Vinos de la 152

Una cata de fin de año más o una cata menos, según el cristal con que se mire. El fin de año para el grupo es una ocasión especial, fecha que marca varios festejos: Navidad, Año Nuevo y otro aniversario más del grupo, Vino Por Placer, que ya suman trece. Los manteles largos y las burbujas no se hicieron esperar. Jorge, nuestro tesorero estrella, ha tenido una magnífica idea… Año tras año rifábamos tres regalos; primero, segundo y tercer lugar, este año ha habido un regalo para todos y cada uno de los asistentes, para no herir corazones pusilánimes. Con el dinero que se ha juntado se ha podido pagar la cena, los regalos, entre otros gastos, y ha sobrado algo para el próximo año.

Los vinos son de entrada de precios altos, en promedio 1800 pesos, y digo de entrada porque no he probado ninguno, con excepción de un chileno (Alma Viva).
Abrimos boca con un PZ Malbec 2007 del valle de Uco. Un vino con una nariz mineral, de notas especiadas a pimienta blanca y fruta (cereza). En boca confirma su mineralidad, entrada amplia y de taninos rugosos.

De Argentina pasamos los Andes y llegamos a Puente Alto en Chile, con el famoso vino premium Almaviva también 2007, producto franco-chileno de la unión de Cocha y Toro y La Baronesa Philippine de Rothschild. Moviendo la copa desprende ahumados y tierra mojada con notas frutales de ciruela madura. Me ha gustado más en nariz que en boca. En boca entra con vigor pero al final se hace plano, falta garra, acidez, me ha desconcertado un poco pero a la mayoría les ha gustado y tienen impresiones diferentes a la mía en boca. «Excelente, redondo muy bueno…»

De Chile volamos a España. Gaudium 2002 la joya de Marqués de Cáceres, con 18 meses en roble francés (no sé si sea nuevo, me imagino que sí) y dos años en botella. Un vino moderno al final de su infancia, que huele a piedra de río, hollejos, zarzamora y una nota especiada a albahaca, taninos muy presentes todavía, de buen paso y final largo. Repetible.

Siguiendo por España, bajamos un poco al sur. Titán del Bendito 2008, después del 2005 y 2007, me parece menos expresivo, sin dejar su extracto, su alcohol y sus taninos rugosos. Un vino que entumece la lengua, un pecado no decantarlo.

De regreso a la Rioja. Trasnocho 2006. Un vino que siempre había leído mal su etiqueta. Ramírez con «a» y no con «e». Fernando Remírez de Ganuza. Abigarrado, potente, pero guardando hasta cierto punto el equilibrio. Mucha vainilla al principio, caja de puros y fruta negra de fondo. Boca amplia con un posgusto largo y de final astringente. Yo lo guardaría por lo menos cinco años.

Por último pasamos al este, hacia Italia por la Toscana. Petra 2006. Al principio huele a químicos; acetona y unos que otro aroma volátil. El aire lo limpia y da aromas compotados a fruta negra. Boca amplia, buena acidez y de tanino rugoso. Un vino en plena juventud, sin que podamos asegurar su vejez digna. Mis expectativas no son muy altas.

Drappier Carte D´ Or

Como en muchos hogares mexicanos en estas fechas, esta noche se ha servido Bacalao (semidulce) con aceitunas y almendras, pierna al horno con una salsa roja y un bacalao muy especial preparado con mucho esmero y virtuosidad por nuestro amigo Carlos, cuya receta ha pasado de su abuela a sus manos, y ha podido conservar la tradición. Una exquisitez que puede llevarle más de un día en preparar. Todo bañado con champán Drappier Carte D´ Or con aromas intensos a panadería, seco en boca y de final largo, otro buen ejemplo de un champán sin añada muy sabroso y consistente.

Agradezco a Jorge su entusiasmo para enriquecer esta velada con sus ideas y su tiempo para llevar las cuentas, así como a Sergio por la charola con los corchos de los vinos de todo el año, confeccionada por su esposa, a Carlos por su exquisito bacalao y al resto por su asistencia a la cata y formar parte del Grupo.

¡Felicidades en estas fiestas a todos quienes leen este blog, y para quienes no, también!

