La foto de Dalí, es de la caja donde venían las botellas

Hoy he despertado más temprano que de costumbre, frotándome las manos he corrido esperanzado y contento al pie del arbolito de Navidad… pero los únicos regalos que han dejado los Reyes Magos han sido para mis hijos. Tampoco me puedo quejar, no tengo las manos vacías, recibí en mi oficina dos vinos de regalo de mi amiga Leticia. Hace poco me había pedido mi dirección para enviármelas. Se trata nada menos que de un fino La Bota de Fino, Macharnudo Alto, saca de junio de 2008 y un manzanilla La Bota de Manzanilla No. 8 Las Cañas, saca de octubre de 2007. Dos vinos de la bodega Equipo Navazos, que francamente nunca he probado y que jamás había visto en México, a juzgar por la contraetiqueta, el marbete y porque Leti importa vinos de España, creo que ya los puedo conseguir por aquí, sino es así, por favor sácame del error, de otra forma agradecería que me dijeras donde los consigo. El caso es que a estas horas ya están reposando en mi bodega. Agradezco mucho a Leti el regalo y aún más el hecho de tomarse la molestia de enviármelo a la puerta de mi oficina, a sabiendas de lo mucho que disfruto estos vinos y la imposibilidad de conseguirlos en México. Sólo espero que reposen un poco del viaje y se les quite lo mareaooo, para descorchar una de ellas. Tal vez empiece con la manzanilla por ser más frágil que el fino.

Ya les comentaré más adelante qué tal.

Dicen que «el pedir no empobrece…» y es que hacer castillos en al aire tampoco. Así que ahí van mis peticiones para los Reyes Magos, que por cierto hace mucho que no me conceden algo.

1.- Que la Borgoña no se pase del lado de los productores de vino estilo «carpintería» , o de ese lado oscuro que tanto se proclama en contra Jonathan Nossiter. Habra quien diga que es demasiado tarde que ya hay muchos productores como Bouchard Pere & Fils, algunos de sus vinos ya pecan de lo mismo. Creo que todavía hay muchos que no. Romanee Conti utiliza madera nueva, ¡pero con qué maestría! Estoy a favor del buen uso de la madera, cuando se tenga que poner.

2.- Que dejen de utilizar esas levaduras cultivadas y seleccionadas en laboratorio, para que los vinos no adquieran esos aromas y sabores tan artificialmente tropicales. Sobre todo los blancos del Nuevo Mundo, si es que todavía existen diferencias con el Viejo Mundo.

3.- Que los jereces sigan como están, y que no se le ocurra a Parker hacer una visita de trabajo al sur de España.

4.- Que a los productores mexicanos por un momento los voltee a ver Diosito y les ilumine para que no sean presa de las sequías, saqueos de arena en sus ríos, impuestos excesivos y que tampoco sean víctimas de la moda; del roble nuevo y maceraciones en frío prolongadas.

5.- Por último, pido disfrutar de más y mejores momentos con mi familia y mis amigos en torno a esta bendita bebida que Dios nos ha dado.

Quien quiera agregar o quitar algo a la lista que lo diga ahora o que calle para siempre.

