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¿2003 o 2004…?

El 25 de agosto pasado Germán Dehesa Violante anunciaba a sus lectores en Gaceta del Ángel su terrible padecimiento. Cáncer. No sé dónde ni cuándo empezó todo, pero ayer supe que perdió la batalla. Hombre de letras, de pluma aguda y crítica, con un humor tirando a negro. Sin duda de mis favoritos. Así que en honor a don Germán, El Charro Negro, bajé a la cava y junto con mi mujer nos bebimos un borgoñita.
Domaine Jean Grivot es una bodega de la que no había probado nada, aunque dejé escapar un detalle. La añada. Se trata de un Chambolle-Musigny, La Combe D´Orveaux, 2003, los calores de ese año han dado vinos con mucha azúcar y poca acidez. A veces me pregunto si es mejor ignorar ciertas cosas a la hora de descorchar una botella, sobre todo tratándose de aspectos que vayan en contra de ese vino. El caso es que lo descorché con cierto escepticismo. Tardó algo en abrir, su nariz no es muy intensa; algo de fruta roja, mi esposa decía cereza yo frambuesa, algunas notas térreas de trufa y tierra mojada, pero muy leves, una nota especiada a tomillo era más evidente. En boca todo empieza bien, pero al final se hace hueco le falta profundidad y algo de armazón. Mis intenciones eran despedir a don Germán con algo mejor, pero conste que los borgoñas son de mis preferidos, aunque a veces no es posible dar en el clavo. Por cierto algo que nos ha intrigado mucho en el corcho, es un «4» debajo del «3» a manera de corrección… Caprichos de la naturaleza ya que el corcho es finalmente un pedazo de madera, algunas imperfecciones han tomado la forma de ese poco recurrente «4». ¿Qué habrá pasado con esa añada… fue mejor?

Les Granges 2007

Les Granges 2007

Recién desempacado de Acapulco lo único que concluyo es que será mejor para la próxima llevar el vino y las copas desde casa. Me sorprende la limitada oferta de vinos de Casa Palacio en comparación con Palacio de Hierro de Perisur, la tienda que más conozco de todas. ¿Estarán en lo correcto al pensar que la mayor demanda de vinos de calidad está en la Ciudad de México? Yo dejaría esta pregunta en el aire, ya que tengo mis serias dudas. Es que además la paupérrima oferta no llega ni siquiera a la quinta parte de la Ciudad de México, predominando los tintos, aunque esto último no me extraña en lo más mínimo.
En esta ocasión no he visitado la Europea pero puedo decirles que es la mejor opción en este puerto del Pacífico. La oferta culinaria en la zona nunca ha sido como para echar tiros, conocimos el Forno di Gio, un restaurante italiano que sin mirar los precios es aceptable, pero una vez que traen la cuenta las pretensiones a la hora de cobrar son exageradas. El vino de la casa a $95 la copa, lo sacan de una pequeña barrica, aún así no está mal. Yo me imaginaba chupando una duela recién barnizada.

En muchas ocasiones el vino es el protagonista de la tarde, y en segundo lugar la comida. De manera intencional hoy a quedado de manifiesto lo anterior. Bajé a la cava y he sacado de su nicho el único chinon que quedaba. Se trata de Les Granges 2007, de Bernard Baudry. Hermoso color carmín. Nariz muy sugestiva a ciruelas y grosellas maduras con notas de casis, tamarindo y barro. En boca es suave de acidez perfecta, trago sedoso y amplio a la vez. Por lo regular para mi la comida pasa a segundo término cuando tengo en mente sacar alguna botella a la que le tengo ganas de tiempo atrás. No sé si sería capaz de descorchar un Rutherford de Napa con sardinas en tomate… Pero tampoco creo llegar a esos extremos. El caso es que hoy sábado mis hijos han pedido por teléfono dos pizzas: una preparada con peperoni y tomate, y la otra con jamón y piña, nada menos que de Dominos Pizza, la compañía del eslogan de los treinta minutos… Además la han pedido de pasta gruesa, sólo faltó lo del doble queso. Sin duda por esta ocasión como en muchas otras el protagonista ha sido este chinon de ese hermoso valle. Pero ambas partes hemos tenido lo nuestro, yo me conformo con el vino y ellos con la pizza.

