Estas fechas están marcadas por fiestas de graduados, jóvenes que ven sus sueños cumplirse ascendiendo de grado, pensando que las clases jamás terminarán, que la vida escolar es eterna y que se verán las mismas arrugas de sus profesores dentro del aula. Qué equivocados están, la vida pasa en un suspiro, y una vez que se abandona el aula llegan los recuerdos melancólicos y añoranzas de los tiempos pasados. Estando en ésas, anoche descorché algunas botellas de las más preciadas de mi cada vez más escasa bodega, no todos los días da el paso definitivo a la universidad la niña que hasta hace poco me pedía una canción de cuna con su biberón de leche. Abrimos boca con un riesling de primera; un Piesporter Goldtröpchen 2009, de Leonard Kreusch. Un vino que a pesar de sus cinco años está despertando del letargo y mutismo de los grandes riesling, que empiezan a mostrar su grandeza a esta edad, para deleitarnos por mucho tiempo con su lenta evolución a favor. Este majestuoso riesling del Mosela huele a pera, con notas cítricas de toronja blanca, y una nota lejana de melón de cáscara lisa, sin desmerecer ese aroma tan buscado en los riesling maduros a queroseno. En boca es sutil, con una fruta de primera, una acidez fuera de serie y un final largo como una sinfonía interpretada con violines en una tarde templada de verano, abocado y con un leve amargor final que le da un toque de elegancia. Este vino no es repetible… Es como para comprar toda la añada completa.
No podían faltar las burbujas, así que una alma generosa que nos hizo el honor de acompañarnos y compartir en la mesa un Louis Roederer Brut Premier, que como siempre, se comportó a la altura, una compra segura que proporciona de entrada aromas a pastelería, pan tostado, frutos secos sobre todo almendras… En boca es calizo, seco con un final también muy largo y una acidez cítrica deliciosa. Para estos menesteres había llevado dos: el borgoña y un Barolo, un Casa E di Mirafiore 2007, aunque sólo descorché uno, pero con eso fue suficiente.
Joseph Drouhin Bonnes-Mares 2006. Un Borgoña de los que necesitan mucho tiempo para envejecer y mostrar sus encantos, a sus ocho años está muy cerrado, definitivamente con un carácter térreo en nariz y en boca. Huele a trufa, de la que sacan los cerdos en la campiña toscana, bosque bajo, tierra mojada y un fondo de ciruelas en sazón, en boca necesita integrar su acidez, unos años en vidrio lo pueden pulir aunque ahora mismo está delicioso. Con una lasagña vegetariana maridó bien, antes con el exquisito riesling habíamos probado unos tacos de mariscos con quenelle de aguacate y una crema de cebolla rostizada con dedos de queso Brie. Cuyo maridaje por lo menos no hizo corto circuito. Una noche tranquila a pesar de la amenaza de lluvia.
Una vez más me di cuenta del poco interés de mucha gente por el vino, ya que en una ocasión tan especial podían verse por las mesas vinos que ni en un desenfadado sábado hubiera escogido. No quiero decir con esto que deban ser vinos caros, nunca he defendido los vinos caros, pero sí debo reconocer que no había ninguna imaginación ni gusto al comprar un Concha y Toro cabernet sauvignon genérico… Pero para gustos los colores, sólo es un comentario para mis adentros, sin ninguna acritud, así que no corran la voz.
Gorka Izagirre 2011, un excelente Txakolino
Publicado: 16 mayo, 2014 en Vino, Vino y amigosEtiquetas:Bizkaiko Txakolina, Gorkaizagirre 2011, Hondarribi Zerratia, Hondarribi Zuri, Monteviña 2012, Txacoli, Vino regalo
Algunas almas generosas han hecho que un servidor pueda probar de vez en cuando vinos sin tener la necesidad de abrir la cartera. Es el caso de este blanco que me hizo favor de regalar una buena amiga que distribuye vino, pero que además se esmera en escoger productos de calidad. Se trata de un vino blanco vasco de la denominación de origen Bizkaiko Txakolina. Pero antes, y para ir en orden cronológico, he probado otro blanco que vale la pena comentar, se trata de un chileno, Monteviña 2012. Es mexicano, de Casa Madero; con una mezcla de chardonnay y semillon, cuyo mérito principal es su carácter mineral en boca que lo hace tan sabroso y disfrutable, sobre todo si se tiene en cuenta que lo compré en una de esas tiendas de hotel, donde no me hago muchas ilusiones, y si es que me decido a comprar algo es simplemente porque no traje nada de casa. Así que no sólo lo recomiendo sino que me parece uno de los vinos blancos chilenos más interesantes que he probado. 
