A la luz de una vela…

Siguiendo por la Borgoña está el vecino al sur de Pommard: Volnay. Los viñedos de este pueblo son en su mayoría Premier Cru, entre ellos Clos des Chénes. En Volnay reside Montille, aquel viejo productor entrevistado en Mondovino, amante del terroir.
Les comentaba en la entrada anterior que la mayoría de Borgoñas en mi bodega son Louis Jadot. La escasez en número y el aburrimiento en cuanto a la diversidad ya me están preocupando, necesito renovar mi inventario con nuevos productores. Anoche bajé a la cava y después de cierta incertidumbre entre Burdeos y Borgoña, volvió a ganar Borgoña, esta vez escogí Clos Des Chénes 2002. Ya que se trataba de agasajar a mi cuñada en su cumpleaños con una buena cena en el restaurante de su elección y un buen vino escogido por un servidor.
A sus ocho años es un vino redondo, bien integrada la fruta con el alcohol y el tanino. Aromas intensos que forman una amalgama muy interesante de frutillos del bosque con tabaco rubio y notas térreas. En boca es suave como la seda, pero con buen nervio, de excelente acidez y de final eterno, un vino donde se empiezan a asomar notas de caza, jamón serrano y ahumados. En tres palabras: juvenil, complejo y sedoso. Traté de echar un vistazo a la opinión de mr. Michael Broadbent, pero en su libro Michael Broadbent´s Vintage Wine, sólo aparecen referencias hasta el año 2000. Aunque está escrita una nota muy interesante bajo el título de: 2000 and after, donde juega al profeta cuando dice: «But on the face of things burgundy is continuing to go through a succesful period, both in terms of the market and of the vintage. I detect healthy attitudes in the producers and the trade (…) Una predicción bastante optimista, que viene de una de las voces más autorizadas, aunque muchos se empeñen en desacreditarlo después del escándalo de las botellas falsas de Thomas Jefferson. Yo, como aquel dicho: «Una golondrina no hace verano» sería injusto que por un error echara a tierra su larga y fecunda carrera, así que seguiré atento a todo lo que escriba. ¡Ojalá! no se equivoque y que Borgoña siga dando cosas interesantes, sabrosas y que lo dejen a uno tan satisfecho, como ese Clos des Chénes.

Louis Jadot, Pommard 1997

No tengo ningún empacho en confesarles que mis vinos preferidos son los borgoñas tintos y que Louis Jadot es de lo que más consumo. Su distribución llega hasta México, sobre todo lo básico, y uno que otro grand cru y premier cru a precios muy altos. La mayoría de lo que guardo en mi cava fue comprado en el vecino país del norte.

Hace poco menos de tres años metí a la bodega media caja de Pommard, de este «negociante» añada 97. Pommard tiene alrededor de 300 Ha de viñedos y es considerado por mucha gente como el más «masculino» de los Borgoñas, siendo un vino tánico en su juventud, tánico como pocas veces se conoce la pinot noir. En un principio descorché un par de botellas con mis amigos y fue de su total agrado, me atrevería a decir que les encantó. Mi impresión fue amor a primera copa… Una botellita de Pommard «genérico» algo había dentro de esa botella, aunque también reconozco que se trataba de una noche especial de nuestro grupo de cata, ya que festejábamos cien catas… Cien reuniones y muchos, muchos recuerdos. Han pasado ya algunos años desde que están acostadas, las pocas que pensé que había aún guardadas. Sabía que no podía esperar mucho tiempo más. No podía pedirle lo mismo que un Rugiens o un Clos des Epenots… viñedos específicos que hacen lo mejor de Pommard, pero que también elevan su precio de manera drástica. Pensé que podía esperar más de lo que me había planteado en un principio.

