Willi Schaefer 2010

Publicado: 4 octubre, 2017 en Vino
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Etiqueta dañada por la humedad, el único inconveniente de humedades altas.

Humedad alta en bodega, etiquetas dañadas único inconveniente.

La añada 2010 de este Riesling.

Después de un año de un invierno crudo y largo, la floración comenzó más tarde que de costumbre, pero pasado el caluroso mes de julio, se logró la misma madurez que la de 2009.

Septiembre cambiante afectó la abundancia de las uvas, al mantenerse la mayoría en buenas condiciones, y después de varios días soleados de octubre la cosecha tardía en el Mosela se logró una vez más. (…)

Esta es más o menos la perspectiva que nos presentan en la bodega Schaefer de esta añada.

Riesling, esa maravillosa uva blanca que tanto deleite proporciona a los paladares de todo el mundo. Sin ninguna duda mi uva blanca favorita, y más tratándose de la región del Mosela, además de venir de un gran productor.

Un vino encantador y delicado, cuyo color amarillo oro y aromas florales me hacen dudar entre beberlo o seguir oliéndolo y contemplarlo toda la tarde. En nariz como ya dije es floral, flores delicada de azahar, madreselva y té verde, fruta entre toronja y pera con una nota lejana de durazno. Y como todos los riesling con algunos años: queroseno. En boca tiene un ligero amargor en la entrada que me recuerda al agua quina, así como algo de aguja que no se logra observar en la copa (burbuja). Espeso, brillante, dulce, miel, flores todo envuelto en una acidez firme pero discreta. Una delicia. Lástima que sea el único que quedaba en la bodega. Por cierto esta botella había sido depositada en los brazos de Morfeo en 2011, un añito después de que naciera. Una selección de Terry Theise, importador de la costa este de EE.UU.

CATA 211Ayer por la noche tenía todas mis esperanzas puestas en que cada uno de los seis vinos cumpliera con su reconocida fama; las expectativas eran muy altas. Había desembolsado algo así como doscientos veinte dólares, cuatro mil pesos mexicanos en seis botellas de vino. Es difícil dejar de relacionar el precio con la calidad, aunque aquí estuviera asegurada esta última, pero no muchas veces va de la mano con el placer recibido a cambio.

España volvía a la copa, tierra querida de donde llega la mayor parte de las importaciones de vino a México.

Empezamos con un ejemplar de distinto origen, un francesito, un Chablis premier cru 2014 de La Chablissine, una bodega no muy aristócrata, por un lado, y por otro un vino muy joven. Como muchos deben saber un buen Chablis empieza a abrirse con su encanto después de cinco añitos. En el caso de los grandes Cru  ocurre mucho después. Este vino aromático huele a manzana verde y hierba recién cortada. En boca es cítrico, con una entrada mineral, algo que me llamó la atención ya que lo mineral por lo regular se percibe al final.

Seguimos con un tinto de capa alta y muy barroco. Huele a chocolate y ciruela con un tanino rugoso y fruta muy concentrada y sobre madurada. Se trata de un Torremilanos 2015 vinificado 100% tempranillo. Le falta mucho aire, vidrio o ambas.

Pesquera Crianza 2013 un vinito de 14 grados de alcohol que huele a arcilla y fruta roja indefinida. Sin pena ni gloria… Y yo seguía esperando.

El cuarto fue un Bosconia Reserva 1998  ¿Viejo o maduro? qué fácil puede la gente confundir una cosa con la otra, y más tratándose de un vino precedido por dos vinos cuyos taninos son bastante elocuentes y de alcoholes altos. No quiero extenderme en este vino cuya elegancia y profundidad hablan por sí solas, esos 19 años apenas han servido para hacerlo más interesante, le queda tiempo por delante.

Los dos siguientes francamente no sé qué pudo haberles sucedido…

Pesquera Reserva 2012 un tinto que debía estar por lo menos ya hecho y bebible, apareció un poco débil y anémico.  Buena nariz:  térrea, champiñón y algo especiado con notas de canela de fondo. En boca, ni pena ni gloria.

