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Siempre habrá un buen motivo para reunirse a probar una copa de vino, en esta ocasión no fue la excepción, se trató de la inauguración oficial de  la cava de un amigo. Miguel la ha nutrido con algunas botellas que quitarían el hipo a cualquier buen aficionado.  La mesa dispuesta in situ, dentro de la espaciosa cava, ocho asientos alrededor de la mesa. Previa selección de un servidor que me decanté por Burdeos y también algunas cositas que sonaban interesantes. Me pareció buena idea hablar antes sobre el génesis del vino, tanto desde el punto de vista antropocentrista  como del que me parece menos preciso pero más veraz.  El segundo habla de Pangea, hace 500 millones de años, cuando la Tierra estaba formada por un solo continente. Desde donde aparecieron los primeros restos de semillas fosilizadas de Vitáceas, porque  debemos reconocer que desde que apareció un racimo colgando de la primera planta, y  éste fermentó, hubo vino. La intervención del Hombre fue mucho después en Mesopotamia, 8000 a.C. Posteriormente pasó a los egipcios, y más tarde se diseminó a toda Europa gracias a los romanos. Haciendo su última escala en El Nuevo Mundo (siglo XVI)  Aunque ya había algunas uvas silvestres, no se vinificaban aún.

CATAMIGUEL

Priorat, Burdeos y La Toscana… Presentes en la Cata de Miguel

Ya en la cata probamos el primer vino: Finca Dofi 2005, de Álvaro Palacios. Este Priorat se presentó al principio  bastante impetuoso, parece que once años en botella no son nada. Puede que decantarlo media hora antes sea una buena idea. De capa alta y de color granate. En nariz presentó aromas de fruta negra: ciruela, zarzamora y una nota mentolada como bien señalaba Héctor. En boca tiene una excelente acidez que le augura una evolución lenta, con un tanino bastante presente. Como para otros cinco años más.

Duetto 1997. Seguro se preguntaran qué hace un vino mexicano dentro de este conjunto. Este vino que al principio fue un proyecto entre Wente (Livermore Valley) y Santo Tomás (Baja California), me parecía a mi el mejor vino de México en esa época, y esta añada era digna de muchos elogios. Hasta el momento no me ha defraudado, después de 19 años ha envejecido como los grandes.  Estuvimos frente a un vino maduro que huele a cera y barro, algo de pacificados. En boca excelente acidez y de tanino muy limado. Está empezando a bajar de la cima, aunque no podría estar seguro del todo  tomando como referencia sólo esta botella. Por fortuna me queda una más en casa.

Château Pape Clément 1975. Bautizado por su propietario,  el mismo papa Clemente V en 1305, cuya calidad demeritó al final de los setenta y que después de 1985 volvió a  sus glorias pasadas. Para mucha gente cualquier vino de más de quince años es vinagre. Quizá no han entrado en el mágico mundo de los placeres sensoriales sin estridencias ni voluminosidades  de los vinos sobre extraídos y dotados de alcoholes arriba de los 13,5. (aunque algunos más alcohólicos están  integrados). Es cuestión de ponderar la elegancia y la profundidad y abrir los sentidos a los susurros de los vinos maduros. Hoy en día acostumbrados a los placeres inmediatos, sin ningún recato para esperar a que el vidrio haga su magia, claro está que sólo con vinos que evolucionan por décadas. Un vino que a medida que corrió el tiempo fue abriendo, pero que sin duda ha pasado su mejor momento. Huele a capuchino, notas de frutos secos y uvas pasa. En boca es fluido y ligero, buena acidez y final corto.

Château Léoville-Barton  1982. Propiedad comprada por Antony Barton en 1826. Cuenta con 48 hectáreas y una producción de 25,000 cajas, 50% barrica nueva. Color terracota, va de menos a más, con un final diluido. Un Léoville-Barton cuyo linaje y excelente añada podía hacernos pensar en cosas mejores. Ni pena ni gloria.

