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188 Rioja siempre ha estado en boca de quienes disfrutan del vino alrededor del mundo, su  prestigio a rebasado fronteras. Quizás junto con Jerez la denominación de origen más  emblemática de España. Embajadora de los vinos españoles. Su estilo no es precisamente definido, como sucede con tantas otras denominaciones. Va desde las bodegas clásicas como López Heredia, Rioja Alta S.A., Muga quizás esta última dando un giro a la  modernidad con su Torre Muga, hasta los más modernos como Roda. Así que hablar de  Rioja es hablar de un abanico muy variado de estilos. Una visita por la página del Consejo  Regulador de Rioja, me ha sorprendido por la cantidad de uvas que ampara. Y apuesto  a que mucha gente, como un servidor, no sabían que hay un tempranillo blanco. Pues lo  hay. En tintas están la tempranillo con poco más de 40 mil hectáreas plantadas de las 62  mil existentes. La    garnacha tinta, graciano que poco a poco ha recuperado el terreno perdido gracias al esfuerzo de  algunos vitivinicultores como Jesús Madrazo (enólogo de  Contino)  mazuelo,  y maturana tinta.

En blancas tenemos viura, malvasía, garnacha blanca, tempranillo blanca, maturana blanca, turruntés, chardonnay, savignon blanca y verdejo. Aclaro que la turruntés no debe confundirse con la torrontés de Argentina.

Rioja junto con Priorat son las dos únicas denominaciones de origen calificadas. Dado que no tenía muy claro que significaba tal denominación, fuera de que los requisitos son aún más estrictos que en la denominación de origen, me puse a investigar y esto fue lo que encontré:

En el año de 2008 se implanta una nueva regulación para los nombres geográficos de vinos, desapareciendo los VCPRD (vinos de calidad producidos en regiones determinadas), e incorporando las DOP(denominación de origen protegida) e IGP (indicación de origen protegida). A partir de ahora el reconocimiento no será realizado por los Estados miembros, sino por la Comisión (…)

– DENOMINACIÓN DE ORIGEN CALIFICADA (DOCa); deberá cumplir, además de los requisitos exigibles a las denominaciones de origen, los siguientes:
– Que hayan transcurrido al menos diez años desde su reconocimiento como Denominación de Origen.
– Se comercialice todo el vino embotellado desde bodegas inscritas y ubicadas en la zona geográfica delimitada.
– Cuente con un sistema de control desde la producción hasta la comercialización respecto a calidad y cantidad, que incluya un control físico-químico y organoléptico por lotes homogéneos de volumen limitado.
– Está prohibida la coexistencia en la misma bodega con vinos sin derecho a la DOCa, salvo vinos de pagos calificados ubicados en su territorio.
– Ha de disponer de una delimitación cartográfica por municipios, de los terrenos aptos para producir vinos con derecho a la DOCa.

Así también existe otra clasificación superior:

– VINOS DE PAGOS: son los originarios de un «pago» entendiendo por tal el paraje o sitio rural con características edáficas y de microclima propias que lo diferencian y distinguen de otros de su entorno, conocido con un nombre vinculado de forma tradicional y notoria al cultivo de los viñedos de los que se obtienen vinos con rasgos y cualidades singulares y cuya extensión máxima será limitada reglamentariamente por la Administración competente, de acuerdo con las características propias de cada Comunidad Autónoma, y no podrá ser igual ni superior a la de ninguno de los términos municipales en cuyo territorio o territorios, si fueren más de uno, se ubique.
Se entiende que existe vinculación notoria con el cultivo de los viñedos, cuando el nombre del pago venga siendo utilizado de forma habitual en el mercado para identificar los vinos obtenidos en aquél durante un período mínimo de cinco años.
En caso de que la totalidad del pago se encuentre incluida en el ámbito territorial de una denominación de origen calificada, podrá recibir el nombre de «pago calificado», y los vinos producidos en él se denominarán «de pago calificado», siempre que acredite que cumple los requisitos exigidos a los vinos de la Denominación de Origen calificada y se encuentra inscrito en la misma.

