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Chihuahuense entre argentinos...

Chihuahuense entre argentinos...

Chihuahua nunca ha formado parte de la escasa lista de estados productores de vino en México, así que cuando Sergio me llevó esta botella mi incredulidad hizo que mi cabeza diera vueltas, pero fue aún mayor mi sorpresa cuando lo probé. Como vino debutante de esta cata fue encendiendo sonrisas de sorpresa… pero la pregunta no tardó en aparecer entre todos nosotros: ¿Lo vinificarán en Chihuahua…? no sería la primera vez que alguien compre vino a granel para embotellarlo bajo el nombre de su etiqueta. Así superó con creces las pocas espectativas que teníamos de este Vino Misión Cerocahui, sin añada y vinificado con un 55% de Chardonnay y el resto con semillon, la uva del mejor vino botrizado del mundo, Chateau D’ Yquem. Su color es amarillo con tonos verdosos, brillante. Nariz intensa a piña madura, manzana y notas de hierba buena. En boca es un grado más que abocado, yo diría que es dulce con muy buena acidez, frutal y alguien decía que lo notaba mineral, yo no.

Después llegó el turno para los malbec. El primer tinto de la noche: Febre Montmayou Patagonia 2008, hollejos, fruta negra, notas de lavanda, aceituna negra. Boca frutal, mineral de final amargo. Amauta III 2008, este segundo vino lleva un 40% de cabernet sauvignon, la mayoría a notado maderas, sin precisar si es nueva o vieja… a mí me pareció un vino con una nariz animal; almizcle, tocino y notas térreas, tierra mojada. Acidez destacada de final amargo. Mejor nariz. Las Moras Black Label 2008, color picota, aromas intensos a chocolate blanco, y notas especiadas a pimienta negra, cerezas en licor. Firme en boca, frutal, jugoso y de final amargo. Callejón Del Crimen 2005, Frutos negros, vainilla, cacao. chocolate, redondo, tanino mullido, excelente acidez y persistencia. El último fue un Felipe Rutini 2007, aromas intensos a moras. De tanino casi dulce, opiniones encontradas entre lo sutil y lo diluido, un tema que aflora en cada reunión. En general me parece un vino que guarda equilibrio entre la fruta y la acidez, pero sin emocionar a nadie. Después de diez vinos en dos catas, sigue la pregunta en el aire: ¿Cuál es el perfil de la malbec, cuál es su tipicidad..? Nadie responde. Seguiremos en la búsqueda.

Gonzalo en plena exposición... Después de saber que vendría Gonzalo Lainez a México, lo primero que pensé es que sería una magnífica oportunidad para conocerlo en persona. A Gonzalo lo sigo desde el foro de verema.com desde hace casi diez años, pero por extraño que parezca nunca habíamos coincidido en España, mucho menos me imaginé que pudiera darse el encuentro en México. Pero no es la primera vez que sucede, recuerdo cuando conocí a Pedro Aibar, enólogo de Viñas del Vero, en una presentación de sus vinos en una cadena de tiendas especializada aquí en México.

Gonzalo se desempeña como director de exportaciones de Bodegas Roda para América. Después de solicitar por correo a Gonzalo una entrada a la cata vertical, hizo todo lo posible para que asistiera. La convocatoria del periódico era contestar una trivia y ser suscriptor del mismo. El segundo requisito no lo cumplía, además de que el tiempo ya estaba encima. Afortunadamente unas horas antes recibí la grata sorpresa de que había un lugar reservado para mí.
La concurrencia fue copiosa, como suele suceder en este tipo de acontecimientos en una ciudad tan grande como lo es la ciudad de México. Sin perder tiempo llegué a la cita puntual, aquí en México somos tan impuntuales que suelen citar media hora antes de que empiece todo. Así que llegué holgadamente para registrarme y contemplar las magníficas instalaciones del periódico Reforma, aunque ya había asistido a otra degustación años atrás.
Gonzalo me había sugerido ocupar algún lugar al frente, así que me fui a la primera fila. Su presentación fue tan clara como amena, además de revelar datos muy interesantes.

