cata 191Va de Toros, de esa famosa región zamorana de aires cálidos. Para quienes han probado vinos de esta denominación, podrán coincidir de que se trata de vinos potentes,  mucho extracto, alcoholes altos y taninos rugosos. Para esos días que nos levantamos con ánimos  de un vino moderno y dejar a un lado las sutilezas. Pues bien, aquí empezamos con el primero de la tarde. Gran Colegiata Barrica 2010 de bodegas Fariña, con apenas 4 meses de barrica. Aromas a lavanda y fruta negra, un vino sin aristas, frutal; arándanos maduros, buen paso y final discreto, taninos vivos sin arrancar la lengua. Repetible.

De la misma bodega procede el segundo: Fariña 70 Aniversario 2012 con 14,5  de alcohol por volumen. Notas ahumadas y fruta negra; zarzamora. Va de más a menos, de final astringente. Repetible.

Valpiculata 2006, Hollejos, notas dulces de regaliz tanino maduro y buena acidez. Para comprar un par de botellas.

Gran Colegiata Roble Francés 2009. Fruta roja, con un alcohol poco integrado que pierde el equilibrio. Inmemorable con causa.

Gran Colegiata Campus 2008, Aromas intensos a fruta negra y notas minerales. En boca el alcohol es evidente a tal grado que rompe la armonía, taninos maduros. Inmemorable con causa.

Gran Colegiata Reserva 2008. El de precio más elevado,  por arriba de los 600 pesos (35 dólares americanos). Mermelada de zarzamora, boca frutal con una nota dulce al final. Repetible aunque por el precio quién sabe.

Conforme pasa el tiempo tengo la fortuna de poder darme cuenta de que la vida se trata de amigos y de pasar buenos ratos, los mejores recuerdos que llevamos en el alma. En el 2004 visité España acompañado de mi esposa, conocimos viejos amigos. Sí, viejos amigos… Si por algo vale la pena el Internet es para conocer amigos. Sé muy bien que diariamente se realizan millones de transacciones comerciales y operaciones bancarias, entre otras, pero nada comparable como conocer a gente con el mismo espíritu y compartir las pasiones, como el vino. En aquel viaje conocí a mucha gente con quien ya intercambiaba por el foro de Verema mis puntos de vista y que conocía muy bien.  Desde el primer día que me presenté en persona, parecía que llevábamos toda una vida siendo vecinos.

Después de Valencia, donde conocí a la mayoría, me dirigí al norte: a Porrera en Cataluña para visitar La Tena, finca plantada con garnachas leñosas de mis amigos Dominique y Paco. Si no son centenarias, poco les falta. Después visité Haro donde nos hospedamos. Visitamos Contino en La Serna donde conocí a su entusiasta enólogo y mi buen amigo, Jesús Madrazo. Al final de un día pleno de recuerdos entrañables y de comer como Dios manda viendo el panorama desde lo alto en el restaurante Marixa en Laguardia, tuvo la generosidad de regalarme dos botellas de su bodega: Contino Selección Jesús Madrazo 2001. Una de ellas con dedicatoria a mi hija que por aquella época era una niña. <<Quiero que conserves esta botella hasta que tu hija cumpla dieciocho años y pueda bebérsela sola>> me advirtió Jesús. Pues como suele pasar en el impredecible futuro, no sucedió así, mi hija ya rebasó el plazo sin que hubiera podido descorchar con ella  la botella sino hasta el día de ayer. Celebrando en ocasión especial, cenando con mi esposa, rodeado de todo tipo de entradas sabrosas. Con el vino como protagonista y sin que hubiera maridajes ni cosas por el estilo.

CONTINO ETIQUETADebo confesar que a juzgar por la etiqueta, por un momento,  tuve la falsa impresión de que la botella estaba del otro lado de la cima; en proceso de descenso. Para mi sorpresa estaba espectacular. Una nariz intensa a eucalipto, bosque bajo y fruta negra de la mejor calidad, notas de trufa y pimienta negra. En boca fue de menos a más, entra discreto para ir crescendo con un final largo y de notas minerales. Sus taninos vivos y una acidez digna de los grandes riojanos. Una vez más confirmo el enorme trabajo realizado por Jesús tanto en el viñedo como en la bodega.

