Cata 220

Publicado: 1 septiembre, 2018 en Cata, Vino
hueledenoche

Cestrum Nocturnum (Hueledenoche)

Cestrum Nocturnum  nombre científico para el Hueledenoche, un arbusto que dispersa un olor parecido al talco valga la comparación, y que propaga su intenso aroma exclusivamente por  la noche, de ahí su nombre común. Durante la cata de ayer hizo gala de su nombre obstruyendo nuestro ya de por sí mermado sentido del olfato. Parece mentira pero un pequeño arbusto puede saturar el ambiente con su particular olor a varios metros a la redonda, como fue el caso. Así que lidiando con este contratiempo, hicimos lo que pudimos para descifrar los aromas de los vinos de la noche de ayer.

Empezamos con un Viogner de bodega Lagarde, Altas Cumbres 2015. Un blanquito bastante ácido, como si probara un limón verde, al principio huele a uva; siendo ésta su materia prima, sorprende encontrar pocos vinos que huelan a uva, sobre todo ese olor cuando se le quita la cáscara, pasto recién cortado… aromas muy verdes. En boca limón y más limón. Un poco pasado de acidez. Repetible

Valentín Bianchi Malbec 2016 primer tinto. Huele a ciruela no muy madura, cereza, de tanino rugoso y final amargo. Nada que mueva a comprar otra botella, decantado debería mejorar.

Trumpeter Malbec 2015. Este es un vino que se ha vuelto muy comercial, se puede encontrar en  muchos estantes de diferentes tiendas. Primer golpe huele a algún aroma químico no definido, un poco de aire lo limpia dando alguna nota de fruta roja. En boca es fugaz y ligero. Desconcertante. ¿Algún problema de guarda…?

cata 220

Cata de Malbec o de Hueledenoche…

Catena Malbec 2015. Nariz balsámicos, cereza, notas de miel maple, en boca es astringente, un poco amargo y algo desenfocado. Repetible… Tal vez ¿por qué no?

Zorzal Malbec 2015. Fruta roja en sazón con notas de vainilla, nariz agradable y en boca equilibrado. Redondo. Repetible.

Navarro Correas Reserva 2012. Un viejo conocido cuyos alcoholes llegan a los 14 grados. Huele a cerezas en licor, chocolate amargo y notas de coco, final amargo. Para comprar 4 botellas y ver qué pasa.

Durante toda la cata estuvieron presente los «destilados» del Hueledenoche, así que podríamos decir que fue una cata con limitaciones… Pero como no somos profesionales y siempre las tenemos, si alguno de los vinos catados se nos cruza algún día por nuestro camino le daremos otra oportunidad, no somos muy severos.

CATA 219

Cata 219

Viernes caluroso con amenaza de tormenta después de varios días sin lluvias, hoy parece que caerá algo de agua, afortunadamente, y más tarde así fue y refresco la noche. Esta cata se convirtió en una cata de precios altos, por así decirlo. Lo malo está cuando no cabe una justificación. Empecemos a desmenuzar lo que sucedió. Llegó un viejo y querido miembro del grupo de visita, así que empezamos muy bien.

Abrimos  boca con un vino clarete, es decir un vino elaborado con uvas tintas y blancas, a diferencia de los rosados que son elaborados con uvas tintas y cuya maceración es muy corta. Tulip Rosé 2016 de las colinas de Judea (judean Hills) vinificado 65% de cabernet franc y el resto de sauvignon blanc. Piel de cebolla algo velado, olores a melón maduro con notas de guanábana, en boca domina un amargor de agua quina, nada que invité a comprar otra botella, y menos aún si revisamos el precio: mil pesos… Debo decir que este vino junto con el último fue comprado en un restaurante cuyo dueño llegó a la mesa a ofrecernos vinos de esta región que habían importado hace poco. Quién iba a decirme que pagaría por un clarete anónimo, mil pesotes… A veces soy muy educado y prudente.

Hugel Gewurztraminer 2013. Un alsaciano que nunca falla, con su ya reconocido carácter femenino a rosas. Huele a eso y a maracuyá con notas lejanas de nardo… espeso, de acidez justa y final amargo, muy elegante. Para guardar una caja. No conozco a una sola mujer que se resista a este vino.

