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Le Haut-Lieu Sec 1996 Después de una semana de haber puesto a trabajar mi hígado y mis riñones no ha caído algo que valga la pena comentar. Hasta el día de hoy. Y esto me lleva a una añeja reflexión: ¿Qué está pasando con el grado de alcohol en el vino…? cada vez me encuentro en las etiquetas alcoholes arriba de los 13,5 aunque en algunos no sea tan evidente cuando está bien integrado, en otros podría ponerme en la calle como tragafuegos.
Parece que la producción industrial de vino no tiene marcha atrás, los pequeños productores cuidadosos de su vinificación y preocupados por el terroir y de conservar niveles de alcohol en niveles decentes, están en extinción. Por esta razón el encuentro con vinos como los de Huet son un Oasis en el desierto de vinos sin personalidad y con tanto maquillaje.

Le Haut-Lieu Sec 1996. Muy bien guardado cubierto de polvo, reposaba desde hace poco más de un año en la cava. Color amarillo dorado muy brillante y algo espeso. Nariz floral a manzanilla y flor de azahar, tiene notas de tabaco rubio de fondo y un punto frutal a pera y durazno. En boca es amplio con una frescura cítrica a toronja blanca que muy pocos vinos de su edad sostienen. Largo y profundo. Una delicia. Un pato con salsa de ciruela con una cama de puré de camote no fue el mejor maridaje, así que hice a un lado el plato y terminé con el vino primero. Mejor presentación que contenido...

Hubiera estado mucho mejor un pinot noir, de preferencia directo de la Borgoña. Al no haber muchos vinos por copeo de donde escoger me decanté por un chileno de cabernet sauvignon, que he dejado en la copa. No sé si cada día sea más sensible al alcohol, pero me pareció un disparate, un tinto de alto octanaje rompiendo drásticamente con la sutileza del Huet y la del pato, a pesar de la grasa de sus carnes.

La historia se repite, después del escándalo de botellas falsas que llevó a su autor a la corte en el 2006, si la memoria no me falla. Escándalo protagonizado por Hardy Rodenstock, ex-publicita y promotor musical cuya ambición lo llevó a vender por varios miles de dólares botellas de formatos raros y de añadas muy viejas, que al final resultó un fraude, y cuya historia novelesca se llevó al libro The Billionare´s Vinager . Quien haya leído el libro habrá pasado un rato entretenido, confundido entre la ficción y la realidad.

Hoy el protagonista es mr. Kurniawan, un ciudadano de Indonesia. Los cargos contra él vienen del año de 2008 precisamente, cuando vendió por lo menos 84 botellas falsas de Domaine Ponsot (Borgoña), cuya venta se calcula en aproximadamente 600,000 dólares, entre otros fraudes. Se repiten algunos nombres como William Ingraham Koch, (petrolero y coleccionista de vinos) parece que no aprende de los errores del pasado, así como la casa de subastas Sotheby’s en Nueva York, cuyo paso por dicha casa figura en el historial fraudulento de este ciudadano indonesio.

Más allá de lo que le suceda a mr. Kurniawan que ya fue detenido en Los Ángeles por el FBI, y de los compradores millonarios afectados. Me pregunto si habrá gente en el futuro que considere el vino como una buena inversión, antes de ser placentero al paladar y a todos los demás sentidos. Y es ahí donde estriba el problema ya que si existe gente capaz de gastar miles de dólares en una botella que ni siquiera ha probado alguna vez en su vida, seguirán los mega-fraudes promovidos por la avaricia y la falta de control para verificar la autenticidad de añadas viejas.
Quien quiera más detalles, puede consultarlo en The New York Times.

Foto extraída de guiavinos.net

Saborizantes en el vino

Publicado: 14 marzo, 2012 en Reflexiones
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Saborizantes artificiales, es así como se conocen a las sustancias que se agregan a ciertos alimentos durante su fabricación, para imitar algunos sabores. Es común encontrarlos en la mayoría de los alimentos procesados, así como también se encuentran algunos colorantes y conservadores. Lo que más me sorprende, como podrá sorprender a los enófilos más romanticones y hasta los más realistas, a pesar de que es ilegal en la mayoría de los países productores, se utilizan saborizantes para el vino. Existen dos clases: saborizantes idénticos a los naturales *(nature-identical flavorings) y los saborizantes artificiales, muy fáciles estos últimos de detectar. Afirman que es difícil de percibir los primeros que pueden producir sabores característicos de variedades nobles como la cabernet sauvignon y la savignon blanc. Detectados únicamente mediante análisis clínicos, aun en pequeñísimas cantidades. Su concentración hace posible que sean efectivas en porcentajes del 0.001* El más común de estos saborizantes es la esencia de roble.