Volviendo al Txakolino, se trata de un Gorkaizagirre 2011, vinificado en partes iguales con dos variedades locales: Hondarribi Zuri, conocida en Francia como Courbu Blanc y la Hondarribi Zerratia (Petit Courbu). De color dorado brillante, huele al principio a sidra, ojo que no es lo mismo que a manzana, aromas balsámicos y minerales, con un fondo a flores de azahar en boca es muy refrescante, puro limón puro, una delicia de acidez cítrica con notas de pera, después de unos minutos de oxigenación.
Se antoja con algún ceviche, o quizá un pescado condimentado y hasta picante.
El cadáver (botella vacía) por alguna razón estaba guardada en la cocina, después de 4 días huele exactamente a la sala de fermentación de las bodegas, justo cuando se fermenta el mosto; olor picante a CO2 y hollejos. Curioso ¿o no…?
Nuevamente gracias por el regalo, quiero por lo menos 3 botellitas. Eso sí, esta vez las pago, y con mucho gusto… 🙂
Cata centésima septuagésima séptima
Publicado: 16 mayo, 2014 en CataEtiquetas:Cune Crianza 2010, Dinastía Vivanco 2008, Lealtanza Crianza 2004, Martínez La Cuesta 2006, Monólogo 2010, Vaza 2012
El título que hace referencia al número ordinal de la cata parece un trabalenguas, pero no lo es aunque lo parezca. Con esta entrada por fin ha quedado superado el rezago acumulado de varios meses, tres para ser exacto. Esta cata va de riojanos por abajo de los 300 pesos, que dicho sea, sólo uno: el último, se acercó con un precio de 279 pesos.
El primero es un Lealtanza Crianza 2004, con 12 meses de roble francés nuevo, 100% tempranillo. Huele a romero, piedra mojada de río y ciruela, nariz muy agradable. En boca es mineral, con algo de fruta negra. Para comprar media caja.
Uno de los más vendidos en México, Cune Crianza 2010. Aromas intensos a mermelada de zarzamora, de buena acidez y tanino. Una compra segura.
Monólogo 2010 de Bodegas Solar Viejo. Notas de fruta negra, en boca es frutal, excelente acidez y tanino maduro. Repetible.
Martínez La Cuesta 2006, el de mayor octanaje de los seis con 14,2 % de alcohol. Este vino huele a jamón serrano, cuero y notas de ciruela en sazón, tanino suave y final ácido.
Vaza 2012. Fruta negra, hollejos, en boca es primario y de final corto.Nada que invite a otra copa.
Dinastía Vivanco 2008, un vino cuya bodega me viene a la memoria por su estupendo museo relacionado con el vino en Briones. Especiado; pimienta negra, cerezas de boca mineral y buena acidez. Bueno.
Cata centésima septuagésima quinta
Publicado: 16 mayo, 2014 en CataEtiquetas:Bottega Vinaia 2009, Edición Limitada Pinot Noir 2005 Viña Morandé, Louis Jadot 2010, Montes Alpha Pinot Noir 2010, Peñalba López 2010, Quinta Do Cidro Pinot Noir 2007
Se me ha ocurrido juntar pinot noirs de varios países, y éste ha sido el resultado:
El primero de la noche fue el Edición Limitada Pinot Noir 2005, de Viña Morandé, un pinot de 14,5 grados de alcohol, que dicho sea no se notan. Aromas intensos a frutos secos, madera y ciruela madura. En boca destaca su acidez aunque su final es corto. En la frontera de lo repetible.
De Montes Alpha probamos éste, que es otro pinot con 14,5 de alcohol, aunque en este caso si se le nota un poco más el octanaje. En nariz fruta negra; frambuesa, cerezas en licor amalgamado con la madera y un fondo de higos, final astringente. Sin pena ni gloria.
Desde Portugal; Quinta Do Cidro Pinot Noir 2007. Huele a caramelo, café con leche, tiene una nota vegetal, en boca es monolítico, aburrido y áspero. Inmemorable con causa.