Château Lynch Bages 2003. 90 Ha y una producción de 46, 000 cajas, fuera del promedio de los grandes Burdeos que rondan las 25,000. Un año difícil en Europa en general, con mucho calor y humedad, dando vinos muy alcohólicos y de poca acidez. Una sorpresa ya que este vino huele a dátil, vainilla, quizás por la barrica, balsámicos y algo de fruta roja. En boca es expresivo y frutal, un punto de alcohol y de tanino muy presente. Repetible.

Gaja Barbaresco 2003. Este italiano sin duda es un vino típico de esta añada, fruta madura, muy madura, mermelada de cerezas, arándanos, exuberante y de alcoholes altos, se percibe también la madera y tiene un final largo,  acidez justa que le da cierto equilibrio a todo el conjunto.

 

Vega Sicilia Único 1964

Vega Sicilia Único 1964

Vega Sicilia Único 1964. Al final se abrieron tres vinos más, sin duda es una de las mejores añadas del siglo pasado, y no me canso de repetirlo. Se presentó con mucha dignidad luciendo una corona. Recién llegado de España y al parecer herido de muerte, con la cápsula chorreada y  un nivel por debajo del hombro. Miguel dudaba que estuviera en condiciones de beberse, o mejor dicho de disfrutarse. Por mi parte puedo decir que fue todo lo contrario; el mejor vino de la noche, y el que más disfruté. Un viejo que susurra sus grandes secretos al oído con aplomo y señorío. Huele a bosque bajo, algo de trufa y ahumados con notas muy sutiles de vainilla. Buena acidez y tanino mullido, con un final largo. Una joya para ser el vino más viejo de la noche.

Hubo otro español, del que no tomé nota, pero que seguramente no levantó suspiros… Por último:

Château Montrose 1998. Al descorchar este vino me di cuenta que tenía doble cápsula, algo sumamente extraño, que bien nos podría llevar a dudar de su autenticidad. El caso es que confieso que es la primera vez que me sucede en más de 20 años en estas andanzas de descorchar botellas. Un vino bastante hecho, el vidrio ha limado sus asperezas y presenta buena fruta, acidez y tanino. Todo en su lugar, cenando una deliciosa baguette y una fresca ensalada. Así llegó el final de esta inolvidable velada, agradezco al dueño de la cava y a todos quienes me permitieron un poco de su tiempo al escuchar todos los disparates que acostumbro decir en estas reuniones.

CATA 197 A pesar de la tarde nublada amenazando con lluvia, el calor nos recuerda que todavía estamos en el mes de mayo. Justo el clima para disfrutar de cuatro blanquitos frescos de entrada, y cerrar con dos tintos.

Empezamos con Garnacha 2014 de Bodegas y Viñedos Artanza. Un navarro que a mi en particular me gustó mucho, y que parece ser filial de viticultores Artadi. Color amarillo verdoso, brillante y fluido. Huele a durazno, espino blanco, piña verde (no madura) y lejanas notas herbáceas. En boca es cítrico, con algo de toronja blanca, mineral, recuerda también al agua quina; amargo al final, excelente acidez y de final eterno. Una joyita por los 295 pesos que piden por él. Para comprar una cajita.

El segundo es un albariño algo más ordinario. Pazo Barrantes 2014 directo de las Rías Bajas, o si lo prefieren: Rias Baixas. Huele a plátano con un punto dulce en boca, sin llegar a ser abocado, con una acidez y ese «punto dulce», bastante equilibrados. Entra con campañillas y sale un poco mudo. Va de más a menos. Repetible.

El tercer blanco es Flor de Chardonnay 2012 con nada menos que 14 grados de alcohol, bastante integrado. Denominación de origen Somontano, de Bodegas Laus. Color pajizo. Huele a barro, cera de abejas y paja mojada. Igual que el anterior va de más a menos. Repetible.