Dando un ligero repaso de todo lo que bebí durante el 2009, me he quedado con un puñado de vinos que merece la pena volver a comentar, por lo menos para mí, como un ejercicio necesario para futuras compras. Aunque habrá unos cuantos que no creo encontrar de manera tan fácil como cuando llegaron a mis manos.  Es el caso del Haut Brion 1964. Los vinos que permanecen en el paladar y en la memoria no necesitan libreta de notas, la «libreta de notas» para mí es algo intangible, cuando me refiero a ella puedo estar hablando de mi escasa memoria, de una servilleta o de un pedazo de papel arrugado, eso no importa. Algo transitorio mientras llego a casa y pongo mis anotaciones a salvo del cesto de la basura. Debo reconocer que el tiempo me ha hecho menos cuidadoso y poco estricto. Al principio tomaba nota de todo lo que bebía, aunque mis notas eran aún más aburridas que ahora, les faltaba algo de sal y pimienta, el tiempo también me ha hecho ver las notas de cata como una crónica de todos aquellos detalles que rodean esa copa de vino, no sólo los colores, el aroma o el sabor, sino la circunstancia misma. Así que sin mirar «la libreta»…
Recuerdo aquel Mogor Badan 1998, decorchado en un maratón organizado por el dueño de un restaurante de cortes argentinos para sus amigos, no lo conocía pero fui invitado por uno de ellos. En esa ocasión se descorcharon varios vinos y éste junto con un Caballo Loco No. ??? no sé si fue el 8, pero lo que sí sé es que fueron los dos mejores. Creo que también estuve influido por las bajas expectativas que tenía de estos vinos, pero para ser franco me gustaron mucho, no como para comprar una caja, pero sí para repetir. Su precio… Ni enterado, gracias a la generosidad del anfitrión.

Clos de La Barre 99 de Drouhin, sigue siendo de mis borgoñas favoritos. Parafraseando a Hugh Johnson: «Puño de hierro con guante de seda». Aunque tengo la tarea pendiente de probar nuevos viñedos y productores como: Coche Dury, Ramonet, Anne Gros, Faiveley y lo que pueda caer de Romanee Conti. Por qué no. Aunque ya cayó un Romanee St. Vivant 1994, no este año, hace ya algún tiempo. Pero no cierro las puertas a la mejor los Reyes Magos me escuchan.

Drappier Zero Dosage, este pinot noir pálido es de mis favoritos; para comprar una caja. Otro espumoso que me viene a la mente es el Billecart-Salmon Brut Blanc de Blancs 1998. Un vino aún muy joven, de excelente burbuja y complejidad, aunque yo apostaría que puede mejorar en botella.

Me gusta encontrar variedades nuevas, como aquel Pian del Bichi 2008, de la Maremma en la Toscana, vinificado con Vermentino, un vino muy sabroso de excelente acidez, cítrico y con un fondo herbáceo delicioso. Grecanico, una uva aún desconocida para mí hasta hace una semana. Aquella copita de La Segreta 2007, la disfrute como pocos.
Y qué decir de aquellas exquisiteces jerezanas, con el Oloroso y el Palo Cortado, de la bodega Fernando de Castilla. Dos grandes vinos que por fortuna ya se encuentran por estas latitudes. Una uva que desde hace mucho no disfrutaba tanto, como varietal, me refiero a la cabernet franc. Y aquel Marc Brédif 2006 de Chinon que me hizo volver a poner los ojos en estos exquisitos tintos del Valle del Loira.
Hablando de valles, el de Beka no se queda atrás, Chateau Musar 2000, un vino seductor con todos los encantos de una visita a un mercado libanés.

El Vino del año

Quiero cerrar esta entrada con un vino muy especial, que perdurará en mi memoria el resto de mi vida. Haut Brion, siempre ha gozado de una excelente reputación, pero cuando se trata de una botella magnum añada 1964, guardada por varios años en mi cava y compartida en un día especial con mis amigos y mi esposa, todo se transforma en algo mágico. Espero probar más vinos de esta añada, pero éste será inolvidable.

Seguramente han quedado muchos vinos en la libreta, pero tampoco se trata de hacer una larga lista, simplemente son los que más recuerdo.
Mis propósitos para este año no son tan elevados como los que he escuchado y leído de algunos amigos, simplemente seguir haciendo lo que más me gusta, acompañado de mi familia y gozando de salud.
Que todos sus proyectos se cumplan y gocen de buena salud. ¡Bienvenido el 2010!

