Mouton Rothschild 1999

Publicado: 13 enero, 2011 en Vino
Etiquetas:

Mouton Rothschild 1999

Con motivo de un festejo importante para mí, a pesar del exceso de comida y bebida en recientes fechas pasadas, por fin he descorchado una botellita que llevaba guardada desde enero de 2006 y que me costó trabajo decidirme a sacar de la bodega. Chateau Mouton Rotschild 1999. Una añada que Michael Broadbent la describe como: más frutal que la primera vez que la probó en 1998, me imagino que fue una prueba en barrica)…»Very sweet, hovering between lisson and plump ripeness». Después dice que lo probó con «Harvé Berland:deep, velvety; -toasted- Cabernet aroma that open up beautifully . Fleshy noted again, dry finish end charm. (****) Atractive wine 2008-2025.

Siempre he pensado que la mejor manera de disfrutar el vino es tener la mente abierta, sin prejuicios. Pero por desgracia en la medida que se van descorchando más vinos, la mente empieza a encasillarlos y resulta más difícil no tenerlos. He confesado aquí varias veces que los vinos de añadas muy viejas tienden a parecerse. Esas notas de caza, de sangre, ahumados y en general notas animales que ganan con el tiempo en vidrio al producir proteínas hacen que los vinos sean muy semejantes. No importando su origen, como si se tratara de un destino final, que abarcara todos los vinos más allá de la madurez.

Con doce años y después de haberlo probado por primera vez hace cinco años, mis expectativas eran las de un vino de taninos firmes, buena acidez y mucha fruta, pero resultó un vino evolucionado desde su color, ocre y un poco velado. Con aromas terciarios muy arraigados: caza con pelo, ahumados, y notas lejanas de cuero y tierra. En boca es de buena acidez, de taninos completamente limados, té negro, ciruela pasa y maderas (cedro). Nada que ver con las expectativas de hace cinco años cuando lo probé por primera vez.

Notas de cata del 2001 al 2002

Revisando algunas viejas notas de cata del año 2001, sacadas de una libreta verde de pasta dura, encuentro algunos vinos interesantes que en este mismo momento me gustaría disfrutar una vez más. Estos años me han enseñado que las notas de cata generalmente sirven para muy poco, cuando dicen algo, y no sirven para nada cuando se escriben sin el alma. Simplemente son referencias someras para sus propios autores. Hoy poco me dicen de ese momento, es como si estuviera leyendo las anotaciones de una persona ajena.

Pero volviendo a la subjetividad de las notas, partamos del hecho de que cada individuo es diferente, así los estímulos externos tendrán distintas interpretaciones en cada persona. Hay quienes son más tolerantes a la acidez, otros al alcohol… Lo que para mí es tánico, tal vez para el vecino sea lo justo. Por esta razón los parámetros en una nota de cata son muy personales.

En esta libretita, regalo de alguna alma caritativa, aparece en la portada: «Wine & More, by mdm» adentro una breve explicación en alemán de la lengua y sus distintas partes que distinguen los cuatro diferentes sabores: Dulce, amargo, ácido y salado… Lo demás son hojas en blanco que yo utilicé para anotar algunas notas. En vista de que la libretita me gustó, decidí sólo escribir notas de cata de vinos «excepcionales».

Me ha sorprendido saber que mi primer encuentro con un Bonnes Mares fue el 14 de febrero de 2001, y era de la añada 1989, metido en la cava el 11 de julio de 1998. Y dice así:

Degustado en la noche… (…) antes era más escrupuloso en los detalles, faltó la hora y los segundos. «Luois Jadot, Bonnes Mares 1989. Nariz — Casis con notas de violetas y caza — carne— vainilla. Paladar, acidez, tanicidad (todo en blanco ???) Ataque franco, austero poca fruta.»

¡¡¡Woww!!! me sorprendió mucho que uno de mis Borgoñas preferidos no tuviera fruta… ¿Habrán cambiado mis gustos o mi paladar.?

El segundo: «Les Forts de Latour 1994, color rubí brillante, f. rojos, ciruela m., higo. Ataque franco, acidez +, taninos discretos.»

El tercero: «Chateau Margaux 1992, color — rubí brillantes, Nariz — aromático, frutos rojos, casis, trufa, notas de vainilla. Paladar— Buen ataque, final amargo, taninos presentes, joven, cuerpo medio + complejo.» Ésto fue el 11 de julio de 2001.