Por último, un blanco que tenía ganas de probar desde hace mucho, se trata de Erre Punto 2012. Vinificado con un 70% de viura y el resto malvasia. Desconcertantemente plano. Nariz cerrada a cal y canto, después de unos minutos huele a manzana verde. En boca es diluido, de final amargo y de acidez justa. No sé si lo volvería a probar. Además de su precio: ¡400 pesos! (19 €)

No sé por que razón se me ocurrió dejar al final dos Côtes-du-Rhône, será por que fue lo más cercano que tenía al revisar los pasillos. El primero: Les Heritiers 2012. En esta región encontramos, la famosa syrah, pero no es la única ya que junto a ella y por lo regular mezcladas tenemos la  garnacha tinta, la mouvèdre, cinsulat, y la carignan.

Les Heritiers 2012. Huele a cerezas y ahumados, tanino maduro y buena acidez. Bebible.

Calvet Côtes-du-Rhône 2014, este otro huele a cerezas en licor, fruta roja, algo ligero, buena acidez y de final largo. Frutal, algo primario, bebible también, y ambos a precios razonables, alrededor de 200 pesos.

De Bodegas Vega Manchón, Dolores Hidalgo, GuanajuatoMi primer encuentro con esta bodega fue en el año del bicentenario de la Independencia, septiembre de 2010, y debo decir que fue amor a primera vista, lo probé y me sedujo. Es de esos vinos que sin dudar se pueden comprar por caja, para ir descubriendo su evolución con el paso de los años.

Un gran acierto de Francisco traer a la mesa los vinos de esta gran bodega. Hacía tiempo que no quedábamos tan satisfechos con lo catado, como sucedió en esta noche.

Empezamos con un blanco: Torre de Tierra 2013, vinificado con semillón 100%. Color pajizo con reflejos verdosos, brillante, fluidez consistente. Nariz intensa a mango, y notas lejanas de durazno. En boca buen ataque, acidez justa y final amargo. Un vino muy sabroso que en este momento me viene a la cabeza acompañarlo con pan artesanal y un buen queso joven de cabra con ceniza. Sin duda para comprar media cajita.

Inmediatamente después descorché el primer tinto: Cuna de Tierra 2013, con una rara mezcla de cabernet sauvignon, cabernet franc , merlot y shiraz. Color rubí de capa media, brillante. Huele a barro, ciruela y alguna especia; mejorana. En boca es redondo, sin aristas, apenas se advierte alguna sensación alcohólica que parece ser por la temperatura, está apenas por arriba de lo que debería. Repetible.

El tercero es el Nebbiolo Cuna de Tierra 2013. Cuya mezcla, nada ortodoxa, marca las variedades típicas de tres países distintos: la nebbiolo (Región del Piamonte en Italia), Malbec (Argentina) y la tempranillo que huelga decirlo: España (mayoría de las regiones). El resultado: color granate de capa alta, aromas intensos a fruta negra; zarzamora, con una nota de capuchino. El más alcohólico con sus 13,8 grados, que se han notado, apuesto que con el tiempo se irá integrando. Para comprar una cajita.

Torre de Tierra sin añada, por lo menos no a la vista. Vinificado con 80% de tempranillo y el resto de cabernet sauvignon. Color rubí con ribete ocre. Aromas intensos a tofe, chocolate, maple y arándanos. Como para tener unas cuantas botellas en bodega.

Cuna de Tierra Syrah 2014. En el caso de este vino y también del tercero, la madera es parte de primer uso, y otra de segundo. Una buena práctica de esta bodega de no poner roble nuevo a todo lo que se les atraviesa por el camino. Una cualidad de todos los vinos catados es su tanino sedoso, mullido… aunque observo que el alcohol rebasa los 13 grados, que tampoco es motivo de escándalo, a sabiendas de que muchos productores andan por arriba de los catorce por volumen con la pinot noir. Ese delicado espécimen que lo convierten en aguardiente sin el menor recato. Se trata de un vino con doce meses de crianza en roble francés y americano, como explique antes, usado y nuevo. Huele a chocolate, fruta negra en sazón y notas de fruit cake, que me recuerda a la merlot madura. Un caso atípico de la syrah, aunque no por ello desagradable. Hay quienes notaron especias, como pimienta negra y otros notas de vainilla, tal vez por el roble americano. Repetible.