En un salón impecablemente acondicionado con manteles de cata, pan, agua, unos bocadillos, y cinco copas ya servidas de distintas añadas. Comenzó su presentación. Muy interesante, ágil y amena, debo de reconocerle su vocación didáctica. Hubo varias cosas que me llamaron la atención, yo siempre había escuchado aquello de los brix y no sé cuantas historias para que el enólogo diera la esperada orden de vendimiar. Ese día supe de otros métodos, quizás menos científicos pero sí muy eficaces. El pincel, esa parte del escobajo que va pegada a la uva debe pintar la uña del dedo, las pepitas o semillas deben ser «crocantes» es decir crujientes, sin tonos de color verde, la uva al quitarle el pellejo debe tener matices pintos y no verdes… creo que estos serían los consejos de los viejos viñadores, quienes conocen la tierra mejor que la palma de su mano.
La producción de Roda es de 300 mil botellas anuales y ocupa varios sitios en los primeros lugares. La primera bodega en usar una mesa de selección, la primera en tener piso radiante en su sala de fermentación maloláctica, esto es que el piso pueda calentarse hasta que aparezcan las levaduras responsables de este proceso. Explicaba que la fermentación alcohólica en sus 17 tanques de roble permitía la polimerización de los taninos, limar esa sensación áspera.

Habló también de los nuevos proyectos de Roda: el lanzamiento al mercado de SELA la línea económica dentro de sus vinos y de la adquisición de más de 20 hectáreas ya plantadas y otras tantas de bosque en Ribera del Duero para vinificar la nueva marca: CORIMBO que en botánica es el fenómeno que se da en algunas plantas cuyas brotaciones florales están a la misma altura, como en el caso del cardo, emblema de la empresa. Espero con ansias probar esa primera añada de Ribera.

Después se refirió a las añadas que teníamos en el mantel. El quería deleitarnos con una vertical de 14 añadas… ¿Se imaginan que festín? Por desgracia la nutrida concurrencia y los tiempos no le permitieron más que una selección de cinco añadas: 95, 99, 01, 03 y 05. Parafraseando apuntaba que al elegir las mejores añadas hubiera sido tanto como montar un show, así que demostró las bondades y las inclemencias del clima que hacen sufrir al enólogo y a todos quienes trabajan en la bodega, además de las marcadas diferencias entre una añada y otra. Aunque su precio sea el mismo.

Roda I 1995: tostados, fruta roja en sazón, de taninos mullidos y buena acidez, una demostración de que estos vinos pueden evolucionar dando excelentes resultados. Roda I 1999, un año complicadísimo, 36 días por debajo de 0°C durante el invierno con una precipitación de 478,6 mm en el año vinícola, hasta ahí todo va bien… Después llegó el desastre una luna llena, ni una sola nube en pleno abril dieron como resultado una terrible helada de -4,5°C, esto hizo que los brotes se perdieran, así que atrasó el ciclo. Resultado: un vino poco expresivo en nariz de taninos muy presentes y discreto, el menos complejo de los cinco. El Roda I 2001 fue una historia muy diferente, el clima no pudo ser mejor. Madurez perfecta, 473 mm de precipitación, invierno lluvioso, primavera seca y calurosa. Corrimiento de flor, racimos sueltos, verano con humedad suficiente y para rematar un excelente otoño. Un vino firme, buen tanino, aromas a fruta negra y chocolate, final mineral. Roda I 2003, de esta añada se ha hablado de sobra, mucho calor, cuando en Haro difícilmente se rebasan los 30°C en verano, ese año hubo 15 días seguidos con más de 40°C. Es un vino goloso, fruta confitada, alcohólico… digno ejemplar de Toro, aunque debo decir que no me desagrado. Por último Roda I 2005 este año quienes no vendimiaron antes del 12 de octubre estuvieron en graves problemas debido a la lluvia. Vino joven de tanino rugoso con mucho chocolate amargo y fruta negra, estoy seguro de que unos añitos en botella lo convertirán en un gran vino. Hasta aquí la cata, yo me quedé esperando el Cirsion pero a cambio de éste nos pasaron una vasija con un poco de aceite de oliva Dauro, el mejor aceite de oliva en 2010 en España. No soy muy entendido en aceites, pero me ha gustado mucho remojado en un pan. Poco tiempo para charlar ya que al otro día iba de regreso a casa. Desde aquí mi agradecimiento por haber logrado que me colara a tan interesante cata vertical.

