Domaine Montille

Publicado: 11 octubre, 2010 en Vino
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Volnay, Champan, Domaine Montille 2004

Una de mis tareas pendientes era probar algún vino de Montille, aquel viejito productor tradicional en Volnay, en la opulenta zona de Côte de Beaune. Tarea asignada después de ver la película documental Mondovino. Pronto cayó la botella, y con apenas unos meses en bodega la descorché hace un par de días. Domaine Montille, Champans 2004. Un premier cru que junto al viñedo de Les Santenots-du-Milieu, tienen fama de dar vinos elegantes y expresivos. Color ladrillo, borde ocre, bastante evolucionado, brillante y fluido. En nariz domina lo térreo, trufa, hojarasca, musgo, tabaco rubio curado con notas ahumadas y de caza, rayando en almizcle. No sé si últimamente me he vuelto más sensible al alcohol, pero me parece que tiene una arista bastante perceptible, a buena temperatura. Al leer en la botella 13,0 % de alcohol, me parece que le faltó integrarlo en vidrio. ¿Será que está muy joven a pesar de su color y aromas?

Jackson-Triggs, Sunrock Vineyard, Shiraz 2007

De regreso de su estancia de un año por tierras canadienses, un amigo generosamente me trajo una botellita de vino vinificada con shiraz. Jamás hubiera pensado en esta uva en tierras tan septentrionales, si bien es cierto que Toronto durante el verano puede alcanzar temperaturas arriba de los 35ºC, siempre había relacionado a Canadá con la vidal y la pinot noir. Así que para mí fue un excelente regalo y una buena oportunidad de acercarme a estos vinos. ¿O será que con lo del «cambio climático» empiecen a plantar vides en Alaska…?

La bodega es Jackson Triggs, y su shiraz; Jackson-Triggs Sun Rock Vineyard 2007. Es un shiraz sin la potencia desbocada de algunos australianos, ni la profundidad de los del Ródano, algo completamente justificable ya que en el Ródano no la vinifican como varietal, sino que la mezclan con varias uvas. Color violáceo, brillante. Huele a zarzamora con una nota vegetal y de pimiento, de repente entra en un letargo olfativo, ¿dónde se ha ido el olor?… En boca es ligero tirando a plano, le falta acidez, de tanino limado y agradable en su conjunto, dejando de pensar que se trata de un shiraz. Por momentos se hacen muy evidentes sus 14,4 % de alcohol ¿Cómo obtuvo tal octanaje en tierras tan frías?

No dudo que existan otras bodegas en Canadá que vinifiquen la shiraz, sería muy pretencioso pensar que todos los vinos sean semejantes así que este sólo lo puedo considerar como una pequeña muestra de lo que se puede encontrar en la tierra de la hoja de maple, fuera del tradicional icewine.

Vino conmemorativo

Publicado: 23 septiembre, 2010 en Novedades, Vino

Cuna de Tierra 2009, ¡Grata sorpresa!

En una fecha tan memorable y cacareada como el bicentenario de la Independencia no podía faltar un vino conmemorativo. Hubo algunas bodegas, pocas, que sin perder el tiempo sacaron a la venta sus vinos con etiquetas alusivas a la fecha. Mi primer encuentro fue en Palacio de Hierro. Se trata de un vino tinto de una región donde hasta ahora me entero que produce vino. Dolores Hidalgo en el estado de Guanajuato, cuna de la Independencia.

Cuna de Tierra 2009, vinificado con cabernet sauvignon, syrah, merlot y cabernet franc. Excelente carta de presentación de la bodega Vega Manchón, ya que por lo menos un servidor no la conocía, de hecho no pensé que hubiera viñedos en esa zona. Según su enólogo Juan Manchón, las vides son de 7 años, primera persona sensata que no cacarea vides viejas. Como dice un buen amigo; últimamente están plantando muchas vides centenarias… Mi asombro fue creciendo en la medida que iba desmenuzándolo. Es un vino de color rubí de capa media, brillante, frutal, mucha fruta negra, ciruela con una nota de humo que se funde maravillosamente en nariz. En boca es redondo, de tanino sedoso, acidez perfecta que crece a cada trago. Recomendable sin duda aunque por casi $500.00 lo hace entrar en un rango donde empiezo a ponerme muy exigente, y donde hay otros vinos de mucho prestigio ganado en muchos años. Mis maridajes no son los más ortodoxos, como en este caso, un jamón serrano que sin ser bellotero es un buen jamoncito español, con un manchego poco curado. Habrá quien diga que va mejor con un fino o un manzanilla y tiene mucha razón.
Hay otros vinos conmemorativos que poco a poco iré descorchando y comentando.

