Vinos de La Redonda

Después de por lo menos diez años, he vuelto de visita a la Finca Doña Dolores (Freixenet), en tierras queretanas, pasando primero a la Vinícola La Redonda. Empresa que otrora surtía de uva a Casa Martell y la legendaria bodega de Vinos Hidalgo. Dentro de su repertorio encontramos una gran diversidad con la línea La Redonda de siete vinos; tres blancos, un rosado, dos tintos y un espumoso dulce. La línea Orlandi, también de siete vinos; un blanco, un rosado, dos tintos y tres espumosos. Por último su línea Sierra Gorda, dos tintos con la diferencia del roble, uno americano y el otro francés, además de un blanco. Con una altura sobre el nivel del mar de 1950 m sus viñedos se extienden poco más de 160 Ha, donde se encuentran plantadas las siguientes variedades: merlot, cabernet sauvignon, tempranillo, malbec, chenin blanc, trebbiano y sauvignon blanc.

Había dos mesas con todos los vinos de la casa, por desgracia sólo se podían ver, no había muestras, ni siquiera estaban descorchados. Hay situaciones anti-comerciales que aún no logro entender, a cambio había catas en diferentes horarios, con duración de una hora que costaban alrededor de $150.00. Dadas las circunstancias me formé en una larga fila de sedientos por mi copita Crisa con el logo de la bodega, para que me sirvieran el Orlandi rosado seco, de cabernet sauvignon, único vino de muestra; color salmón, brillante y con una nariz corta, diluido y de acidez justa, con recuerdos de cítricos no muy definidos. Al no haber muestras, me jugué un volado y compré el merlot cabernet de la misma línea, Orlandi 2008. Un vino de 12,5 grados de alcohol, frutal, dominando la cabernet con leves notas de pimiento y ciruela madura, firme en boca y de buena acidez, final levemente amargo, se deja beber y marida muy bien con la pizza que sirven en el patio coronado de olivos. Aunque no hubo forma de que la pizza no saliera del horno un poco quemada de la pasta, la devolvimos una vez, pero para la segunda decidimos comer un poco, aunque estuviera tostada.

Viña Doña Dolores cabernet sauvignon-malbec 2008

Después de un corto recorrido a pie por los viñedos, subimos al coche y nos enfilamos a la Finca Doña Dolores. Una bodega mucho más hecha, cuya entrada es más ordenada, se llega a un claustro donde venden comida, por estas fiestas, además de la tienda donde ofrecen los distinto vinos de la casa y uno que otro souvenir. Viña Doña Dolores cabernet sauvignon malbec 2008, me pareció rústico, frutal y falto de nervio, otro vino de 12,5 de alcohol como los de antaño. Para ser franco, eso de andar entre la muchedumbre sin mucha libertad y haciendo colas para todo, no es lo mío, así que después de un rato nos regresamos al hotel. No creo que mi relato sea muy ilustrativo para quienes piensen venir a la vendimia, pero sí les puedo decir que por la cercanía a la Ciudad de México, vale la pena la visita, quizá no precisamente en estas fechas.

Me parece necesario agregar este apéndice a la entrada, ya que después de una semana de haber descorchado ambos vinos, el cabernet-malbec de Finca Doña Dolores ha mejorado mucho con el aire. He traido ambas botellas a casa en vista de que no he podido darles punto final in situ, y los resultados son sorprendentes. Finca Doña Dolores, es frutal, sedoso, aterciopelado, redondo, como para que en la siguiente oportunidad lo decante un par de horas antes del servicio, ya que la primera impresión fue muy distinta. En el caso del merlot-cabernet Orlandi, el oxígeno y/o el calor durante el transporte lo ha reducido a escombros, un vino cansino que ha estado mucho mejor cuando lo descorché en bodega.