Sottano Malbec 2008. Primer golpe a madera usada,  como si estuviera ante un riojano de viejo cuño, yo mismo que fui quien preparó la cata. Me hace dudar… huele también a barro y notas lejanas de fruta negra. En boca se nota un poco cansino, aunque extrañamente a mis compañeros les pareció potente e inclusive astringente. ¿Será el mismo vino? Al final creo que no repetiría. Inolvidable con causa.

Sottano Cabernet Sauvignon 2009. Esto tiene un color carmín de capa alta, precioso a la vista. Huele a cerezas y notas de grosellas. Boca frutal, excelente acidez y final muy largo. Repetible.

Cocodrilo 2013. Vino redondo cuya acidez, tanino y alcohol están en equilibrio. Hay quien escribió que huele a vainilla, chocolate y dátil, en boca astringente. Con sus 15 grados de alcohol y 14 meses en barrica nueva de roble americano.

Tulip 2012. Vinificado con un 85% de cabernet franc y 15% merlot, un ensamble que no había probado. Es un vino que pasa muy bien. Aromas químicos al principio de acetona, que va abriendo con el aire para dar después cerezas en licor y hollejos. Va de menos a más, agradable de buen paso. Todo va bien hasta que recuerdo que pagué $1500.00  Y es que si después de $500 me pongo un poco exigente, al triple empiezo a desvariar. No puedo dejar de recordar un Ferrando de Carema en 25 dólares o el multicitado Mogor de Lapierre en poco más de mil en México, según reporte de un amigo. No, creo que no repetiré. ¿Cuántos productores arribistas quieren cobrar en su primera añada un riñón…? Cuando algunos productores han dejado riñones, corazón  y córneas dentro de un viñedo por generaciones.

Como he dicho repetidas ocasiones, hoy parece que el mercado del vino se suma a la bolsa de valores con sus compras a futuro, tanto nuevo rico suelto léase sobre todo chinos y rusos que pagan, como dicen en España un huevo por una botella que quizás nunca descorchen. Nos han jodido la vida a quienes disfrutamos el vino de verdad, y no como un mero negocio o estatus social… Y los productores cada año anunciando la añada del siglo. Abur.

Cata 218 (Vinícola San Lorenzo)

Publicado: 4 julio, 2018 en Cata
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Después de la última reunión (Cata 217) donde se habló de Parras Coahuila, región vitivinícola con su propia estrella, separada de Baja California y que goza de prestigio en gran medida por tener una de las bodegas más antiguas de América: Vinícola San Lorenzo, mejor conocida como Casa Madero. No tardé mucho en seleccionar 5 vinos de esa bodega para descorcharlos en la siguiente reunión. Dicho sea, arriba del  umbral de 500 pesos  me pongo muy exigente a la hora de probar un vino.

CATA MADERO

Parras Coahuila, primero Don Leo el resto Casa Madero…

Empezamos con el único vino de otra bodega dentro de la región. Don Leo 2013 vinificado con savignon blanc. Amarillo pajizo, fluido y brillante, con una nariz intensa a cera de abejas, piña madura, notas tropicales sin llegar a empalagar los sentidos. Otros encontraron: melón, flor de azahar y notas de miel. Está para comprar 6 botellitas. Ya en la Cata 212 lo habíamos probado aunque se trataba de otra añada, la 2013.

Casa Madero 2V 2017. Vinificado con chardonnay y chenin blanc, es por eso lo de las 2 variedades «2V». Color amarillo verdoso, huele a caramelo de limón, buen paso de boca, frutal y de buena acidez, muy vivaracho. Para repetir.

Casa Madero 3V Gran Reserva 2014. Esto de  Gran Reserva  es sin lugar a dudas parte del nombre, por lo poco que sé no hemos llegado en México a legislar respecto al tiempo necesario en madera y vidrio para catalogar un vino de esa forma como en muchas denominaciones de origen españolas. Que además cada vez me parece a mí resultan más anacrónicas. Es un vino granate oscuro de capa alta, el primer golpe es madera y humo. Tanino áspero, desembocado, acidez alta… Pide a gritos una guarda para limar asperezas, sin asegurar con esto su integración. Inmemorable con causa.

El cuarto es un Casa Madero Gran Reserva Malbec 2014. Otro vino de 13.9 grados de alcohol, como los dos que siguen en el orden. Un vino denso, capa alta, aroma a dátil. ciruela, alcoholes altos sólo en nariz,  en boca está muy bien amalgamado, todo en su lugar, ha gustado mucho. Para media caja.

