


Cambio de espacio, cambio de aires, nuevas vistas, nuevos vecinos y nuevas cuentas…
Lo primero que me pregunto al mudarme de oficina, es por qué guardé tantas porquerías durante los cuatro años que ocupé mi antigua oficina. ¿Por qué…?
En estos tiempos el correo es la fuente principal de basura: publicidad, cuentas por pagar, promociones, todo dentro de sobres, sobres grandes que contienen sobres más pequeños, cajas dentro de otras cajas, al estilo matrioska. Revistas, periódicos, instructivos que nadie lee, cables de todo tipo, cargadores de diversos artefactos eléctricos, CDs que quién sabe que contengan, basura, basura y más basura. Hay estudios socio-económicos basados en la basura, proporciona detalles precisos de la civilización que la produce, en los países desarrollados es infinitamente mayor a la de los países en desarrollo, donde todavía comen plátanos “naturales” y la cáscara es biodegradable.
Siento un alivio al deshacerme de tanta basura, y esto lo digo de manera literal. Prometo de ahora en adelante, tirar todo lo que no me sea útil en un futuro a muy corto plazo.
He transformado una terracita chocolatera de los años sesentas, donde mi padre jugaba dominó con sus amigos, en mi oficina. La gran ventaja es que aquí no pagaré renta, las únicas cuentas a pagar serán las del teléfono, la energía eléctrica y el internet. Algo muy deseable en estos tiempos de crisis.
En otro tema; me sorprende la avalancha de entradas en los blogs de vino en castellano invitando a que la gente vote por su blog. Después de las tortuosas campañas políticas que pasamos quienes vivimos en México, parece que no sólo se da en los círculos políticos. El hecho de que alguna alma generosa haya inscrito mi blog a este concurso, me halaga mucho, ya que estoy acostumbrado a no ganar ni siquiera el muñequito en la rosca de reyes, además pienso que se puede desvirtuar muy fácilmente la esencia de este concurso. No en vano han colocado ya un aviso en letras rojas advirtiendo que se penalizará con el 50% la primera vez hasta la eliminación a quienes incurran en «patrones atípicos en la votación…» quién sabe qué rayos quiera decir eso, aunque poca gente podrá resistir a la tentación de votar por su propio blog y hacer propaganda. Y ya que muchos enoblogeros han llevado agua a su molino en el concurso de blogs, organizado por el Diccionario del Vino, yo sólo los invito a que le echen un ojo.
Había pensado en bautizar esta entrada con el título de: «No apta para diabéticos». Vinos de cosecha tardía, otros también botrizados y un espumoso demisec… Aaah y se me escapa un vino de Burdeos vinificado con semillón y savignon blanc. Seco, para contrastar con tanto dulzor, y al final un cava demisec. Los nueve integrantes en esta ocasión, porque somos casi una docena, once siendo exacto, disfrutamos de todos los vinos, con nuestras respectivas preferencias, algo natural entre nosotros los humanos. Chile, Francia y España estuvieron presentes, lo que fue una grata sorpresa, por lo menos para mí, ya que no figuraba ni siquiera en mi mente, es que al final acabaría sacando de la cava un Borgoña del 58, pero eso se los cuento después. Abrimos boca con un chilenito de cosecha tardía Artemisa 2006, con perfil tropicaloide; piña cristalizada, mango, mucho mango con una arista alcohólica resaltada por el azúcar residual, y de acidez muy justa rayando en lo meloso. El segundo de la noche fue un Sauternes de Sichel añada 2003, una añada muy comentada por su calor que dio como resultado vinos golosos y frutales. El primer golpe fue de acetatos de etilo, comúnmente se percibe como merthiolate, olor que no desapareció en toda la noche, esta nota la percibí por primera vez en un
Chateau Timberlay 2005, que podía haber apostado que llevaba savignon blanc por el intenso olor a orín de gato, asociada a esta uva, al mirar la etiqueta me di cuenta de que se trataba de una mezcla con semillón. Un vino cansino, que ha pasado su mejor momento. El último vino oficial fue un cava de
Castellblanch, a pesar de su dulzor, pudo limpiar mis papilas para darle entrada a un tinto. ¡Y qué tinto! Hace una semana mi amigo y más reciente compadre, ya saben que los mexicanos somos muy dados al compadrazgo, me trajo unas botellitas de regalo, algunas ya eran vinagre, pero llamó mi atención dos botellas magnum borgoñesas del 58. Hospices De Baune Corton Cuvée Charlotte Dumay 1958, mis expectativas eran muy bajas, una de ellas no tenía la añada, ya que se había desprendido la etiqueta del cuello de la botella, pero deduje que se trataba de la misma añada que la de su botella hermana. Nivel por debajo del hombro. A pesar de todos mis esfuerzos quirúrgicos para descorcharla sin que sucediera una tragedia, y usando el famoso destapacorcho de láminas, el deteriorado corcho hizo un viaje sin escalas al interior de la botella. Con cara de incredulidad serví un poco en mi copa…El primer comentario de Carlos Cué fue que mi mirada no delataba vinagre, este vino estaba muy lejos de los terrenos acéticos, me apresuré a decantarlo para que el corcho no lo contaminara. Y después me deleité con este vinazo, cuyas condiciones de guarda desconozco por completo pero a juzgar por el vino, no pudieron ser tan hostiles. Color ocre, con mucho sedimento, (foto) aromas de cuero de primera calidad, trufas, bosque, a la mejor digo una barbaridad, pero le encontré un perfil parecido a un Rioja clásico. Al principio el grupo estaba un poco escéptico, pero poco a poco fue entrando en sintonía con este veterano, yo lo disfruté trago a trago. Lo mejor de todo es que me queda otra botella.