Hace unos días saqué de la cava lo que parece que fue la última botella. Y si bien es cierto que no está en su plenitud, lo he disfrutado mucho. Sin dejarme arrastrar por los comentarios poco halagadores de mi esposa, que dicho sea influyen en mi percepción, ya que cuenta con un mejor olfato. Sin embargo pienso que ella se dejó influir por algún comentario que hice al principio sobre la «dudosa longevidad» de este Pommard después de trece años. Por aquellos parámetros convencionales de la región y la añada. Después de los hechos me parece que 97 lejos de ser una mala añada en Pommard, ha dado buenos vinos, que se pueden beber después de diez años. Michael Broadbent no cita la región en particular ese año, pero sí menciona que: fuera de un frío y lluvioso mes de julio, hubo condiciones favorables para que se desarrollara la fruta (…) septiembre fue caluroso. Dando una producción menor que en 96, pero de muy buena calidad.

¡Qué suerte…! encontré esta botella en la cocina

Sin duda hay ocasiones que es mejor pedir cerveza o limonada a pedir vino. A continuación enumero las razones por las que me niego a pedir vino… ¡Vamos! aunque fuera gratis.

1.- Cuando no existe carta de vinos y el camarero murmura: déjeme ver… Creo que tenemos una botellita por allí guardada.

2.- Cuando el salón principal está a más de 25°C y no tienen un lugar medianamente adecuado donde guardar el vino.

3.- Donde el vino está considerado como artículo de lujo y no como complemento de una buena comida. Así hablan los precios $$$

4.- Cuando el maridaje es imposible. Algunos restaurantes de comida mexicana con especialidad en platillos veracruzanos o yucatecos, condimentados y muy picosos… Mejor una cervecita bien fría.

5.- Cuando el ambiente, cristalería o las circunstancias anímicas no encajen con el vino. Lugares y también estados de ánimo donde el principal objetivo es saciar el hambre.

Entre garrafas y tetra-packs…

El consumo de vino en México va en descenso, la mayoría de la gente percibimos que cada día se consume más, aunque los números dicen lo contrario. En 2005 el consumo percápita fue de 0.14 litros contra 0.20 de años anteriores. Buscando alguna explicación, aunque sea en el terreno de la especulación, lo único que se me ocurre es pensar que quienes consumimos vino representamos una mínima parte de la población en edad de hacerlo, en otras palabras el vino sigue siendo una bebida elitista. Razón por la que no ha permeado a las clases bajas que lo siguen considerando una bebida fuera de su alcance. Visité algunas tiendas de autoservicio para echar un vistazo y saber cuáles son los vinos más económicos del mercado en este inicio de década. Muchos precios pueden ser poco representativos cuando no se contrastan con otros artículos de consumo cotidiano.

Mirando hacia las garrafas y los tetra-packs me percaté del Valle Redondo California, la misma empresa que hace jugos. Por $35.00 se pueden llevar a casa 1 litro de vino con 12% de alcohol. Lo que más me sorprendió fue que dentro del mismo formato de 1 litro en tetra-pack Viña Lanzar de España, tiene un precio de $32.00, 3 pesos menos que el Valle Redondo.
Qué tal un Carlo Rossi blanco en garrafa de vidrio de 4 litros por $205.00, a razón de $51.25 el litro. Un viejo conocido con su singular botella regordeta y tapa metálica tipo «mermelada», es el Padre Kino, con sus 12,5% de alcohol en presentación de 1 litro por $49.00. Un vino que tuvo un gran éxito y que en buena medida sirvió de introducción a varias generaciones. Estas ofertas no suenan nada mal, hasta que volteamos a ver el pasillo de las bebidas carbonatadas y las cervezas. La cerveza Victoria (oscura) de 1.2 litros tiene un precio de $22.00, la Corona de 940 cl. $21.00… Pasando a los refrescos de cola, qué tal un Golden Hills de 3,33 litros repleto de azúcar y gas por $12.70 o una Coca Cola de 3 litros por $15.00. Es ahí donde los consumidores de escasos recursos no lo piensan dos veces. Existen también factores culturales que no podemos pasar por alto, que vienen desde el virreinato o quizás antes.