Esta ha sido la última botella que conservaba de aquel encuentro. La primera la descorché el 31 de diciembre de 2012, en la cena de año nuevo. Me resulta interesante leer mis impresiones en aquella ocasión, no cabe duda de que era un vino mucho más joven y que el tiempo lo ha redondeado, me parece que estos casi cuatro años en vidrio han servido para una evolución más profunda, con excelentes resultados.

Otra botella memorable que quedará en mis recuerdos para siempre.

Apatía o sensatez

Publicado: 30 septiembre, 2015 en Vino
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termo¿Cuál de las dos…? Apatía o sensatez. Es una pregunta que me vengo haciendo desde hace unos meses a raíz de una fuga de fluido refrigerante en las tuberías que desembocan en mi bodega de vinos. Las crisis económicas nos obligan a cambiar de rumbo hacia derroteros de eficiencia y economía. No puedo dejar de reconocer que abrir la puerta de la cava y encontrarme con un flujo de aire acariciando mi rostro fue una experiencia muy agradable, o por lo menos muy refrescante, dado los  calores saharianos del sur de México en pleno verano. Además de sacar las botellas frescas de sus nichos y en el caso de los tintos, descorcharlas  para servirlas del botellero directamente en la copa. Aquello parece que quedó atrás, por lo menos por ahora.

Les decía que todo había empezado con una fuga de fluido refrigerante en este caso: el Isceón MO49 plus de la marca DuPont. Cada vez más escaso y próximo a la extinción. Poco tiempo después de la última recarga la temperatura volvió a subir. Por lo que dedujo el técnico, encargado de la maniobra, que se trataba de una fuga y que ésta debía ser localizada por métodos no muy ortodoxos. Había que romper el piso y encontrar la ranura en algún lugar de la tubería entre el difusor y la manejadora de aire. Acto seguido: reemplazar el ducto. En el supuesto caso de que quisiera conservar mi viejo sistema de refrigeración. La decisión no es muy recomendable ya que el sistema es ineficiente y el Isceón MO49 acabará descontinuado. Por lo que toda la maniobra de cambios en el equipo se traduce en algunos miles de pesos. Mi respuesta fue un  rotundo N-O.

Hay quienes podrían pensar: ¿valdrá la pena cambiar el equipo de refrigeración tomando en cuenta los vinos que quedan reposando en los botelleros…? La temperatura actual rebasa los 20°C. Oscuridad total y una humedad que ha subido hasta el 75%. Obviamente con estas condiciones la evolución se torna impredecible, lo digo por la temperatura, que es lo único que se dispara unos grados arriba. No podemos pensar en una guarda muy prolongada, ni sacar las botellas directo a la mesa. Pero al ver el recibo de la electricidad me volvió el alma al cuerpo, y no sé si pueda ser comparable a la satisfacción que me daba antes entrar a la cava a 15°C.

Debo plantear una solución que me permita tener las botellas por ahí de los 17° C que sin ser lo ideal, tampoco veo problemas de «evoluciones descontroladas e impredecibles»

Recuerdo hace años mis estrictas normas para transportar el vino a un restaurante: Sacarlo de la bodega en una bolsa de neopreno, depositarlo en el regazo de mi esposa como a un bebe, y advertirle que además de no agitarlo debía sostenerlo en el aire contrarrestando el vaivén del coche en movimiento. Varios años después me provoca risa y muevo la cabeza reconociendo lo exagerado que fui. El tiempo matiza las cosas y el sumo cuidado que dedicaba al vino se ha ido diluyendo. Pero no quisiera caer en el extremo, así que posiblemente compraré un equipo nuevo. Próximamente les contaré el desenlace, sobre todo a quienes han confiado el cuidado de sus vinos para una larga vida, acostándolos en algún nicho de mi cava.

