Viña Tondonia cosecha 1964

Se ha borrado la añada, o más bien, se ha desprendido parte de la etiqueta debido a la humedad de la cava. Esta botella es una de dos que traje de la bodega, regalo de Ma. José López Heredia, en el año de 2005. Veinte años guardada. Y en esta ocasión Ángel (capitán de meseros), a pesar del meticuloso cuidado que procuró al descorcharla, se ha quedado parte del corcho en la botella. Acto seguido, le pedí que la decantara.

Así como siempre he dicho que los vinos deberían de guardarse en buenas condiciones para que ganen con el tiempo y descubran su magia, sobre todo aquellos que merecen la pena, como es el caso. También debo reconocer que la evolución a favor tiene sus límites. Esta memorable botella de Tondonia había empezado su camino cuesta abajo, tomando en cuenta ese momento que buscamos con mucha paciencia quienes gustamos de disfrutar los vinos en su esplendor, y no perseguimos la satisfacción inmediata después de llevar una botella de la tienda a la mesa. A pesar de que los riojas de estirpe salgan más hechos de la bodega que los burdeos, que necesitan vidrio por algunos años antes de meterles el tirabuzón.

El vino presentaba un color ladrillo con ribete ocre, velado, quizás por la decantación no presentaba mucho sedimento en la copa. Aromas de cuero, tierra mojada, fruta confitada y algunas notas de pastelería. En boca domina la acidez con un tanino limado y final medio. En realidad habría que ponerse muy exigente para no reconocer que es un vino profundo que susurra al oído todo el tiempo que ha pasado antes de llegar a este descorche. Momento para brindar en compañía de un amigo con quien he descorchado cositas tan espectaculares como un Haut Brion magnum de la misma añada que este Tondonia. Así que ya somos compañeros habituales en esta aventura, tan sacrificada, de pasar lista a añadas y bodegas de este calibre. Él por su parte trajo de su bodega un Remirez de Ganuza Reserva 2012, un jovencito muy vivaracho que demostró tener vida suficiente para evolucionar a favor por lo menos diez o doce años más. Color picota ribete rubí, brillante y fluido. Aromas a fruta negra, bosque bajo, y notas especiadas a pimienta. En boca es de tanino presente, excelente acidez y final largo. Para comprar una cajita.

Ya no quedan más vinos en mi cava de 1964 del barrio de la Estación, pero quedarán en mi recuerdo hasta que parta de este caótico mundo, así como las historias que susurra cada botella especial. ¡Abur!

Portugueses asequibles

Con motivo de la venta de vinos portugueses y españoles en City Market, he escogido el repertorio de esta cata con seis portugueses. Marcas que en mi vida había visto, y muchos de ellos a precios abajo de los 300 pesos (16 dólares).

Avelada Fonte 2023 vino verde con 9,5 de alcohol por volumen. Amarillo pálido con reflejos verdosos, algo de burbuja grande. Nariz cítrica a toronja blanca, espino verde y notas de durazno. En boca se le nota el azúcar residual y la burbuja, pero como si sólo se tratara de un cooler, falto de acidez, nada que mueva a comprar otra botella.

Faena 2023, otro vino verde, éste con 10%. Amarillo pajizo, brillante. De nariz corta, pero con más acidez. Repetible.

Abelharuco 2022 de Alentejo. Al principio tiene una nariz química, para mi a fósforo, aunque alguien comentó que el primer golpe era de acetona. Se limpia con un poco de aire dando fruta negra y poco más. Paso amargo y al final aprieta la astringencia. Quizás decantándolo abra un poco. Repetible.

Fonta da Perdiz 2020, del Duero superior. Color violáceo, huele a hollejos. Austero de final amargo. Repetible.

Catarina 2021 Península de Setúbal. Esta región está a la mitad del territorio portugués, dando su península al Atlántico. Donde se produce vino desde los tartesos, 2000 años antes de Cristo. Huele a zarzamora, cerezas en licor, es tánico y de final amargo, le falta vidrio. Repetible.

