decembrina, y esperamos su pronta recuperación.
De la bodega Perrier Jouët llega a nuestra mesa una botella de Belle Epoque 2002. Un espumoso que se muestra muy jovial, aunque ya seduce con los encantos de un champán maduro; color pajizo brillante, burbuja fina y de media intensidad, aunque siempre dependerá en gran medida de la copa; la forma de lavarla, el jabón… Huele a pan tostado y almendras, en boca tiene buen balance, cremoso, excelente acidez y final largo. Después de media hora de aire huele a cera y granos de café, este último aroma poco codiciado por lo menos para mi. Para comprar una cajita y observar su evolución.
Volnay Joseph Faiveley 2007. Color rubí de capa baja, frutal, con algunas notas ahumadas de fondo. Equilibrio entre acidez, tanino y alcohol. Habrá que esperar un tiempo en botella para descubrir sus encantos, propios de un vino maduro. Por ahora está bebible.
Roda I (Reserva) 2006. Con una crianza de 16 meses en barrica francesa, 50% nueva y el resto un solo uso, y 20 meses más en botella. Primer golpe a fruta negra y flores, pasado un tiempo; pastel de frutas. En boca se nota la sobre maduración, el extracto sin llegar a excesos, chocolate amargo y de final áspero.
Don Melchor 2007. Rojo sangre, huele a zarzamora, hay quienes advierten en boca «chile piquín», nota de tamarindo, terroso, ataque intenso, redondo. Como para una buena carne. No se perciben sus casi 15 grados de alcohol, más que cuando sube la temperatura.
Alión 2006. Un vino moderno de Ribera del Duero de mucho éxito en nuestro país. Pimienta negra, térreo, especias, de buen ataque final un poco amargo.
Cheval de los Andes 1999, Su corcho estaba hecho un polvorón, a pesar del esfuerzo no he podido librarme de sacarlo a pedazos y de haber quedado gran parte adentro de la botella. Aceituna negra, humo cuero, largo, complejo.
Con excepción del champán y el volnay, se trata de vinos de corte moderno, de mucho extracto y tanino.
Me faltaba mencionar la cena y la rifa, esta última organizada por Jorge como el año pasado. Todos nos llevamos un regalo. Un ejercicio muy democrático para que todos queden muy satisfechos.
El bacalao se hizo presente en dos versiones: la de Toño y la de Carlos, este último lleva horas de preparación y los resultados saltan a la vista… y al paladar. Había también pierna al horno y una rica ensalada rusa, todo rociado con Drappier Carte D´ Or y Champán Brut de Perrier Jouët. Las burbujas y la excelente acidez hacen que maride muy bien con el condimento de los platillos.
Así concluye un año de catas. Mis mejores deseos para Juan Antonio y su pronta recuperación.


Siguiendo los pasos de la syrah o shiraz, esta noche están dispuestos seis ejemplares, algunos varietales y otros con mezcla de alguna otra uva. Pero antes comenzamos los puntuales con un espumoso que dejó una grata impresión a todos. Se trata de Orlandi semi seco, Blanc de Blancs, vinificado con trebbiano y chenin blanc. Un espumoso de Querétaro de Viñedos la Redonda, agradable, refrescante, con una nariz a miel, notas de frutos secos y algo de cítricos; toronja blanca, en boca se nota el azúcar residual sin llegar a empalagar gracias a su acidez, si bien discreta sirve para equilibrar el conjunto en boca. Un vino que por su precio: 130 pesos guarda una excelente relación calidad-precio. Repetible, quizás media caja para navidad.
Desempolvando una botellita que llevaba casi un año guardada, no pude dejar de pensar qué podía esperar. Clos Du Val Pinot Noir 2007 es una bodega que refiero a los merlot, pero no a un pinot noir… Bueno, de no ser un regalo de alguna alma caritativa, por algo estaría guardada, así que la descorché y me serví un poco.
Ahora que soy abstemio sin alternativas por corta temporada, ya que los dos últimos ataques de gota han hecho sus estragos, es tiempo de reflexionar y hacer un alto en el camino. Lo primero que me pregunto es ¿Cuántos vinos han pasado por mis sentidos sin dejar huella…? Vinos que no merece la pena haberlos comprado y mucho menos probado. Ya sé que para muchos es parte de la exploración hedonista, pero no deja de ser causa de que al final ese ácido úrico se acumule y ya no pueda salir. Para quienes tenemos la desgracia de no metabolizar lo que se tenga que metabolizar. El caso es de que hoy prefiero haber bebido más de Alsacia, de Borgoña de los buenos burdeos, de los clásicos riojas… y dejar un poco los Concha y Toro…