Y por último el 13 de julio de 2002 descorché un Vega Sicilia Único 1981. Tengo muy presente que éste fue regalo de la esposa de un político a una tía de mi esposa. Cuando llegó con la botella en brazos, a preguntarme si valía le pena… apenas la vi de reojo. Pero cuando ella leyó en la etiqueta: V-e-g-a S-i-c-i… no había acabado cuando volteé tan rápido que casi me disloco el cuello. ¿De quién es esa botella? pregunté. Tuya. Ya sabes que a mi tía no le gusta el vino. ¡Bendito sea que no le gusta el vino! ¿Te la dio para mí? Sí. Creo que cada vez quiero más a tu tía…

La nota:

Cada mes de diciembre la mayoría de los mortales nos proponemos cambiar ciertos hábitos para el año nuevo. Un rasgo muy humano, pero aún más humano es no cumplirlo. Así que no me he trazado metas sublimes, son bastante sencillas, precisas y fáciles de aplicar. Y son los propósitos siguientes:

1.- Beber poco, pero bueno. Este primer propósito no sólo está en un plano puramente hedonista, sino también porque debo bajar varios kilos que me sobran y estorban.

2.- Comprar menos vino pero que valga la pena, un año para dejar la experimentación. Ir a lo seguro.

3.-Leer más y escribir menos. Sin lo primero no puede hacerse bien lo segundo.

4.- Beber y disfrutar las botellas maduras; en su plenitud. Una tarea bastante complicada y no me refiero al hecho de consumirlas, si no a elegir las que estén en la cima. Casi nada…

5.- Compartir el vino y la charla con mis amigos, ya lo hago y lo disfruto, pero siempre es bueno recordarlo.

¡Mis mejores deseos para el 2011 y que todos sus buenos propósitos los puedan alcanzar!

Los tres en la lista…

Fin de año es un buen momento para reflexionar sobre el camino andado y por qué no, de lo bebido y lo que se quedó en el tintero, en este caso en los botelleros. Esta reflexión viene a colación ya que hace un par de días un amigo me decía que todo lo que guarda en su bodega no está para beberse, sino hasta dentro de varios años. Refiriéndose a las añadas del 2000 al 2007 de bodegas de Burdeos con mucho prestigio. Además de que puso en duda la evolución a favor de algunos vinos que reposan en mi bodega desde hace algunos años. Mouton Rotschild 93, 98, 99… Vinos que por una o por otra razón guardo de manera casi obsesiva. Mouton ha cambiado en la hechura de sus vinos, por lo menos es lo que algunos críticos han dicho, entre ellos da fiel testimonio Jonathan Nossiter en su película Mondovino, donde aparece el imperio de Mouton Rotschild como una fábrica de sueños… Vinos a la medida del consumidor norteamericano.

No sé si sea momento de descorchar algunos vinos casi olvidados en sus botelleros, pero me parece que para algunos Burdeos y Borgoñas veinte años son apenas suficientes para que comience en su interior la magia de la madurez. Esa evolución que hace sublime una copa de vino en su mejor momento, complejidad y profundidad en su máxima expresión. Premio a la paciencia.

En el caso de los Mouton, las etiquetas tienen mucho que ver con mi impulso de conservarlas por más tiempo. Hace algunos años compré una botella de la añada 1993 en EE.UU. país donde la etiqueta original del boceto de Balthus no aparece. La etiqueta «original» es la de una joven acostada con el torso hacia el lado izquierdo. Pero alguien de manera hipócrita no dudo en censurar la imagen imprimiendo sólo el color beige del fondo. Otra etiqueta que me llama la atención es la añada de 2008, de Rufino Tamayo, titulada El Brindis por. Único pintor mexicano que aparece en el repertorio desde 1945 en las diferentes etiquetas de este famoso vino, Premier Cru desde 1973. La última botella, la de 1999, no tiene para mí ningún valor especial. Se trata de un cabrito dando una coz. Su autor es Raymond Savygnac, cartelista francés que murió en 2002. Al parecer una buena añada, así que comenzaré por esta última.

