Le Haut-Lieu Sec 1996 Después de una semana de haber puesto a trabajar mi hígado y mis riñones no ha caído algo que valga la pena comentar. Hasta el día de hoy. Y esto me lleva a una añeja reflexión: ¿Qué está pasando con el grado de alcohol en el vino…? cada vez me encuentro en las etiquetas alcoholes arriba de los 13,5 aunque en algunos no sea tan evidente cuando está bien integrado, en otros podría ponerme en la calle como tragafuegos.
Parece que la producción industrial de vino no tiene marcha atrás, los pequeños productores cuidadosos de su vinificación y preocupados por el terroir y de conservar niveles de alcohol en niveles decentes, están en extinción. Por esta razón el encuentro con vinos como los de Huet son un Oasis en el desierto de vinos sin personalidad y con tanto maquillaje.

Le Haut-Lieu Sec 1996. Muy bien guardado cubierto de polvo, reposaba desde hace poco más de un año en la cava. Color amarillo dorado muy brillante y algo espeso. Nariz floral a manzanilla y flor de azahar, tiene notas de tabaco rubio de fondo y un punto frutal a pera y durazno. En boca es amplio con una frescura cítrica a toronja blanca que muy pocos vinos de su edad sostienen. Largo y profundo. Una delicia. Un pato con salsa de ciruela con una cama de puré de camote no fue el mejor maridaje, así que hice a un lado el plato y terminé con el vino primero. Mejor presentación que contenido...

Hubiera estado mucho mejor un pinot noir, de preferencia directo de la Borgoña. Al no haber muchos vinos por copeo de donde escoger me decanté por un chileno de cabernet sauvignon, que he dejado en la copa. No sé si cada día sea más sensible al alcohol, pero me pareció un disparate, un tinto de alto octanaje rompiendo drásticamente con la sutileza del Huet y la del pato, a pesar de la grasa de sus carnes.

Portugueses Por primera vez desde su padecimiento y su larga convalecencia Carlos llegó a la cata, un poco atrasado pero de buen ánimo. A mi me falta poco más de una semana para poner a trabajar mi hígado y mis riñones. Tiene que ser por una buena causa, así que desde ahora estoy pensando en abrir algo especial. Tal vez un buen blanco por aquello de los calores que empiezan a apretar.

Esta noche hay casa llena y un desfile de portugueses, principalmente del sur. Alentejo. Con excepción de los dos primeros, ambos vinos verdes de la ribera del Miño.

Empezaron con un Casal García de la bodega Aveleda, color casi transparente, ayudado por la botella de vidrio incoloro. Floral, cítrico, en boca mineral confirmando cítricos, refrescante y con algo de aguja.

Quinta Da Aveleda 2010 misma bodega. Por los comentarios deduzco que ha gustado más el primero, la diferencia está marcada por el alcohol, 10 grados el primero y 11.5 el segundo. Hay quien anotó que deja una sensación jabonosa, discreto, herbáceo. A quienes descubren los encantos de un buen blanco, desde los ligeros y refrescantes de trago largo, hasta los grandes y longevos borgoñas que puede llegar a dificultarse la tarea de diferenciar entre éstos y los tintos, por su gran complejidad. Ayer comentó alguien que cada vez le gustaban más los blancos. Cosa que celebro, ya que ese descubrimiento lleva al consumidor a otras dimensiones.
Cabe decir que los vinos verdes portugueses pueden estar vinificados de varias uvas autóctonas como: trajadura, loureiro, pederna e azal y la famosa albariño entre otras, que allá escriben alvariño.

De la bodega Heredade Do Esporao, llega el Alicante Bousdhet 2005, vinificado con la uva del mismo nombre. Aromas a fruta roja, trufa y el comentario que dominó fue su final sensiblemente amargo.

A. Henriques 2008, de la famosa zona de Bairrada. Para la mayoría frutal con madera presente, sin desmerecer el conjunto, chocolate, de buen ataque.

