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Poca audiencia en la cata de ayer; cinco vinos, otro viernes fresco; ya se han dejado caer algunas lluvias. Empezamos abriendo boca con un blanquito anunciado con bombo y platillos: Afrodita 2019 de Vinícola la Trinidad. Vinificado con chardonnay y chenin blanc. Se trata de un vino en cuya página aparece con 13.9% de alcohol y en la etiqueta 12.3% ya de por sí cosa rara, ya que comúnmente son cifras cerradas; 12.0, 12.5, 13.0. De todas formas no se percibe alcohol; pudiera estar muy bien integrado en caso de ser cierto el dato de la bodega, y no el de la etiqueta. Es de color dorado, brillante y fluido, en nariz se perciben: piña verde, níspero y un punto herbáceo indefinido, después de unos minutos da notas de manzanilla. Amplio en boca, de buen paso, buena acidez, algo cítrico y de final muy largo y amarguito; recuerdos de agua quina.

El segundo es un guanajuatense de Vinícola Tres Raíces: Tres Raíces 2020. Un nebbiolo con mezcla de sangiovese, diez meses de roble francés que se presenta frutal con ciruela roja y notas de hollejo. En boca va de menos a más, una rara sensación ya que en muchos vinos es al revés. Repetible.

Ahora nos vamos al Valle de Guadalupe con un nebbiolo 100%. Trasiego 2017. Nariz potente a mentolados, ciruela roja y zarzamora y notas térreas. En boca tiene un final áspero que domina el conjunto. Recomiendo 20 minutos de decantación previos al servicio. Aún así gustó a casi todos: repetible.

Selezionato 2018 de Villa Montforti. Una rara mezcla de nebbiolo, montepulciano y aglianico. Difícil de pasar por alto esta ultima variedad, que dicho sea he buscado información en algunos libros especializados sin resultados, más que en una fuente de Wikipedia: «La anglianico es una uva de vino tinto cultivada en el sur de Italia, sobre todo en Basilicata y Campania. La vid se originó en Grecia y fue llevada al sur de Italia. El nombre puede ser una derivación de hellenica vitis, que en latín significa «vid griega»

Al buscar Basilicata, en The Oxford Companion of Wine, encontré en la parte de las variedades de esa región: «Anglianico grape also gives interesting, if not superior, results in other areas of the region such as near Matera (…) En realidad muy poca información, aunque tomando en cuenta las más de 1000 variedades y poco más de 200 amparadas por los distintos organismos reguladores de Italia, no es de extrañarse que en algunos casos no sea posible saber más de determinadas variedades, ya sea por su escasez o por su rareza.

Volvamos al Selezionato 2018, huele a tomillo, clavo, y pimienta negra. Muy especiado con algunas notas de fruta negra. Un vino correcto de buena hechura: acidez, taninos y alcohol bien puestos. Repetible.

El último como suelo pasar, en vinos de precios subiditos, ha decepcionado. Paolini 2016, otro nebbiolo 100%. Un vino de 1250 pesos (60 dólares americanos) bastante tímido. Nariz discreta, moviendo la copa hay algo de casis. En boca se confirma su falta de nervio. La pregunta obligada es: ¿Habrá pasado la cima y está bajando la colina…? pero por otro lado al probar previamente vinos más contundentes, el paladar queda en un nivel de sensaciones que ya cualquier vino por debajo de esa intensidad parecerá diluido. Habrá que darle otra oportunidad cuando alguien lo pague y sea tan generoso como para compartirlo, ya que haciendo cuentas más de 1000 pesos sigue siendo mucho dinero.

Hasta aquí he llegado. Habrá más vinos mexicanos de seguro, ya que con la inagotable oferta nos podemos dar el lujo de descorchar y probar vinos para rato. Además de que ya están reposando algunos de ellos en la cava.

Cata 239

¡Hoy, después de algunos años, estrenamos copas! Nuestras viejas Rone: bajitas, un poco regordetas, de vidrio no muy delgado y manchadas por el paso del tiempo, se van al retiro. Hemos comparado la serie Swan 56. Copas estilizadas de piernas largas, sin borde, y que permiten calcular mejor la cantidad de vino que debe verterse. El inconveniente es que son aparentemente mucho más frágiles y su altura podría llegar a ser un problema: menos estables; no recomendables en movimientos bruscos en la mesa. Esperemos que sobrevivan y que los accidentes se den muy de vez en cuando. Por lo pronto han sobrevivido a la primera sesión.

Escogí seis vinos mexicanos: Dolores Hidalgo, San Miguel de Allende y Baja California. Empezamos con un blanquito de Vinícola Tres Raíces en Dolores Hidalgo: Tres Raíces 2021. Una explosión de aromas tropicales: Guanábana, Kiwi y notas de melón. En boca es firme de buena acidez y final amargo, recordando un poco al agua quina. Un vino muy vivaracho y de excelente relación calidad precio. Tal vez Jancis Robinson no le conceda el mérito de la tipicidad, ya que ella esperaría de la savignon blanc; uva con la que está vinificado este vino: orina de gato, pedernal, o también pólvora tratándose de un buen pouilly-fumé. Que tampoco es lo mismo que un varietal chileno o un mexicano. Pero en este vino sin duda domina la fruta tropical.

