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Entre garrafas y tetra-packs…

El consumo de vino en México va en descenso, la mayoría de la gente percibimos que cada día se consume más, aunque los números dicen lo contrario. En 2005 el consumo percápita fue de 0.14 litros contra 0.20 de años anteriores. Buscando alguna explicación, aunque sea en el terreno de la especulación, lo único que se me ocurre es pensar que quienes consumimos vino representamos una mínima parte de la población en edad de hacerlo, en otras palabras el vino sigue siendo una bebida elitista. Razón por la que no ha permeado a las clases bajas que lo siguen considerando una bebida fuera de su alcance. Visité algunas tiendas de autoservicio para echar un vistazo y saber cuáles son los vinos más económicos del mercado en este inicio de década. Muchos precios pueden ser poco representativos cuando no se contrastan con otros artículos de consumo cotidiano.

Mirando hacia las garrafas y los tetra-packs me percaté del Valle Redondo California, la misma empresa que hace jugos. Por $35.00 se pueden llevar a casa 1 litro de vino con 12% de alcohol. Lo que más me sorprendió fue que dentro del mismo formato de 1 litro en tetra-pack Viña Lanzar de España, tiene un precio de $32.00, 3 pesos menos que el Valle Redondo.
Qué tal un Carlo Rossi blanco en garrafa de vidrio de 4 litros por $205.00, a razón de $51.25 el litro. Un viejo conocido con su singular botella regordeta y tapa metálica tipo «mermelada», es el Padre Kino, con sus 12,5% de alcohol en presentación de 1 litro por $49.00. Un vino que tuvo un gran éxito y que en buena medida sirvió de introducción a varias generaciones. Estas ofertas no suenan nada mal, hasta que volteamos a ver el pasillo de las bebidas carbonatadas y las cervezas. La cerveza Victoria (oscura) de 1.2 litros tiene un precio de $22.00, la Corona de 940 cl. $21.00… Pasando a los refrescos de cola, qué tal un Golden Hills de 3,33 litros repleto de azúcar y gas por $12.70 o una Coca Cola de 3 litros por $15.00. Es ahí donde los consumidores de escasos recursos no lo piensan dos veces. Existen también factores culturales que no podemos pasar por alto, que vienen desde el virreinato o quizás antes.

Una pregunta queda en el aire: ¿Qué hay de la calidad de estos vinos…? Un punto medular. Mientras que en algunos países de la Unión Europea como España, no es nada extraño encontrar buenos vinos para beber a diario por debajo de los 2 euros (menos de $40.00), aquí en México no podemos aspirar a un garnachita tipo Borsao Tres Picos; sabroso, de trago largo… Los vinos antes referidos son poco más que «mosto» recién convertido en alcohol, vinos primarios, de muy baja calidad, tan baja que no se me antoja comprar una garrafita o un tetra-pack, ni siquiera para hacer una buena sangría… ¿He dicho sangría…? De este rango de precios, que además no hay mucho, da un salto a los $70, pero donde más se mueven marcas y variedades es de los $95 a los $130.

¿Qué tan lejos estamos del consumo consuetudinario y generalizado en este país? Creo que muy lejos, pero también pienso que el precio no es la única razón.

Para quienes vivimos en México, sobre todo en el altiplano, estos últimos días han sido de mucho frío. Sé que para la gente que vive del otro lado del charco o más allá del Río Grande puede parecer exagerado. Trece o quince grados centígrados a las dos de la tarde en invierno, es el sueño de cualquier habitante del hemisferio norte. Pero para quienes no estamos acostumbrados a estas temperaturas, cuando el termómetro baja de los 22°C sacamos el abrigo y la bufanda. Además de que en los días invernales a medio día ya ha calentado lo suficiente como para despojarnos del exceso de ropa. Pero estos días no ha pasado nada de eso.
Así que me dispuse renunciar a mi dieta de «principios de año», como cada año lo hago, para preparar una fabada y sacar el amontillado. El amontillado: un Lastau llevaba algún tiempo descorchado. Color amarillo ocre, con sedimentos y algo turbio. En nariz había notas de volatilidad, frutos secos y maderas finas, cansino en el paladar, acidez justa y bastante notorio sus 18,5 grados de alcohol. Con todo y que no estaba en su plenitud, cayó muy bien al estómago.