¿Adónde llegarán los enólogos en el futuro? ¿Vinos de sabores hechos a la medida del consumidor? Para quienes han disfrutado del vino natural y ahora más con la creciente fiebre de lo orgánico,  puede parecer un disparate, pero es una posibilidad frente al supuesto cambio climático y a la creciente demanda de países emergentes. Posiblemente lo que estemos bebiendo en tres décadas tenga ya poco que ver con el jugo de uvas fermentado. Se imaginan a alguien entrando a un bar pidiendo en la barra un cabernet sauvignon con pimiento extra y un fondo de grosellas con un toque mentolado…


* Datos obtenidos de Jancis Robinson The Oxford Companion to Wine Pp. 274
Foto extraída de mdp.edu.ar

Tres largas semanas sin subir entradas al blog es mucho tiempo, no es que me haya fijado alguna cantidad mínima o máxima, ni tampoco que haya renunciado a contar lo que cuento, sino que las circunstancias han hecho que no tocara el teclado. Por un lado mi estómago no está en sus mejores momentos y por otro las botellas que han caído son bastante malitas por decirlo suave, como para poder emitir cualquier comentario. Nunca he buscado destripar de manera encarnizada los malos vinos en este espacio, los que yo llamo; inmemorables con causa. Vinos irrepetibles que no llego ni siquiera a terminar, acabando casi siempre en la coladera del fregadero o en una maceta.
Sumado al hipócrita inicio de las campañas políticas llenas de eufemismos tales como: aspirantes, patria amorosa, mensajes dirigidos al partido… como si estuviéramos ciegos o sordos todos los demás ciudadanos, entre otras estupideces que francamente no mejoran mi estado de ánimo.

Aceptable después de tantas decepciones…

Dentro de este desolador panorama también han caído un par de botellas aceptables, correctas, bebibles. Pero empezaré por la peor botella de malbec que he probado en mucho tiempo. Afincado Single Vineyard 2005, un vino cuya etiqueta señala 14.0% de alcohol por volumen, aunque confieso que cualquier número arriba de esta cantidad sería completamente creíble. Este vino tiene una arista de alcohol que no había percibido en ningún otro vino tranquilo no-fortificado. Un oporto tawny en prueba de barrica tiene el alcohol mucho más integrado.
Hoy precisamente he leído una interesante entrada del blog de Jancis Robinson, de donde rescato algunos párrafos:
(Mi traducción)

Las dos principales razones que aducen al incremento generalizado en los niveles de alcohol son las levaduras, cada vez más eficientes, convirtiendo el azúcar en alcohol de manera más eficaz, y el cambio climático. (…)

Los productores de vino perciben que los consumidores y las autoridades quieren vinos con gusto de fruta más madurada y particularmente con taninos más suaves además de acidez baja (a mayor madurez menor acidez), así que hacen de manera deliberada la vendimia más tardía. (…)

La diferencia entre lo que marca la etiqueta y el contenido de alcohol real varía entre 0.39% en los vinos del Viejo Mundo y 0.45% en los del Nuevo Mundo (…)

Debo decir que odio estas dos denominaciones para el vino, cada vez más anacrónicas.

Dentro de lo aceptable, podría destacar un Burdeos de bajo precio y de nombre largo; Chateau Relais Du Cheval Blanc cuya añada francamente olvidé. Un vino sin muchas pretensiones, que sin recordar el precio exacto, no rebasa los 150 pesos. Tampoco es la copa que se queda para disfrutar a tragos cortos en la sobremesa, ni el vino que inspira a escribir un poema, pero tampoco decepciona.

Sólo espero que todo esto no sea un mal augurio para este año y que pueda pronto disfrutar una buena copa de vino, sin tener que pasarme del lado de la socorrida cerveza.