El segundo fue un syrah de bodegas Vega Manchón, también en Dolores Hidalgo. Hacienda San Miguel 2019. Fruta negra; ciruela y algo de pimienta blanca. En boca es muy astringente enmascarando en boca todo lo demás que pudiera tener. Con el reposo huele a granos de café de sus 12 meses en barrica.

El tercero es Viñedo San Miguel 2017, por desgracia tenía TCA, huele a cartón mojado, el aire no pudo limpiarlo, así que le daremos otra oportunidad.

La siguiente bodega está ubicada en el Ejido Porvenir en Baja California. Concierto Enológico vinifica algunos vinos cuyos nombres tienen que ver con la música. El primero fue Obertura 2020, con 10 meses de roble y 13.9 grados de alcohol. El primer golpe es de hollejos, ciruela roja madura y una nota especiada de mejorana. Buen paso de boca está bien amalgamado, no destaca el alcohol muy bien integrado y de tanino limado, de buena acidez.

El quinto de la misma bodega Pauta 2018. Un coctel de cinco uvas tintas: cabernet sauvignon, merlot, tempranillo, barbera y garnacha. Huele a capuchino y zarzamora. Un vino equilibrado y de buena acidez, de la misma hechura que el anterior.

El último Forza 2017, es un tinto vinificado con cabernet sauvignon, merlot y barbera. Destaca en nariz vainilla de la barrica, aunque no especifica su crianza, huele también a piedra de río y fondo especiado con una nota lejana de regaliz. Volveremos a los mexicanos, su oferta es extensa y debe haber alguna joyita por descubrir.

El Priorat y sus 14,5 de alcohol

De vuelta a los catalanes, específicamente del Priorato. Todos y cada uno de los cinco vinos de esta noche cuentan con sus 14,5 grados de alcohol, unos más integrados otros no tanto, pero francamente a ninguno se le notó en exceso. El primero fue un Garnacha Fosca Del Priorat 2018, de Proyecto Garnachas de España. Dicho proyecto da como resultado seis vinos de diferentes regiones, todos vinificados con garnacha tinta: La Rioja, Aragón, Del Valle del Ebro, El Pirineo y El Priorato, Proyecto encabezado por el enólogo Raúl Acha y un viñedo en Rioja propiedad de su familia. Probamos el de Priorato: Zarzamora , mejorana, tierra mojada con algunas notas de alcohol. En boca se nota la textura del tanino y un final amargo. Quizás necesite una decantación minutos previos antes del servicio. El segundo es de la famosa bodega de Álvaro Palacios, Camins del Priorat 2019. Un vino que deja ver su mineralidad, de tanino rugoso, de buena acidez, con notas de fruta roja madura. Otro que necesita más aire para limarlo un poco. Nos ha gustado aunque no sé por qué.

Perinet 2016. Con una mezcla de merlot, syrah, garnacha tinta y cariñena. 12 meses en acero inoxidable. Confieso que es la primera vez que sé de crianzas en acero inoxidable. Bien sabido son las fermentaciones en estos contenedores con temperatura controlada. Nariz intensa con notas mentoladas y especiadas, de entrada amplia y persiste hasta el final, aunque algo desbocado.

+7 2018 de bodegas Pinord. El primer golpe es de canela, con algo de fruta confitada. En boca es firme y de taninos presentes pero en mucho menos proporción que sus predecesores.

El quinto y último esta noche fue una decepción. Quizás por las altas expectativas que guardaba. Les Terrasses 2015 también de Álvaro Palacios. Vinificado en un pequeño porcentaje con uva blanca: el 1 %, aunque domina con un 55% la garnacha tinta. Un vinito plano, no me explico por qué, y de final amargo. No mucho más que decir, corto en nariz y en boca. Y seguiré buscando un Priorato evocador. Aunque llegué a la conclusión de que había que cambiar de copas, por unas de paredes más delgadas, sin borde aunque estas no lo tienen, y con una boca más amplia. Afortunadamente la oferta de este tipo de copas abunda en el mercado. Sé que pronto cambiaremos nuestras viejas copas, protagonistas de tantas batallas.

