Vinos italianos por menos de 300…

Una cata para mi de oídas o de olfato… Y es que he decidido de manera libre y voluntaria durante la Cuaresma no beber ni una gota de vino. Vale la pena el sacrificio en sí mismo, así como también solidarizarme con Carlos, que ha vuelto a casa con ciertos cuidados y sin beber alcohol, por otro lado espero bajar unos kilitos, que mucha falta me hace.

Procuraré reflejar de manera fiel los comentarios vertidos alrededor de los seis vinos descorchados, sólo utilizaré tres de mis cinco sentidos: vista, olfato y oído. Aunque pienso que el sentido del oído no ayuda en la tarea de desmembrar un vino, siendo más una cuestión romántica. Pero en este caso servirá para recoger algunos comentarios que mis compañeros suelten al aire.

Empezamos con dos pinot grigio, siendo una cata de vinos italianos por debajo de los 300 pesos. Góndola 2010 un vino de la zona de Venecia, de Indicazione Geografica Típica (IGT) la antesala de la denominación de origen. Se trata de un vino de color amarillo pálido con reflejos verdosos, brillante. De nariz alegre con mucha piña, durazno y notas de heno. En boca: «Cítrico, buena acidez», «…grado alcohólico mesurado», «afrutado, muy bueno», «amable, redondo, fresco». El segundo pinot grigio fue un Gabbiano 2010, también de (IGT) vinificado en acero inoxidable, sin el menor contacto con madera, como la mayoría de los pinot grigio que he probado. Las notas: «ligero, mineral y frutal» «color platino, ligero en boca con retro muy suave» yo lo noto más pálido que el anterior, de nariz a níspero y hierba recién cortada.

Pasando a los tintos, viene otro Gabbiano esta vez un Chianti Classico del 2007. Nariz dominada por madera «vieja» y notas de fruta roja de fondo. «Ácido, le falta cuerpo, corto al posgusto», «Bueno», «mucha madera», «agradable nariz, ataque suave y prolongado, posgusto ligeramente amargo».

Podere Montepulciano D´Abruzzo 2010. Aromas a zarzamora y después cerezas en licor con una nota térrea al final. Para la mayoría resultó un vino plano, diluido por las conclusiones que saqué.

Barone Ricasoli Chianti 2010. El más caro de los seis. 295 pesos. Primer golpe a fósforo, después de un poco de aire huele a granos de café tostado ¿Será por la madera? En boca: «afrutado, ligero, ácido y de final amargo». «Bueno», «ligero, amable, cuerpo moderado»

Por último Jorio 2008. Otro montepulciano D´Abruzzo. Nariz cerrada al principio, con un poco de movimiento en la copa huele a madera y fruta roja indefinida. «Taninos buenos, ligero, astringente, buen retro-nasal», » Vino más fruta que los anteriores, con más sabor, posgusto, bastante equilibrado. Este fue el mejor». «muy bueno», «madera más cuerpo, buen ataque, buena acidez, el mejor de la noche». Así que mis compañeros. La mayoría. Le han dado el título del mejor de la noche.

Algo peor que estar presente en una cata sin probar el vino… ¿Habrá otra cosa peor…? Sí. que no es una sino dos catas. Para la próxima no se habrá cumplido la Cuaresma.

La única reflexión que cabe es que la mente es más fuerte que el cuerpo.

Akai 2009 Siguiendo con una rachita de inicio de año poco promisoria, hace unas semanas me enteré del cierre definitivo de La Gahia, un restaurante ubicado en pleno centro de la ciudad de Cuernavaca. Una muy mala noticia ya que para mi era el mejor de sus alrededores, con una atmosfera relajada y un ambiente entre hacienda morelense y chalet mediterráneo; de gruesos muros y luz dosificada… Y la cocina una exquisitez. Una verdadera pena, reflejo de la difícil situación financiera de muchos consumidores, que poco tiene que ver con nuestra tan cacareada sólida macro-economía. Pero también hay buenas noticias: Carlos se recupera, ya está en casita, aunque no podrá beber vino, ni mucho menos destilados. La gran noticia es que pudo salir de su delicado estado de salud. Enhorabuena Carlos.