Información obtenida de http://www.winesfromspain.com

Como pueden ver, se trata de términos que en muchas ocasiones los consumidores quedan aún más confundidos que al principio de su búsqueda. Al final lo que cuenta no está ni en las etiquetas ni en las regulaciones, por más estrictas que estas sean; sino lo que está dentro de la copa.

Empezamos con una bodega cuyos vinos me gustan mucho, sobre todo el segundo de la noche. Se trata la bodega El Coto de Rioja S.A. El primero: El Coto 2011. Doce meses en roble americano y seis en botella. Huele a tierra mojada, fruta negra. En boca es amplio y va de más a menos, acidez alta, necesita integrarse. Pasado unos minutos huele a granos de café. Repetible.

Coto de Imaz 2008. Con sus 18 días de maceración, 17 meses en roble americano, y 42 meses en vidrio; sale de la bodega después de cinco largos años de haber sido embotellado. Difícil de creer en estos tiempos que corren donde todo es instantáneo, inmediato. Además de tratarse de un vino por abajo de los 300 pesos (17 €).

En esta ocasión lo siento mudo, poco expresivo. En boca es frutal, buena acidez, tanino presente. Quizás con una decantación abra un poco más. Uno de mis riojanos favoritos me ha dejado indiferente, esta vez.

Lealtanza 2004. A pesar de sus colores de vino evolucionado; terracotas y ribetes ladrillo es un vino expresivo, equilibrado con fruta negra, buena acidez, tanino y de alcoholes integrados. Repetible.

Artadi 2010. De 24 a 48 horas de maceración y doce meses de crianza en roble francés. Me ha recordado la puntada de algunos amigos cuando dicen que llegan entre las 5 y las 7 de la tarde a una cita. La maceración entre una cifra y la otra es del doble. Tiene una nariz a tocino y cerezas, boca frutal, con buena entrada. Repetible.

Fuimos pocos a la mesa,  así que he decidido descorchar sólo cinco en lugar de los seis acostumbrados. El último es el Cune Edición Única 2007. Con dos años en roble tanto francés como americano. Sospecho que esta etiqueta la han impreso para una tirada de botellas vendidas en México, y que se trata simplemente de un reservita cuya añada les ha costado trabajo vender. Perdón, pero a veces soy muy mal pensado. Además en esto de la mercadotecnia se vale de todo. Es un vino frutal, de acidez moderada y de final largo. Nada que evoque pensamientos muy altos ni suspiros profundos. Bebible solamente.

De la cantimplora a la botella espigada...

De la cantimplora a la botella espigada…

Para no perder la costumbre, con casi un mes de retraso, me dispongo a relatar la centésima octagésima séptima cata.

El primero, un blanco, un blanco especial, o digamos no muy común en los anaqueles mexicanos. Se trata de un silvaner. Juliusspital 2012, con trece grados de alcohol por volumen. Huele a uva, ese aroma que guardo en mi memoria desde la infancia; cuando al pelar la cáscara (hollejo)  la pulpa despide: el olor a uva, también heno, perón y notas minerales. En boca sabe a toronja blanca, rosas, con un ligero amargor al final. Como para comprar tres botellitas.

Chianti Bolla 2010. Huele a ciruela madura con notas de ceniza. Boca frutal, de tanino suave, diluido. Repetible.

Poggio Capponi 2011. Otro Chianti. Huele a cerezas con notas muy maduras tirando a mermelada. En boca se nota demasiado el alcohol, aunque no se pierde del todo la fruta. Para algunos es demasiado astringente.

Blue Nun 2013, este riesling de la monjita, un eiswein que tiene apenas siete grados. Aromas intensos a queroseno, miel y flores. En boca: miel y melocotón. Repetible, aunque el precio puede desanimar a muchos, yo incluido.

Ansellman 2009. Uva silvaner, bastante espeso, huele a membrillo y flores, para otros: notas de guanábana, mango y durazno. Repetible. Al igual que el anterior, aquí en México su precio fue de más de 900 pesos. Por ese precio prefiero un Trokenbeerenauslese, o hasta un Sauternes de medio pelo.