Los encapuchados…

Existen pocas certezas en la vida, una es que algún día tendremos que partir irremediablemente de este caótico mundo, otra es que España es el mayor exportador de vinos a nuestro país. Así que se me ocurrió hacer una cata de los vinos españoles más populares en el mercado mexicano. No es lo mismo que las denominaciones de origen «raras» o vinos «premium», al contrario; son los vinos más vendidos en restaurantes y tiendas. Si tienen alguna otra sugerencia lo tomaré en cuenta, la lista debe ser larga.

Con ocho miembros del grupo «abordo», comenzamos nuestro recorrido hedonista. No sin antes disfrutar de algunas burbujas, en esta ocasión el vino para los puntuales fue un Santa Carolina Brut Reserve. Por su precio (menos de 200 pesos) es uno de los espumosos con mejor relación calidad-precio que conozco. Aromas a pan tostado con notas de frutos secos, flores, cítricos, de boca amplia, refrescante de excelente acidez. Para comprar una cajita.

Los españoles más populares…

El primer tinto español fue un Monte Haro 2008, quizás el menos conocido, pero por 98 pesos no hay mucho más que pedir; un vino de trago largo, que al principio huele a vainilla, después zarzamora (mermelada), algunas notas de caja de puros y tomillo, en boca destaca su acidez.
El segundo fue uno de dos que no son riojanos. Gran Sangre de Toro 2007, quién no recuerda el torito que cuelga del cuello de la botella. Este vino catalán no sé si cambiará de nombre por aquello de la prohibición de las corridas de toros… En su mezcla lleva: garnacha, mazuelo y la uva tan de moda shiraz. Huele a chocolate amargo, fruta negra y tiene una arista de alcohol muy presente, acidez justa.

El siguiente es un viejo conocido, hay quienes lo tachan de aburrido, pero es un vinito cumplidor, una apuesta bastante segura: Marqués de Cáceres 2007. Doce meses en barrica y catorce en vidrio, una práctica en franco descenso. Hubo quien encontró algunos aromas químicos: acetona, laca de uñas… Para mí fue bastante redondo, bien amalgamado, entre la fruta, el alcohol y el tanino, pero sin cautivar.

CVNE Crianza 2008. Otro viejo conocido y quizás el más comercial de todos, no sólo en México, también en España, concretamente en Haro, en los bares alrededor de la Plaza de la Paz lo servían por copas como pan caliente. Fruta roja en sazón con una nota herbácea, buena entrada y final largo, tanino mullido.

Protos Roble 2009, un riberita muy comercial. El más joven de los seis. Huele a hollejos y fruta negra con notas de madera de fondo. En boca se nota la madera sin desmerecer la fruta. Doce meses de crianza; seis meses en roble y el resto en botella.

Por último, un clásico que lleva mucho tiempo en México, el vino de los abuelos que ha pasado de generación en generación, aunque su precio se eleva sensiblemente de los anteriores ($385.00). Marqués de Riscal Reserva 2008. Crianza de 24 meses en roble americano. Cuero, ahumados, tierra mojada. Suave en boca, tanino limado, buena acidez, confirmando ahumados, final largo. Ha gustado mucho a todos, aunque el estilo es diferente a los anteriores como para hacer comparaciones.
Falta una sola cata para concluir el año, un año que para mí se ha ido muy rápido. Momento de muchas reflexiones.

La costumbre de recorrer los días de asueto lleva ya varios años en México, y es para mí absurdo que el día feriado en domingo lo prolonguen al lunes, pero quizás no entre por mi cariado cerebro que somos un país que se puede dar esos lujitos. El caso es que descorché algunas cosas interesantes durante este largo fin de semana que quisiera comentar.

Empecé con un Drappier Zero Dosage, un espléndido espumoso 100% pinot noir. Su color lo delata, aunque no es «rosado» tiene unos reflejos frambuesa increíbles que acabo de descubrir, al llegar la luz artificial a la copa. Burbuja fina y unos aromas a pastelería que envuelven el ambiente. Firme en boca, con una acidez extraordinaria, seco y profundo. Un gran champán sin añada.