Por alguna razón no predeterminada he probado algunos vinos mexicanos en últimas fechas, que no había visto en los anaqueles. Quizás ando un poco atrasado, puede ser. El primero lo compré hace unas semanas para una parillada que organizó un amigo y que tuve el honor de ser invitado con mi esposa e hijos. Así que para no llegar con las manos vacías compré dos botellas de vino y unos chorizos argentinos que por cierto quedaron muy sabrosos, sin tanta grasa como es costumbre en este tipo de embutidos. Uno de los vinos que llevé era mexicano: Akai 2009 de la bodega Santo Tomás cuya venta es exclusiva de la Europea. Agregado a un coupage bordolés una tinta italiana y otra española, con barbera y tempranillo junto con las tradicionales cabernet sauvignon y merlot. Esto da Arándanos, higos, humo, tierra mojada y notas de vainilla. De tanino dulce, acidez justa y final corto. Repetible pero sin enamorar, mejor en nariz que en boca.

El segundo mexicano fue el JC Bravo Carignan 2006 cuyos méritos se ven opacados por una arista de alcohol bastante pronunciada.
Paulinha 2010 Por último y debido a los halagadores comentarios de Dr. Salsa en su blog, visité El Isote. Un restaurante de interesantes platillos de inspiración mexicana sofisticada y petit. Patricia Quintana, reconocida chef mexicana y dueña del restaurante, cuya creatividad le ha dado aires internacionales a platillos mexicanos con su personal toque refinado y de pequeñas porciones, como lo marca la cocina de autor. Algo a lo que no estoy muy acostumbrado ya que mi prominente estómago es difícil de llenar.
Al pedir que nos llevaran a la mesa un Nebbiolo de L.A. Cetto, me dijeron que ya no había, así que me trajeron un Paulinha 2010 de Viñas Pijoan cuya etiqueta me remonta a aquella comida en Ensenada con mi amigo Valente en el restaurante Manzanilla, cuando me presentó a Pau Pijoan, a su esposa Leonora y a su hija menor Silvana. Ese día probamos un estupendo blanco que lleva el mismo nombre de su hija, y que no he vuelto a ver por ningún lado. Así como también un Leonora 2005, ya que Pau Pijoan ha bautizado todos sus vinos con el nombre de algún miembro de su familia hasta que apareció su vino Convertible Rojo. El caso es que este tinto Paulinha 2010 me ha gustado mucho. Frutal, redondo de buen paso y de final largo, taninos mullidos y quizás un poco justo de acidez.
Me ha gustado tanto que he pedido otra botella, no sin el consentimiento de mi amigo y compadre Rodolfo. Ambas hicieron un maridaje muy interesante con una ensalada de nopales y aceite perfumado de trufas y un filete de res con costra de algo que parecía pimienta negra, aunque no lo puedo asegurar.
Hasta aquí mis comentarios en este incipiente y frío mes de febrero.

No está quemaoo, tiene costra!!!…

Ecológicos y algunos biodinámicos…

Apenas ayer por la mañana, antes de nuestra reunión de cada viernes último de mes, me enteraba de que nuestro compañero y amigo Carlos se encuentra muy delicado de salud. Lleva una semana internado en el hospital luchando por su mejoría. Desde aquí todo nuestro afecto a él y su familia; esperando que muy pronto vuelva con nosotros.

René es quien dirigió en esta ocasión la cata, escogiendo un repertorio de vinos ecológicos que francamente nunca había visto y mucho menos probado. Empezamos con un blanco alsaciano 100% pinot gris. Mader 2009 de la bodega Jean Mader. Huele a heno para después desprender aromas cítricos de mandarina, toronja blanca y al final un marcado aroma a membrillo. En boca es abocado de acidez justa y final levemente amargo. Repetible.

El segundo fue un Côtes-du-Rhône de Jean Pierre Michelle Macon. M 2009. Sí, sólo M. Un nombre más adecuado para un proyecto secreto que para un vino. 100% chardonnay y también orgánico. Al principio tiene un olor químico parecido a la orina de gato, por lo menos eso fue lo que me pareció; confundiéndolo con un savignon blanc. Con un poco de aire da frutos secos y notas de piña madura, en boca es seco, falto de acidez, para muchos mineral y de final diluido.

Empezamos con los tintos con un Côtes du Roussillon VIllages ubicado al este de Francia. Notre Terre 2006. Biodinámico con uvas propias de la región: grenache noir, carignan, syrah y mourvédre. Muy cerrado al principio, y es que a nuestro amigo se le ha pasado la mano con el frío en los tintos. Aromas de mermelada de ciruela, albahaca, bastante astringente y poca acidez.

