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Debajo de los 10 dólares

Al haber sido  designado responsable de la selección y adquisición de las bebidas de uva fermentada, no destilados, para una próxima celebración. Me di a la tarea de escoger seis vinos por un precio asequible, esto traducido son menos de 200 pesos. Con ochenta comensales es necesario afinar la puntería y comprar bueno bonito y barato. Así que se me ocurrió que sería una gran idea catarlos en la cata mensual, ayer por la noche. Nadie puede asegurar el éxito en estas compras, pero de seguro fui iluminado desde arriba a la hora de hacer la selección.  Fue un éxito, todos estuvieron de acuerdo, como pocas veces sucede. Empezamos abriendo boca con un espumoso, un cava Pata Negra rosado; no oficial sino para celebrar a nuestro gran amigo y decano del grupo. Un vino muy agradable con un excelente precio. Sus aromas me hicieron recordar cuando entraba a los pasillos de una panadería en la sección de pasteles. Algo de grosellas y una nota de frutos secos, muy buena nariz y equilibrado, de buena acidez. Repetible.

Protos 2022 vinificado con verdejo. Un Rueda muy limpio y sabroso. Amarillo pajizo con destellos verdosos. Huele a talco, manzana verde, kiwi y níspero. En boca es de entrada amplia, equilibrado y con un final largo. Por 180 pesos, menos de 10 dólares, es para hacerse de media caja.

El segundo fue un tinto que ahora no recuerdo que hubiera una mejor relación calidad-precio desde hace mucho tiempo en la cata. Se trata de Audiencia 2020, un Utiel-Requena delicioso, vinificado con bobal sin especificar la crianza. Muy bien amalgamado: grosella, notas de vainilla muy sutiles, fruta de la mejor calidad, excelente acidez, redondo y seductor. Para comprar una caja.

Acappela 2020. Este tempranillo tiene 14,5 grados de alcohol muy bien integrados. Huele a humo, pimienta negra, chocolate y ciruela madura. Tanino limado y buena acidez. Repetible.

Rioja Vega 2019. El primer golpe es a caramelo, alguien decía que olía a bombón quemado, esos que se suelen comer en las fogatas nocturnas, tofe y capuchino. Sabroso, frutal y equilibrado. Para media caja.  

Por último catamos un Entrelobos 2020. Se trata de un Ribera también con 14,5 grados menos integrados que el anterior, agradable, de buen paso. Color picota, ribete ocre. El primer golpe es a brett: establo muy sutil sin saturar la nariz,  también huele a cerezas en licor. En boca es de buena acidez, tanino firme y muy largo. Para 3 botellitas.

En general fueron vinos de muy buena relación calidad-precio; me quedo con el blanco de Protos y el primer tinto a ojos cerrados.

Como casi siempre, surgen dudas y comentarios en el transcurso de la noche ¿El cava se vinifica con pinot noir y manier? Un vistazo a la página del consejo regulador indica que la pinot noir sí, aunque la pinot manier no entra en la lista de uvas “mejorantes » esas que se suman a las autóctonas. «Mejorantes» me resulta una palabra ya de por sí chocante, pero que demuestra que las uvas autóctonas no son suficientes para estrechos criterios de gente dentro de la denominación de origen. Ahora me voy directo a comprar una caja de Audiencia 2020 y otra de Protos verdejo 2022, abur.

Cata 254 (Mini vertical de Vino de Piedra)

Publicado: 30 septiembre, 2023 en Cata, Vino
Cata 254 Mini vertical de Casa de Piedra: 2016, 2017 y 2018

No es común encontrar diferentes añadas de un vino que cada año se agota en los anaqueles, siendo aún más raro identificar tres añadas distintas. En esta ocasión cuando escogía los vinos para la cata de este mes, para mi sorpresa, encontré Vino de Piedra añadas: 2016, 2017 y 2018. Se trata de una bodega cuyo enólogo, mexicano, Hugo D´Acosta ha trabajado en diferentes empresas durante los últimos años. Egresado de la Escuela de Agronomía de Montpellier Francia en los años ochentas y parte clave en el desarrollo moderno de la enología en Baja California. Sé que puede sonar pretencioso y que también ha habido bodegas como Monte Xanic que rompieron con algunos parámetros que han hecho que la gente voltee a los vinos mexicanos. Y no hablo de medallas ni títulos nobiliarios sino de la promoción del vino mexicano con el trabajo diario en el campo y en la bodega. Puedo estar o no de acuerdo en ciertas formas de vinificar y sobre todo en la crianza, a la hora de imprimir tanto roble nuevo en algunos casos ahogando su esencia, pero debo reconocer que Baja California no ha sido la misma de las últimas décadas a la fecha.