Una buena dosis de calorías para el frío

Para la fabada descorché un Bosconia reserva 98, una vez más compruebo que este gran vino es mucho más interesante con una hora de aire. Al principio está un poco disperso; acidez, tanino… Con una horita de oxígeno se integran muy bien aromas y sabores, dando como resultado un vino de mucha estructura y complejidad. Aunque no dudo que en diez años mejore mucho más. Buen maridaje con la fabada que ha calentado y reconfortado el cuerpo.
Yo esperaría que este gélido temporal se vaya por donde llegó, al norte, con nuestros amigos que están más acostumbrados a tener la nariz y las orejas frías.

Dicen que «el pedir no empobrece…» y es que hacer castillos en al aire tampoco. Así que ahí van mis peticiones para los Reyes Magos, que por cierto hace mucho que no me conceden algo.

1.- Que la Borgoña no se pase del lado de los productores de vino estilo «carpintería» , o de ese lado oscuro que tanto se proclama en contra Jonathan Nossiter. Habra quien diga que es demasiado tarde que ya hay muchos productores como Bouchard Pere & Fils, algunos de sus vinos ya pecan de lo mismo. Creo que todavía hay muchos que no. Romanee Conti utiliza madera nueva, ¡pero con qué maestría! Estoy a favor del buen uso de la madera, cuando se tenga que poner.

2.- Que dejen de utilizar esas levaduras cultivadas y seleccionadas en laboratorio, para que los vinos no adquieran esos aromas y sabores tan artificialmente tropicales. Sobre todo los blancos del Nuevo Mundo, si es que todavía existen diferencias con el Viejo Mundo.

3.- Que los jereces sigan como están, y que no se le ocurra a Parker hacer una visita de trabajo al sur de España.

4.- Que a los productores mexicanos por un momento los voltee a ver Diosito y les ilumine para que no sean presa de las sequías, saqueos de arena en sus ríos, impuestos excesivos y que tampoco sean víctimas de la moda; del roble nuevo y maceraciones en frío prolongadas.

5.- Por último, pido disfrutar de más y mejores momentos con mi familia y mis amigos en torno a esta bendita bebida que Dios nos ha dado.

Quien quiera agregar o quitar algo a la lista que lo diga ahora o que calle para siempre.

Dando un ligero repaso de todo lo que bebí durante el 2009, me he quedado con un puñado de vinos que merece la pena volver a comentar, por lo menos para mí, como un ejercicio necesario para futuras compras. Aunque habrá unos cuantos que no creo encontrar de manera tan fácil como cuando llegaron a mis manos.  Es el caso del Haut Brion 1964. Los vinos que permanecen en el paladar y en la memoria no necesitan libreta de notas, la «libreta de notas» para mí es algo intangible, cuando me refiero a ella puedo estar hablando de mi escasa memoria, de una servilleta o de un pedazo de papel arrugado, eso no importa. Algo transitorio mientras llego a casa y pongo mis anotaciones a salvo del cesto de la basura. Debo reconocer que el tiempo me ha hecho menos cuidadoso y poco estricto. Al principio tomaba nota de todo lo que bebía, aunque mis notas eran aún más aburridas que ahora, les faltaba algo de sal y pimienta, el tiempo también me ha hecho ver las notas de cata como una crónica de todos aquellos detalles que rodean esa copa de vino, no sólo los colores, el aroma o el sabor, sino la circunstancia misma. Así que sin mirar «la libreta»…
Recuerdo aquel Mogor Badan 1998, decorchado en un maratón organizado por el dueño de un restaurante de cortes argentinos para sus amigos, no lo conocía pero fui invitado por uno de ellos. En esa ocasión se descorcharon varios vinos y éste junto con un Caballo Loco No. ??? no sé si fue el 8, pero lo que sí sé es que fueron los dos mejores. Creo que también estuve influido por las bajas expectativas que tenía de estos vinos, pero para ser franco me gustaron mucho, no como para comprar una caja, pero sí para repetir. Su precio… Ni enterado, gracias a la generosidad del anfitrión.