En varias ocasiones dentro de mis visitas culinarias a restaurantes que ofrecen vinos de la denominación de origen Ribera del Duero, me encuentro con la letra «v» en lugar de la «b». En sentido estricto, no se trata de un error ortográfico, ambos términos se encuentran en el diccionario de la RAE.
El domingo pasado fue de paella. Paella que yo mismo preparé. Un verdadero placer la cocina, desde el momento que salgo a comprar la materia prima, hasta que coloco la paella ya lista en la mesa. Como en España, México tiene muchas variantes, hay quienes hacen gala de su originalidad agregándole: chistorra, alcachofa, cangrejo, baby pulpo, salchichas…hasta un chorrito de Corona en el último hervor. Para mí también es una referencia muy concreta de por dónde vamos con la inflación, en cada ocasión que hago las compras para prepararla, se incrementan los precios, y me veo en la penosa necesidad de sacar de mi cartera un poco más de los devaluados pesos. Pero esos son temas económicos que no se antojan en domingo.
Florencia, Italia. Ya se pueden imaginar los efectos del vino en las mujeres, así que el estudio es más que nada confirmatorio:
Hace unos días leía un hilo en 
Mis primeros recuerdos del vino me remontan a una alacena que tenía mi madre en casa. Allí guardaba mi padre algunas botellas de vino que pronto se convertían en vinagre ya que las guardaba paradas y con la mitad del corcho de fuera. Un desastre. Ni que decir de la temperatura y la humedad. Él no fue un enófilo ni mucho menos, sus encuentros con el vino eran muy casuales y rara era la ocasión que lo bebía sin combinarlo con alguna otra cosa. A pesar de todo, mi memoria olfativa me lleva a mis primeros encuentros con los riojas, que sin ninguna certeza, pudieron haber sido; Tondonia, Federico Paternina, Marqués de Riscal y Marqués de Cáceres, vinos que llevan mucho tiempo en México, y que han sido de la preferencia de los mexicanos y españoles residentes en este país.
El tapón de corcho, ese trozo de corteza cilíndrico extraído del querqus suber, mejor conocido como alcornoque. Posee características que lo hacen único: es elástico, es impermeable a los líquidos, es ecológico. Aunque aún no está muy claro su impermeabilidad a los gases.
La tecnología moderna me está rebasando, el siglo XXI ha llegado con una oleada de inventos que hasta hace poco sería imposible de concebir para nuestros padres. A mis ya bien entrados cuarenta y tantos, me siento a veces fuera de lugar. No tengo ipod, ni celular con cámara integrada, de no sé cuántos megapixeles, ni tampoco tengo lap top.


aceptar otro sistema de cierre para los vinos como; el plástico, vidrio y acero. Usar el sacarcorcho es parte del rito del vino, cualquier otra maniobra en la boca de una botella va en contra de las prácticas ortodoxas de este ritual. Hay quienes se resisten a comprar botellas con «corchos» sintéticos o tapones metálicos, algunos aluden que estos últimos causan cáncer. Lo cierto es que todavía son mayoría los vinos con corchos naturales. Dejando de lado las consideraciones estéticas y románticas, el corcho es un excelente material, impermeable a líquidos y a gases. Para mucha gente la micro-oxigenación es algo indiscutible, tan real que no admite ningún tipo de juicio. Para mí ésto ha sido motivo de búsqueda durante algunos años. No hay pruebas concluyentes que aseguren tal intercambio de gases. Las presiones que se necesitan para que un gas traspase un corcho no se dan en condiciones normales dentro de una bodega. Pero dejaré el tema para otra entrega.