Estos días post-navideños y víspera de Año Nuevo se antoja escaparse a la Ciudad de México, o por lo menos pasarse medio día entre el teatro y el restaurante… Es el mejor momento: calles solitarias sin aglomeraciones y con un buen número de divertidos y sabrosos lugares abiertos. Después de una obra musical en el añejo teatro Insurgentes, disfrutamos de La Novicia Rebelde, apta hasta para bebes de brazos, lo pude constatar echando un vistazo a mi alrededor y contar a más de dos. ¡Por fortuna muy bien portados! Una obra musical muy bien adaptada y amena, impecable vestuario y mejor escenografía, buen reparto sin ser actores muy conocidos son todos talentosos, hasta la chiquita Gretl que ya tiene muchas tablas para su corta edad.

Después de la obra, siendo casi las cuatro, tomamos rumbo sur a un restaurante en una plaza comercial. Un lugar que frecuentaba ya sea para comprar vinos, jabugo y queso o para quedarme a comer: Viña Gourmet, ambiente esnob para qué negarlo, pero también buenas copas, buena comida, y buenos modales de parte de los meseros. Aunque dicho sea la gente de la tercera edad tiene muchas probabilidades de romperse la nariz por la escalera tratando de ir a los sanitarios, o bajar a las mesas… Después de que me vendieran una botella de muestra, ya no había vuelto, no tanto por el detallito de la botella, sino por la paupérrima respuesta del dueño…¿querías que te la regalara…? Yo no voy a esos lugares a que me regalen nada, vender una botella de muestra es indecente y abusivo, para decirlo suave. Después de este rollo de malos entendidos volví por invitación de mi cuñada.
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Empecé con espíritu aventurero; un blanquito por copeo de 89 pesos, para los estándares actuales y estando como estaba valió la pena la elección, además de que se trata de La Segreta 2007, siciliano vinificado con grecanico (uva que ni siquiera estaba enterado de su existencia) y chardonnay, aunque en la carta mencionaba también viognier. Su nariz es bellamente floral, así que no dudo que esta última variedad esté presente en la mezcla. Color oro viejo, brillante. Nariz, repito muy floral y algo herbáceo, en boca es amplio y de final poco amargo; té verde, cítrico y mineral de buena acidez. Me gustó, y mucho.

Jiménez-Landi Selección, 2005

En ese momento, a petición de mi cuñada, me levanté de la mesa y busqué un tinto. Al pasar a la tienda por el pasillo de los españoles, recordé una etiqueta que días antes había ensalzado mi amigo Joan Gómez en su blog, Devinis. Una ocasión que no podía dejar pasar, ya que pocos vinos de los que se comentan de manera tan positiva se encuentran por estas latitudes. Así que sin dudarlo un solo instante pedí esa botella. Una vez en casa he echado un vistazo y resulta que es la misma bodega pero con algunas diferencias en la etiqueta, se trata de Jiménez-Landi Selección añada 2005, de todas formas valió la pena. Aunque francamente sí duele que inflen los precios… alrededor de 40 euros. Este Méntrida rara denominación de origen española para su venta en México, presenta aromas a fruta negra; zarzamora y ciruela, así como notas mentoladas. Joan lo describe como hoja de eucalipto estrujada en tu mano. Aunque no se trata del mismo vino, encontré esos mismos aromas de eucalipto. Paladar elegante y sutil , taninos maduros y suaves, de buena persistencia y final largo. Bellotero con queso manchego, un buen trozo de pan, qué más se puede pedir…
Ahora a esperar la Noche Vieja, y renovar ánimos para el siguiente año.

Nota: Capirucha: Término coloquial, y yo diría hasta naco, para decir capital. En este caso capital de la República Mexicana.

Nochebuenas

Hoy es jueves, por la noche se reunirá la familia a cenar celebrando la Navidad. Mañana será uno de esos días donde parece que el reloj se detiene y las calles se vacían. El frío ya se deja sentir y los tintos salen de la bodega para reconfortar el cuerpo.

Por la mañana escuchaba en la radio las aportaciones de México a la Navidad: la flor de Nochebuena, el guajolote (pavo), las piñatas y las posadas. No cabe duda de que somos un pueblo pachanguero y despreocupado.