(continuará)

CATA 190A raíz de un vino griego traído por Alfonso desde aquellas lejanas tierras, me di a la tarea de buscar otros vinos helenos para poder contrastarlos. Al no encontrar ninguno en las tiendas que visité, decidí comprar vinos «mediterráneos», que en teoría deberían de tener algo más en común, además de la influencia de esa zona. Aunque ya sabemos que hoy en día no es necesario romperse tanto la cabeza para encontrar vinos aburridamente semejantes. De hecho, es el pan nuestro de cada día. Pues así las cosas busqué un siciliano, algo de Cataluña (Priorat) y por qué no, un Côtes du Rhône, aunque hubiera preferido un Côte-Rôtie con esos aromas a tocino ahumado que he encontrado en algunos.

Empezamos con un blanco vinificado con garnacha blanca y xarel lo. Dos de las variedades cuyos resultados agradan a mi paladar, no sólo el cava, sino también en vinos tranquilos. Se trata del Massis 2012 con ocho meses en barrica y 14 graditos de alcohol bastante integrados. Un vino color pajizo brillante de destellos verdosos. Huele a pera, cera y en boca es mineral y con un final amargo muy sabroso. Para comprar un par de botellitas.

Santa Cecilia 2008. Aromas intensos a mermelada de higo, humo y  zarzamora. En boca está un poco desencajado de final áspero. Inmemorable con causa.

Galeana 2008 de la bodega Domini de la Cartoixa, en Priorat. Fruta negra; arándanos, vino redondo, buen paso de boca; acidez y tanino. El mejor de la noche. Repetible. Aunque rebasa la peligrosa barrera de los 500 pesos(30 dólares), cuando empiezo a ponerme exigente. Lo pensaría dos veces antes de volver a comprarlo.

Imiglikos Santo sin añada. Un vino desconcertante, «semidulce» indica la etiqueta, no sabemos de que está hecho dentro de las raras variedades griegas como: aghiorghitiko, limnio, mandelaria o xinomavro, aunque no descarto la cabernet sauvignon, cabernet franc, merlot, garnacha o la cinsault. Huele a granada, y notas cítricas, cáscara de naranja, ate de membrillo, a pesar de ser tinto a ojos cerrados parece un blanco. Es dulce poco denso con un leve cosquilleo en el paladar. Diferente, se antoja con un buen brie y una hogaza recién sacada del horno.

Côtes du Rhône 2008 de la Famille Perrin. Intensos aromas a humo, cerezas en licor. En boca tiene buena acidez, todo en equilibrio, pero sin cautivar. Bebible.

Por debajo de 200

Extranjeros por debajo de 200…

En una escapada a la tienda de vinos más grande de los alrededores de mi barrio, me di a la tarea de buscar vinos por debajo de los 200 pesos (10€ ), sin importar país, región o variedad. ¡Cuál sería mi sorpresa!  que cuando pasaba por los anaqueles de vino mexicano todos rebasaban ese precio, inclusive el Casa Madero cabernet sauvignon (etiqueta beige), arriba de los 250 pesos.

No quiero decir que no los haya, pudiendo encontrarlos en las tiendas de autoservicio, como pudieran ser los de L A Cetto con su cabernet sauvignon básico alrededor de 100 pesos,   Domecq con la línea XA…  Y de ahí para abajo Valle Redondo y  poco más. En este caso todos excedían escandalosamente la barrera preestablecida. Me parece increíble que sea más fácil encontrar vinos importados de más bajo precio que los nacionales. Y me remite a una indubitable e ineluctable hecho: los precios de los vinos mexicanos cada día son más altos. La balanza está muy cargada hacia los vinos de 300, 400 y hasta las cifras de tres ceros… ¿Hay alguna buena razón…?

Así que como podrán adivinar no compré vinos mexicanos.