Vidal 2004.  Con 10 grados de alcohol. Este último quise contrastarlo con los anteriores, lo probamos la cata pasada. A mi me encantó. Un vino más maduro, se nota la evolución a favor, dando aromas más profundos, mucho más complejo que los anteriores, aunque dicho sea no es común guardar un icewine durante tanto tiempo.

Tempranillo en México, entres otros.A raíz de un obsequio de una botella de tempranillo mexicano, decidí compararlo con algunos otros de la misma uva, también mexicanos. Y este fue el resultado. Empezamos refrescando la garganta con un espumoso de Miguel Torres en cuya etiqueta aparece Santa Digna. Se trata de un rosado vinificado con uva país, la más antigua de Chile. Estelado sin añada. Color rosado con destellos frambuesa, burbuja fina y persistente, no muy rápida, pero hay quienes dicen que mucho depende de la copa: el cristal, la manera como se lavó, etc., etc., Un espumoso que ha gustado mucho, sobre todo con los calores que empiezan a apretar. Nariz floral, con algunas notas cítricas de piel de naranja. En boca es refrescante con recuerdos de toronja blanca, toque calizo y buena acidez. Como para hacerse de una cajita para estos calores y los que vienen.

Galileo 2013, de Vinícola El Cielo. Huele a regaliz, moviendo la copa desprende aromas intensos a arándanos, notas de tierra mojada. En boca es mineral, paso de boca amargo, y de final largo. Bebible.

Quinta Monasterio 2011. Por un instante lo confundí en el estante con Hacienda Monasterio. Varietal de tempranillo con doce meses en barrica nueva de roble francés y americano. Humo, chocolate amargo, en general fruta roja en sazón. En boca es algo cerrado, no tan expresivo como en nariz, amargo, y con evidente carga de alcohol. A pesar de que 13,5 grados hoy en día parece un juego de niños. Inmemorable con causa.

Papaztac 2013. Este fue el vino de regalo que propicio esta cata de tempranillos aunque sólo hay dos varietales, el segundo y el tercero. Aroma dulce a higos, frutos rojos; ciruela madura. En boca es frutal, de buena acidez y de taninos mullidos. Repetible.

Tierra Adentro 2010. Una bodega que ha sido de las favoritas del Grupo desde aquel vino que probamos en el bicentenario o esta otra cata donde hubo varios ejemplares de esta bodega zacatecana: Campo Real. En este caso se trata de una mezcla de 80% syrah, 40% merlot y el resto tempranillo. Así que definitivamente no es un buen ejemplo de tempranillo, que ya de por sí, es difícil encontrar su tipicidad cuando es un varietal, fenómeno común ya que se ha perdido la personalidad de la uva por métodos extremos de sobre-extracción y crianzas muy prolongadas entre otras linduras enológicas. Este es un vino con un singular olor a aceite de oliva, para otros atún y sardinas enlatados, aromas que sólo había encontrado en la chardonnay californiana (EE.UU). El caso es que fue abriendo a fruta roja. En boca tiene una excelente acidez, aunque el final es corto y ligeramente amargo, de buenos taninos y paso por boca.

Un Icewine de uva vidal 2004. Este vino lo trajo Francisco, lleva algún tiempo guardado, bien guardado; ya que se manifiesta de la mejor forma en que puede hacerlo un icewine. Color ocre, con destellos de oro viejo, espeso, con una nariz embriagadora «botrizada», miel, flores, piña cristalizada. Una delicia. Guardamos una botellita para la próxima cata, para que no se la pierdan quienes no asistieron este día.

En su mayoría blancos...