Busqué los vinos que restaban para completar el repertorio de la bodega, un blanco: Piedra de Sol vinificado con garnacha blanca, y dos espumosos un Blanc de Blancs de chardonnay y sauvignon blanc y un Blanc de Noirs con zinfandel, ambos con 18 meses en sus lías. Hay otras dos etiquetas de tintos de la misma bodega: Contraste: uno vinificado en esta región y otro en Francia. Por desgracia no tuve éxito, así que me tuve que conformar con la mini vertical de tintos.

Abrimos con un blanquito alemán muy agradable, se trata de un Span Kendersmanns riesling 2021, con sus 9 graditos de alcohol. Un Spätlese color amarillo pálido con burbuja en las paredes de la copa, fluido y brillante de nariz tropical, piña y membrillo. En boca es frutal, se nota el cosquilleo de la burbuja, de acidez comedida. Buena relación calidad-precio, por 359 pesos, unos 18 dólares americanos.

Después llegó un borgoñita genérico de Louis Jadot. Bourgogne 2019. Un poco flojo, falto de acidez y con una nota especiada y caliza. Nada que levante suspiros, un vino correcto pero no para su precio.

Comenzamos la mini vertical en cata ciega para desechar prejuicios.

Vino de Piedra (Cabernet sauvignon y tempranillo con 14 meses de roble francés y americano)

2016

Como es de esperarse el color es bastante más evolucionado que las dos siguientes añadas. Ribete ocre turbio aromas a fruta roja madura, tabaco rubio y mermelada de zarzamora. En boca esta bastante limado el tanino, aunque al final armaga un poco. También tiene una nota salina para que nadie dude de que la uva nace cerca del mar; los pozos donde sale el agua para el riego tienen su marcada influencia.

2017

Huele a pimienta negra, café tostado y notas de vainilla con algo de fruta negra. En boca le falta acidez y algo de nervio.

2018

Color picota ribete rubí. Al principio está cerrado va abriendo con aromas muy integrados a casis, lavanda y fruta roja de la mejor calidad, en boca tiene una buena acidez y tanino. Mucho mejor nariz que en boca.

Como para comprar una caja de cada uno, gran selección de Galicia a Rioja

Es difícil preparar una degustación de vinos asegurando que será un éxito. Muchas veces bodegas y marcas reconocidas no cumplen con nuestras expectativas. Otro factor son las variantes que pueden existir de una botella a otra, inclusive dentro de una misma caja. La cata de anoche resultó un éxito: cinco vinos de buena hechura que conquistaron paladares. Se trata de la bodega El Coto de Rioja. Mi acercamiento a esta bodega es de mucho tiempo atrás. Recuerdo la sorpresa que me llevé (2013) en un banquete celebrando un bautizo, cuando me pusieron en la mesa un Coto de Imaz 2005. Ya para esas fechas tenía marcadas predilecciones por esa bodega riojana. Lo que no sabía es que la bodega cuenta con una gama de seis vinos y que ostenta, o por lo menos eso dicen, el título de mayor viticultor de Rioja, con 800 Ha.

Esta noche empezamos con dos blanquitos muy interesantes de la bodega Virgen del Gadir, dos gallegos de Valdeorras; uno vinificado con godello y otro con palomino. De inmediato me saltó la duda, ya que la palomino la tengo clasificada en mi cariado cerebro, en Jerez, como si hubiera exclusividad. Así que me fui directo al consejo regulador de Valdeorras a buscar las variedades autorizadas, y son las siguientes:

Variedades autorizadas blancas preferentes: godello, loureira, treixadura, dona branca (moza fresca), albariño, torrontés e lado. Variedades tintas preferentes: mencía, tempranillo (araúxa), brancellao, merenzao (maría ardoña ou bastardo), sousón, caíño tinto, espadeiro e ferrón.

Como pueden ver aparece en la lista la torrontés, la famosa uva que ha dado tan buenos vinos en Argentina. También aumenté a la lista de nombres que se dan a la tempranillo en las distintas regiones de España y Portugal. Allí en Valdeorras: araúxa

El primer blanco es Maruxa 2021. Vinificada con godello, con sus discretos 12.5 grados de alcohol, como antaño, y 3 meses sobre sus lías en depósitos de acero inoxidable. Se trata de un vino frutal, huele a piña madura, con notas florales. En boca tiene buen ataque, buena acidez, abocado y con un final a agua quina. Para media caja.