Del proyecto televisivo del Grupo Lezama por internet WineTV by Taberna del Alabardero, me ha llegado por correo electrónico la entrevista al director de Freixenet José María Ferrer. Una entrevista un tanto informal, que ilustra la dirección que ha tomado Freixenet en los últimos años al elaborar además de cava, champagne y un tinto en Ribera del Duero. Lo comparto con Uds.

Cata 140, Navidad, Navidad!!!

Como cada año por esta fecha nuestra peña Vino Por Placer saca los manteles blancos, los sombreros de copa y deja que corra el vino. La razón es que celebramos nuestro aniversario, que en este año es el décimo segundo, la Navidad y la víspera de Año Nuevo. Así que los vinos tenían que estar a la altura del acontecimiento.

Los precios altos, cada vez menos en comparación con los de nuestro vecino del norte (EE.UU), y sobre todo la limitada oferta de diferentes añadas para poder hacer una vertical, me llevaron a dos de los pocos vinos que encontré con estas características: Chateau Duhart-Milon 2001 y 2004, y Chateau La Mission Haut Brion 1988, 1995 y 1997.

Empezamos la noche con algo de refrescantes burbujas: Drappier ya estaba dignamente representada en estas tierras por la excelente Zero Dossage de Pinot Noir pero no había visto todavía por los anaqueles la Carte D´Or, un champán ampliamente recomendado. Sin pensarlo mucho me hice de tres botellitas que además son de precio bastante comedido. Carte D´Or es para mi gusto una de las mejores de esta casa y de las más complejas en champanes sin añada. Color amarillo oro, brillante con extraordinaria burbuja fina que sube rápida formando la corona. Aromas intensos a frutos secos que se perciben apenas se sirve en la copa: mazapán, notas de moras, boca cítrica, muy bien amalgamada, de final largo.

Empezamos con los tintos con un buen ejemplar de Pauillac: Chateau Duhart-Milo 2001, cuya etiqueta afirma su semejanza con Domaines Barons de Rothschild. Nueve años dan sedimento y aromas terciarios ganados en botella… Parece un vino más viejo. Caza, cuero y notas ahumadas que después de media hora en copa aparece algo de fruta de manera tímida: cerezas en licor y mina de lápiz. En boca se nota la madera, y buena acidez. Chateau Duhart-Milo 2004 aromas marcados a tofe. Mi poca paciencia hizo que acabará el vino sin saber su evolución. De una de las mejores regiones de Burdeos descorchamos el primer Pessac-Leognan; Chateau La Mission Haut Brion 1988. Térreo y con notas ahumadas, trufa, tierra mojada y fruta roja, cálido y poco definido en boca. Chateau La Mission Haut Brion 1995 una de las añadas más cacareadas en Burdeos, un vino que muestra su juventud con un tanino bastante áspero todavía, y una excelente acidez como para guardarlo otros cinco años. El último fue un  Chateau La Mission Haut Brion 1997, me pareció sin duda el más redondo de los tres; muy frutal en nariz y mineral en boca, una mineralidad acentuada con una excelente acidez. El Vino de la noche junto con el champán.

Durante la noche hubo comentarios no muy favorables para los tintos. Una vez más compruebo que los vinos maduros distan mucho del concepto de bomba frutal de los vinos modernos que mucha gente tiene muy presente a la hora de emitir su juicio. La frontera entre lo sutil y lo plano, lo etéreo y diluido es apenas perceptible para pocos. La guarda del vino tal como se concibe hasta ahora puede estar en peligro de extinción. Y se trata nada menos que de una de las mejores recompensas para la gente con la suficiente paciencia para esperar que se dé la magia de los susurros de la madurez de un gran vino.

Quiero agradecer a Sergio por su entusiasmo para juntar todos los corchos de las catas y hacer dos magníficos cuadros conmemorativos del Grupo. Así como un porta-botellas de las mejores doce del año, un ingenioso adorno para recordar lo mejor que hemos bebido. Se ha rifado entre los miembros del grupo junto con botellas y regalos. ¡Felicidades a todos en esta gran fiesta!