Para desgracia de muchos en este día quisiera decirles que hay más razones para seguir escribiendo en este blog, que la única que tenía para cerrarlo. No se trató de un arrebato mañanero, ni tampoco, como la letra de aquella famosísima canción de José Alfredo Jiménez: no me amenaces… Nada de eso. Fue una sincera decisión de cerrar las puertas y mudarme al otro sitio.
Por supuesto que no conozco a toda la gente que ha gastado parte de su valioso tiempo a leer Gota a gota, pero con la gente que ha escrito comentarios me basta y me sobra para seguir adelante.

En el fondo debo reconocer que bloguear es uno de los actos más narcisistas que puede experimentar el ser humano. Muchos, o mejor dicho la mayoría, buscamos en menor o mayor grado el reconocimiento de los demás, me atrevo a decir que existen sólo dos clases de blogueros: los narcisistas ególatras y quienes no lo reconocen.

El blog no sólo me sirve de distracción y pasatiempo, sino que se ha vuelto necesario para mí. Pienso que este conato de cierre me ha servido mucho para valorar el tiempo que he invertido en él, muchas horas en el teclado, largos momentos ausente de mi familia, contando mis experiencias con el vino y la comida. No pueden morir así como así. Lo de menos sería borrar la entrada anterior y seguir como si nada, pero prefiero que permanezca patente este momento de titubeo. Escribiré lo mismo de siempre, este tampoco ha sido un alto para mejorar, ni mucho menos. Que quede bien claro.

Pero sí aprovecho no sólo para lavar el rostro de este espacio, con un poco de jabón y agua, sno para cambiar radicalmente de aspecto con una cirugía mayor… ¡Espero les guste!

Así que sin perder más el tiempo en rollos, pasemos a la siguiente entrada.

Un fuerte abrazo a todos

La última y nos vamos…

Publicado: 11 septiembre, 2010 en Despedida
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Todo en la vida tiene un principio y un fin. Este blog, por más de un año, ha sido para mí un gratificante espacio de catarsis y una forma de estar actualizado y en contacto con la gente que se identifica con el Mundo del Vino. Por desgracia hay momentos complicados y tediosos que demandan mucha atención y tiempo, tiempo y ánimos que no tendré para dedicar a este queridísmo espacio. Así que prefiero retirarme con algo de audiencia y no esperar a que este sitio se empolve y cuarteé. Un año y medio, 23,568 visitas, 135 entradas, 791 comentarios, son las cifras finales. Me despido con tristeza  y agradecimiento para toda la gente que amablemente ha pasado por aquí para leer y dejar sus gratos comentarios.

En verema.com me han abierto generosamente un espacio en su sección de blogs, para que siga escribiendo, quizás no con tanta frecuencia, pero sí con la misma entrega. Han emigrado gran parte de la información de este blog. Gota a gota en Verema , además de vinos catados y otros artículos que he escrito a lo largo de ocho años. Los espero por allá para seguir en contacto. Además de la cuenta de correo: benjamin@gotaagotablog.com, así como también la cuenta de twitter: @gotaagotablog

Muchas gracias y hasta pronto.

La etiqueta está muy ad hoc... ¿o no?

La etiqueta está muy ad hoc… ¿o no?

Mientras mi mujer hacía las compras de la semana decidí echar un vistazo a la sección de vinos y licores. Dentro de las novedades en cervezas importadas encontré una hecha de frutos del bosque. Lo primero que pensé es que se trataba de uno de tantos licores de fruta, tipo cooler, pero no, decía bien claro en la etiqueta; c-e-r-v-e-z-a de frutos del bosque y más abajo:

«Un nuevo concepto de cerveza, una nueva forma de tomar y disfrutar… con esencias frutales de frutas del bosque. Fue elaborado con el fin de satisfacer el paladar mexicano». (…)

Mi primera reacción fue dejarla donde estaba, darme la vuelta y seguir mi camino, pero me pudo más la curiosidad. ¿A qué sabrá…?. Así que volví al anaquel y la metí al carrito. Una vez en casa en la comida dominical, saqué discretamente la botellita y me dispuse a abrirla para probar. El primer tufo fue algo así como de pastillas «charms» la de sabor cereza, quien se acuerde de ellas sabrá que venían en paquetes y en varios colores y sabores. El primer trago fue una mezcla de cerveza diluida con algo de jarabe para la tos, fue lo peor, lo demás no me desagradó tanto: cerveza con frambuesa, ligeramente dulce.

