A veces me pregunto: ¿Por qué sigo comprando vinos mexicanos…? Y es que del universo de etiquetas que rondan por los anaqueles, pocos, muy pocos merecen la pena. Sobre todo si nos ponemos escrupulosos en el precio. A pesar de todo caigo y cada vez que veo nuevas etiquetas las echo al carrito.
En esta noche empezamos los puntuales con un cremant. Un vinito espumoso de los que llamo «de tanque», ya que la segunda fermentación se lleva a cabo en tanques de acero inoxidable, en lugar de la botella.
Un juguito de manzana sin mayor trascendencia que la de quitar el calor en esta asfixiante noche de primavera. Pero por ese precio prefiero un Jumex, que sé de antemano lo que puedo esperar por una mínima fracción del precio de lo que cuesta este Première Bulle Rosé. A pesar de lo de Rosé, es más bien un color durazno con algunos reflejos salmón muy tenues.
Después del «rosadito» espumoso descorchamos un Tinta México 2008 de la bodega de Santo Tomás, aquella que otrora vinificara con Wente el glorioso Duetto (1997, 1999).
Vinificado con Barbera y merlot sin mencionar proporciones, es un vino con aromas a cerezas en licor y cáscara de naranja. En boca es mineral rayando en lo salino, entrada amplia y de tanino rugoso.
Maite 2010. Bajo una etiqueta de carácter muy infantil, se esconde un aroma a pólvora como pocas veces lo he percibido en un vino. Al cabo de unos minutos se limpia, pero lo que queda no es para hacernos suspirar, fruta roja en la lejanía y muy diluido en boca. Un inmemorable con causa.

La Casona, reserva 2005. Un vino Chihuahuense de cabernet y merlot con seis meses de roble. A algunos miembros de la cata les recordó el viaje a Chihuahua a esta casona y sus vinos locales. Granate oscuro con ribete teja, aromas a pimiento, dátil. A mi me pareció un vino planito, indefinido… como si le hubieran agregado agua.
Monte Xanic Tempranillo 2010. Nariz dulzona a malvavisco, grosella, tanino rugoso, evoluciona a piña fermentada (tepache) gusto salino. Le falta armazón.
Ensamble 2005 de la bodega Casa de Piedra. Merlot, petit sirah y barbera. Nariz intensa a fruta roja; frambuesa y ciruela con notas de roble, como muchos otros vinos de la zona su mineralidad raya en lo salino perdiendo su equilibrio, una característica que distrae mucho al paladar.
Por último un vino de casi $700. Teziano 2008. Un 100% cabernet. Hay quien anotó que: huele a rompope. En general ha gustado a todos, se trata de un vino con mucho extracto y de alcoholes altos aunque en la etiqueta señale los 13,5 redondo de tanino suave y final largo con recuerdos a fruta negra. Repetible, pero no a ese precio.
Después de una semana de haber puesto a trabajar mi hígado y mis riñones no ha caído algo que valga la pena comentar. Hasta el día de hoy. Y esto me lleva a una añeja reflexión: ¿Qué está pasando con el grado de alcohol en el vino…? cada vez me encuentro en las etiquetas alcoholes arriba de los 13,5 aunque en algunos no sea tan evidente cuando está bien integrado, en otros podría ponerme en la calle como tragafuegos.
Por primera vez desde su padecimiento y su larga convalecencia Carlos llegó a la cata, un poco atrasado pero de buen ánimo. A mi me falta poco más de una semana para poner a trabajar mi hígado y mis riñones. Tiene que ser por una buena causa, así que desde ahora estoy pensando en abrir algo especial. Tal vez un buen blanco por aquello de los calores que empiezan a apretar.
La historia se repite, después del escándalo de botellas falsas que llevó a su autor a la corte en el 2006, si la memoria no me falla. Escándalo protagonizado por Hardy Rodenstock, ex-publicita y promotor musical cuya ambición lo llevó a vender por varios miles de dólares botellas de formatos raros y de añadas muy viejas, que al final resultó un fraude, y cuya historia novelesca se llevó al libro
Saborizantes artificiales, es así como se conocen a las sustancias que se agregan a ciertos alimentos durante su fabricación, para imitar algunos sabores. Es común encontrarlos en la mayoría de los alimentos procesados, así como también se encuentran algunos colorantes y conservadores. Lo que más me sorprende, como podrá sorprender a los enófilos más romanticones y hasta los más realistas, a pesar de que es ilegal en la mayoría de los países productores, se utilizan saborizantes para el vino. Existen dos clases: saborizantes idénticos a los naturales *(nature-identical flavorings) y los saborizantes artificiales, muy fáciles estos últimos de detectar. Afirman que es difícil de percibir los primeros que pueden producir sabores característicos de variedades nobles como la cabernet sauvignon y la savignon blanc. Detectados únicamente mediante análisis clínicos, aun en pequeñísimas cantidades. Su concentración hace posible que sean efectivas en porcentajes del 0.001* El más común de estos saborizantes es la esencia de roble.
Sabía que en este mes el blog cumpliría tres años, pero al revisar 
Siguiendo con una rachita de inicio de año poco promisoria, hace unas semanas me enteré del cierre definitivo de La Gahia, un restaurante ubicado en pleno centro de la ciudad de Cuernavaca. Una muy mala noticia ya que para mi era el mejor de sus alrededores, con una atmosfera relajada y un ambiente entre hacienda morelense y chalet mediterráneo; de gruesos muros y luz dosificada… Y la cocina una exquisitez. Una verdadera pena, reflejo de la difícil situación financiera de muchos consumidores, que poco tiene que ver con nuestra tan cacareada sólida macro-economía. Pero también hay buenas noticias: Carlos se recupera, ya está en casita, aunque no podrá beber vino, ni mucho menos destilados. La gran noticia es que pudo salir de su delicado estado de salud. Enhorabuena Carlos.
Por último y debido a los halagadores comentarios de 