Hospices De Baune Corton Cuvée Charlotte Dumay 1958

El segundo vino lo saqué de su frío y oscuro nicho después de guardarlo poco más de dos años. Se trata de una botella magnum de Hospices De Baune Corton Cuvée Charlotte Dumay 1958, única botella que quedaba de sólo un par, de aquel espléndido regalo de un alma generosa. Su etiqueta es indescifrable por el moho, pero el corcho, aunque ha salido ha pedazos hizo su trabajo dignamente. mr. Broadbent ha sido muy sucinto al reseñar esta añada:

The British trade had bought too many of the 57s and by the time the 58s were ready, the quality of 59 was apparent. No 58 burgundies were bottled, listed or even refered to in Harvey´s retail lists of the early to mid-1960´s. Only two 58s ever tasted, both DRCs. (…)

Por lo que no podemos hacer comparaciones con una bodega de tanto abolengo y prestigio, quizás la que más.
Mis impresiones son las siguientes: un vino que pedía a gritos ser decantado, primero para deshacerme de los pedazos de corcho que quedaron, y por otro lado para limpiarlo de sus aromas de reducción. A pesar de sus 53 años, no sólo ha resistido el oxígeno, sino que lo ha beneficiado… Este vino está mejor a cada trago: ahumados, bosque, trufa, con notas animales y balsámicos. Una belleza en boca, maduro, profundo, redondo, largo, que hace que uno piense en lo importante que es la paciencia y las buenas condiciones de guarda. Gran recompensa.

Un regalo apenas recibido el día anterior, murió en el ruedo al otro día. Pintia 2006, como buen «Toro» es potente y yo diría que hasta el extremo, mucho extracto, mucho alcohol y sumado a mi poca paciencia… Este vino necesita decantación previa un par de horas antes del servicio. Al final de la comida estaba mucho más integrado.

Mönnchhof riesling 2010

Por último, uno de mis Mosela favoritos Mönchhof Riesling 2010. Un riesling muy joven, sutil, delicado. Nariz floral, entre azahar y flor de manzanilla, con notas frutales, que se intensifican a las 24 horas; pera, durazno, níspero. No tiene las típicas notas de petróleo de los riesling entrados en años. Boca delicada como un pañuelo de seda de primera calidad, cosquillea al principio aunque la burbuja no es perceptible a la vista. Abocado, cítrico, mandarina, con una acidez extraordinaria, como para comprar un par de cajitas y observar de cerca su evolución.

Por fin he terminado esta entrada, después de algunas horas tratando de subir d-o-s f-o-t-o-s… un descaro lo que se paga por el servicio de internet en este país a cambio de una bazofia. Estoy hablando de Infinitum, aunque creo que hay poca diferencia con las demás. Una vergüenza.

Grupo de manifestantes, muy cerca de lo que fue el WTC

El segundo vino que descorché en la habitación fue un tinto, otra recomendación del mismo vendedor. Domaine Navarre 2009 de la apelación de origen Saint-Chinan. Alguien se preguntará dónde queda eso… Está en Languedoc al sur de Francia entre Minervois y Faugéres. Sus tintas son: carignan, sustituida gradualmente por: syrah, grenache, llanoder pelut y mourvédre. Sus aromas dan lácteos al principio, después cuero y fruta negra. Boca frutal, de tanino maduro, buena acidez y cierta complejidad. Un buen vino que podría maridar con algún platillo al horno, quizá una pierna de cerdo con ciruelas, o hasta un pavo relleno con algo dulce. Un tinto repetible.

Un amigo que vivía en Nueva York me decía que para él era una garantía que ciertos importadores aparecieran en la contra-etiqueta, nombres como: Rosenthal Wine Merchant, Terry Theise Selection y Louis/Dressner Selection son compra más que segura, son vinos para disfrutar y comprar por cajas. Este último importador ha muerto hace poco, después de una valiente batalla contra un tumor cerebral. Pionero en la importación de vinos naturales a EE.UU. Así que me puse a revisar contra-etiquetas.