José Piteira 2022. El último ha gustado menos, nariz a panadería, fruta roja. En boca es el menos astringente, acidez comedida y alcohol integrado. Repetible.

Parece que nada de lo que hemos probado esta noche levante suspiros. Seguiré comprando nuevas etiquetas portuguesas mientras siga la oferta, a ver si cae algo que valga realmente la pena.

Mini vertical 1982 y 2010

Hace unos días me reuní en un restaurante con un gran amigo, estaba pendiente el festejo de su cumpleaños, y yo le había ofrecido llevar una botella especial. Sin ponernos de acuerdo llevó la misma marca de una añada más reciente. Se trata del Gran Reserva 809, de la bodega Rioja Alta. Me comentó que sólo salía a la venta en los años excepcionales, cuando el enólogo consideraba que podían embotellarla. Me puse a revisar en el magnífico libro de Hubrecht Duijker; Atlas de los vinos de España, de donde he transcrito algunos datos interesantes. Se encuentra en el barrio de la Estación (donde llegan los trenes) «donde tiene su sede desde 1890«. «Alrededor de la mitad de la producción procede de las 300 ha de la firma». «La madera, la vainilla y el tanino tienen una firme presencia en el 904, un rioja tradicional y robusto que se conserva bien en botella«. Eso de que se «conserva» es un término que a mí no me ha gustado usar nunca, porque el vino no se guarda para conservarse, sino para evolucionar a favor, pero de vuelta citando el libro. «Lo mismo puede decirse del 890, que puede alcanzar una madurez avanzada sin agotarse y sólo se elabora en años excepcionales. En 1990, la casa produjo otro gran reserva especial, el Centenario 1890-1990. Sin duda estamos ante un gran vino riojano de la vieja escuela que ha cumplido con creces nuestras expectativas.

Llegué al restaurante con la botella procurándole mucho mimo, ya que se trataba de un gran reserva 1982. Pedí a Ángel, el capitán de meseros, que la descorchara con mucho cuidado. Y no lo pudo hacer mejor, dudo que yo no hubiera roto el corcho. Con un sacacorchos de laminillas, que yo mismo había llevado, sacó integro el corcho que ya presentaba signos de vejez; poroso, tintado y con perdida de flexibilidad, podía preverse la posible caída de un trozo dentro de la botella, pero no fue así.

Dejé medía hora el vino en reposo, tomó aire suficiente para limpiar los aromas de reducción sin necesidad de decantarlo. A continuación lució en la copa un rojo teja, ribete ocre, poco velado. Sus aromas embriagadores a vainilla, cera de abejas, bosque, capuchino y ciruela en sazón. Una delicia que podía oler toda la tarde. En boca tiene un tanino mullido, un paso espectacular y un final largo y profundo. Un vino que obliga a reflexionar la gran recompensa que recibes cuando tienes la paciencia de esperar, y también de guardar tus vinos en un buen lugar para que completen esa magia.

En cuanto al Gran Reserva 890 añada 2011, como era de suponerse y a pesar de sus 15 años, goza de juventud, aunque ya se pueden ver esos signos del mismo ADN de su abuelo. Picota capa media, fluido y brillante. Huele a fruta negra, panadería, pimienta negra y una nota de hollejos. En boca es potente, tanino presente, buena acidez y alcohol integrado. Como para una caja.

En cuanto al maridaje, que como siempre, no pongo mucha atención: pedí una ensalada griega y unas Grilled Pork Chop: chuletas de cerdo soberbias, en su punto, pero que me parece eran suficientes como para dos personas, a pesar de que tengo buen estómago.

Mi amigo Gabriel dio cuenta de un petit filet y una crema New England Clam Chowder, servida dentro de un pan , una delicia. Ambos coincidimos que sin buscarlo, si no hizo el mejor maridaje, tampoco hizo corto circuito. Abur.