Clos de La Barre 99 de Drouhin, sigue siendo de mis borgoñas favoritos. Parafraseando a Hugh Johnson: «Puño de hierro con guante de seda». Aunque tengo la tarea pendiente de probar nuevos viñedos y productores como: Coche Dury, Ramonet, Anne Gros, Faiveley y lo que pueda caer de Romanee Conti. Por qué no. Aunque ya cayó un Romanee St. Vivant 1994, no este año, hace ya algún tiempo. Pero no cierro las puertas a la mejor los Reyes Magos me escuchan.

Drappier Zero Dosage, este pinot noir pálido es de mis favoritos; para comprar una caja. Otro espumoso que me viene a la mente es el Billecart-Salmon Brut Blanc de Blancs 1998. Un vino aún muy joven, de excelente burbuja y complejidad, aunque yo apostaría que puede mejorar en botella.

Me gusta encontrar variedades nuevas, como aquel Pian del Bichi 2008, de la Maremma en la Toscana, vinificado con Vermentino, un vino muy sabroso de excelente acidez, cítrico y con un fondo herbáceo delicioso. Grecanico, una uva aún desconocida para mí hasta hace una semana. Aquella copita de La Segreta 2007, la disfrute como pocos.
Y qué decir de aquellas exquisiteces jerezanas, con el Oloroso y el Palo Cortado, de la bodega Fernando de Castilla. Dos grandes vinos que por fortuna ya se encuentran por estas latitudes. Una uva que desde hace mucho no disfrutaba tanto, como varietal, me refiero a la cabernet franc. Y aquel Marc Brédif 2006 de Chinon que me hizo volver a poner los ojos en estos exquisitos tintos del Valle del Loira.
Hablando de valles, el de Beka no se queda atrás, Chateau Musar 2000, un vino seductor con todos los encantos de una visita a un mercado libanés.

El Vino del año

Quiero cerrar esta entrada con un vino muy especial, que perdurará en mi memoria el resto de mi vida. Haut Brion, siempre ha gozado de una excelente reputación, pero cuando se trata de una botella magnum añada 1964, guardada por varios años en mi cava y compartida en un día especial con mis amigos y mi esposa, todo se transforma en algo mágico. Espero probar más vinos de esta añada, pero éste será inolvidable.

Seguramente han quedado muchos vinos en la libreta, pero tampoco se trata de hacer una larga lista, simplemente son los que más recuerdo.
Mis propósitos para este año no son tan elevados como los que he escuchado y leído de algunos amigos, simplemente seguir haciendo lo que más me gusta, acompañado de mi familia y gozando de salud.
Que todos sus proyectos se cumplan y gocen de buena salud. ¡Bienvenido el 2010!

Estos días post-navideños y víspera de Año Nuevo se antoja escaparse a la Ciudad de México, o por lo menos pasarse medio día entre el teatro y el restaurante… Es el mejor momento: calles solitarias sin aglomeraciones y con un buen número de divertidos y sabrosos lugares abiertos. Después de una obra musical en el añejo teatro Insurgentes, disfrutamos de La Novicia Rebelde, apta hasta para bebes de brazos, lo pude constatar echando un vistazo a mi alrededor y contar a más de dos. ¡Por fortuna muy bien portados! Una obra musical muy bien adaptada y amena, impecable vestuario y mejor escenografía, buen reparto sin ser actores muy conocidos son todos talentosos, hasta la chiquita Gretl que ya tiene muchas tablas para su corta edad.

Después de la obra, siendo casi las cuatro, tomamos rumbo sur a un restaurante en una plaza comercial. Un lugar que frecuentaba ya sea para comprar vinos, jabugo y queso o para quedarme a comer: Viña Gourmet, ambiente esnob para qué negarlo, pero también buenas copas, buena comida, y buenos modales de parte de los meseros. Aunque dicho sea la gente de la tercera edad tiene muchas probabilidades de romperse la nariz por la escalera tratando de ir a los sanitarios, o bajar a las mesas… Después de que me vendieran una botella de muestra, ya no había vuelto, no tanto por el detallito de la botella, sino por la paupérrima respuesta del dueño…¿querías que te la regalara…? Yo no voy a esos lugares a que me regalen nada, vender una botella de muestra es indecente y abusivo, para decirlo suave. Después de este rollo de malos entendidos volví por invitación de mi cuñada.
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Empecé con espíritu aventurero; un blanquito por copeo de 89 pesos, para los estándares actuales y estando como estaba valió la pena la elección, además de que se trata de La Segreta 2007, siciliano vinificado con grecanico (uva que ni siquiera estaba enterado de su existencia) y chardonnay, aunque en la carta mencionaba también viognier. Su nariz es bellamente floral, así que no dudo que esta última variedad esté presente en la mezcla. Color oro viejo, brillante. Nariz, repito muy floral y algo herbáceo, en boca es amplio y de final poco amargo; té verde, cítrico y mineral de buena acidez. Me gustó, y mucho.