El lunes por la tarde no es el momento más usual para una cata, además de que los ánimos no andan tampoco para estos acontecimientos, pero tratándose de una invitación del buen Jorge y ante su insistencia, me enfilé con otro amigo a uno de mis restaurantes favoritos, donde todo estaría listo para la cata. Como suele suceder el show empezó varios minutos tarde y la asistencia no fue muy nutrida, aunque había varias caras conocidas.

Horacio Sebastián Fuentes es un enólogo muy joven, a sus treinta años se le ha confiado la línea premium de la bodega chilena Ventisquero. Durante la presentación de los viñedos, la bodega y sus vinos, fuimos catando y maridando con algunas entradas preparadas con esmero por la joven y talentosa chef María Fernanda Arámburo. Empezando con un Chardonnay 2009 del Valle Central, color amarillo brillante con destellos verdosos. En nariz es limpio, intenso, manzana verde, notas de toronja blanca. En boca es cítrico. Limón y notas de lima. Unas croquetas rellenas de cangrejo, que conste que no alcancé a escuchar de que estaban hechas, el caso es que el vino no ha desentonado.

Queulat es un parque nacional y un glaciar, nombre que han escogido para una línea de vinos. Este primero es un  Queulat Carmenere 2008 está vinificado con un 5% de cabernet sauvignon… Para Horacio vinificar con cabernet sauvignon es la carta de presentación de todo enólogo, uva tinta más plantada en Chile, ocupando más del 40% de los viñedos. «El terroir tiene límites» (…) algo que me llamó la atención fue la manera como concibe el terroir. Cuando menciona los límites se refiere a la calidad de cada pago, no es lo mismo la chardonnay en Montrachet que en Casa Blanca. Defensor de la tecnología en los procesos de vinificación, aunque marcando una frontera no muy clara entre su uso y el abuso. Hasta ahí todo iba bien, coincido en lo general con estos planteamientos, pero cuando se refiere a la tipicidad de la uva en distintas regiones, me empiezo a poner algo ansioso, y rechina algo en mis entrañas. Si bien es cierto que la riesling del Mosela no es ni por equivocación la misma que en el Valle Clare en Australia, la tipicidad se pierde cuando los vinos son sometidos a crianzas en madera nueva y bien tostadita por infames periodos de manera indiscriminada, que lo único que hacen es ahogar la fruta en roble. Estas prácticas han sido muy populares en los últimos 25 años, así que poder reconocer un cabernet sauvignon chileno, español o argentino es como sacarse la lotería.

Siguiendo con el Queulat Carmenere 2008, domina la ciruela, la zarzamora, notas de humo y tomillo, de tanino pulido y acidez muy justa. Acompañado con unas tostadas de garbanzo. El tercero de la misma línea fue un Queulat Cabernet Sauvignon 2009, con 5% de syrah. Menos intenso que el anterior y con una arista alcohólica, quizás resultado de la temperatura. El mousse de roquefort definitivamente no va con este vino, un sauternes sería lo ideal. Su crianza se hace en un 20% de barrica de segundo uso y 40% de tercer uso. Interesante crianza para los estándares modernos, donde toda la barrica es nuevecita y muy pintadita de rojo en medio.

Por último probamos el Grey Syrah 2008, el vino premium de la bodega con 16 meses de barrica y uno en vidrio. Fruta negra y notas de lavanda. El canapé una calabaza de nueva Zelanda con reducción de balsámico, mucho mejor maridaje que el anterior.
En general me parecen tintos rayando en el anonimato, a pesar de que el enólogo haya proclamado el terroir a los cuatro vientos. Tintos muy parecidos unos a otros. Me han mandado por correo la lista de precios, pero no he podido abrir el archivo, aunque todo indica que los precios no son como para hipotecar la casa.

Fotos extraídas de ventisquero.com

Al colgar un comentario y un enlace del blog uvinum en el foro de verema.com sobre el supuesto icewine español vinificado en Penedés, parece que la cosa va más de broma que en serio, hubo varios comentarios interesantes. La foto al parecer es de otro viñedo muy lejos de allí. Por supuesto que las condiciones no son las mismas que en Francia o en Canadá, y no basta con una buena nevada, así que un poco de nieve carbónica agregada a los racimos ya vendimiados es la supuesta solución. Al ver el video me hace pensar más en clases de repostería que en la propia vinificación. Pero júzguenlo ustedes mismos en este video de la bodega Gramona. Parece que los trucos en las bodegas son justificados por el resultado final. Recuerdo haber probado aquel Vi de Gel Gewürtztraminer 2003, aunque me pareció concentrado le faltaba acidez, el resultado es que empalaga fácilmente. La bodega San Alejandro Miedes, hace otro vino en la D.O. Calatayud, en Aragón, con el mismo método; Vino Blanco de Hielo, Baltazar Gracián. Aunque éste no lo he probado aún. La pregunta sería: ¿Bajo estas condiciones es posible hacer un vino de hielo (Icewine) de calidad…? las imitaciones rara vez son buenas.