Bodega Monte Xanic (por alguna razón falta uno en la foto)

Fue hace muchos años cuando empecé a escuchar sobre esta bodega: Monte Xanic, «Xanic, del Cora nayarita, significa ‘la flor que nace después de la primera lluvia’. Con las lluvias de noviembre y diciembre, la vida florece en el Valle» (…) Una bodega que empezaba a destacar a principios de los noventa. Cómo olvidar aquel cabernet franc de etiqueta anaranjada que tantas tardes bebí con placer. Al igual que el chenin colombard con unos chiles en nogada… Después los tintos me empezaron a parecer tánicos, mucha madera nueva, era la tendencia. Ayer por la noche, y después de no hacerlo en mucho tiempo probamos una buena muestra de esta bodega, y nos sorprendimos gratamente.

Empezamos con el Chenin colombard 2023 fermentado en acero inoxidable. Un vino limpio color amarillo pajizo, brillante y fluido. En nariz paja mojada, barro, piña caramelizada. Podría resumirlo como un vino abocado, sin perder el armazón de la acidez y que va muy bien con quesos poco curados y chiles en nogada. Para comprar una caja.

Calixa Chardonnay 2023. Amarillo verdoso, brillante. Huele a espino blanco, y una notita de durazno de fondo. Va de más a menos, acidez comedida, mineral y de final amargo. Repetible.

El tercero fue un tinto que gustó a todos. Se trata de Calixa 2023 vinificado con syrah, grenache y merlot. Rojo carmín, capa baja, huele a ciruela madura, tierra mojada y algo especiado a mejorana. Entrada potente, buen paso y final largo, tanino dulce. Muy agradable, para comprar media caja.

Calixa syrah 2023. Color picota capa media. Huele a moras, fruta negra, en boca tanino mullido, buena acidez, un vino redondo de trago largo. Para un par de botellas.

El último de la noche fue el Monte Xanic cabernet sauvignon 2022. Huele a cerezas en licor, con una notita química a acetona, hollejos. De alcohol alto, amargo, goloso, abigarrado. Quizás para la próxima decantarlo una hora antes no sea mala idea. Para darle otra oportunidad.

No quiero dejar pasar la oportunidad de felicitar a nuestro campeón senior, que hizo un papel muy destacado en el torneo mundial de natación en Singapur, donde ha quedado en los diez primeros lugares en las diferentes categorías, compitiendo con exolímpicos. Nos ha mostrado sus medallas por si quedaba alguna duda. ¡Carlos muchas felicidades! eres una persona muy disciplinada y tenaz.

Quinto de la noche: un poblano

Una noche con escasa audiencia, como pocas, no recuerdo que se juntaran sólo cinco miembros. Además había escogido algunos vinos que me parecía interesante contrastar. Sobre todo el último: un vino de Puebla, que a pesar de ser el primer lugar donde llegó la vid a México, no es muy común ver vinos de ese estado en los anaqueles, por lo menos no hasta ahora.

Empezamos con un blanco vinificado con chardonnay y chenin blanc. 2V de Casa Madero añada 2024. Color verde-amarillento pálido, brillante y fluido. Huele a piña y notas de mango; un vino tropical y atractivo en nariz. En boca es mineral y frutal, con buena acidez y paso por boca, con un final largo. Por sus 397 pesos vale la pena, para media caja.

Después nos fuimos a los tintos de esta misma bodega, en Parras Coahuila. 3V 2023. Un vino de precio medio muy popular en restaurantes. Vinificado con cabernet sauvignon, merlot y tempranillo. Granate con menisco rubí. Huele a cerezas en licor, fruta negra y notas de pastelería. En boca es potente de tanino rugoso, final largo y astringente. Con una decantación me parece que se limarían esos taninos que enmascaran el conjunto. Para repetir.