Casa Madero Gran Reserva Cabernet Sauvignon 2014. A pesar del nombre no se trata de un varietal, tiene  62% cabernet sauvignon y 38% merlot. Ciruela madura, térreo, tanino mullido, excelente acidez y final amargo. Me ha gustado más que el anterior, mucho más redondo. ¡Una cajita por favor!

El último de la noche fue un Casa Madero Gran Reserva Shiraz 2014. 100% Shiraz. Higo, fruta negra, chocolate y notas de vainilla, vino redondo de trago largo, bastante logrado, a muchos nos ha gustado. Repetible.

Carlos Serres

Publicado: 25 junio, 2018 en Novedades, Vino
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carlos-serres-2016.jpgHace mucho tiempo, cuando participaba de manera activa en el foro de Verema, había un productor de mucho prestigio en la comunidad: Carlos Serres, inclusive intervenía en el foro y sus vinos se comentaban a menudo. Ayer pasaba por los estantes de una de las tiendas que frecuento y me encontré con una botellita de tempranillo de este mismo productor, como no lo había probado, no lo pensé dos veces y estiré la mano para meterla al carrito. En la etiqueta aparece: Old Vines, así que siguiéndolo al pie de la letra se trata de viñas de por lo menos 25 añitos.

Ya en casa preparando una paella no dejaba de preguntarme el resultado del maridaje, y mira que a mí eso del maridaje no es cosa que me quite el sueño. Una vez descorchado y puesto en la copa me di cuenta de su frutalidad, una nariz muy expresiva y un color de vino joven; frambuesa con ribete oscuro. Aromas intensos a hollejos, ciruela y arándanos. En boca tiene una acidez exquisita y un tanino mullido que le da al conjunto un buen armazón. Vino de trago largo que invita a seguir copeando toda la tarde, creo que compraré media caja y que también con una buena parrillada  sirve para bajar la grasa. No quería dejar pasar este comentario porque creo que es un vino sin el defecto de tantos otros de maderas y alcoholes altos.

cata 218

Cadáveres de la 217

Hay catas especiales por la naturaleza de sus vinos, y hay catas con invitados especiales, dicho sea no por un simple cumplido, sino porque la plática pos-cata que se desarrolló el viernes pasado además de amena ilustra las dificultades por las que pasan los productores. Fue el caso de nuestra última reunión. Alfonso invitó a la mesa a Eduardo, productor de vino con viñedo propio en Parras Coahuila: Vinícola Las Pudencianas. Vino mezcla de cabernet sauvignon con tempranillo que más tarde comentaré.

Empezamos con un blanquito de vermentino que la podemos encontrar con varios nombres a lo largo de Italia. Belgvardo Bermentino 2014 se trata de un blanco amarillo verdoso, fluido y brillante, en boca de excelente acidez que me recuerda la piña un poco verde, hierba recién cortada. Vino jovial de acidez sobresaliente y para mi gusto abocado y frutal en boca. Bueno para estos calores de finales de primavera. Para tener un par de botellas acostadas.

El segundo Côtes de Provence Marius Peyol 2016 un rosado con tonos anaranjados cuya nariz me recordó a algún cooler que venden por sixpack, y que sin dejar de ser agradables no parece que bebamos un algo que valga la pena. Será que es muy malo o los rosados de esta región no los entiendo o ambas cosas. Inmemorable con causa.

El tercero fue el primer tinto, Crocus 2012 de Paul Bertrand, este vino viene directo de Cahors y es un malbec. Huele a fruta negra, madera nueva, acidez escasa, de tanino rugoso. Nada que me mueva a comprar otra botella.

El cuarto gustó a todo mundo, se trata de un Barbera D´Alba Sovrana 2012.  Huele al principio a granos de café y notas de vainilla, después da paso a la fruta; ciruela en sazón, pero lo mejor no es la nariz. En boca es redondo, acidez y tanino en equilibrio y de final muy largo. Un buen vino como para tener media caja y probar como va evolucionando en un par de años.

El quinto es otro Barbera D´Alba Castina Bruciata 2015, menos agraciado que el anterior, pero que a mí me ha gustado. Zarzamora, pimienta negra, hollejos y fruta roja. En boca se nota aún la juventud con unos taninos vivos, y una acidez que los atenúa un poco, final largo. Falta botella, para comprar media caja.

El sexto «rojo sangre, capa alta, dátil, buen cuerpo, tanino y acidez media, haría maridaje con cortes de carne roja» copiado textualmente de alguno de mis compañeros, ya que en este sexto andaba perdido con los anteriores y un poco distraído, la nariz no me daba para mucho más.