La «ardua» tarea de elegir entre tantos…

El último día me enfilé a la 52th entre Lexington y la 3rd donde se ubica Crush. Una tienda bastante más moderna que Chambers, más fría pero con una buena selección de vinos. Me limité a seis botellas, aunque pude haber metido ocho en una caja, seis litros es el límite que marcan en la aduana, pero no quise cargar más. Como sólo faltaban dos para completar la media docena y ya no había tiempo de descorches en el hotel, compré justamente dos borgoñas tintos que no pasaron de 60 dólares cada uno: La Pousse d´ Or Chambolle-Musigny y Savigny-les-Baune 1er Cru de Simon Bize & Fils, ambos 2009. Que no sé en cuanto tiempo descorcharé, pero que seguramente darán de qué hablar en este espacio.

Para mis compatriotas que se interesen en traer vino del extranjero, dice muy claro la ley:

Los pasajeros mayores de 18 años de edad pueden introducir un máximo de 20 cajetillas de cigarros, 25 puros o 200 gramos de tabaco, hasta tres litros de bebidas alcohólicas y seis litros de vino» (…)

Jasmin Cote-Rotie 2001

Por la tarde quisimos visitar el Museo de Arte Moderno, como era viernes la entrada era gratis, aunque hubiera preferido pagar ya que la cola era kilométrica. Después de revisar hasta donde llegaba tuvimos que cambiar de planes y fuimos a cenar a un restaurante que está al lado del museo, The Modern, recomendado por la vendedora de Crush.
Un lugar que desde la entrada hace gala de su minimalismo, y del buen gusto al confeccionar la carta de vinos. Dentro de su repertorio figuran medias botellas (375ml) un Lafite y un Haut Brion 2004. Una lista con una excelente selección de alsacianos. Yo me decidí por una copa de Billecart-Salmón Brut, 28 dólares bien valen la pena. Burbuja fina pero poco persistente, toques cítricos y de frutos secos, con un fondo a tiza muy elocuente, como dicen nuestros vecinos del norte bone-dry seco hasta la médula. Boca amplia confirmando frutos secos, largo y de excelente acidez. Con un plato de “PRALINES” OF FOIE GRAS TERRINE , que no era más que fuagrás encima de una capa gelatinosa, resaltando sus encantos. Me trajo buenos recuerdos encontrar por copeo el Jasmin 2001, Cote-Rotie, sí con «s» Jasmin. Un vino que probé por primera vez hace unos años, precisamente en esta encantadora ciudad. Un vino muy «animal»… caza , cuero, ahumados y unas notas de fondo muy bien fundidas entre lavanda, tocino y algo mentolado, una belleza cuyos taninos son suaves y envolventes. Final eterno. Con un platillo de CREEKSTONE FARM BEEF TENDERLOIN “MIGNONETTE” hizo un maridaje sublime, aunque la porción de carne era para bebes en su etapa de lactancia.
De postre una tablita de quesos y un Huet Vouvray Clos Du Bourg 2005, demi-sec. Un vino delicioso, como pocas veces se puede manifestar la chenin blanc, que junto con los quesos no había más que agregar. Confieso que algunos quesos ni si quiera sabía que existían. San Andrés, Cremont, Llandaff y Bayley Hazen… este último un queso maduro, pero sin llegar a saturar las papilas. Todos de maravilla, rematando con broche de oro.

FIN

Chambers Street Wines

Nueva York, una ciudad fascinante, cautivadora y cosmopolita para la mayoría de la gente, incluso para quienes preferimos los paisajes bucólicos y el aire fresco del campo por la mañana, sin dejar las comodidades de la civilización moderna: una buena cama, aire acondicionado, TV con cable y un baño amplio y muy limpio… aaah y deliciosos platillos regadas con un buen vino. Y aquí está la clave para muchos amantes de La Gran Manzana, donde se pueden encontrar todo tipo de lugares exóticos y no tanto, desde una pizza al horno de leña hasta carne de rinoceronte… Es cosa de tener un poco de imaginación y pedirlo, seguramente se te concederá.