Gran Reserva 904 2007.  Sin lugar a dudas uno de mis vinos clásicos favoritos. Esta vez se presentó tímidamente, recordándome aquella descripción de Camblor cuando se refería al «mutismo»  aseguraba que era una etapa en los grandes vinos. Etapa donde todo parece levitar en un sueño invernal como los osos dentro de sus madrigueras, donde apenas sí respiran para volver a la vida con todo ímpetu en la primavera. Pues quiero pensar que este gran vino estaba dormido y no despertó en la copa por más muñequeo que imprimí durante algunos minutos.

El balance de la cata para mi gusto fue pobre, una decantadita previa hubiera hecho la diferencia en la mayoría de los vinos.

Rasgueo dominical

Publicado: 10 septiembre, 2017 en De todo un poco, Vino
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Como quien toca la guitarra y sólo hace algunos ejercicios para no perder la costumbre, hoy domingo escribo algo de lo que me ha pasado en este año, que no es muy interesante ni siquiera abundante pero que de algún modo debo de hacerlo para sacudir de polvo este espacio.

Como dije antes, no escribiré la reseña de cada cata del grupo, pero si algunos detalles sobresalientes si es que se le puede calificar así a los hechos cotidianos del mundo del vino. Empezaré por un tinto que probé en julio pasado y que llamó la atención. Uno de esos vinos cuya fruta contenida en la botella nos lleva al viñedo, fruta que se siente viva por su acidez y encanto. Todo lo demás son alcohol, tanino, textura, postgusto…  en su lugar y de una manera que no sólo convence sino enamora. Cualidades cada vez más escasas en la industria del vino, y he dicho industria porque quizás sea la mejor forma de describir lo que impera en la actualidad. Vinos por montones sin rasgos que los diferencien unos de otros. Hace poco escuchaba a un mesero sugerir un merlot, por lo dulce, como si sólo se tratara de la uva, echando por tierra el calendario de la vendimia (a mayor tiempo, mayor azúcar) y no menos importante el proceso de  vinificación.  Agregaría como lo he hecho siempre, la estandarización y el abuso de la madera, para completar un triste cuadro. Pero hablando del mismo vino Il Fiore de Marco Bonfante, me parece que comprar una cajita sería muy buena idea.Il fiore

Otro vino que me sedujo, este caso aún más raro, tratándose de Hugo D´Acosta, nuestro Michael Rolland mexicano, y no por que no pueda sino porque a veces le salen cosas raras experimentando con uvas y procesos cuyo resultado son tes de roble, casi siempre caros. Esta vez me sirvieron un vino de la casa en el restaurante Barrio La Bocha. Un vino con buena fruta, equilibrado y sin excesos. La Bocha, no recuerdo añada. Ambos muy recomendables en este océano de vinos comerciales servidos muchas veces a temperaturas abajo de lo disfrutable. Si antes, quizás 25 años atrás, padecíamos de aquello de «temperatura ambiente», hoy los vinos los ponen junto a los mariscos en el congelador. Ayer precisamente me sirvieron un malbec con esa cortina de humedad que se forma alrededor de la copa, cuando el vino esta muy frío. Claro que alguien puede decirme que es mejor eso a que venga caliente. Sí claro, ya que puede ganar algunos grados centígrados en la mano.

Las catas programadas, que dicho sea ya vamos en la ducentésima décima, lo dejaré para otra entrada. Sólo quiero destacar un cava que probamos y cuya información no aparece en la página oficial de CUNE, pero amablemente respondieron a mi correo brindando algunos datos. Se trata de un espumoso de carácter calizo con aromas intensos a frutos secos y panadería, sin perder su exquisita acidez. Vale la pena. Dentro de la información que enviaron (ficha técnica) aparece que está vinificada en el Penedés, Saint Sant Sadurní dʼAnoia. Y que está vinificada con xarel-lo, macabeo y parrellada.