CATA 237

Por fin nos hemos reunido después de dos años de pandemia, aunque no ha acabado ni acabará por completo, es hora de volver y degustar lo que la naturaleza nos ha regalado con tanta generosidad y el hombre ha trasformado en vino. Me he quedado con la grata impresión de aquel Priorato que probé en Zúrich y que tantas remembranzas me ha traído de aquellas bellas tierras de Porrera y sus alrededores. Así que elegí seis vinos catalanes. Antes debo decir que hay situaciones verdaderamente cómicas: entré a una tienda de bastante prestigio, lo que antes eran ultramarinos, con un buen surtido de vinos. Pregunté a uno de los vendedores, que se encontraba en el pasillo, por los vinos catalanes. Muy amable me señaló un Ribera del Duero, al aclararle que esa no era la región que buscaba, tuvo a bien señalarme un Toro. El hombre no tenía idea de Cataluña, para él se trataba de en una adivinanza. Me vi en la necesidad de acomodarme los lentes y buscarla yo mismo. Dicho lo anterior les diré que empezamos con un espumoso de bienvenida, un Freixenet Cordón Negro para limpiar las papilas y celebrar el estar juntos de nuevo. Después un tinto Canals &Nubiola sin añada, o por lo menos no está indicada, tampoco la variedad ni la crianza. Corto de nariz, algo de fruta roja, unidimensional, final corto. No hay mucho que decir. Un inmemorable con causa. El segundo fue un Sangre de Toro «Original» 2019, conocido de sobra pero que extrañamente no lo he encontrado en el sitio de la bodega. D.O. Catalunya señalada en el Oxford Companion of Wine «Local Catalan name for the region of CATALUÑA and controvertial DO created in the early 21th century for blends of wines made from anywhere in the region. The big bottlers such as TORRES where the chief proponents and are the chief beneficiaries.» No deja de llamarme la atención que dentro de la sucinta descripción de la denominación de origen (DO) escribieran un comentario con cierta dosis de acritud sobre la bodega de Torres. Con respecto al vino, tiene un punto sulfuroso, parece que el aire lo limpia y sale fruta roja madura, el final es diluido y corto. Nada que mueva a comprarlo por segunda vez.

El tercero es otro Sangre de Toro, pero éste es un Reserva añada 2016. Bastante correcto, acidez, alcohol y tanino en equilibrio. Huele a ciruela negra, casis. Repetible. Siguió un Atrium de la misma bodega pero de la denominación de origen Penedés. Añada 2018 y con un primer golpe de nariz a TCA que no se logró limpiar con el aire. Llama la atención su color rojo profundo de capa alta. Debería darle otra oportunidad, aunque no es el primero que pruebo, no recuerdo detalles de los otros. Entrando ya en la recta final aparecen los prioratos. El primero un Salmos 2016 con 14 meses de roble francés 25% nuevo. Ha gustado a todos, pero ni de lejos me trajo recuerdos de los prioratos de excelencia. Fruta negra madura, notas minerales y otras lejanas de romero. Excelente acidez tanino maduro. Repetible. El último fue un Costers del Prior 2015, un vino correcto cuyos nueve comedidos meses de crianza en roble francés le han limado asperezas sin maquillarlo, y que por momentos salían algunas notas de licorella, el término para ese suelo de pizarra tan especial de las escarpadas costers del Priorato. En definitiva ninguno de los vinos se acercó a aquel que probé en Zúrich, no pierdo esperanzas para encontrarlo.

Me ha dado mucho gusto volver a la mesa de Vino Por Placer y compartir el vino con todos los presentes, todos, y haber charlado tan a gusto de tantas experiencias de los últimos meses.

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Otro año más,  bajo un punto pesimista otro menos. El caso fue que nos reunimos ayer por la noche muy contentos a degustar algunos Pomerol y su vecino menor Lalande de Pomerol. Había reposando en mi bodega una botellita de Petrus añada 2001 desde hace 14 años (octubre 2005). Haciendo un poco de historia; la compré a finales de 2005 en San Antonio Texas, en una tienda con más facha de tienda de autoservicio que de vino, eso sí,  muy grande. Tienda donde francamente no había entrado, rumbo a Austin. Llevaba unas 6 o 7 botellas en fila cuando el dueño se acercó a hacerme plática. Aproveché para preguntarle si tenía alguna añada de Petrus en menos de mil dólares que me vendiera… Si la encuentra probablemente la pondré en el carrito. Y así fue. Hoy en día después de mis 55 primaveras estoy convencido de dos cosas: la primera es que todos tenemos tarde o temprano una cita con la Parca y la segunda es que disfrutar el vino sólo se puede hacer con buena compañía. Así que ofrecí mi botella a precio de ganga a mis amigos de Vino Por Placer que no tardaron en aceptar. Previo a la cata y con toda la intención de confundirlos tape las botellas con papel aluminio, y a cada vino le dedicaba un piropo, pero no contaba que el Petrus era el más viejo de los seis, así que su color y sedimentos fueron suficientes pruebas para delatarlo. Lejos de sus virtudes organolépticas, mis compañeros sacaran la conclusión de que se trataba del cuarto vino, aunque hubo quien dudo hasta el último momento. Y este fue el resultado:

El primero fue un Chateau Ferrand 2015 Fruto de las maniobras del mercenario de Michael Rolland que ha tenido a bien vivir de los consejos, a veces no tan sabios, que les «vende» a precio de oro a algunos productores no muy tradicionalistas. Se trata de un vino con cierta amalgama de piel fina y fruta roja, con un  final en boca amargo. Hay quienes encontraron algo de pimienta blanca, pero todos coincidimos en su final amargo.

