Archivos de la categoría ‘Vino’

Enero

Publicado: 12 enero, 2019 en De todo un poco, Vino
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Enero es un mes de reflexiones y de buenos propósitos, que en la medida que corre el año van quedando en el olvido. Un espacio que puede servirnos para dirigir nuestra mirada a otros objetivos y nos invita a hacer un alto en el camino.

Leyendo el blog de Tyler Colman Dr Vino, por poner sólo un ejemplo, se alojaron como abejas a la miel en mi memoria recuerdos y añoranzas de cuando los blogs gozaban de buena salud, en su pleno apogeo. Cuando la gente leía y escribía de manera entusiasta y en ocasiones de manera febril. Tyler Colman no ha sido ajeno a esta tendencia a la baja, otrora escribía hasta tres entradas por semana, todas ellas escritas con mucho profesionalismo y esmero. Ganador de no sé cuantos galardones entre otros reconocimientos importantes. Hoy en su portal la entrada más reciente es del día 7 de noviembre del año pasado. Algo sucede y es que las seducciones visuales de los videos y todo lo que tiene que ver con la comunicación fácil, instantánea y digerida, sustituye poco a poco la escritura. Ese código que desde hace poco más de 6 mil años nos ha engrandecido con su luz y cobijo para desarrollar nuestras fantasías y no sólo el chismorreo banal y efímero. Parafraseando al hombre genio de Borges; Todos los inventos del hombre han sido extensiones de su cuerpo, con excepción de la escritura. La literatura va más allá del simple deseo de expresar una idea, ya de por sí una tarea valiosísima, sino de llegar a expresar sentimientos y reflexiones que eleven el espíritu  del hombre.  Los videoblogs son cada vez más reconocidos y han convertido a muchos de sus autores en gente famosa y rica. Giovanni Sartori estaría moviendo la cabeza  reconociendo lo que él alguna vez  había profetizado a inicios del siglo XXI.

Ha llegado a tal punto mi apatía que de no escribir de inmediato alguna experiencia que resulte a mi juicio digna de comentar, pueden pasar semanas sin que me asome al teclado para escribir mis experiencias. Así que no quise dejar pasar la oportunidad para comentar algunas cosas a bote pronto.

Al final de año catamos algunos vinos que prometían mucho pero que no sé si valen lo que cuestan. Una pregunta que me planteó cada vez con más frecuencia ¿Un vino de 200 dólares los vale de verdad…? Hay quienes defienden su postura por el solo hecho de haber pagado una fortuna, pero son incapaces de desmenuzar el contenido de la botella. Conformes con la etiqueta y el glamour efímero que les proporciona una cena vestidos de frac, descorchando vinos caros servidos en copas austriacas de cristal de una sola pieza. Por mi parte encuentro cada vez más satisfacciones en la simplicidad, en un vino honesto y sin grandes pretensiones como el que a continuación les comentaré.

neroCusumano Nero D´Avola 2016. Un siciliano firme con buena fruta, de alcoholes moderados y tanino maduro. A los que llamo de trago largo, y que bien pudiera descorchar dos botellitas durante una buena cena.

Muchos se preguntarán si vale la pena comentar un vino que se puede beber de ordinario, para quienes acostumbran a beber diario. Yo diría que sí. El precio y la estirpe muchas veces son producto de la mercadotecnia que va mermando el verdadero propósito de una buena copa de vino.

Hasta aquí mi comentario, y por cierto en un futuro me gustaría escribir una entrada sobre los lugares en México donde sirven tapas. Tapas de calidad, aunque a veces hay que pagar un riñón por cada sentada en la barra. Curiosamente se encuentran en tiendas de lujo ¡Qué tengan un año de mucho éxito y  más salud!