Sede e Fame 2019. Este blanco es de la misma bodega vinificado con palomino. Tiene una crianza de 24 meses en ánfora de barro; como hacían los vinos los romanos en la Antigüedad. También cuenta con 12.5 grados como el anterior. Color amarillo pajizo, brillante y fluido. No sé si me sugestioné; huele a barro, níspero y alguna notita herbácea de fondo. En boca es austero, sin muchas concesiones pero con un final mineral, casi salino, que lo hace muy agradable. Para encargar unas cuantas botellas.

Coto mayor 2018 crianza, el más joven de los tres tintos que probamos. De inmediato se siente la textura rugosa en la lengua, no se trata de vulgar tanicidad de esa que lastima la lengua, simplemente se siente pasar por las papilas. Excelente acidez, fruta de la mejor calidad, tanto en nariz como en boca: ciruela roja en sazón, moras, con algunos recuerdos de menta. Yo recomendaría decantarlo unos minutos antes del servicio, y comprar media caja.

Coto de Imaz reserva 2017. Huele a especias; tomillo, pastel de frutas, y fruta negra. En boca es redondo, un vino bien amalgamado, el tiempo ha hecho su trabajo. Otra caja por favor.

Coto Real 2012, con 24 meses en barrica y 18 en vidrio, un vino muy hecho, listo para beber; todavía muestra juventud y vigor, que unos añitos más en vidrio le podrían dar la magia de los grandes vinos de guarda sin ninguna duda. Huele a dátil, capuchino, fruta negra y un fondo de trufa, algo de carácter térreo. En boca es sedoso, redondo, todo en su lugar con tanino y acidez suficientes para seguir evolucionando. Un vino que vale los casi mil pesos (60 dólares) que piden por él. ¡Abur!

Scarpetta pinot grigio 2021. DOC Friuli. Aunque quien sirvió el vino haya tapado la etiqueta, pueden imaginar un cerdo enseñando la carrillera y la papada, de los que sacan las trufas en la Toscana. Observen el color en la copa, o mejor dicho lo incoloro del vino

Nuevamente asistí por la tarde-noche a una cata en City Market anunciada con tres vinos italianos, fui en compañía de Alfonso y su esposa. Se trató de un blanco, un prosecco y un tinto de la Toscana. Vinos, sobre todo el prosecco, que no sé por qué razón; quizá mi falta de hábito con estos vinos, pero no me ha gustado nada. A pesar de los halagadores comentarios de muchos de los asistentes. Burbuja grande, escasa y poco persistente, que se fue en pocos minutos. A la pregunta del sumiller de ¿por qué se llamaba prosecco…? Una de las asientes levantó la mano y respondió que porque antes se conocía la variedad como prosecco y ahora se conoce como glera. Llegando a casa busqué en mi multicitado y viejo libro (tercera edición) de The Oxford Companion of Wine; y dice muy claro que la uva aún se conoce como prosecco, sin mencionar la glera; debe ser porque los datos no han sido depurados, momento para pensar en comprar la última edición. Aunque lo más interesante es que también se vinifican vinos tranquilos. De las 28 millones de botellas producidas al año en esta región: un millón son de vinos tranquilos, 7 millones de frizzante y 20 millones de espumoso (método charmat). Pienso en algunos espumosos chilenos con método tradicional muchísimo más interesantes, por el mismo precio.

El primer blanco: Scarpetta pinot gris 2021 ¡sorprende es casi incoloro!; los ingleses reconocen esta característica como pale lemon green. Es quizás el vino más «pálido» que he catado en mi vida. Por lo demás, nada que me invite a comprar una botella. Aromas intensos a pera, manzana verde con una nota floral a jazmín. Los tres vinos son de la misma bodega: Scarpetta. El último un vino tinto vinificado con 60% sangiovese y el resto de uvas autóctonas: canialolo, ciliegiolo, y colorino. Rubí capa media, brillante y con aromas a barro, y una nota que al principio no había notado hasta que alguien comentó que olía a jamaica, la flor rojiza que aquí en México hierven, cuelan y agregan azúcar para disfrutarse en las comidas.

Los viernes han sido destinados para catar cervezas o destilados en esa misma mesa, estamos apuntados y mañana toca tequila que me dispondré a reseñar.