En las últimas dos semanas he transitado entre el desencanto y el aburrimiento. Poco que comentar en cuanto a descorches se refiere.
Una boda, acontecimiento donde la gente acostumbra echar la casa por la ventana con jardines delicadamente cuidados de frondosos árboles y coloridas flores o salones exquisitamente decorados, música en vivo, refrigerios a la entrada, manteles largos, menú con nombres extravagantes… Pero el vino. Nada. No le prestan la menor atención, y no estoy hablando del precio, sino de la búsqueda de un vino sensato, de trago largo, sin rebuscamientos pero que pueda beberse inclusive solo. Pero nada de nada, no abundaré en un tema ya de por sí trillado que al parecer sólo importa a quienes buscamos cosas interesantes, para otros los precios altos son sinónimos de calidad, y viceversa. Allá ellos.

Dentro de todo este conjunto de aburridas experiencias dizque vínicas y hedonistas, me encuentro con un vino que vuelve a mi mesa con bastante frecuencia, sobre todo cuando salgo a un restorán.  Cune Crianza, una apuesta segura, un vino sabroso consistente que siendo caro, en un lugar chic y de moda, de esos que algunos esclavos de la misma pueden llegar a esperar una hora para que los pasen a la mesa, puede llegar a los 400 pesos o poco más, pero que tampoco es raro encontrarlo en menos de 300, nada que pueda desfalcarnos una vez al mes.

Ayer bebí tres copas del 2008, y me encantó, tiene un tanino sedoso, una acidez extraordinaria, todo en su lugar para pasar la tarde platicando y bebiendo. Sí, lo sé, mucha gente puede pensar que si esto es lo mejor que me ha pasado en las últimas semanas, se ría o se compadezca de mí. De una u otra forma ¡Muchas gracias!

Foto extraída de http://www.cvne.net

Podría ser un buen título para un artículo de la revista Forbes o Robb Report anunciando las últimas añadas de Burdeos, y seleccionando aquellos que no rebasan los dos mil verdes. Los Burdeos y Borgoñas han pasado de ser vinos míticos a objetos de especulación: ventas a futuro, subastas, colecciones de rusos y de chinos millonarios… Y quienes salen perjudicados somos todos quienes disfrutamos descorchando y comentando experiencias alrededor de estos vinos. Hasta hace unos años era posible hacerse de un par de botellas por algo más de cien dólares. Lo digo por experiencia ya que en 1998 compré en Sherry-Lehmann (tienda en la ciudad de Nueva York no precisamente barata) un Haut Brion y un Lafite 90 y 91, aunque no me acuerdo qué añada corresponda a cuál. Añadas flojitas pero no dejan de ser interesantes en algunos chateaus. Y apenas rebasaron los cien verdes cada uno. Hoy no alcanza ni para comprar los segundones (Carruades Lafite y Le Clarence de Haut-Brion) que dicho sea, este último hay ocasiones que está mejor que su hermano mayor. 1998 tan cerca y tan lejos ¿Se acuerdan de la motocicleta BMW R1200 que salió en una película de James Bond? Ya se ve antigua… pero los vinos son menos profanos, mejoran con los años.

Bajo estas premisas, nuestros desafortunados hijos y nietos tendrán que hipotecar su casa para poder comprar la añada 2025, y si es declarada por el hijo de Robert Parker como la añada del siglo… Suele suceder, entonces tendrán que sumar uno de sus riñones y una córnea a la cuenta. O procurar de nuestra parte heredarles una buena dotación de vinos para que sepan lo que fueron los Burdeos de los setentas y ochentas, por no irnos más atrás. Aunque el gusanito de comprar una añada reciente siempre estará latente, si es que deciden beber vino y no se decantan por otras bebidas más espirituosas y mandan al carajo la colección completa. Además hay que añadir que los Burdeos salen al mercado bastante cerrados, y debemos guardarlos varias décadas para su maduración.

Para muestra de precios de locura, un botón:

Chateau Lafite 2010 de 398€ en Suiza (que suerte la de Daniel) hasta 1173.75€ en EE.UU.
Chateau Latour 2010 de 225.34 en Suiza, a 1567.39€ en EE.UU
Chateau Margaux 2010 de 190€ en Alemania a 1297.92€ en Suiza… ¿habrán invertido los precios).
Fuente: Vinopedia
Otra conclusión a la que he llegado, es que nuestro amigo Daniel P. W. se fue a Suiza por otras razones… 🙂