Cata 220

Publicado: 1 septiembre, 2018 en Cata, Vino
hueledenoche

Cestrum Nocturnum (Hueledenoche)

Cestrum Nocturnum  nombre científico para el Hueledenoche, un arbusto que dispersa un olor parecido al talco valga la comparación, y que propaga su intenso aroma exclusivamente por  la noche, de ahí su nombre común. Durante la cata de ayer hizo gala de su nombre obstruyendo nuestro ya de por sí mermado sentido del olfato. Parece mentira pero un pequeño arbusto puede saturar el ambiente con su particular olor a varios metros a la redonda, como fue el caso. Así que lidiando con este contratiempo, hicimos lo que pudimos para descifrar los aromas de los vinos de la noche de ayer.

Empezamos con un Viogner de bodega Lagarde, Altas Cumbres 2015. Un blanquito bastante ácido, como si probara un limón verde, al principio huele a uva; siendo ésta su materia prima, sorprende encontrar pocos vinos que huelan a uva, sobre todo ese olor cuando se le quita la cáscara, pasto recién cortado… aromas muy verdes. En boca limón y más limón. Un poco pasado de acidez. Repetible

Valentín Bianchi Malbec 2016 primer tinto. Huele a ciruela no muy madura, cereza, de tanino rugoso y final amargo. Nada que mueva a comprar otra botella, decantado debería mejorar.

Trumpeter Malbec 2015. Este es un vino que se ha vuelto muy comercial, se puede encontrar en  muchos estantes de diferentes tiendas. Primer golpe huele a algún aroma químico no definido, un poco de aire lo limpia dando alguna nota de fruta roja. En boca es fugaz y ligero. Desconcertante. ¿Algún problema de guarda…?

cata 220

Cata de Malbec o de Hueledenoche…

Catena Malbec 2015. Nariz balsámicos, cereza, notas de miel maple, en boca es astringente, un poco amargo y algo desenfocado. Repetible… Tal vez ¿por qué no?

Zorzal Malbec 2015. Fruta roja en sazón con notas de vainilla, nariz agradable y en boca equilibrado. Redondo. Repetible.

Navarro Correas Reserva 2012. Un viejo conocido cuyos alcoholes llegan a los 14 grados. Huele a cerezas en licor, chocolate amargo y notas de coco, final amargo. Para comprar 4 botellas y ver qué pasa.

Durante toda la cata estuvieron presente los «destilados» del Hueledenoche, así que podríamos decir que fue una cata con limitaciones… Pero como no somos profesionales y siempre las tenemos, si alguno de los vinos catados se nos cruza algún día por nuestro camino le daremos otra oportunidad, no somos muy severos.

Carlos Serres

Publicado: 25 junio, 2018 en Novedades, Vino
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carlos-serres-2016.jpgHace mucho tiempo, cuando participaba de manera activa en el foro de Verema, había un productor de mucho prestigio en la comunidad: Carlos Serres, inclusive intervenía en el foro y sus vinos se comentaban a menudo. Ayer pasaba por los estantes de una de las tiendas que frecuento y me encontré con una botellita de tempranillo de este mismo productor, como no lo había probado, no lo pensé dos veces y estiré la mano para meterla al carrito. En la etiqueta aparece: Old Vines, así que siguiéndolo al pie de la letra se trata de viñas de por lo menos 25 añitos.

Ya en casa preparando una paella no dejaba de preguntarme el resultado del maridaje, y mira que a mí eso del maridaje no es cosa que me quite el sueño. Una vez descorchado y puesto en la copa me di cuenta de su frutalidad, una nariz muy expresiva y un color de vino joven; frambuesa con ribete oscuro. Aromas intensos a hollejos, ciruela y arándanos. En boca tiene una acidez exquisita y un tanino mullido que le da al conjunto un buen armazón. Vino de trago largo que invita a seguir copeando toda la tarde, creo que compraré media caja y que también con una buena parrillada  sirve para bajar la grasa. No quería dejar pasar este comentario porque creo que es un vino sin el defecto de tantos otros de maderas y alcoholes altos.