En otro tema, Pedro Poncelis Brambila sin duda es el sumiller decano de México, inició su carrera como químico y poco a poco fue creciendo su interés hasta lograr un reconocimiento de todos quienes vivimos este maravilloso mundo de Baco. Una visita al Hotel Presidente en el restaurante Alfredo Di Roma, confirmó mis sospechas de que ya se había retirado para mudarse a Baja California para el proyecto hecho realidad de vinificar. Poncelis

Acabo de descubrir (aunque el proyecto inicio en 2011) un vino con su nombre en la etiqueta, proyecto iniciado por su hijo con su colaboración. En fin los detalles no los tengo a la mano, pero sí puedo decirles que nos llamó la atención, y que se puede esperar que mejoré con algunos años en vidrio. Da gusto ver la culminación de una larga carrera con un proyecto de esta naturaleza. ¡Felicidades a los dos! Padre e hijo.

Por cierto, 435 pesos no está en el rango de vinos para beberse diario, por lo menos no en mi caso. Si me preguntan si los vale… sí lo creo, aunque como consumidor quisiera que estuviera abajo de ese precio.

Renovarse o morir

Publicado: 15 mayo, 2017 en Vino y amigos

En esta ocasión quisiera sacudir un poco el esqueleto y dar nuevas formas a esto que llamo mi rincón de catarsis, he caído sin proponérmelo, en una retahíla de repeticiones y monotonías que por lo menos a mi  ya me tenían separado de Gota a Gota. Quisiera con ánimo renovado seguir escribiendo por otros derroteros. Tampoco se trata de inventar el hilo negro, sino de darle un poco de sal y pimienta a algo que carecía ya de originalidad y de espíritu, si es que algún día tuvo algo de ambas cosas. Los últimos cuatro años me he dedicado más a la lectura que a la escritura, aunque debo confesar que he escrito dos libros, cuyos lectores han sido aún más escasos que quienes pasan por este lugar. Pero al final lo importante, y parafraseando a Borges: no es cuántos te lean sino el hecho mismo de escribir aquello que surge de tu interior.

Venía masticando el proyecto de escribir un libro mucho tiempo atrás, y surgió no sólo uno, sino tres, y eso ha hecho que me quitara un gran peso de encima. Así que sin más preámbulos escribiré mis «ensayos» en este blog, tal vez con más frecuencia pero sin apresuramientos. A estas alturas quienes me leen sabrán que cato seis vinos mensuales con un grupo de buenos amigos, así que pensé que seguir de manera cronológica cada una de las catas es ocioso, ya que no siempre suceden cosas dignas de contar.  Cuando surjan estaré detrás del teclado contándoles a todos mis amables lectores, de otra forma podría caber la posibilidad de que este rincón haya entrado irremediablemente en plena decadencia, y sólo quedé en mis recuerdos, como tantos otros sitios (blogs) que se han resquebrajado y empolvado con el paso del tiempo hasta desaparecer del infinito mapa de internet.

piper

Se pueden apreciar los efectos de la humedad en las etiquetas de Clos de la Barre y Haut Brion  (segunda y cuarta de izquierda a derecha respectivamente)

Como cada año, se rompe el cochinito; el guardadito de todo el año y se compran botellas a la altura de una gran celebración. Esta vez Burdeos brilló en la mesa y dispusimos unas cuantas botellas con excepción de un espumoso, y un borgoñita de mucho copete.

Por primera vez se cambió la sede de la reunión, gracias a la hospitalidad de Oswaldo. En una amplísima terraza nos reunimos para descorchar estos grandes vinos. Empezando por un Piper-Heidsieck Rosé Sauvage, con una generosa proporción de pinot noir (50%) 20% de pinot manier y el resto chardonnay. Bastante discreta, posible señal de una mala guarda, o de un infame transporte en los meses veraniegos. El caso es que no muestra la fruta ni la burbuja como debería, sin dejar de ser agradable pero sin cautivar. La segunda botella es sin duda uno de los borgoñas más apreciados de su servidor: Clos de La Barre 2006 de Louis Jadot. Un vino encantador que nos remite a lo más prestigioso de la Borgoña, un pinot maduro, aunque muestra todavía signos de juventud, con su acostumbrada acidez y frutalidad en primer plano. Profundo y complejo, con notas de trufa, de las que sacan los cerditos adiestrados en la campiña Toscana. Como para tener varias cajas guardadas, lástima que ésta sea la última botella.