En su mayoría blancos…

Seguimos con los vinos orgánicos, y en esta noche, un tinto biodinámico al final. Empezamos con un blanco que no tiene nada que ver con las anteriores categorías: L.A. Cetto Boutique 2011 vinificado con chardonnay, viognier (uva muy típica del Ródano), y la pinot noir. En su color no se distingue ninguna traza de esta última uva. Aromas intensos a durazno y ese olor a pulpa de uva sin cáscara, no sé si quede claro, ya que dicen por ahí que el vino rara vez huele a uva. En boca es refrescante y cítrico: toronja blanca, final amargo con una buena dosis de alcohol. Repetible. Una hora en copa y su aroma evolucionó a caramelo de limón. Blanc de Pacs 2013, vino ecológico vinificado con tres uvas muy catalanas: parellada, xarello y macabeo, esta última se antoja para bautizar a un toro de lidia. Tiene apenas 11,5 % de alcohol y comparado con el anterior, situación muy común en las catas, parece un suspiro;  frágil, delicado con aromas a té de manzanilla. En boca se puede apreciar un leve cosquilleo señal de residuos de CO2. Lichi y manzana. Muy sabroso. Para tener seis botellitas. Honey Moon 2013 de la misma bodega, Parés Balta y vinificado sólo con parellada. Por la misma línea: sutil y con ese cosquilleo en la lengua, ideal para los calores que se avecinan. Repetible. Mas Petit 2010. Vino de la misma bodega que los dos anteriores (Parés Balta). Hecho con garnacha y cabernet (no especifica si tinta o tintoreta). Un vino orgánico color violáceo capa alta. Aroma a zarzamora, humo y notas de sulfuroso. En boca arranca la lengua con sus taninos. Toda la delicadeza de sus hermanos blanquitos está ausente en este vino. Desbocado. Inmemorable con causa. La Canon Du Marechal 2011. De Domaine de Cazes, inevitable el recuerdo de aquella delincuente que se salió con la suya, aunque su apellido era Cassez. Huele a fruta negra, mantequilla negra, chocolate amargo. En boca es frutal y largo. Repetible. Muscat de Rivesaltes 2008. Este vino de postre, dulce natural, es un concierto de flores y miel, notas de mermelada de durazno. En boca es amplio, dulce sostenido con una acidez que permite disfrutarlo a cada trago. Se antoja con una buena tabla de quesos maduros.

CATA 184 Hoy en día existen muchas bodegas adoptando prácticas ecológicas, orgánicas y biodinámicas. Algunas, pocas, inspiradas en una filosofía profunda desde sus inicios, muchas otras, oportunistas dentro de prácticas de mercadotecnia para atraer más clientes. Sea como fuere existen diferencias entre estos conceptos. La agricultura ecológica fomenta la biodiversidad, el desarrollo y la coexistencia de distintas especies en un mismo espacio físico o hábitat. Un ejemplo dentro de la viticultura sería la plantación de otro tipo de vegetación así como pasto en los espacios entre viñas, para evitar la evaporación del agua y conservar cierta temperatura. Por otro lado los herbicidas, pesticidas y fertilizantes son reemplazados por productos naturales como los residuos de hollejos y escobajos. La maleza puede ser controlado con animales como gansos, gallinas y hasta equinos, aunque se corre el riesgo de que también se alimenten de la fruta del viñedo.
En cuanto a la parte orgánica algunos científicos consideran como orgánico a cualquier viñedo, siendo que se trata de plantas. En términos generales hay que distinguir entre uvas orgánicas, como producto del viñedo, y el proceso que abarca la vinificación dentro de la bodega. Aquí se restringe el uso de levaduras, enzimas, dióxido de sulfuro, ácidos cítrico, etc.
Por último la biodinámica se refiere a todo lo anterior sumando algo más complejo que entraría en algunas prácticas hasta cierto punto esotéricas, tales como enterrar huesos en el viñedo, arar con caballos o con bueyes, vendimiar en luna llena, etc. Dicho lo anterior, pasamos a la degustación de algunos vinos ecológicos y orgánicos.