La Meca del comercio del vino; tiendas como: Crush y Chambers Street Wines, entretenimiento puro revisando etiquetas, y con los 6 litros permitidos en la aduana la cosa pinta bien. Tan solo el inconveniente de cargar una pesada caja varias cuadras, pero no hay tiempo para que la lleven al hotel, además falta el traslado al aeropuerto y del aeropuerto a casa… Pero vale la pena.
La primera tienda está en la 52th entre Lexington y la 3rd, y la otra, más tradicional, está ubicada en el 148 de la calle del mismo nombre, a unas cuadras de la reconstruida y bulliciosa zona del WTC.

Ninguna tienda de vino podría tener prestigio sino fuera por lo que tiene dentro de sus cuatro paredes. El vino y la gente que lo promueve y vende. Bodegas, regiones y marcas que difícilmente se consiguen de este lado del Atlántico, sobre todo si tomamos en cuenta que además están todas juntas. En el 148 de Chambers Street. Lo primero que compré fue un Carema de Ferrando 2007, había dos etiquetas, compré el más económico. Un vino que probé por primera vez hace unos años en esta misma ciudad, un vino seductor de 37 dólares. Porque además de una selección abundante y muy cuidada, es una tienda cuyos precios son más que justos. Después metí al carrito dos maravillosos blancos: un Nikolaifhof Wachau 2010 y un Willi Schaefer Riesling Spätlese 2010 del Mosela, para después aceptar la recomendación de un vendedor muy amable cuyo nombre nunca pregunté, pero que me dijo: Si de algo interesante con burbujas se trata, mostrándome un montón de botellas. Al final decantándome por un vouvray brut, de Francois Pinon por pura curiosidad, ya que nunca lo he probado. Para esa noche en el hotel me llevé un rosado vinificado con tres uvas: gamay, grollean y cabernet franc. Vino que comentaré más adelante.

Camino al hotel tuve una urgente necesidad fisiológica, pero mi educación me impide meterme a un bar así como así. De manera disimulada me acerqué por una Coca Cola light. Cuando me di cuenta que había un Mosela por copeo, estiré el brazo. Heinz Eifel 09, un riesling kabinet que nadie me culparía si lo prefiero a la Coca Cola, misma que acabó en la coladera. Este riesling es un vino abocado, que huele a té verde y cera, sutil en boca con notas cítricas a limón.

KO 2010, vacía… duró poco

Para cenar mi hijo y yo estuvimos de acuerdo en sushi, así que bajamos al vestíbulo y preguntamos al concierge que por lo regular confunden el precio con la calidad, que no siempre es directamente proporcional. Nos señaló dos, y escogimos el más cercano: Megu, un restaurante sobrio, meseros amables sin llegar al apapacho, materia prima de buena calidad, sabroso pero excesivamente caro. Con un riesling cabinet, anónimo, y un shiraz, aún más anónimo tuve suficiente además de algunas tablas de sushi y platillos que cabían en un dedal, con una capa de trufa encima. Saldo 300 verdes y un sentimiento de haber sido timado. No hubo postre.

En el hotel descorché el rosadito, vinificado como dije antes, con tres uvas. KO 2010 de Sari Puzelat-Bonhomme un Vin de France. Genérico sin estirpe pero muy bien integrado, de color salmón, brillante, cítrico con un ligero cosquilleo y un final de lima con un fondo mineral, algo muy digno para acabar el día y olvidar el atraco recién perpetrado.

Continuará…

No todo el vino en nuestro país se produce en el noroeste. Baja California se ha convertido en el referente como zona productora de vino. Cuando se menciona el vino mexicano, los reflectores apuntan a una sola zona, Baja California, concretamente el Valle de Guadalupe, cuyos vinos tienen una mineralidad en ocasiones extrema, con una salinidad evidente. Pero hay otras zonas que emergen y otras en franco descenso. Es injusto pasar a segundo plano lugares como Parras Coahuila o Ezequiel Montes en el estado de Querétaro.

En esta ocasión probamos algunos vinos de estas dos últimas zonas. Empezamos con el vino reservado para los puntuales: un Mumm Brut cuya fama no sólo viene de Francia, en Napa ya se producen algunos espumosos interesantes. En este caso es un francés. No hay nada mejor que empezar con algo de burbujas para limpiar el paladar, se trata de un espumoso fresco, de buena burbuja; mediana y persistente, de color pajizo con destellos verdosos. Aromas a avellanas y notas de pastelería de fondo. En boca es refrescante, cítrico y de buena acidez.