Viernes por la tarde ha tocado el turno al tequila, de Tequila Jalisco. Porque no todo el tequila se hace por aquellas tierras, aunque parezca mentira hay tequila en cinco estados de la Republica Mexicana: Jalisco, Tamaulipas, Michoacán, Guanajuato y Nayarit. Al parecer sin el amparo de algún consejo regulador, sino de la Secretaria de Hacienda que son quienes distribuyen los marbetes para su legal comercialización. Tierra Noble tiene ocho años de vida, produce 50 mil botellas al año, para contrastar: Tequila Sauza produce Un millón de cajas de 12 botellas cada una. Tierra Noble destila y embotella en Jalisco, en su propiedad de Mazamitla a 7200 pies de altura, siendo una de las destilerías a mayor altura sobre el nivel del mar; donde recolectan las piñas del agave azul (agave tequilana). Por otro lado cada agave debe tener entre 8 y 10 años para poder producir el destilado. Se necesitan 7 piñas para obtener 1 litro de tequila. Nos explicaba que el ajuste en el volumen de alcohol se hacía agregando agua limpia, ya que según la norma debe estar entre 38 y 40 grados. Con todos estos datos me ha dado por ir a la librería a comprar el Larousse del Tequila para adentrarme a este mundillo de los destilados, sobre todo el tequila, que se ha convertido en la bebida nacional.

El primero que catamos fue un blanco, que no pasa por madera: Tierra Noble Blanco. Incoloro, de lágrima perceptible, aunque a la persona que dirigía la cata le pareció que las «piernas» que colgaban eran abundantes. En cuestión de nariz, a mi me costó un poco, además de que no soy el mejor dotado para estos menesteres, sumado al alcohol que enmascara mucho los aromas más sutiles. Miel, anís, vainilla y canela. En boca, aunque no sé si se utilicen los mismos términos que para el vino, tiene buen ataque, untuoso y buen paso.

El segundo Tierra Noble ya tiene madera, se trata de un reposado con una crianza en barrica de roble americano de entre 9 y 11 meses. Apuntaba que las barricas después de 2 años de uso se destruyen. Huele a maple, canela y notas de barro. En boca tiene notas dulces y el alcohol se percibe menos.

El Cristalino fue el último; tequila que pasa por un proceso de filtrado con carbón activado para quitar esas notas amargas, agrias o amaderadas; lo que en el mundo del vino podríamos calificar como defectos. Botella de bonito color gris. Al final me he animado a llevar una botella a casa. El precio es de 799 pesos, unos 45 dólares. Nos mostraron, sólo a la vista, el tequila de más alta gama de Tierra Noble. Se trata de Tierra Noble 4 Cuarto Cristalino con un precio de 5 mil pesos (295 dólares). Hasta aquí la reseña, voy por el libro. Abur.

Las Pudendas y Huno 2019

Después de una tarde atropellada, con prisas y contratiempos, nos reunimos por la noche para la tradicional cata de fin de mes. Tuvimos nuevamente de invitado a la mesa a Eduardo Narro, orgulloso dueño de Las Pudencianas. Una familia con tradición vitivinícola de raíces profundas en aquellas tierras norteñas. La bodega en el pueblo era conocida como el Jardín Botánico de Parras. Desde hace 13 años que se plantaron las primeras vides ha ido evolucionando su proyecto hacía producciones artesanales, buscando la satisfacción del cliente con ideas muy innovadoras. Una de ellas que me llamó la atención se trata de una cata de tres vinos; y que al final el anfitrión invita a que surja el espíritu enológico que pudiera estar dormido en lo más profundo de nuestra alma: Los catadores tienen la libertad de mezclar los vinos como a ellos les plazca, tomando notas de la mezcla; posteriormente se embotella y se imprime una etiqueta personalizada. Si en el futuro quieren repetir la mezcla, ya hay un registro, y es cuestión de pedir un lote. Más allá del resultado de la mezcla, que por obvias razones puede resultar o no, me parece un ejercicio que convierte a los invitados en parte del proceso. Echando a volar la imaginación podemos pensar que somos parte de esa bodega. Me parece una brillante idea que podremos poner en práctica muy pronto, ya que casi todos los integrantes del grupo estamos planeando ir en un par de meses, ya les contaré. Eduardo no llegó con las manos vacías; trajo una pierna de carnero estofada con verduras y dos botellas: una de su bodega y otra de un familiar que también produce vino por aquellas tierras.

