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Tenemos Cojón de Gato o Teta de Vaca... ¿Cuál prefiere?

Tal parece que muchas bodegas con el afán de captar a un determinado grupo de consumidores, se han volcado a imprimir en sus etiquetas nombres tan descabellados como poco ortodoxos, sacados de no sé donde, pero que para mucha gente podrían rayar en el mal gusto: Cojón de Gato, Teta de vaca, Fish Eye…
De momento no me viene a la memoria ningún vino mexicano con estas características, pero puedo darles algunas sugerencias, qué tal: Pata de Perro, Oreja de Elefante, Diente de Conejo, Moco de Gorila… Son sólo algunos ejemplos que podrían figurar en la lista de ingredientes de alguna hechicera para preparar una pócima, pero no para encontrarlos en la carta de vinos de un restaurante.

Dentro de mis parámetros para escoger el vino, definitivamente no están los nombres raros, ni las etiquetas bonitas, aunque debo reconocer que me ha llamado mucho la atención la manera como algunos productores han bautizado sus vinos para poder captar la atención de un grupo específico de bebedores de vino. La pregunta sería; ¿qué tan serio es este consumidor? es decir habrá mucha gente que se acerque y compré una botella… ¿pero podrán repetir? Parafraseando a un sabio bodeguero español; «yo no vendo mi vino cuando llega a los anaqueles, ni siquiera cuando lo compra la gente, sino cuando vuelve por otra botella». Seguramente el grado de eficacia amerita sacar del baúl de los nombres extraños, algunas incoherencias para plasmarlos en una etiqueta, pero también habrá otros consumidores que repudien ese tipo de maniobras y no les merezca confianza comprar un Cojón de Gato o un Teta de Vaca. Por mi parte, sólo me he atrevido a sacar la cámara fotográfica para documentar esta entrada, tal vez mañana estaré hablando de lo bueno que es el Cojón de Gato o lo maravilloso que es el Teta de Vaca. Uno nunca sabe. ¿Alguien ya los probó?

Casa Madero Cabernet Sauvignon-Merlot 2008, desde 1597

Ayer por la mañana leía en el periódico Reforma (Buena Mesa) que la vendimia en Baja California se adelantó este año, aunque en realidad la palabra fue pisca, término poco común fuera de nuestro país y sólo para referirse a granos, café y sobre todo algodón. Los pozos de agua se han ido recuperando en los últimos años. Después de diez de sequía, tres con buena lluvia han sido suficientes para llenarlos y reducir la salinidad, aunque aún no lo he comprobado. Y no me refiero a revisar los pozos sino a probar los vinos… 🙂 Les deseo lo mejor para esta vendimia, que este año sea muy próspero y que la fruta sea abundante y de calidad, si es que se pueden dar ambas cosas, lo demás dependerá de cada bodega.

Cuando nos referimos a la vitivinicultura mexicana la mayoría nos enfocamos al noroeste de la República, a Baja California, pero pocos con alguna excepción, que me consta desde que lo conocí, de Mr. Whitaker cuyos ojos están bien puestos desde hace mucho tiempo en el Valle de Parras, en el endeudado estado de Coahuila, como ya lo indican las modernas etiquetas de Casa Madero, otrora Parras, ahora Valle, quizás sea la mercadotecnia aunque el producto parece ser el mismo.

Pasando por los pasillos del súper me ha guiñado coquetamente un Casa Madero Cabernet Sauvignon-Merlot 2008, así que como acostumbro; estiré el brazo y metí la botella al carrito. Aunque haciendo memoria no fue precisamente en en el súper sino en Palacio de Hierro, y allí no hay carritos. El caso es que esa botella llegó a casa, y pronto tuvo su fin como los buenos toros (de dos astas). Un vino con músculo pero sin esteroides, de una nariz abierta y contundente a ciruela, con notas de pimiento y pétalos de rosa, por influencia de la merlot, también tiene algo en el fondo que me recuerda al toffee. Un vino amplio en boca de excelente acidez y siempre guardando una armonía impecable. Repetible. Disfrutable. Por cierto, aunque yo no bebo etiquetas, está muy bonita, el color del fondo resalta de manera elegante la tipografía ¡Felicidades al diseñador…! Aaaah y también al enólogo.