Casa Madero Merlot 2022. Para mí el mejor de la noche, un vino con una nariz muy característica de la merlot: pétalos de rosa con notas de ciruela roja madura, notas de madera de fondo. Bastante redondo en boca con un tanino casi dulce, buena acidez. Para media caja.

Cambiamos de bodega y de región. Santo Tomás Syrah 2022. El primer golpe es a vainilla, quizás provenga de la barrica. Sólo indica: roble francés. Va de más a menos tanino y acidez comedidos, nada que enamore, un vino correcto. Inmemorable con causa.

El esperadísimo vino poblano de más de 850 pesos, no ha hecho justicia por el pecio. Entreerres 2021. Con 12 meses de crianza en roble francés. Lo primero que llama la atención es su etiqueta arrugada, «papel mojado» bastante original. Color granate pálido, apagado, fluido y velado. Nariz especiada a pimienta negra y con notas de pimiento verde. En boca pasa sin dejar huella, quizás el error fue ponerlo al último, después de haber pasado un grupito de tintos bien armados de taninos. Pero ha servido para hacer planes para visitar las faldas del volcán Popocatépetl en busca de esas tierras arenosas donde se encuentra algún viñedo perdido al igual que en las cercanías de Atlixco, quizás encontremos algo interesante ¡Abur!

Italianos básicos, vinos de mesa sin añada

Italia y su inmensa cantidad de vinos, con sus más de 350 variedades autóctonas; sus más de 300 DOC (Denominazione di Origine Controllata) es un mundo insondable casi imposible de entender con profundidad, sumado a la moderada cantidad de vinos que llegaban a México, y que por fortuna desde hace algún tiempo, cada vez pueden verse más etiquetas en los anaqueles.

El viernes descorchamos cinco vinos que al principio no me había percatado de que no tenían añada, así que se trata de la base de la pirámide de la producción, vinos de mesa sin añada. En la etiqueta aparece la variedad de uva y los escasos grados de alcohol por volumen.

Empezamos con un Trebbiano Marche de Vinícola Decordi, con sus 11 grados de alcohol. Color amarillo pálido, brillante y fluido. Huele a lima. En boca es mineral, cítrico con recuerdos de toronja blanca. Un vino ligero quizás le falte acidez.

Pasamos al Bardolino. Color rubí con aromas a fruta roja, ciruela madura y notas de madera. Corto en boca. Un nivel diferente al que acostumbran vinificar hoy en día. Como si se tratara de una miniatura, sutil con acidez, tanino y alcohol al mismo nivel. Repetible.

Barbera D´Asti. Huele a cerezas en licor, tanino más presente de todos los vinos de la noche, buena acidez, final astringente. Repetible.

Sangiovese. Color cereza. Huele a chicle de tutifruti, un vino redondo en boca, frutal y sin excesos. Repetible.

Montepulciano D´Abruzo. Color picota, vino fluido y brillante. Fruta negra con un fondo de flores. En boca tiene buena acidez y tanino limado. Repetible.

En general son vinos que tienen buena relación calidad precio.

Vino Verde, un italiano y el resto de Somontano

Aveleda 2023 Vinho Verde con 9.5%. Acostumbrado a los vinos por arriba de los trece grados de alcohol, éste parece un vinito tipo «cooler» pero con cierto encanto. Color amarillo pálido con reflejos verdosos, huele a manzana verde. En boca es ligero con una acidez comedida y una sensación fresca que recuerda a la sidra. Por $290 no es descabellada su compra como para repetir.

Novantaceppi 2023 de Friuli, vinificado con pinot grigio, sin madera fermentado en tanques de acero inoxidable. La diferencia es notoria con el anterior. Pajizo brillante nariz a durazno, buena entrada en boca, acidez moderada y al final un apretón amargo, con recuerdos de agua quina. Para comprar media caja.