Pecado Torrontés por copeo…

Los lugares más populares donde comer dentro de la esfera de lo nice y de moda, siempre están muy concurridos, como consecuencia los precios son altos y en la espera por lo regular se pierde mucho tiempo, afortunadamente teníamos reservación, y el lugar no estaba lleno. Para una persona anarquista y antiborrego como yo, esto puede signifcar algunos dolores de cabeza. Puerto Madero es un restaurante al pie de un gran edificio emulando la zona del famoso y renovado puerto del Río de La Plata en Buenos Aires. Hasta la gente que recibe en la entrada tiene el acentiiiito. Llegué acompañado de mi hijo antes que mis dos amigos citados. Gran alegría me dio volver a estrechar la mano de Raúl, después de casi cinco años de no verlo. Primero llegó su padre, mi querido compadre, y pocos segundos después arribó él.

Y como marcan los cánones. No sé cuales… Empezamos con algo al centro y una buena copa de blanco, por un lado las populares carnitas de atún, que dicho sea se comen en taco con todo y guacamole y salsita, y por el otro una copa de Torrontés Pecado, no sé que añada, me la llevaron servida a la mesa… ¡pues no que muy europeos…! Un buen vino para refrescar el paladar después de llegar de la calle y empezar a comer.

Las populares carnitas de atún, Mmmm…

Hasta ahí todo iba de maravilla, pintaba para una placentera tarde de verano y de reencuentros con gente muy querida, compartiendo la sal y el vino. Hasta que recibí una llamadita de mi chofer para darme la noticia de que mi camioneta había sido removida por una grúa, gran negocio de la familia de Mr. Ebrard. Para mis amigos extranjeros; Mr. Ebrard es jefe y dueño de la Ciudad de México, además de aspirante a la presidencia por la izquierda, si así se lo permiten. Pero quisiera borrar de mi memoria este triste epidosio, aunque debo admitir que nubló un poco mi comida.

Pasando a otra cosa, ¡ojalá! que así de fácil resultara en el momento preciso de los hechos. Ante la pobre lista de vinos, todos con precios de hipoteca, nada más revisen: Monte Xanic cabernet-merlot $850 pesos, no, no era magnum. Sin palabras… Entonces me decidí por un bonarda, uva que por momentos me recuerda la cabernet franc. Dante Robino 2009. Un vino muy agradable, frutal de buena acidez y paso por boca de tanino mullido y alcoholes discretos, a todos nos dejó muy satisfechos, en mi caso maridó de maravilla con un grueso y jugoso bife de chorizo.

Bonarda, de Dante Robino 2009

Los respaldos de las mesas son planos y están cubiertos por el logotipo de algunas bodegas, sobre todo argentinas, el piso de madera y el ambiente con luz dosificada le da un aire romántico y a la vez moderno, de las paredes cuelgan fotografías del otro Puerto Madero, el argentino. La comida es sabrosa, pero los vinos dejan mucho que desear no sólo por el precio, sino por la poca imaginación de quien cofeccionó la carta. Otro ejemplo: tener un Pommard de medio pelo como vino premium a casi $2000… Dicho sea este restaurante tiene otra sucursal en Polanco, aunque no creo que haya muchas variaciones.

Este vino es un regalo de un amigo, dueño de un restaurante del que he hablado últimamente. Gran parte de su oferta es de vinos modernos de gama alta. Al revisar la etiqueta me di cuenta de que no la había visto jamás, mucho menos probado. Acababa de llegar a su tienda-restaurante para sumarse a un puñado de botellas de la misma bodega… Después de sacarla de una caja me dijo, casi advirtiéndome; pruébala y después me cuentas…

Luigi Bosca desfiló en mi modesta bodega desde mucho tiempo atrás, sus chardonnays de antaño, poco más de una década, me parecían formidables. Me recordaban a los borgoñas blancos de medio pelo. Por menos de $200 pesos era una compra segura. Sus tintos empezaron a maderizarse y subir escandalosamente de precio mucho antes que sus blancos. Así que mi acercamiento a este vino debía ser menos prejuicioso de lo que resultó al final.