Mi experiencia con esta rara cerveza me lleva a varias reflexiones en esta tarde lluviosa de domingo. La primera: ¿hasta dónde llegarán las empresas con sus sofisticados departamentos de mercadotecnia? llegarán algún día no muy lejano a ofrecernos bebidas con sabor a rocas lunares. Se imaginan a un hombre corto de estatura, calvo, de bata, con lentes y con su libretita, rascándose la cabeza y haciendo un «check list» ¿Qué bebidas alcohólicas se han inventado hasta el momento…? Vino de uva… ya, vino de arroz… ya, de piña…ya, de guayaba…ya. Y tras un día de sesudo escrutinio, llegar a la conclusión de que faltaba la esperadísima cerveza-de-frutos-del-bosque.

La segunda: ¿Quién está capacitado para opinar sobre la calidad o sobre lo que se tenga que opinar de las cervezas de frutos del bosque? A mí no me gustó. Lo mío no es la cerveza y menos la de frutos del bosque, pero debe haber alguna persona que haya probado más de una de estas cervezas y que tenga el paladar calificado para dar una opinión más sustentada.
Algún profesor, de los que no se olvidan, me decía hace años que el horizonte se abre en la medida que vayas probando todo lo que te rodea… Bueno, no todo. Le decía yo. El conocimiento llega con la experiencia, es decir, yo no puedo opinar sobre la cerveza ya que es la primera vez que la pruebo, lo único que puedo decir es si me gusta o no. Algo que hemos olvidado quienes pensamos en las complicaciones del vino. Si lo transferimos al vino, que es donde quería llegar, la situación es aún más evidente. Me encuentro a mucha gente opinando sobre un vino determinado, metiéndose en varios enredos que lo pueden llevar a un laberinto sin salida, hablando con la seguridad que sólo da la ignorancia; sin tener ninguna experiencia previa: No digamos con otros vinos, ni siquiera con el vino que tiene en la copa, frente a sus narices…Cuando sería mucho más fácil decir: me gusta, o no me gusta.
Cada vino es diferente, existen diferencias entre una botella y otra; de una misma añada, de una misma bodega y hasta de una misma caja. A veces pienso que sobran las palabras y que deberíamos estar más abiertos a nuestros sentidos para disfrutar, o tirar el vino al fregadero… Me gusta o no me gusta. Así de simple.

¿2003 o 2004…?

El 25 de agosto pasado Germán Dehesa Violante anunciaba a sus lectores en Gaceta del Ángel su terrible padecimiento. Cáncer. No sé dónde ni cuándo empezó todo, pero ayer supe que perdió la batalla. Hombre de letras, de pluma aguda y crítica, con un humor tirando a negro. Sin duda de mis favoritos. Así que en honor a don Germán, El Charro Negro, bajé a la cava y junto con mi mujer nos bebimos un borgoñita.
Domaine Jean Grivot es una bodega de la que no había probado nada, aunque dejé escapar un detalle. La añada. Se trata de un Chambolle-Musigny, La Combe D´Orveaux, 2003, los calores de ese año han dado vinos con mucha azúcar y poca acidez. A veces me pregunto si es mejor ignorar ciertas cosas a la hora de descorchar una botella, sobre todo tratándose de aspectos que vayan en contra de ese vino. El caso es que lo descorché con cierto escepticismo. Tardó algo en abrir, su nariz no es muy intensa; algo de fruta roja, mi esposa decía cereza yo frambuesa, algunas notas térreas de trufa y tierra mojada, pero muy leves, una nota especiada a tomillo era más evidente. En boca todo empieza bien, pero al final se hace hueco le falta profundidad y algo de armazón. Mis intenciones eran despedir a don Germán con algo mejor, pero conste que los borgoñas son de mis preferidos, aunque a veces no es posible dar en el clavo. Por cierto algo que nos ha intrigado mucho en el corcho, es un «4» debajo del «3» a manera de corrección… Caprichos de la naturaleza ya que el corcho es finalmente un pedazo de madera, algunas imperfecciones han tomado la forma de ese poco recurrente «4». ¿Qué habrá pasado con esa añada… fue mejor?