El que siguió fue todo un desastre, empezando por la marca: Malbec XL 2006, no es una talla ni tampoco el número cuarenta en romano, es el cuarto tinto de la noche, un malbec, mejor conocida en Cahors de donde procede, como: Côt, Auxerrois o Côt Noir. Té de roble, con aromas y sabores químicos a barniz, una madera desbordante, en una palabra: imbebible.

La estrella de la noche…

El quinto de la noche fue un Ribera del Duero. Kirios de Adrada 2005 de Viña Borrasquiles, 100% tempranillo de uvas orgánicas. Un vino velado, casi turbio, tosco con fruta roja madura. Nada para suspirar, aunque después del anterior cualquier cosa es mejor.

El último ha sido uno de los mejores blancos que he probado en mucho tiempo. Cuvée de Marie-Kattalin 2008 de Domaine De Souch. 100% petit mangsen uva blanca de bajo rendimiento, vendimiada con frecuencia para vinos de cosecha tardía que se produce principalmente en Languedoc y Jurançon, esta última zona es de donde proviene este gran blanco. Color oro viejo, espeso y algo velado con un poco de burbuja en la copa. Aromas de té verde, flores, manzanilla y algo de champiñón, que me hace pensar en botrytis. Boca delicada con una acidez extraordinaria que enmarca todo el conjunto, dulce, de final eterno, evocador. Como para comprar un par de cajas… Hasta antes de enterarme del precio. 1200 pesos. Aún así una vez al año…

Carlos. Te esperamos pronto por aquí.

Tres largas semanas sin subir entradas al blog es mucho tiempo, no es que me haya fijado alguna cantidad mínima o máxima, ni tampoco que haya renunciado a contar lo que cuento, sino que las circunstancias han hecho que no tocara el teclado. Por un lado mi estómago no está en sus mejores momentos y por otro las botellas que han caído son bastante malitas por decirlo suave, como para poder emitir cualquier comentario. Nunca he buscado destripar de manera encarnizada los malos vinos en este espacio, los que yo llamo; inmemorables con causa. Vinos irrepetibles que no llego ni siquiera a terminar, acabando casi siempre en la coladera del fregadero o en una maceta.
Sumado al hipócrita inicio de las campañas políticas llenas de eufemismos tales como: aspirantes, patria amorosa, mensajes dirigidos al partido… como si estuviéramos ciegos o sordos todos los demás ciudadanos, entre otras estupideces que francamente no mejoran mi estado de ánimo.

Aceptable después de tantas decepciones…

Dentro de este desolador panorama también han caído un par de botellas aceptables, correctas, bebibles. Pero empezaré por la peor botella de malbec que he probado en mucho tiempo. Afincado Single Vineyard 2005, un vino cuya etiqueta señala 14.0% de alcohol por volumen, aunque confieso que cualquier número arriba de esta cantidad sería completamente creíble. Este vino tiene una arista de alcohol que no había percibido en ningún otro vino tranquilo no-fortificado. Un oporto tawny en prueba de barrica tiene el alcohol mucho más integrado.
Hoy precisamente he leído una interesante entrada del blog de Jancis Robinson, de donde rescato algunos párrafos:
(Mi traducción)

Las dos principales razones que aducen al incremento generalizado en los niveles de alcohol son las levaduras, cada vez más eficientes, convirtiendo el azúcar en alcohol de manera más eficaz, y el cambio climático. (…)

Los productores de vino perciben que los consumidores y las autoridades quieren vinos con gusto de fruta más madurada y particularmente con taninos más suaves además de acidez baja (a mayor madurez menor acidez), así que hacen de manera deliberada la vendimia más tardía. (…)

La diferencia entre lo que marca la etiqueta y el contenido de alcohol real varía entre 0.39% en los vinos del Viejo Mundo y 0.45% en los del Nuevo Mundo (…)

Debo decir que odio estas dos denominaciones para el vino, cada vez más anacrónicas.

Dentro de lo aceptable, podría destacar un Burdeos de bajo precio y de nombre largo; Chateau Relais Du Cheval Blanc cuya añada francamente olvidé. Un vino sin muchas pretensiones, que sin recordar el precio exacto, no rebasa los 150 pesos. Tampoco es la copa que se queda para disfrutar a tragos cortos en la sobremesa, ni el vino que inspira a escribir un poema, pero tampoco decepciona.