Sela 2008

Publicado: 6 agosto, 2011 en Novedades
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Sela 2008

A principios de este año, en los últimos días de febrero, asistí a una vertical de Roda I dirigida por Gonzalo Lainez (Director de exportaciones), un viejo amigo de verema.com que nunca había visto en persona. Cosas del internet. Habló durante la cata de cosas muy interesantes, además de anunciar el nuevo vino de Roda en México; Sela. Pero, no fue sino hasta después de casi seis meses que pude probarlo. Su precio ($469). No entra dentro de los vinos de diario como lo anunciaba Gonzalo. Aún en España ronda los 15€. Sí, casi la mitad del precio en México. Pero aquí la bodega no tienen nada que ver.
Vinificado con un 96% de tempranillo y 4% de graciano, además de una crianza de un año en barricas seminuevas de roble francés. De la primera añada, que fue la 2008 se han embotellado 80.000, pero se piensa llegar a cien mil en las próximas añadas. Como me ha sucedido con vinos cuyo enólogo o gente relacionada con la bodega conozco, las botellas se miran de otro modo, y se pierde la poca subjetividad que pudiera existir, sin embargo admito que este Sela 2008 es un vino con una arista alcohólica muy patente, a tal grado que después de tenerlo un momento en la copa es difícil encontrar la fruta y algunos atributos que aparecen muy al principio, y no es que haya subido mucho la temperatura, aún estaba fresco. Quisiera comprar otra botella y concederle el beneficio de la duda, pero a ese precio las cosas se ponen un poco difíciles.

Viña Ardanza Reserva Especial 2001... el tiempo lo dirá

La Rioja Alta S.A. es otra de las bodegas ubicadas dentro del Barrio de la Estación en Haro, junto con: López Heredia, Muga y Contino Roda. Cuenta con 473 Ha, suficientes para la vinificación de poco más de la mitad de toda su producción, el resto la compran a otros productores de uva. El rendimiento de su viñedo es de 5000 kg/Ha.
Sus vinos maduran en 300 mil barricas. Viña Ardanza pasa por lo menos tres años en madera. Está vinificado con el 80% tempranillo y el 20% garnacha. El pago Viña Ardanza tiene un promedio de 30 años de edad, se encuentra en Fuenmayor en la Rioja Alta, de donde procede el tempranillo. La garnacha es de la Rioja Baja*.

La fermentación alcohólica se hace en tanques de acero inoxidable durante 14 días. La maloláctica concluye en 21. Tras su trasiego, los vinos pasan a barrica en marzo de 2002 permaneciendo 36 meses en roble americano de 3 años de edad media, siendo trasegados manualmente en seis ocasiones. En septiembre de 2005 pasó a botella*.

1964 fue sin duda una de las mejores añadas de la historia, tanto en España como en Francia, Italia y Portugal. 1973 es otra añada que para la bodega fue extraordinaria, por último la 2001, misma que aparece impresa en la botella de Viña Ardanza Reserva Especial. Es un vino que aún se siente joven, con intensos aromas a fruta negra en sazón, notas ahumadas y especiadas de albahaca, con un fondo de vainilla que me hace pensar en roble francés nuevo.(1*) De taninos casi dulces y mullidos, excelente acidez, buen paso por boca y largo. Pero hay algo que ni yo mismo puede explicar, soy muy escéptico de aquellos vinos que anuncian con bombo y platillos. Un buen amigo me comentaba que el enólogo Julio Sáenz «no tiene conciencia histórica» ya que ha probado poco de las joyas de antaño, y con eso de que han vendido sus añadas más viejas para financiar otros proyectos… ¡Ojalá! que sigan como hasta ahora, siendo sin duda una de las más reconocidas y clásicas bodegas riojanas.
Finalmente puedo decir que ahora mismo se deja beber y disfrutar, aunque unos añitos en la oscuridad no le caerán nada mal. Con un lechón al horno y una buena ensalada de tomate y aceite de oliva extra virgen al lado, debe estar mejor. Un vino para acompañar un buen plato, como los de antes, y no para catarlo con libretita en mano.