Vinha Da Defesa 2008, vino de Alentejo , vinificado con touriga nacional y syrah, y 14 de alcohol. Para la mayoría el mejor de la noche. Vainillazo quizás por la barrica, amplio en boca, corpulento y astringente.

Quatro Castas, Reserva 2005. Pocos comentarios: Ácido, muy bueno, astringente, final medio. Punto. Tendré que probarlo en un futuro. Así terminan mis dos «catas pasivas» sobre todo ésta, que no he tenido ánimo ni de oler las copas.

La historia se repite, después del escándalo de botellas falsas que llevó a su autor a la corte en el 2006, si la memoria no me falla. Escándalo protagonizado por Hardy Rodenstock, ex-publicita y promotor musical cuya ambición lo llevó a vender por varios miles de dólares botellas de formatos raros y de añadas muy viejas, que al final resultó un fraude, y cuya historia novelesca se llevó al libro The Billionare´s Vinager . Quien haya leído el libro habrá pasado un rato entretenido, confundido entre la ficción y la realidad.

Hoy el protagonista es mr. Kurniawan, un ciudadano de Indonesia. Los cargos contra él vienen del año de 2008 precisamente, cuando vendió por lo menos 84 botellas falsas de Domaine Ponsot (Borgoña), cuya venta se calcula en aproximadamente 600,000 dólares, entre otros fraudes. Se repiten algunos nombres como William Ingraham Koch, (petrolero y coleccionista de vinos) parece que no aprende de los errores del pasado, así como la casa de subastas Sotheby’s en Nueva York, cuyo paso por dicha casa figura en el historial fraudulento de este ciudadano indonesio.

Más allá de lo que le suceda a mr. Kurniawan que ya fue detenido en Los Ángeles por el FBI, y de los compradores millonarios afectados. Me pregunto si habrá gente en el futuro que considere el vino como una buena inversión, antes de ser placentero al paladar y a todos los demás sentidos. Y es ahí donde estriba el problema ya que si existe gente capaz de gastar miles de dólares en una botella que ni siquiera ha probado alguna vez en su vida, seguirán los mega-fraudes promovidos por la avaricia y la falta de control para verificar la autenticidad de añadas viejas.
Quien quiera más detalles, puede consultarlo en The New York Times.

Foto extraída de guiavinos.net

Saborizantes en el vino

Publicado: 14 marzo, 2012 en Reflexiones
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Saborizantes artificiales, es así como se conocen a las sustancias que se agregan a ciertos alimentos durante su fabricación, para imitar algunos sabores. Es común encontrarlos en la mayoría de los alimentos procesados, así como también se encuentran algunos colorantes y conservadores. Lo que más me sorprende, como podrá sorprender a los enófilos más romanticones y hasta los más realistas, a pesar de que es ilegal en la mayoría de los países productores, se utilizan saborizantes para el vino. Existen dos clases: saborizantes idénticos a los naturales *(nature-identical flavorings) y los saborizantes artificiales, muy fáciles estos últimos de detectar. Afirman que es difícil de percibir los primeros que pueden producir sabores característicos de variedades nobles como la cabernet sauvignon y la savignon blanc. Detectados únicamente mediante análisis clínicos, aun en pequeñísimas cantidades. Su concentración hace posible que sean efectivas en porcentajes del 0.001* El más común de estos saborizantes es la esencia de roble.

¿Adónde llegarán los enólogos en el futuro? ¿Vinos de sabores hechos a la medida del consumidor? Para quienes han disfrutado del vino natural y ahora más con la creciente fiebre de lo orgánico,  puede parecer un disparate, pero es una posibilidad frente al supuesto cambio climático y a la creciente demanda de países emergentes. Posiblemente lo que estemos bebiendo en tres décadas tenga ya poco que ver con el jugo de uvas fermentado. Se imaginan a alguien entrando a un bar pidiendo en la barra un cabernet sauvignon con pimiento extra y un fondo de grosellas con un toque mentolado…


* Datos obtenidos de Jancis Robinson The Oxford Companion to Wine Pp. 274
Foto extraída de mdp.edu.ar

Tercer Aniversario

Publicado: 4 marzo, 2012 en Aniversario
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Sabía que en este mes el blog cumpliría tres años, pero al revisar la primera entrada me di cuenta de que fue el día de ayer cuando se cumplen estas tres primaveras.