Empezamos con un blanquito para refrescar la garganta. Gewürztraminer 2011 de Viñas del Vero. Esta variedad me parece una de las más «femeninas», no conozco a ninguna mujer que no le haya gustado. Color pajizo brillante. Aroma intenso a níspero. En boca es abocado, con un final amargo que recuerda al agua quina. Si tuviera que encontrar algún pero, sería su acidez muy justita, le falta nervio. Repetible.

Syrah Gran Reserva 2011 de la bodega Santa Carolina. Esta marca no aparece en la página web, otro hecho que no es la primera vez que me sucede. Entiendo que hay  diferentes etiquetas para algunos mercados fuera del país de origen, pero podrían  incluirlos para los consumidores que se tomen la molestia de buscarlos  en su portal. En dónde más podría encontrarse la información. De color violáceo, huele a chocolate amargo, cerezas en licor, aunque no se advertía la madera, en boca es una lija que entumece la lengua y las encías. Hay quienes lo compararon con «un palo de paleta» haciendo alusión a aquellas veces en que se ronzaba el último trozo de hielo al quedar descubierto el palo que la sostenía. Inmemorable con causa.

Velvety 2012. Nariz discreta a flores secas así como entra sale… planito final tánico. Sin pena ni gloria. Corto como su descripción.

Les Héritiers 2012.  Hay quienes advertimos un deje a bicarbonato, su nariz no destaca, un vino bastante mudo.

Aguaribay 2009. Vino chileno de la bodega Flecha de Los Andes vinificado con malbec. Huele a mermelada de zarzamora, en boca tiene un cosquilleo, es cremoso, de taninos presentes sin molestar. Nada que cautive, un vino correcto.

Terroir La Baume 2012. Un vino que nos hizo dudar, al principio pensamos que estaba más allá que para acá. Notas acéticas en nariz y boca. Cansino, aromas químicos (acetona) Algo anduvo mal por el camino de este vino, desde la bodega hasta la mesa, habrá que probarlo de nuevo. ¿Quién se anima…?

Se abrió una polémica sobre los vinos «baratos». Hay quienes piensan que el precio va en relación directa con la calidad y el placer a la hora de descorchar ese vino. Yo sólo dejaría en el aire una frase de un amigo: «Es muy fácil defender un vino caro…»  ¿Qué opinan?

188 Rioja siempre ha estado en boca de quienes disfrutan del vino alrededor del mundo, su  prestigio a rebasado fronteras. Quizás junto con Jerez la denominación de origen más  emblemática de España. Embajadora de los vinos españoles. Su estilo no es precisamente definido, como sucede con tantas otras denominaciones. Va desde las bodegas clásicas como López Heredia, Rioja Alta S.A., Muga quizás esta última dando un giro a la  modernidad con su Torre Muga, hasta los más modernos como Roda. Así que hablar de  Rioja es hablar de un abanico muy variado de estilos. Una visita por la página del Consejo  Regulador de Rioja, me ha sorprendido por la cantidad de uvas que ampara. Y apuesto  a que mucha gente, como un servidor, no sabían que hay un tempranillo blanco. Pues lo  hay. En tintas están la tempranillo con poco más de 40 mil hectáreas plantadas de las 62  mil existentes. La    garnacha tinta, graciano que poco a poco ha recuperado el terreno perdido gracias al esfuerzo de  algunos vitivinicultores como Jesús Madrazo (enólogo de  Contino)  mazuelo,  y maturana tinta.

En blancas tenemos viura, malvasía, garnacha blanca, tempranillo blanca, maturana blanca, turruntés, chardonnay, savignon blanca y verdejo. Aclaro que la turruntés no debe confundirse con la torrontés de Argentina.