Leyendo el periódico Reforma, me encuentro con la sección Buena Mesa de los viernes, como ya mencioné, mañana la gente estará descansando, es la única razón que encuentro para este cambio de fecha. El Sr. Gerschman parece muy preocupado por el «saqueo» de arena de los ríos de Baja California, nota previamente publicada en este mismo periódico por el enólogo Hugo D´ Acosta. Otro motivo más de preocupación para mucha gente del Valle. Según comentan esa arena la llevan a EE.UU. donde su práctica está prohibida.

No me cansaré de reconocer las virtudes y bondades del ciberespacio, aunque también existe el lado oscuro, pregúntenselo a los bancos que han tenido que gastar fortunas en sistemas de seguridad contra fraudes. Así también podría agregar el mal uso de la información en las dichosas «redes sociales». Pero este blog ha sido mi cuaderno de apuntes de muchos de los acontecimientos vínicos a mi alrededor, he tenido el gusto de conocer e intercambiar ideas con algunos lectores que se animan a dejar algún comentario. Hace poco conocí a José Manuel y a su esposa en una cena, un enófilo como muchos de mis amigos, nada tendría de particular de no ser porque es uno de los dos lectores asiduos de Gota a gota, desde sus inicios. En la primera charla que tuvimos esa cena, parecía que ya me hubiera conocido de mucho tiempo atrás, y así era, las letras dejan huella y él generosamente ha leído mucho del material impreso en estas páginas, hecho que celebro y agradezco. En esta segunda ocasión hemos tenido el honor de ser invitados mi esposa y yo a su casa a comer, junto con otra pareja de amigos.

Bacalao a la Vizcaína con Tondonia Blanco…

El bacalao a la vizcaína fue preparado con esmero por la anfitriona, Griselda y la crema de elote por Bugy. La primera duda planteada fue el maridaje, ¿Qué va con el bacalao a la vizcaína? De momento cruzó por mi mente algún blanco fermentado en barrica, quizás un chardonnay, después pensé en un espumoso con algo más de 15g por litro de azúcar residual, propios de un demi sec. En Verema leí alguna sugerencia de un tinto de maceración carbónica, algo muy difícil de conseguir por estas latitudes, fuera de la goma de mascar sabor fresa del Beaujolais Nouveau. Curiosamente el Sr. Gerschman recomienda hoy uno mexicano, Marcel 2008, vinificado con cabernet sauvignon, trataré de encontrar alguna botellita, aunque ya no sea para esta comida. La entrada fue una crema de elote, que podía maridar con el mismo blanco del bacalao. ¿Y el postre? No estaba al tanto del postre así que como es mi costumbre bajé a la bodega y escogí un par de botellas procurando que por lo menos no hicieran un corto circuito con el menú. Jaume Serra, semi sec reserva y Tondonia blanco 1987.

En una coqueta terraza empezamos con el cava, color amarillo oro y de buena burbuja, al principio olía a pan tostado, con un poco de aire dio flores secas y mantequilla quemada. Un cava en la rayita de la madurez… La charla a quienes nos gusta el vino puede tomar derroteros muy variados pero siempre con un desenlace vínico.
Una vez en la mesa, primero con la deliciosa crema de elote y después con el exquisito bacalao a la vizcaína, nos deleitamos con el maridaje del Tondonia blanco. Madera usada en la justa dimensión y la acidez propia de la viura con el tratamiento de esa legendaria bodega del barrio de la estación. Texturas y sabores en plena armonía. Federico por razones que no viene al caso mencionar está en un receso de bebidas alcohólicas, así que nos acompañó con un vino alcohol free… ya le dije que para esos casos es mucho mejor la cerveza sin alcohol, que sabe más a cerveza que el vino alcohol free a vino.
Después de una recomendación echada al aire de un cabernet franc, uva que siempre he considerado como frutal y llevadera con muchos de mis platillos favoritos, descorchamos un vino traído por Federico y su esposa, se trata de un uruguayo de cabernet franc con una proporción más alta de tannat. Sí tannat y cabernet franc, frutal en nariz. Isla de Lobos Reserva 2007, aromas a hollejo, mermelada de ciruela y de final corto, falto de acidez.