Haciendo un breve recuento ya son 46,633 visitas, 210 entradas con ésta, 1265 comentarios, y sólo por llevar la estadística 4893 «spams» algunos francamente graciosos, desde cómo aumentar el tamaño del pene, hasta la oferta de pasaportes falsos con una lista de no menos de 200 países… ¡Qué cosas!

Aquí seguimos dentro de la evolución de los blogs, donde parece que han perdido fuerza o que por lo menos ya no se tiene la fiebre de hace unos años. Para mi resulta un espacio necesario de catarsis, un lugar donde puedo de manera libre exponer mis ideas sobre el mundo del vino bajo mi perspectiva. La insoportable levedad del ser, como diría Kundera. Agradezco a todos quienes pasan por aquí para leer y comentar.

Foto extraída de iStockphoto.com

Vinos italianos por menos de 300…

Una cata para mi de oídas o de olfato… Y es que he decidido de manera libre y voluntaria durante la Cuaresma no beber ni una gota de vino. Vale la pena el sacrificio en sí mismo, así como también solidarizarme con Carlos, que ha vuelto a casa con ciertos cuidados y sin beber alcohol, por otro lado espero bajar unos kilitos, que mucha falta me hace.

Procuraré reflejar de manera fiel los comentarios vertidos alrededor de los seis vinos descorchados, sólo utilizaré tres de mis cinco sentidos: vista, olfato y oído. Aunque pienso que el sentido del oído no ayuda en la tarea de desmembrar un vino, siendo más una cuestión romántica. Pero en este caso servirá para recoger algunos comentarios que mis compañeros suelten al aire.

Empezamos con dos pinot grigio, siendo una cata de vinos italianos por debajo de los 300 pesos. Góndola 2010 un vino de la zona de Venecia, de Indicazione Geografica Típica (IGT) la antesala de la denominación de origen. Se trata de un vino de color amarillo pálido con reflejos verdosos, brillante. De nariz alegre con mucha piña, durazno y notas de heno. En boca: «Cítrico, buena acidez», «…grado alcohólico mesurado», «afrutado, muy bueno», «amable, redondo, fresco». El segundo pinot grigio fue un Gabbiano 2010, también de (IGT) vinificado en acero inoxidable, sin el menor contacto con madera, como la mayoría de los pinot grigio que he probado. Las notas: «ligero, mineral y frutal» «color platino, ligero en boca con retro muy suave» yo lo noto más pálido que el anterior, de nariz a níspero y hierba recién cortada.

Pasando a los tintos, viene otro Gabbiano esta vez un Chianti Classico del 2007. Nariz dominada por madera «vieja» y notas de fruta roja de fondo. «Ácido, le falta cuerpo, corto al posgusto», «Bueno», «mucha madera», «agradable nariz, ataque suave y prolongado, posgusto ligeramente amargo».

Podere Montepulciano D´Abruzzo 2010. Aromas a zarzamora y después cerezas en licor con una nota térrea al final. Para la mayoría resultó un vino plano, diluido por las conclusiones que saqué.

Barone Ricasoli Chianti 2010. El más caro de los seis. 295 pesos. Primer golpe a fósforo, después de un poco de aire huele a granos de café tostado ¿Será por la madera? En boca: «afrutado, ligero, ácido y de final amargo». «Bueno», «ligero, amable, cuerpo moderado»

Por último Jorio 2008. Otro montepulciano D´Abruzzo. Nariz cerrada al principio, con un poco de movimiento en la copa huele a madera y fruta roja indefinida. «Taninos buenos, ligero, astringente, buen retro-nasal», » Vino más fruta que los anteriores, con más sabor, posgusto, bastante equilibrado. Este fue el mejor». «muy bueno», «madera más cuerpo, buen ataque, buena acidez, el mejor de la noche». Así que mis compañeros. La mayoría. Le han dado el título del mejor de la noche.