Burbujas de oro

Publicado: 26 julio, 2010 en De lo social, Novedades, Vino
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Blue Nun Sparkling, Gold Edition

Blue Nun Sparkling, Gold Edition

Cuando parecía que ya había visto todo acerca de las artimañas para atraer a los clientes a comprar vino, justo frente a mis narices aparece en los anaqueles de vino un espumoso con pepitas de oro. Se trata de la popular y archi-vendida marca Blue Nun. Arriba de la etiqueta aparece un letrero: «Voltee la botella, sorpréndase!!! (y con mayúsculas) ES ORO DE 22 QUILATES!!!». Me recordó aquellos souvenir tan famosos en los ochentas: cápsulas semiesféricas de plástico transparente que se agitaban para detonar una lluvia de copos blancos o pepitas plateadas, y cuyo contenido cambia dependiendo del país que se visite. Adentro puede tener el castillo de Disney, la Torre Eiffel, las Pirámides de Egipto… Pero nunca pensé que pudieran adoptar tal concepto para una botella de vino.

Alguna vez me comentó un amigo que encontró una botella de vino con pepitas de oro, aunque en esa ocasión pensé que la había visto en una tienda de artículos extravagantes y caros para gente que no sabe en qué gastarse el dinero. Nunca me imaginé que Blue Nun se ocuparía de meterle pepitas de oro a una botella de espumoso de $140.00, poco más de diez dólares americanos. Una medida extrema para que la gente se sienta atraída por este producto, aunque siempre me ha parecido muy burdo agregar piedras y metales preciosos a algunos artículos; desvirtuando su verdadero fin. Como en aquella tienda en Frankfurt donde se vendían teléfonos celulares con incrustaciones de diamantes, rubíes y esmeraldas, ya se podrán imaginar los precios… ¿Tendrán mejor recepción?

Otra cosa que me sorprende aún más es la bodega en cuestión, ya que Blue Nun nunca se ha distinguido por llegar a los bolsillos más acaudalados… Aquí en México se trata de un vino sencillo, de baja calidad, agradable para muchos paladares, cuya aceptación ha sido un éxito rotundo tanto para un día en la alberca como para una fiesta, un vino de trago largo. ¿Para qué carajos agregar pepitas de oro…?

En cuanto a la higiene y la salud… qué motiva a la gente a beber un vino con pepitas de metal flotando por todos lados a la hora de agitarlo, conste que además se trata de un espumoso. ¿Algún beneficio para la salud?

Sirviendo un poco, para oxigenarlo...

Sirviendo un poco, para oxigenarlo...

Confieso que me he contagiado de la fiebre del Mundial de Futbol, sobre todo los últimos partidos. Los equipos «chicos» se han comido a los grandes, algunos de ellos han vuelto a casa antes de lo esperado como en el caso de: Francia, Italia y Brasil. La final pasará a la historia, ya que España por primera vez llega a la final y además se lleva la Copa. Muy merecido lo tiene. Aunque no sé mucho de futbol, me parece que el partido final desmereció mucho en la primera parte, debido a las patadas y jalones de muchos holandeses, que poco a poco fueron contaminado el ambiente. Sumado a que el árbitro no encontraba por ninguna parte la tarjeta roja, o peor aún, no quería encontrarla. Pero eso se los dejo a los aficionados de corazón, que no se pierden un solo partido durante los torneos regulares, y no sólo se emocionan y hacen sus propios análisis durante el mes que dura el Mundial.