Desde España, Peñalba López, Vino de La Tierra de Castilla y León, 2010. Aromas a cereza, especiado a pimienta negra, toffee. En boca se percibe vainilla por la barrica y astringencia. Repetible pero sin tipicidad si es que algo así todavía existe.
Bottega Vinaia 2009. Color evolucionado; ocre con ribete teja, aromas a granos de café tostado, cajeta y final ligero. Se le dará el beneficio de la duda, sospecho que no tuvo buena guarda.
Por último un Louis Jadot genérico, añada 2010. Un borgoñita que conserva la decencia de sus 12,5 grados de alcohol, a la muy vieja usanza. Huele a ciruela con notas de pera, sí, de pera aunque sea tinto, boca sutil, excelente acidez, repetible. El mejor de la noche y de los más baratos, poco más de 250 pesos. Para comprar media cajita, siempre tomando en cuenta que se trata de un borgoñita de medio pelo.
Cata centésima septuagésima cuarta
Publicado: 5 febrero, 2014 en VinoEtiquetas:Ópalo Syrah 2006, Finca Antigua Syrah 2009, Mandrarossa Syrah 2010, MD Vinos Syrah 2006, Montes Alpha Syrah 2009, Stormhoek Shiraz 2005
Una vez más estamos reunidos en torno a seis vinos, esta vez con la invitada de honor; la uva syrah o shiraz, dependiendo del país. Así en: Francia, España, Italia y otros países europeos se denomina Syrah en Australia y Sudáfrica como Shiraz, salvo las diferencias por la geografía, que dicho sea cada vez son menos, se trata de la misma cepa. Una uva adoptada por muchos países alrededor del orbe, no hay duda de que está de moda; con sus aromas especiados a pimienta negra, su astringencia y sus colores profundos, hacen vinos apetecibles. Sin olvidar los grandes clásicos del Ródano, aunque estos últimos nunca vienen como varietales. He aprovechado para traer algunos ejemplares de aquí y de allá. Empezando por un mexicano, que irónicamente es el de precio más alto, arriba de cuatrocientos…, aunque debo reconocer que nos ha dado una grata sorpresa.
Se trata de MD Vinos Syrah 2006, aromas intensos y limpios a ciruela en sazón y una nota de sandía de fondo, en boca es frutal, aunque su caracter lo definiría como térreo, de final mineral, después de un rato su nariz da membrillo. Repetible… O quizás hasta para guardar tres botellitas en la bodega.
Después llega uno de Sudáfrica, Stormhoek Shiraz 2005, tiene un tufo a barrica sucia, sulfuroso, con un poco de aire huele a granos de café, notas de humedad, fruta roja pasada, en boca se nota algo de aguja, acidez justa y final plano. Un inmemorable con causa.
Finca Antigua Syrah 2009 Color bastante oscuro, capa alta, aromas a fruta negra, pimienta negra, boca amplia, final largo y astringente. Bastante áspero. ¡Paso!
Mandrarossa Syrah 2010 Un vino italiano que al principio huele a chocolate amargo y cerezas. En boca es redondo, aunque al final tiene una arista alcohólica bastante incómoda, final amargo. ¡Paso!
Montes Alpha Syrah 2009, un viejo conocido chileno, que me recuerda una tarde en Colchahua, un domingo bajo una parra vieja y copas gordas… Huele a higos, bastante volátil; fósforo, boca mineral, de final áspero. El olor mejora y en boca no está mal. repetible. Vino moderno sin muchas pretenciones.
Ópalo Syrah 2006, un argentino que está presente en muchos mercados, yo lo bebí por primera vez en Londrés y me gustó mucho. Aromas a lavanda, un poco alcohólico y astringente, con más vidrio o una buena decantada mejorará. Repetible.
La foto de arriba muestra las virutas de corcho que han quedado después de una serie de intentos fallidos de nuestro amigo René. Ni hablar suele pasar, un incidente menor que se agrega a la lista. El noveno desde 2011. Hasta la próxima.