Por último, dentro de lo programado para esta noche. Cuna de Tierra Pago de Vega 2013. Decidí dejar que los demás anotaran sus impresiones, a estas alturas mis sentidos estaban saturados,  y así pude disfrutar de los vinos que tenía ya servidos en las copas. Este último fue descrito por Carlos: vista, color rubí con ribete violáceo, en nariz tierra mojada y pimientos. En boca se agudizan los sabores a especias. Grado alcohólico alto, mucha madera (en este punto coincido, sólo, en que se percibe, cosa que no había sucedido con los vinos previos) Está redondo, con posgusto tánico. Yo sólo advertí otra vez aromas de maple y fruta negra. Reitero categóricamente lo que dije al principio: un gran acierto acercarnos a estos vinos, que no tienen nada que ver con la multicitada región de Baja California. Quizás pronto visitemos esta bodega, ya habrá tiempo de contar nuevas experiencias de Guanajuato.

CATA 195Hay países cuya relación con el vino no parece tan estrecha como lo pueden ser: Francia, Italia y España, aunque en realidad todo indica que se originó en las faldas del Cáucaso. Vestigios de lagares, semillas de uva y ánforas con pigmento han sido la prueba para sustentar dicha teoría. Israel está entre los primeros países por donde la vid peregrinó en su largo éxodo hacia el Oeste del Mar Mediterráneo.

En esta ocasión probamos cuatro vinos de este país de la región de Judea. Pero antes descorchamos uno de Pomerol que había traído  René.  Clos René 2010. Y antes de éste, un espumoso de Concha y Toro, para quienes llegaron temprano a la cita, aunque por falta de cuórum todos tuvieron la oportunidad de probarlo. Se trata de un espumoso muy agradable, con aromas a lanolina, talco y notas cítricas lejanas. En boca es abocado a pesar de que aparezca Brut en la etiqueta; se percibe un ligero deje a azúcar residual. Bastante refrescante para los calores que se avecinan.

Pero siguiendo con los vinos de Israel… Según datos estadísticos de la OIV (Organization International de la Vigne et du Vin) Israel tiene 7000 ha de viñedos, y produce 60,000 hl de vino al año. La mayoría del vino que se exporta, sobre todo a EE.UU, lo producen: Carmel o Golan Heights, seguido por las bodegas Barkan y otras menores.

El primero: Clos René 2010; huele a fruta negra, pastel de fruta y notas de fondo a  chocolate blanco. En boca es astringente y de final amargo, dos cosas que destacan del conjunto, que por su precio, recomiendo decantarlo una hora antes del servicio, porque a pesar de sus seis años en vidrio sigue rugoso y desintegrado.

Psagot Merlot 2012. De la bodega del mismo nombre Psagot Winery. Primer golpe a madera vieja, ciruela en sazón. En boca destaca:  mermelada de ciruela además de notas de fondo dulces a ciruela pasa, tanino mullido y acidez justa.

Psagot Edom 2011. Vinificado con 60% cabernet sauvignon, 19% cabernet franc, 5% merlot y 5% petit verdot, 14 meses en roble francés y americano. Este vino huele a humedad, cuarto cerrado, cartón húmedo, por lo que definitivamente está defectuoso.

Psagot Cabernet Sauvignon 2011. Nariz alcohólica, fruta roja y tanino dulce. Este vino no está integrado y dudo que el tiempo haga su trabajo. Inmemorable con causa.

Psagot Single Vineyard Cabernet Sauvignon 2011. Primer golpe a cartón mojado, después se limpia un poco moviendo la copa, dando mermelada de arándanos. En boca  falta acidez, de tanino dulce y final amargo. Sin pena ni gloria. No sé si con esta muestra puedo aventurarme a decir que me parecen vinos sobremadurados, o que el clima cálido hace que el azúcar aumente, y dé por lo tanto esa sensación de taninos dulces en parte por el alcohol y por el azúcar residual, otra sería el trato antes del descorche. Me gustaría probar vinos de otras bodegas y añadas más recientes.