Chateau De Sales 2011. Fruta negra con una notita de chocolate amargo, va de más a menos, final muy plano, nada que mueva sentimientos. Sin pena ni gloria.

Chateau Bertineau 2011. De Lalande de Pomerol. El de alcohol más alto (14) que viniendo de la manipulación  de Michael Rolland no es de extrañarse. Nariz cerrada al principio y después de mucho tiempo abre elegante, sin muchas concesiones, pero con gracia. No se trata de un vino sobre extraído ni de un vino tosco. Fruta negra, algo de especias, con otro final amargo. Repetible.

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Vinos de la Cata 234

El famoso cuarto de la noche; el tan esperado Chateau Petrus 2001. Huele a corcho, desde que lo descorché noté una capita verde, ¿demasiada humedad en bodega…? tal vez, pero un poco de aire fue suficiente para limpiarlo. Color tirando a marrón, brillante y fluido. Me gustaría hacer una lista de virtudes acerca de este vino que hay quienes dicen es el mejor merlot del mundo, pero no puedo. Cada añada, con algunas excepciones se mezcla con un 5% de cabernet franc. Redondo, algo de pastel de frutas, tanino mullido, todo en su lugar  pero nada que mueva a la lágrima que sale cuando algo de verdad emociona, tampoco bajaron los ángeles con sus arpas a cantarme al oído. Un vino que si me hubieran dicho que se pagaron 20 verdes lo hubiera creído sin problema alguno. Cada vez soy más escéptico de los vinos caros, o con los vinos que han hecho caros los nuevos ricos que habitan China y Rusia, cuando las bodegas muy complacidas  declaran la añada del siglo cada año. Este tal vez sea el último Petrus que beba en mi vida, a menos que un alma caritativa me invite una copa.  Pero no lo he dicho para levantar lástima ni para que se compadezcan de mí, porque si se trata de invitarme y dar la nota o subirse al nivel de la pedantería, está el Chateau Le Pin. Otro Pomerol  algo más escaso; ronda las 600 cajas anuales y que se produce en 2 hectáreas, ya se podrán imaginar el precio…

El quinto, y aquí se cumplió aquella sentencia de que no hay quinto malo, fue un delicioso Chateau Haut Surget 2016. Rebosante de juventud con unas notas nítidas de fruta de la mejor calidad: grosella, redondito, y quizás por encontrar un defecto; acidez justa. No sólo repetible, ya que para 500 devaluados pesos, me parece que voy por tres  botellas para estas fiestas.

El último Chateau Grand Moulinet 2014. Un vino apagado, sin fuerza que no gustó a nadie. Las notas de mis amigos: Chocolate, cereza, ciruela, y ligeramente astringente. Me parece que probaron un vino diferente o pecan de generosos.

Así concluyo, no sin antes agradecer a todos mis amigos su amistad y los buenos momentos que pasamos este año que está por concluir. Gracias Carlos por molestarte en llevar tan original y deliciosa lasaña de bacalao.

Este pasado miércoles 19 de septiembre seguramente  la gente salió por la mañana de sus casas un poco temerosa, otras pensando gran parte del día en la tragedia ocurrida hace un año en México y sus alrededores, yo fui del segundo grupo, además tenía una invitación por la tarde a una cata en una tienda gourmet recién abierta hace poco. La verdad es que hacía mucho que no me presentaba a un acontecimiento de este tipo. Muchas veces por apatía, otras para evitar escuchar los interminables rollos comerciales que suelen derrochar los anfitriones. Al final me presenté puntual a la cita,  aunque debo decir que la falta de educación y compromiso de la mayoría de los invitados es vergonzosa. Con poco más de una hora de retraso comenzó la charla una sumiller joven y muy entusiasta. Se trata de Sandra Fernández Gaytán. Fuera de la chocante costumbre en muchos países de lengua castellana, entre ellos el nuestro, de llamarles sommelier en vez de utilizar el término correcto; sumiller a las personas de esta noble profesión. Aclarado el punto sigo con su extenso currículum, pero sobre todo, el enfoque que tiene del mundillo del vino me fue interesando a medida que pasaba el tiempo.  Puntos de vista contrastantes y datos de la situación vitivinícola en nuestro país  aparentemente actualizados.

Sumiller Sandra Fernández

Sumiller Sandra Fernández

Contando sus inicios en esta profesión, nos decía que al principio no le entusiasmaba mucho el vino, entiéndase que no fue un impulso desde la niñez sino un gusto adquirido después de que su  profesora le dijera un buen día:

«No sabes oler, sabes respirar…»

Una de esas frases que nos cambian la perspectiva  de  la vida y que  transforma nuestro horizonte profesional, desde ese momento se interesó por el vino.

Muy pronto advertí que no se trataría de una cata tradicional de tintos con aromas  a frutos rojos y de blancos a fruta amarilla, como bien lo apuntaba ella misma. Al final reconozco que valió la pena la espera aunque hubo ciertas imprecisiones que suelen darse cuando el expositor se relaja y piensa que a la gente le da lo mismo una cifra de más o de menos. Más adelante lo explico con detalle.