Haciendo un recuento para no perderme en el camino, después de la cata 213 en casa de Alfonso, miembro del grupo y además anfitrión, nos invitó una paella. Se me ocurrió averiguar qué vino maridaba mejor. Hay que recordar que aquí en México es raro que las paellas tengan conejo dentro de sus ingredientes, y que son combinadas. Lo que vendría a ser un «Mar y Tierra» en España. Compré un blanquito, un rosado (Marqués de Riscal) y dos tintos que han pasado al olvido. La mayoría coincidimos de que fue el rosado el que mejor maridó. Sin otro propósito más que pasarla bien, disfrutar la paella y saber qué vino se llevaba mejor con el platillo. Yo mismo hice la paella,  por desgracia me he  pasado de sal, y en una paella es un pecado mortal 😦

De la 214 ya he reseñado lo suficiente, y la posterior la 215. Se trató de vinos mexicanos comprados por internet por Paco, y que en honor a la verdad no levantaron suspiros, a mí en lo personal me gustó un syrah de la bodega Campo Real Vinícola: Tierra Adentro 2011.  Me pareció no sólo bebible sino repetible.

De Líbano a Coonwarra...

De Líbano a Coonwarra…

En esta cata cuyas expectativas no eran ni altas ni bajas, simplemente un total desconocimiento de los vinos. Al final resultó uno que otro muy interesante. Empezamos con un blanco australiano muy refrescante. Founder´s Block 2014 vinificado con savignon blanc. Amarillo pajizo brillante y fluido, aromas intensos a piña madura y durazno. En boca es fresco, abocado al principio, de excelente acidez, quizás más de lo que esperaba pero que daba al conjunto una buena armonía, resaltando su vivacidad, nada mejor para el calor junto a la alberca con algunas viandas.

Altitudes IXSIR Blanc 2015. Un segundo blanco de otra hechura. Huele a té de limón, té negro, mandarina. En boca es amplio y amargo en el paso de boca, una característica que siempre me ha gustado en los vinos blancos. Para media cajita.

Sileni Cellar Selection 2012. Austero, sin muchas concesiones, no muy aromático, después de unos minutos asoma un leve aroma a ciruela pasa y pastel de fruta. En boca es redondo sin destacar nada, equilibrado. Me gustó para repetir.

Altitudes IXSIR Rouge 2015. Este pinot desconcertó a muchos que pensaban en un vino evolucionado, aunque estaban equivocados, se trata de un pinot noir. Huele a fruta roja en sazón, tierra mojada y algo de especias; mejorana. En boca se nota algo de CO2; al entrar algo de cosquilleo, frutal y de acidez moderada, tanino mullido. Para una cajita.

Founder´s Block Shiraz 2013. Aromas intensos a grosella nota lejana a ciruela madura. En boca es austero y de final corto. Repetible.

Founder´s Block Cabernet Sauvignon 2015. Nariz corta, fruta negra indefinida. En boca es de tanino y acidez mesurada, sin enamorar. Inmemorable con causa.

Floración Tardía

Publicado: 10 enero, 2018 en El clima, Vino
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racimo tardío

Foto tomada el 8 de enero, antes del envero

La vendimia, ese acontecimiento festivo que da lugar a bailes, comilonas y excesos, y que en el hemisferio norte se realiza entre agosto y septiembre, y en el sur seis meses después, fuera de los casos en que se dejen los racimos madurar más de la cuenta para obtener una mayor concentración de azúcar residual (cosecha tardía) que puede resultar una vendimia hasta noviembre o diciembre.

La vendimia ha marcado un ciclo en la vida del hombre, que ha sabido observar y que ha de guiarse para desarrollar otras tantas actividades, sobre todo en países cuyas estaciones son más marcadas; con calor en los largos días de verano y nieve en invierno.