Cata centésima nonagésima cuarta

Publicado: 19 marzo, 2016 en Cata

PCATA 194arece tarea fácil desmenuzar una copa de vino para saber: de qué uva se trata, el grado de madurez, su astringencia, azúcar residual… y todas esas cosas de las que se encargan los enólogos en el laboratorio, y los sumilleres en los concursos. Habría que matizar que los enólogos se encargan de muchas otras cosas en el viñedo, desde mucho antes de la vendimia,  y de todas las labores dentro de una bodega.  Decía que parece fácil, pero no lo es. Si a ésto le sumamos la falta de tipicidad por: la sobre-extracción de la fruta,  la homogenización en los procesos, el cambio climático y otros menesteres…, la tarea se torna francamente imposible a la hora de pretender descifrar el origen del vino en cuestión. Esto mismo pretendí que hicieran mis compañeros de grupo, con resultados no muy halagüeños. Tenían que anotar: país,  denominación de origen, variedad (es) y añada… ¡Casi nada!

La verdad es que al final todos los vinos venían de Somontano, aunque hubo quienes suponían que se trataba de Argentina, México, Chile y hubo alguien que pensó en Borgoña. Así las cosas, creo que fue una buena lección de humildad para todos, y me viene a la memoria aquella frase de Sócrates: «Yo sólo sé que no sé nada» 

Empezamos con Viñas del Vero, y terminamos con Bodegas Pirineos.

Viñas Del Vero crianza , vinificado con tempranillo y cabernet sauvignon. Huele a ciruela con notas muy presentes de vainilla y romero. En boca está un poco diluido, y tiene tanino rugoso.

Viñas Del Vero Cabernet Sauvignon 2006. Este otro tiene muy presente un aroma químico, cansino y de final largo, acidez alta. Desequilibrado, parece que no ha tenido una buena guarda, aunque su acidez me hace suponer que da para más.

Viñas Del Vero Merlot 2006, con 14.0 grados de alcohol y diez meses en Allier. Huele a cerezas, pétalos de rosa, propios de la merlot en vinos jóvenes. Astringente y de final largo. Repetible. Este ha sido el vino que alguien confundió con un borgoña.

Montesierra 2013 de bodega Pirineos, cabernet, tempranillo y melot. Aromas a pimiento, ciruela negra, boca frutal de buena acidez y astringencia. Repetible

Pirineos Selección 2008. Buena fruta; roja en sazón; cerezas, excelente acidez, buen paso y tanino rugoso. Repetible.

Una pequeña muestra de estos vinos que nacen en las faldas de los Pirineos, en la región de Aragón.

sobaquilloAnte la falta de tiempo para preparar la cata, el viernes por la noche llegaron, los pocos «catadores» que lo hicieron, con una botella debajo del brazo. No hubo ninguna restricción de variedad, precio o de ninguna otra. Y los resultados son los siguientes:

Empezamos con Moet & Chandon Rosé Imperial, mi afinidad con el champán rosado quizás haya sido la causa de que me gustara tanto. Cualquier entendido del champán podría decir que: se trata de una marca industrial, que produce miles de cajas…etc, etc, y si sumamos el hecho de que aquí en México la oferta de espumosos no es muy generosa. Debo decir que me agradó y mucho. De color salmón, buena burbuja (fina), tiene una nariz intensa a panadería, almendras, durazno y notas de grosella. En boca tiene una frutalidad muy vivaracha, buena acidez , recordando la toronja blanca. Repetible.

El segundo; Cyan Prestigio 2007, vino de la Tierra de Castilla y León. Aromas a regaliz y arándanos. En boca es plano. Va de menos a más con buen paso, pero al final vuelve a diluirse. Inmemorable con causa.

Pisano 2005, vino Uruguayo vinificado con tannat. Huele a fruta roja indefinida con una nota de madera. En boca es poco expresivo se percibe algo lejano de aceituna verde, final ácido.