…Y todo a media luuuz…

Han pasado casi dos meses desde que saqué la última botella de mi bodega. Luigi Bosca de Sangre. aunque llevaba poco tiempo tumbada después de que me la regalaron, ha salido de la bodega. Las seis que descorcho cada fin de mes para la cata grupal, no las he contado. Un detalle intrascendente para la mayoría que me hace favor de leer este blog, pero que me ha hecho reflexionar del poco vino de diario que queda, al que no se le rinde culto, ni se guarda mucho tiempo, que no se mima en el frío y la oscuridad, estas deben ser las razones por las que he comprado y descorchado botellas el mismo día, durante las últimas semanas. Usar y desechar. Por un momento pensé que no podría vivir sin una buena reserva de vinos bajo tierra, pero tal parece que siguiendo los criterios modernos, la guarda del vino es una costumbre en vías de extinción.
Pero sí, sí tiene sentido; cuando la gente busca algo más en el vino. Cuando va en busca de la magia que se desenvuelve al guardar y descorchar un vino maduro, que sin prisas ha sabido llegar a la copa después de años, casi olvidado en un rincón frío, oscuro, intemporal. El día de ayer por la noche, y a pesar de que viajó en coche, y las copas no eran austriacas, decidí descorchar esta botella, comprada en una legendaria tienda de Londres, y que guardé hasta el día de ayer. Motivos podría inventar muchos, pero el hecho de poder salir a cenar con mi esposa es suficiente.

Gevrey Chambertin Domaine Alain Burguet Tradition 2004, un vino desconcertante, al principio se muestra austero, sin concesiones, pero con un buen rato en la copa comienza la magia. Una nariz amalgamada de fruta negra en sazón, de carácter térreo; hongos, sotobosque, flores de lavanda y algo de tomillo y albahaca, con los ahumados y cuero muy presentes. En boca es firme y hasta un poco amargo al principio, pero el aire lo va limando, sus taninos muy presentes y su acidez le da un buen armazón, largo y profundo. Unos añitos más le hubieran sentado mucho mejor, aunque ya se puede disfrutar. Sería mejor decantarlo media hora antes del servicio. Maridó de maravilla con un pato en salsa de ciruela. La foto, un desastre, a medía luz y fuera de foco, todo por no usar flash, no me gusta la frialdad de los colores con el flashazo. En fin, no hay mucho de donde escoger para documentar la velada.

Tenemos Cojón de Gato o Teta de Vaca... ¿Cuál prefiere?

Tal parece que muchas bodegas con el afán de captar a un determinado grupo de consumidores, se han volcado a imprimir en sus etiquetas nombres tan descabellados como poco ortodoxos, sacados de no sé donde, pero que para mucha gente podrían rayar en el mal gusto: Cojón de Gato, Teta de vaca, Fish Eye…
De momento no me viene a la memoria ningún vino mexicano con estas características, pero puedo darles algunas sugerencias, qué tal: Pata de Perro, Oreja de Elefante, Diente de Conejo, Moco de Gorila… Son sólo algunos ejemplos que podrían figurar en la lista de ingredientes de alguna hechicera para preparar una pócima, pero no para encontrarlos en la carta de vinos de un restaurante.

Dentro de mis parámetros para escoger el vino, definitivamente no están los nombres raros, ni las etiquetas bonitas, aunque debo reconocer que me ha llamado mucho la atención la manera como algunos productores han bautizado sus vinos para poder captar la atención de un grupo específico de bebedores de vino. La pregunta sería; ¿qué tan serio es este consumidor? es decir habrá mucha gente que se acerque y compré una botella… ¿pero podrán repetir? Parafraseando a un sabio bodeguero español; «yo no vendo mi vino cuando llega a los anaqueles, ni siquiera cuando lo compra la gente, sino cuando vuelve por otra botella». Seguramente el grado de eficacia amerita sacar del baúl de los nombres extraños, algunas incoherencias para plasmarlos en una etiqueta, pero también habrá otros consumidores que repudien ese tipo de maniobras y no les merezca confianza comprar un Cojón de Gato o un Teta de Vaca. Por mi parte, sólo me he atrevido a sacar la cámara fotográfica para documentar esta entrada, tal vez mañana estaré hablando de lo bueno que es el Cojón de Gato o lo maravilloso que es el Teta de Vaca. Uno nunca sabe. ¿Alguien ya los probó?