Todo hasta aquí suena lógico, hasta que descubrí que la parra que tengo plantada en  el jardín de mi casa ha dado frutos a finales del año pasado. Sí, por ahí de junio apenas dio unos racimos enfermizos que me obligaron a podarla dejando sólo el tronco y algunas ramas. Cuál sería mi sorpresa que poco después florecería en todo su esplendor, para más tarde asomarse unos cuantos racimos.

Si alguien sabe qué sucedió, por favor que me lo explique, porque sospecho que no seré el único intrigado. Yo definitivamente no sé la razón de este florecimiento tan tardío.

Los vinos más baratos de la carta

Publicado: 20 noviembre, 2017 en Restaurantes, Vino
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Vino de La Tierra de Castilla

Vino de La Tierra de Castilla

Cuántas veces por cuestiones del destino hemos parado en un restaurante por primera vez, y dado el mobiliario, la decoración y todo lo que le rodea, pensamos que la carta debiera ser breve y de precios comedidos. Es decir no hay sumiller, ni siquiera un mesero medianamente enterado en el servicio del vino, no hay cristalería decente, y en la mayoría de las ocasiones se ve algo cutre. Pensamos que se pueda traducir en precios bajos. Pues ayer no fue así, si bien desde la entrada se veía la esmerada preparación de una paella para algo más de cien tragones, y el ambiente olía a tocino ahumado, olor que tengo en lo más fresco de mis recuerdos cuando entro a un restaurante español. Y de hecho se trataba de un restaurante inspirado en comida de la Madre Patria.  La parte de arriba del restaurante distaba mucho del buen ambiente de la planta baja, a un grado de la depresión. Otro factor que se repite en muchos sitios como si arriba hicieran algún descuento extraordinario. La carta no era precisamente corta pero tampoco era la selección mejor escogida. Viendo vinos caros por doquier, encontré uno muy escondido en un rincón a un precio razonable, rondando los 300 pesos, algo así como 16 dólares. Y como no soy muy exigente en los restaurantes la mayoría de las ocasiones escojo el más barato, y por fortuna en más de una  salgo satisfecho con la elección, salvo cuando conozco de sobra ese vino barato y sé de antemano que no es santo de mi devoción. Siempre he pensado que pedir vinos dignos de celebración en restaurantes es de antemano arriesgarse a pagar un sobreprecio que puede llegar a más del 300%. Y que también habrá una que otra ocasión que lo amerite ¡Por supuesto! Pero no siempre.

Ayer corrí con suerte, el vino en cuestión fue un Crin Roja 2015,  un vinito sin pedigrí (Vino de la Tierra) que cumplió con creces  la amable tarea de aligerar la digestión y refrescar la garganta mientras pasaba la suculenta grasa de un lechón crujiente por fuera y suave por dentro. Mucho mejor que haber roto el cochinito o hipotecar la casa para darnos cuenta al final de que el vino no cumplía con las altas expectativas que nacen de las cartas infladas y se traducen en grandes decepciones.

Color rubí, frutal y redondo, sin ninguna otra pretensión que ser bebido. Así que los invito a probar los vinos más baratos de la carta, a veces resulta.

Ayer fue viernes, y además de celebrar la cata 212, porque precisamente es una celebración al vino, a la camaradería y  al hecho de seguir vivos en este caótico mundo, también repuse el equipo de refrigeración de la vetusta cava que ya pronto cumplirá 22 añitos. No sé si entre en la categoría de cavas viejas, como las viñas después de los 25. En Europa hay muchas en castillos con algunos siglos a cuestas, aunque tampoco sé si abunden las particulares con estas características. Hay mucho qué contar en los dos años y algunas semanas que estuvo fuera de servicio, bien podría resumirse en mucho moho, etiquetas dañadas por humedad excesiva y temperaturas variantes entre los 19 y los 25°C,  además claro está cierta dosis de apatía para comprar vino. Adopté muy pronto esa costumbre de comprar lo que se bebe pronto, como máximo un mes de consumo. Me preguntaba para qué comprar más vino si no tenía la cava en condiciones para guardarlo por mucho tiempo. Pues bien, hoy volví a entrar y escuché ese ruido del difusor que sonaba a una melodía angelical,  sintiendo en el rostro la suave brisa del aire fresco,  aunque ya no bajaré el termostato a los 16°C acostumbrados, sino a unos comedidos 18 más que suficientes para que duerman y reposen en calma todas las botellas, además de que mi cartera no resienta el pago de la factura de la electricidad. Es pues para mi muy grato volver a cuidar de las botellas y comprar algo más para la guarda. Dicho lo anterior la cata tuvo algunos vinos para comentar:

IMG_0661 (2)Don Leo 2012 Sauvignon Blanc. Un vinito fácil, color pajizo, brillante y fluido, con una espléndida nariz a kiwi y una sutil nota de durazno maduro. En boca es firme, abocado, fresco y de final largo y mineral. Para comprar media caja, aunque los calores se han ido, vale la pena de aperitivo o con un queso no muy maduro.

Coloso 2015. Este vino sé que a mucha gente le daría pena comprarlo, o no podría quitar el estigma del equipo de futbol América, sobre todo quienes le vayan  a las Chivas, pero como yo no soy aficionado, y además me llamó la atención lo que estaba dentro de la botella, lo compré. Huele a regaliz y cerezas, tiene buen paso, algo mineral y de acidez alta. No está mal pero no volvería a comprarlo, me parece que por los 375 pesos (20 dólares) que piden hay ofertas mucho más atractivas.

Don Leo  Pinot Noir 2015. De la misma bodega del primer vino, huele a mermelada de zarzamora y notas de ciruela madura. En boca es muy frutal, buena acidez y notas minerales. Un pinot de 13,9 grados aunque parece que empieza a ser la norma en lugar de la excepción. Bueno si me dijeran que es otra cosa y no un pinot noir, asociado, por lo menos por un servidor, a cosas más sutiles.

Megacero Premium Blend 2014. Un nombre raro para un vino, se antoja para el nombre de esos ridículos robots «Transformers» y no para un vino. Fruta madura a raudales con algunos toques ahumados (tocino). En boca es tosco y muy astringente. Inmemorable con causa.

Tierra Adentro Merlot 2011. Este vino zacatecano huele a piedra de río, para quien no entienda muy bien de qué va, es que nunca ha dado un paseo por las márgenes de un río después de las doce del día, cuando las piedras desprenden ese vaporcito una vez que han ganado calor por los rayos de sol. Es mineral  y tiene notas de ciruela pasa, un toque dulzón y en boca astringencia y poco más. Bebible.

Tierra Adentro Syrah 2011. Chocolate, mermelada de ciruela y arándano. En boca va de más a menos, desenfocado.

Willi Schaefer 2010

Publicado: 4 octubre, 2017 en Vino
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Etiqueta dañada por la humedad, el único inconveniente de humedades altas.

Humedad alta en bodega, etiquetas dañadas único inconveniente.

La añada 2010 de este Riesling.

Después de un año de un invierno crudo y largo, la floración comenzó más tarde que de costumbre, pero pasado el caluroso mes de julio, se logró la misma madurez que la de 2009.

Septiembre cambiante afectó la abundancia de las uvas, al mantenerse la mayoría en buenas condiciones, y después de varios días soleados de octubre la cosecha tardía en el Mosela se logró una vez más. (…)

Esta es más o menos la perspectiva que nos presentan en la bodega Schaefer de esta añada.

Riesling, esa maravillosa uva blanca que tanto deleite proporciona a los paladares de todo el mundo. Sin ninguna duda mi uva blanca favorita, y más tratándose de la región del Mosela, además de venir de un gran productor.