Descorchados del 2009…

Cata 139, Riberas…

Hay días en los que mis sentidos son todavía más limitados que de costumbre, hoy es uno de ellos. Así que de antemano les digo que los seis tintos de Ribera del Duero de la cata me parecieron muy similares unos a otros, con algunas minúsculas diferencias. Sé que para los que distinguen de un matorral mediterráneo a uno de la montaña deben de pensar que mi ejercicio tiene un valor nulo, y puede ser que tengan razón, lo único que justifica mis anotaciones sobre cada vino es que son de un aficionado de nariz chata y papilas gustativas escasas y poco sensibles.

Sergio me había ofrecido llevar a un amigo a la cata para que nos mostrara los vinos que acaba de importar. Pero tratándose de México y su «simplificación administrativa» los mentados vinos siguen esperando turno en la aduana; quien sabe en qué condiciones y hasta cuando. Se ha podido rescatar una sola botella del embarque como muestra, las demás llevan algún tiempo en México en diferentes tiendas.

Comenzamos con la presentación de la bodega que aparece en el portal de su página. El primer vino fue el Carmelo Rodero cosecha 2008. Vino color rubí de capa media, brillante y con una nariz a zarzamoras y tierra muy amalgamada, discreto y de boca frutal de tanino rugoso. Seguimos con la misma bodega Carmelo Rodero crianza 2006 más complejo que el anterior y con notas tostadas y fruta roja madura, de buen peso y final largo. El último de esta bodega es un Carmelo Rodero Tinto Roble 2008 cuya añada me ha costado averiguar ya que no aparece en la etiqueta. Fruta negra, chocolate amargo y una nota floral a lavanda. El cuarto fue un Valdubón crianza 2007 más redondo que los anteriores; ciruela madura con notas térreas, pero de final diluido. Seguimos con el Valdubón Reserva 2006 bastante cerrado al principio, para después mostrar algo de fruta negra y notas especiadas a pimienta blanca, en boca es cremoso y de final amargo, puede sacar provecho de un par de años en botella. El último fue el vino rescatado de la aduana. Pinna Fidelis Reserva 2004 aromas a vainilla con un fondo frutal a moras y ciruela, aceituna verde además de una nota herbácea no muy definida, tanino firme y final amargo. Sin carácter, otro vino más de 40 dólares.

Resultado de la mercadotecnia pura…

Un paseo por la tienda local de vinos, para hacer tiempo más que para abastecerme de botellas, me ha dejado sorprendido. No precisamente por alguna oferta novedosa de las que me gustan, sino porque todavía no entiendo quién paga más de $100.00 por un Beaujolais Nouveau. En este caso piden el doble, y en otros lugares se atreven a pedir más.

Georges Duboeuf es el promotor de esta fiebre por comprar el beaujolais en el mes de noviembre y consumirse lo antes posible, ha creado el mecanismo perfecto para que la gente consuma un vino de manera irreflexiva, expedita y sin importar su precio.
¿Qué es un Beaujolais Nouveau? El término original fue Primeur (producto joven) cuyo auge aumentó poco después de la Segunda Guerra Mundial cuando se necesitaba de vino sin tener que pasar por procesos de crianza largos. Hoy ha quedado la costumbre de sacarlo a la venta después del tercer jueves de noviembre.

La palabra beaujolais procede del pueblo llamado Beaujeu en el siglo X. De manera común esta región es considerada dentro de la prestigiosa región de Borgoña, aunque la variedad utilizada sea la gammay. Para mucha gente se trata de una uva poco tánica cuyos vinos se beben jóvenes. Sería injusto clasificar los vinos de esta región bajo un mismo parámetro, sólo hay que recordar que los diez Crus son vinos que pueden evolucionar y ser más complejos, algo de lo que no nos tienen acostumbrados aquí en México, con la mayoría de ofertas de los beaujolais básicos.

Los Cru de Beaujolais son diez: St-Amour, Juliénas, Chénas, Moulin-Á-Vent, Fleurie, Chiroubles, Morgón, Regnié, Brouilly y Cote de Brouilly. Hace unos años probé un Moulin-Á-Vent, Remoissenet Pere & Fils 1966 un vino que me dejó gratamente sorprendido, y pude entender que la gammay tiene materia de sobra, no sólo para los Beaujolais Nouveau y los Village, sino para guardar por algún tiempo algunos Crus con excelentes resultados.