Nacido en suelos graníticos y con una guarda sugerida de quince años, me pregunté si mis prejuicios me estaban llevando por caminos equivocados. Así que desde que la saqué de la bodega traté de disfrutarla sin meditar mucho en el pasado.
Así como su peculiar nombre, su composición no es nada ortodoxa: cabernet sauvignon 70%, syrah 15% y merlot 15%. En nariz se muestra muy aromático; cerezas en licor, ciruela madura y arándanos al final, con notas de humo y lavanda. En boca es amplio y goloso con una arista alcohólica y fruta negra. Mi esposa sólo ha tomado una copa. Su único comentario apuntaba a la excesiva astringencia, sin embargo a mi me pareció moderada. En cambio su alcohol de 14,5 desequilibra el conjunto. Me gustaría saber su precio, ¿alguien lo ha comprado?

Foto extraída de luigibosca.com

Liberalia Tres 2007

Usar ciertas vías en la ciudad de México un viernes a medio día puede resultar en la mayoría de los casos una mala idea. Además de permanecer encapsulado por varías horas en ese torrente caótico que provoca que los capitalinos permanezcan gran parte de sus vidas frente a un volante, moviéndose más lento que si lo hicieran caminando. Razón suficiente para que nuestros planes tomarán un giro vertiginoso. La cita era con un amigo en el norte, una de las zonas de oficinas y departamentos más caros de la ciudad: Santa Fe. En un edificio que ya le han dado los capitalinos el nombre de El Pantalón, por un arco de gran altura que compone su singular geometría. Allí se encuentra uno de los restaurantes de moda; Puerto Madero.

Carlos y Gabriel venían encapsulados en el Periférico junto conmigo… después de una hora decidimos arrojar el ancla y bajarnos del coche para entrar a un restaurante en el sur. Viña Gourmet. Mi querido amigo y compadre tuvo que comer solo, ante la negativa de acompañarnos en este otro lado de la ciudad.

Viña Gourmet es uno de mis restaurantes preferidos, sin tomar en cuenta la ubicación del sanitario y la estrechez de su espacio, además de estar frente a la cocina… Salvados esos obstáculos la comida es buena, los vinos también y el trato del dueño es mejor todavía, afable, además de que siempre tiene alguna novedad en vinos que me da a probar. En esta ocasión colocó un dispositivo de forma cónica en el pico de la botella, para servir y oxigenar el vino. Dada mi poca paciencia con estos artilugios, además de tener que esperar que el vino se vertiera en la copa, más lento de lo habitual, le pedí cortésmente que no la colocara para el segundo vino.

Titán del Bendito 2007

Titán del Bendito 2007

Empezamos con un Prosecco Valdo «Oro» que parecía más bien un refresco de manzana con gas, no dejaba nada a la imaginación, y una tabla de bellotero, queso manchego maduro y olivas. Tarde de Toros, en la que los tres comensales estuvimos de acuerdo, haciendo su aparición el primero de la tarde; Liberalia Tres 2007. Un Toro para mí es un tempranillo llamado por aquella región tinta de Toro, cuyos atuendos los ha cambiado por un par de cuernos para embestir, y es que la temperatura de la zona hace que los alcoholes vayan hacia arriba. En este caso es un Toro con 15% de alcohol, pero de poco extracto frutal, a medio recorrido se cae, no embiste aunque lo provoquen. Un Toro muy delgado y desenfocado.
Por un momento se me olvidó que estaba en un restaurante y me levanté de la mesa para ir por otra botella, y es que para mí un vino de más de $500 pesos (30€) es demasiado, pero como mencioné antes, se me olvido y tomé al toro por los cuernos, la segunda botella fue un Titán del Bendito 2007. Algo más aguerrido, de una bonita nariz de fruta negra madura con notas especiadas de pimienta negra y alguito de mineral. Todo muy bien sin pasar por alto que hay vinos del mismo precio que me pueden dejar mucho más satisfecho. La tarde se fue estirando y rematamos con una botella de cosecha tardía, que tardamos en escoger. Tabalí Reserva 2009, algo diluido, sin la concentración de algunos coterráneos chilenos como el Errazuriz de savignon blanc. Por mi parte pedí un Ferreira 10 años, cuya porción era poco más grande que un dedal, gracias al buen trato y generosidad del personal, me volvieron a llenar la diminuta copa. Con una tablita de quesos y un expreso maridó de maravilla. Así recargamos pilas para volver al tedioso tránsito urbano de viernes por la noche.