Algo peor que estar presente en una cata sin probar el vino… ¿Habrá otra cosa peor…? Sí. que no es una sino dos catas. Para la próxima no se habrá cumplido la Cuaresma.

La única reflexión que cabe es que la mente es más fuerte que el cuerpo.

Akai 2009 Siguiendo con una rachita de inicio de año poco promisoria, hace unas semanas me enteré del cierre definitivo de La Gahia, un restaurante ubicado en pleno centro de la ciudad de Cuernavaca. Una muy mala noticia ya que para mi era el mejor de sus alrededores, con una atmosfera relajada y un ambiente entre hacienda morelense y chalet mediterráneo; de gruesos muros y luz dosificada… Y la cocina una exquisitez. Una verdadera pena, reflejo de la difícil situación financiera de muchos consumidores, que poco tiene que ver con nuestra tan cacareada sólida macro-economía. Pero también hay buenas noticias: Carlos se recupera, ya está en casita, aunque no podrá beber vino, ni mucho menos destilados. La gran noticia es que pudo salir de su delicado estado de salud. Enhorabuena Carlos.

Por alguna razón no predeterminada he probado algunos vinos mexicanos en últimas fechas, que no había visto en los anaqueles. Quizás ando un poco atrasado, puede ser. El primero lo compré hace unas semanas para una parillada que organizó un amigo y que tuve el honor de ser invitado con mi esposa e hijos. Así que para no llegar con las manos vacías compré dos botellas de vino y unos chorizos argentinos que por cierto quedaron muy sabrosos, sin tanta grasa como es costumbre en este tipo de embutidos. Uno de los vinos que llevé era mexicano: Akai 2009 de la bodega Santo Tomás cuya venta es exclusiva de la Europea. Agregado a un coupage bordolés una tinta italiana y otra española, con barbera y tempranillo junto con las tradicionales cabernet sauvignon y merlot. Esto da Arándanos, higos, humo, tierra mojada y notas de vainilla. De tanino dulce, acidez justa y final corto. Repetible pero sin enamorar, mejor en nariz que en boca.

El segundo mexicano fue el JC Bravo Carignan 2006 cuyos méritos se ven opacados por una arista de alcohol bastante pronunciada.
Paulinha 2010 Por último y debido a los halagadores comentarios de Dr. Salsa en su blog, visité El Isote. Un restaurante de interesantes platillos de inspiración mexicana sofisticada y petit. Patricia Quintana, reconocida chef mexicana y dueña del restaurante, cuya creatividad le ha dado aires internacionales a platillos mexicanos con su personal toque refinado y de pequeñas porciones, como lo marca la cocina de autor. Algo a lo que no estoy muy acostumbrado ya que mi prominente estómago es difícil de llenar.
Al pedir que nos llevaran a la mesa un Nebbiolo de L.A. Cetto, me dijeron que ya no había, así que me trajeron un Paulinha 2010 de Viñas Pijoan cuya etiqueta me remonta a aquella comida en Ensenada con mi amigo Valente en el restaurante Manzanilla, cuando me presentó a Pau Pijoan, a su esposa Leonora y a su hija menor Silvana. Ese día probamos un estupendo blanco que lleva el mismo nombre de su hija, y que no he vuelto a ver por ningún lado. Así como también un Leonora 2005, ya que Pau Pijoan ha bautizado todos sus vinos con el nombre de algún miembro de su familia hasta que apareció su vino Convertible Rojo. El caso es que este tinto Paulinha 2010 me ha gustado mucho. Frutal, redondo de buen paso y de final largo, taninos mullidos y quizás un poco justo de acidez.
Me ha gustado tanto que he pedido otra botella, no sin el consentimiento de mi amigo y compadre Rodolfo. Ambas hicieron un maridaje muy interesante con una ensalada de nopales y aceite perfumado de trufas y un filete de res con costra de algo que parecía pimienta negra, aunque no lo puedo asegurar.
Hasta aquí mis comentarios en este incipiente y frío mes de febrero.