Cenas, vinos y otros menesteres
Publicado: 10 enero, 2014 en Vino y amigosEtiquetas:Cena de Navidad, Chateau Mouton Rothschild 1993, Gramona
El vino que pasaría al grupo de los más codiciados de Burdeos en 1973 y que hoy en día para mucha gente es un vino escandalosamente caro y alejado de su antigua gloria, con el afán de servir a un mercado de consumidores que buscan un vino hecho a la medida (cual si se tratara de una Coca Cola). Sin memoria histórica, mucho roble, color profundo, extracto… He tenido oportunidad de probar varias añadas, quizás el vino que más he descorchado de los cinco grandes: Lafite, Margaux, Haut Brion y Latour. Aunque Margaux, Latour y Haut Brion (en ese orden) tengan un lugar muy especial dentro de mis predilecciones. Lo había guardado mucho tiempo, uno de esos vinos que se niegan a salir de su escondite, aunque las miradas hayan penetrado más de una vez sus paredes de vidrio. Pero a todo le llega su hora y desempolvándola un poco interrumpí su reposo para quitarle el corcho y compartirla con gente querida, como debe de terminar un vino de este nivel.
En 1993 estamparon la figura desnuda de una joven, dibujo cuyo autor francés Baltus, fue censurado en Estados Unidos de América, y no sólo eso sino que fue cambiada la obra original por un simple fondo beige. Una muestra más de la doble moral de nuestros queridos primos norteños. El caso es que yo la compré en ese país y me traje a la bodega la botella sin estampado, como aparece en la foto.
Veinte años en vidrio han hecho que evolucione y nos brinde un concierto de aromas de caza y térreos dignos de los vinos que saben y pueden envejecer. También hay fruta negra, notas de pimiento y otras especias. En boca el tanino es suave y su acidez exquisita, largo y en sintonía. No sé si sea de los últimos Mouton memorables pero éste vale la pena. La espera en el vidrio se compensa con creces.
En otro orden de ideas de manera gradual han ingresado al mercado mexicano diferentes marcas de cavas, su entrada a nuestro país ha sido lenta, siendo las bodegas más antiguas y reconocidas Freixenet con diferentes presentaciones, así como otra bodega de producciones masivas Codorniu. Las más interesantes y de menor producción han tardado de hacer su aparición por los estantes pero no ha sido tan abundante su oferta, por lo que me ha sorprendido encontrar en la Europea la marca Gramona. Gramona III Lustros, Imperial Brut y el Celler Batlle (de añada), sus precios han sido inflados como ya es costumbre pero creo que vale la pena. En la Cena Navideña he descorchado la más económica que ha llegado, porque debo decir que hay otras en España. Gramona Imperial Brut , y me ha parecido un cava muy limpio de burbuja fina y constante con aromas intensos a tiza y cítricos, amplio en boca confirmando su carácter, su textura y su azúcar residual que más bien se percibe seco. Un buen cava que se deja beber y maridar con muchas cositas. Por ejemplo pavo ya sea ahumado o muy condimentado, bacalao y hasta con unos romeritos, estos últimos es pura especulación ya que no me consta. Mi próxima escala será el III Lustros cuando junte algo de dinero de la hipoteca de mi casa.
Aprovecho aunque sea un poco tarde, para saludar y desear lo mejor en este año a mis dos sufridos lectores.
Chappellet Pritchard Hill
Publicado: 19 noviembre, 2013 en Vino y amigosEtiquetas:Chappellet Pritchard Hill Cabernet Sauvignon 2005, Rutheford
Hace un par de semanas tuve la dicha y el placer de cenar acompañado de mis compadres con motivo de mi aniversario, y elegí para la ocasión un vino muy especial en varios sentidos. Chappellet es una bodega ubicada en las colinas de Pritchard en Napa, cerca del lago Hennesy. Alguna vez traté de llegar a la bodega y me perdí, además de que mi esposa sufrió un fuerte mareo que hizo abortar la visita. De haber tenido más tiempo y suerte la habría conocido.