Txomín Etxaníz

A pesar de la lluvia que no ha escampado más que por breves momentos, hay dos buenas razones por las que he bajado a la bodega por un par de botellas: un Txacoli blanco y un Clos de la Barre 1999. Esta última botella la tenía acostadita desde enero de 2008. Francamente mis espectativas eran muy altas, y contando sus doce añitos en la fría oscuridad; crecían aún más que la espuma. Había pasado de largo por el mismo Monopole de Louis Jadot del 2006, que si bien es cierto que todos los que he abierto de esa añada me han dejado impresionado, un 99 debía estar: más integrado, más redondo, más complejo… en pocas palabras entrando a la madurez. Pero vayamos al principio. Empecé con un Txacoli de la tierra de ilustres y virtuosos de la cocina: Confieso que mi experiencia con estos vinos era nula, hasta apenas hace unas horas, cuando probé este vino. Txomín Etxaníz (sin añada) o por los menos no aparece por ningún lado de la etiqueta. Nacido en la bodega del mismo nombre. Vinificado con Hondarrabi Zuri (90%) y Hondarrabi Beltza (10%), un vino con personalidad, color oro, a la vista muestra burbuja muy fina, lo que llaman en España vino de aguja, o los franceses petillant, sin embargo desaparece pronto, cosquillea el paladar en los primeros tragos. CO2 que queda atrapado en los vinos jóvenes, sin tratarse de ninguna manera de una segunda fermentación como en los espumosos. Acidez justa, huele y sabe a manzana asada y una nota caliza y mineral, por momentos parece sidra. No dudo que case de maravilla con los mariscos de aquellas hermosas tierras.

Clos de La Barre 1999

El Monopole de Drouhin, Clos de La Barre 99, me ha dejado muy intrigado y decepcionado. Después de bregar con un corcho húmedo que se partió en dos, he podido sacarlo. Tiene una arista alcohólica que hubiera apostado que se trataba de un Shiraz californiano, y no un Borgoña de estirpe, a pesar de que 13,5 grados de alcohol ya no escandalizan a nadie. Es un joven rebelde con chaleco de cuero y «motocicleta chopper»…que no tiene nada integrado, sus doce años no le han servido de nada, una nariz ahumada con notas térreas dominadas por el alcohol en boca. Decepcionante. Me duele decirlo de uno de mis productores favoritos. ¿Estará adulterado…? o ¿Será el nuevo rumbo que tomarán los borgoñeses? no me atrevo a tanto pero no me gustó, apuesto lo que sea, que el 2006 que pasé de largo está mucho mejor. Afortunadamente la comida ha salvado un poco la tarde, un rissoto con hongos bañado en «olio tartufato»… es decir con un chorrito de aceite de oliva con trufas. Hasta un Burdeos moderno hubiera sido más delicado con la comida y mi paladar. Espero haber tenido sólo una mala tarde, un encuentro con una botella diferente. Seguiré gastando mis pocos ahorros en borgoñas.

Botellas de la 146... malbec VI parte

Así como en catas anteriores hubo poco quórum, hoy estoy muy contento de que haya casa llena, además de un invitado muy especial, mi querido amigo y compadre Rodolfo. Así como también dos «descarriados que han vuelto al redil». El problema viene con las copas, ya que las últimas han tenido que ser de chile, de dulce y de manteca, ya que no alcanzaron las «originales» para tantos concurrentes. Otro problemita viene a la hora de servir el vino, para no dejar a los últimos sin su porción mínima, superados esos dos problemas todo salió de maravilla.