Sólo espero que todo esto no sea un mal augurio para este año y que pueda pronto disfrutar una buena copa de vino, sin tener que pasarme del lado de la socorrida cerveza.

Pinot de Oregon

Publicado: 25 diciembre, 2011 en Vino
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King Estate 2009

Después de mi traumática experiencia de no haber encontrado nada para mí debajo del arbolito de Navidad, decidí consolarme poniéndome frente al teclado para contarles lo que bebí anoche en la cena navideña. Había oído comentarios halagadores hacia los pinot noir de Oregón, pero a pesar de algunos fallidos intentos de sumarme a esas voces, lo poco que había probado no levantaba en mí ningún suspiro hasta ayer por la noche.

Sacado de mi bodega después de un corto tiempo de guarda, decidí probar con el King Estate 2009. Lo primero que debo reconocer es que es muy aromático, tiene una nariz muy abierta con notas térreas y especiadas a pimienta blanca, que con el aire se van suavizando para dar fruta roja en sazón; frambuesa y grosella. En boca es carnoso, frutal y de una acidez exquisita a pesar del color… Propio de la pinot, este vino puede evolucionar en vidrio un par de años más, lástima que fuera la única botella. El maridaje fue desastroso, tanta grasa y condimentos… Se antojaba un espumoso con algo de azúcar, pero al final pudo más mi obstinación por probar este pinot.
En la contra-etiqueta llama la atención el énfasis de ser un vino para acompañar con la comida:

«Oregon Pinot Noir has incredible food pairing versatility – we are honored that you have selected this wine to enjoy with your meal» (…)

Y es que con tanto vino de alto octanaje, astringosolezco… 13.0 de alcohol parece un juego de niños en un pinot noir.

Esta entrada es muy probable que sea la última del año, así que mis mejores deseos para todos en el año que se aproxima.

Vinos de la 152

Una cata de fin de año más o una cata menos, según el cristal con que se mire. El fin de año para el grupo es una ocasión especial, fecha que marca varios festejos: Navidad, Año Nuevo y otro aniversario más del grupo, Vino Por Placer, que ya suman trece. Los manteles largos y las burbujas no se hicieron esperar. Jorge, nuestro tesorero estrella, ha tenido una magnífica idea… Año tras año rifábamos tres regalos; primero, segundo y tercer lugar, este año ha habido un regalo para todos y cada uno de los asistentes, para no herir corazones pusilánimes. Con el dinero que se ha juntado se ha podido pagar la cena, los regalos, entre otros gastos, y ha sobrado algo para el próximo año.

Los vinos son de entrada de precios altos, en promedio 1800 pesos, y digo de entrada porque no he probado ninguno, con excepción de un chileno (Alma Viva).
Abrimos boca con un PZ Malbec 2007 del valle de Uco. Un vino con una nariz mineral, de notas especiadas a pimienta blanca y fruta (cereza). En boca confirma su mineralidad, entrada amplia y de taninos rugosos.

De Argentina pasamos los Andes y llegamos a Puente Alto en Chile, con el famoso vino premium Almaviva también 2007, producto franco-chileno de la unión de Cocha y Toro y La Baronesa Philippine de Rothschild. Moviendo la copa desprende ahumados y tierra mojada con notas frutales de ciruela madura. Me ha gustado más en nariz que en boca. En boca entra con vigor pero al final se hace plano, falta garra, acidez, me ha desconcertado un poco pero a la mayoría les ha gustado y tienen impresiones diferentes a la mía en boca. «Excelente, redondo muy bueno…»

De Chile volamos a España. Gaudium 2002 la joya de Marqués de Cáceres, con 18 meses en roble francés (no sé si sea nuevo, me imagino que sí) y dos años en botella. Un vino moderno al final de su infancia, que huele a piedra de río, hollejos, zarzamora y una nota especiada a albahaca, taninos muy presentes todavía, de buen paso y final largo. Repetible.

Siguiendo por España, bajamos un poco al sur. Titán del Bendito 2008, después del 2005 y 2007, me parece menos expresivo, sin dejar su extracto, su alcohol y sus taninos rugosos. Un vino que entumece la lengua, un pecado no decantarlo.