Rioja junto con Priorat son las dos únicas denominaciones de origen calificadas. Dado que no tenía muy claro que significaba tal denominación, fuera de que los requisitos son aún más estrictos que en la denominación de origen, me puse a investigar y esto fue lo que encontré:

En el año de 2008 se implanta una nueva regulación para los nombres geográficos de vinos, desapareciendo los VCPRD (vinos de calidad producidos en regiones determinadas), e incorporando las DOP(denominación de origen protegida) e IGP (indicación de origen protegida). A partir de ahora el reconocimiento no será realizado por los Estados miembros, sino por la Comisión (…)

– DENOMINACIÓN DE ORIGEN CALIFICADA (DOCa); deberá cumplir, además de los requisitos exigibles a las denominaciones de origen, los siguientes:
– Que hayan transcurrido al menos diez años desde su reconocimiento como Denominación de Origen.
– Se comercialice todo el vino embotellado desde bodegas inscritas y ubicadas en la zona geográfica delimitada.
– Cuente con un sistema de control desde la producción hasta la comercialización respecto a calidad y cantidad, que incluya un control físico-químico y organoléptico por lotes homogéneos de volumen limitado.
– Está prohibida la coexistencia en la misma bodega con vinos sin derecho a la DOCa, salvo vinos de pagos calificados ubicados en su territorio.
– Ha de disponer de una delimitación cartográfica por municipios, de los terrenos aptos para producir vinos con derecho a la DOCa.

Así también existe otra clasificación superior:

– VINOS DE PAGOS: son los originarios de un «pago» entendiendo por tal el paraje o sitio rural con características edáficas y de microclima propias que lo diferencian y distinguen de otros de su entorno, conocido con un nombre vinculado de forma tradicional y notoria al cultivo de los viñedos de los que se obtienen vinos con rasgos y cualidades singulares y cuya extensión máxima será limitada reglamentariamente por la Administración competente, de acuerdo con las características propias de cada Comunidad Autónoma, y no podrá ser igual ni superior a la de ninguno de los términos municipales en cuyo territorio o territorios, si fueren más de uno, se ubique.
Se entiende que existe vinculación notoria con el cultivo de los viñedos, cuando el nombre del pago venga siendo utilizado de forma habitual en el mercado para identificar los vinos obtenidos en aquél durante un período mínimo de cinco años.
En caso de que la totalidad del pago se encuentre incluida en el ámbito territorial de una denominación de origen calificada, podrá recibir el nombre de «pago calificado», y los vinos producidos en él se denominarán «de pago calificado», siempre que acredite que cumple los requisitos exigidos a los vinos de la Denominación de Origen calificada y se encuentra inscrito en la misma.

Información obtenida de http://www.winesfromspain.com

Como pueden ver, se trata de términos que en muchas ocasiones los consumidores quedan aún más confundidos que al principio de su búsqueda. Al final lo que cuenta no está ni en las etiquetas ni en las regulaciones, por más estrictas que estas sean; sino lo que está dentro de la copa.

Empezamos con una bodega cuyos vinos me gustan mucho, sobre todo el segundo de la noche. Se trata la bodega El Coto de Rioja S.A. El primero: El Coto 2011. Doce meses en roble americano y seis en botella. Huele a tierra mojada, fruta negra. En boca es amplio y va de más a menos, acidez alta, necesita integrarse. Pasado unos minutos huele a granos de café. Repetible.

Coto de Imaz 2008. Con sus 18 días de maceración, 17 meses en roble americano, y 42 meses en vidrio; sale de la bodega después de cinco largos años de haber sido embotellado. Difícil de creer en estos tiempos que corren donde todo es instantáneo, inmediato. Además de tratarse de un vino por abajo de los 300 pesos (17 €).

En esta ocasión lo siento mudo, poco expresivo. En boca es frutal, buena acidez, tanino presente. Quizás con una decantación abra un poco más. Uno de mis riojanos favoritos me ha dejado indiferente, esta vez.

Lealtanza 2004. A pesar de sus colores de vino evolucionado; terracotas y ribetes ladrillo es un vino expresivo, equilibrado con fruta negra, buena acidez, tanino y de alcoholes integrados. Repetible.

Artadi 2010. De 24 a 48 horas de maceración y doce meses de crianza en roble francés. Me ha recordado la puntada de algunos amigos cuando dicen que llegan entre las 5 y las 7 de la tarde a una cita. La maceración entre una cifra y la otra es del doble. Tiene una nariz a tocino y cerezas, boca frutal, con buena entrada. Repetible.