Francamente desconocía por completo que la historia del vino en América comenzara en Puebla y  la Ciudad de México, lo que llamaban Huejotzingo. Ya desde entonces existía una planta trepadora que con sus frutos, los naturales de esta región preparaban una bebida fermentada. Su gusto amargo y astringencia hizo que la  mezclaran  con miel.

Siguiendo con la historia algunos siglos después, Don Lorenzo García en 1595 abrió la bodega que hasta hoy sigue en plena producción, la más vieja de América. Pero no fue hasta 1597 cuando pudo comercializarlo previo permiso del rey de España. Aunque yo tengo mis reservas con aquello de la prohibición de la producción de vino en México, por motivos de competencia con el vino español.  Y esta duda surge por una simple y sencilla razón: ¿El vino aguantaba el largo viaje en alta mar hasta cruzar el Atlántico y llegar a las costas de Veracruz…? Yo creo que lo que llegaba, si no se lo bebían antes en el camino, era vinagre. Pero respetemos temporalmente la historia oficial. Hoy esa bodega se llama Casa Madero y va por la quinta generación de productores.

En 1842 abre sus puertas la Escuela de Agricultura, con especial énfasis en la viticultura.

En 1888 nace la bodega Santo Tomás.

En 1900 entra a México la filoxera, ese endemoniado pulgón come raíces que devastó la mayor parte de los viñedos de Europa.

En 1906  cien familias rusas se instalan de manera permanente en el al Valle de Guadalupe, hoy queda el legado de Bibayoff

Después de la Revolución Mexicana, que por obvias razones había mermado la producción a niveles ínfimos, resurge en 1920. Cincuenta años después, en 1970 nacen los vinos en Calafia de Domecq. Y rompiendo parámetros surge en 1987 Monte Xanic. Todavía recuerdo con nostalgia su rústico y sabroso  cabernet franc con su etiqueta de color anaranjado, ya extinto.

Otros datos interesantes: En México hay 4000 ha de viñedos, según la sumiller, yo tengo otro dato muy diferente de The Oxford Companion To Wine de Jansis Robinson tercera edición 2006 pag. 441

Mexico, the America´s oldest wine producer country, had 41,000 ha/ 101,000 acres under vine  in 2002 (…)

Para ponerlo en perspectiva Jordania y Tailandia países con ínfima producción, tienen 4000 ha cada uno, España el de mayor extensión de viñedos, tiene 1,207,000 ha, EE.UU 415,000 ha (*datos del año 2002)

Siguiendo el hilo de México: tenemos 2000 etiquetas nacionales y un consumo per cápita de 720 ml con una producción de 62 millones de litros al año.  70% del vino que se consume se importa.  Y el 40% de lo que pagamos los mexicanos por los vinos corresponden a impuestos.

Al hablar de las uvas insignia de cada país, y poner ejemplos: Argentina: malbec, Uruguay: tannat, Sudáfrica: pinotage, Australia: Syrah etc., Decía Sandra Fernández que en México hace falta tener una uva propia.   Yo pienso que hace más falta vinificar bien que tener una uva insignia a manera de branding que tampoco es malo, pero no debe preocuparnos mucho. Un buen ejemplo es hablar de Francia, donde  no implica hablar de un varietal, porque quedamos muy cortos. Podríamos hablar del coupage o mezcla bordolesa, y Francia es un país tradicionalmente vitivinícola, pero con la diferencia del Viejo Mundo.

En México se da con excelentes resultados en el Valle de Guadalupe: la zinfandel y la malbec,  quizás en algunos años tendremos alguna uva que nos identifique en el Mundo.

Por último me gustaría destacar algunos aspectos de la cata, que no se ha limitado a mencionar aromas y sabores, a manera de lista de supermercado.

Hay dos vinos destacables para mi. El primero un blanco y el último un rosado. La Llave Blanca 1999, de Vinícola Torres Alegre y Familia en el Valle de Guadalupe. Según contó la sumiller, el enólogo y dueño de la bodega fue el creador de un sistema de oxidación controlado, llamado micro-oxigenación, que consiste en oxigenar el vino lentamente mediante diminutas mangueras hasta el punto que se haya acelerado su evolución, sin llegar a la vejez y mucho menos a la decrepitud.  Buscando en el mismo libro, encontré que el mérito lo tiene un francés: Patrick Ducournau en la región de Mediran, para controlar la aireación en los tanques de fermentación y así proveer de oxígeno a la levadura. Aunque también se puede oxigenar en algún otro momento dentro del proceso de crianza. El resultado es un vino muy interesante que me recuerda a los blancos de López Heredia, con toda proporción guardada. También compartió la historia de una vieja barrica abandonada en lo que fue Chateau Camou, que contenía un savignon blanc y que ahora se vende como el vino más caro de México por $12,000 pesitos la botella,  La Llave del tiempo. No cabe duda de que hay vinos para todo mundo, hasta para quienes se desprenden con facilidad de su dinero después de escuchar una romántica historia.