Jiménez-Landi Selección, 2005

En ese momento, a petición de mi cuñada, me levanté de la mesa y busqué un tinto. Al pasar a la tienda por el pasillo de los españoles, recordé una etiqueta que días antes había ensalzado mi amigo Joan Gómez en su blog, Devinis. Una ocasión que no podía dejar pasar, ya que pocos vinos de los que se comentan de manera tan positiva se encuentran por estas latitudes. Así que sin dudarlo un solo instante pedí esa botella. Una vez en casa he echado un vistazo y resulta que es la misma bodega pero con algunas diferencias en la etiqueta, se trata de Jiménez-Landi Selección añada 2005, de todas formas valió la pena. Aunque francamente sí duele que inflen los precios… alrededor de 40 euros. Este Méntrida rara denominación de origen española para su venta en México, presenta aromas a fruta negra; zarzamora y ciruela, así como notas mentoladas. Joan lo describe como hoja de eucalipto estrujada en tu mano. Aunque no se trata del mismo vino, encontré esos mismos aromas de eucalipto. Paladar elegante y sutil , taninos maduros y suaves, de buena persistencia y final largo. Bellotero con queso manchego, un buen trozo de pan, qué más se puede pedir…
Ahora a esperar la Noche Vieja, y renovar ánimos para el siguiente año.

Nota: Capirucha: Término coloquial, y yo diría hasta naco, para decir capital. En este caso capital de la República Mexicana.

Nochebuenas

Hoy es jueves, por la noche se reunirá la familia a cenar celebrando la Navidad. Mañana será uno de esos días donde parece que el reloj se detiene y las calles se vacían. El frío ya se deja sentir y los tintos salen de la bodega para reconfortar el cuerpo.

Por la mañana escuchaba en la radio las aportaciones de México a la Navidad: la flor de Nochebuena, el guajolote (pavo), las piñatas y las posadas. No cabe duda de que somos un pueblo pachanguero y despreocupado.

Leyendo el periódico Reforma, me encuentro con la sección Buena Mesa de los viernes, como ya mencioné, mañana la gente estará descansando, es la única razón que encuentro para este cambio de fecha. El Sr. Gerschman parece muy preocupado por el «saqueo» de arena de los ríos de Baja California, nota previamente publicada en este mismo periódico por el enólogo Hugo D´ Acosta. Otro motivo más de preocupación para mucha gente del Valle. Según comentan esa arena la llevan a EE.UU. donde su práctica está prohibida.

No me cansaré de reconocer las virtudes y bondades del ciberespacio, aunque también existe el lado oscuro, pregúntenselo a los bancos que han tenido que gastar fortunas en sistemas de seguridad contra fraudes. Así también podría agregar el mal uso de la información en las dichosas «redes sociales». Pero este blog ha sido mi cuaderno de apuntes de muchos de los acontecimientos vínicos a mi alrededor, he tenido el gusto de conocer e intercambiar ideas con algunos lectores que se animan a dejar algún comentario. Hace poco conocí a José Manuel y a su esposa en una cena, un enófilo como muchos de mis amigos, nada tendría de particular de no ser porque es uno de los dos lectores asiduos de Gota a gota, desde sus inicios. En la primera charla que tuvimos esa cena, parecía que ya me hubiera conocido de mucho tiempo atrás, y así era, las letras dejan huella y él generosamente ha leído mucho del material impreso en estas páginas, hecho que celebro y agradezco. En esta segunda ocasión hemos tenido el honor de ser invitados mi esposa y yo a su casa a comer, junto con otra pareja de amigos.