La primera Las Pudencias cabernet sauvignon, no encontré la añada y teniendo a la mano la respuesta con Eduardo presente, se me ha pasado de largo. Aunque mi ortodoxia ha ido a la baja, no se debe pasar por alto que ambos vinos han viajado desde Coahuila sin ningún reposo previo a la cata, detalle que tiene mucho que ver con las sensaciones organolépticas, como diría un sumiller. Se trata de un vino joven huele a fruta roja; ciruela con algún dejo a humo. Acidez alta y final astringente, ya habrá tiempo de catarlo in situ próximamente.

Huno 2019, vinificado con merlot del mismo valle de Parras de la bodega Hacienda del Marques de Parras. Se le nota la madera, huele también a hollejos, fruta negra indefinida y una nota especiada a pimienta blanca. En boca tiene buena acidez aunque a la mitad del recorrido hay una nota cansina como si hubiera estado abierta mucho tiempo. Después de unos minutos aparece una nota mentolada en la copa quieta.

La última botella antes del estofado la trajo Alfonso, un carmenere: Carmen 2020. No tomé nota pero se trata de un vino frutal repetible.

El delicioso estofado con verduras estuvo bañado por una magnum de Luigi Bosca de Sangre 2014. Maridó muy bien con la grasa del cordero.

Estaremos a mediados de septiembre por aquellas tierras degustando los ya famosos vinos de Parras.

Doscientas cincuenta veces reunidos, se dice fácil. Empezamos en 1998, muchos de los que conformamos el grupo ya no están y otros han arribado más tarde, como todo en la vida es dinámico y cambia con el paso del tiempo. Como diría Heráclito «Nadie se puede bañar dos veces en el mismo río».

Haciendo cuentas en 2011 nos enfocamos en los malbec y sumaron alrededor de 50 vinos. Ayer por la noche degustamos otros 4. Aunque debo decir que el resultado no fue del todo bueno, podríamos resumirlo como vinos astringentes, sobre madurados y con alcoholes altos. El primero fue un torrontés ágil y grácil como una gacela. Aromas intensos y muy refrescante. Se trata de Terrazas de los Andes 2020, un torrontés de color amarillo pajizo, fluido y brillante. Huele a mandarina, lichi y notas de durazno. En boca es mineral con algo de aguja, cítrico y muy vivaracho. Un vino para comprar media cajita.

El primer tinto de la noche fue un Pure 2021. 100% malbec de la región de Mendoza, específicamente del Valle de Uco. Bodega Trapiche sin madera, difícil de creer en estos días. Huele a cerezas en licor, ciruela madura y notas lácteas a yogurt, astringente y con una nota mineral al final.

Kaiken 2018. Vinificado con malbec, bonarda y petit verdot. Fruta roja, ciruela negra y notas de cuero. En boca tiene buena acidez y tanino domado. Pero nada que mueva a comprar otra botella.

Aromo 2020. Había escogido los vinos por la variedad y no había puesto atención en el país de origen. Resultó un malbec chileno. Notas verdes: herbáceas, pimienta blanca y algo de fruta indefinida. Desbocado con un alcohol sin integrar. Inmemorable con causa.

Por último un viejo conocido: Luigi Bosca 2019. 100% malbec, 12 meses en barrica 6 en vidrio. Nota que detonó hablar de Rioja y de lo que el consejo regulador impone para la crianza de sus vinos. En un lapsus dije que regulaba la crianza en madera y la de vidrio estaba abierta a la decisión del enólogo: mea culpa: error, también indican los mínimos de crianza o pulimiento en vidrio. Dicho esto, este ultimo tinto huele a hollejos, a humo y es muy astringente en boca. ¿Falta vidrio…? seguramente ayudaría pero en general me parecieron vinos desequilibrados. Primera vez que entre los tintos me costaría la decisión de decantarme por alguno, tal vez el Kaiken sea el más bebible de los cuatro. Pero en definitiva me quedo con el torrontés, aunque me parece subidito de precio; algo así como 23 dólares americanos. Abur.

Cata de variedades poco conocidas

Después de darle la bienvenida a Alfonso como nuevo miembro del grupo, nos dispusimos a celebrarlo empezando con dos blancos que se llevaron la noche. Podríamos calificar esta degustación como «la noche de los blancos o de las uvas poco conocidas». Con excepción de la riesling y la montepulciano, las demás no son tan comunes. He aquí la lista:

Gewürztraminer que aunque no la podamos tachar de una desconocida, tampoco es muy común. Una uva descrita como pink-skinned grape (uva de piel rosada) en The Oxford Companion of Wine, uva variante de la traminer que vinifica vinos blancos untuosos de cuerpo y muy aromáticos con marcados aromas a rosas.