Fuimos pocos a la mesa,  así que he decidido descorchar sólo cinco en lugar de los seis acostumbrados. El último es el Cune Edición Única 2007. Con dos años en roble tanto francés como americano. Sospecho que esta etiqueta la han impreso para una tirada de botellas vendidas en México, y que se trata simplemente de un reservita cuya añada les ha costado trabajo vender. Perdón, pero a veces soy muy mal pensado. Además en esto de la mercadotecnia se vale de todo. Es un vino frutal, de acidez moderada y de final largo. Nada que evoque pensamientos muy altos ni suspiros profundos. Bebible solamente.

Felix 2007  Últimamente ha llegado hasta mi mesa una que otra botella que merece la pena comentarse. Diana encabeza una distribuidora de vinos, su trabajo lo ha hecho con mucho esmero y se nota. Aunque debo decir que los  buenos vinos no siempre llegan de la mano de los más comerciales, diría que casi siempre sucede lo contrario…  Comercial:  palabra que puede provocar urticaria a los más ortodoxos, o de menos erizarles los pelos.

Invitado a la mesa a compartir pan y vino, por un alma generosa, me tocó escoger el vino en un restaurante de  cortes argentinos. Yo andaba buscando un Cune crianza, para no romperme la cabeza y tampoco abusar de mi  anfitrión, sé que podría haberme decantado por un malbec bebible, pero no lo hice. Al no encontrarlo, un joven  sumiller se acercó a la mesa para  recomendarnos el Envite, cuya añada he olvidado y no aparece en la foto,  aunque tengo la sospecha que era 2012.  Un vino muy vivaracho, con mucho nervio. Huele a ahumados, fruta  negra y tomillo. Boca frutal y con un ligero cosquilleo en el paladar, excelente acidez y tanino mullido. Sin duda  un riojanito que volvería a pedir. Hasta después me enteré de que lo distribuye Diana Doblado, así que no pierdo  las esperanzas de hacerme de unas cuantas botellas.

Días antes visité a un amigo y su esposa, que generosamente nos invitaron a un servidor y a mi familia a comer un lechón a la Luján o chancho con cuero, como le llaman en el Cono Sur. Mi amigo es una persona muy meticulosa en todo lo que hace, así como un enamorado de la cocina y del buen vino. Ese día aprendí qué debo meter como combustible en un asado; cómo se debe preparar el carbón antes de… aunque yo no cuento con todos los instrumentos necesarios.<<Primero preparó la madera en este «horno confinado por tabiques» para que pasen a ser carbón, y así echarlo al asador…>> Me iba diciendo Mauricio, al mismo tiempo que se disponía a descorchar una botella. Prepara una salsa con la que lo marina: punto clave. Estuvo delicioso. Pero además tenía unas mollejas curadas en leche, que posteriormente puso en el asador. Debo confesar que a pesar de que soy un troglodita profesional, hay cosas que se resiste mi cuerpo a comer, como son: las menudencias, tripas, ojos y lengua trátese de la bestia que se trate. En este caso me tragué mis palabras, y el taco con mollejas y salsa recién preparada estaban para chuparse los dedos.  Todo bañado con un Felix «Blend» 2007. 73% malbec, sin mencionar la otra parte del «blend»… Quince meses en barrica de roble francés. Un vino frutal que maridó de maravilla con una tabla de quesos, unas aceitunas negras traídas de Turquía y miel flanqueado por un trozo de panal. ¡Gracias a Dios! que todavía hay gente que se trata como Dios manda. Los seres humanos que se precien de cierta sensibilidad saben que nos diferenciamos de los animales «irracionales» porque los hombres somos los únicos seres de la creación que comemos sin tener hambre, simplemente por el placer de disfrutar de una buena compañía, una copa de vino, y un buen plato de lechón a la Luján. Crujiente por fuera y suave y delicioso por dentro, con diferentes salsas, entre ellas chimichurri.