Observar y anotar, oler y anotar, sorber…

Ayer por la noche en nuestra primera cata del año disfrutamos de seis vinos varietales de uva malbec. Lo primero que tengo que decir acerca de estos vinos es que en su mayoría tienen una buena relación calidad-precio, vinos agradables sobre todo el número cinco del que hablaré más tarde. Ninguno de ellos rebasa los 200 pesos (12 € ). La dinámica del grupo ha cambiado, y ahora cada uno de quienes se sientan a la mesa, debe escribir algo sobre el vino catado en un cuaderno que van pasando al de al lado. Una iniciativa que ayuda a mantener la atención para que los participantes no empiecen a discutir sobre cómo arreglar el mundo, y se concentren en los vinos, ya habrá tiempo para todo lo demás. Me ayuda también a tener una idea del vino, desde otra perspectiva… «diez narices huelen más que una». Sin mayor preámbulo empezamos con Finca el Portillo 2008, de bodegas Salentein. Nariz frutal: ciruela y cereza maduras, en boca es ligero, mineral, suave, de final amargo, sus 14.0 de alcohol están bastante presentes, por lo que se contradicen los comentarios por aquello de «suave». De Bodegas Norton su malbec básico: Norton 2009 tiene doce meses de barrica, el 50% nuevo. Al principio huele a arena caliente, pétalos de rosa, hollejos y sandia, boca frutal aunque un poco flojo. El tercero es de Bodegas Francoise Lurton, Lurton 2006, sulfuroso al principio con notas terrosas. Agradable en boca, mineral y largo. Alguien apuntaba que «sabía a lo que olía»… La Flor 2009, de Bodegas y Viñedos Hugo y Eduardo Pulenta tiene seis meses de roble y viene cargadito de alcohol con sus 14.0 grados. Picante (volátil) una vez que pasa, aparece la fruta; frambuesa, acidez alta, un punto dulce de madurez que por momentos descompone el final, tánico y con una arista alcohólica. El siguiente fue definitivamente el vino de la noche. Santa Ana Homage 2008 de Bodegas Santa Ana. Un vino muy bien amalgamado, todo en su lugar, tabaco, cedro. En boca es redondo, con tanino mullido y final largo. Y su precio139 pesos ( 8 € ). Por último llegó Eco de Tango 2006, cuya bodega según la poca información en la etiqueta es la «A». Este vino rebasaba los 200 pesos, pero tenía descuento. No ha sido del agrado de los jueces, quienes han sido muy severos escribiendo lo siguiente: «Acidez pronunciada, corto, se interrumpe en retro, sulfuroso, acido y ligero… Le falta cuerpo» con esos comentarios ¿habrá necesidad de poner alguna calificación?

Cata 140, Navidad, Navidad!!!

Como cada año por esta fecha nuestra peña Vino Por Placer saca los manteles blancos, los sombreros de copa y deja que corra el vino. La razón es que celebramos nuestro aniversario, que en este año es el décimo segundo, la Navidad y la víspera de Año Nuevo. Así que los vinos tenían que estar a la altura del acontecimiento.

Los precios altos, cada vez menos en comparación con los de nuestro vecino del norte (EE.UU), y sobre todo la limitada oferta de diferentes añadas para poder hacer una vertical, me llevaron a dos de los pocos vinos que encontré con estas características: Chateau Duhart-Milon 2001 y 2004, y Chateau La Mission Haut Brion 1988, 1995 y 1997.

Empezamos la noche con algo de refrescantes burbujas: Drappier ya estaba dignamente representada en estas tierras por la excelente Zero Dossage de Pinot Noir pero no había visto todavía por los anaqueles la Carte D´Or, un champán ampliamente recomendado. Sin pensarlo mucho me hice de tres botellitas que además son de precio bastante comedido. Carte D´Or es para mi gusto una de las mejores de esta casa y de las más complejas en champanes sin añada. Color amarillo oro, brillante con extraordinaria burbuja fina que sube rápida formando la corona. Aromas intensos a frutos secos que se perciben apenas se sirve en la copa: mazapán, notas de moras, boca cítrica, muy bien amalgamada, de final largo.