Roganto Chardonnay 2009. Este primer blanquito no tiene nada que ver con ninguna práctica ecológica ni en el viñedo ni en la bodega. Se trata de una bodega a la que me he enfocado por sus tintos, que me parecen bastante agradables, así que decidí probar con los blancos en este tiempo que empiezan los calores pre-primaverales. Se vinifica con chardonnay y savignon blanc, dos variedades imposibles de encontrar juntas dentro de los cánones ortodoxos europeos, algo de lo que escribía (viernes 27) el señor Gerschman en su sección del periódico Reforma. Siguiendo con el Roganto, se trata de un vino que huele a lichi, y a uva, entiéndase ese olor que desprende una vez que se le quita el hollejo, con notas de durazno. En boca domina lo amargo, paso de boca potente, con alguna arista alcohólica. Repetible.
O Chardonnay 2012. Para estas alturas las cosas se fueron complicando entre la sutileza de los vinos orgánicos y el medio litro de perfume que traía puesto René. Primera regla de convivencia, y sobre todo para llegar a buen término una cata de vinos. Aromas sutiles a pétalos de rosa con notas lejanas de azahar, boca sutil y de acidez limitada. Repetible.
Adobe Reserva 2011.Tierra mojada, hojarasca, en boca es agradable y ligeramente salado al final. Parecería que en términos generales ha gustado, aunque no se refleja en las notas que escribieron. Yo me declaro incompetente, mi nariz a estas horas ha quedado saturada con el tufo que me llega de mi compañero de la izquierda.
Viñas Del Vero 2010. Fruta roja, un poco corto y con una nota de humedad. Repetible.
Nerola Syrah Garnacha 2010. Huele a chocolate, vainilla y mantequilla, en boca es ligeramente astringente de final largo. Repetible.
Pittacum 2008. Aromas intensos a refresco de cola con notas de madera y especias. De final amargo. Repetible. Buenos vinos en términos generales.
CORCHO

cata 183 Un vistazo por los pasillos de La Europea me hizo descubrir un Cune rosado, que ni tardo ni perezoso metí al carrito, al igual que un Cune de Ribera del Duero. Sí, oyeron bien. Estos señores no pierden su tiempo en esto de la expansión y diversificación de sus productos… Me vinieron a la memoria marcas como Corimbo de Bodegas La Horra, filial de Roda, una en Ribera del Duero la otra en Haro (Rioja). Pintia en Toro, cuyas raíces vienen nada menos que de la legendaria bodega Vega Sicilia. Los Rotchild en Chile y Estados Unidos etc. etc.

Empezamos con el Cune (rosado) 2013. Los comentarios despectivos de siempre no se hicieron esperar. Yo tengo alta estima a los rosados, sobre todo si se trata de rosados con cierto carácter, aunque debo reconocer que algunos son cuasi un refresco sabor a fresa. En este caso hemos quedado bastante satisfechos; se trata de un rosado de un hermoso color frambuesa dejando ver algunas tonalidades salmón, brillante y fluido. Nariz aromática a frambuesa con una nota cítrica a mandarina. En boca es un poco amargo, mineral y refrescante. Yo compraría medía caja para beber la siguiente primavera.

De Casta 2009, de la bodega catalana Torres, un vino con largo camino recorrido; se produce desde hace 40 años. Color ocre, mucho más evolucionado que el anterior. Aromas a sandía y notas minerales. Un punto más amargo, de acidez bastante justita. Se me antoja con un queso maduro o una pasta con crema. Repetible.

Penélope Sánchez 2011. Una bodega de reciente cuño (2009). Olor químico para después dar mermelada de negra zarzamora, y una nota lejana de tocino. Final muy amargo destacando el alcohol. Inmemorable con causa.

Del Fin Del Mundo 2013. Este vino en nariz no está tan mal como en boca. Aroma floral con una nota de durazno, a ojos cerrados parecería un blanco.

Cune 2013, un ribera  singular; primario, huele a fresa, notas de sandía. En boca es de trago largo; me recuerda un poco al jarabe para la tos, me ha desconcertado un poco. Le daremos una segunda oportunidad.