Qué mejor pretexto para sacar una botellita que llevaba reposando desde el 22 de enero de 2006. España, uno de los países que más me gusta visitar, además de los lazos afectivos, y aunque mi padre vivió más tiempo en México que en su natal España, nunca olvidó su pueblo ni su gente.
Como he dicho en otras ocasiones, me cuesta trabajo sacar algunas botellas de la bodega cuando llevan mucho tiempo resposando, parecería que ya forman parte de los botelleros. Algunas añadas ya son difíciles de conseguir y así como suben los precios es casi imposible volver a hacerse de ellas. Pero hay momentos que merece la pena bajar y sacar un buen vino, finalmente para eso está hecho; para disfrutarse y compartirse.

Michael Broadbent hace énfasis en este vino, en su libro: Michael Broadbent´s Vintage Wine, en la página 417, cuando con letras grandes escribe: Spain´s Unique Vega Sicilia, cuya primera producción de «Único» fue en la década de 1860. Él mismo lo califica como; «The Lafite of Spain».
De la añada que descorché, no hay referencia, aunque poca falta hace. Se trata de un vino maduro, muy amalgamado, redondo, profundo, con muchos aromas terciarios; cuero fino, ahumados, caza con pelo, tierra mojada, trufa, sotobosque… En boca es tan complejo como en nariz, una obra de arte.

Entrada principal a L´Ecrivain

Entrada principal a L´Ecrivain

El buen tiempo en Dublín me ha sonreído y me ha permitido caminar a mis anchas por la zona de Trinity College, donde alguna vez estudió Oscar Wilde. Siguiendo ese rumbo por la calle Grafton hacia el sur, llegué el parque St. Stephen´s Green, dando vuelta al este para conocer Baggott Street. Sus veinte grados centígrados hacen más bulliciosa la ciudad y le dan vida y movimiento a las calles. Nada que ver con aquellas gélidas temperaturas de febrero, cuando es imposible caminar más de cinco cuadras sin entrar a algún establecimiento a calentarse un poco, o desplazarse en taxi.

Al filo de las 7:00 pm he llegado a la recepción de L´Ecrivain, una señorita joven, rubia y baja de estatura me recibió preguntándome: ¿tiene reservación?… Algo que siempre me ha puesto los pelos de punta, los pocos que me quedan. Reservaciones cuando el salón está vacío, a sabiendas que no se llenará nunca. No, no tengo reservación. Después de una pausa, respondió observando la agenda: puede disponer de la mesa hasta las 8:00 pm. Señorita son las siete… No señor, son las 6:00. Menos mal que estaba adelantado mi reloj por una hora. La espera había sido larga y mis ansias por conocer el lugar fueron más grandes que mi orgullo, así que me dejé llevar hasta la mesa. Lugar discreto, sobrio, rayando en la monotonía. Salón en la planta alta y un pequeño desván, coronado con un «mini split» para los calores veraniegos.

Puligny-Montrachet % Volnay...

Puligny-Montrachet & Volnay…

Después de echar un vistazo alrededor de mi mesa, comprobé que no había una sola mesa ocupada. Pedí la carta. Como me imaginé… los precios son un atentado al patrimonio. La carta de vinos raya en lo aburrido, botellas que esperaría de cualquier otro lugar donde no se han roto mucho la cabeza. Aunque tampoco puedo decir que no tuviera algunas cosas interesantes, mis expectativas eran muy altas.

Comencé con un champán, un burbujeante rosé, color piel de cebolla; Pierre Paillard Brut Rosé, nariz caliza, boca frutal, abocado, acidez justa. Siguiendo con el vino. Tenía antojo de un blanco entrado en años y un tinto joven, pero el copeo es muy limitado, así que me decidí por dos medias botellas: Joan-Louis Chavy, Puligny-Montrachet 1er Cru, Les Folatieres 2006. Vendimiado en un pago de poco más de una hectárea, con 14 meses de crianza en roble, 30% nuevo. Vino no muy viejo, pero si maduro, y un Volnay, Lombeline 2007. Para comer abrí con una entrada de «New Season Asparagus»: espárragos con huevo pochado, parmesano y trufa. El sabor del huevo domina el conjunto a tal grado que por mucho que traté de limpiarme la boca y beber agua, tuve que pedir cambio de copa. Este Puligny-Montrachet me recordó el dulce de cajeta; un vino maduro y profundo con un gran balance. Como segundo; «Roast Duck»: cocción perfecta, así como la combinación de la guarnición con una salsa exquisita. Este Volnay no niega su juventud, pero tampoco su equilibrio, a sus cuatro años ya deja ver sus notas térreas, trufa y cuero del más fino. Firme en boca, con esa extraordinaria acidez, propia de los buenos borgoñas. «Bocato di cardinale». Maridando perfectamente con las notas dulces de la salsa del pato.