Empezamos con los tintos con un buen ejemplar de Pauillac: Chateau Duhart-Milo 2001, cuya etiqueta afirma su semejanza con Domaines Barons de Rothschild. Nueve años dan sedimento y aromas terciarios ganados en botella… Parece un vino más viejo. Caza, cuero y notas ahumadas que después de media hora en copa aparece algo de fruta de manera tímida: cerezas en licor y mina de lápiz. En boca se nota la madera, y buena acidez. Chateau Duhart-Milo 2004 aromas marcados a tofe. Mi poca paciencia hizo que acabará el vino sin saber su evolución. De una de las mejores regiones de Burdeos descorchamos el primer Pessac-Leognan; Chateau La Mission Haut Brion 1988. Térreo y con notas ahumadas, trufa, tierra mojada y fruta roja, cálido y poco definido en boca. Chateau La Mission Haut Brion 1995 una de las añadas más cacareadas en Burdeos, un vino que muestra su juventud con un tanino bastante áspero todavía, y una excelente acidez como para guardarlo otros cinco años. El último fue un  Chateau La Mission Haut Brion 1997, me pareció sin duda el más redondo de los tres; muy frutal en nariz y mineral en boca, una mineralidad acentuada con una excelente acidez. El Vino de la noche junto con el champán.

Durante la noche hubo comentarios no muy favorables para los tintos. Una vez más compruebo que los vinos maduros distan mucho del concepto de bomba frutal de los vinos modernos que mucha gente tiene muy presente a la hora de emitir su juicio. La frontera entre lo sutil y lo plano, lo etéreo y diluido es apenas perceptible para pocos. La guarda del vino tal como se concibe hasta ahora puede estar en peligro de extinción. Y se trata nada menos que de una de las mejores recompensas para la gente con la suficiente paciencia para esperar que se dé la magia de los susurros de la madurez de un gran vino.

Quiero agradecer a Sergio por su entusiasmo para juntar todos los corchos de las catas y hacer dos magníficos cuadros conmemorativos del Grupo. Así como un porta-botellas de las mejores doce del año, un ingenioso adorno para recordar lo mejor que hemos bebido. Se ha rifado entre los miembros del grupo junto con botellas y regalos. ¡Felicidades a todos en esta gran fiesta!

Descorchados del 2009…

Cata 139, Riberas…

Hay días en los que mis sentidos son todavía más limitados que de costumbre, hoy es uno de ellos. Así que de antemano les digo que los seis tintos de Ribera del Duero de la cata me parecieron muy similares unos a otros, con algunas minúsculas diferencias. Sé que para los que distinguen de un matorral mediterráneo a uno de la montaña deben de pensar que mi ejercicio tiene un valor nulo, y puede ser que tengan razón, lo único que justifica mis anotaciones sobre cada vino es que son de un aficionado de nariz chata y papilas gustativas escasas y poco sensibles.

Sergio me había ofrecido llevar a un amigo a la cata para que nos mostrara los vinos que acaba de importar. Pero tratándose de México y su «simplificación administrativa» los mentados vinos siguen esperando turno en la aduana; quien sabe en qué condiciones y hasta cuando. Se ha podido rescatar una sola botella del embarque como muestra, las demás llevan algún tiempo en México en diferentes tiendas.

Comenzamos con la presentación de la bodega que aparece en el portal de su página. El primer vino fue el Carmelo Rodero cosecha 2008. Vino color rubí de capa media, brillante y con una nariz a zarzamoras y tierra muy amalgamada, discreto y de boca frutal de tanino rugoso. Seguimos con la misma bodega Carmelo Rodero crianza 2006 más complejo que el anterior y con notas tostadas y fruta roja madura, de buen peso y final largo. El último de esta bodega es un Carmelo Rodero Tinto Roble 2008 cuya añada me ha costado averiguar ya que no aparece en la etiqueta. Fruta negra, chocolate amargo y una nota floral a lavanda. El cuarto fue un Valdubón crianza 2007 más redondo que los anteriores; ciruela madura con notas térreas, pero de final diluido. Seguimos con el Valdubón Reserva 2006 bastante cerrado al principio, para después mostrar algo de fruta negra y notas especiadas a pimienta blanca, en boca es cremoso y de final amargo, puede sacar provecho de un par de años en botella. El último fue el vino rescatado de la aduana. Pinna Fidelis Reserva 2004 aromas a vainilla con un fondo frutal a moras y ciruela, aceituna verde además de una nota herbácea no muy definida, tanino firme y final amargo. Sin carácter, otro vino más de 40 dólares.