Torre de Tierra 2011. Sin ninguna duda el vino de la noche. Este vino nacido en la cuna de La Independencia: Dolores Hidalgo. Hemos probado Cuna de Tierra hace poco más de un año y la verdad es que es un excelente vino. Aroma térreo, pastel de frutas, zarzamora. En boca tiene una excelente acidez, vivaracho y de final largo. Para comprar una caja. Así llegamos a la primera cata del 2015. ¡Salut…!

Entre copas y botellas, Cata Navideña...

Entre copas y botellas, Cata Navideña…

Como cada año, nos reunimos a degustar buenos vinos, exquisita comida y charla amena. Este año no fue la excepción. Enfocamos todas nuestras baterías para comprar vinos que por su precio no es común comprar durante el año. Aunque tampoco significa que por el precio alto sean buenos vinos per se. Mi sorpresa fue mayúscula a la hora de comprarlos, tema de otra entrada: los precios de hipoteca de los vinos, hoy en día…

El primero de la noche fue un Lason Rosé Label, Brut de Reims. Un vino con 53% pinot noir, 32% chardonnay y el resto pinot meunier; de burbuja fina y rápida, excelente acidez cítrica, muy bien amalgamado todo el conjunto. Aromas intensos a panadería y frutos secos. Para comprar media caja y descorcharla pronto.

Blecua 2005. La estrella de Viñas del Vero. Huele a pasificados, ciruela, chocolate amargo, y notas de vainilla (barrica). En boca es muy áspero. Rompe la armonía, descarnado, no sé si con el tiempo se integre. Nueve años debieron domarla un poco más. Quizá sea bueno decantarlo una hora antes del servicio.

Arzuaga Reserva Especial 2009. Aparece junto con la tinta del país, una uva blanca: blanca del país o albillo, de baja producción, confieso no haberla oído nombrar antes. Me parece interesante esta combinación. Esta bodega produce 5200 botellas de 750 ml y sólo 50 botellas magnum. Aromas a fruta negra, notas de vainilla, en boca es tánico, sin llegar al extremo del anterior. No sé si lo volvería a comprar.

PSI 2009. Del señor Peter Sisseck, el famoso enólogo danés que puso por los cielos su buque insignia, el Dominio de Pingus. Este vino ha gustado mucho, puedo decir sin temor a equivocarme, el que más ha gustado, sobre todo por su relación calidad precio. Me llama la atención que la crianza no se haga en roble nuevo y he ahí que sus taninos son bastante pulidos, sin perder el nervio. Fruta negra, cacao, balsámicos, tierra mojada, en boca es carnoso, redondo y largo. Para comprar una cajita, y ver su evolución.

Pago de Carreovejas El añejón 2009. Muy bueno también, uno de mis riberas preferidos, con una larga crianza de 24 meses en roble francés de grano extrafino (…) 96% tinta del país, 3% cabernet  y 1% merlot. Nariz frutal, fruta negra, notas de vainilla y chocolate. De tanino mullido aunque el alcohol es evidente. Por su precio no volvería a comprarlo, por 2500 pesos hay mejores vinos a los que hincar el diente.

Vega Sicilia Único 2003. Un vino cuyas expectativas llegaban al cielo… El rasero con que se midió es muy alto y los resultados pobres. Un vino integrado pero sin enamorar, algo le faltaba a este 2003. Sin duda el Único es de mis preferidos pero en este caso me parece que le falta algo. Huele a cuero, cedro, chocolate, tanino presente, pudo ser la añada.

Para cerrar tenía una magnum de Perrier-Jouët Grand Brut que marido con los romeritos, el bacalao y el pavo. Carlos trajo lo que con tanto esmero prepara cada año, el bacalao receta de su abuela, que le lleva todo un día guisarlo. Gracias por compartirlo. De postre una rosca con almendras ¡soberbia…! con todo y que no soy muy afecto a los postres dulces. Acompañado de un Chateau Climens, un barcac sin la rica gama de aromas y sabores del sauternes. Gracias por el pavo Sergio. Así concluimos un año más. ¡Un saludo a mis dos lectores, desde aquí mis mejores deseos!

CATA 181 A finales de noviembre, día 28, para ser exactos, nos reunimos para esta cata, con está reseña estoy a un paso de actualizarme, sólo faltaría la última cata del año, la navideña.