No está quemaoo, tiene costra!!!…

Ecológicos y algunos biodinámicos…

Apenas ayer por la mañana, antes de nuestra reunión de cada viernes último de mes, me enteraba de que nuestro compañero y amigo Carlos se encuentra muy delicado de salud. Lleva una semana internado en el hospital luchando por su mejoría. Desde aquí todo nuestro afecto a él y su familia; esperando que muy pronto vuelva con nosotros.

René es quien dirigió en esta ocasión la cata, escogiendo un repertorio de vinos ecológicos que francamente nunca había visto y mucho menos probado. Empezamos con un blanco alsaciano 100% pinot gris. Mader 2009 de la bodega Jean Mader. Huele a heno para después desprender aromas cítricos de mandarina, toronja blanca y al final un marcado aroma a membrillo. En boca es abocado de acidez justa y final levemente amargo. Repetible.

El segundo fue un Côtes-du-Rhône de Jean Pierre Michelle Macon. M 2009. Sí, sólo M. Un nombre más adecuado para un proyecto secreto que para un vino. 100% chardonnay y también orgánico. Al principio tiene un olor químico parecido a la orina de gato, por lo menos eso fue lo que me pareció; confundiéndolo con un savignon blanc. Con un poco de aire da frutos secos y notas de piña madura, en boca es seco, falto de acidez, para muchos mineral y de final diluido.

Empezamos con los tintos con un Côtes du Roussillon VIllages ubicado al este de Francia. Notre Terre 2006. Biodinámico con uvas propias de la región: grenache noir, carignan, syrah y mourvédre. Muy cerrado al principio, y es que a nuestro amigo se le ha pasado la mano con el frío en los tintos. Aromas de mermelada de ciruela, albahaca, bastante astringente y poca acidez.

El que siguió fue todo un desastre, empezando por la marca: Malbec XL 2006, no es una talla ni tampoco el número cuarenta en romano, es el cuarto tinto de la noche, un malbec, mejor conocida en Cahors de donde procede, como: Côt, Auxerrois o Côt Noir. Té de roble, con aromas y sabores químicos a barniz, una madera desbordante, en una palabra: imbebible.

La estrella de la noche…

El quinto de la noche fue un Ribera del Duero. Kirios de Adrada 2005 de Viña Borrasquiles, 100% tempranillo de uvas orgánicas. Un vino velado, casi turbio, tosco con fruta roja madura. Nada para suspirar, aunque después del anterior cualquier cosa es mejor.

El último ha sido uno de los mejores blancos que he probado en mucho tiempo. Cuvée de Marie-Kattalin 2008 de Domaine De Souch. 100% petit mangsen uva blanca de bajo rendimiento, vendimiada con frecuencia para vinos de cosecha tardía que se produce principalmente en Languedoc y Jurançon, esta última zona es de donde proviene este gran blanco. Color oro viejo, espeso y algo velado con un poco de burbuja en la copa. Aromas de té verde, flores, manzanilla y algo de champiñón, que me hace pensar en botrytis. Boca delicada con una acidez extraordinaria que enmarca todo el conjunto, dulce, de final eterno, evocador. Como para comprar un par de cajas… Hasta antes de enterarme del precio. 1200 pesos. Aún así una vez al año…

Carlos. Te esperamos pronto por aquí.

Tres largas semanas sin subir entradas al blog es mucho tiempo, no es que me haya fijado alguna cantidad mínima o máxima, ni tampoco que haya renunciado a contar lo que cuento, sino que las circunstancias han hecho que no tocara el teclado. Por un lado mi estómago no está en sus mejores momentos y por otro las botellas que han caído son bastante malitas por decirlo suave, como para poder emitir cualquier comentario. Nunca he buscado destripar de manera encarnizada los malos vinos en este espacio, los que yo llamo; inmemorables con causa. Vinos irrepetibles que no llego ni siquiera a terminar, acabando casi siempre en la coladera del fregadero o en una maceta.
Sumado al hipócrita inicio de las campañas políticas llenas de eufemismos tales como: aspirantes, patria amorosa, mensajes dirigidos al partido… como si estuviéramos ciegos o sordos todos los demás ciudadanos, entre otras estupideces que francamente no mejoran mi estado de ánimo.