Eduardo Narro 2016Por último descorchamos un vino que generosamente trajo Eduardo de su bodega. Se trata de un cabernet sauvignon tempranillo. Eduardo Narro Reserva Especial 2016. Es difícil dejar los prejuicios cuando tienes en la mesa al productor, pero de todas formas no existe la objetividad. A mí me pareció un vino bastante equilibrado, no destaca el alcohol, ni el tanino, ni la acidez todo está en su lugar. Frutal y con un buen paso de boca, sinceramente es un vino agradable que puede repetirse y hasta tener unas botellitas guardadas. Por cierto que últimamente he visto con más frecuencia está combinación de uvas.

Con respecto a la amena charla pos-cata daría para escribir un par de entradas, pero me limitaré a decir que se programó una visita a Parras Coahuila en breve, eso sí, antes de la vendimia para poder disfrutar del paisaje y de cada rincón de la bodega sin la molesta muchedumbre propia en tiempo de vendimia.

Me llamó la atención que mencionara un nuevo enemigo de la vid alrededor del mundo, así como ocurrió a finales del siglo XIX en Europa. Aunque podría extenderse por cualquier viñedo, los daños en Parras Coahuila no han sido graves, se trata de la enfermedad de Pierce, causada por la bacteria Xylella fastidiosa, una bacteria  que puede sobrevivir y se multiplica en los conductos que transportan el agua en la planta (xilema). Sólo ciertas cepas  de la bacteria son capaces de infectar plantas de vid. Sin duda un problema que preocupa a los productores y que de algún modo tendrán que resolver. Hasta aquí con la reseña de la última cata.

FERIACORTADORJAMONHay una buena cantidad de fiestas alrededor del mundo, pero sobre todo en Occidente, donde el vino, el pan (trigo) y el queso son los protagonistas. Por lo regular marca un ciclo anual ya que en muchos casos corresponde con la vendimia.

El fin de semana pasado viajé al estado de Querétaro, concretamente visité la Feria Nacional del Queso y el Vino que se realiza en Tequisquiapan, pueblo catalogado como mágico. Mucha gente lo visita cada fin de semana, los días de asueto y cuando pueden escapar del caos y la locura de la Ciudad de México para sumergirse  en uno de tantos lugares turísticos alrededor de la gran urbe. Tenía mucho tiempo de no visitarla y como es costumbre atrae a mucha gente, en muchos casos no muy entendida ni del queso ni del vino, sino que ven la oportunidad de emborracharse probando de aquí y de allá las muestras servidas en vasitos, mejor dicho, dedales de plástico. Recipientes que distan mucho de ser los ideales para catar un vino, además de que contaminan el ambiente. Dicho sea al entrar en uno de los primeros puestos vendían copas de cristal, por desgracia no se me ocurrió comprar una. Instrumento indispensable en la tarea de degustar los diferentes vinos que ofrecían en cada estante.

En realidad nada que destacar, algunos vendedores del otro lado del mostrador no cumplían con los mínimos requisitos para esta tarea. Estaban mal informados y con prisa. Después de un recorrido de menos de 45 minutos y con dos botellas de vino en la bolsa; un blanco y un tinto, decidí que era hora de retirarme para pasar a Viñedos La Redonda. Puedo destacar de la feria la gran cantidad de nuevas bodegas, un fenómeno que me impresiona cada vez que asisto a estos lugares.

Nótese la diferencia entre el grosor de uno y otro tallo...

Nótese la diferencia de grosor entre uno y otro tallo…

La Redonda, bodega que en poco tiempo se ha convertido en una de las favoritas de los mexicanos, pujante y esmerada. In situ podemos ver cierta rusticidad además de los remolinos de polvo que venían de los viñedos al comedor con olor a estiércol, algo que no acabo de entender pero que tampoco pregunté. La vid es una planta que le gusta la mala vida, terrenos pedregosos que en el caso de otros cultivos no sobreviven ni una semana. Gracias a sus raíces que van directo al fondo, es que obtienen la ORLANDIhumedad necesaria. Luego entonces para que fertilizarlos. En el caso que ese desagradable olor sea lo que me imagino, o será que tienen vacas lecheras… Me gustaría que alguien me lo explicara. Probamos con la comida el Orlandi cabernet tempranillo, bastante resultón, frutal y con un leve amargor del tanino aún muy presente. Además abrimos un espumoso rosado refrescante y vivaracho para que las mujeres disfrutaran una copa y refrescarse un poco la garganta en medio de un calor sahariano y un sol inclemente.