Bacalao a la Vizcaína con Tondonia Blanco…

El bacalao a la vizcaína fue preparado con esmero por la anfitriona, Griselda y la crema de elote por Bugy. La primera duda planteada fue el maridaje, ¿Qué va con el bacalao a la vizcaína? De momento cruzó por mi mente algún blanco fermentado en barrica, quizás un chardonnay, después pensé en un espumoso con algo más de 15g por litro de azúcar residual, propios de un demi sec. En Verema leí alguna sugerencia de un tinto de maceración carbónica, algo muy difícil de conseguir por estas latitudes, fuera de la goma de mascar sabor fresa del Beaujolais Nouveau. Curiosamente el Sr. Gerschman recomienda hoy uno mexicano, Marcel 2008, vinificado con cabernet sauvignon, trataré de encontrar alguna botellita, aunque ya no sea para esta comida. La entrada fue una crema de elote, que podía maridar con el mismo blanco del bacalao. ¿Y el postre? No estaba al tanto del postre así que como es mi costumbre bajé a la bodega y escogí un par de botellas procurando que por lo menos no hicieran un corto circuito con el menú. Jaume Serra, semi sec reserva y Tondonia blanco 1987.

En una coqueta terraza empezamos con el cava, color amarillo oro y de buena burbuja, al principio olía a pan tostado, con un poco de aire dio flores secas y mantequilla quemada. Un cava en la rayita de la madurez… La charla a quienes nos gusta el vino puede tomar derroteros muy variados pero siempre con un desenlace vínico.
Una vez en la mesa, primero con la deliciosa crema de elote y después con el exquisito bacalao a la vizcaína, nos deleitamos con el maridaje del Tondonia blanco. Madera usada en la justa dimensión y la acidez propia de la viura con el tratamiento de esa legendaria bodega del barrio de la estación. Texturas y sabores en plena armonía. Federico por razones que no viene al caso mencionar está en un receso de bebidas alcohólicas, así que nos acompañó con un vino alcohol free… ya le dije que para esos casos es mucho mejor la cerveza sin alcohol, que sabe más a cerveza que el vino alcohol free a vino.
Después de una recomendación echada al aire de un cabernet franc, uva que siempre he considerado como frutal y llevadera con muchos de mis platillos favoritos, descorchamos un vino traído por Federico y su esposa, se trata de un uruguayo de cabernet franc con una proporción más alta de tannat. Sí tannat y cabernet franc, frutal en nariz. Isla de Lobos Reserva 2007, aromas a hollejo, mermelada de ciruela y de final corto, falto de acidez.

Oxigenador exprés

Después del sabroso pastel de zanahoria, acompañado de un exquisito café, el anfitrión sacó un Señorio de Nava, reserva 1999. ¿Estará en condiciones? me preguntó. Con diplomacia respondí que lo mejor era descorcharlo en lugar de especular… La cosa era muy seria. No contaba con que José Manuel traería a la mesa uno de esos aparatos de última generación para oxigenar el vino, Vinuturi. La diferencia fue notable, la primera copa; aromas a reducción y un final más corto que un cuento infantil. Una vez que el vino pasa por ese «sifón», que por cierto hace el mismo ruido que un catador oxigenando el vino en su boca, sorbiendo pequeñas cantidades de aire…la cosa cambia diametralmente, queda en la superficie un aperlado muy bonito, dejando atrás todos los aromas desagradables de reducción, con un posgusto algo más largo y con más nervio. ¿Qué pasó? Se puede percibir un vino en su madurez desde su color tirando a marrón, así como la fruta roja en sazón y lejanas notas ahumadas. Diez años son suficientes. Cuando nos dimos cuenta ya pasaban de las ocho, una larga sobremesa. Hora de retirarse.
Gracias por abrirnos las puertas de su casa y compartir esos chispeantes momentos, que hacen que valga la pena escribir y compartir este blog.

Casa Lapostolle, en lo alto de la montaña, aprovechando la gravedad.