Oxigenador exprés

Después del sabroso pastel de zanahoria, acompañado de un exquisito café, el anfitrión sacó un Señorio de Nava, reserva 1999. ¿Estará en condiciones? me preguntó. Con diplomacia respondí que lo mejor era descorcharlo en lugar de especular… La cosa era muy seria. No contaba con que José Manuel traería a la mesa uno de esos aparatos de última generación para oxigenar el vino, Vinuturi. La diferencia fue notable, la primera copa; aromas a reducción y un final más corto que un cuento infantil. Una vez que el vino pasa por ese «sifón», que por cierto hace el mismo ruido que un catador oxigenando el vino en su boca, sorbiendo pequeñas cantidades de aire…la cosa cambia diametralmente, queda en la superficie un aperlado muy bonito, dejando atrás todos los aromas desagradables de reducción, con un posgusto algo más largo y con más nervio. ¿Qué pasó? Se puede percibir un vino en su madurez desde su color tirando a marrón, así como la fruta roja en sazón y lejanas notas ahumadas. Diez años son suficientes. Cuando nos dimos cuenta ya pasaban de las ocho, una larga sobremesa. Hora de retirarse.
Gracias por abrirnos las puertas de su casa y compartir esos chispeantes momentos, que hacen que valga la pena escribir y compartir este blog.

Casa Lapostolle, en lo alto de la montaña, aprovechando la gravedad.

«Imagine la bodega de sus sueños y tener a su disposición medios financieros ilimitados. Este podría ser el tema de un examen de fin de curso de un enólogo o un ingeniero viticultor. Si a los viticultores se les preguntara sobre este tema, sus respuestas indicarían, con toda seguridad, las mismas prioridades: principio de gravitación, control preciso de la temperatura, material funcional y fácil de limpiar así como suficiente espacio para todos los trabajos necesarios» (…)

Este fragmento que he copiado íntegro del libro: El Vino de André Dominé (pag. 126). Me hubiera sido de mucha más utilidad en mi examen profesional, que el día de hoy. Una de las preguntas más difíciles de contestar fue precisamente el de las necesidades en una bodega, en aquel momento no se mencionó la palabra ideal, pero creo que hubiese quedado aún más claro. Desde hace relativamente poco tiempo se ha dado relevancia a la fuerza de gravedad en los procesos de vinificación, ésto con el fin de no utilizar bombas que puedan influir en la calidad del mosto y del vino de manera perjudicial. Mismos principios seguidos al pie de la letra en Casa Lapostolle, a las afueras de Santa Cruz en el Valle de Colchagua en Chile. Otro buen ejemplo es Viña Real en Rioja, diseñada por el arquitecto francés: Philippe Mazieres. Nuevos materiales, nueva tecnología, que va transformando el arte de la vinificación. Quizá peque de romántico y tenga que corregir por; la industria de la vinificación. En el fondo quien utiliza y decide las técnicas es el enólogo, aquí no hay pilotos automáticos, no se ha llegado a eso todavía, pero quizá ese sea el último paso para poder llamar proceso industrial con todas sus letras a la vinificación.

Pago Viña del Olivo, Contino

Otro problema de actualidad es que muchos enólogos se olvidan del viñedo, la uva llega a sus puertas como mera materia prima, las cooperativas son un gran alivio para muchos productores de vino, hay quienes se preocupan por la calidad y otros por la cantidad. Recuerdo aquella charla que tuve con mi amigo Jesús Madrazo, enólogo y cabeza de Contino, parafraseando me decía que el viñedo debe de tomar la importancia que ha perdido.
El enólogo se ha volcado a la producción dejando de lado el viñedo. Me parece una tendencia peligrosa, demeritar la materia prima. A cada rato me entero que en España la uva se paga a precios miserables, pero pocas bodegas son autosuficientes, sus viñedos, en el caso de tener alguno, no cubren la demanda. De México no tengo ningún dato confiable, así que mejor espero a Valente para que nos cuente algo al respecto. El cuidado del viñedo y la vinificación deben ir de la mano.