El primer tinto fue Sierra Gorda Cabernet/merlot 2008, de Viñedos la Redonda. Aromas frambuesa, barro. En boca es compacto y mineral, con una leve arista de alcohol.

Casa Madero 3V cabernet 2009, sauvignon, merlot y tempranillo. De la bodega del mismo nombre. El primer golpe es cítrico; cáscara de naranja, notas de guanábana… ¿Estamos hablando de un blanco? Color rubí capa media, tanino firme, recuerdos de grosella y final áspero.

Casa Grande Gran Reserva 2007, cabernet/shiraz. Se percibe el pimiento de la cabernet, así como notas especiadas de pimienta negra y clavo. Boca frutal y final largo.

Casa Madero cabernet/ merlot 2008. Otra vez percibo la piel de naranja, fresa silvestre, mermelada de zarzamora, flojo en el paso de boca y final corto

Sierra Gorda producción Limitada 2008 cabernet/merlot/mabec. Al igual que el primero, tiene 12.5 grados de alcohol, algo insólito en estos días. Aromas a lavanda, menta y madera. Tanino mullido y de buena acidez.

Y el último y más viejo, Casa Grande Shiraz 2006. Nariz intensa a fruta roja y pimienta negra. Entrada amplia, buen tanino y largo. A pesar de su larguísima crianza en roble americano nuevo (24 a 26 meses), la fruta no está ahogada en madera. Algo que me ha sorprendido. ¿Será que la shiraz aguanta…?

Han sido bien recibidos, sobre todo por el contraste de la salinidad de Baja California, aun tratándose de vinos con cierta mineralidad, bastante comedida. Dos bodegas que tienen mucho futuro por delante.

En las últimas dos semanas he transitado entre el desencanto y el aburrimiento. Poco que comentar en cuanto a descorches se refiere.
Una boda, acontecimiento donde la gente acostumbra echar la casa por la ventana con jardines delicadamente cuidados de frondosos árboles y coloridas flores o salones exquisitamente decorados, música en vivo, refrigerios a la entrada, manteles largos, menú con nombres extravagantes… Pero el vino. Nada. No le prestan la menor atención, y no estoy hablando del precio, sino de la búsqueda de un vino sensato, de trago largo, sin rebuscamientos pero que pueda beberse inclusive solo. Pero nada de nada, no abundaré en un tema ya de por sí trillado que al parecer sólo importa a quienes buscamos cosas interesantes, para otros los precios altos son sinónimos de calidad, y viceversa. Allá ellos.

Dentro de todo este conjunto de aburridas experiencias dizque vínicas y hedonistas, me encuentro con un vino que vuelve a mi mesa con bastante frecuencia, sobre todo cuando salgo a un restorán.  Cune Crianza, una apuesta segura, un vino sabroso consistente que siendo caro, en un lugar chic y de moda, de esos que algunos esclavos de la misma pueden llegar a esperar una hora para que los pasen a la mesa, puede llegar a los 400 pesos o poco más, pero que tampoco es raro encontrarlo en menos de 300, nada que pueda desfalcarnos una vez al mes.

Ayer bebí tres copas del 2008, y me encantó, tiene un tanino sedoso, una acidez extraordinaria, todo en su lugar para pasar la tarde platicando y bebiendo. Sí, lo sé, mucha gente puede pensar que si esto es lo mejor que me ha pasado en las últimas semanas, se ría o se compadezca de mí. De una u otra forma ¡Muchas gracias!

Foto extraída de http://www.cvne.net

Apenas un bebé...

Como sacada de una película de James Bond, la torre-cava de más de 4 pisos de altura (12m) luce como un coloso en la entrada del restorán Aureole en el hotel Mandalay Bay, en Las Vegas. Aunque realmente su creación fue inspirada por la serie Misión Imposible, (quién puede olvidarse de su musiquita) las wine stewards o wine angels suben y bajan por medio de cables, escogiendo los vinos elegidos por los comensales. Construida en acero inoxidable, vidrio templado y Plexiglass en los nichos, da cobijo a casi diez mil botellas.