(1*) Aunque para mucha gente el roble americano tiene notas de vainilla y el francés especiadas, para mí tiende más a aromas de coco y su poro es más grueso. Identificando más al roble francés con las notas de vainilla.

* Datos obtenidos del portal de la bodega

Garnacha Centenaria 2009, Coto de Hayas

Para mí, encontrar en una etiqueta: «Garnacha Centenaria», no significa mucho, tampoco lo de vielle vignes, o cualquier otra referencia de viñas seniles en otros idiomas. Un buen amigo dedicado a fondo en los intrincados misterios de la enología, me decía que la vid centenaria, si es que llega a serlo, tiene tan baja producción que es incosteable para la mayoría de las bodegas. Otra cosa muy distinta es imprimirlo en la etiqueta como marca. Acompañada la baja producción con mosto de mejor calidad, no es raro que los productores exploten comercialmente esa posibilidad. Como decía otro buen amigo:

«Últimamente han plantado mucha vid centenaria…»

Pero por esta vez me dejé seducir por esta garnachita vieja de Campo de Borja, que decía bien claro en la etiqueta: Garnacha Centenaria 2009, de Coto de Hayas. Confiando más en lo de Coto de Hayas que en lo de Centenaria. Lo metí al carrito y me dirigí a la caja para descorcharlo más tarde en la comida dominical. Me ha llamado la atención la información impresa en la contra-etiqueta:

GARNACHA CENTENARIA Coto de Hayas… Garnacha 100%
Uva procedente de viñedos muy antiguos, de secano, cultivado por el sistema tradicional «en vaso», de pagos de Monte Altoy La Sarda, con producciones menores a un kilo por cepa. Situados sobre suelos muy áridos, de pizarras y terrazas, de tierra rojiza… (…) Vendimia manual la primera semana de octubre.
Elaboración: Metodo Tradicional (…) no estarán hablando de espumoso…. Maceración en frío durante 24 horas. Criado en barrica nueva de Roble Francés durante 4 meses…

Información que no recuerdo haber visto en otras etiquetas, fuera de la crianza, tipo de roble y datos del viñedo. El resultado: un vino de embriagador aroma a bayas, higos, arándanos, boca frutal, sedoso… tanino firme, buena acidez, con cierta armonía a pesar de sus 14° de alcohol y el calor junto con la humedad del ambiente.

Los invito a contestar la siguiente pregunta:

Para quienes participaron, gracias. La respuesta es 25 años.

El Festival Oenovideo se celebró este año en Arbois, Jura, en su décima octava edición. El video ganador: «La Clef des Terroirs» de Guillaume Bodin. Aquí una probadita de este documental.

«Nueva Botella Liviana», «#1 Winery Minimizing enviroment impact»

Para quienes disfrutamos el vino sin compromisos comerciales, nos es difícil pensar que existen estrategias para que la gente compre más vino. Estrategias que van desde cacarear los premios y medallas hasta cuestiones de orden ecológico. En los últimos diez años ha habido un desarrollo repentino de bodegas preocupadas por tener una imagen ecológica ante sus consumidores, vinificando vinos naturales, ecológicos y en otra categoría similar, vinos biodinámicos.
Pero nunca recuerdo haber visto colgada del cuello de una botella una etiqueta anunciando sus botellas de vidrio como:

Por parte de la bodega Concha y Toro en su Casillero del Diablo Merlot 2010:

«NUEVA BOTELLA LIVIANA, Utiliza menos energía para producir y transportar esta botella. Reduciendo nuestra huella de carbono»

La bodega catalana de Miguel Torres tiene por su parte su Sangre de Toro crianza 2010, que nos muestra una etiqueta redonda de color verde con la siguiente información: «#1 WINERY MINIMIZING ENVIROMENTAL IMPACT,» certificado por la Green Business Magazine.