El cuarto viene de Ribera del Duero, es un Matarromera 2010, al parecer 100% tempranillo que deja a más de uno satisfecho. Fruta negra de la mejor calidad, con un fondo balsámico muy agradable. De trago largo y con cierta complejidad. Repetible, sin dudar.

Este último ha invadido el mercado mexicano, pocos de quienes beben vino español, podrían dudar de haberlo probado por lo menos una vez en su vida. Gran Sangre de Toro 2011. Un vino redondo, sin aristas, frutal de tanino comedido y acidez justa. Un vino correcto, para beber diario.

Después de esta sucinta reseña, y a un mes exacto de haber catado estos vinos, me despido. Hoy toca la Cata 194.

CATA 192Como todos los años en diciembre nos dispusimos a compartir seis vinos de precios altos, aunque muchas veces eso no implique que sean mejores que los «económicos». Con manteles largos y las copas dispuestas en esta ocasión fue Toro la protagonista, la cata anterior también habían sido  vinos de esta denominación. Retomamos la idea con vinos de un nivel de precio más alto. Mucha gente está convencida de que los vinos «caros» son mucho mejores, idea que mueve la economía en la mayor parte del Mundo. Hubo sólo una excepción y fue un chileno que quedó un poco rezagado, al último ya cuando la lengua daba señales de entumecimiento después de tanto tanino agreste.

Pintia 2008. Con un año de crianza, 70% en roble francés y el resto en americano, y sus 15% de alcohol. Huele a cerezas en licor, con notas de zarzamora, no sé por qué últimamente todo me huele a zarzamora. En boca es astringente, de esa astringencia propia de la madera, como cuando se chupa el palo de las paletas… y alcohol no integrado. Es que 15 grados es bastante octanaje, creo yo.

De la famosa bodega de Ribera del Duero viene el siguiente vino, aunque éste se vinifica en Toro. Cyan Prestigio 2005. Al principio tiene un olor desagradable a cartón mojado y polvo, bonita combinación… Yo me quedé en esas aunque las caras de mis amigos no me hicieron pensar en que les hubiera desagradado. En boca tiene buena acidez, fruta, buen tanino, sin arrancar la lengua. Hay quienes encontraron aromas a dátil, cuero mojado y más fruta que yo. Yo no lo volvería a comprar. Aunque tratándose de un defecto habría que ser más justos y repetir.

Piedra Platino 2004, con 18 meses de crianza, y algo que ya se está volviendo costumbre: revolver roble francés con algo de americano. En este caso 85 y 15% respectivamente. Chocolate, regaliz, buen paso de boca y acidez aceptable. No está mal. Repetible.

Numanthia 2010. 16 meses en roble. 15% de alcohol. Un poco mudo al principio, fruta mesurada, aromas a vainilla que me imagino vienen del roble. Aunque la información es escueta, debe ser francés o una combinación con algo de americano. Astringente y final largo.

Termanthia 2009. Su hermano mayor con 18 meses en roble. Nariz discreta, fruta negra con notas de chocolate amargo y vainilla. Hay quien puso en sus notas: elegante y discreto. Hasta el momento puedo decir que una decantación previa de una hora podría sacar algo más de estos vinos con exceso de roble para mi gusto. Una opinión muy personal ya que ha gustado a todos los miembros del grupo. La pregunta sería: ¿Podría conseguir algo más por los casi 4000 pesos que piden…? Por cierto, esta botella  desde que la saqué de la cava me pareció muy pesada… Así que fui a la báscula que se usa en repostería… 1188 g cuando una botella promedio ronda los 450 g se podría usar con mucha efectividad para defensa personal. Pues hasta aquí ha llegado Toro y mis sugerencias para esta cata, ya que en esta ocasión no hice las compras directamente por cuestiones que sale de sobra que explique en este foro.