Cocción perfecta...

Cocción perfecta…

Cuando no estoy seguro de qué tiendas de vino visitar, me ha dado buen resultado preguntar en los restaurantes donde sirven vino. Así que pregunté a uno de los meseros. Me dio una lista de tres lugares, todos muy cercanos. Haciendo hincapié en que visitara una tienda de quesos, Matthews Cheese Cellar, donde sirven el queso con una copita de vino, un lugar según él, muy agradable que vale la pena conocer.

De postre, al escuchar sobre quesos, pedí una tablita con un Capitelli de Anselmi, un vino de postre bastante plano y diluido si lo comparamos con otros, como por ejemplo un buen Sauternes o un Moscatel Málaga Jorge Ordoñez 2007, anunciado en la carta. Saciado por completo tanto por el lado de la comida como por el del vino, pedí la cuenta. Sin hacer conversiones tortuosas a dólares o a pesos, pagué y me retiré a mi hotel. Tenía sueño, necesitaba una siesta. Siesta que se prolongo más de la cuenta, cuando vi el reloj era demasiado tarde, aun con la hora extra que me habían regalado en L´Ecrivain… Al final reconozco que no se puede hacer todo en un solo día, por muy largo que éste sea. La única tienda de la lista que conocí fue Fallon & Byrne, curiosamente había sido la primera que había visitado ese día por la mañana. Quedarón en el tintero: The Corkscrew, en Grafton, y Matthews Cheese Cellar, esta última es la que más me pesa no haber visitado. Las menciono por si alguien visita estas tierras y tiene tiempo para el tour. Thorton´s me fue recomendado por su supuesta excelente relación calidad-precio. Este restaurante está casi justo frente a la entrada del parque Stephen´s Green, siguiendo al sur por la calle Grafton… Será para la próxima ocasión.

Mejor Wine Bar de Dublín Expedición…Puede ser la segunda acepción o la quinta del diccionario de la RAE, si tomamos en cuenta no precisamente la curia romana, sino la autoridad máxima en el hogar; encabezada por la mujer, dueña y señora de la casa. Lo más importante es que he sido dispensado por cinco noches y seis días para emprender una gran empresa al otro lado del charco. Teniendo un solo día libre en la capital de Irlanda, no había tiempo que perder. Ya había tenido la oportunidad de conocer Dublín y parte de su oferta gastronómica-vínica, pero nada mejor como explorarla solo, a mi propio ritmo, sin prisas y con la única intención de descubrir sitios que valgan la pena, relacionados con el buen comer y beber. A veces no tenemos un panorama completo si nos enfocamos a las recomendaciones de taxistas y conserjes de hotel. A veces sí. El caso es que cuando más de una persona recomienda un lugar, alguna gracia debe tener. Dublín es una ciudad pequeña con poco menos de medio millón de habitantes. Celosos de su pasado celta y optimistas en el futuro, guardan mucha similitud con los ingleses… aunque por favor, que no se enteren de lo que acabo de decir.

Siguiendo por la bulliciosa calle de Grafton hacia el sur antes de llegar al famoso parque St. Stephen´s Green, me metí en una calle, sin rumbo fijo, caminé unas cuantas cuadras para detenerme justo al otro lado de un wine bar que había visto anunciado en la sección amarilla unos minutos antes en el hotel. Olesya´s Wine Bar, número dieciocho de la calle Exchequer. Cuatro personas hacían reparaciones en la fachada y el lugar aún no estaba abierto, así que me metí justo enfrente en Fallon & Byrne para comprar una botellita de agua y echar un vistazo al lugar. Me recordó al HEB en versión europea donde se encuentra de todo un poco, en un sitio relativamente pequeño: fruta, legumbres, verduras, quesos, carnes frías, helados, pastelería y algo que no debe faltar… vinos. A la entrada bajando las escaleras se encuentra su propio wine bar, considerado el mejor de la ciudad en este año, según una pizarra dentro del local. También estaba cerrado aunque faltaba poco para que lo abrieran.
Una vez que abrieron bajé al sótano. Sus muros colindantes están cubiertos por botelleros con una selección modesta pero suficiente para entretenerse un rato, observando etiquetas. La verdad la carta no es para impresionar a nadie: 22 blancos, 30 tintos, 3 espumosos, 1 Sherry, 1 Jurancón dulce y un Oporto. Sin pensarlo mucho me decidí por un Freiheit Grüner Veltliner 2007. Color amarillo pálido, aromas de fruta entre pera y manzana verde, de boca vivaz, cítrica (limón) despidiéndose en el posgusto con mucho vigor. El día era largo, tanto por el verano; oscureciendo poco antes de las 11:00  y empezando a clarear a eso de las 4:30, como también por el ajetreo de conocer el mayor número de lugares interesantes en unas horas. Así que crucé la calle y entré a Olesya´s W.B., este lugar es acogedor, cuenta con apenas unas cuantas mesas, bien acondicionado y atendido ese día por un diligente joven que en seguida me mostró la carta. Desde la entrada se anuncian más de cien vinos por copeo y más de 300 en total.