Empezamos con un gewürztraminer de Viñas del vero, esta uva en particular me parece una de las más aromáticas y de más tipicidad, además de que no conozco a ningún miembro del sexo opuesto que no disfrute sus encantos, un vino seductoramente femenino. Decía que empezamos con Viñas del Vero Gewürztraminer 2011. Durazno, lichi y una nota de mango, también hay algo de flores al fondo; pétalos de rosa. En boca es abocado, con un final amrago que lo hace muy elegante… Deliciosa acidez y cuerpo. Repetible.

Seguimos con otro gewürztraminer, esta vez de Alsacia. Laugel 2013. De color más pálido que el anterior, más joven. Pétalos de rosa y notas de melón. En boca tiene algo de aguja y un amargor que destaca la estructura. Repetible.

El primer tinto: Alta Luna 2011, de los alpes italianos., en botella de hombros altos; como los burdeos. Siendo que está vinificado con pinot noir. Aromas intensos a cereza y cassis. En boca es plano, diluido, sin pena ni gloria. Otras impresiones del grupo: chocolate, cereza, le falta cuerpo, sin posgusto… Inmemorable con causa.

Marc Murray Ranch Pinot Noir 2012, un pinot con 14,8 un hecho cada vez más común, que muchos atribuyen al calentamiento global. El caso es que este vino californiano, de nuestro país vecino del norte. Tiene fruta negra; grosella. Un vino «caliente» cuyos alcoholes son más que evidentes, así como sus taninos. Coincidimos todos los presentes, en que no lo volveríamos a comprar.

Marc West Pinot Noir 2011. Huele a pastel de fruta, zarzamora y notas de sandia. En boca es frutal, le falta acidez. No repetible.

Por último, un borgoña muy popular, Bourgone Louis Jadot 2011. Por 274 pesos es una buena compra. Un vino sencillo, de trago largo, frutal; grosella, algo térreo buen paso de boca. Repetible. Esta noche, en lo personal me quedo con el primero, el gewürztraminer de Viñas del Vero.

Cata centésima octogésima

Publicado: 20 diciembre, 2014 en Cata
Cata de Sobaquillo...

Cata de Sobaquillo…

Con un par de meses de retraso, me dispongo a reseñar la cata centésima octogésima. Ésta fue de «sobaquillo»… así que cada uno trajo su botella debajo del brazo. Más que un ejercicio informativo y detallado, es un ejercicio de disciplina, para no dejar pasar inadvertida esta cata. Lo que sí puedo asegurar es que nos la pasamos muy bien, a tal grado que nadie se preocupó demasiado por anotar las impresiones de los vinos. Es quizá la primera vez que no recuerdo, en una cata formal,  la añada, como sucedió con el Condado de Haza.

Empezamos con un Undurraga Brut. Aromas intensos a durazno y perón. En boca presenta cierto residuo de azúcar, a pesar de que en la etiqueta lo identifican como: Brut, por lo menos nos pareció abocado. Frutal y de acidez justa, muy agradable, para refrescar la boca después de un día caluroso. Repetible.

Seguimos con una «Borgoña», Tabernero sin añada, y en cuya etiqueta apuntaba muy solemnemente: «Calidad Total», entiéndase completamente lo contrario…Rubí capa baja; ate de membrillo, níspero. En boca: diluido. Sin pena ni gloria.

Faustino V 2005. Térreo, ahumados, madera vieja, tanino maduro y de acidez baja. En lo personal no es de mis «riojas clásicos» favoritos.
Otras impresiones: cuero mojado, con madera acentuada.

Secco Bertani 2009. Aromas químicos: alquitrán, fruta negra, humo con una nota de anchoas. De los que yo califico: Inmemorables con causa.