Kerner: con alrededor de 5000 ha en Alemania en el año 2003. Uva resultado de cruzas con Scheurebe, faber y la huxelrebe, compitiendo con la silvaner hasta hace poco (1990). Hoy es la tercera variedad blanca más plantada de Alemania, sobre todo en Pfalz. Hay quienes la califican con similares características a la riesling, opinión que no comparto, ya que me parece más austera, además de que la riesling es una de las uvas blancas que mejor evoluciona.

Ciliegiolo esta variedad del centro de Italia, en la Toscana, es nombrada así en italiano por el parecido en sabor y color a la cereza. Algunas veces mezclada con sangiovese.

Piedirosso: Uva tinta de la región de Campania en Italia, conocida también como palombina. Plantada durante los años ochenta, llega hasta las poco más de 1000 ha de área de plantación.

Anglianico: uva de piel negra, de orígenes griegos y plantada en el sur de Italia con un total de 7,500 ha.

Dicho lo anterior comenzaré con el primer blanco. Les Princes Abbes 2019 (gewürztraminer) Un vino pajizo, brillante y espeso. Muy aromático con notas florales a rosa, cera de abeja, lichi y guanábana. En boca es muy expresivo, buen paso, abocado, untuoso buena acidez y final a agua quina. Excelente alsaciano, para comprar una caja. El precio: poco menos de 700 pesos, menos de 40 dólares.

Kerner Hambcher Scholb 2021. Un Spätlese que desmerece después de la contundencia del anterior gewürztraminer. Amarillo pálido, fluido con ribete verdoso. Aroma a melón y pera. Ligero, buena acidez y de final corto.

Ciliegiolo Tenuta Aquilaia 2020. De color picota con ribete rubí, turbio. Aromas a zarzamora, cereza negra y hollejos. Un vino tánico, un poco desenfocado y de acidez justa. Inmemorable con causa. El vermentino de esta bodega es una delicia ¿No todas las variedades hacen brillar a las bodegas…? ¿O no todas las bodegas hacen brillar las variedades…?

Faini Montepulciano D´Abruzzo 2020. Sin duda el que menos lució de todos los tintos: planito, con aromas lejanos a fruta negra indefinida, y diluido en boca. Nada que pueda justificar volver a descorchar otra botella.

San Gregorio Lacryma Christi 2019. Tinto vinificado con 80% Piedirosso y el resto Aglianico (uvas descritas más arriba). Lacryma Cristi. Huele a tofe, fruta negra en sazón. De boca amplia, aunque en conjunto no destaca algo que mueva a repetir.

Al final, ya que habíamos cenado y comentado los vinos, entre otros menesteres, se me ocurrió bajar a la bodega para ver que podía descorchar. Lo primero que vi fue un Bosconia 1998. Sin pensarlo demasiado lo saqué de su letargo y lo descorché con mucho cuidado, aunque el corcho no era precisamente un polvorón, ya daba señales de peligro. Un poco de aire hizo que nos envolviera con su encanto. Bosconia no ha dejado de ser uno de los mejores riojanos clásicos para disfrutar de su envejecimiento.

Viernes sahariano; la primavera hace sus estragos, ya que por estas latitudes es bastante extrema. Tiempo para acordarse de los blancos, aún para quienes dicen que el mejor blanco es un tinto. Desde hace mucho creo que existen joyas indiscutibles: Los riesling del Mosela, los alsacianos, los del Duero, los chardonnay de Chablis y Montrachet una gama para quitarse el sombrero. Esta noche es especial: Sergio nos acompaña después de unos días hospitalizado. También nos acompaña Alfonso, vecino a quien veo a diario cuando paseamos a nuestros respectivo perros. Gran entusiasta del vino.

En esta ocasión fue Italia, ese país de tantos contrastes, tan complejo en su mosaico vitivinícola; con más de 2000 uvas autóctonas. No sé para qué inventaron los supertoscanos, quizás por la nefasta influencia del mercado desatado por mr. Robert Parker y Michael Rolland. Con una producción de 60 millones de hectolitros en 2004, en disputa permanente por el primer lugar en producción con Francia. La sangiovese con alrededor de 90 mil hectolitros es la uva tinta que más se produce en el país de la bota.