Anuncio, este último, muy ambiguo ya que no define qué acciones ha tomado la bodega para mejorar el medio ambiente.

Parece que los asuntos ecológicos mueven a muchos más consumidores que antes a decidir sus compras.
Es posible que Decanter, Wine Spectator, Food & Wine y Wine Enthusiast entre otras publicaciones en papel y/o electrónicas, cambien sus criterios para apuntar a cuestiones susceptibles al combate del declarado cambio climático, encabezado por el apostol San Al Gore.
En lo personal como consumidor me preocupa el abuso de la madera nueva, deforestando más árboles o también la utilización de insecticidas y herbicidas. Pero me interesa aún más el resultado final de todas esas prácticas servidas en una copa ¿Cuánta gente compra vino motivada por las prácticas racionales de los recursos naturales por parte de una bodega?

Arnáiz 2004

Seducido por otros «méritos» he escogido y descorchado un tinto de Ribera del Duero para desafiar los dolorosos efectos adversos de mi copioso ácido úrico alojado en mi rechoncho cuerpo.
La botella no se ha ido en blanco, tiene una pequeña etiqueta dorada donde advierten que ha sido la mejor bodega de España en el año 2010, certificado o promovido, como le quieran llamar, por Vinitaly 2009. Aunque sinceramente eso me «viene guango», como bien decía tía Beta. Más bien he tenido ganas de descorchar un Ribera y punto. Un Viña Arnáiz 2004, tiene 425 días en roble, ni un día más ni un día menos. Manera muy particular de medir el tiempo de crianza, que vienen siendo como 14.16666 meses o un año dos meses, y quién sabe cuantos minutos. Sus 14% de alcohol ya no son nada escandalosos a estas alturas. Aromas muy intensos a chocolate amargo, uvas pasa, vainilla, zarzamora y unas notas por allá muy lejanas de romero. En boca es aguerrido, con su alcohol muy notorio y su fruta madura, un Riberita más del montón pero disfrutable a pesar de que el termómetro marque 27°C.

Gonzalo en plena exposición... Después de saber que vendría Gonzalo Lainez a México, lo primero que pensé es que sería una magnífica oportunidad para conocerlo en persona. A Gonzalo lo sigo desde el foro de verema.com desde hace casi diez años, pero por extraño que parezca nunca habíamos coincidido en España, mucho menos me imaginé que pudiera darse el encuentro en México. Pero no es la primera vez que sucede, recuerdo cuando conocí a Pedro Aibar, enólogo de Viñas del Vero, en una presentación de sus vinos en una cadena de tiendas especializada aquí en México.

Gonzalo se desempeña como director de exportaciones de Bodegas Roda para América. Después de solicitar por correo a Gonzalo una entrada a la cata vertical, hizo todo lo posible para que asistiera. La convocatoria del periódico era contestar una trivia y ser suscriptor del mismo. El segundo requisito no lo cumplía, además de que el tiempo ya estaba encima. Afortunadamente unas horas antes recibí la grata sorpresa de que había un lugar reservado para mí.
La concurrencia fue copiosa, como suele suceder en este tipo de acontecimientos en una ciudad tan grande como lo es la ciudad de México. Sin perder tiempo llegué a la cita puntual, aquí en México somos tan impuntuales que suelen citar media hora antes de que empiece todo. Así que llegué holgadamente para registrarme y contemplar las magníficas instalaciones del periódico Reforma, aunque ya había asistido a otra degustación años atrás.
Gonzalo me había sugerido ocupar algún lugar al frente, así que me fui a la primera fila. Su presentación fue tan clara como amena, además de revelar datos muy interesantes.