Ya en la noche de regreso a la ciudad de Querétaro, cenamos por segunda vez en Il Duomo, un restaurante italiano cuya decoración nos recuerda algún castillo perdido en la Toscana, guardadas las proporciones. Aunque para mi gusto bastante oscuro en la noche; tendrían que reconsiderar la iluminación. Lo mejor sin duda alguna es el esmerado servicio y  su cocina. La primera noche pedí merluza en una sutil salsa que me recuerda a la sidra y los espárragos, algo espesa, y digo que me recuerda porque no tenía ninguno de estos dos condimentos.

¡Vinazo...!

¡Vinazo…!

Uno de los mejores platillos de pescado que he probado, además con su cuchillo especial, que raras ocasiones suelen agregar a los cubiertos, tan bueno que repetí al día siguiente. El mejor vino del viaje también lo bebí en este lugar, un soberbio  Valpolicella Brigaldara 2016, y quiero destacar la hechura de este tinto, color rubí de capa baja, fluido y brillante. Aromas a trufa, fruta negra de la mejor calidad y notas mentoladas. En boca es limpio, sutil, profundo enamora a cada trago, como para comprar una cajita. Cada vez que pruebo vinos de este calibre me devuelven el ánimo para seguir buscando nuevos vinos en medio de un mar de mediocridades.

Así termino está reseña de un fin de semana largo e intenso. Abur.

Haciendo un recuento para no perderme en el camino, después de la cata 213 en casa de Alfonso, miembro del grupo y además anfitrión, nos invitó una paella. Se me ocurrió averiguar qué vino maridaba mejor. Hay que recordar que aquí en México es raro que las paellas tengan conejo dentro de sus ingredientes, y que son combinadas. Lo que vendría a ser un «Mar y Tierra» en España. Compré un blanquito, un rosado (Marqués de Riscal) y dos tintos que han pasado al olvido. La mayoría coincidimos de que fue el rosado el que mejor maridó. Sin otro propósito más que pasarla bien, disfrutar la paella y saber qué vino se llevaba mejor con el platillo. Yo mismo hice la paella,  por desgracia me he  pasado de sal, y en una paella es un pecado mortal 😦

De la 214 ya he reseñado lo suficiente, y la posterior la 215. Se trató de vinos mexicanos comprados por internet por Paco, y que en honor a la verdad no levantaron suspiros, a mí en lo personal me gustó un syrah de la bodega Campo Real Vinícola: Tierra Adentro 2011.  Me pareció no sólo bebible sino repetible.

De Líbano a Coonwarra...

De Líbano a Coonwarra…

En esta cata cuyas expectativas no eran ni altas ni bajas, simplemente un total desconocimiento de los vinos. Al final resultó uno que otro muy interesante. Empezamos con un blanco australiano muy refrescante. Founder´s Block 2014 vinificado con savignon blanc. Amarillo pajizo brillante y fluido, aromas intensos a piña madura y durazno. En boca es fresco, abocado al principio, de excelente acidez, quizás más de lo que esperaba pero que daba al conjunto una buena armonía, resaltando su vivacidad, nada mejor para el calor junto a la alberca con algunas viandas.

Altitudes IXSIR Blanc 2015. Un segundo blanco de otra hechura. Huele a té de limón, té negro, mandarina. En boca es amplio y amargo en el paso de boca, una característica que siempre me ha gustado en los vinos blancos. Para media cajita.

Sileni Cellar Selection 2012. Austero, sin muchas concesiones, no muy aromático, después de unos minutos asoma un leve aroma a ciruela pasa y pastel de fruta. En boca es redondo sin destacar nada, equilibrado. Me gustó para repetir.

Altitudes IXSIR Rouge 2015. Este pinot desconcertó a muchos que pensaban en un vino evolucionado, aunque estaban equivocados, se trata de un pinot noir. Huele a fruta roja en sazón, tierra mojada y algo de especias; mejorana. En boca se nota algo de CO2; al entrar algo de cosquilleo, frutal y de acidez moderada, tanino mullido. Para una cajita.

Founder´s Block Shiraz 2013. Aromas intensos a grosella nota lejana a ciruela madura. En boca es austero y de final corto. Repetible.