Montesierra 2023. Este somontano de $200 cumple con creces mis expectativas. Primer golpe a madera usada, algo de fruta negra y humo. En boca tiene buen paso, redondo y con un final largo.

Enate 2019. Sus 15 grados de alcohol son contundentes, le falta integrarse al conjunto. Huele a cerezas en licor, y una nota especiada a pimienta negra. Para repetir.

Laus 2020. Vinificado con merlot y cabernet sauvignon. Un vino que ha pasado sin nada destacable, todo en su sitio pero sin enamorar. Alcohol, tanino y acidez en equilibrio, aunque el final es amargo. Repetible.

A pesar de lo menguado de mi sentido del olfato, que ya de por sí es normal, hay que agregar el humo de las quemazones en la ciudad que irritan la nariz y los ojos. Creo que a pesar de todo lo dicho, pudimos disfrutar de los vinos de esta noche.

Cata 270

Empezamos con un chardonnay de la bodega Errazuris, Panul Gran Reserva 2021. Amarillo verdoso brillante y fluido. Tiene una nariz herbácea al principio, después da un poco de piña, al darle vueltas a la copa: aromas a espino blanco, níspero, membrillo. En boca tiene buena acidez con algo de críticos, de final largo y un poco amargo. Para media caja.

Don Nicanor 2022, de la bodega Nieto Senetiner. Vinificado con cabernet sauvignon. Huele a ciruela roja madura, piedra de río y algo de pimienta blanca. En boca tiene un ligero cosquilleo, acidez comedida, tanino presente y final amargo.

Gran Coronas 2019, este vino del Penedés el primer golpe es humo, moras. Buen paso de boca y final áspero. Un poco desequilibrado, quizás falte vidrio o decantarlo media hora antes del servicio.

Marqués de Vitoria 2021 100% tempranillo y 14,5 de alcohol bien integrado. Nariz juguetona con un fondo floral, grosella y en boca abigarrado. Para media caja.

Porta 2021 también es un 100% tempranillo de bodegas del mismo nombre. Huele a pastel de frutas, fruta negra, de acidez comedida y tanino rugoso, bien integrado el alcohol. Repetible.

Bosconia 1964

Publicado: 1 abril, 2025 en Bodegas, Vino y amigos
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Bosconia cosecha de 1964

Hay vinos que guardamos por mucho tiempo, y guardamos no sólo la botella sino recuerdos gratos asociados a una añada, o a quien generosamente nos la ha regalado, o a momentos inolvidables y a veces todo lo anterior junto. En este caso recibí esta botella de manos de la dueña de la bodega, María José López Heredia. Corría el año de 2005, hace casi veinte años, fui solo a España a un congreso de Verema en Talavera de la Reina, provincia de Toledo. Un gran encuentro de aficionados en la casa Osborne, con viñedos que se extendían hasta el horizonte, donde llegaba nuestra vista, más de 700 hectáreas. Después recorrí los viñedos del sur de Portugal con mi amigo Antoliano, un extremeño de espíritu generoso, amable, de buen corazón y amante de todo lo que tiene que ver con el vino. Para finalmente tirar al norte durmiendo en Salamanca, para llegar al otro día a Haro en Rioja. Visitas interesantes a dos bodegas, por falta de tiempo. En López Heredia fui recibido por María José que me dio la bienvenida con lo brazos abiertos, como nadie me había recibido antes en una bodega. Por si fuera poco era su cumpleaños y descorchó un Bosconia 1968. Al preguntarle por el precio de un Bosconia 1964, nunca me imaginé que me traería un Tondonia y un Bosconia de regalo, ambas añada 64. Un día inolvidable que espero tener la oportunidad de contarles a mis nietos.

Guardada desde el 2 de octubre de 2005 en mi cava, dormía plácidamente en un rincón hasta que la saqué de su letargo, empolvada y con signos de humedad en la etiqueta. Nada mejor que compartirla con alguien que reconoce el buen vino, lo disfruta y lo comenta, pero sobre todo con un gran amigo.