Entre tannats…

El turno fue para Jorge y sus seis vinos uruguayos. Un país tan pequeño como interesante, con apenas 3 millones y medio de habitantes, colocado entre los primeros cincuenta países con mejor calidad de vida. Más de la mitad de su PIB proviene del sector de servicios.
Con 8,550 ha de viñedos produce poco más de 90 millones de litros al año. Su consumo per cápita es de 30 litros y tan solo el 3% de la producción se exporta. Los pocos vinos que exporta llevan como destino principal Brasil y Argentina, y son en su mayoría varietales de tannat, así como la malbec en Argentina o la carmenére en Chile, la tannat identifica a Uruguay.
Esta uva es oscura y tánica, aunque francamente no pude durante la cata encontrar su sello propio.
El hallazgo de la noche para mí fue el primer blanquito, se trata de un varietal de arriloba resultado del cruce de raffiat moncada y savignon blanc en el año de 1954, y comercializada en 1960. Bodega La Cruz de Florida y la marca del mismo nombre: Arriloba Vino Ecológico 2002 con algo de roble francés y sus ocho añitos presenta un bello color oro viejo, brillante y fluido. Sus aromas me recuerdan el níspero, cera, con alguna nota de queroseno para que al último huela a chicle de menta, en boca es cítrico y con algo de madera que le da un final amargo. Interesante y repetible. El segundo y todos los que siguieron fueron tannat. Castel Pujol 2005 acetona, cedro y alcohol, desequilibrado y amargo, desagradable. De la misma bodega que el blanco, un Cuna de Piedra, Oak Reserve 2007 fruta negra con notas de lavanda haciendo una sabrosa amalgama, alguna nota de pimiento en el fondo, frutal y largo. Muy bueno. El cuarto, de Bodegas Carrau es un Juan Carrau Reserva 2007. Cerrado, madera y alcohol lo que resalta, en boca es áspero, de final amargo: tosco. El Arerunguá 2007  pasa de los $400.00 (30 dólares) un precio difícil para competir. Aromas a piedra de río, fruta negra confitada, zarzamora buen tanino y acidez. El sexto y último: Amat Reserva 2004 sus $429.00 son difícil de justificar, me pareció un vino mucho más complejo y redondo, frutal y de tanino vivo y largo, pero nada que emocione. Me quedo con el tercero de la noche.

Corchos con sus bozales

Corchos con sus bozales

Por desgracia nuestro amigo Carlos no pudo llegar a la cita por motivos de salud de su señora madre, desde aquí nuestros mejores deseos para que se recupere pronto.
El caso es que las botellas ya estaban listas y alguien tenía que dirigir la cata. Ese fui yo. Así que me metí a internet para averiguar aquello de que el cava no es sólo catalán, además de las nuevas variedades «mejorantes» encabezadas por la chardonnay.
Para la gran mayoría pensar en cava es sinónimo de vino espumoso catalán, 200 millones de botellas, el 95% de la producción anual de cava procede de Cataluña. En 1872 Josep Raventós fue el pionero en la elaboración de espumoso en España. Pero hay que recordar que en Rioja y Álava también se producen estos vinos, siguiendo la línea hacia el sur; Valencia produce cava y aún más al sureste en tierras de dehesas como en Badajoz. Me parece muy interesante en un futuro cercano organizar una cata de estos vinos poco conocidos fuera de España. El cava como cualquier otro vino varía su calidad desde vinos muy baratos hasta cavas de mucho prestigio, cuyo precio no alcanza los del champán. Una de las uvas para vinificar rosados es la trepat, autóctona de Conca de Barbera, según datos del diccionario del vino. Otras tintas más conocidas son la pinot noir y la garnacha tinta para mezclar y así producir rosados.
El primer cava de la noche fue un Cordón Negro de la bodega Freixenet, un cava de producción industrial vinificado con 60% parrellada y el resto macabeo. Frutal de boca cítrica y manzana verde, a pesar de ser brut se nota algo de azúcar residual, de muy buena acidez. Seguimos con Peñalba López Brut nature, mucho más seco y final amargo, muy calizo y de burbuja fina. Vilarnau Brut, vinificado con parrellada, macabeo y una pequeña proporción de xarel lo, cítrico y poco más.

De aquí en adelante fueron cavas de la bodega René Barbier, cuyas virtudes no son muchas. Unidimensionales sin la fuerza, la acidez ni la profundidad de los grandes cavas, a ojos cerrados los cambiaría por una botella de Clos Mogador de esta misma bodega en Priorat. Un vino moderno pero con cierto encanto. Lástima que sea tan caro. Les decía que empezamos con los René Barbier, hizo su aparición un rosado con bastante azúcar residual y falta de acidez, los resultados se los pueden imaginar… un vino que cansa el paladar al segundo trago. El semi seco que le siguió también le faltaba esa estructura que da la acidez en los espumosos. Por último un Brut Reserva, seco hasta la médula, bastante calizo. La verdad es que hay poco aún de donde escoger, algunas botellas aisladas en los aparadores. Espero que con el tiempo Agustí Torrelló Mata o Bodegas Gramona vayan siendo parte del repertorio de algunas tiendas de vino.