Una pregunta queda en el aire: ¿Qué hay de la calidad de estos vinos…? Un punto medular. Mientras que en algunos países de la Unión Europea como España, no es nada extraño encontrar buenos vinos para beber a diario por debajo de los 2 euros (menos de $40.00), aquí en México no podemos aspirar a un garnachita tipo Borsao Tres Picos; sabroso, de trago largo… Los vinos antes referidos son poco más que «mosto» recién convertido en alcohol, vinos primarios, de muy baja calidad, tan baja que no se me antoja comprar una garrafita o un tetra-pack, ni siquiera para hacer una buena sangría… ¿He dicho sangría…? De este rango de precios, que además no hay mucho, da un salto a los $70, pero donde más se mueven marcas y variedades es de los $95 a los $130.

¿Qué tan lejos estamos del consumo consuetudinario y generalizado en este país? Creo que muy lejos, pero también pienso que el precio no es la única razón.

Para quienes vivimos en México, sobre todo en el altiplano, estos últimos días han sido de mucho frío. Sé que para la gente que vive del otro lado del charco o más allá del Río Grande puede parecer exagerado. Trece o quince grados centígrados a las dos de la tarde en invierno, es el sueño de cualquier habitante del hemisferio norte. Pero para quienes no estamos acostumbrados a estas temperaturas, cuando el termómetro baja de los 22°C sacamos el abrigo y la bufanda. Además de que en los días invernales a medio día ya ha calentado lo suficiente como para despojarnos del exceso de ropa. Pero estos días no ha pasado nada de eso.
Así que me dispuse renunciar a mi dieta de «principios de año», como cada año lo hago, para preparar una fabada y sacar el amontillado. El amontillado: un Lastau llevaba algún tiempo descorchado. Color amarillo ocre, con sedimentos y algo turbio. En nariz había notas de volatilidad, frutos secos y maderas finas, cansino en el paladar, acidez justa y bastante notorio sus 18,5 grados de alcohol. Con todo y que no estaba en su plenitud, cayó muy bien al estómago.

Una buena dosis de calorías para el frío

Para la fabada descorché un Bosconia reserva 98, una vez más compruebo que este gran vino es mucho más interesante con una hora de aire. Al principio está un poco disperso; acidez, tanino… Con una horita de oxígeno se integran muy bien aromas y sabores, dando como resultado un vino de mucha estructura y complejidad. Aunque no dudo que en diez años mejore mucho más. Buen maridaje con la fabada que ha calentado y reconfortado el cuerpo.
Yo esperaría que este gélido temporal se vaya por donde llegó, al norte, con nuestros amigos que están más acostumbrados a tener la nariz y las orejas frías.

La foto de Dalí, es de la caja donde venían las botellas

Hoy he despertado más temprano que de costumbre, frotándome las manos he corrido esperanzado y contento al pie del arbolito de Navidad… pero los únicos regalos que han dejado los Reyes Magos han sido para mis hijos. Tampoco me puedo quejar, no tengo las manos vacías, recibí en mi oficina dos vinos de regalo de mi amiga Leticia. Hace poco me había pedido mi dirección para enviármelas. Se trata nada menos que de un fino La Bota de Fino, Macharnudo Alto, saca de junio de 2008 y un manzanilla La Bota de Manzanilla No. 8 Las Cañas, saca de octubre de 2007. Dos vinos de la bodega Equipo Navazos, que francamente nunca he probado y que jamás había visto en México, a juzgar por la contraetiqueta, el marbete y porque Leti importa vinos de España, creo que ya los puedo conseguir por aquí, sino es así, por favor sácame del error, de otra forma agradecería que me dijeras donde los consigo. El caso es que a estas horas ya están reposando en mi bodega. Agradezco mucho a Leti el regalo y aún más el hecho de tomarse la molestia de enviármelo a la puerta de mi oficina, a sabiendas de lo mucho que disfruto estos vinos y la imposibilidad de conseguirlos en México. Sólo espero que reposen un poco del viaje y se les quite lo mareaooo, para descorchar una de ellas. Tal vez empiece con la manzanilla por ser más frágil que el fino.