JM Gobillard & Fils Rose y Balsamique Foie-gras

JM Gobillard & Fils Rose y Balsamique Foie-gras

Su carta es más extensa que la de enfrente y la oferta de bocadillos es interesante. Se nota el esmero en la selección de vinos y la preparación de las viandas. Un poco de burbujas no estaría mal, así que escogí una copita de JM Gobillard & Fils Rosé, a 16 €. Seco hasta la médula, calizo y mineral. Un buen espumoso para maridar con un foie gras balsámico: crujiente pan en una cama de finas rebanadas de manzana y coronado con el foie gras, unas gotas de vinagre balsámico y aceite de oliva; todo-frío-y-exquisito. La carta esta enfocada a gustos algo sofisticados: «Red caviar», «Sevruga caviar» y para bolsillos más holgados «Beluga…». Tiempo para que al estilo español; mude de lugar para seguir disfrutando. Después de caminar por el costado norte del parque St. Stephen´s Green, según las indicaciones que me habían dado, seguí caminando por un buen trecho no sin antes, como es mi costumbre, perderme por algunos instantes hasta llegar a la puerta del famoso restaurante francés multi recomendado; L’Ecrivain. Para mi mala fortuna olvidé que estaba en Europa y que a las 2:45 estaba cerrado. Con un: I´am soo sorry, tuve que regresar al hotel para hacer tiempo y descansar un poco hasta que el reloj marcara las 6:00 de la tarde.

(continuará)

Burdeos 2007, por las nubes

Qué sería de un aeropuerto moderno sin sus tiendas «duty free», sin sus pasillos repletos de gente sin rumbo, sin asiáticos comprando vino caro y tomando fotografías por todos lados, sin el carrito de golf por los pasillos con la señora gorda desbordándose, sin sus vuelos cancelados o retrasados… Si conoces un aeropuerto sin estas características, no es un verdadero aeropuerto, y si lo conoces, ya conociste todos. Hoy, los más importantes han perdido poco a poco su identidad.

Los ascensos de clase económica a business class forman parte de las nuevas políticas en las tan decaídas aerolíneas. Un golpe de suerte hizo que mi rechoncha figura viajara cómodamente en business class desde México a Frankfurt sin desembolsar un quinto, disfrutando de las comodidades y del champán, así como un riesling troken muy floral y limpio que más tarde encontraría a la venta en el aeropuerto. Se trata de un Franconia riesling Burgüerspitale troken 2008, cuyo precio me sorprendió aún más: 9 €. Al haber tenido tan reposado viaje y tiempo libre de sobra en el aeropuerto, busqué con optimismo algún vino alemán que valiera la pena para llevar y disfrutar en el cuarto de hotel, en Dublín. Para que de regreso; ya sea que comprara las mismas botellas o cambiara por otras mejores, debido a la escala de regreso en la misma ciudad alemana. La primera tienda grande me atrajo como la presa al sabueso.
Al igual que todas las tiendas «Duty Free» de tamaño familiar; tiene su sección de perfumes, aparatos electrónicos, accesorios de piel… pero lo que buscaba estaba más cerca de lo que pensé. A un lado del pasillo estaban las botellas de vino, muy bien formaditas, iluminadas y rodeadas por asiáticos cual enjambre en un prado lleno de flores. Me hizo gracia una japonesa colocándose una botella de Faustino V a unos centímetros de su sonriente rostro para que su pareja perpetuara la imagen con su moderna cámara digital de última generación. Nunca me imaginé que en Japón fuera un vino de culto.