Tenía todas las intenciones de juntar los seis mejores malbec que habíamos probado a lo largo de la primera mitad de este año, y poder disfrutarlos y compararlos, pero por más que los busqué, hubo dos que no aparecieron por ninguna tienda. «Se nos acabaron…» También me han dicho que los volverán a tener en sus anaqueles en los próximos días, así que pospuse un mes más la esperada cata de los mejores…
No me ha quedado otra más que comprar seis nuevos malbec.

A pesar de que el comercio del vino en México no es precisamente abundante, hay varietales que pudiéramos pasar varias catas probando, sin agotar el repertorio. Es el caso de esta uva, que no hay un lugar donde no se encuentren por lo menos un par de ejemplares. Yo me pregunto si habrá un mejor homenaje a los vinos de esta variedad, que probar todo lo que encuentre en los anaqueles. Y tratándose del primer año que se celebra el día del malbec (17 de abril). Así lo ha decidido Wines of Argentina que reúne a las bodegas exportadoras de ese país, recordando al señor Pouget, quien plantó precisamente un 17 de abril las primeras cepas de malbec en Mendoza. Apunte sacado de la revista Catadores de este mes.

El caso es que nos volvimos a despachar seis malbec, que hemos disfrutado y comentado mucho en esta noche. Es quizás también la predisposición o la sugestión de probar los seis mejores, ya que nunca les advertí el cambio de planes, hasta concluida la cata.

Sirviendo el sexto...

Empecé dándoles la bienvenida a los puntuales con un cava reserva Mont Marçal, vinificada con xarel lo, macabeo y chardonnay, esta última, cada vez más usada como lo que llaman ellos; «uva mejorante», aunque no estoy del todo de acuerdo, y este es un buen ejemplo. Sus aromas a tiza, me hacen pensar más en la chardonnay que en las otras uvas. Al principio huele a panadería, pero desaparecen sus aromas en pocos segundos para dar paso a tiza y cítricos, que se confirman en boca. Seco hasta la médula y de posgusto largo.

El primer tinto ha levantado buenos comentarios que después de ver el precio se han multiplicado. Finca Simonassi 2007, cuya crianza es en roble francés, pero el 80% se deposita en piletas doce meses, me imagino que son de concreto. Un vino frutal; ciruela madura con notas de violetas y menta, agradable, guardando el equilibrio, de boca mineral, con buen nervio, acidez intensa.

De la bodega Del Fin del Mundo, llega un vino del mismo nombre añada 2008, con 14 grados de alcohol no muy integrado, con mucho extracto y final corto. Desaparece de la memoria así como llegó. El tercero es de la bodega Porvenir de los Andes, La Borum 2006. El primer golpe es de aromas ahumados y térreos, con un fondo de fruta roja indefinida, para mi gusto desenfocado y de final corto, aunque sólo haya una coincidencia con mis apuntes, para todos ha sido un vino agradable y de final largo. De la bodega Viña Alicia, vienen los dos siguientes, Paso de Piedra 2008, con ocho meses en barrica de segundo y tercer uso, nada común hoy en día. Muchos han percibido aromas de crianza, cueros y ahumados, «acaramelado», «agradable y voluptuoso», «muy, muy rico»… han sido algunos comentarios. Viña Alicia 2008 ha sido mi favorito. Aromas intensos a fruta roja, sandía, que se confirma en boca y que hemos llegado a la conclusión de que es parte de la tipicidad de la malbec. Redondo, firme, de taninos maduros y muy largo. El último, Felino 2008. Aromas a chocolate blanco, fruta negra, notas de grano de café tostado, en boca muy, muy mineral y de tanino casi dulce, ¿serán sus 14 grados…? Otro que ha gustado a la mayoría, y aún más al revisar su precio que no llega a los $300.00.
Concluida esta cata, espero la siguiente con la esperanza de encontrar los seis mejores vinos escogidos por el grupo, ya que muchas botellas así como llegan a las tiendas se van para no volver.

El Festival Oenovideo se celebró este año en Arbois, Jura, en su décima octava edición. El video ganador: «La Clef des Terroirs» de Guillaume Bodin. Aquí una probadita de este documental.