He probado dos de sus tintos, el primero in situ, no precisamente en la bodega pero sí en un restaurante en Rutheford, del mismo nombre Rutherford Grill, no muy lejos de donde se vinifica. Lugar donde no sé si fue el hambre o la ocasión pero me pareció un excelente restaurante para descansar y hacer una pausa a la visita de bodegas y comer sustanciosamente carne, cuando podía comer sin restricciones, en una sala climatizada y luz dosificada. El vino que elegí fue el merlot Chappellet 2005, me pareció un vino joven con notas de bayas y pétalos de rosa, nada espectacular diría que le faltaba vidrio, pero que maridaba con la carne. Este último más madurito y expresivo, Chappellet Pritchard Hill Cabernet Sauvignon posiblemente 2007 aunque no lo he podido comprobar, la botella la han tirado al reciclaje y no he tomado nota. A pesar de que su nombre indica cabernet sauvignon, en realidad está vinificado con un 75% cabernet sauvignon, 15% petit verdot y 10% malbec, con una crianza entre 15 y 18 meses en roble francés nuevo. Guardado celosamente durante cinco inviernos. Tiene un color cereza intenso de capa alta, y una nariz barroca a ciruela, cerezas, zarzamora y una nota de capuchino, tabaco oscuro, pimiento morrón y un golpe de humo. En boca no es menos contundente que en nariz, con un alcohol muy bien integrado a pesar de sus escandalosos quince grados por volumen, una acidez comedida y un final largo. Decía que era especial porque la compré convencido de su potencial, la guardé algún tiempo y la compartí con gente muy querida. Un año más o un año menos, según el cristal con que se mire, hoy estoy optimista y quiero pensar en un año más.
P.D. Encontré la corbata de la botella, entró en bodega el 16 de agosto de 2008 y es de la añada 2005.
Foto extraída de http://www.chappellet.com/index.cfm
Cata centésima septuagésima segunda
Publicado: 17 noviembre, 2013 en CataEtiquetas:Euphoria 2011, La Redonda Tinto Ruby, La Redonda Vino joven, Miramar 2005, Orlandi Cabernet Malbec 2010, Orlandi Tempranillo cabernet sauvignon 2009
Ésta va de vinos mexicanos, y es que cada semana encuentro alguna novedad en los estantes con respecto a productos nacionales. Mi percepción es que algunos de ellos desaparecerán irremediablemente con el paso del tiempo, sobre todo aquellas bodegas con un enfoque meramente mercantilista y oportunista. Quienes tengan tablas de vitivinicultores quizás algunos la pasen mal, pero seguirán en este arduo camino. Debo destacar la labor de Viñedos La Redonda en el estado de Querétaro, cuyos esfuerzos y dedicación parece que ya están dando sus primeros frutos, como pudimos comprobar en esta cata.
Abrimos con el Miramar 2005, un vino de Bodegas Santo Tomás vinificado con tempranillo y cabernet, una combinación cada vez más común en vinos mexicanos. Con cuatro meses de roble francés, un vino que para la mayoría resultó cansino, ya había pasado su mejor momento. A mí me pareció un vino con aromas vegetales, con notas de ciruela y de muy buena acidez, de trago largo que por su precio no hay mucho más que pedir. Bebible.
El segundo viene de la región de Ojos Negros, se trata de Euphoria 2011. Olor y sabores picantes, morrón y tamarindo, combinación que no fue del agrado de nadie. No sé si algo estaba mal en este vino por la guarda.
El tercero viene de Querétaro de Viñedos La Redonda, sin añada y con sólo el nombre del La Redonda, «Tinto joven, variedades selectas del viñedo» la única información de este vino en su página. Me gustaría saber de que está hecho. Huele a vino blanco, a ojos cerrados juraría que es así. Maracuyá, chicle de plátano y de fondo aparece algo de fruta roja indefinida, paso de boca y final amargos. Inmemorable con causa.
El segundo de esta bodega es un Orlandi cabernet sauvigon, malbec 2010, huele a grosellas, cerezas en licor, un golpe de madera que lo favorece, cremoso y de tanino dulce. Repetible.
Orlandi Tempranillo, cabernet 2009 otro con la misma mezcla, para que no digan que estoy inventándome cosas…Huele a canela, cerezas, en boca se advierte una nota dulce, que no precisamente viene del alcohol y el tanino, falta acidez al conjunto, agradable y repetible.
Por último La Redonda Tinto ruby, sin añada. Un vino rotundamente dulce que nos ha tomado por sorpresa, incluido su servidor. Aromas intensos a ate de guayaba, hay quien lo comparó con un Boing sin decir de qué sabor, pero creo que es rebajarlo demasiado, si bien no tiene la acidez y profundidad de un buen vino botrizado, porque aunque no lo crean existen tintos botrizados, tampoco me parece que sea un vino tipo gaseosa. Definitivamente no repetiría más que después de comer en un día caluroso sin tener nada mejor a la mano.