En un salón impecablemente acondicionado con manteles de cata, pan, agua, unos bocadillos, y cinco copas ya servidas de distintas añadas. Comenzó su presentación. Muy interesante, ágil y amena, debo de reconocerle su vocación didáctica. Hubo varias cosas que me llamaron la atención, yo siempre había escuchado aquello de los brix y no sé cuantas historias para que el enólogo diera la esperada orden de vendimiar. Ese día supe de otros métodos, quizás menos científicos pero sí muy eficaces. El pincel, esa parte del escobajo que va pegada a la uva debe pintar la uña del dedo, las pepitas o semillas deben ser «crocantes» es decir crujientes, sin tonos de color verde, la uva al quitarle el pellejo debe tener matices pintos y no verdes… creo que estos serían los consejos de los viejos viñadores, quienes conocen la tierra mejor que la palma de su mano.
La producción de Roda es de 300 mil botellas anuales y ocupa varios sitios en los primeros lugares. La primera bodega en usar una mesa de selección, la primera en tener piso radiante en su sala de fermentación maloláctica, esto es que el piso pueda calentarse hasta que aparezcan las levaduras responsables de este proceso. Explicaba que la fermentación alcohólica en sus 17 tanques de roble permitía la polimerización de los taninos, limar esa sensación áspera.

Habló también de los nuevos proyectos de Roda: el lanzamiento al mercado de SELA la línea económica dentro de sus vinos y de la adquisición de más de 20 hectáreas ya plantadas y otras tantas de bosque en Ribera del Duero para vinificar la nueva marca: CORIMBO que en botánica es el fenómeno que se da en algunas plantas cuyas brotaciones florales están a la misma altura, como en el caso del cardo, emblema de la empresa. Espero con ansias probar esa primera añada de Ribera.

Después se refirió a las añadas que teníamos en el mantel. El quería deleitarnos con una vertical de 14 añadas… ¿Se imaginan que festín? Por desgracia la nutrida concurrencia y los tiempos no le permitieron más que una selección de cinco añadas: 95, 99, 01, 03 y 05. Parafraseando apuntaba que al elegir las mejores añadas hubiera sido tanto como montar un show, así que demostró las bondades y las inclemencias del clima que hacen sufrir al enólogo y a todos quienes trabajan en la bodega, además de las marcadas diferencias entre una añada y otra. Aunque su precio sea el mismo.

Roda I 1995: tostados, fruta roja en sazón, de taninos mullidos y buena acidez, una demostración de que estos vinos pueden evolucionar dando excelentes resultados. Roda I 1999, un año complicadísimo, 36 días por debajo de 0°C durante el invierno con una precipitación de 478,6 mm en el año vinícola, hasta ahí todo va bien… Después llegó el desastre una luna llena, ni una sola nube en pleno abril dieron como resultado una terrible helada de -4,5°C, esto hizo que los brotes se perdieran, así que atrasó el ciclo. Resultado: un vino poco expresivo en nariz de taninos muy presentes y discreto, el menos complejo de los cinco. El Roda I 2001 fue una historia muy diferente, el clima no pudo ser mejor. Madurez perfecta, 473 mm de precipitación, invierno lluvioso, primavera seca y calurosa. Corrimiento de flor, racimos sueltos, verano con humedad suficiente y para rematar un excelente otoño. Un vino firme, buen tanino, aromas a fruta negra y chocolate, final mineral. Roda I 2003, de esta añada se ha hablado de sobra, mucho calor, cuando en Haro difícilmente se rebasan los 30°C en verano, ese año hubo 15 días seguidos con más de 40°C. Es un vino goloso, fruta confitada, alcohólico… digno ejemplar de Toro, aunque debo decir que no me desagrado. Por último Roda I 2005 este año quienes no vendimiaron antes del 12 de octubre estuvieron en graves problemas debido a la lluvia. Vino joven de tanino rugoso con mucho chocolate amargo y fruta negra, estoy seguro de que unos añitos en botella lo convertirán en un gran vino. Hasta aquí la cata, yo me quedé esperando el Cirsion pero a cambio de éste nos pasaron una vasija con un poco de aceite de oliva Dauro, el mejor aceite de oliva en 2010 en España. No soy muy entendido en aceites, pero me ha gustado mucho remojado en un pan. Poco tiempo para charlar ya que al otro día iba de regreso a casa. Desde aquí mi agradecimiento por haber logrado que me colara a tan interesante cata vertical.