El cielo está despejado, sólo hay algunas nubes en el horizonte que apenas asoman enmarcando el paisaje sabatino, El clima es templado, el termómetro marca 19°C a pesar de que no se han dejado sentir las lluvias como deberían en este mes. La reunión del pequeño grupo de amigos cercanos apunta a un opíparo festín, aún con mejores vinos. Los inmaculados manteles blancos bordados a mano lo presagian. Al fondo un grupo tocando Jazz, con una vocalista de voz angelical, a un nivel audible pero que deja hablar y escuchar de un lado al otro de la mesa. Mi esposa preparó unas tiras de atún con algo de cítricos y cilantro, del otro lado en la mesa hay una rica fuente de mariscos frescos con una espesa salsa cremosa secreto legendario de la abuela. Todo acompañado de una exquisita ensalada con varios tipos y colores de lechuga, palmitos y tomates bañados de aceite de oliva extra virgen con trufa. Como plato fuerte un lechazo de cordero al horno, en su punto, crujiente por fuera y suave por dentro, como guarnición; papa al horno con crema agria y trozos finamente picados de tocino y cebollín. La papa no puede faltar en mi dieta.
De la cava sale un Tondonia Blanco 1964 y un Puligny Montrachet Louis Jadot 1996, para acompañar los primeros platos, no sin antes descorchar un Pol Roger Rosé 1998 para el brindis. Pensando en el maridaje del lechazo, he escogido un La Tâche 1988, que ya debe estar entrando a la madurez…

Perdón, pero la abstinencia de carne roja y vino tinto me han hecho alucinar, además soñar nada cuesta… Llevo diez días portándome como un angelito, los cristales de ácido úrico son historia, pero no quiero abusar. Mañana. Mañana será otro día, es día del padre, nunca lo había esperado con tantas ansias… pero si he de pecar debe ser con algo que valga la pena. (continuará)

Foto extraída de arthursclipaert.org

Cual vil verdura tuvo que subir a la báscula…

Unos cuantos gramos pueden marcar una gran diferencia. Para un recién nacido prematuro, 100 gramos pueden ser la diferencia entre la vida o la muerte. Después de aquella entrada titulada Pensando Verde en la que hablé de la propaganda de las bodegas a favor de prácticas ecológicas, y dar dos ejemplos: uno el de Casillero del Diablo Merlot 2010 anunciada como «NUEVA BOTELLA LIVIANA». Y la otra, bodega de Miguel Torres en Penedés, con su Sangre de Toro 2010.

Tenía la curiosidad de saber la diferencia entre una botella de las de antes y ésta… Aprovechando que no había mucha gente; que las básculas en el departamento de frutas y verduras están al alcance del público, y que todavía encontré la añada anterior; pesé las dos botellas. La primera un Casillero del Diablo Merlot 2009, botella «normal» y la misma de añada 2010, con la leyenda antes descrita. La diferencia es de sólo 100 gramos, la primera pesó 1,350g y la segunda 1,250g un 8% más liviana y no un 13% como lo apuntan en su página. Aunque también cabe la posibilidad de que la báscula esté un poco descalibrada… Un peso neto por botella de 600 y 500 g respectivamente. Traducido a una caja (doce vinos), estamos hablando de una diferencia de 1 kilo 200 gramos, casi otra botella «liviana» por caja. Por cada doce cajas podrían meter al camión una extra. El ahorro en la utilización de vidrio es de 2,200 toneladas al año, según datos de la compañía. Cifra nada despreciable.
Aún así son números que para un hedonista puro e inmisericorde como yo, no representan un motivo poderoso para que escoja el Casillero Merlot 2010 sobre otros vinos en botellas «pesadas». Pero no dudo que existan personas más preocupadas y ocupadas por la ecología que cambien sus prácticas a favor de lo verde. Tampoco dejo de reconocer el esfuerzo de estas compañías para producir vino sin menoscabo del medio ambiente, aún cuando las autoridades las tengan bajo la lupa para obligarlas a cumplir con ciertos lineamientos y así más tarde compensarlas a la hora de pagar impuestos.