Los precios de la mayoría de los Burdeos son de verdadero escándalo. Después de sorprenderme por lo que piden por la añada 2007, los pronósticos para la 2009 parecen una escalada brutal a precios impagables. Margaux 2007, 495 €. Lafite misma añada 499 €. Del otro lado del anaquel encontré lo que buscaba. Vino alemán a precios comedidos.

                    Los alemanes…

De entre una veintena de ellos, escogí un Krebs Crode 2008 Spätburgunder Spätlese, Rotwein Troken. Ojalá que su copioso y kilométrico nombre hubiera sido directamente proporcional a su contenido. Un vino desconcertante: nariz a barro, notas de grosella y algo de naranja. Boca diluida sin acidez, tan diluido que parecía que le habían agregado agua. La otra botella de la misma marca y añada fue un riesling troken Gutsabfüllung. Vino floral, cítrico de boca refrescante con excelente acidez, pero tampoco para repetir. De regreso a la tienda he metido a la canasta un par de estilizadas botellas; ambas repletas de medallas y reconocimientos, cosa que me hizo dudar. Anselmann Trockenbeerenauslese Ortega 2005, y un Anselmann Eiswein Riesling 2008. Me llamó poderosamente la atención la uva Ortega, un nombre en concordancia con una región de Castilla y León, más que de un vino alemán Trockenbeerenauslese. Hasta aquí mis variopintas experiencias en el aeropuerto.

Confieso haber caído redondo ante la seducción de estas palabras, o mejor dicho de esta marca, producto finalmente de las habituales prácticas de mercadotecnia. Berry Bros. & Ruth impone, una tienda de más de trescientos años en el corazón de Londres, es una de las más prestigiadas. Un «claret» escogido por ellos debería ser, por lo menos, algo digno de beberse en un festejo… Grandes espectativas, pero pocos resultados… empecemos por el principio.
Inicié la tarde de este día del padre con un Spätlese de poca estirpe, pero muy resultón. Machmer Weingut 2006er ¿les dice algo…? un gewürztraminer tirando al anonimato, no se trata de ningún tan famoso Dr. distinguido en otras regiones. Color oro joven… por aquello de oro viejo. Ya que me pareció entre oro y pajizo. Aromas intensos a melocotón, toronja roja, notas de miel y flores, con un final cítrico a cáscara de naranja. Lo más importante es que satisfizo a todos los paladares femeninos. Y para mí, lo que apunté al principio, un Gewürtztraminer resultón. Bebible y accesible, cuando lo podía encontrar en los anaqueles de Superama, aunque hace mucho que ya no lo veo.

El otro, el Claret es un vinito con una nariz bastante confusa entre los burdeos de medio pelo actuales, podría confundirse con algún: chileno, californiano (de las dos Californias), italiano, español o qué sé yo… chocolate amargo, lavanda y pimiento. En boca es de taninos mullidos y de acidez justa. No le veo por ningún lado lo «extra ordinary» al menos que en castellano tenga otra acepción. Tan comercial como lo que se ha convertido este Día. Tanto las madres como los padres tenemos dos de los días más socorridos para las compras y las salidas a comer a restaurantes hasta el tope de incautos. Pero tratándose del día del padre, y habiendo deshechado del inventario este claret, ha merecido la pena el «grandísimo» sacrificio. Lo peor en estos casos es haber cargado la mercancía de tan lejos con tan probres resultados.

Albergando nuevas esperanzas de encontrar algunas cosas interesantes en Frankfurt, que aunque estaré un par de horas para la conexión de otro vuelo, sé que en Alemania debe haber cosas buenas en el aeropuerto, sobre todo tratándose de uno tan concurrido. Mi objetivo: los troken, y uno que otro Mosela dulce, de calidad probada.

Claret Extra Ordinary???

No acababan de despedir a Saramago cuando anunciaban la muerte de Carlos Monsiváis, ayer, a medio día. Como bien apuntaban en un periódico: la «Conciencia de México». Quienes conocimos a Monsiváis, no en persona, pero sí por lo que escribió, sabemos de quien se trata, y lo que hemos perdido, pero como dijo alguien hoy por la mañana; que triste que lo hayamos perdido, pero que afortunados de haberlo tenido. Deja un legado vasto, y como casi siempre sucede habrá quien empiece a leerlo: Yo ya empecé, aunque falta mucho camino por recorrer. QEPD