A pesar de usar el descorchador de laminillas y el sello del lacre de la botella, sesenta años son muchos años. Sumado a mi poca paciencia no pude concluir la maniobra sin que acabara un trozo de corcho dentro de la botella. Así que pedí un decantador, y abrió de manera magistral. Bosconia es quizás el vino que más he descorchado y disfrutado, mi experiencia con añadas viejas ha sido abundante gracias a la camaradería de muchos amigos en España, que han compartido generosamente este extraordinario vino clásico, en distintas añadas, todas bastante remotas en el tiempo sesentas y setentas.

De color marrón con reflejos ocres y ribete amarillo oro, ese amarillo de los amontillados viejos. Vino espeso y velado con pocos sedimentos para su edad. El primer golpe viene con algunas notas de reducción, después frutos secos, tierra mojada y ciruela pasa, aromas balsámicos. Lo más impresionante fue que sin estar completamente cerrado fue abriendo de menos a más con un conjunto discreto de aromas de reducción que iban desvelando en boca fruta roja en sazón, champiñón, pasas, orejones de manzana y un final largo. Una delicia que hubiera preferido una botella magnum para seguir disfrutándolo a cada trago. Mi amigo quedó impresionado no sólo de la longevidad del vino sino de la profundidad que ha ganado en estos veinte años, con una buena guarda. Algo que cada vez perdemos más: la paciencia para poder disfrutar del regalo de una excelente hechura y el paso del tiempo.

El lugar donde lo descorchamos, un restaurante de comida española, La Boquería de este lado del charco. Nada mejor para acompañar semejante vino. Y aunque el pulpo estaba un poco duro, tenía muy buen sabor, con sus patatas y su pimentón. Una tarde redonda homenajeando a este gran vino, comida exquisita y una amena charla.

Le Creete 2022 , blanco vinficado con sangiovese

Revisando mis apuntes, que muchas veces son notas en el teléfono, otras en una servilleta arrugada, me he percatado que hay una tendencia a los tintos, pero que también hay blancos en la lista, y los consumo cada vez más, algunos son muy apreciados. Empezaré con un blanco italiano regalo de un amigo Le Greete Lugana 2022, por desgracia y como suele suceder la información en la contraetiqueta es escasa y sin trascendencia: 13% de alcohol y los datos del importador. Me he puesto investigar para saber algo más en internet: Bodega Ottella, vinificado 100% sangiovese, así que sin duda tuvo una maceración comedida que en este caso son tres semanas, que ya no me parece tan comedida para conservar ese color, que si bien no es rosado, tampoco es de un amarillo pálido. Un blanco envejecido en hormigón (tanques de concreto) seis meses para después ser embotellado. Con 14,5% de alcohol muy bien integrado. Un vino tropical con notas exuberantes a guanábana y pera, buena estructura y algo de azúcar residual de manera casi imperceptible, de final largo… muy refrescante y de buen paso por boca, con una excelente acidez que recuerda a la toronja blanca.

Otro regalo. Enviado por mi comadre para que maridara la comida esa tarde con mi compadre, que por cierto me pidió mi opinión de este vino coahuilense. Nada menos que una de las bodegas consentidas de mi repertorio de vinos mexicanos. La etiqueta anaranjada es una de mis elecciones preferidas hablando de un buen ejemplo de tempranillo desde este lado del charco, ya que sabemos de sobra que en la península ibérica se dan muy buenas cositas. En este caso se trata de un cabernet sauvignon añada 2020. Un vino muy frutal y con armazón de sobra. Primer golpe a ciruela en sazón sin sobre maduraciones, hollejos, fruta negra, y una nota especiada al final de pimienta blanca. Redondo, tanino limado y quizás el final corto. Para comprar media caja.

Desde aquí mi agradecimiento por esta botella.