El lunes por la tarde no es el momento más usual para una cata, además de que los ánimos no andan tampoco para estos acontecimientos, pero tratándose de una invitación del buen Jorge y ante su insistencia, me enfilé con otro amigo a uno de mis restaurantes favoritos, donde todo estaría listo para la cata. Como suele suceder el show empezó varios minutos tarde y la asistencia no fue muy nutrida, aunque había varias caras conocidas.

Horacio Sebastián Fuentes es un enólogo muy joven, a sus treinta años se le ha confiado la línea premium de la bodega chilena Ventisquero. Durante la presentación de los viñedos, la bodega y sus vinos, fuimos catando y maridando con algunas entradas preparadas con esmero por la joven y talentosa chef María Fernanda Arámburo. Empezando con un Chardonnay 2009 del Valle Central, color amarillo brillante con destellos verdosos. En nariz es limpio, intenso, manzana verde, notas de toronja blanca. En boca es cítrico. Limón y notas de lima. Unas croquetas rellenas de cangrejo, que conste que no alcancé a escuchar de que estaban hechas, el caso es que el vino no ha desentonado.

Queulat es un parque nacional y un glaciar, nombre que han escogido para una línea de vinos. Este primero es un  Queulat Carmenere 2008 está vinificado con un 5% de cabernet sauvignon… Para Horacio vinificar con cabernet sauvignon es la carta de presentación de todo enólogo, uva tinta más plantada en Chile, ocupando más del 40% de los viñedos. «El terroir tiene límites» (…) algo que me llamó la atención fue la manera como concibe el terroir. Cuando menciona los límites se refiere a la calidad de cada pago, no es lo mismo la chardonnay en Montrachet que en Casa Blanca. Defensor de la tecnología en los procesos de vinificación, aunque marcando una frontera no muy clara entre su uso y el abuso. Hasta ahí todo iba bien, coincido en lo general con estos planteamientos, pero cuando se refiere a la tipicidad de la uva en distintas regiones, me empiezo a poner algo ansioso, y rechina algo en mis entrañas. Si bien es cierto que la riesling del Mosela no es ni por equivocación la misma que en el Valle Clare en Australia, la tipicidad se pierde cuando los vinos son sometidos a crianzas en madera nueva y bien tostadita por infames periodos de manera indiscriminada, que lo único que hacen es ahogar la fruta en roble. Estas prácticas han sido muy populares en los últimos 25 años, así que poder reconocer un cabernet sauvignon chileno, español o argentino es como sacarse la lotería.

Siguiendo con el Queulat Carmenere 2008, domina la ciruela, la zarzamora, notas de humo y tomillo, de tanino pulido y acidez muy justa. Acompañado con unas tostadas de garbanzo. El tercero de la misma línea fue un Queulat Cabernet Sauvignon 2009, con 5% de syrah. Menos intenso que el anterior y con una arista alcohólica, quizás resultado de la temperatura. El mousse de roquefort definitivamente no va con este vino, un sauternes sería lo ideal. Su crianza se hace en un 20% de barrica de segundo uso y 40% de tercer uso. Interesante crianza para los estándares modernos, donde toda la barrica es nuevecita y muy pintadita de rojo en medio.

Por último probamos el Grey Syrah 2008, el vino premium de la bodega con 16 meses de barrica y uno en vidrio. Fruta negra y notas de lavanda. El canapé una calabaza de nueva Zelanda con reducción de balsámico, mucho mejor maridaje que el anterior.
En general me parecen tintos rayando en el anonimato, a pesar de que el enólogo haya proclamado el terroir a los cuatro vientos. Tintos muy parecidos unos a otros. Me han mandado por correo la lista de precios, pero no he podido abrir el archivo, aunque todo indica que los precios no son como para hipotecar la casa.