De regreso a la Rioja. Trasnocho 2006. Un vino que siempre había leído mal su etiqueta. Ramírez con «a» y no con «e». Fernando Remírez de Ganuza. Abigarrado, potente, pero guardando hasta cierto punto el equilibrio. Mucha vainilla al principio, caja de puros y fruta negra de fondo. Boca amplia con un posgusto largo y de final astringente. Yo lo guardaría por lo menos cinco años.

Por último pasamos al este, hacia Italia por la Toscana. Petra 2006. Al principio huele a químicos; acetona y unos que otro aroma volátil. El aire lo limpia y da aromas compotados a fruta negra. Boca amplia, buena acidez y de tanino rugoso. Un vino en plena juventud, sin que podamos asegurar su vejez digna. Mis expectativas no son muy altas.

Drappier Carte D´ Or

Como en muchos hogares mexicanos en estas fechas, esta noche se ha servido Bacalao (semidulce) con aceitunas y almendras, pierna al horno con una salsa roja y un bacalao muy especial preparado con mucho esmero y virtuosidad por nuestro amigo Carlos, cuya receta ha pasado de su abuela a sus manos, y ha podido conservar la tradición. Una exquisitez que puede llevarle más de un día en preparar. Todo bañado con champán Drappier Carte D´ Or con aromas intensos a panadería, seco en boca y de final largo, otro buen ejemplo de un champán sin añada muy sabroso y consistente.

Agradezco a Jorge su entusiasmo para enriquecer esta velada con sus ideas y su tiempo para llevar las cuentas, así como a Sergio por la charola con los corchos de los vinos de todo el año, confeccionada por su esposa, a Carlos por su exquisito bacalao y al resto por su asistencia a la cata y formar parte del Grupo.

¡Felicidades en estas fiestas a todos quienes leen este blog, y para quienes no, también!

Los encapuchados…

Existen pocas certezas en la vida, una es que algún día tendremos que partir irremediablemente de este caótico mundo, otra es que España es el mayor exportador de vinos a nuestro país. Así que se me ocurrió hacer una cata de los vinos españoles más populares en el mercado mexicano. No es lo mismo que las denominaciones de origen «raras» o vinos «premium», al contrario; son los vinos más vendidos en restaurantes y tiendas. Si tienen alguna otra sugerencia lo tomaré en cuenta, la lista debe ser larga.

Con ocho miembros del grupo «abordo», comenzamos nuestro recorrido hedonista. No sin antes disfrutar de algunas burbujas, en esta ocasión el vino para los puntuales fue un Santa Carolina Brut Reserve. Por su precio (menos de 200 pesos) es uno de los espumosos con mejor relación calidad-precio que conozco. Aromas a pan tostado con notas de frutos secos, flores, cítricos, de boca amplia, refrescante de excelente acidez. Para comprar una cajita.

Los españoles más populares…

El primer tinto español fue un Monte Haro 2008, quizás el menos conocido, pero por 98 pesos no hay mucho más que pedir; un vino de trago largo, que al principio huele a vainilla, después zarzamora (mermelada), algunas notas de caja de puros y tomillo, en boca destaca su acidez.
El segundo fue uno de dos que no son riojanos. Gran Sangre de Toro 2007, quién no recuerda el torito que cuelga del cuello de la botella. Este vino catalán no sé si cambiará de nombre por aquello de la prohibición de las corridas de toros… En su mezcla lleva: garnacha, mazuelo y la uva tan de moda shiraz. Huele a chocolate amargo, fruta negra y tiene una arista de alcohol muy presente, acidez justa.

El siguiente es un viejo conocido, hay quienes lo tachan de aburrido, pero es un vinito cumplidor, una apuesta bastante segura: Marqués de Cáceres 2007. Doce meses en barrica y catorce en vidrio, una práctica en franco descenso. Hubo quien encontró algunos aromas químicos: acetona, laca de uñas… Para mí fue bastante redondo, bien amalgamado, entre la fruta, el alcohol y el tanino, pero sin cautivar.

CVNE Crianza 2008. Otro viejo conocido y quizás el más comercial de todos, no sólo en México, también en España, concretamente en Haro, en los bares alrededor de la Plaza de la Paz lo servían por copas como pan caliente. Fruta roja en sazón con una nota herbácea, buena entrada y final largo, tanino mullido.

