Cada vez que tengo la oportunidad de viajar fuera de México aprovecho para hacerme de algunas botellitas de vino, tomando siempre en cuenta lo más atractivo del país que visito en cuestión. EE.UU. tanto por su cercanía como por su enorme oferta de vinos es uno de mis preferidos para llenar una cajita de seis y a veces hasta ocho botellas, depende de lo cargado que venga, mi presupuesto y la cantidad de botellas permitidas en la aduana. Para empacar las botellas siempre utilizo cajas, ya sea reforzadas, con poliuretano o envuelvo cada botella con las famosas burbujas de aire, ideales también para romper una por una en una tarde de ocio. Así que directamente documento la caja en el mostrador de la aerolínea y la recojo en la banda giratoria de mi destino final. Algo que me ha resultado muy práctico y que para muchos representa lo contrario, ya que siempre las quieren llevar cargando arriba del avión.
Después del 11 de septiembre de 2001; fecha que cambió por completo la concepción moderna de los viajes por avión. Las botellas de vidrio deben de meterse a la maleta, envueltas en ropa sucia o hacer las compras en el aeropuerto y cargar la bolsita del Duty Free para posarla a un lado de los pies o en el compartimiento de arriba, antes de que nuestro vecino ocupe ese lugar guardando un abrigo o un oso de peluche gigante o cualquier otra ocurrencia.

En mi último viaje hice algunas compras de vino de último momento en el aeropuerto. A la hora de pagar el par de botellas que escogí las metieron en una bolsa de plástico y la sellaron, de manera de que no pudiera abrirla… Ahora me pregunto: ¿Qué tan difícil es romper una bolsa de plástico…?  ¿Las botellas del duty free no son inastillables? ¿No podrían convertirse en una arma blanca…?
¿Alguien podría explicarme cuál es la diferencia entre las botellas que se compran fuera del aeropuerto en una tienda especializada de vinos y las que se compran en la tienda libre de impuestos…? Para que el tratamiento sea diferente.

Foto extraída de http://www.wn.com

Entre tannats…

El turno fue para Jorge y sus seis vinos uruguayos. Un país tan pequeño como interesante, con apenas 3 millones y medio de habitantes, colocado entre los primeros cincuenta países con mejor calidad de vida. Más de la mitad de su PIB proviene del sector de servicios.
Con 8,550 ha de viñedos produce poco más de 90 millones de litros al año. Su consumo per cápita es de 30 litros y tan solo el 3% de la producción se exporta. Los pocos vinos que exporta llevan como destino principal Brasil y Argentina, y son en su mayoría varietales de tannat, así como la malbec en Argentina o la carmenére en Chile, la tannat identifica a Uruguay.
Esta uva es oscura y tánica, aunque francamente no pude durante la cata encontrar su sello propio.
El hallazgo de la noche para mí fue el primer blanquito, se trata de un varietal de arriloba resultado del cruce de raffiat moncada y savignon blanc en el año de 1954, y comercializada en 1960. Bodega La Cruz de Florida y la marca del mismo nombre: Arriloba Vino Ecológico 2002 con algo de roble francés y sus ocho añitos presenta un bello color oro viejo, brillante y fluido. Sus aromas me recuerdan el níspero, cera, con alguna nota de queroseno para que al último huela a chicle de menta, en boca es cítrico y con algo de madera que le da un final amargo. Interesante y repetible. El segundo y todos los que siguieron fueron tannat. Castel Pujol 2005 acetona, cedro y alcohol, desequilibrado y amargo, desagradable. De la misma bodega que el blanco, un Cuna de Piedra, Oak Reserve 2007 fruta negra con notas de lavanda haciendo una sabrosa amalgama, alguna nota de pimiento en el fondo, frutal y largo. Muy bueno. El cuarto, de Bodegas Carrau es un Juan Carrau Reserva 2007. Cerrado, madera y alcohol lo que resalta, en boca es áspero, de final amargo: tosco. El Arerunguá 2007  pasa de los $400.00 (30 dólares) un precio difícil para competir. Aromas a piedra de río, fruta negra confitada, zarzamora buen tanino y acidez. El sexto y último: Amat Reserva 2004 sus $429.00 son difícil de justificar, me pareció un vino mucho más complejo y redondo, frutal y de tanino vivo y largo, pero nada que emocione. Me quedo con el tercero de la noche.