Founder´s Block Cabernet Sauvignon 2015. Nariz corta, fruta negra indefinida. En boca es de tanino y acidez mesurada, sin enamorar. Inmemorable con causa.

CATA 213Ahora fue de sobaquillo. El primero de la noche: One Les Jolies Filles (Rare Rosé) anunciaba la etiqueta, buscando en internet no encontré la manera de cambiar el idioma de su página web al castellano y como mi franchute es muy pobre… paupérrimo, sólo pude saber que está vinificado con tres uvas tintas: 85% cinsault, 10% syrah y el resto mourvèdre. Este rosadito tenía un color evolucionado a piel de cebolla y tonos ámbar. Lo primero que llega a la nariz es mango, entrada un poco amarga recordando el té negro, un rosado diferente, quizás por su evolución. Repetible…

El segundo un Federico Paternina Reserva 2011, un vino maduro, sutil. Huele a paja mojada, barro, piel de rusia. En boca tiene una excelente acidez, tanino pulido y final larguísimo. Para media caja. Quien lo trajo asegura que es una de las mejores añadas en Rioja.

Bosconia 1998. Pura elegancia, huele a especias: mejorana, bosque bajo, ahumados redondo y profundo. ¡Una caja por favor…!

Después llegaron las burbujas, Moët Chandon Néctar Imperial, aunque no sea muy ortodoxo; ni la copa ni el orden de aparición y además se trate de un champán de producción en serie, lo disfrutamos todos. Burbuja rápida y de mediano tamaño, amarillo verdoso, abocado y fondo cítrico… al final, toronja blanca, muy ad hoc  para un viernes por la noche.

Montes Selección Limitada 2015. Vinificado con un 70% de cabernet sauvignon y 30% carmenere. Un vino que recuerda la miel de maple, sobre madurado, barroco, con alcoholes altos (14.5) que además se perciben.

RA Roganto 2014. Este vino mexicano lo he seguido por algún tiempo desde que lo encontré en los anaqueles de una tienda, hace ya algunas primaveras. Me parece sin lugar a dudas uno de los mejores vinos mexicanos, y si a esto le agregamos que podemos comprarlo por menos de 300 pesos se convierte en una opción no sólo para consumirlo de vez en vez, sino para comprar una caja. Un vino sin excesos, sin máscaras, directo, fruta de la mejor calidad, redondo, con un equilibrio excepcional, me recuerda los buenos merlot por aquello del pastel de frutas, fruta negra y especias.. Ahora mismo está para beberse y disfrutarse.

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The Sutton Place Wine Merchant, en el 855 de la calle Burrard.

Casi seis horas en el aire desde Ciudad de México para llegar a la principal ciudad del oeste canadiense, también dicen por ahí que es la más cara de América, y donde más asiáticos se dejan ver por todos lados, tanto visitantes como locales. Una ciudad cuyo crepúsculo llega después de las cuatro de la tarde en esta época del año, y cuyo clima lluvioso invita a estar cerca de la hoguera con una buena copa de amontillado.

Se percibe un cierto dejo europeo que por momentos parece uno estar caminando en  Barcelona, sin dejar por otro lado la sensación americana de sentirse empequeñecido por los grandes rascacielos. Al observar por las calles del centro una buena dotación de tiendas de vino, pensé que la oferta sería variada. Debo aclarar que sólo entré a una de ellas que estaba a unas cuadras del hotel. Se trata de The Sutton Place Wine Merchant, una tienda muy elegante que a pesar de sus grandes aparadores, apenas si dejan ver algunas cositas. Pero contaré lo que compré después de referirme a Whistler, mi primera escala. Fuera de mucha nieve acumulada en los puntiagudos techos y laderas de montaña convertidos en paisajes navideños, con sus amplias instalaciones para quienes aman el esquí, no ofrece mucho más a quienes no vamos precisamente a practicar este deporte. Con el espléndido paisaje por la ventana y un pint de Guiness en la mano, al calor de la chimenea las cortas tardes se vuelven inolvidables.