Protos Roble 2009, un riberita muy comercial. El más joven de los seis. Huele a hollejos y fruta negra con notas de madera de fondo. En boca se nota la madera sin desmerecer la fruta. Doce meses de crianza; seis meses en roble y el resto en botella.

Por último, un clásico que lleva mucho tiempo en México, el vino de los abuelos que ha pasado de generación en generación, aunque su precio se eleva sensiblemente de los anteriores ($385.00). Marqués de Riscal Reserva 2008. Crianza de 24 meses en roble americano. Cuero, ahumados, tierra mojada. Suave en boca, tanino limado, buena acidez, confirmando ahumados, final largo. Ha gustado mucho a todos, aunque el estilo es diferente a los anteriores como para hacer comparaciones.
Falta una sola cata para concluir el año, un año que para mí se ha ido muy rápido. Momento de muchas reflexiones.

La costumbre de recorrer los días de asueto lleva ya varios años en México, y es para mí absurdo que el día feriado en domingo lo prolonguen al lunes, pero quizás no entre por mi cariado cerebro que somos un país que se puede dar esos lujitos. El caso es que descorché algunas cosas interesantes durante este largo fin de semana que quisiera comentar.

Empecé con un Drappier Zero Dosage, un espléndido espumoso 100% pinot noir. Su color lo delata, aunque no es «rosado» tiene unos reflejos frambuesa increíbles que acabo de descubrir, al llegar la luz artificial a la copa. Burbuja fina y unos aromas a pastelería que envuelven el ambiente. Firme en boca, con una acidez extraordinaria, seco y profundo. Un gran champán sin añada.

Hospices De Baune Corton Cuvée Charlotte Dumay 1958

El segundo vino lo saqué de su frío y oscuro nicho después de guardarlo poco más de dos años. Se trata de una botella magnum de Hospices De Baune Corton Cuvée Charlotte Dumay 1958, única botella que quedaba de sólo un par, de aquel espléndido regalo de un alma generosa. Su etiqueta es indescifrable por el moho, pero el corcho, aunque ha salido ha pedazos hizo su trabajo dignamente. mr. Broadbent ha sido muy sucinto al reseñar esta añada:

The British trade had bought too many of the 57s and by the time the 58s were ready, the quality of 59 was apparent. No 58 burgundies were bottled, listed or even refered to in Harvey´s retail lists of the early to mid-1960´s. Only two 58s ever tasted, both DRCs. (…)

Por lo que no podemos hacer comparaciones con una bodega de tanto abolengo y prestigio, quizás la que más.
Mis impresiones son las siguientes: un vino que pedía a gritos ser decantado, primero para deshacerme de los pedazos de corcho que quedaron, y por otro lado para limpiarlo de sus aromas de reducción. A pesar de sus 53 años, no sólo ha resistido el oxígeno, sino que lo ha beneficiado… Este vino está mejor a cada trago: ahumados, bosque, trufa, con notas animales y balsámicos. Una belleza en boca, maduro, profundo, redondo, largo, que hace que uno piense en lo importante que es la paciencia y las buenas condiciones de guarda. Gran recompensa.

Un regalo apenas recibido el día anterior, murió en el ruedo al otro día. Pintia 2006, como buen «Toro» es potente y yo diría que hasta el extremo, mucho extracto, mucho alcohol y sumado a mi poca paciencia… Este vino necesita decantación previa un par de horas antes del servicio. Al final de la comida estaba mucho más integrado.

Mönnchhof riesling 2010

Por último, uno de mis Mosela favoritos Mönchhof Riesling 2010. Un riesling muy joven, sutil, delicado. Nariz floral, entre azahar y flor de manzanilla, con notas frutales, que se intensifican a las 24 horas; pera, durazno, níspero. No tiene las típicas notas de petróleo de los riesling entrados en años. Boca delicada como un pañuelo de seda de primera calidad, cosquillea al principio aunque la burbuja no es perceptible a la vista. Abocado, cítrico, mandarina, con una acidez extraordinaria, como para comprar un par de cajitas y observar de cerca su evolución.

Por fin he terminado esta entrada, después de algunas horas tratando de subir d-o-s f-o-t-o-s… un descaro lo que se paga por el servicio de internet en este país a cambio de una bazofia. Estoy hablando de Infinitum, aunque creo que hay poca diferencia con las demás. Una vergüenza.