El último en el orden, sólo en eso, de Viña Santa Helena: Notas de Guarda 2009. Después del inmisericorde bombardeo de taninos a la lengua, viene este vino que a pesar de sus 14,5 grados de alcohol y sus 13 meses de roble francés, de primero y segundo uso, se siente ágil y ligero con aromas a ciruela madura, buen paso de boca y alcohol y tanino integrados. Nada que pueda ponderarse después del desfile de roble y alcohol. Aquí llegamos a la última cata de este año.

cata 191Va de Toros, de esa famosa región zamorana de aires cálidos. Para quienes han probado vinos de esta denominación, podrán coincidir de que se trata de vinos potentes,  mucho extracto, alcoholes altos y taninos rugosos. Para esos días que nos levantamos con ánimos  de un vino moderno y dejar a un lado las sutilezas. Pues bien, aquí empezamos con el primero de la tarde. Gran Colegiata Barrica 2010 de bodegas Fariña, con apenas 4 meses de barrica. Aromas a lavanda y fruta negra, un vino sin aristas, frutal; arándanos maduros, buen paso y final discreto, taninos vivos sin arrancar la lengua. Repetible.

De la misma bodega procede el segundo: Fariña 70 Aniversario 2012 con 14,5  de alcohol por volumen. Notas ahumadas y fruta negra; zarzamora. Va de más a menos, de final astringente. Repetible.

Valpiculata 2006, Hollejos, notas dulces de regaliz tanino maduro y buena acidez. Para comprar un par de botellas.

Gran Colegiata Roble Francés 2009. Fruta roja, con un alcohol poco integrado que pierde el equilibrio. Inmemorable con causa.

Gran Colegiata Campus 2008, Aromas intensos a fruta negra y notas minerales. En boca el alcohol es evidente a tal grado que rompe la armonía, taninos maduros. Inmemorable con causa.

Gran Colegiata Reserva 2008. El de precio más elevado,  por arriba de los 600 pesos (35 dólares americanos). Mermelada de zarzamora, boca frutal con una nota dulce al final. Repetible aunque por el precio quién sabe.

CATA 190A raíz de un vino griego traído por Alfonso desde aquellas lejanas tierras, me di a la tarea de buscar otros vinos helenos para poder contrastarlos. Al no encontrar ninguno en las tiendas que visité, decidí comprar vinos «mediterráneos», que en teoría deberían de tener algo más en común, además de la influencia de esa zona. Aunque ya sabemos que hoy en día no es necesario romperse tanto la cabeza para encontrar vinos aburridamente semejantes. De hecho, es el pan nuestro de cada día. Pues así las cosas busqué un siciliano, algo de Cataluña (Priorat) y por qué no, un Côtes du Rhône, aunque hubiera preferido un Côte-Rôtie con esos aromas a tocino ahumado que he encontrado en algunos.

Empezamos con un blanco vinificado con garnacha blanca y xarel lo. Dos de las variedades cuyos resultados agradan a mi paladar, no sólo el cava, sino también en vinos tranquilos. Se trata del Massis 2012 con ocho meses en barrica y 14 graditos de alcohol bastante integrados. Un vino color pajizo brillante de destellos verdosos. Huele a pera, cera y en boca es mineral y con un final amargo muy sabroso. Para comprar un par de botellitas.

Santa Cecilia 2008. Aromas intensos a mermelada de higo, humo y  zarzamora. En boca está un poco desencajado de final áspero. Inmemorable con causa.

Galeana 2008 de la bodega Domini de la Cartoixa, en Priorat. Fruta negra; arándanos, vino redondo, buen paso de boca; acidez y tanino. El mejor de la noche. Repetible. Aunque rebasa la peligrosa barrera de los 500 pesos(30 dólares), cuando empiezo a ponerme exigente. Lo pensaría dos veces antes de volver a comprarlo.

Imiglikos Santo sin añada. Un vino desconcertante, «semidulce» indica la etiqueta, no sabemos de que está hecho dentro de las raras variedades griegas como: aghiorghitiko, limnio, mandelaria o xinomavro, aunque no descarto la cabernet sauvignon, cabernet franc, merlot, garnacha o la cinsault. Huele a granada, y notas cítricas, cáscara de naranja, ate de membrillo, a pesar de ser tinto a ojos cerrados parece un blanco. Es dulce poco denso con un leve cosquilleo en el paladar. Diferente, se antoja con un buen brie y una hogaza recién sacada del horno.