Corchos con sus bozales

Corchos con sus bozales

Por desgracia nuestro amigo Carlos no pudo llegar a la cita por motivos de salud de su señora madre, desde aquí nuestros mejores deseos para que se recupere pronto.
El caso es que las botellas ya estaban listas y alguien tenía que dirigir la cata. Ese fui yo. Así que me metí a internet para averiguar aquello de que el cava no es sólo catalán, además de las nuevas variedades «mejorantes» encabezadas por la chardonnay.
Para la gran mayoría pensar en cava es sinónimo de vino espumoso catalán, 200 millones de botellas, el 95% de la producción anual de cava procede de Cataluña. En 1872 Josep Raventós fue el pionero en la elaboración de espumoso en España. Pero hay que recordar que en Rioja y Álava también se producen estos vinos, siguiendo la línea hacia el sur; Valencia produce cava y aún más al sureste en tierras de dehesas como en Badajoz. Me parece muy interesante en un futuro cercano organizar una cata de estos vinos poco conocidos fuera de España. El cava como cualquier otro vino varía su calidad desde vinos muy baratos hasta cavas de mucho prestigio, cuyo precio no alcanza los del champán. Una de las uvas para vinificar rosados es la trepat, autóctona de Conca de Barbera, según datos del diccionario del vino. Otras tintas más conocidas son la pinot noir y la garnacha tinta para mezclar y así producir rosados.
El primer cava de la noche fue un Cordón Negro de la bodega Freixenet, un cava de producción industrial vinificado con 60% parrellada y el resto macabeo. Frutal de boca cítrica y manzana verde, a pesar de ser brut se nota algo de azúcar residual, de muy buena acidez. Seguimos con Peñalba López Brut nature, mucho más seco y final amargo, muy calizo y de burbuja fina. Vilarnau Brut, vinificado con parrellada, macabeo y una pequeña proporción de xarel lo, cítrico y poco más.

De aquí en adelante fueron cavas de la bodega René Barbier, cuyas virtudes no son muchas. Unidimensionales sin la fuerza, la acidez ni la profundidad de los grandes cavas, a ojos cerrados los cambiaría por una botella de Clos Mogador de esta misma bodega en Priorat. Un vino moderno pero con cierto encanto. Lástima que sea tan caro. Les decía que empezamos con los René Barbier, hizo su aparición un rosado con bastante azúcar residual y falta de acidez, los resultados se los pueden imaginar… un vino que cansa el paladar al segundo trago. El semi seco que le siguió también le faltaba esa estructura que da la acidez en los espumosos. Por último un Brut Reserva, seco hasta la médula, bastante calizo. La verdad es que hay poco aún de donde escoger, algunas botellas aisladas en los aparadores. Espero que con el tiempo Agustí Torrelló Mata o Bodegas Gramona vayan siendo parte del repertorio de algunas tiendas de vino.

Les Granges 2007

Les Granges 2007

Recién desempacado de Acapulco lo único que concluyo es que será mejor para la próxima llevar el vino y las copas desde casa. Me sorprende la limitada oferta de vinos de Casa Palacio en comparación con Palacio de Hierro de Perisur, la tienda que más conozco de todas. ¿Estarán en lo correcto al pensar que la mayor demanda de vinos de calidad está en la Ciudad de México? Yo dejaría esta pregunta en el aire, ya que tengo mis serias dudas. Es que además la paupérrima oferta no llega ni siquiera a la quinta parte de la Ciudad de México, predominando los tintos, aunque esto último no me extraña en lo más mínimo.
En esta ocasión no he visitado la Europea pero puedo decirles que es la mejor opción en este puerto del Pacífico. La oferta culinaria en la zona nunca ha sido como para echar tiros, conocimos el Forno di Gio, un restaurante italiano que sin mirar los precios es aceptable, pero una vez que traen la cuenta las pretensiones a la hora de cobrar son exageradas. El vino de la casa a $95 la copa, lo sacan de una pequeña barrica, aún así no está mal. Yo me imaginaba chupando una duela recién barnizada.