Abrimos boca con un blanquito de lo más auténtico que he probado en los últimos meses. se trata del Tenata Aquilalia 2021 vinificado con vermentino. Color amarillo pálido, muy brillante. Tiene una nariz limpia a manzana amarilla, pera y espino blanco. En boca es muy vivaracho con un final a agua quina. Para una cajita.

Michele Chiarto moscato. Con burbuja tosca y 5% de alcohol, es un vino que huele a jabón, limón y en boca le falta acidez. Nada que ver con lo que piden: más de 500 pesos. Inmemorable con causa.

Egidio Barriques 2020. Vinificado con barbera, este vino piamontés tiene 18 meses en roble francés mitad nuevo. Proviene de la bodega Bosio. Huele a zarzamora, notas de cuero. Excelente acidez, tanino presente, y final largo. Repetible.

Brunelli añada no identificada. El importador está obligado a poner tantas etiquetas que se olvidan de datos tan importantes como la añada. Si el vino no lo trae en la etiqueta, que ya es costumbre, la contraetiqueta es imposible que la respeten. Amarone de Valpolicella 15 % de alcohol, vinificado con corvina. Un vino interesante que convierte casi en su totalidad el azúcar en alcohol, por esa razón tiene esos quince graditos. El primer golpe es alcohol. Después da hollejos, fruta negra y una nota especiada a pimienta negra. En boca también se distingue el alcohol, buena acidez y taninos firmes. Repetible.

Livio Paves Barbaresco añada no identificada. Un Nebbiolo, mismo caso del anterior: la añada si es que la traía indicada fue cubierta por otras etiquitas. Color ámbar, capa baja, brillante. Un vino que a primera vista parecería viejo, pero que tiene buena estructura, todo en su lugar y sin ninguna muestra de cansancio más que el color. Repetible.

Massolinoi 2019 de Langhe vinificado con Nebbiolo. 14 grados de alcohol bien integrados. Vino redondo de buen paso. Para guardar un par de botellas.

P.D. Fue una cata inédita ya que por primera vez hubo una Coca Cola en la mesa , como pueden observar en la foto 🙂 Pero no adelanten juicios. Sergio no podía tomar alcohol y llevó esa botellita. Todo sea por los amigos. Abur.

En realidad esta cata estaba programada para enero, sigue siendo la primera del año, pero organizada en febrero. Estoy sorprendido de la enorme cantidad de vinos mexicanos que hay en los anaqueles, da la impresión de que cada semana aparecen nuevas etiquetas. Así que me decidí nuevamente por algunos vinos nacionales. En esta ocasión del estado de Guanajuato y de una sola bodega: Vega-Manchón. En alguna cata anterior ya habíamos probado algunos.

Empezamos con un blanquito Torre de Tierra 2021, vinificado con semillon, de la bodega Vega-Manchón en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Color amarillo pálido, fluido y brillante. Aroma intenso a durazno y níspero, al girar la copa aparecen notas de heno mojado. En boca es de acidez comedida pero sin perder la fuerza de su juventud, con un punto abocado. Como para comprar media cajita para los calores que se aproximan.

Siguió otro blanco Cuna de Tierra 2020 mezcla de semillón con savignon blanc. Amarillo pajizo, menos aromático que el anterior. En boca tiene buen paso, muy marcados los cítricos: toronja blanca, final amargo. Repetible.

Pago de Vega 2018, con una mezcla de cabernet sauvignon 80%, cabernet franc 15% y merlot 5%. Crianza de 14 a 18 meses de madera «de origen galo» (Así lo apuntan sin especificar el bosque de procedencia) y un añito en vidrio. Velado, aroma a casis, fruta negra, va de menos a más. Repetible aunque con precio injustificado.

Cuarto de la noche es un Torre de Tierra 2020, vinificado con tempranillo 80% y resto cabernet sauvignon, menos crianza que el anterior, pero con tres robles de distinta procedencia: francés, americano y húngaro. Este es un vino más redondo y va de más a menos. Notas de madera usada.

Cuna de Tierra Cabernet 2019. A pesar de que la etiqueta apunta cabernet sauvignon, no es monovarietal sino que lleva también cabernet franc y merlot. Buen ensamble, huele a chocolate amargo, con una nota de sulfuroso que se limpia con un poco de aire. Repetible pero sin enamorar.