Côtes du Rhône 2008 de la Famille Perrin. Intensos aromas a humo, cerezas en licor. En boca tiene buena acidez, todo en equilibrio, pero sin cautivar. Bebible.

Por debajo de 200

Extranjeros por debajo de 200…

En una escapada a la tienda de vinos más grande de los alrededores de mi barrio, me di a la tarea de buscar vinos por debajo de los 200 pesos (10€ ), sin importar país, región o variedad. ¡Cuál sería mi sorpresa!  que cuando pasaba por los anaqueles de vino mexicano todos rebasaban ese precio, inclusive el Casa Madero cabernet sauvignon (etiqueta beige), arriba de los 250 pesos.

No quiero decir que no los haya, pudiendo encontrarlos en las tiendas de autoservicio, como pudieran ser los de L A Cetto con su cabernet sauvignon básico alrededor de 100 pesos,   Domecq con la línea XA…  Y de ahí para abajo Valle Redondo y  poco más. En este caso todos excedían escandalosamente la barrera preestablecida. Me parece increíble que sea más fácil encontrar vinos importados de más bajo precio que los nacionales. Y me remite a una indubitable e ineluctable hecho: los precios de los vinos mexicanos cada día son más altos. La balanza está muy cargada hacia los vinos de 300, 400 y hasta las cifras de tres ceros… ¿Hay alguna buena razón…?

Así que como podrán adivinar no compré vinos mexicanos.

Empezamos con un blanquito para refrescar la garganta. Gewürztraminer 2011 de Viñas del Vero. Esta variedad me parece una de las más «femeninas», no conozco a ninguna mujer que no le haya gustado. Color pajizo brillante. Aroma intenso a níspero. En boca es abocado, con un final amargo que recuerda al agua quina. Si tuviera que encontrar algún pero, sería su acidez muy justita, le falta nervio. Repetible.

Syrah Gran Reserva 2011 de la bodega Santa Carolina. Esta marca no aparece en la página web, otro hecho que no es la primera vez que me sucede. Entiendo que hay  diferentes etiquetas para algunos mercados fuera del país de origen, pero podrían  incluirlos para los consumidores que se tomen la molestia de buscarlos  en su portal. En dónde más podría encontrarse la información. De color violáceo, huele a chocolate amargo, cerezas en licor, aunque no se advertía la madera, en boca es una lija que entumece la lengua y las encías. Hay quienes lo compararon con «un palo de paleta» haciendo alusión a aquellas veces en que se ronzaba el último trozo de hielo al quedar descubierto el palo que la sostenía. Inmemorable con causa.

Velvety 2012. Nariz discreta a flores secas así como entra sale… planito final tánico. Sin pena ni gloria. Corto como su descripción.

Les Héritiers 2012.  Hay quienes advertimos un deje a bicarbonato, su nariz no destaca, un vino bastante mudo.

Aguaribay 2009. Vino chileno de la bodega Flecha de Los Andes vinificado con malbec. Huele a mermelada de zarzamora, en boca tiene un cosquilleo, es cremoso, de taninos presentes sin molestar. Nada que cautive, un vino correcto.

Terroir La Baume 2012. Un vino que nos hizo dudar, al principio pensamos que estaba más allá que para acá. Notas acéticas en nariz y boca. Cansino, aromas químicos (acetona) Algo anduvo mal por el camino de este vino, desde la bodega hasta la mesa, habrá que probarlo de nuevo. ¿Quién se anima…?

Se abrió una polémica sobre los vinos «baratos». Hay quienes piensan que el precio va en relación directa con la calidad y el placer a la hora de descorchar ese vino. Yo sólo dejaría en el aire una frase de un amigo: «Es muy fácil defender un vino caro…»  ¿Qué opinan?