Chateau Mouton Rotchild 1998. El primer año que la bodega muestra en la etiqueta una obra de un pintor mexicano, «Brindis por» de Rufino Tamayo. Una botellita que llevaba ya varios años empolvándose en su nicho y que esa noche salió a la luz. Algo austero al principio, cerrado como una lápida, y que con el aire fue dando fruta negra, mina de lápiz y notas especiadas. Robusto, barroco. Falta vidrio, aunque muestra ya desde ahora sus encantos.

Chateau Hcata-navidenaaut Brion 1999. Una botella reservada para larga guarda, pero que he decidido sacar a la mesa por la ocasión y por razones de guarda; la cava no ha sido reparada y temo que la temperatura arriba de los 21°C  provoque una evolución poco previsible. Junto a Latour y Margaux, de mis burdeos preferidos. Un vino profundo de colores ocre, brillante. Huele a trufa, paja mojada, cuero, fruta roja. En boca sorprende la acidez, de tanino muy discreto y largo, muy largo.

A mi nadie me quita de la cabeza que los grandes vinos con el tiempo, bien guardados, van pareciéndose unos a otros llegando a un final en común. Suena poco ortodoxo y quizás mucha gente no coincida, pero aún así sigo pensando lo mismo.

Chateau Lafite 2001. Desde el 2000 en adelante muchas añadas, quizás demasiadas, se han calificado como excelentes, y el precio ha subido hasta las nubes. Quizás también por la sed de mercados emergentes como China y Rusia ávidos por comprar vinos de renombre que han provocado irremediablemente este fenómeno. 2000 para Lafite fue un año con un porcentaje de cabernet sauvignon poco frecuente: 93.3% y el resto merlot. Michael Broadbent en una prueba de barrica en marzo de 2001 vaticina: Great Wine whit a long life ahead. Predicción nada rara tomando en cuenta las esperanzas y la ansiedad de la gente ante el hecho de ser la primera añada de este siglo. Cabe aclarar que esta botella fue una donación de Gabriel, botella que disfrutamos todos en la cata decembrina. Gracias.

Empezamos con un blanquito de una bodega bastante cotizada por los anaqueles españoles. Predicador 2009 de la bodega Vinos de Benjamín Romero. Vinificado con garnacha blanca, viura y malvasia. Color pajizo dorado. En nariz melaza, flor de azahar, potente en boca y de final largo con un ligero amargor, como la quina. Repetible.

Marqués de Cáceres 2013 . Un rosadito seguro, que se bebe bien. Color salmón, brillante y fluido. Huele a hollejos, herbáceo con una nota a tomillo. Excelente acidez y final un poco amargo. Correcto.

Luis Cañas Reserva 2011. Sus 14,5 % de alcohol están bastante integrados, pero sus 24 meses en roble lo hacen muy astringente. Huele a ciruela madura y una nota de  humo: En boca es de tanino rugoso, final áspero, desequilibrado. Tal vez un poco de vidrio integre lo que haga falta.

Campillo 2012. Huele a mermelada de frambuesa con una nota de vainilla muy sutil. Tánico y frutal. Bebible.

Campo Viejo Art Series 2011. En nariz es una amalgama de fruta negra, cedro y cuero. Boca frutal, buen paso de boca, amargo y de buena acidez. Repetible.

Art Excelencia 2001. Este vino alicantino del que nos olvidamos apuntar todos en el grupo. Por lo que no sé si sea por no entusiasmar a nadie, o por otra razón. Así que me reservo el comentario, pero queda pendiente para este fin de semana que se aproxima. Por otro lado no hay foto… ¿Pues que pasó en esta cata…? Lo que si puedo afirmar es que nos mantuvimos sobrios hasta el final de la jornada, meto las manos al fuego por todos los integrantes del grupo. Una cata poco convencional, cuyo seguimiento relajamos al máximo y perdimos el rigor de la foto, y el comentario del último vino. ¿Qué se le va a hacer?

cata-200Parece difícil pero no lo es, el secreto es seguir vivo y rodeado de amigos que disfruten del vino. Doscientas catas, alrededor de 1200 vinos diferentes, y muchas anécdotas. ¿Algo especial para la ocasión…? En realidad no. Estamos reservando fuerzas para la próxima cata, la cata navideña.