Aromas en la copa

Publicado: 22 octubre, 2010 en Cristalería
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Para quienes disfrutamos del vino, tenemos la costumbre de encontrar un sinfín de aromas en la copa. Los dividimos, los clasificamos y comentamos, frutales: zarzamora, ciruela, grosella, casis, cereza. Especiados: pimienta negra, pimienta blanca, clavo, tomillo, albahaca, nuez moscada… ya sé que parece una una lista de compras de supermercado, pero qué hay de aquellos aromas ajenos al vino, que ya vienen impregnados a la copa. Yo me pregunto cuántos aromas más percibimos fuera de los originales del vino. Como: el olor a trapo, jabón, pintura… que no son nada agradables. En alguna ocasión el olor a trapo mojado rayando en cartón pudo hacerme pensar que el vino tenía algo de «corcho». En otra el olor a cebolla era tan intenso que pensé que se trataba de algún defecto relacionado con los verdores de la fruta mal despalillada, pero en realidad las copas habían estado en la cocina durante la preparación de un platillo con mucha cebolla.

Hace unos años descubrí que muchos de los aromas a madera fina de caoba, que percibía en casi todos los vinos no provenían del vino, sino de una vitrina de este mismo tipo de madera, donde guardo mis copas y algunos de mis decantadores. La vitrina es muy vieja, tiene más de ochenta años, pero sigue impregnando las cosas que se meten en su interior. Debo confesar que son aromas muy agradables, pero que definitivamente no emanan del vino. Para quienes son partidarios del roble, ya tienen otra opción.

Dos de 90 por menos de 10…

La idea de que los vinos de alta puntuación en la escala de Robert Parker son muy caros, es bastante generalizada para quienes siguen los consejos del abogado de Maryland y su brazo derecho Jay Miller. De que lo valgan o no, es otro asunto. Menos de diez dólares parecería una ganga. Para mí nunca ha sido referencia mr. Parker y sus puntos, al contrario, pero tratándose de dos vinos económicos y atacado por un instante de curiosidad y aburrimiento, decidí llevarlos a la comida dominical. Caminando por los pasillos de Superama me encuentro con un Trio Reserva 2008, de la famosísima bodega Concha y Toro, un blanco de tres variedades y $120.00. Por otro lado un vino de la D.O. Cariñena de la bodega Grandes Vinos y Viñedos, vinificado con syrah de $100.00. Menos de 10 dólares cada uno.

El primero es un blanco del valle de Casa Blanca, al norte de Santiago, cuya fama definitivamente se la ha ganado con los blancos. chardonnay + pinot grigio + pinot blanc, que al final huele y sabe a savignon blanc. Sus 13,9% de alcohol no se notan, un vino herbáceo, mucha hierba recién cortada, heno, y una nota de fruta amarilla de durazno. En boca es agradable, sencillo, abocado, de buena acidez y con un ligero toque amargo al final. Un vino perdido en el anonimato. Tal vez. Sin personalidad. También, pero que tampoco molesta beberse un par de copas. Lo prefiero a muchos otros chilenos con precios del mismo rango.

El tinto es un cariñena vinificado con syrah; Beso de Vino, Selección 2009 con apenas 13,5 de alcohol nada grave para un syrah parkerizado. Aromas de baja intensidad a tostados y fruta negra, tanino suave, y acidez justa. Nada que raspe la lengua ni caliente la garganta… ¿Tiene madera? ¿Es de Parker…? Dos vinos que jamás hubiera imaginado que sus puntos se elevaran por arriba de los 75, con los criterios del propio Parker y sus secuaces. ¿Estará cambiando su paladar?

Desde que empecé a interesarme en el mundo del vino, leyendo y probando, ha habido mucha gente que me pide consejo sobre alguna supuesta grandiosa colección de botellas heredada o dada en pago por alguna razón. No es raro que entre alguna de ellas sean rescatables verdaderas joyas. Recuerdo aquel mítico Marqués de Riscal 1947 perdido entre botellas de champán comerciales y con el nivel a la mitad. En esa misma colección un Viña Tondonia cuya añada no quedó muy clara (1913-1914) a cambio de eso apuntaba en la etiqueta que se trataba del «sexto año de plantación». Ya he mandado un correo a Ma. José López Heredia, para saber de que se trata. Estoy seguro de que habrá una historia detrás que pueda contar en este espacio.
De otra tanda de vinos conservo recuerdos de aquel Martínez Lacuesta Reserva Especial 1922. De esta colección todavía hay algunas botellas en mi bodega a pesar de mis amigos y de varias «operaciones escoba» para ir gastando algo de lo que sobra o de las botellas que pienso que van en plena picada. Hace poco menos de una semana me invitó un amigo a que echara el ojo a una tanda de vinos de un restaurante. Su hermano quería vender algunas de esas botellas y él no tenía idea del precio. Se trata de una colección de vinos mexicanos en su mayoría, con algunas excepciones, como tres o cuatro botellas de Cabo de Hornos de distintas añadas entre otras botellas riojanas.