En muchas ocasiones el vino es el protagonista de la tarde, y en segundo lugar la comida. De manera intencional hoy a quedado de manifiesto lo anterior. Bajé a la cava y he sacado de su nicho el único chinon que quedaba. Se trata de Les Granges 2007, de Bernard Baudry. Hermoso color carmín. Nariz muy sugestiva a ciruelas y grosellas maduras con notas de casis, tamarindo y barro. En boca es suave de acidez perfecta, trago sedoso y amplio a la vez. Por lo regular para mi la comida pasa a segundo término cuando tengo en mente sacar alguna botella a la que le tengo ganas de tiempo atrás. No sé si sería capaz de descorchar un Rutherford de Napa con sardinas en tomate… Pero tampoco creo llegar a esos extremos. El caso es que hoy sábado mis hijos han pedido por teléfono dos pizzas: una preparada con peperoni y tomate, y la otra con jamón y piña, nada menos que de Dominos Pizza, la compañía del eslogan de los treinta minutos… Además la han pedido de pasta gruesa, sólo faltó lo del doble queso. Sin duda por esta ocasión como en muchas otras el protagonista ha sido este chinon de ese hermoso valle. Pero ambas partes hemos tenido lo nuestro, yo me conformo con el vino y ellos con la pizza.

El lunes por la tarde no es el momento más usual para una cata, además de que los ánimos no andan tampoco para estos acontecimientos, pero tratándose de una invitación del buen Jorge y ante su insistencia, me enfilé con otro amigo a uno de mis restaurantes favoritos, donde todo estaría listo para la cata. Como suele suceder el show empezó varios minutos tarde y la asistencia no fue muy nutrida, aunque había varias caras conocidas.

Horacio Sebastián Fuentes es un enólogo muy joven, a sus treinta años se le ha confiado la línea premium de la bodega chilena Ventisquero. Durante la presentación de los viñedos, la bodega y sus vinos, fuimos catando y maridando con algunas entradas preparadas con esmero por la joven y talentosa chef María Fernanda Arámburo. Empezando con un Chardonnay 2009 del Valle Central, color amarillo brillante con destellos verdosos. En nariz es limpio, intenso, manzana verde, notas de toronja blanca. En boca es cítrico. Limón y notas de lima. Unas croquetas rellenas de cangrejo, que conste que no alcancé a escuchar de que estaban hechas, el caso es que el vino no ha desentonado.

Queulat es un parque nacional y un glaciar, nombre que han escogido para una línea de vinos. Este primero es un  Queulat Carmenere 2008 está vinificado con un 5% de cabernet sauvignon… Para Horacio vinificar con cabernet sauvignon es la carta de presentación de todo enólogo, uva tinta más plantada en Chile, ocupando más del 40% de los viñedos. «El terroir tiene límites» (…) algo que me llamó la atención fue la manera como concibe el terroir. Cuando menciona los límites se refiere a la calidad de cada pago, no es lo mismo la chardonnay en Montrachet que en Casa Blanca. Defensor de la tecnología en los procesos de vinificación, aunque marcando una frontera no muy clara entre su uso y el abuso. Hasta ahí todo iba bien, coincido en lo general con estos planteamientos, pero cuando se refiere a la tipicidad de la uva en distintas regiones, me empiezo a poner algo ansioso, y rechina algo en mis entrañas. Si bien es cierto que la riesling del Mosela no es ni por equivocación la misma que en el Valle Clare en Australia, la tipicidad se pierde cuando los vinos son sometidos a crianzas en madera nueva y bien tostadita por infames periodos de manera indiscriminada, que lo único que hacen es ahogar la fruta en roble. Estas prácticas han sido muy populares en los últimos 25 años, así que poder reconocer un cabernet sauvignon chileno, español o argentino es como sacarse la lotería.

Siguiendo con el Queulat Carmenere 2008, domina la ciruela, la zarzamora, notas de humo y tomillo, de tanino pulido y acidez muy justa. Acompañado con unas tostadas de garbanzo. El tercero de la misma línea fue un Queulat Cabernet Sauvignon 2009, con 5% de syrah. Menos intenso que el anterior y con una arista alcohólica, quizás resultado de la temperatura. El mousse de roquefort definitivamente no va con este vino, un sauternes sería lo ideal. Su crianza se hace en un 20% de barrica de segundo uso y 40% de tercer uso. Interesante crianza para los estándares modernos, donde toda la barrica es nuevecita y muy pintadita de rojo en medio.

Por último probamos el Grey Syrah 2008, el vino premium de la bodega con 16 meses de barrica y uno en vidrio. Fruta negra y notas de lavanda. El canapé una calabaza de nueva Zelanda con reducción de balsámico, mucho mejor maridaje que el anterior.
En general me parecen tintos rayando en el anonimato, a pesar de que el enólogo haya proclamado el terroir a los cuatro vientos. Tintos muy parecidos unos a otros. Me han mandado por correo la lista de precios, pero no he podido abrir el archivo, aunque todo indica que los precios no son como para hipotecar la casa.

Fotos extraídas de ventisquero.com