Aceptable después de tantas decepciones…

Dentro de este desolador panorama también han caído un par de botellas aceptables, correctas, bebibles. Pero empezaré por la peor botella de malbec que he probado en mucho tiempo. Afincado Single Vineyard 2005, un vino cuya etiqueta señala 14.0% de alcohol por volumen, aunque confieso que cualquier número arriba de esta cantidad sería completamente creíble. Este vino tiene una arista de alcohol que no había percibido en ningún otro vino tranquilo no-fortificado. Un oporto tawny en prueba de barrica tiene el alcohol mucho más integrado.
Hoy precisamente he leído una interesante entrada del blog de Jancis Robinson, de donde rescato algunos párrafos:
(Mi traducción)

Las dos principales razones que aducen al incremento generalizado en los niveles de alcohol son las levaduras, cada vez más eficientes, convirtiendo el azúcar en alcohol de manera más eficaz, y el cambio climático. (…)

Los productores de vino perciben que los consumidores y las autoridades quieren vinos con gusto de fruta más madurada y particularmente con taninos más suaves además de acidez baja (a mayor madurez menor acidez), así que hacen de manera deliberada la vendimia más tardía. (…)

La diferencia entre lo que marca la etiqueta y el contenido de alcohol real varía entre 0.39% en los vinos del Viejo Mundo y 0.45% en los del Nuevo Mundo (…)

Debo decir que odio estas dos denominaciones para el vino, cada vez más anacrónicas.

Dentro de lo aceptable, podría destacar un Burdeos de bajo precio y de nombre largo; Chateau Relais Du Cheval Blanc cuya añada francamente olvidé. Un vino sin muchas pretensiones, que sin recordar el precio exacto, no rebasa los 150 pesos. Tampoco es la copa que se queda para disfrutar a tragos cortos en la sobremesa, ni el vino que inspira a escribir un poema, pero tampoco decepciona.

Sólo espero que todo esto no sea un mal augurio para este año y que pueda pronto disfrutar una buena copa de vino, sin tener que pasarme del lado de la socorrida cerveza.

Pinot de Oregon

Publicado: 25 diciembre, 2011 en Vino
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King Estate 2009

Después de mi traumática experiencia de no haber encontrado nada para mí debajo del arbolito de Navidad, decidí consolarme poniéndome frente al teclado para contarles lo que bebí anoche en la cena navideña. Había oído comentarios halagadores hacia los pinot noir de Oregón, pero a pesar de algunos fallidos intentos de sumarme a esas voces, lo poco que había probado no levantaba en mí ningún suspiro hasta ayer por la noche.

Sacado de mi bodega después de un corto tiempo de guarda, decidí probar con el King Estate 2009. Lo primero que debo reconocer es que es muy aromático, tiene una nariz muy abierta con notas térreas y especiadas a pimienta blanca, que con el aire se van suavizando para dar fruta roja en sazón; frambuesa y grosella. En boca es carnoso, frutal y de una acidez exquisita a pesar del color… Propio de la pinot, este vino puede evolucionar en vidrio un par de años más, lástima que fuera la única botella. El maridaje fue desastroso, tanta grasa y condimentos… Se antojaba un espumoso con algo de azúcar, pero al final pudo más mi obstinación por probar este pinot.
En la contra-etiqueta llama la atención el énfasis de ser un vino para acompañar con la comida:

«Oregon Pinot Noir has incredible food pairing versatility – we are honored that you have selected this wine to enjoy with your meal» (…)

Y es que con tanto vino de alto octanaje, astringosolezco… 13.0 de alcohol parece un juego de niños en un pinot noir.

Esta entrada es muy probable que sea la última del año, así que mis mejores deseos para todos en el año que se aproxima.