«Imagine la bodega de sus sueños y tener a su disposición medios financieros ilimitados. Este podría ser el tema de un examen de fin de curso de un enólogo o un ingeniero viticultor. Si a los viticultores se les preguntara sobre este tema, sus respuestas indicarían, con toda seguridad, las mismas prioridades: principio de gravitación, control preciso de la temperatura, material funcional y fácil de limpiar así como suficiente espacio para todos los trabajos necesarios» (…)

Este fragmento que he copiado íntegro del libro: El Vino de André Dominé (pag. 126). Me hubiera sido de mucha más utilidad en mi examen profesional, que el día de hoy. Una de las preguntas más difíciles de contestar fue precisamente el de las necesidades en una bodega, en aquel momento no se mencionó la palabra ideal, pero creo que hubiese quedado aún más claro. Desde hace relativamente poco tiempo se ha dado relevancia a la fuerza de gravedad en los procesos de vinificación, ésto con el fin de no utilizar bombas que puedan influir en la calidad del mosto y del vino de manera perjudicial. Mismos principios seguidos al pie de la letra en Casa Lapostolle, a las afueras de Santa Cruz en el Valle de Colchagua en Chile. Otro buen ejemplo es Viña Real en Rioja, diseñada por el arquitecto francés: Philippe Mazieres. Nuevos materiales, nueva tecnología, que va transformando el arte de la vinificación. Quizá peque de romántico y tenga que corregir por; la industria de la vinificación. En el fondo quien utiliza y decide las técnicas es el enólogo, aquí no hay pilotos automáticos, no se ha llegado a eso todavía, pero quizá ese sea el último paso para poder llamar proceso industrial con todas sus letras a la vinificación.

Pago Viña del Olivo, Contino

Otro problema de actualidad es que muchos enólogos se olvidan del viñedo, la uva llega a sus puertas como mera materia prima, las cooperativas son un gran alivio para muchos productores de vino, hay quienes se preocupan por la calidad y otros por la cantidad. Recuerdo aquella charla que tuve con mi amigo Jesús Madrazo, enólogo y cabeza de Contino, parafraseando me decía que el viñedo debe de tomar la importancia que ha perdido.
El enólogo se ha volcado a la producción dejando de lado el viñedo. Me parece una tendencia peligrosa, demeritar la materia prima. A cada rato me entero que en España la uva se paga a precios miserables, pero pocas bodegas son autosuficientes, sus viñedos, en el caso de tener alguno, no cubren la demanda. De México no tengo ningún dato confiable, así que mejor espero a Valente para que nos cuente algo al respecto. El cuidado del viñedo y la vinificación deben ir de la mano.

Maridaje expedito

Publicado: 16 diciembre, 2009 en De lo social, Vino
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Observo en los restaurantes con más frecuencia, cartas que incluyen además de sus platillos sugerencias de maridaje. Algunas cartas son muy precisas señalando; marca y añada, otras dejan al consumidor en libertad de elegir entre tres o cuatro vinos diferentes, un buen ejemplo es la carta de Tierra de Vinos. Aunque francamente eso del champán con bellotero no me lo puedo imaginar, además de que habría que matizar de qué champán se trata, como en el caso de las otras sugerencias; «verdejo», «tempranillo», «albariño»…hay que reconocer que hoy en día los vinos se parecen unos a otros, pero afortunadamente todavía existen diferencias sustanciales entre algunos productores. No es lo mismo un mineral albariño de Palacio de Fefiñanes que un licuado de plátano de Martín Códax.
Al final es una buena forma de promover el vino y ayudar a la gente a acercarse al consumo del mismo, sin que se rompan la cabeza pensando qué pedir. Lo que es cuestionable es la manera en que algunos restaurantes lo sugieren. He escuchado en más de una ocasión recomendaciones de un merlot chileno, con pescados de sabor y texturas delicados, sólo falta que indiquen que debe tener 14.5 % de alcohol por volumen. El criterio es discutible, la idea no es mala. Confieso que no estoy muy preocupado del maridaje, en la mayoría de los casos pido primero el vino y después la comida, aunque en muchas ocasiones sé de antemano que no casa muy bien una cosa con la otra.