Ya les comentaré más adelante qué tal.

Dicen que «el pedir no empobrece…» y es que hacer castillos en al aire tampoco. Así que ahí van mis peticiones para los Reyes Magos, que por cierto hace mucho que no me conceden algo.

1.- Que la Borgoña no se pase del lado de los productores de vino estilo «carpintería» , o de ese lado oscuro que tanto se proclama en contra Jonathan Nossiter. Habra quien diga que es demasiado tarde que ya hay muchos productores como Bouchard Pere & Fils, algunos de sus vinos ya pecan de lo mismo. Creo que todavía hay muchos que no. Romanee Conti utiliza madera nueva, ¡pero con qué maestría! Estoy a favor del buen uso de la madera, cuando se tenga que poner.

2.- Que dejen de utilizar esas levaduras cultivadas y seleccionadas en laboratorio, para que los vinos no adquieran esos aromas y sabores tan artificialmente tropicales. Sobre todo los blancos del Nuevo Mundo, si es que todavía existen diferencias con el Viejo Mundo.

3.- Que los jereces sigan como están, y que no se le ocurra a Parker hacer una visita de trabajo al sur de España.

4.- Que a los productores mexicanos por un momento los voltee a ver Diosito y les ilumine para que no sean presa de las sequías, saqueos de arena en sus ríos, impuestos excesivos y que tampoco sean víctimas de la moda; del roble nuevo y maceraciones en frío prolongadas.

5.- Por último, pido disfrutar de más y mejores momentos con mi familia y mis amigos en torno a esta bendita bebida que Dios nos ha dado.

Quien quiera agregar o quitar algo a la lista que lo diga ahora o que calle para siempre.

Dando un ligero repaso de todo lo que bebí durante el 2009, me he quedado con un puñado de vinos que merece la pena volver a comentar, por lo menos para mí, como un ejercicio necesario para futuras compras. Aunque habrá unos cuantos que no creo encontrar de manera tan fácil como cuando llegaron a mis manos.  Es el caso del Haut Brion 1964. Los vinos que permanecen en el paladar y en la memoria no necesitan libreta de notas, la «libreta de notas» para mí es algo intangible, cuando me refiero a ella puedo estar hablando de mi escasa memoria, de una servilleta o de un pedazo de papel arrugado, eso no importa. Algo transitorio mientras llego a casa y pongo mis anotaciones a salvo del cesto de la basura. Debo reconocer que el tiempo me ha hecho menos cuidadoso y poco estricto. Al principio tomaba nota de todo lo que bebía, aunque mis notas eran aún más aburridas que ahora, les faltaba algo de sal y pimienta, el tiempo también me ha hecho ver las notas de cata como una crónica de todos aquellos detalles que rodean esa copa de vino, no sólo los colores, el aroma o el sabor, sino la circunstancia misma. Así que sin mirar «la libreta»…
Recuerdo aquel Mogor Badan 1998, decorchado en un maratón organizado por el dueño de un restaurante de cortes argentinos para sus amigos, no lo conocía pero fui invitado por uno de ellos. En esa ocasión se descorcharon varios vinos y éste junto con un Caballo Loco No. ??? no sé si fue el 8, pero lo que sí sé es que fueron los dos mejores. Creo que también estuve influido por las bajas expectativas que tenía de estos vinos, pero para ser franco me gustaron mucho, no como para comprar una caja, pero sí para repetir. Su precio… Ni enterado, gracias a la generosidad del anfitrión.

Clos de La Barre 99 de Drouhin, sigue siendo de mis borgoñas favoritos. Parafraseando a Hugh Johnson: «Puño de hierro con guante de seda». Aunque tengo la tarea pendiente de probar nuevos viñedos y productores como: Coche Dury, Ramonet, Anne Gros, Faiveley y lo que pueda caer de Romanee Conti. Por qué no. Aunque ya cayó un Romanee St. Vivant 1994, no este año, hace ya algún tiempo. Pero no cierro las puertas a la mejor los Reyes Magos me escuchan.