Restaurantes: nos habían recomendado Araxi Restaurant & Oyster Bar pero el día que nos enfilamos hacia allá, alrededor de las 8:30, nos advirtieron en la entrada que la cocina estaba por cerrar. Además de que sólo estábamos dispuestos a satisfacer el hambre con algo que valiera la pena, sin rebuscamientos, es decir no abundaba el espíritu aventurero de conocer nuevos establecimientos caminando a -9 C° sumado a los precios altos en las cartas. Nos enfilamos a otro lugar  dentro del mismo complejo de pequeñas tiendas y restaurantes frente al hotel Aave, donde nos hospedamos. Un lugar acogedor que más que un hotel parece un refugio de invierno; pequeño y confortable de techos inclinados y eternas chimeneas encendidas.  Pues decía que frente al hotel cruzando la calle fuimos a parar a The Old Spaghetti Factory un lugar comercial pero que no NOVASdecepciona a nadie, excepto por el servicio, aún tomando en cuenta lo abarrotado que estaba esa noche y que nuestra mesa era de diez personas. Una versión del Italianni’s en México. Cenamos pasta y ensalada con un Novas Gran Reserva de la bodega Santa Emiliana, que por ningún lado apareció la añada. Este chilenito orgánico de carmenere y cabernet sauvignon se portó a la altura e hizo su trabajo al maridar con la pasta. Bastante frutal y de buena acidez, creo que no hay mucho que agregar además de que su precio de 25 dólares canadienses en restaurante es bastante comedido. Un detalle que me llamó la atención fue que en las diferentes cartas de vinos que pasaron por mis manos en distintos establecimientos, no encontré una oferta decente de Icewine. Apenas si asomaba por un rincón el nombre de vidal: esa uva blanca híbrida que surge del cruce de la ugni blanc o trebiano italiana. Uva utilizada principalmente para la elaboración de brandy.  Pues dicho sea en esta ocasión no probé ninguno.

En la única tienda de vinos de los alrededores que en realidad era una vulgar liquor store, con anaqueles de vino californiano, australiano  y uno que otro europeo de medio pelo, encontré un Moselland Piesporter Michelsberg Riesling Kabinett 2016. Color amarillo verdoso, aroma a pera y durazno, boca sutil con un gusto cítrico y de final largo. Muy sabroso para beber una copita por las tardes en la habitación leyendo al  inglés católico Chesterton. También compré un Chenas Quartz 2014 de Domaine Piron un tinto que desde que lo descorché hizo alarde de su carácter animal: caza con pelo, almizcle, ahumados… con el tiempo fue moderando sus instintos animales, pero nunca perdió su carácter. Una noche visitamos un bistro que me pareció bastante cutre, aunque debo reconocer que la disposición del mesero y la comida eran sobresalientes, a tal grado que el vino pasó al anonimato, aunque me parece que fue  un malbec correcto, muy frutal que bañó un rico salmón en una salsa que nunca pude descifrar y que casi nunca pregunto de qué va, para no obtener respuestas confusas, como si me fuera a robar la receta… ¿Yo?

Ya de regreso a Vancouver debo enfatizar que el paisaje que se puede y debe  admirar durante las dos horas de camino, es precioso, con unos acantilados y agua a punto de la congelación y también nieve por doquier, ya sea en ríos, riachuelos y  lagos que nos remite a los recuerdos que llevamos muy hondo en la memoria de  cuentos navideños leídos antes de  la hora de dormir. Sobre todo para quienes vivimos en climas cálidos más cercanos al Ecuador.

MoutonniereLlegando al hotel mi estómago había dado ya varios conciertos de viento y percusiones… Así que sin perder tiempo nos lanzamos al único restaurante que había dentro del mismo: YEW (sea food & bar). Minimalista y de techos muy altos… Salmón en una cama parecido al cuscús fue lo primero que vi en la carta y un borgoñita que me guiñó el ojo. Dentro de la sección de «Sparkling» había cuatro: un prosecco, Luna Argenta, un rosé Summerhill Pyramid Winery de Okanagan Valley, después me enteré de que era canadiense (British Columbia), un Gruet Brut de Albuquerque y por último un vino con pedigrí: Pol Roger Cuvee de Reserve. Éste quizás sea el único pendiente que quedó en la lista. Me fui directo a los tintos y pedí un Roux Pére & Fils, La Moutonniére 2015, un borgoña de medio pelo, pero que no deja de ser un borgoña.  Muy juvenil, firme, frutal, dejando algo de fondo a tierra mojada, de excelente acidez, tanino mullido y de final  largo.