Difícil interpretar el valor de algunos lotes, en primer lugar porque soy un aficionado. En su mayoría las botellas de este lote tenían buen nivel, todas arriba del hombro, aunque las etiquetas estaban bastante deterioradas. No es que yo en lo personal me fije mucho en eso pero definitivamente puede repercutir en el precio. Pero hagamos un paréntesis… ¿Qué valor se puede dar a una botella teniendo sólo en cuenta el precio de la misma, pero de una añada más reciente en tienda? ¿Cuánta gente estará dispuesta a comprar una botella con la etiqueta deteriorada, sin factura? Son preguntas difíciles de responder. No es lo mismo llevar a Christie´s una caja de Haut Brion 1964 en perfectas condiciones de guarda, que unas botellas casi olvidadas en el sótano de la abuela. La mayoría de la gente piensa que tiene un gran tesoro, y se decepciona al saber la realidad, aunque también hay gente que no tiene ningún interés en el vino y cuenta por alguna extraña razón con una colección interesante. Mi legado podrá ser modesto, pero esmeradamente escogido y cuidado. ¡Ojalá que mis hijos sepan apreciarlo!

Domaine Montille

Publicado: 11 octubre, 2010 en Vino
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Volnay, Champan, Domaine Montille 2004

Una de mis tareas pendientes era probar algún vino de Montille, aquel viejito productor tradicional en Volnay, en la opulenta zona de Côte de Beaune. Tarea asignada después de ver la película documental Mondovino. Pronto cayó la botella, y con apenas unos meses en bodega la descorché hace un par de días. Domaine Montille, Champans 2004. Un premier cru que junto al viñedo de Les Santenots-du-Milieu, tienen fama de dar vinos elegantes y expresivos. Color ladrillo, borde ocre, bastante evolucionado, brillante y fluido. En nariz domina lo térreo, trufa, hojarasca, musgo, tabaco rubio curado con notas ahumadas y de caza, rayando en almizcle. No sé si últimamente me he vuelto más sensible al alcohol, pero me parece que tiene una arista bastante perceptible, a buena temperatura. Al leer en la botella 13,0 % de alcohol, me parece que le faltó integrarlo en vidrio. ¿Será que está muy joven a pesar de su color y aromas?

Jackson-Triggs, Sunrock Vineyard, Shiraz 2007

De regreso de su estancia de un año por tierras canadienses, un amigo generosamente me trajo una botellita de vino vinificada con shiraz. Jamás hubiera pensado en esta uva en tierras tan septentrionales, si bien es cierto que Toronto durante el verano puede alcanzar temperaturas arriba de los 35ºC, siempre había relacionado a Canadá con la vidal y la pinot noir. Así que para mí fue un excelente regalo y una buena oportunidad de acercarme a estos vinos. ¿O será que con lo del «cambio climático» empiecen a plantar vides en Alaska…?

La bodega es Jackson Triggs, y su shiraz; Jackson-Triggs Sun Rock Vineyard 2007. Es un shiraz sin la potencia desbocada de algunos australianos, ni la profundidad de los del Ródano, algo completamente justificable ya que en el Ródano no la vinifican como varietal, sino que la mezclan con varias uvas. Color violáceo, brillante. Huele a zarzamora con una nota vegetal y de pimiento, de repente entra en un letargo olfativo, ¿dónde se ha ido el olor?… En boca es ligero tirando a plano, le falta acidez, de tanino limado y agradable en su conjunto, dejando de pensar que se trata de un shiraz. Por momentos se hacen muy evidentes sus 14,4 % de alcohol ¿Cómo obtuvo tal octanaje en tierras tan frías?

No dudo que existan otras bodegas en Canadá que vinifiquen la shiraz, sería muy pretencioso pensar que todos los vinos sean semejantes así que este sólo lo puedo considerar como una pequeña muestra de lo que se puede encontrar en la tierra de la hoja de maple, fuera del tradicional icewine.

Vino conmemorativo

Publicado: 23 septiembre, 2010 en Novedades, Vino

Cuna de Tierra 2009, ¡Grata sorpresa!

En una fecha tan memorable y cacareada como el bicentenario de la Independencia no podía faltar un vino conmemorativo. Hubo algunas bodegas, pocas, que sin perder el tiempo sacaron a la venta sus vinos con etiquetas alusivas a la fecha. Mi primer encuentro fue en Palacio de Hierro. Se trata de un vino tinto de una región donde hasta ahora me entero que produce vino. Dolores Hidalgo en el estado de Guanajuato, cuna de la Independencia.