Foto extraída de la página de Georges Duboeuf

Nunca me he preocupado mucho por el maridaje, la mayor parte de las comidas con vino lo escojo primero para después pasar al menú. Ayer por la noche salí a cenar con la familia y un amigo a un restaurante donde me acordé que me habían aconsejado pedir la pizza de anchoas. Dentro de la carta en la lista de pizzas no aparecía. Así que hablé por teléfono a quien me recomendó la pizza. «No, esa pizza no aparece en el menú, pero pide que te la preparen». Así que sin perder más tiempo pedí que la prepararan y la metieran al horno. Nunca me detuve a pensar que las anchoas no habían sido nunca de mi agrado, desde que tengo uso de razón… ¿Por qué me iban a gustar ahora en una pizza? Tal vez la elocuencia de mi amigo a la hora de referirse a la pizza de anchoas me hizo perder de vista ese «pequeño detalle». Para completar la penosa escena había llevado en mi bolsita de neopreno un Prado Enea Gran Reserva 1995. No sin antes pedir una copita de blanco, un chardonnay de Ramirana, si no mal recuerdo. Alcohólico y amargo, además de caro.

Llegó mi amigo y compartimos la pizza. Al primer bocado le pregunté que si quería más, pero ya no pude evitar una sonrisa sarcástica. Moviendo la cabeza me respondió que estaba muy salada para su gusto… rematando con un: «es toda tuya».

El vino se mostró con muchas notas ahumadas y animales para que después saliera la fruta roja. Un vino que fue abriendo, pero que con la pizza hizo corto circuito, plano y con un fuerte sabor metálico… Inconfundible resultado del fosfato de algunos pescados como las sardinas, y los taninos. A esto le llamo un maridaje explosivo. Un blanquito de buena acidez y cuerpo pudo haber salvado el maridaje, pero no lo salado de la pizza. Ya sé que de las anchoas no puedo esperar otra cosa, tal vez con algunos pimientos, espárragos y unos pequeños pequeñísimos trozos de anchoas la cosa podría haber sido todo un éxito. Pero también hay que reconocer que de los errores se aprende más que de los aciertos. Desde hoy en adelante procuraré poner un poco más de atención al maridaje, por lo menos para que no resulte explosivo.

Mission Hill 2007

Un fin de semana largo, como los que acostumbramos a inventar aquí en México. Primero la cata del viernes y después unos cuantos descorches afortunados y otros no tanto.
Ya había comentado sobre un Shiraz muy septentrional, y es que Canadá me sigue pareciendo poco propicio para la maduración de esta uva, sobre todo en su parte fenólica. Por si fuera poco, Manuel me volvió a regalar otro Shiraz, en este caso se trata de un Mission Hill, Reserve 2007, de Okanagan Valley, en la costa del Pacífico Norte, muy cerca de Vancouver. Un vino cuya fruta esta completamente ahogada en el roble, sopa de roble con una arista alcohólica. Nada que ver con aquel primer Shiraz canadiense (Jackson-Triggs) que probé hace algunas semanas. Su color es picota de capa alta, aromas a tostados, cedro y notas especiadas de pimienta negra y clavo. En boca es escandalosamente alcohólico y amaderado. Sin duda me quedo con el primero.

Ayer por la tarde, fin del largo puente de los festejos de muertos, descorché un Bosconia Reserva 1996, un vinito que afortunadamente tengo unas cuantas botellas más de una caja que compré hace unos años. Una verdadera inversión, que iré descorchando sin prisa para observar su evolución. Ahora mismo no hay mucha diferencia con la última botella que descorché hace unos meses, quizá un año.

Bosconia Reserva 1996

Un vino que podríamos poner como ejemplo de una filosofía opuesta a la del shiraz canadiense… Sobrio, elegante, sin excesos, con mucha estructura que promete ir desarrollándose para llegar a la grandeza de los Bosconias de más de veinticinco años. Llegar a la vejez con mucha casta.
Hablando de blancos en días pasados también descorché un vino verde, Tres Marías sin añada, sencillo, limpio, pero con poca garra, le falta acidez, huele a manzana madura, mineral y con algo de burbuja, su fragilidad hace que estos vinos deban consumirse in situ, como aquella garrafa que compartí con Antoliano en Alentejo.
Ayer se acabó muy rápido un Macon-Village 2008. Sencillo sin muchas pretensiones, comprado en el super y que a cada trago se volvía más mineral, algo de fruta amarilla, manzana y pera, con notas calizas.