Drappier Zero Dosage, este pinot noir pálido es de mis favoritos; para comprar una caja. Otro espumoso que me viene a la mente es el Billecart-Salmon Brut Blanc de Blancs 1998. Un vino aún muy joven, de excelente burbuja y complejidad, aunque yo apostaría que puede mejorar en botella.

Me gusta encontrar variedades nuevas, como aquel Pian del Bichi 2008, de la Maremma en la Toscana, vinificado con Vermentino, un vino muy sabroso de excelente acidez, cítrico y con un fondo herbáceo delicioso. Grecanico, una uva aún desconocida para mí hasta hace una semana. Aquella copita de La Segreta 2007, la disfrute como pocos.
Y qué decir de aquellas exquisiteces jerezanas, con el Oloroso y el Palo Cortado, de la bodega Fernando de Castilla. Dos grandes vinos que por fortuna ya se encuentran por estas latitudes. Una uva que desde hace mucho no disfrutaba tanto, como varietal, me refiero a la cabernet franc. Y aquel Marc Brédif 2006 de Chinon que me hizo volver a poner los ojos en estos exquisitos tintos del Valle del Loira.
Hablando de valles, el de Beka no se queda atrás, Chateau Musar 2000, un vino seductor con todos los encantos de una visita a un mercado libanés.

El Vino del año

Quiero cerrar esta entrada con un vino muy especial, que perdurará en mi memoria el resto de mi vida. Haut Brion, siempre ha gozado de una excelente reputación, pero cuando se trata de una botella magnum añada 1964, guardada por varios años en mi cava y compartida en un día especial con mis amigos y mi esposa, todo se transforma en algo mágico. Espero probar más vinos de esta añada, pero éste será inolvidable.

Seguramente han quedado muchos vinos en la libreta, pero tampoco se trata de hacer una larga lista, simplemente son los que más recuerdo.
Mis propósitos para este año no son tan elevados como los que he escuchado y leído de algunos amigos, simplemente seguir haciendo lo que más me gusta, acompañado de mi familia y gozando de salud.
Que todos sus proyectos se cumplan y gocen de buena salud. ¡Bienvenido el 2010!

Estos días post-navideños y víspera de Año Nuevo se antoja escaparse a la Ciudad de México, o por lo menos pasarse medio día entre el teatro y el restaurante… Es el mejor momento: calles solitarias sin aglomeraciones y con un buen número de divertidos y sabrosos lugares abiertos. Después de una obra musical en el añejo teatro Insurgentes, disfrutamos de La Novicia Rebelde, apta hasta para bebes de brazos, lo pude constatar echando un vistazo a mi alrededor y contar a más de dos. ¡Por fortuna muy bien portados! Una obra musical muy bien adaptada y amena, impecable vestuario y mejor escenografía, buen reparto sin ser actores muy conocidos son todos talentosos, hasta la chiquita Gretl que ya tiene muchas tablas para su corta edad.

Después de la obra, siendo casi las cuatro, tomamos rumbo sur a un restaurante en una plaza comercial. Un lugar que frecuentaba ya sea para comprar vinos, jabugo y queso o para quedarme a comer: Viña Gourmet, ambiente esnob para qué negarlo, pero también buenas copas, buena comida, y buenos modales de parte de los meseros. Aunque dicho sea la gente de la tercera edad tiene muchas probabilidades de romperse la nariz por la escalera tratando de ir a los sanitarios, o bajar a las mesas… Después de que me vendieran una botella de muestra, ya no había vuelto, no tanto por el detallito de la botella, sino por la paupérrima respuesta del dueño…¿querías que te la regalara…? Yo no voy a esos lugares a que me regalen nada, vender una botella de muestra es indecente y abusivo, para decirlo suave. Después de este rollo de malos entendidos volví por invitación de mi cuñada.
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Empecé con espíritu aventurero; un blanquito por copeo de 89 pesos, para los estándares actuales y estando como estaba valió la pena la elección, además de que se trata de La Segreta 2007, siciliano vinificado con grecanico (uva que ni siquiera estaba enterado de su existencia) y chardonnay, aunque en la carta mencionaba también viognier. Su nariz es bellamente floral, así que no dudo que esta última variedad esté presente en la mezcla. Color oro viejo, brillante. Nariz, repito muy floral y algo herbáceo, en boca es amplio y de final poco amargo; té verde, cítrico y mineral de buena acidez. Me gustó, y mucho.