Grupo de manifestantes, muy cerca de lo que fue el WTC

El segundo vino que descorché en la habitación fue un tinto, otra recomendación del mismo vendedor. Domaine Navarre 2009 de la apelación de origen Saint-Chinan. Alguien se preguntará dónde queda eso… Está en Languedoc al sur de Francia entre Minervois y Faugéres. Sus tintas son: carignan, sustituida gradualmente por: syrah, grenache, llanoder pelut y mourvédre. Sus aromas dan lácteos al principio, después cuero y fruta negra. Boca frutal, de tanino maduro, buena acidez y cierta complejidad. Un buen vino que podría maridar con algún platillo al horno, quizá una pierna de cerdo con ciruelas, o hasta un pavo relleno con algo dulce. Un tinto repetible.

Un amigo que vivía en Nueva York me decía que para él era una garantía que ciertos importadores aparecieran en la contra-etiqueta, nombres como: Rosenthal Wine Merchant, Terry Theise Selection y Louis/Dressner Selection son compra más que segura, son vinos para disfrutar y comprar por cajas. Este último importador ha muerto hace poco, después de una valiente batalla contra un tumor cerebral. Pionero en la importación de vinos naturales a EE.UU. Así que me puse a revisar contra-etiquetas.

La «ardua» tarea de elegir entre tantos…

El último día me enfilé a la 52th entre Lexington y la 3rd donde se ubica Crush. Una tienda bastante más moderna que Chambers, más fría pero con una buena selección de vinos. Me limité a seis botellas, aunque pude haber metido ocho en una caja, seis litros es el límite que marcan en la aduana, pero no quise cargar más. Como sólo faltaban dos para completar la media docena y ya no había tiempo de descorches en el hotel, compré justamente dos borgoñas tintos que no pasaron de 60 dólares cada uno: La Pousse d´ Or Chambolle-Musigny y Savigny-les-Baune 1er Cru de Simon Bize & Fils, ambos 2009. Que no sé en cuanto tiempo descorcharé, pero que seguramente darán de qué hablar en este espacio.

Para mis compatriotas que se interesen en traer vino del extranjero, dice muy claro la ley:

Los pasajeros mayores de 18 años de edad pueden introducir un máximo de 20 cajetillas de cigarros, 25 puros o 200 gramos de tabaco, hasta tres litros de bebidas alcohólicas y seis litros de vino» (…)

Jasmin Cote-Rotie 2001

Por la tarde quisimos visitar el Museo de Arte Moderno, como era viernes la entrada era gratis, aunque hubiera preferido pagar ya que la cola era kilométrica. Después de revisar hasta donde llegaba tuvimos que cambiar de planes y fuimos a cenar a un restaurante que está al lado del museo, The Modern, recomendado por la vendedora de Crush.
Un lugar que desde la entrada hace gala de su minimalismo, y del buen gusto al confeccionar la carta de vinos. Dentro de su repertorio figuran medias botellas (375ml) un Lafite y un Haut Brion 2004. Una lista con una excelente selección de alsacianos. Yo me decidí por una copa de Billecart-Salmón Brut, 28 dólares bien valen la pena. Burbuja fina pero poco persistente, toques cítricos y de frutos secos, con un fondo a tiza muy elocuente, como dicen nuestros vecinos del norte bone-dry seco hasta la médula. Boca amplia confirmando frutos secos, largo y de excelente acidez. Con un plato de “PRALINES” OF FOIE GRAS TERRINE , que no era más que fuagrás encima de una capa gelatinosa, resaltando sus encantos. Me trajo buenos recuerdos encontrar por copeo el Jasmin 2001, Cote-Rotie, sí con «s» Jasmin. Un vino que probé por primera vez hace unos años, precisamente en esta encantadora ciudad. Un vino muy «animal»… caza , cuero, ahumados y unas notas de fondo muy bien fundidas entre lavanda, tocino y algo mentolado, una belleza cuyos taninos son suaves y envolventes. Final eterno. Con un platillo de CREEKSTONE FARM BEEF TENDERLOIN “MIGNONETTE” hizo un maridaje sublime, aunque la porción de carne era para bebes en su etapa de lactancia.
De postre una tablita de quesos y un Huet Vouvray Clos Du Bourg 2005, demi-sec. Un vino delicioso, como pocas veces se puede manifestar la chenin blanc, que junto con los quesos no había más que agregar. Confieso que algunos quesos ni si quiera sabía que existían. San Andrés, Cremont, Llandaff y Bayley Hazen… este último un queso maduro, pero sin llegar a saturar las papilas. Todos de maravilla, rematando con broche de oro.