México 2010, Edición Limitada
No cabe duda de que cada día en los anaqueles encontramos nuevas etiquetas de vinos mexicanos. Con motivo de la conmemoración del bicentenario y centenario de la Independencia y Revolución Mexicana, respectivamente, no faltaron bodegas que se decidieran a sacar a la venta botellas alusivas a estos dos importantes acontecimientos, del año pasado. La última que encontré; México 2010, tiene en la contra etiqueta varios datos interesantes; la botella está fabricada por Vitro, nunca había visto la marca de la botella impresa. Otro dato es que se trata de «un vino colectivo…» México 2010, Edición Limitada, Elite Tinto, es un vino en cuya producción participaron veintiún bodegas diferentes de Baja California, así como una docena de variedades distintas: barbera, cabernet franc, cabernet sauvignon, cariñena, grenache, malbec, merlot, mision, petite syrah, sangiovese, syrah y tempranillo. Un coctel que yo por lo menos no había visto antes en vinos tintos. Pero lo que menos me explico es cómo pudieron participar tantas bodegas en su elaboración. Aunque señalan que participaron: «mezclando sus mejores cosechas» Me imagino que pudo haber sido más fácil que algunas aportaran las uvas o los mostos, otras las barricas, otras asesoría… O haberlo hecho de manera meramente simbólica.

Resultado: Al principio huele a cacao y tostados, girando la copa aparecen aromas persistentes a arándanos y ciruela roja, al final aflora el pimiento de la cabernet. En boca lo primero que me llama la atención es su acidez, muy viva y fresca, me recuerda la frescura de algunos blancos. Frutal, con mucha fruta roja y una nota vegetal, que distrae por momentos. La acidez crece y llega a un punto crítico, con algo de verdor sin que afecte el conjunto. Al último se desarticula un poco el conjunto, con demasiadas notas verdes… ¿Qué pasará en 24 horas…? He guardado un poco para mañana.

"Elite Tinto, vino mexicano colectivo"Para el domingo es un vino sutil, frutal, redondo. Me ha gustado más que el día de ayer, así que merece la pena decantarlo, algo que en un principio me parecía una locura por la forma como evolucionó después de que lo descorché.

Llegó un correo electrónico muy interesante a mi cuenta. Raro, rarísimo, pero de repente sucede. Gracias a Jorge quien lo envió. Se trata de un artículo de New York Times en su sección de Science sobre la fragilidad en la que se encuentran las variedades de vitis vinífera, siendo presa de enfermedades y plagas que ponen en peligro la industria moderna del vino. Todo se debe a que la reproducción sexual de las plantas no es común hoy en día, debido a la intervención del hombre. El 75% de todas las variedades están estrechamente relacionadas. Y yo agregaría que la Vitis Vinífera L. Sylvestris, una de cien especies dispersas por Europa y Asia ha dado origen al 99% de todas las variedades. El hombre es quien ha «reprimido» la vida reproducción sexual de la vid.

Si el uso alternativo de tapones sintéticos ha escandalizado tanto a los consumidores, ya me imagino lo que vendrá. Pero los dejo con el enlace. Espero sus comentarios.