San Felipe 2014 (Torrontés). De Bodega La Rural. Tres meses en roble francés nuevo, una crianza poco habitual. Amarillo pálido, brillante. De nariz intensa a níspero con notas de mango, musgo y piña madura. En boca tiene excelente acidez, ligero amargor a medio paladar, abocado y de final largo con notas de membrillo. Una golosina. Para comprar media cajita.

Finca La Florencia 2014. Este malbec tiene un fondo de regaliz y caja de puros que salta a la nariz. De acidez alta y astringencia moderada, con un fondo mineral y  final amargo. Repetible.

Pascual Toso 2013. Sus 14,5 grados de alcohol no se perciben como podría suponerse en un principio.  Huele arcilla húmeda, fruta roja indefinida y mermelada de cerezas, tiene un fondo de tabaco rubio. En boca es frutal, de buena acidez. Un vino correcto, cuya nariz es mejor que cuando pasa a la boca. Repetible.

Finca Ñ 2012. Huele a pastel de frutas y ciruela madura. En boca es amargo, astringente,  desenfocado. Inmemorable con causa.

Graffigna Malbec 2011. Fruta negra y un deje a madera vieja. en boca es tánico al extremo, alguien escribió «palo de paleta» recordando su infancia. Inmemorable con causa.

Unanime 2007 60% cabernet sauvignon, 25%  malbec y 15% cabernet franc, 20 meses en roble francés y americano. Embriagadores aromas a fruta negra, balsámicos, pero con un final muy astringente «arranca lenguas» debido posiblemente a su larga crianza en madera.

cata-199Al parecer este blog se resiste a sucumbir, aunque ha bajado considerablemente su ritmo al final la cantidad de entradas no es lo importante, (si hay algo importante) sino comentar aquellas cosas que valga la pena comentar. En cuanto a las catas, es pura disciplina, a falta de memoria es un punto de referencia de lo que se descorcha en dichas catas, ya sin la libretita  como lo hacía en un principio. Así que aquí voy con lo que me acuerdo de aquella cata realizada el 30 de septiembre.  Y va de californianos…

September Hill Chardonnay 2013. Color amarillo pálido con reflejos verdosos, huele a piña y a ese olor característico de la chardonnay californiana: atún en aceite de oliva, también tiene una notita lejana a paja mojada. En boca posee una acidez viva,  y  un final mineral. Evoluciona en copa a granos de café (barrica). Repetible.

September Hill Merlot 2012. Olores intensos a ahumados, pimienta negra, fruta negra; zarzamora y notas de chocolate. Tanino mullido, buena acidez y final amargo. Sin pena ni gloria.

September Hill Cabernet Sauvignon 2012. Un vino redondo a pesar de su alto grado alcohólico: 13,8% . No hay mucho qué comentar…

Tangley Oaks Merlot 2011. Aromas a mermelada de higo, fruta roja en sazón, tanino sedoso y de buena acidez. Todo en su lugar, pero sin seducir. Repetible.

Tangley Oaks Cabernet Sauvignon  2011. Fruta negra, nota de champiñón y hollejos. En boca es frutal de buena acidez y tanino maduro. Repetible.

Gayser Peak 2004. Cereza, humo y chocolate. Buena entrada y final discreto. Tanino dulce y acidez justa.

CATA 198

Vinos de la 198

Un vistazo por los pasillos de La Europea hizo que me inclinara por  vinos de Querétaro y Parras Coahuila. Me da gusto ver bodegas nuevas aunque debo reconocer que no todas las que nacen, crecen. Muchas otras desaparecen o venden la fruta a otras bodegas. Me pregunto qué se necesita para hacer buen vino. No sé la respuesta pero debe ser bastante complicado, y creo que han llegado inversionistas a muchos viñedos, arribistas, que observan el panorama desde el punto de vista puramente comercial, y es ahí donde fracasan. Espero que estas dos bodegas que abrieron sus puertas al público en 2014 sigan por muchos años. Me refiero a :San Juanito Vinícola  y Bodegas de Cote.