Hubo varias visitas a  museos, un día lluvioso me escapé a pie a la galería de arte que ostenta el quinto lugar en extensión de todo Canadá, fundada en 1931. Pude admirar varios retratos, muchos a lápiz otros carboncillo y la mayoría propiedad de la colección real del Reino Unido, entre muchas otras obras como retratos al oleo muy expresivos y con un manejo de la luz impresionante. Recomiendo también el acuario, y un jardín iluminado con millones de foquitos navideños, pero que sólo exhiben en diciembre y principios de enero. Siguiendo con nuestro recorrido vínico-culinario esa noche del jardín iluminado cenamos en Cáctus Café. Un lugar para jóvenes. A media luz pero con mucho ruido, apretado, la comida es buena y los precios un poco inflados. Pedí un salmón con salsa de Dijón que llevaba también alcaparras y cebolla caramelizada, muy bueno pero no tanto como el de YEW en el hotel Four Seasons. No dejé pasar una sola oportunidad para probar salmón en todos los restaurantes que lo incluían en la carta, cuando llegué con los análisis clínicos en mano y se los presente a mi cardiólogo, estuvo a punto de darme un aplauso. Parece mentira pero ese salmón subió el colesterol de alta densidad a 40 puntitos, que para quienes luchamos con mantenerlo alto es toda una proeza.

linguini de mariscos

Bocatto di cardinale

Una noche salimos del estacionamiento caminando de regreso al hotel y fuimos a dar milagrosamente a un restaurante muy concurrido y con muy buena pinta: Italian Kitchen. La carta es amplia y lo que pedí fue exquisito; un Seafood Linguini, que llevaba escalopas, langosta, langostinos, vino blanco, tomates asados, alcaparras y aceitunas sicilianas. Simplemente la mejor pasta de mariscos que he probado desde que tengo memoria, aunque yo sugeriría  una ración más generosa.

Otra de tantas frías mañanas, pero sin llover, me fui caminando hasta la tienda de vinos que estaba a un par de cuadras. The Sutton Place Wine Merchant. Cuando llegué a la puerta estaba cerrado y tuve que esperar unos minutos mientras daban las once. Momento para conversar con una vancouverita de mediana edad que me dijo en tono muy amable que se trataba de una tienda con buena selección y los encargados de la misma muy dispuestos. Ni una ni otra. Vinos alemanes sólo cuatro, borgoñas y algo más. Pero haciendo un minucioso recorrido por los estantes, sin la ayuda de las asistentes ya que sus respuestas eran frías y cortantes: ¿Do you carry Morgon from Marcell Lapierre…?  ¡No! Además de su rostro esculpido en  piedra… Raro en Vancouver donde nos recibieron casi siempre con una sonrisa. Al final, después de poco más media hora de búsqueda, compré cuatro botellitas interesantes que no encuentro ni de broma en México, con excepción del Gigondas. La lista es corta: empecé con otro Morgon que nunca he probado: Piron Morgon Cote du Py 2015, un Gigondas Chapoutier 2015, un Granit 30 Cornas 2015, un Côte-Rôtie 2014 y por último de cuatro filas de vino alemán, escogí un Dr Lossen spätlese riesling también de la misma añada. Al salir de la tienda ya estaba lloviendo. En un futuro habrá ocasión de ir comentando lo descorchado, después de un largo reposo en la cava.

Floración Tardía

Publicado: 10 enero, 2018 en El clima, Vino
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racimo tardío

Foto tomada el 8 de enero, antes del envero

La vendimia, ese acontecimiento festivo que da lugar a bailes, comilonas y excesos, y que en el hemisferio norte se realiza entre agosto y septiembre, y en el sur seis meses después, fuera de los casos en que se dejen los racimos madurar más de la cuenta para obtener una mayor concentración de azúcar residual (cosecha tardía) que puede resultar una vendimia hasta noviembre o diciembre.

La vendimia ha marcado un ciclo en la vida del hombre, que ha sabido observar y que ha de guiarse para desarrollar otras tantas actividades, sobre todo en países cuyas estaciones son más marcadas; con calor en los largos días de verano y nieve en invierno.

Todo hasta aquí suena lógico, hasta que descubrí que la parra que tengo plantada en  el jardín de mi casa ha dado frutos a finales del año pasado. Sí, por ahí de junio apenas dio unos racimos enfermizos que me obligaron a podarla dejando sólo el tronco y algunas ramas. Cuál sería mi sorpresa que poco después florecería en todo su esplendor, para más tarde asomarse unos cuantos racimos.

Si alguien sabe qué sucedió, por favor que me lo explique, porque sospecho que no seré el único intrigado. Yo definitivamente no sé la razón de este florecimiento tan tardío.