Cousino Macul, Antiguas Reservas 2011.  Vinificado con cabernet sauvignon. Aromas a grosella, pimienta blanca, higos. De tanino vivo y boca frutal.
El último vino fue un Condado de Haza, cuya añada no anoté… Mea culpa. He aquí algunas impresiones ociosas: Violáceo capa alta, fruta negra, goloso, iba de más a menos…

Así pues, termino esta escueta reseña, quizá la menos informativa de toda la historia del Grupo. 🙂

De la Piña a la Uva... En esta ocasión nos dispusimos a descorchar vinos almacenados traídos de diferentes puntos del globo terráqueo que fueron donados por algunos miembros del grupo, los más generosos.
Empezamos con un blanco rumano, de la tierra del Conde Drácula. Byzantium Blanc de Transylvanie 2006. Este vino lo trajo Carlos junto con otros dos, hace mucho tiempo. Él tenía planeada una cata de vinos rumanos. Mea culpa, lo reconozco ya que  saqué una botella al final de alguna cata, nos la bebimos sin reflexionar en lo que estábamos bebiendo, después le dije que yo se la repondría, pero nunca nos pusimos de acuerdo. Afortunadamente estos vinos se venden en México, así que vuelvo a invitar a Carlos para que me diga dónde los consigo. Este blanco es de color pajizo, la variedad de uva nunca pudimos descubrirla y no viene impresa en la botella. Huele a espino blanco y piña. En boca es amplio y goloso, sin perder firmeza. Ha gustado mucho. Repetible
El segundo «blanco» fue traído por Sergio desde Hawaii. Maui Blanc. De entrada parece extraño que en un lugar tropical se pueda dar la vitis vinifera con buenos resultados. Sin advertirlo, hasta poco antes de la cata, leí en la contraetiqueta:

Maui Blanc is a wine made exclusively from the juice of Maui Gold pineapples Hand-picked (…)

Es la primera vez desde 1998 que abrimos una bebida diferente del producto de jugo de uva fermentado. Los resultados son previsibles: jugo de piña fermentado, aunque el alcohol cuyo volumen es de 11.5 es casi inadvertido. Huele a Gerber (papilla) de piña. En boca es planito y abocado, diluido. Un juguito de piña que debería beberse más frío.

El primer tinto Volcano Red es otro hawaiano con una rara mezcla de uva, me imagino que es vitis vinifera, y un fruto tropical llamado jaboticaba. Resultado: un menjuje que huele a «sangría Señorial», con notas de ciruela pasa, en boca es ligero con un cosquilleo de algo que parece CO2, hay quien lo describe como «dulce con aguja».

El siguiente tampoco especifica la uva aunque ya no tiene mezclas raras. Ulupalakua Red, con 13,6 grados de alcohol. Huele a hollejos y fruta negra en mermelada, zarzamora. Boca plana, frutal muy primario y de final amargo, hay quienes echan de menos el tanino en este vino. Inmemorable con causa.

El quinto es un vino de cuya bodega tengo buenas impresiones ya que ha sabido manejar la mercadotecnia sin descuidar la sustancia, que es lo que viene dentro de la botella. Sin embargo hablando de este Sierra Gorda Edición Limitada 2009 de cabernet, merlot y malbec, creo que se les ha pasado la mano con el precio. Nos contó Francisco, quien lo trajo, que su precio es de más de 700 pesos. Vuelvo a mi añeja reflexión de que por ese precio hay una gama de francesitos que lo pueden dejar a uno con el ojo cuadrado. Sé que para muchos suena malinchista pero no me importa. Tampoco estoy diciendo que todo lo que se produce en el país galo sea bueno, hay excepciones muy penosas. Este Sierra Gorda me pareció un vino en el margen de lo correcto, sin enamorar, y por ese precio siempre pido más. Huele a ciruela con notas mentoladas, boca frutal, acidez y tanino comedidos. Punto.

El último, traído por Alfonso: David Hook Barbera 2012. Se trata de un australiano con ínfulas italianas. Un vino de poca intensidad al principio y que a medida que va abriendo despliega algo de fruta con una nota de sandía y fruta roja (ciruela), sin aristas. Un vino correcto también, desconozco el precio. Aquí acaba la cata y los vinos que reposaban en el nicho de los «viajeros».