Con una tableta electrónica es fácil escoger un vino sin perderse en un mar de países, regiones, bodegas y uvas. En cuanto vi el Morgon de Lapierre en la pantalla no lo dudé un solo instante. Era una tarea pendiente, no por falta de interés sino de existencias en el mercado mexicano. Hace un año que su productor partió de lo terrenal, y la noticia hizo eco en el mundo del vino. Un año después puedo probar este vino biodinámico de la añada 2009 en una noche especial.
Lo primero que dijo el sumiller muy convencido, fue que debía decantarlo, y como yo soy muy obediente esperé a que terminara la maniobra. La verdad es que sí necesitaba bastante aire, con todo y la decantación este vino es una lápida, muy cerrado. Apenas en su infancia; es un gamay limpio, de lo más puro que he probado en mi vida, abre poco a poco, un vino enfocado sin distracciones, directo y puro, con fruta de la mejor calidad: moras, cerezas, frambuesa, regaliz, notas de bosque y lavanda. En boca es firme de una acidez exquisita y tanino firme, final laaargo. Una verdadera delicia, como para comprar un par de cajas y gozar de su encantadora evolución.

De poco servirá quejarse, pero me molesta que cubran las contra-etiquetas con información chatarra, cuando podrían pegarlas en otra parte, quizás en el fondo de la botella 🙂 (foto)

Otro ejemplo de información chatarra en contra-etiqueta

Morgon es uno de los diez crus, cuya evolución es más lenta, llegando a la madurez en varios años. Cuando le comentaba al sumiller que necesitaba cinco años más, movió la cabeza, asegurándome que le faltaban por lo menos quince. No lo dudo, ya que alguna vez probé un gamay de 1966, que si no estaba en su mejor momento, tampoco era un cadáver, para quienes piensen que la gamay es para vinos ligeros y de poca evolución. Les puedo asegurar que están en un error.

Así que con la primera entrada probé un blanco alemán spätlese cuya marca no recuerdo, y tampoco apunté, pero decía «off dry» que podría traducirlo a abocado, o por lo menos eso me pareció. Un vino de caracter floral bien maridado con un fuagrás, para después darle entrada a un atún sellado sobre cama de papas, que le vino de maravilla al Morgon, en honor a Mr. Lapierre. ¡Salud!

Para quienes quieran recordar tiempos pasados… y la monótona musiquita.

Cinco mexicanos y un colado…

En este mes patrio volvimos nostálgicamente a los vinos mexicanos de alta extorsión, perdón expresión. Y es que esos precios lo dejan a uno temblando, y como he dicho y no me cansaré de repetirlo; por esos precios me empiezo a poner muy exigente. La competencia puede realmente ponerse dura e inmisericorde con todo y que la competencia es extranjera, implicando gastos de fletes y otras cositas, a veces no tiene ninguna relación lógica lo que puede pagarse por un vino extranjero contra un mexicano. Pero allá ellos mientras les dure.

Esta noche han faltado tres amigos de último momento, avisando unas horas antes, al más puro estilo mexicano. Sumado a los precios altos, nos toca de un buen billete por cabeza. Empezamos con un cava que no tiene mucho que llegó a México, de la bodega Sumarroca. Nuria Claverol 2008. 65% Xarel-lo, 20% parellada y el resto de la «mejorante» chardonnay, tres años en sus lias y 12% de alcohol, un cava fresco, burbuja media y de mediana persistencia, aunque yo no me fío mucho, ya que dependerá de la porosidad de las copas. Al principio desprende aromas de pastelería, frutos secos, pero poco después se muestra muy floral. En boca es cítrico con cierta mesura y algo corto al final. $590 es algo subido para lo que da. La depredación de los detallistas juega un papel importante en esto de los precios.