Vinos catados...

Vinos de la cata

El Convertible Rosa, único vino de Viñas Pijoan que no tiene nombre de mujer, como los otros. Vinificado con 70% zinfandel, 15% merlot, 10% garnacha tinta y lo demás colombard. En el sentido estricto sería un clarete por tener uva blanca (colombard)  Bonito color salmón, brillante y fluido. Un vino elegante que tiene aromas a manzana verde, paso y final amargo. Un rosado que como bien dice Sandra sale del montón de  vinos con azúcar que pocas veces pueden maridar. La relación acidez y salivación que mencionó me parece muy interesante, desde el punto de vista gastronómico,  para poder digerir y disfrutar el vino con la comida.

Otro que se me olvidaba es el Nebbiolo passito de Villa Montfiori. Un vino de postre de aspecto turbio, opaco y espeso que se vinifica son el método passito que me imagino proviene de pasa, uvas pasa… Dulce con mesura y con una buena dosis de acidez, ideal para maridar con un queso Brie. Un vino sin filtrar, he aquí el motivo de su capa velada y sus aromas a hollejos. Por cierto el maridaje no fue nada del otro mundo, creo que le faltó a las viandas materia prima de calidad y poco más de mimo.

Así concluyó la noche de miércoles, agradezco la amable invitación de Carlos. Abur.

Cata 220

Publicado: 1 septiembre, 2018 en Cata, Vino

hueledenoche

Cestrum Nocturnum (Hueledenoche)

Cestrum Nocturnum  nombre científico para el Hueledenoche, un arbusto que dispersa un olor parecido al talco valga la comparación, y que propaga su intenso aroma exclusivamente por  la noche, de ahí su nombre común. Durante la cata de ayer hizo gala de su nombre obstruyendo nuestro ya de por sí mermado sentido del olfato. Parece mentira pero un pequeño arbusto puede saturar el ambiente con su particular olor a varios metros a la redonda, como fue el caso. Así que lidiando con este contratiempo, hicimos lo que pudimos para descifrar los aromas de los vinos de la noche de ayer.

Empezamos con un Viogner de bodega Lagarde, Altas Cumbres 2015. Un blanquito bastante ácido, como si probara un limón verde, al principio huele a uva; siendo ésta su materia prima, sorprende encontrar pocos vinos que huelan a uva, sobre todo ese olor cuando se le quita la cáscara, pasto recién cortado… aromas muy verdes. En boca limón y más limón. Un poco pasado de acidez. Repetible

Valentín Bianchi Malbec 2016 primer tinto. Huele a ciruela no muy madura, cereza, de tanino rugoso y final amargo. Nada que mueva a comprar otra botella, decantado debería mejorar.

Trumpeter Malbec 2015. Este es un vino que se ha vuelto muy comercial, se puede encontrar en  muchos estantes de diferentes tiendas. Primer golpe huele a algún aroma químico no definido, un poco de aire lo limpia dando alguna nota de fruta roja. En boca es fugaz y ligero. Desconcertante. ¿Algún problema de guarda…?

cata 220

Cata de Malbec o de Hueledenoche…

Catena Malbec 2015. Nariz balsámicos, cereza, notas de miel maple, en boca es astringente, un poco amargo y algo desenfocado. Repetible… Tal vez ¿por qué no?

Zorzal Malbec 2015. Fruta roja en sazón con notas de vainilla, nariz agradable y en boca equilibrado. Redondo. Repetible.

Navarro Correas Reserva 2012. Un viejo conocido cuyos alcoholes llegan a los 14 grados. Huele a cerezas en licor, chocolate amargo y notas de coco, final amargo. Para comprar 4 botellas y ver qué pasa.

Durante toda la cata estuvieron presente los «destilados» del Hueledenoche, así que podríamos decir que fue una cata con limitaciones… Pero como no somos profesionales y siempre las tenemos, si alguno de los vinos catados se nos cruza algún día por nuestro camino le daremos otra oportunidad, no somos muy severos.

CATA 219

Cata 219

Viernes caluroso con amenaza de tormenta después de varios días sin lluvias, hoy parece que caerá algo de agua, afortunadamente, y más tarde así fue y refresco la noche. Esta cata se convirtió en una cata de precios altos, por así decirlo. Lo malo está cuando no cabe una justificación. Empecemos a desmenuzar lo que sucedió. Llegó un viejo y querido miembro del grupo de visita, así que empezamos muy bien.

Abrimos  boca con un vino clarete, es decir un vino elaborado con uvas tintas y blancas, a diferencia de los rosados que son elaborados con uvas tintas y cuya maceración es muy corta. Tulip Rosé 2016 de las colinas de Judea (judean Hills) vinificado 65% de cabernet franc y el resto de sauvignon blanc. Piel de cebolla algo velado, olores a melón maduro con notas de guanábana, en boca domina un amargor de agua quina, nada que invité a comprar otra botella, y menos aún si revisamos el precio: mil pesos… Debo decir que este vino junto con el último fue comprado en un restaurante cuyo dueño llegó a la mesa a ofrecernos vinos de esta región que habían importado hace poco. Quién iba a decirme que pagaría por un clarete anónimo, mil pesotes… A veces soy muy educado y prudente.