La segunda botella: Diosa Vid del mismísimo Valle de Guadalupe, donde mi anfitrión me contaba que empieza a participar de la producción de esta bodega. Un vino con carácter, frutal, excelente acidez, tanino maduro con notas mentoladas y muuuy largo. Una delicia, con su notita mineral. Una vez más compruebo que la mejor materia prima, con una buena charla entre amigos y una buena copa de vino, es la mejor forma de pasar un sábado por la tarde, y guardar en nuestra memoria estos pequeños momentos que hacen la gran diferencia en nuestras sufridas vidas.

TabiquesChenchoAsado

De la cantimplora a la botella espigada...

De la cantimplora a la botella espigada…

Para no perder la costumbre, con casi un mes de retraso, me dispongo a relatar la centésima octagésima séptima cata.

El primero, un blanco, un blanco especial, o digamos no muy común en los anaqueles mexicanos. Se trata de un silvaner. Juliusspital 2012, con trece grados de alcohol por volumen. Huele a uva, ese aroma que guardo en mi memoria desde la infancia; cuando al pelar la cáscara (hollejo)  la pulpa despide: el olor a uva, también heno, perón y notas minerales. En boca sabe a toronja blanca, rosas, con un ligero amargor al final. Como para comprar tres botellitas.

Chianti Bolla 2010. Huele a ciruela madura con notas de ceniza. Boca frutal, de tanino suave, diluido. Repetible.

Poggio Capponi 2011. Otro Chianti. Huele a cerezas con notas muy maduras tirando a mermelada. En boca se nota demasiado el alcohol, aunque no se pierde del todo la fruta. Para algunos es demasiado astringente.

Blue Nun 2013, este riesling de la monjita, un eiswein que tiene apenas siete grados. Aromas intensos a queroseno, miel y flores. En boca: miel y melocotón. Repetible, aunque el precio puede desanimar a muchos, yo incluido.

Ansellman 2009. Uva silvaner, bastante espeso, huele a membrillo y flores, para otros: notas de guanábana, mango y durazno. Repetible. Al igual que el anterior, aquí en México su precio fue de más de 900 pesos. Por ese precio prefiero un Trokenbeerenauslese, o hasta un Sauternes de medio pelo.

Vidal 2004.  Con 10 grados de alcohol. Este último quise contrastarlo con los anteriores, lo probamos la cata pasada. A mi me encantó. Un vino más maduro, se nota la evolución a favor, dando aromas más profundos, mucho más complejo que los anteriores, aunque dicho sea no es común guardar un icewine durante tanto tiempo.

Tempranillo en México, entres otros.A raíz de un obsequio de una botella de tempranillo mexicano, decidí compararlo con algunos otros de la misma uva, también mexicanos. Y este fue el resultado. Empezamos refrescando la garganta con un espumoso de Miguel Torres en cuya etiqueta aparece Santa Digna. Se trata de un rosado vinificado con uva país, la más antigua de Chile. Estelado sin añada. Color rosado con destellos frambuesa, burbuja fina y persistente, no muy rápida, pero hay quienes dicen que mucho depende de la copa: el cristal, la manera como se lavó, etc., etc., Un espumoso que ha gustado mucho, sobre todo con los calores que empiezan a apretar. Nariz floral, con algunas notas cítricas de piel de naranja. En boca es refrescante con recuerdos de toronja blanca, toque calizo y buena acidez. Como para hacerse de una cajita para estos calores y los que vienen.

Galileo 2013, de Vinícola El Cielo. Huele a regaliz, moviendo la copa desprende aromas intensos a arándanos, notas de tierra mojada. En boca es mineral, paso de boca amargo, y de final largo. Bebible.