Si no me falla la memoria, este año cumplimos 24 años de reunirnos en este maravilloso grupo de catadores, la peña Vino Por Placer, empezó por allá en 1998. Algunos miembros se han ido, otros se han integrado. Así que motivos para celebrar sobran. Este año nos reunimos en el privado de un restaurante, un lugar amplio, cómodo, con su medio baño propio y un mesero y una mesera muy dispuestos en todo momento. La iluminación no es la mejor. El menú fue confeccionado por el chef y consistía en una entrada de portobello a la griglia, una ensalada de mandarina con lechuga, de plato fuerte un filete de res con mostaza Dijón y hierbas de olor y de postre un creme brulle o maceta de chocolate a escoger. De los vinos me encargué yo, y creo que no fue tan mala elección.

Empezamos con algo de burbujas para refrescar el paladar: un champán Louis Roederer Rosé 2013 vinificado con un 66% de pinot noir y el resto chardonnay. Su color no es como pudiéramos imaginar: rosado, sino amarillo con algunos destellos grosella, muy brillante fluida y con burbuja de mediana intensidad, como he repetido varias veces, depende en gran medida de la copa en que se sirva. De carácter calizo, recuerdos de frutos rojos; grosella de buena acidez y final largo. Esta botellita estuvo pensada para el brindis. Brindamos por estar juntos y poder celebrar un año más, después de la oscura reclusión durante los meses más graves de la pandemia: motivo suficiente para que este año chocáramos las copas.

Me sorprendió que sirvieran primero el portobello, ya que en la lista figuraba la ensalada en primer lugar. Así que descorchamos uno de los tres tintos dispuestos para esta noche. Se trata de un ródano: Les Grandes Terrases 2016 de Paul Jaboulet de la región de Cornas, vinificado 100% de syrah. El portobello exquisito: buena materia prima y todo en su punto. El vino también estaba a la altura, huele a tocino, fruta roja madura, conservando la suficiente tensión, con esa excelente acidez de los vinos de buena estructura, tanino firme y un final largo. Para comprar una caja, a todos nos gustó mucho, definitivamente fue el vino de la noche.

La ensalada la acompañamos con un viejo conocido, un Hegel riesling 2019, vino floral, vivaracho, sin excesos, cosquillea a la entrada, aunque no es tan joven como para no haber liberado el CO2 pero parecería que tiene algo de aguja, sin ser tan marcado. Fruta amarilla y de final amargo, muy elegante. Maridó con la acidez de la mandarina así como con la textura y el aderezo de la lechuga, los frutos secos rompían la monotonía. Me sorprende hablar así del maridaje, parece que soy el más convencido y que estoy promoviendo el vino a un comensal exigente.

Los dos siguiente tintos se descorcharon a la par con el filete a la mostaza; el término de cocimiento de la carne y su preparación dejaron satisfechos a todos, bañados con un gigondas: La Guille 2019 vinificado con 80% garnacha tinta y 20% de syrah. Nada que no estuviera en su lugar, sin llegar a estar tan redondo como el primer ródano.

Arzuaga reserva 2012 con un porcentaje mínimo de albillo, uva blanca. Costumbre arraigada desde el año 2005 en el valle del Ródano, donde algunas variedades tintas, sobre todo la syrah, se mezclan con la viogner (blanca). La albillo crece en Ribeiro, Castilla y León y la comunidad de Madrid. En algunas partes de Perú existe la albilla, que parece tener alguna relación. Se trata de una uva neutra. Este Ribera huele a zarzamora, tiene una nota láctea, y especiada a tomillo, en boca amarga hasta el final. Mis expectativas iban mucho más lejos, aunque va bien con el filete a la mostaza.

Por último cerramos con un vino de postre que francamente no repetiría, me parece muy caro y no tiene la contundencia de muchos otros vinos de postre como pudiera ser un cosecha tardía chileno, por no poner la vara tan alta, ya no hablemos de un sauternes. Claro que estoy comparando peras con manzanas, se podría comparar con un vino de hielo canadiense, pero creo que tampoco saldría muy bien librado. Se trata de un Vino Dulce Frio 2018 de la bodega Gramona y vinificado con gewürztraminer. Aquí hay que pagar algo así como 80 dólares americanos, cantidad que me empieza a poner un poco exigente. Yo escogí el Creme Brule. Un vino que rompía con la saturación de azúcares del postre, pero que no destacaba en aromas ni en sabores, muy planito, posiblemente hubiera quedado mejor un queso de pasta dura no muy maduro para destacar lo poco que pudo mostrar. Llegamos al final de las catas este año, ya hay planes para el siguiente, con mucho más teoría, espero que ningún miembro del grupo pierda el entusiasmo.