Hay productores de vino interesados en estrategias simples para que el cliente pueda escoger su vino en función del maridaje, ya son varias bodegas que incluyen en su contraetiqueta algunas indicaciones interesantes. Ésto para muchos entendidos es casi un insulto, no faltará quien diga que sale sobrando la variedad de uva con la que está vinificado, tratándose de varietales famosos como: Chablis, Montrachet así como todos los Borgoñas tintos, indicar la temperatura de servicio, o si el vino es seco o abocado… Pero los vitivinicultores buscan nuevos clientes, clientes poco instruidos en el asunto del servicio del vino, pero con poder adquisitivo, que les permitan multiplicar sus ventas. En el otro extremo están los productores cuyas etiquetas minimalistas estampadas en botellas estilizadas, apenas indican la marca y la añada.

La abundancia de información también puede ser contraproducente, existe un bloqueo mental cuando aparecen abultados textos, cifras y cuadros informativos. Por mi parte prefiero las etiquetas minimalistas, ya que soy poco paciente con todo lo que tenga que ver con instructivos, indicaciones y textos adicionales de algunos productos. Aunque tambien sé que para mucha gente las minuciosas indicaciones en menús, etiquetas y contraetiquetas son una valiosa información que les permite tomar decisiones sin tener que preguntar a terceras personas, muchas veces mal informadas.
Queridos lectores, ¿qué prefieren?


De todos los accesorios relacionados con el vino, me quedo con los discos plastificados de la marca Drop Stop. Accesorio indispensable para no derramar las gotas de vino en manteles, pantalones, camisas, vestidos, bufandas y extremidades inferiores y superiores de los comensales.
Recuerdo aquella noche que asistí con mi esposa a una cena formal, donde el mantel de encaje blanco, más blanco que la espuma del mar en la playa más virgen del caribe, lucía aún más blanco que la vajilla china dispuesta en la mesa con todos los reflectores. Todo iba muy bien hasta que la anfitriona tuvo la brillantísima idea de invitarme a servir el vino. En ese momento juro que hubiera preferido beber agua. El vino tenía un color más oscuro que la tinta china, además de tener una botella de borde difícil de domar… Una pregunta surgía desde lo más profundo de mi alma: ¿Dónde están mis discos Drop Stop? Con destreza de neurocirujano logré no derramar ni una sola gota de vino, aunque lo más probable es que los comensales hayan acabado empapados de sudor.
Ya he hablado algo acerca de los accesorios inútiles en alguna de mis entregas, pero ahora me gustaría hacer una lista de los cinco primeros:

1.- Los cubrebotellas, no son muy comunes, los he visto en algunas tiendas, así como las cubiertas de las maderas de golf, con diseños y colores que en el vino no vienen al caso. Diría un buen amigo: ¡Qué naaaaaco!

2.- Todos los accesorios para aquellas personas de garganta pequeña y diminutos riñones que no son capaces de beberse una botella de 750 ml : Bombas, jeringas, tapones y no sé cuántas cosas más.

3.- Los portabotellas. Esos accesorios a veces muy estilizados otros muy burdos, fabricados en todo tipo de materiales con el fin de no dejar la botella sobre la mesa. ¿Tiene algo de malo dejarla sobre la mesa?

4.- Los accesorios para acelerar la oxigenación del vino. Fuera de algunos preciosos decantadores, creo que todo lo demás sale sobrando. Acabo de descubrir uno, que prometo ahorrarles dinero si en vez de comprarlo tienen una pecera y dirigen la delgada manguera del oxígeno al interior de la botella. Por favor observen el video.

5.- Y el número uno… Esta lista sí va por jerarquía. Este accesorio para abrir botellas con tapón metálico. Debe ser muy difícil abrir estos tapones como para que alguien se haya quemado el seso inventando este aparatejo.

Así que para quienes piensen generosamente en regalarme algo, espero que sus regalos no entren en esta lista.