Don Leo Pinot Noir 2012. Me sorprende ver esta variedad en tierras mexicanas ya que jamás la había visto. Una cepa difícil para climas cálidos. Huele a chocolate amargo, zarzamora y ciruela madura. En boca es astringente,  acidez justa y de final amargo, desequilibrado, un pinot muy goloso.

Don Leo  Cabernet Sauvignon / Shiraz 2012.  Granate de capa alta. Aromas intensos a cerezas en licor, canela y notas ahumadas. En boca es áspero y de final largo.

De Cote  Tempranillo/ Shiraz  2012 en Ezequiel Montes, Querétaro. Un vino con aromas a mermelada de arándanos, higos y notas de tofe. Tiene un ataque, paso de boca y final sin altibajos, tanino presente sin excesos. Repetible.

De Cote Merlot 2013. (62% merlot, 25% cabernet sauvignon, 12% shiraz) Este cuarto vino es el que más ha gustado de la noche. Aromas limpios a fruta roja de la mejor calidad, ciruela, grosella. En boca se confirma su fruta, excelente acidez y final amargo. Todo en su lugar. Para comprar media cajita y ver que pasa con el tiempo.

San Juanito Malbec 2013. Huele a canela, fruta roja y notas de humo. Buen ataque, buen paso de boca y final corto. Repetible.

San Juanito Syrah/ Malbec 2013. Aunque parece difícil de creer, este vino marca en la etiqueta 12.0 % grados de alcohol. Aromas de mediana intensidad a hollejos, zarzamora, notas especiadas de mejorana, tanino presente, alcohol integrado y acidez justa, final corto.

En general a todos nos parecieron vinos caros, el promedio es de $472.50 el más alto es De Cote Merlot 2013 con 595 pesos, y el más bajo Don leo Cabernet/Shiraz de 399 pesos. Precios de La Europea.

Siempre habrá un buen motivo para reunirse a probar una copa de vino, en esta ocasión no fue la excepción, se trató de la inauguración oficial de  la cava de un amigo. Miguel la ha nutrido con algunas botellas que quitarían el hipo a cualquier buen aficionado.  La mesa dispuesta in situ, dentro de la espaciosa cava, ocho asientos alrededor de la mesa. Previa selección de un servidor que me decanté por Burdeos y también algunas cositas que sonaban interesantes. Me pareció buena idea hablar antes sobre el génesis del vino, tanto desde el punto de vista antropocentrista  como del que me parece menos preciso pero más veraz.  El segundo habla de Pangea, hace 500 millones de años, cuando la Tierra estaba formada por un solo continente. Desde donde aparecieron los primeros restos de semillas fosilizadas de Vitáceas, porque  debemos reconocer que desde que apareció un racimo colgando de la primera planta, y  éste fermentó, hubo vino. La intervención del Hombre fue mucho después en Mesopotamia, 8000 a.C. Posteriormente pasó a los egipcios, y más tarde se diseminó a toda Europa gracias a los romanos. Haciendo su última escala en El Nuevo Mundo (siglo XVI)  Aunque ya había algunas uvas silvestres, no se vinificaban aún.

CATAMIGUEL

Priorat, Burdeos y La Toscana… Presentes en la Cata de Miguel

Ya en la cata probamos el primer vino: Finca Dofi 2005, de Álvaro Palacios. Este Priorat se presentó al principio  bastante impetuoso, parece que once años en botella no son nada. Puede que decantarlo media hora antes sea una buena idea. De capa alta y de color granate. En nariz presentó aromas de fruta negra: ciruela, zarzamora y una nota mentolada como bien señalaba Héctor. En boca tiene una excelente acidez que le augura una evolución lenta, con un tanino bastante presente. Como para otros cinco años más.

Duetto 1997. Seguro se preguntaran qué hace un vino mexicano dentro de este conjunto. Este vino que al principio fue un proyecto entre Wente (Livermore Valley) y Santo Tomás (Baja California), me parecía a mi el mejor vino de México en esa época, y esta añada era digna de muchos elogios. Hasta el momento no me ha defraudado, después de 19 años ha envejecido como los grandes.  Estuvimos frente a un vino maduro que huele a cera y barro, algo de pacificados. En boca excelente acidez y de tanino muy limado. Está empezando a bajar de la cima, aunque no podría estar seguro del todo  tomando como referencia sólo esta botella. Por fortuna me queda una más en casa.