Jiménez-Landi Selección, 2005

En ese momento, a petición de mi cuñada, me levanté de la mesa y busqué un tinto. Al pasar a la tienda por el pasillo de los españoles, recordé una etiqueta que días antes había ensalzado mi amigo Joan Gómez en su blog, Devinis. Una ocasión que no podía dejar pasar, ya que pocos vinos de los que se comentan de manera tan positiva se encuentran por estas latitudes. Así que sin dudarlo un solo instante pedí esa botella. Una vez en casa he echado un vistazo y resulta que es la misma bodega pero con algunas diferencias en la etiqueta, se trata de Jiménez-Landi Selección añada 2005, de todas formas valió la pena. Aunque francamente sí duele que inflen los precios… alrededor de 40 euros. Este Méntrida rara denominación de origen española para su venta en México, presenta aromas a fruta negra; zarzamora y ciruela, así como notas mentoladas. Joan lo describe como hoja de eucalipto estrujada en tu mano. Aunque no se trata del mismo vino, encontré esos mismos aromas de eucalipto. Paladar elegante y sutil , taninos maduros y suaves, de buena persistencia y final largo. Bellotero con queso manchego, un buen trozo de pan, qué más se puede pedir…
Ahora a esperar la Noche Vieja, y renovar ánimos para el siguiente año.

Nota: Capirucha: Término coloquial, y yo diría hasta naco, para decir capital. En este caso capital de la República Mexicana.

Nochebuenas

Hoy es jueves, por la noche se reunirá la familia a cenar celebrando la Navidad. Mañana será uno de esos días donde parece que el reloj se detiene y las calles se vacían. El frío ya se deja sentir y los tintos salen de la bodega para reconfortar el cuerpo.

Por la mañana escuchaba en la radio las aportaciones de México a la Navidad: la flor de Nochebuena, el guajolote (pavo), las piñatas y las posadas. No cabe duda de que somos un pueblo pachanguero y despreocupado.

Leyendo el periódico Reforma, me encuentro con la sección Buena Mesa de los viernes, como ya mencioné, mañana la gente estará descansando, es la única razón que encuentro para este cambio de fecha. El Sr. Gerschman parece muy preocupado por el «saqueo» de arena de los ríos de Baja California, nota previamente publicada en este mismo periódico por el enólogo Hugo D´ Acosta. Otro motivo más de preocupación para mucha gente del Valle. Según comentan esa arena la llevan a EE.UU. donde su práctica está prohibida.

No me cansaré de reconocer las virtudes y bondades del ciberespacio, aunque también existe el lado oscuro, pregúntenselo a los bancos que han tenido que gastar fortunas en sistemas de seguridad contra fraudes. Así también podría agregar el mal uso de la información en las dichosas «redes sociales». Pero este blog ha sido mi cuaderno de apuntes de muchos de los acontecimientos vínicos a mi alrededor, he tenido el gusto de conocer e intercambiar ideas con algunos lectores que se animan a dejar algún comentario. Hace poco conocí a José Manuel y a su esposa en una cena, un enófilo como muchos de mis amigos, nada tendría de particular de no ser porque es uno de los dos lectores asiduos de Gota a gota, desde sus inicios. En la primera charla que tuvimos esa cena, parecía que ya me hubiera conocido de mucho tiempo atrás, y así era, las letras dejan huella y él generosamente ha leído mucho del material impreso en estas páginas, hecho que celebro y agradezco. En esta segunda ocasión hemos tenido el honor de ser invitados mi esposa y yo a su casa a comer, junto con otra pareja de amigos.