Un vino encantador y delicado, cuyo color amarillo oro y aromas florales me hacen dudar entre beberlo o seguir oliéndolo y contemplarlo toda la tarde. En nariz como ya dije es floral, flores delicada de azahar, madreselva y té verde, fruta entre toronja y pera con una nota lejana de durazno. Y como todos los riesling con algunos años: queroseno. En boca tiene un ligero amargor en la entrada que me recuerda al agua quina, así como algo de aguja que no se logra observar en la copa (burbuja). Espeso, brillante, dulce, miel, flores todo envuelto en una acidez firme pero discreta. Una delicia. Lástima que sea el único que quedaba en la bodega. Por cierto esta botella había sido depositada en los brazos de Morfeo en 2011, un añito después de que naciera. Una selección de Terry Theise, importador de la costa este de EE.UU.

CATA 211Ayer por la noche tenía todas mis esperanzas puestas en que cada uno de los seis vinos cumpliera con su reconocida fama; las expectativas eran muy altas. Había desembolsado algo así como doscientos veinte dólares, cuatro mil pesos mexicanos en seis botellas de vino. Es difícil dejar de relacionar el precio con la calidad, aunque aquí estuviera asegurada esta última, pero no muchas veces va de la mano con el placer recibido a cambio.

España volvía a la copa, tierra querida de donde llega la mayor parte de las importaciones de vino a México.

Empezamos con un ejemplar de distinto origen, un francesito, un Chablis premier cru 2014 de La Chablissine, una bodega no muy aristócrata, por un lado, y por otro un vino muy joven. Como muchos deben saber un buen Chablis empieza a abrirse con su encanto después de cinco añitos. En el caso de los grandes Cru  ocurre mucho después. Este vino aromático huele a manzana verde y hierba recién cortada. En boca es cítrico, con una entrada mineral, algo que me llamó la atención ya que lo mineral por lo regular se percibe al final.

Seguimos con un tinto de capa alta y muy barroco. Huele a chocolate y ciruela con un tanino rugoso y fruta muy concentrada y sobre madurada. Se trata de un Torremilanos 2015 vinificado 100% tempranillo. Le falta mucho aire, vidrio o ambas.

Pesquera Crianza 2013 un vinito de 14 grados de alcohol que huele a arcilla y fruta roja indefinida. Sin pena ni gloria… Y yo seguía esperando.

El cuarto fue un Bosconia Reserva 1998  ¿Viejo o maduro? qué fácil puede la gente confundir una cosa con la otra, y más tratándose de un vino precedido por dos vinos cuyos taninos son bastante elocuentes y de alcoholes altos. No quiero extenderme en este vino cuya elegancia y profundidad hablan por sí solas, esos 19 años apenas han servido para hacerlo más interesante, le queda tiempo por delante.

Los dos siguientes francamente no sé qué pudo haberles sucedido…

Pesquera Reserva 2012 un tinto que debía estar por lo menos ya hecho y bebible, apareció un poco débil y anémico.  Buena nariz:  térrea, champiñón y algo especiado con notas de canela de fondo. En boca, ni pena ni gloria.

Gran Reserva 904 2007.  Sin lugar a dudas uno de mis vinos clásicos favoritos. Esta vez se presentó tímidamente, recordándome aquella descripción de Camblor cuando se refería al «mutismo»  aseguraba que era una etapa en los grandes vinos. Etapa donde todo parece levitar en un sueño invernal como los osos dentro de sus madrigueras, donde apenas sí respiran para volver a la vida con todo ímpetu en la primavera. Pues quiero pensar que este gran vino estaba dormido y no despertó en la copa por más muñequeo que imprimí durante algunos minutos.

El balance de la cata para mi gusto fue pobre, una decantadita previa hubiera hecho la diferencia en la mayoría de los vinos.

Rasgueo dominical

Publicado: 10 septiembre, 2017 en De todo un poco, Vino
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Como quien toca la guitarra y sólo hace algunos ejercicios para no perder la costumbre, hoy domingo escribo algo de lo que me ha pasado en este año, que no es muy interesante ni siquiera abundante pero que de algún modo debo de hacerlo para sacudir de polvo este espacio.