Château Pape Clément 1975. Bautizado por su propietario,  el mismo papa Clemente V en 1305, cuya calidad demeritó al final de los setenta y que después de 1985 volvió a  sus glorias pasadas. Para mucha gente cualquier vino de más de quince años es vinagre. Quizá no han entrado en el mágico mundo de los placeres sensoriales sin estridencias ni voluminosidades  de los vinos sobre extraídos y dotados de alcoholes arriba de los 13,5. (aunque algunos más alcohólicos están  integrados). Es cuestión de ponderar la elegancia y la profundidad y abrir los sentidos a los susurros de los vinos maduros. Hoy en día acostumbrados a los placeres inmediatos, sin ningún recato para esperar a que el vidrio haga su magia, claro está que sólo con vinos que evolucionan por décadas. Un vino que a medida que corrió el tiempo fue abriendo, pero que sin duda ha pasado su mejor momento. Huele a capuchino, notas de frutos secos y uvas pasa. En boca es fluido y ligero, buena acidez y final corto.

Château Léoville-Barton  1982. Propiedad comprada por Antony Barton en 1826. Cuenta con 48 hectáreas y una producción de 25,000 cajas, 50% barrica nueva. Color terracota, va de menos a más, con un final diluido. Un Léoville-Barton cuyo linaje y excelente añada podía hacernos pensar en cosas mejores. Ni pena ni gloria.

Château Lynch Bages 2003. 90 Ha y una producción de 46, 000 cajas, fuera del promedio de los grandes Burdeos que rondan las 25,000. Un año difícil en Europa en general, con mucho calor y humedad, dando vinos muy alcohólicos y de poca acidez. Una sorpresa ya que este vino huele a dátil, vainilla, quizás por la barrica, balsámicos y algo de fruta roja. En boca es expresivo y frutal, un punto de alcohol y de tanino muy presente. Repetible.

Gaja Barbaresco 2003. Este italiano sin duda es un vino típico de esta añada, fruta madura, muy madura, mermelada de cerezas, arándanos, exuberante y de alcoholes altos, se percibe también la madera y tiene un final largo,  acidez justa que le da cierto equilibrio a todo el conjunto.

 

Vega Sicilia Único 1964

Vega Sicilia Único 1964

Vega Sicilia Único 1964. Al final se abrieron tres vinos más, sin duda es una de las mejores añadas del siglo pasado, y no me canso de repetirlo. Se presentó con mucha dignidad luciendo una corona. Recién llegado de España y al parecer herido de muerte, con la cápsula chorreada y  un nivel por debajo del hombro. Miguel dudaba que estuviera en condiciones de beberse, o mejor dicho de disfrutarse. Por mi parte puedo decir que fue todo lo contrario; el mejor vino de la noche, y el que más disfruté. Un viejo que susurra sus grandes secretos al oído con aplomo y señorío. Huele a bosque bajo, algo de trufa y ahumados con notas muy sutiles de vainilla. Buena acidez y tanino mullido, con un final largo. Una joya para ser el vino más viejo de la noche.

Hubo otro español, del que no tomé nota, pero que seguramente no levantó suspiros… Por último:

Château Montrose 1998. Al descorchar este vino me di cuenta que tenía doble cápsula, algo sumamente extraño, que bien nos podría llevar a dudar de su autenticidad. El caso es que confieso que es la primera vez que me sucede en más de 20 años en estas andanzas de descorchar botellas. Un vino bastante hecho, el vidrio ha limado sus asperezas y presenta buena fruta, acidez y tanino. Todo en su lugar, cenando una deliciosa baguette y una fresca ensalada. Así llegó el final de esta inolvidable velada, agradezco al dueño de la cava y a todos quienes me permitieron un poco de su tiempo al escuchar todos los disparates que acostumbro decir en estas reuniones.