Quinta Monasterio 2011. Por un instante lo confundí en el estante con Hacienda Monasterio. Varietal de tempranillo con doce meses en barrica nueva de roble francés y americano. Humo, chocolate amargo, en general fruta roja en sazón. En boca es algo cerrado, no tan expresivo como en nariz, amargo, y con evidente carga de alcohol. A pesar de que 13,5 grados hoy en día parece un juego de niños. Inmemorable con causa.

Papaztac 2013. Este fue el vino de regalo que propicio esta cata de tempranillos aunque sólo hay dos varietales, el segundo y el tercero. Aroma dulce a higos, frutos rojos; ciruela madura. En boca es frutal, de buena acidez y de taninos mullidos. Repetible.

Tierra Adentro 2010. Una bodega que ha sido de las favoritas del Grupo desde aquel vino que probamos en el bicentenario o esta otra cata donde hubo varios ejemplares de esta bodega zacatecana: Campo Real. En este caso se trata de una mezcla de 80% syrah, 40% merlot y el resto tempranillo. Así que definitivamente no es un buen ejemplo de tempranillo, que ya de por sí, es difícil encontrar su tipicidad cuando es un varietal, fenómeno común ya que se ha perdido la personalidad de la uva por métodos extremos de sobre-extracción y crianzas muy prolongadas entre otras linduras enológicas. Este es un vino con un singular olor a aceite de oliva, para otros atún y sardinas enlatados, aromas que sólo había encontrado en la chardonnay californiana (EE.UU). El caso es que fue abriendo a fruta roja. En boca tiene una excelente acidez, aunque el final es corto y ligeramente amargo, de buenos taninos y paso por boca.

Un Icewine de uva vidal 2004. Este vino lo trajo Francisco, lleva algún tiempo guardado, bien guardado; ya que se manifiesta de la mejor forma en que puede hacerlo un icewine. Color ocre, con destellos de oro viejo, espeso, con una nariz embriagadora «botrizada», miel, flores, piña cristalizada. Una delicia. Guardamos una botellita para la próxima cata, para que no se la pierdan quienes no asistieron este día.

¿Quién quiere un poco más...?

Quién quiere un poco más…

Me he quejado amargamente en este espacio,  en varias ocasiones, de los abusos en algunos restaurantes. Hoy vuelvo a publicar mis amargas experiencias que abren tema de conversación las tardes en que visito a mi psiquiatra, cuando me pregunta insidiosamente cuáles han sido mis conflictos espirituales más recientes. El sábado pasado fui invitado a comer por una alma generosa a un restaurante. Se trata de uno de mucho postín cuyos jardines deben costar una fortuna, el solo mantenimiento. Para quienes se vayan formando un criterio equivocado, debo reconocer que las cosas llámense bienes y servicios, cada vez están más caras en este país. Indiscutiblemente, sin lugar a dudas, aunque insistan algunos políticos en convencernos de lo contrario. ¡Pero cobrar 180 pesos por un dedal de vino, me parece obsceno! por no decir otra cosa. Ya sea que se trate de un Oporto Taylor´s,  Tawny 10 años, o de un 20 años, quizás un 40 los valga y hasta un poco más. Y si dudan de mis palabras, vean la foto, que a propósito ha sido contrastada con la copa de agua, que dicho sea, hay restaurantes que sirven el vino en copas mucho más grandes que las del agua. Con esto no quiero decir que esperaba un oporto en una copa magnum, pero sí algo que me dejara satisfecho sin la idea de que me están viendo la cara.  El fondo del asunto es que muchos restaurantes han encontrado la manera de servir poco y caro, no sólo en las bebidas sino también en las porciones de comida. Sé que detrás hay  costos directos e indirectos, pero no creo que por 50 ml de Tawny 10 años deban cobrar 180 pesos. Una botella (750 ml) tiene un precio en el mercado de aproximadamente 650 pesos, eso nos daría un costo de 43 por dedal… Perdón por copa. El margen de utilidad es poco más de 400%. Si algún amable lector de este blog lo considera justo, prometo no guardarle rencor, debe ser porque seguramente tiene algo que ver con ese restaurante.  Pero me gustaría leer sus amables y ponderadas opiniones.