Después de revisar algunos datos sobre el vino en México, recogidos de aquí y de allá, tengo una idea más clara de la situación actual, para mí nada alentadora. Una cosa son las medallas que podamos colgarnos y otra las cifras duras y frías. Cuarenta millones de dólares es un pastel muy pequeño, el cosumo interno desciende, las importaciones son mayores que la producción interna y no se ve un panorama muy halagüeño en el mediano plazo. Se prevé un crecimiento del 12% anual durante los próximos cinco años. Un dato que pudiera ser muy bueno, si nuestra producción fuera mucho mayor.

1.- México tiene alrededor de 30,000 Ha de viñedos: El 83% se encuentra en el estado de Baja California, 8% en Querétaro, 4% en Coahuila, 3% en Zacatecas y 2% en Aguascalientes.

2.- La superficie de viñedos disminuyó de 70,520 Ha en 1984, a 36,550 en 2005.

3.- Se producen un millón cien mil cajas de vino al año. El 70% es tinto.

4.- El 90% de la producción se consume en México. El 40 % del consumo total es de vino mexicano, el otro 60% es importado.

5.- Son 50 vinícolas las más importantes con 250 marcas, la industria vitivinícola genera 7000 empleos, el 50% son temporales.

6.- En el 2007 la facturación fue de 42 millones de dólares, 11 millones de impuestos entre el IVA y IEPS*

7.- En 2005 el consumo de vino fue de 0.14 litros per cápita, ocupando el centésimo sexagésimo lugar (160) a nivel mundial.

8.- El 41% de los consumidores prefieren el vino tinto, 25% el blanco, 17% el espumoso y 16% el rosado.

9.- Los aranceles para la importación de productos de la Unión Económica Europea disminuyeron desde el año 2000 con el 30%, hasta 0% el 1 de julio de 2008. El arancel para Chile es de 0% desde 1996.

10.- Chile y España son los dos mayores exportadores de vino a México.

Datos comparativos:
Francia consume 55 litros per cápita, Italia 48, España 35, Argentina 28 y Chile 16.
En Mexico se consumen 50 litros de cerveza per cápita y 150 litros de bebidas carbonatadas (refrescos).

Fuente: Asociación Nacional de Vitivinicultores (ANV), Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), y Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO).

Los datos recopilados corresponden en su mayoría al año 2005.

*Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios.

Maridaje expedito

Publicado: 16 diciembre, 2009 en De lo social, Vino
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Observo en los restaurantes con más frecuencia, cartas que incluyen además de sus platillos sugerencias de maridaje. Algunas cartas son muy precisas señalando; marca y añada, otras dejan al consumidor en libertad de elegir entre tres o cuatro vinos diferentes, un buen ejemplo es la carta de Tierra de Vinos. Aunque francamente eso del champán con bellotero no me lo puedo imaginar, además de que habría que matizar de qué champán se trata, como en el caso de las otras sugerencias; «verdejo», «tempranillo», «albariño»…hay que reconocer que hoy en día los vinos se parecen unos a otros, pero afortunadamente todavía existen diferencias sustanciales entre algunos productores. No es lo mismo un mineral albariño de Palacio de Fefiñanes que un licuado de plátano de Martín Códax.
Al final es una buena forma de promover el vino y ayudar a la gente a acercarse al consumo del mismo, sin que se rompan la cabeza pensando qué pedir. Lo que es cuestionable es la manera en que algunos restaurantes lo sugieren. He escuchado en más de una ocasión recomendaciones de un merlot chileno, con pescados de sabor y texturas delicados, sólo falta que indiquen que debe tener 14.5 % de alcohol por volumen. El criterio es discutible, la idea no es mala. Confieso que no estoy muy preocupado del maridaje, en la mayoría de los casos pido primero el vino y después la comida, aunque en muchas ocasiones sé de antemano que no casa muy bien una cosa con la otra.