Bodegas Torres es la otra bodega que puse de ejemplo en el post anterior, muestra en la botella de Sangre de Toro crianza 2010 una etiqueta verde con la leyenda en inglés:

#1 Winery Minimizing Environmental Impact.

Por The Drinks Business Magazine
Dentro de su página señalan que:

Procuran integrar diferentes medidas medioambientales en todas las etapas de su sistema de producción. En este sentido, Torres practica una viticultura respetuosa con el medio ambiente utilizando alternativas biológicas en lugar de productos agresivos. Asimismo, colabora en la protección de los bosques del Penedès y de otras regiones de España y Chile.

Para quienes quieran más información aquí pueden consultar.

En el corazón de Coyoacán...

Apenas bajé del coche, crucé la calle empedrada de Centenario y me dirigí a la fuente de los Coyotes, no sin antes ver al globero, al cilindrero y al bolero… oficios tan arraigados como cotidianos de esta famosa plaza en el centro de Coyoacán. La cita era a las 14:30 en el restaurante Entrevero, al costado sur de la plaza, formando una hilera de terrazas apenas separadas por una cadena o unas macetas o mesas diferenciadas por distintos colores de mantel. «La Esquina de los Milagros», «Centenario», «El Guarache»… y del otro lado; «Los Danzantes» de comida oaxaqueña.

Restaurante Corazón de Maguey

Antes de sentarme recorrí el lado norte, donde encontré un peculiar letrero que decía: «Temporada de insectos» en La Casa Corazón de Maguey. Adicto a los chapulines y a los gusanos de maguey en mantequilla negra, por un instante pensé que sería buena idea pedir una orden, pero era tarde y tenía que comer justo enfrente, del otro lado de la plaza.

Pasadas las dos y cuarto me asomé al restaurante, atraído por una mesa en primera fila, «reservado para Gonzalo…» mi amigo oriundo de este bello barrio, o por lo menos habitante con muchos años acuestas respirando los impregnados aires de calma provinciana.
No habían pasado ni diez minutos cuando apereció. Antes de que pudiera negarme a su petición, encargó una botella de cabernet chileno… el shiraz me da dolor de cabeza…. Hermano, si supieras el dolor del dedo gordo… pero uno no está para defraudar a los buenos amigos, así que no pude menos que asentir con la cabeza y preparar la garganta.

Nimbus 2007

No éramos los únicos convocados, pero si los únicos que llegamos a la cita. De entrada pedí una empanada «humita» con grano de maíz, crujiente y deliciosa. Él compartió una tarta de atún de la que me acordaré por mucho tiempo. Rajas de aguacate, cilantro, limón y cebolla con trozos de atún, bañados en aceite de oliva, sencillo y exquisito. Después de una ensalada llegó la carne, una ración para no tener remordimientos. El cabernet chileno fue un Nimbus 2007, del Valle de Casa Blanca, un valle al norte de Santiago cuya producción es principalmente de blancos, debido al frío de su clima. Nos ha gustado mucho. Un tinto firme, de buen tanino y acidez, en nariz tiene: ciruela madura, pimiento y una nota de menta que me recordó los buenos cabernets de Rutherford en Napa.

Ver a la gente pasar mientras platicaba con Gonzalo, me remontó a aquellos pueblos donde los ancianos sacan su silla para sentarse toda la tarde y saludar a todos los que pasan por enfrente del zaguán. Una tarde apacible en una ciudad convulcionada por las: manifestaciones, el tránsito lento y los vendedores ambulantes. Parece mentira poder encontrar y disfrutar en el corazón de este barrio la tranquilidad y el sosiego de muchos pueblos alejados de la capital. Es uno de los sitios que debería uno visitar de vez en cuando; tomarse una tarde para disfrutar de una buena charla, buena comida y un cabernet chileno con aspiraciones californianas.