Como dije antes, no escribiré la reseña de cada cata del grupo, pero si algunos detalles sobresalientes si es que se le puede calificar así a los hechos cotidianos del mundo del vino. Empezaré por un tinto que probé en julio pasado y que llamó la atención. Uno de esos vinos cuya fruta contenida en la botella nos lleva al viñedo, fruta que se siente viva por su acidez y encanto. Todo lo demás son alcohol, tanino, textura, postgusto…  en su lugar y de una manera que no sólo convence sino enamora. Cualidades cada vez más escasas en la industria del vino, y he dicho industria porque quizás sea la mejor forma de describir lo que impera en la actualidad. Vinos por montones sin rasgos que los diferencien unos de otros. Hace poco escuchaba a un mesero sugerir un merlot, por lo dulce, como si sólo se tratara de la uva, echando por tierra el calendario de la vendimia (a mayor tiempo, mayor azúcar) y no menos importante el proceso de  vinificación.  Agregaría como lo he hecho siempre, la estandarización y el abuso de la madera, para completar un triste cuadro. Pero hablando del mismo vino Il Fiore de Marco Bonfante, me parece que comprar una cajita sería muy buena idea.Il fiore

Otro vino que me sedujo, este caso aún más raro, tratándose de Hugo D´Acosta, nuestro Michael Rolland mexicano, y no por que no pueda sino porque a veces le salen cosas raras experimentando con uvas y procesos cuyo resultado son tes de roble, casi siempre caros. Esta vez me sirvieron un vino de la casa en el restaurante Barrio La Bocha. Un vino con buena fruta, equilibrado y sin excesos. La Bocha, no recuerdo añada. Ambos muy recomendables en este océano de vinos comerciales servidos muchas veces a temperaturas abajo de lo disfrutable. Si antes, quizás 25 años atrás, padecíamos de aquello de «temperatura ambiente», hoy los vinos los ponen junto a los mariscos en el congelador. Ayer precisamente me sirvieron un malbec con esa cortina de humedad que se forma alrededor de la copa, cuando el vino esta muy frío. Claro que alguien puede decirme que es mejor eso a que venga caliente. Sí claro, ya que puede ganar algunos grados centígrados en la mano.

Las catas programadas, que dicho sea ya vamos en la ducentésima décima, lo dejaré para otra entrada. Sólo quiero destacar un cava que probamos y cuya información no aparece en la página oficial de CUNE, pero amablemente respondieron a mi correo brindando algunos datos. Se trata de un espumoso de carácter calizo con aromas intensos a frutos secos y panadería, sin perder su exquisita acidez. Vale la pena. Dentro de la información que enviaron (ficha técnica) aparece que está vinificada en el Penedés, Saint Sant Sadurní dʼAnoia. Y que está vinificada con xarel-lo, macabeo y parrellada.

En otro tema, Pedro Poncelis Brambila sin duda es el sumiller decano de México, inició su carrera como químico y poco a poco fue creciendo su interés hasta lograr un reconocimiento de todos quienes vivimos este maravilloso mundo de Baco. Una visita al Hotel Presidente en el restaurante Alfredo Di Roma, confirmó mis sospechas de que ya se había retirado para mudarse a Baja California para el proyecto hecho realidad de vinificar. Poncelis

Acabo de descubrir (aunque el proyecto inicio en 2011) un vino con su nombre en la etiqueta, proyecto iniciado por su hijo con su colaboración. En fin los detalles no los tengo a la mano, pero sí puedo decirles que nos llamó la atención, y que se puede esperar que mejoré con algunos años en vidrio. Da gusto ver la culminación de una larga carrera con un proyecto de esta naturaleza. ¡Felicidades a los dos! Padre e hijo.

Por cierto, 435 pesos no está en el rango de vinos para beberse diario, por lo menos no en mi caso. Si me preguntan si los vale… sí lo creo, aunque como consumidor quisiera que estuviera abajo de ese precio.