Hugel Gewurztraminer 2013. Un alsaciano que nunca falla, con su ya reconocido carácter femenino a rosas. Huele a eso y a maracuyá con notas lejanas de nardo… espeso, de acidez justa y final amargo, muy elegante. Para guardar una caja. No conozco a una sola mujer que se resista a este vino.

Sottano Malbec 2008. Primer golpe a madera usada,  como si estuviera ante un riojano de viejo cuño, yo mismo que fui quien preparó la cata. Me hace dudar… huele también a barro y notas lejanas de fruta negra. En boca se nota un poco cansino, aunque extrañamente a mis compañeros les pareció potente e inclusive astringente. ¿Será el mismo vino? Al final creo que no repetiría. Inolvidable con causa.

Sottano Cabernet Sauvignon 2009. Esto tiene un color carmín de capa alta, precioso a la vista. Huele a cerezas y notas de grosellas. Boca frutal, excelente acidez y final muy largo. Repetible.

Cocodrilo 2013. Vino redondo cuya acidez, tanino y alcohol están en equilibrio. Hay quien escribió que huele a vainilla, chocolate y dátil, en boca astringente. Con sus 15 grados de alcohol y 14 meses en barrica nueva de roble americano.

Tulip 2012. Vinificado con un 85% de cabernet franc y 15% merlot, un ensamble que no había probado. Es un vino que pasa muy bien. Aromas químicos al principio de acetona, que va abriendo con el aire para dar después cerezas en licor y hollejos. Va de menos a más, agradable de buen paso. Todo va bien hasta que recuerdo que pagué $1500.00  Y es que si después de $500 me pongo un poco exigente, al triple empiezo a desvariar. No puedo dejar de recordar un Ferrando de Carema en 25 dólares o el multicitado Mogor de Lapierre en poco más de mil en México, según reporte de un amigo. No, creo que no repetiré. ¿Cuántos productores arribistas quieren cobrar en su primera añada un riñón…? Cuando algunos productores han dejado riñones, corazón  y córneas dentro de un viñedo por generaciones.

Como he dicho repetidas ocasiones, hoy parece que el mercado del vino se suma a la bolsa de valores con sus compras a futuro, tanto nuevo rico suelto léase sobre todo chinos y rusos que pagan, como dicen en España un huevo por una botella que quizás nunca descorchen. Nos han jodido la vida a quienes disfrutamos el vino de verdad, y no como un mero negocio o estatus social… Y los productores cada año anunciando la añada del siglo. Abur.

Cata 218 (Vinícola San Lorenzo)

Publicado: 4 julio, 2018 en Cata
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Después de la última reunión (Cata 217) donde se habló de Parras Coahuila, región vitivinícola con su propia estrella, separada de Baja California y que goza de prestigio en gran medida por tener una de las bodegas más antiguas de América: Vinícola San Lorenzo, mejor conocida como Casa Madero. No tardé mucho en seleccionar 5 vinos de esa bodega para descorcharlos en la siguiente reunión. Dicho sea, arriba del  umbral de 500 pesos  me pongo muy exigente a la hora de probar un vino.

CATA MADERO

Parras Coahuila, primero Don Leo el resto Casa Madero…

Empezamos con el único vino de otra bodega dentro de la región. Don Leo 2013 vinificado con savignon blanc. Amarillo pajizo, fluido y brillante, con una nariz intensa a cera de abejas, piña madura, notas tropicales sin llegar a empalagar los sentidos. Otros encontraron: melón, flor de azahar y notas de miel. Está para comprar 6 botellitas. Ya en la Cata 212 lo habíamos probado aunque se trataba de otra añada, la 2013.

Casa Madero 2V 2017. Vinificado con chardonnay y chenin blanc, es por eso lo de las 2 variedades «2V». Color amarillo verdoso, huele a caramelo de limón, buen paso de boca, frutal y de buena acidez, muy vivaracho. Para repetir.

Casa Madero 3V Gran Reserva 2014. Esto de  Gran Reserva  es sin lugar a dudas parte del nombre, por lo poco que sé no hemos llegado en México a legislar respecto al tiempo necesario en madera y vidrio para catalogar un vino de esa forma como en muchas denominaciones de origen españolas. Que además cada vez me parece a mí resultan más anacrónicas. Es un vino granate oscuro de capa alta, el primer golpe es madera y humo. Tanino áspero, desembocado, acidez alta… Pide a gritos una guarda para limar asperezas, sin asegurar con esto su integración. Inmemorable con causa.