Fotos extraídas de ventisquero.com

Cata 136, Shiraz y Sirah con otras…

La uva shiraz es tan representativa de Australia para las bodegas, como lo son los canguros para el turismo. Esta uva es la reina del Valle del Ródano en Francia, aunque se escribe diferente (syrah). Pero es la misma variedad que ha prosperado en aquellas tierras australes, el terroir y las prácticas de vinificación hacen la diferencia. Australia figura en el sexto lugar como productor de vino a nivel mundial, con poco más de 160,000 ha de viñedos. (2005)

Juan Antonio ha traído los vinos que más le gustaron de su último viaje a Australia y decidió descorchar algunas botellas para esta cata, que él mismo dirigió. Compartiendo sus conocimientos y algunos datos interesantes previamente adquiridos en una interesante cata de veinte vinos en el país de origen, en la zona de Barossa. Al leer el título pensé que se trataba sólo de bodegas australianas, aunque Juan Antonio nos tenía preparada una cata comparativa de la misma uva en diferentes países y regiones. Comenzamos con un vino del valle de Barossa. La región productora más grande en Australia. Peter Lehman 2008 un varietal con 14,5% de alcohol y tapón metálico. Muy frutal, fruta negra en sazón; arándanos y ciruela, de tanino granuloso y final amargo. El tiempo lo puede mejorar. Seguimos con la recontra-conocida y vendida bodega chilena Concha y Toro, Casillero del Diablo 2007, 100% Shiraz con apenas 13,0% de alcohol. Especiado, pimienta negra y de tanino dulzón con poca definición en boca. El siguiente fue el que más me gustó, se trata de un Chamarré Syrah Merlot 2006, «Vin Rouge» un plebeyo con buena estampa. Pero eso no le quita que sea un vino de buen paso de boca y con una acidez que lo hace muy vivaz, no es varietal, lleva algo de merlot.

El siguiente par de vinos tuvieron algún problema en la guarda, ya que presentan aromas similares: polvo, café tostado, baúl viejo, y uno que otro aroma a sulfuro… En boca muy planos así que sólo diré que uno era sudafricano y el otro un francés, vin de pays. Cerramos con otro australiano de los que trajo Juan. Taylors 2008 de Clare Valley, una de las regiones de producción más viejas de Australia, mejor conocida por sus riesling. Taylors tiene algo de roble americano y 13,5% de alcohol. En boca es goloso con mucha fruta roja, toffe y una buena dosis de vainilla, me imagino que es por el roble «americano» indiscriminado, aunque sus taninos son suaves, muy limaditos.
Así concluye este acercamiento a esta uva tan de moda y que promete su expansión por muchas otras regiones del mundo.

Rosados de la Noche

Rosados de la Noche

De vuelta a los rosados. Para la gran mayoría, los rosados no son más que seudo vinos, que no merecen la pena la atención. Lo cierto es que no todos son iguales, basta recordar los famosos rosados de Sancerre o el singular Tondonia, que en realidad viene a ser un clarete por su mezcla de viura con algunas tintas.

René ha decidido volver a echar un vistazo a los rosados, incluyendo un champán. Empezamos con un Veuve Clicquot Rosé. Aromas de frambuesa de la pinot noir, variedad dominante. Color entre anaranjado y salmón, brillante y fluido, con burbuja fina no muy persistente. Aromas a pan tostados, y notas de frutos secos y de frambuesa. Seco, guardando un buen equilibrio entre los frutos rojos y la tiza. El segundo fue un Côtes du Rhône de Ogier; Heritages Rosé Ogier Caves de Papes 2008. Color salmón, brillante, notas de durazno y lavanda, en boca es flojo sin persistencia, acidez muy justa.
Uno que hacía tiempo que no veía, o no buscaba por los anaqueles, ya que nunca me ha interesado; Mateus. Un refresquito de naranja con burbujas obscenamente grandes y escasas. Cuando parecía mejorar un poco la cosa con el siguiente vino, un portugués, Defesa 2008, de la Bodega Heredade Do Esporao, vinificado con aragonés y syrah. Resultó un vino de color frambuesa y sabor a malvavisco de fresa.
Para no olvidarnos de nuestro terruño, un rosado de la Bodega Santo Tomás de San Vicente en Baja California, se trata de Santo Tomas Rosado 2008. Color anaranjado destellos ladrillo, aromas a ciruela pasa y tamarindo con algo de «jugo de manzana de tetrapack», su color y sus sabores sugieren que este vino ya pasó por su mejor momento. Al último ha llegado un cabernet de Somontano, se trata del ya conocido Enate Rosado 2008, un vino muy diferente a los anteriores, con sus 13,5 de alcohol, es un vino potente, aguerrido y contundente. Color y sabor cereza, con notas minerales.