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Dos blancos: un riesling, el otro con una mezcla que incluye pinot noir y 3 tintos

Cuando leemos en la etiqueta «riesling» podemos pensar en un vino alemán o un austriaco, es raro que venga a nuestra cabeza México. En este caso la bodega Tres Raíces ha vinificado esta uva con resultados interesantes, tal vez sin mucha tipicidad. El primer blanco: Tres Raíces 2024 con cinco meses de crianza, aunque no menciona el tipo de madera o si es que la crianza se trata sólo del pulimiento en vidrio. Color amarillo pajizo, brillante y fluido. Huele a piña, hierba recién cortada y una nota cítrica al final. En boca tiene buena entrada y paso, el final es largo, buena acidez final con un dejo a agua quina. Para media caja.

El siguiente blanco es un L.A. Cetto 2024 vinificado con tres variedades: chardonnay, viogner y pinot noir. Amarillo pajizo, no se le ve ningún destello de la pinot noir. Huele a durazno, en boca es de acidez comedida, tiene algo de aguja y final acido. Repetible.

Casa Madero Merlot 2023. Color rubí. Huele a ciruela madura, piedra de río con un fondo de pétalos de rosa y una notita de cuero al final. Boca frutal, redondo y de final amargo. Para media caja.

Casa Madero 3V 2023. Un vino ofrecido por gran parte de los restauranteros, y que ha sido bien acogido por los comensales. Primer golpe a vainilla, hollejos. Tanino muy presente y final largo. Con una decantación de quince minutos antes del servicio quedaría mejor.

Casa Madero Gran Reserva Shiraz 2023. De 18 a 24 meses en roble. Huele a humo, fruta negra, con un fondo especiado a pimienta negra. Entra potente y se mantiene hasta el final, un vino con 13,9 de alcohol bien integrado, contundente con tanino de sobra. Repetible.

Quinto de la noche: un poblano

Una noche con escasa audiencia, como pocas, no recuerdo que se juntaran sólo cinco miembros. Además había escogido algunos vinos que me parecía interesante contrastar. Sobre todo el último: un vino de Puebla, que a pesar de ser el primer lugar donde llegó la vid a México, no es muy común ver vinos de ese estado en los anaqueles, por lo menos no hasta ahora.

Empezamos con un blanco vinificado con chardonnay y chenin blanc. 2V de Casa Madero añada 2024. Color verde-amarillento pálido, brillante y fluido. Huele a piña y notas de mango; un vino tropical y atractivo en nariz. En boca es mineral y frutal, con buena acidez y paso por boca, con un final largo. Por sus 397 pesos vale la pena, para media caja.

Después nos fuimos a los tintos de esta misma bodega, en Parras Coahuila. 3V 2023. Un vino de precio medio muy popular en restaurantes. Vinificado con cabernet sauvignon, merlot y tempranillo. Granate con menisco rubí. Huele a cerezas en licor, fruta negra y notas de pastelería. En boca es potente de tanino rugoso, final largo y astringente. Con una decantación me parece que se limarían esos taninos que enmascaran el conjunto. Para repetir.

Casa Madero Merlot 2022. Para mí el mejor de la noche, un vino con una nariz muy característica de la merlot: pétalos de rosa con notas de ciruela roja madura, notas de madera de fondo. Bastante redondo en boca con un tanino casi dulce, buena acidez. Para media caja.

Cambiamos de bodega y de región. Santo Tomás Syrah 2022. El primer golpe es a vainilla, quizás provenga de la barrica. Sólo indica: roble francés. Va de más a menos tanino y acidez comedidos, nada que enamore, un vino correcto. Inmemorable con causa.

El esperadísimo vino poblano de más de 850 pesos, no ha hecho justicia por el pecio. Entreerres 2021. Con 12 meses de crianza en roble francés. Lo primero que llama la atención es su etiqueta arrugada, «papel mojado» bastante original. Color granate pálido, apagado, fluido y velado. Nariz especiada a pimienta negra y con notas de pimiento verde. En boca pasa sin dejar huella, quizás el error fue ponerlo al último, después de haber pasado un grupito de tintos bien armados de taninos. Pero ha servido para hacer planes para visitar las faldas del volcán Popocatépetl en busca de esas tierras arenosas donde se encuentra algún viñedo perdido al igual que en las cercanías de Atlixco, quizás encontremos algo interesante ¡Abur!