FIN

Chambers Street Wines

Nueva York, una ciudad fascinante, cautivadora y cosmopolita para la mayoría de la gente, incluso para quienes preferimos los paisajes bucólicos y el aire fresco del campo por la mañana, sin dejar las comodidades de la civilización moderna: una buena cama, aire acondicionado, TV con cable y un baño amplio y muy limpio… aaah y deliciosos platillos regadas con un buen vino. Y aquí está la clave para muchos amantes de La Gran Manzana, donde se pueden encontrar todo tipo de lugares exóticos y no tanto, desde una pizza al horno de leña hasta carne de rinoceronte… Es cosa de tener un poco de imaginación y pedirlo, seguramente se te concederá.

La Meca del comercio del vino; tiendas como: Crush y Chambers Street Wines, entretenimiento puro revisando etiquetas, y con los 6 litros permitidos en la aduana la cosa pinta bien. Tan solo el inconveniente de cargar una pesada caja varias cuadras, pero no hay tiempo para que la lleven al hotel, además falta el traslado al aeropuerto y del aeropuerto a casa… Pero vale la pena.
La primera tienda está en la 52th entre Lexington y la 3rd, y la otra, más tradicional, está ubicada en el 148 de la calle del mismo nombre, a unas cuadras de la reconstruida y bulliciosa zona del WTC.

Ninguna tienda de vino podría tener prestigio sino fuera por lo que tiene dentro de sus cuatro paredes. El vino y la gente que lo promueve y vende. Bodegas, regiones y marcas que difícilmente se consiguen de este lado del Atlántico, sobre todo si tomamos en cuenta que además están todas juntas. En el 148 de Chambers Street. Lo primero que compré fue un Carema de Ferrando 2007, había dos etiquetas, compré el más económico. Un vino que probé por primera vez hace unos años en esta misma ciudad, un vino seductor de 37 dólares. Porque además de una selección abundante y muy cuidada, es una tienda cuyos precios son más que justos. Después metí al carrito dos maravillosos blancos: un Nikolaifhof Wachau 2010 y un Willi Schaefer Riesling Spätlese 2010 del Mosela, para después aceptar la recomendación de un vendedor muy amable cuyo nombre nunca pregunté, pero que me dijo: Si de algo interesante con burbujas se trata, mostrándome un montón de botellas. Al final decantándome por un vouvray brut, de Francois Pinon por pura curiosidad, ya que nunca lo he probado. Para esa noche en el hotel me llevé un rosado vinificado con tres uvas: gamay, grollean y cabernet franc. Vino que comentaré más adelante.

Camino al hotel tuve una urgente necesidad fisiológica, pero mi educación me impide meterme a un bar así como así. De manera disimulada me acerqué por una Coca Cola light. Cuando me di cuenta que había un Mosela por copeo, estiré el brazo. Heinz Eifel 09, un riesling kabinet que nadie me culparía si lo prefiero a la Coca Cola, misma que acabó en la coladera. Este riesling es un vino abocado, que huele a té verde y cera, sutil en boca con notas cítricas a limón.

KO 2010, vacía… duró poco

Para cenar mi hijo y yo estuvimos de acuerdo en sushi, así que bajamos al vestíbulo y preguntamos al concierge que por lo regular confunden el precio con la calidad, que no siempre es directamente proporcional. Nos señaló dos, y escogimos el más cercano: Megu, un restaurante sobrio, meseros amables sin llegar al apapacho, materia prima de buena calidad, sabroso pero excesivamente caro. Con un riesling cabinet, anónimo, y un shiraz, aún más anónimo tuve suficiente además de algunas tablas de sushi y platillos que cabían en un dedal, con una capa de trufa encima. Saldo 300 verdes y un sentimiento de haber sido timado. No hubo postre.

En el hotel descorché el rosadito, vinificado como dije antes, con tres uvas. KO 2010 de Sari Puzelat-Bonhomme un Vin de France. Genérico sin estirpe pero muy bien integrado, de color salmón, brillante, cítrico con un ligero cosquilleo y un final de lima con un fondo mineral, algo muy digno para acabar el día y olvidar el atraco recién perpetrado.

Continuará…