Spec´s Houston

Un par de horas antes de ir a Crush visitamos Spec´s una tienda con algunas cositas interesantes como Trimbach, Pierre Sparr, Hugel, alsacianos que nunca fallan. De Italia un Barolo fenomenal de Oddero. Al estar en un suburbio, se nota la gran diferencia con la tienda Spec´s en el centro de Houston.
En esta última la entrada no promete mucho; un supermercado común y corriente. Señoras con carritos, vinos al frente de cinco dólares… definitivamente no se trataba de una tienda especializada en vinos, ¿o sí…? Al dar vuelta en uno de los múltiples pasillos mi sorpresa fue mayúscula. Blancos de Borgoña por doquier: Montrachets, Meursault, Chablis… de muchas marcas precios y añadas, después seguí en todos y cada uno de los pasillos, llegando al del Valle del Loira, específicamente Sancerre con el famoso Silex de Didier Dagueneau, famoso productor fallecido el año pasado. Ya reposaba una botella en el carrito, cuando por un segundo me llegó la cordura y lo dejé en el mismo lugar donde lo tomé, 130 verdes son 130. No he dicho que no los valga, porque aunque no lo he probado he escuchado y leído excelentes comentarios, pero mis compras iban dirigidas a las mejores ofertas. Y no tardé en encontrarlas. Estiré la mano para meter en el carrito dos botellitas de uno de mis Borgoñas favoritos: el extraordinario Clos de La Barre 2006, un monopole de Drouhin, cuyo hermano del 99 me hizo disfrutar muchísimo. Por sólo $54 dólares, vale mucho la pena llevarse un par a casa. Un Domaine De Chevalier 2005, un Viña Caneiro 2007 de Ribera Sacra; cuya etiqueta no puede ser más ilustrativa; los escarpados viñedos en terrazas de la zona. Un Domaine des Ambuisières, «Cuvée de Silex,» Vouvray 2007 junto con un Un zinfandel de Dashe Cellars también 2007, estos dos últimos comprados en Cova Hand Selected Wines en la misma calle de Washigton, unos minutos antes. Debo decir que Cova es una tienda muy acogedora con una barra para degustar vinos y algunas viandas. Así completé mis cuatro botellas de rigor, ya que en la aduana sólo puedo pasar con 3 litros, aunque llevaba dos botellas más… Lo que ignoraba a mi regreso es que esta cantidad había sido modificada, para mi sorpresa ahora se pueden pasar 8 litros por persona. Jamás lo hubiera creído sino lo veo estampado en el papelito de la aduana.

Gewurtztraminer Alsaciano mmm…

El domingo hubo carne asada, de esa que me gusta, la añejada que con unos granos de sal gruesa y otros granos molidos de pimienta negra, son suficiente condimento para disfrutar de una exquisita carne.
Esa tarde empezamos con un Pierre Sparr de Gewurztraminer 2007 amarillo pajizo, brillante, espeso. Aromas intensos a jazmín, durazno, té verde y notas de flor de azahar. En boca es fresco, con recuerdos de toronja roja, abocado con notas minerales y un final amargo con recuerdos de agua tonic.

Paella mexicana en wok, made in USA…

El lunes prometí hacer una paella estilo mexicana; paella que se le agrega carne de cerdo, pollo, mariscos y todo lo que se encuentre en el camino. La materia prima no fue problema encontrarla, con excepción del chorizo, ya que el más parecido no lleva pimentón y sabe más a chorizo argentino. El problema fue encontrar la paella, (el recipiente) así que mi amigo Gabriel compró lo más parecido. Tenía más forma de Wok con tapa que de paella. La limitada superficie plana en contacto directo con el fuego, hizo que el arroz se quemara un poco en el fondo, así nos permitió probar un poco de socarrat.

Para la paella abrimos un Graff Riesling 2004 bastante mudo al principio, con fruta amarilla poco definida, dulce, de acidez justa y sin esa nota de queroseno de la riesling en su juventud. Seguido por el Oddero Vigna Rionda 98, un Barolo que de inmediato me transportó a un Viña Tondonia joven, aunque el Oddero huele a caja de puros, fruta roja y toffee, de final persistente. Un Barolo muy sabroso y muy clásico. Una de las mejores compras, fue sin duda el Viña Caneiro 2007, un mencía tan rústico como auténtico, bonito color rubí capa media, lo primero que da son lácteos, con un poco de aire llegan frutos rojos y refresco de cola de trago largo con un amargor y acidez que invitan al siguiente trago. Compraría dos cajitas, para beberlo diario.

Los días se me pasaron volando… desde aquí gracias a Gabriel y a Lupita por su hospitalidad.

De colinas escarpadas… Viña Caneiro 2007