Hay productores de vino interesados en estrategias simples para que el cliente pueda escoger su vino en función del maridaje, ya son varias bodegas que incluyen en su contraetiqueta algunas indicaciones interesantes. Ésto para muchos entendidos es casi un insulto, no faltará quien diga que sale sobrando la variedad de uva con la que está vinificado, tratándose de varietales famosos como: Chablis, Montrachet así como todos los Borgoñas tintos, indicar la temperatura de servicio, o si el vino es seco o abocado… Pero los vitivinicultores buscan nuevos clientes, clientes poco instruidos en el asunto del servicio del vino, pero con poder adquisitivo, que les permitan multiplicar sus ventas. En el otro extremo están los productores cuyas etiquetas minimalistas estampadas en botellas estilizadas, apenas indican la marca y la añada.

La abundancia de información también puede ser contraproducente, existe un bloqueo mental cuando aparecen abultados textos, cifras y cuadros informativos. Por mi parte prefiero las etiquetas minimalistas, ya que soy poco paciente con todo lo que tenga que ver con instructivos, indicaciones y textos adicionales de algunos productos. Aunque tambien sé que para mucha gente las minuciosas indicaciones en menús, etiquetas y contraetiquetas son una valiosa información que les permite tomar decisiones sin tener que preguntar a terceras personas, muchas veces mal informadas.
Queridos lectores, ¿qué prefieren?

Cata 129

Empieza la maratónica temporada de celebraciones de fin de año: desayunos, comidas, cenas, posadas; comida y bebida a raudales, acompañadas de empachos, tripas cogestionadas, tripas doloridas, agruras, reflujos y demás calamidades, así como uno que otro hígado hecho fuagrás. A pesar del desorden en horarios y múltiples excesos hoy empezamos con la Cata de fin de año, la última del 2009. Además celebramos once años de nuestro grupo, Vino Por Placer, sumado al cumpleaños de Jorge. Él mismo propuso que cada uno de nosotros trajera una botellita de vino, y así fue. No se determinó país, región, variedad, ni siquiera el precio, el repertorio resultó bastante variado. Comenzamos como ya es costumbre en muchas de nuestras reuniones, con algo de burbujas; se trata de la ya conocida Drappier, Pinot Noir, Zero Dosage. Seco, con aromas a pan tostado. Lo que vino después de media hora fue algo inesperado: abrió a piloncillo con un fondo floral, fruta roja frambuesa y levaduras. Buena burbuja y acidez. Seguimos con Viña Tondonia Rosado 1995 un vino con cuatro años de crianza en madera, madera usada como marcan los cánones clásicos, rosado aunque en realidad se trata de un clarete ya que lleva algo de viura, como me lo apuntó la propia María José L. Heredia en un correo. Un vino con mucha personalidad, inconfundible y que abre con infinidad de capas dando aromas y sabores diferentes a cada momento que pasa. Color piel de cebolla, velado. Aromas de tomillo, pimienta blanca, paja mojada, orejones, cáscara de naranja, toffee, en boca es sutil, excelente acidez. Gran personalidad. El primer tinto fue un Viñas Elias Mora 2006, un Toro con todas sus letras: amplio, potente con una buena carga frutal, tostados y buena acidez. Para repetir.

Chateau Foncherean 2000, un Burdeos Superior, genérico, que me atrevería a decir que ha llegado a su madurez plena, no esperaría ni un día más. Color tirando a ocre, sutil, con notas terciarias que sólo puede dar el paso del tiempo. Seguimos con un somontano, un viejo conocido; Gran Vos Gran Reserva 2000, de Viñas del Vero. Brioso, contundente, mucho extracto, tanino granuloso y de acidez algo justa.