Bacalao a la Vizcaína con Tondonia Blanco…

El bacalao a la vizcaína fue preparado con esmero por la anfitriona, Griselda y la crema de elote por Bugy. La primera duda planteada fue el maridaje, ¿Qué va con el bacalao a la vizcaína? De momento cruzó por mi mente algún blanco fermentado en barrica, quizás un chardonnay, después pensé en un espumoso con algo más de 15g por litro de azúcar residual, propios de un demi sec. En Verema leí alguna sugerencia de un tinto de maceración carbónica, algo muy difícil de conseguir por estas latitudes, fuera de la goma de mascar sabor fresa del Beaujolais Nouveau. Curiosamente el Sr. Gerschman recomienda hoy uno mexicano, Marcel 2008, vinificado con cabernet sauvignon, trataré de encontrar alguna botellita, aunque ya no sea para esta comida. La entrada fue una crema de elote, que podía maridar con el mismo blanco del bacalao. ¿Y el postre? No estaba al tanto del postre así que como es mi costumbre bajé a la bodega y escogí un par de botellas procurando que por lo menos no hicieran un corto circuito con el menú. Jaume Serra, semi sec reserva y Tondonia blanco 1987.

En una coqueta terraza empezamos con el cava, color amarillo oro y de buena burbuja, al principio olía a pan tostado, con un poco de aire dio flores secas y mantequilla quemada. Un cava en la rayita de la madurez… La charla a quienes nos gusta el vino puede tomar derroteros muy variados pero siempre con un desenlace vínico.
Una vez en la mesa, primero con la deliciosa crema de elote y después con el exquisito bacalao a la vizcaína, nos deleitamos con el maridaje del Tondonia blanco. Madera usada en la justa dimensión y la acidez propia de la viura con el tratamiento de esa legendaria bodega del barrio de la estación. Texturas y sabores en plena armonía. Federico por razones que no viene al caso mencionar está en un receso de bebidas alcohólicas, así que nos acompañó con un vino alcohol free… ya le dije que para esos casos es mucho mejor la cerveza sin alcohol, que sabe más a cerveza que el vino alcohol free a vino.
Después de una recomendación echada al aire de un cabernet franc, uva que siempre he considerado como frutal y llevadera con muchos de mis platillos favoritos, descorchamos un vino traído por Federico y su esposa, se trata de un uruguayo de cabernet franc con una proporción más alta de tannat. Sí tannat y cabernet franc, frutal en nariz. Isla de Lobos Reserva 2007, aromas a hollejo, mermelada de ciruela y de final corto, falto de acidez.

Oxigenador exprés

Después del sabroso pastel de zanahoria, acompañado de un exquisito café, el anfitrión sacó un Señorio de Nava, reserva 1999. ¿Estará en condiciones? me preguntó. Con diplomacia respondí que lo mejor era descorcharlo en lugar de especular… La cosa era muy seria. No contaba con que José Manuel traería a la mesa uno de esos aparatos de última generación para oxigenar el vino, Vinuturi. La diferencia fue notable, la primera copa; aromas a reducción y un final más corto que un cuento infantil. Una vez que el vino pasa por ese «sifón», que por cierto hace el mismo ruido que un catador oxigenando el vino en su boca, sorbiendo pequeñas cantidades de aire…la cosa cambia diametralmente, queda en la superficie un aperlado muy bonito, dejando atrás todos los aromas desagradables de reducción, con un posgusto algo más largo y con más nervio. ¿Qué pasó? Se puede percibir un vino en su madurez desde su color tirando a marrón, así como la fruta roja en sazón y lejanas notas ahumadas. Diez años son suficientes. Cuando nos dimos cuenta ya pasaban de las ocho, una larga sobremesa. Hora de retirarse.
Gracias por abrirnos las puertas de su casa y compartir esos chispeantes momentos, que hacen que valga la pena escribir y compartir este blog.