Cuna de Tierra 2009, vinificado con cabernet sauvignon, syrah, merlot y cabernet franc. Excelente carta de presentación de la bodega Vega Manchón, ya que por lo menos un servidor no la conocía, de hecho no pensé que hubiera viñedos en esa zona. Según su enólogo Juan Manchón, las vides son de 7 años, primera persona sensata que no cacarea vides viejas. Como dice un buen amigo; últimamente están plantando muchas vides centenarias… Mi asombro fue creciendo en la medida que iba desmenuzándolo. Es un vino de color rubí de capa media, brillante, frutal, mucha fruta negra, ciruela con una nota de humo que se funde maravillosamente en nariz. En boca es redondo, de tanino sedoso, acidez perfecta que crece a cada trago. Recomendable sin duda aunque por casi $500.00 lo hace entrar en un rango donde empiezo a ponerme muy exigente, y donde hay otros vinos de mucho prestigio ganado en muchos años. Mis maridajes no son los más ortodoxos, como en este caso, un jamón serrano que sin ser bellotero es un buen jamoncito español, con un manchego poco curado. Habrá quien diga que va mejor con un fino o un manzanilla y tiene mucha razón.
Hay otros vinos conmemorativos que poco a poco iré descorchando y comentando.

Para desgracia de muchos en este día quisiera decirles que hay más razones para seguir escribiendo en este blog, que la única que tenía para cerrarlo. No se trató de un arrebato mañanero, ni tampoco, como la letra de aquella famosísima canción de José Alfredo Jiménez: no me amenaces… Nada de eso. Fue una sincera decisión de cerrar las puertas y mudarme al otro sitio.
Por supuesto que no conozco a toda la gente que ha gastado parte de su valioso tiempo a leer Gota a gota, pero con la gente que ha escrito comentarios me basta y me sobra para seguir adelante.

En el fondo debo reconocer que bloguear es uno de los actos más narcisistas que puede experimentar el ser humano. Muchos, o mejor dicho la mayoría, buscamos en menor o mayor grado el reconocimiento de los demás, me atrevo a decir que existen sólo dos clases de blogueros: los narcisistas ególatras y quienes no lo reconocen.

El blog no sólo me sirve de distracción y pasatiempo, sino que se ha vuelto necesario para mí. Pienso que este conato de cierre me ha servido mucho para valorar el tiempo que he invertido en él, muchas horas en el teclado, largos momentos ausente de mi familia, contando mis experiencias con el vino y la comida. No pueden morir así como así. Lo de menos sería borrar la entrada anterior y seguir como si nada, pero prefiero que permanezca patente este momento de titubeo. Escribiré lo mismo de siempre, este tampoco ha sido un alto para mejorar, ni mucho menos. Que quede bien claro.

Pero sí aprovecho no sólo para lavar el rostro de este espacio, con un poco de jabón y agua, sno para cambiar radicalmente de aspecto con una cirugía mayor… ¡Espero les guste!

Así que sin perder más el tiempo en rollos, pasemos a la siguiente entrada.

Un fuerte abrazo a todos

La última y nos vamos…

Publicado: 11 septiembre, 2010 en Despedida
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Todo en la vida tiene un principio y un fin. Este blog, por más de un año, ha sido para mí un gratificante espacio de catarsis y una forma de estar actualizado y en contacto con la gente que se identifica con el Mundo del Vino. Por desgracia hay momentos complicados y tediosos que demandan mucha atención y tiempo, tiempo y ánimos que no tendré para dedicar a este queridísmo espacio. Así que prefiero retirarme con algo de audiencia y no esperar a que este sitio se empolve y cuarteé. Un año y medio, 23,568 visitas, 135 entradas, 791 comentarios, son las cifras finales. Me despido con tristeza  y agradecimiento para toda la gente que amablemente ha pasado por aquí para leer y dejar sus gratos comentarios.

En verema.com me han abierto generosamente un espacio en su sección de blogs, para que siga escribiendo, quizás no con tanta frecuencia, pero sí con la misma entrega. Han emigrado gran parte de la información de este blog. Gota a gota en Verema , además de vinos catados y otros artículos que he escrito a lo largo de ocho años. Los espero por allá para seguir en contacto. Además de la cuenta de correo: benjamin@gotaagotablog.com, así como también la cuenta de twitter: @gotaagotablog

Muchas gracias y hasta pronto.