De la bodega californiana (México) Vinícola Tres Valles, probamos el Maat 2008 y el Kuwal 2007, ambos vinos muy parecidos; buena nariz, de mucha intensidad. El primero es un grenache noir que es lo mismo que garnacha tinta, sino es así pueden corregirme. Aunque mis compañeros parece que ya le tienen tirria a los vinos mexicanos, para mí son dos ejemplos de vinos de buena fruta que no desmerece con la salinidad. Kuwal 2007 es un vino con aroma a hollejos, amarga en la entrada, largo y con cierta salinidad, moderada.

Big Blend 2008, de Vena Cava. Un coctel de cinco uvas diferentes: 35% syrah, 29% zinfandel, 18% cabernet sauvignon, 12% petit syrah y 6% grenache… ¿algo más…? con sus casi 14% de alcohol huele a aceituna negra, frutos rojos, de buena acidez. Un vino correcto, pero por $500 ya no es tan correcto.

Quinta Monasterio 2008, que en un principio pensé que se trataba del Ribera del Duero. Catorce meses entre roble francés y americano nuevecito. Transcribo algunos comentarios: «bastante más redondo, sin aristas, más largo y amable» otro «simpático, me gustó, ácido, afrutado» me agrada comparar el vino con los humanos, palabras como: honesto, firme, juguetón… describen muchas veces mucho mejor algunos vinos que utilizando el lenguaje propio de «catas profesionales».

Por último de Vinícola La Trinidad, nueva para un servidor, llegó Minotauro 2009. Un vino de 600 pesos que sabe a chamoy del bueno, acidito y salado que al final da algunas notas de sandía, un inmemorable con causa. Así concluye esta costosa cata para rematar con unas pizzas también caras, ¿o será que ya se siente la crisis mundial…?

Podría ser un buen título para un artículo de la revista Forbes o Robb Report anunciando las últimas añadas de Burdeos, y seleccionando aquellos que no rebasan los dos mil verdes. Los Burdeos y Borgoñas han pasado de ser vinos míticos a objetos de especulación: ventas a futuro, subastas, colecciones de rusos y de chinos millonarios… Y quienes salen perjudicados somos todos quienes disfrutamos descorchando y comentando experiencias alrededor de estos vinos. Hasta hace unos años era posible hacerse de un par de botellas por algo más de cien dólares. Lo digo por experiencia ya que en 1998 compré en Sherry-Lehmann (tienda en la ciudad de Nueva York no precisamente barata) un Haut Brion y un Lafite 90 y 91, aunque no me acuerdo qué añada corresponda a cuál. Añadas flojitas pero no dejan de ser interesantes en algunos chateaus. Y apenas rebasaron los cien verdes cada uno. Hoy no alcanza ni para comprar los segundones (Carruades Lafite y Le Clarence de Haut-Brion) que dicho sea, este último hay ocasiones que está mejor que su hermano mayor. 1998 tan cerca y tan lejos ¿Se acuerdan de la motocicleta BMW R1200 que salió en una película de James Bond? Ya se ve antigua… pero los vinos son menos profanos, mejoran con los años.

Bajo estas premisas, nuestros desafortunados hijos y nietos tendrán que hipotecar su casa para poder comprar la añada 2025, y si es declarada por el hijo de Robert Parker como la añada del siglo… Suele suceder, entonces tendrán que sumar uno de sus riñones y una córnea a la cuenta. O procurar de nuestra parte heredarles una buena dotación de vinos para que sepan lo que fueron los Burdeos de los setentas y ochentas, por no irnos más atrás. Aunque el gusanito de comprar una añada reciente siempre estará latente, si es que deciden beber vino y no se decantan por otras bebidas más espirituosas y mandan al carajo la colección completa. Además hay que añadir que los Burdeos salen al mercado bastante cerrados, y debemos guardarlos varias décadas para su maduración.

Para muestra de precios de locura, un botón:

Chateau Lafite 2010 de 398€ en Suiza (que suerte la de Daniel) hasta 1173.75€ en EE.UU.
Chateau Latour 2010 de 225.34 en Suiza, a 1567.39€ en EE.UU
Chateau Margaux 2010 de 190€ en Alemania a 1297.92€ en Suiza… ¿habrán invertido los precios).
Fuente: Vinopedia
Otra conclusión a la que he llegado, es que nuestro amigo Daniel P. W. se fue a Suiza por otras razones… 🙂