El cuarto es un Casa Madero Gran Reserva Malbec 2014. Otro vino de 13.9 grados de alcohol, como los dos que siguen en el orden. Un vino denso, capa alta, aroma a dátil. ciruela, alcoholes altos sólo en nariz,  en boca está muy bien amalgamado, todo en su lugar, ha gustado mucho. Para media caja.

Casa Madero Gran Reserva Cabernet Sauvignon 2014. A pesar del nombre no se trata de un varietal, tiene  62% cabernet sauvignon y 38% merlot. Ciruela madura, térreo, tanino mullido, excelente acidez y final amargo. Me ha gustado más que el anterior, mucho más redondo. ¡Una cajita por favor!

El último de la noche fue un Casa Madero Gran Reserva Shiraz 2014. 100% Shiraz. Higo, fruta negra, chocolate y notas de vainilla, vino redondo de trago largo, bastante logrado, a muchos nos ha gustado. Repetible.

cata 218

Cadáveres de la 217

Hay catas especiales por la naturaleza de sus vinos, y hay catas con invitados especiales, dicho sea no por un simple cumplido, sino porque la plática pos-cata que se desarrolló el viernes pasado además de amena ilustra las dificultades por las que pasan los productores. Fue el caso de nuestra última reunión. Alfonso invitó a la mesa a Eduardo, productor de vino con viñedo propio en Parras Coahuila: Vinícola Las Pudencianas. Vino mezcla de cabernet sauvignon con tempranillo que más tarde comentaré.

Empezamos con un blanquito de vermentino que la podemos encontrar con varios nombres a lo largo de Italia. Belgvardo Bermentino 2014 se trata de un blanco amarillo verdoso, fluido y brillante, en boca de excelente acidez que me recuerda la piña un poco verde, hierba recién cortada. Vino jovial de acidez sobresaliente y para mi gusto abocado y frutal en boca. Bueno para estos calores de finales de primavera. Para tener un par de botellas acostadas.

El segundo Côtes de Provence Marius Peyol 2016 un rosado con tonos anaranjados cuya nariz me recordó a algún cooler que venden por sixpack, y que sin dejar de ser agradables no parece que bebamos un algo que valga la pena. Será que es muy malo o los rosados de esta región no los entiendo o ambas cosas. Inmemorable con causa.

El tercero fue el primer tinto, Crocus 2012 de Paul Bertrand, este vino viene directo de Cahors y es un malbec. Huele a fruta negra, madera nueva, acidez escasa, de tanino rugoso. Nada que me mueva a comprar otra botella.

El cuarto gustó a todo mundo, se trata de un Barbera D´Alba Sovrana 2012.  Huele al principio a granos de café y notas de vainilla, después da paso a la fruta; ciruela en sazón, pero lo mejor no es la nariz. En boca es redondo, acidez y tanino en equilibrio y de final muy largo. Un buen vino como para tener media caja y probar como va evolucionando en un par de años.

El quinto es otro Barbera D´Alba Castina Bruciata 2015, menos agraciado que el anterior, pero que a mí me ha gustado. Zarzamora, pimienta negra, hollejos y fruta roja. En boca se nota aún la juventud con unos taninos vivos, y una acidez que los atenúa un poco, final largo. Falta botella, para comprar media caja.

El sexto «rojo sangre, capa alta, dátil, buen cuerpo, tanino y acidez media, haría maridaje con cortes de carne roja» copiado textualmente de alguno de mis compañeros, ya que en este sexto andaba perdido con los anteriores y un poco distraído, la nariz no me daba para mucho más.

Eduardo Narro 2016Por último descorchamos un vino que generosamente trajo Eduardo de su bodega. Se trata de un cabernet sauvignon tempranillo. Eduardo Narro Reserva Especial 2016. Es difícil dejar los prejuicios cuando tienes en la mesa al productor, pero de todas formas no existe la objetividad. A mí me pareció un vino bastante equilibrado, no destaca el alcohol, ni el tanino, ni la acidez todo está en su lugar. Frutal y con un buen paso de boca, sinceramente es un vino agradable que puede repetirse y hasta tener unas botellitas guardadas. Por cierto que últimamente he visto con más frecuencia está combinación de uvas.

Con respecto a la amena charla pos-cata daría para escribir un par de entradas, pero me limitaré a decir que se programó una visita a Parras Coahuila en breve, eso sí, antes de la vendimia para poder disfrutar del paisaje y de cada rincón de la bodega sin la molesta muchedumbre propia en tiempo de vendimia.

Me llamó la atención que mencionara un nuevo enemigo de la vid alrededor del mundo, así como ocurrió a finales del siglo XIX en Europa. Aunque podría extenderse por cualquier viñedo, los daños en Parras Coahuila no han sido graves, se trata de la enfermedad de Pierce, causada por la bacteria Xylella fastidiosa, una bacteria  que puede sobrevivir y se multiplica en los conductos que transportan el agua en la planta (xilema). Sólo ciertas cepas  de la bacteria son capaces de infectar plantas de vid. Sin duda un problema que preocupa a los productores y que de algún modo tendrán que resolver. Hasta aquí con la reseña de la última cata.