La estrella de la noche

Carlos Cue escogió para esta cata el mejor vino de la noche, indiscutible. Chateau Musar 2000 famoso y mítico vino libanés del Valle de Beka, con su característico aroma a Kasba, que encierra un mundo de aromas propios de los mercados libaneses: incienso, resinas, velas, especias… todo dentro de una botella. Otro vino con gran personalidad, este es el segundo que pruebo y me parece de excelencia, aunque hay quienes afirman que su calidad no es constante.

Después de la cata, como también ya es costumbre en diciembre, hubo rifa. En esta ocasión copas, desde Riedel hasta las no menos útiles y de buen diseño Spiegelau ¡Que las disfruten los ganadores!

El menú estuvo compuesto de bacalao, un mismo pescado en dos estilos; uno traído por nuestro buen amigo Carlos, receta original de su abuela, cuya preparación requiere de varias horas. Una mezcla de sabores y texturas exquisitos y delicados. El otro bacalao está condimentado con aceite de oliva, ajo, jitomate, cebolla, pimiento, perejil, aceitunas verdes, almendras… mucho más contundente, con excelentes resultados. Los romeritos gustaron a todos, un típico platillo por estas fechas. Al último Jorge partió su pastel y sopló a las velitas.

Así cerramos un ciclo anual de catas, de un grupo cada vez más consolidado y participativo, con algunas ausencias que espero no sean permanentes. Ahora con un nuevo miembro: Oswaldo. ¡Bienvenido!.


De todos los accesorios relacionados con el vino, me quedo con los discos plastificados de la marca Drop Stop. Accesorio indispensable para no derramar las gotas de vino en manteles, pantalones, camisas, vestidos, bufandas y extremidades inferiores y superiores de los comensales.
Recuerdo aquella noche que asistí con mi esposa a una cena formal, donde el mantel de encaje blanco, más blanco que la espuma del mar en la playa más virgen del caribe, lucía aún más blanco que la vajilla china dispuesta en la mesa con todos los reflectores. Todo iba muy bien hasta que la anfitriona tuvo la brillantísima idea de invitarme a servir el vino. En ese momento juro que hubiera preferido beber agua. El vino tenía un color más oscuro que la tinta china, además de tener una botella de borde difícil de domar… Una pregunta surgía desde lo más profundo de mi alma: ¿Dónde están mis discos Drop Stop? Con destreza de neurocirujano logré no derramar ni una sola gota de vino, aunque lo más probable es que los comensales hayan acabado empapados de sudor.
Ya he hablado algo acerca de los accesorios inútiles en alguna de mis entregas, pero ahora me gustaría hacer una lista de los cinco primeros:

1.- Los cubrebotellas, no son muy comunes, los he visto en algunas tiendas, así como las cubiertas de las maderas de golf, con diseños y colores que en el vino no vienen al caso. Diría un buen amigo: ¡Qué naaaaaco!

2.- Todos los accesorios para aquellas personas de garganta pequeña y diminutos riñones que no son capaces de beberse una botella de 750 ml : Bombas, jeringas, tapones y no sé cuántas cosas más.

3.- Los portabotellas. Esos accesorios a veces muy estilizados otros muy burdos, fabricados en todo tipo de materiales con el fin de no dejar la botella sobre la mesa. ¿Tiene algo de malo dejarla sobre la mesa?

4.- Los accesorios para acelerar la oxigenación del vino. Fuera de algunos preciosos decantadores, creo que todo lo demás sale sobrando. Acabo de descubrir uno, que prometo ahorrarles dinero si en vez de comprarlo tienen una pecera y dirigen la delgada manguera del oxígeno al interior de la botella. Por favor observen el video.

5.- Y el número uno… Esta lista sí va por jerarquía. Este accesorio para abrir botellas con tapón metálico. Debe ser muy difícil abrir estos tapones como para que alguien se haya quemado el seso inventando este aparatejo.

Así que para quienes piensen generosamente en regalarme algo, espero que sus regalos no entren en esta lista.