Cual vil verdura tuvo que subir a la báscula…

Unos cuantos gramos pueden marcar una gran diferencia. Para un recién nacido prematuro, 100 gramos pueden ser la diferencia entre la vida o la muerte. Después de aquella entrada titulada Pensando Verde en la que hablé de la propaganda de las bodegas a favor de prácticas ecológicas, y dar dos ejemplos: uno el de Casillero del Diablo Merlot 2010 anunciada como «NUEVA BOTELLA LIVIANA». Y la otra, bodega de Miguel Torres en Penedés, con su Sangre de Toro 2010.

Tenía la curiosidad de saber la diferencia entre una botella de las de antes y ésta… Aprovechando que no había mucha gente; que las básculas en el departamento de frutas y verduras están al alcance del público, y que todavía encontré la añada anterior; pesé las dos botellas. La primera un Casillero del Diablo Merlot 2009, botella «normal» y la misma de añada 2010, con la leyenda antes descrita. La diferencia es de sólo 100 gramos, la primera pesó 1,350g y la segunda 1,250g un 8% más liviana y no un 13% como lo apuntan en su página. Aunque también cabe la posibilidad de que la báscula esté un poco descalibrada… Un peso neto por botella de 600 y 500 g respectivamente. Traducido a una caja (doce vinos), estamos hablando de una diferencia de 1 kilo 200 gramos, casi otra botella «liviana» por caja. Por cada doce cajas podrían meter al camión una extra. El ahorro en la utilización de vidrio es de 2,200 toneladas al año, según datos de la compañía. Cifra nada despreciable.
Aún así son números que para un hedonista puro e inmisericorde como yo, no representan un motivo poderoso para que escoja el Casillero Merlot 2010 sobre otros vinos en botellas «pesadas». Pero no dudo que existan personas más preocupadas y ocupadas por la ecología que cambien sus prácticas a favor de lo verde. Tampoco dejo de reconocer el esfuerzo de estas compañías para producir vino sin menoscabo del medio ambiente, aún cuando las autoridades las tengan bajo la lupa para obligarlas a cumplir con ciertos lineamientos y así más tarde compensarlas a la hora de pagar impuestos.

Bodegas Torres es la otra bodega que puse de ejemplo en el post anterior, muestra en la botella de Sangre de Toro crianza 2010 una etiqueta verde con la leyenda en inglés:

#1 Winery Minimizing Environmental Impact.

Por The Drinks Business Magazine
Dentro de su página señalan que:

Procuran integrar diferentes medidas medioambientales en todas las etapas de su sistema de producción. En este sentido, Torres practica una viticultura respetuosa con el medio ambiente utilizando alternativas biológicas en lugar de productos agresivos. Asimismo, colabora en la protección de los bosques del Penedès y de otras regiones de España y Chile.

Para quienes quieran más información aquí pueden consultar.

Después de dos semanas sin escribir en este blog empiezo a reflexionar sobre lo ya escrito y lo que viene. Y es que después de los cuarenta, que dicho sea yo ya estoy más cerca de los cincuenta, las crisis existenciales son más profundas. Veo que algunos blogs han desaparecido, teniendo que borrarlos del blogroll, otros llevan meses sin entradas nuevas en una asfixiante pausa. Un buen ejemplo es el de Manuel Camblor, que desde hace seis meses no ha escrito nada en su blog la otra botella. Hecho que se hace más palpable ya que era uno de los blogs más activos, y nos tenía acostumbrados a dos o hasta tres entradas por semana.
El silencio en la música es necesario, es decir aquellas pausas entre una nota y otra, podríamos aplicarlo a la vida misma dentro de todas las actividades que realizamos cotidianamente, incluido el escribir en un blog.

Muchos blogueros se han planteado la utilidad de lo que escriben… Sin tener respuesta, algunos piensan que se han renovado, otros siguen a un paso más lento y el resto ha optado por cerrar sus puertas. Esta última opción ha cruzado por mi mente más de una vez, pero si no fuera porque hay momentos que me llena el alma poder escribir, ya estaría en la lista de los extintos. Yo siempre he defendido la tesis de que quienes escribimos de manera amateur, lo hacemos en primer lugar como un ejercicio de catarsis; ya serán los lectores quienes juzguen si vale o no la pena. De todos quienes me hacen favor de seguir Gota a Gota, hay muchos anónimos que no han dejado ningún comentario, otros tantos son viejos amigos, y unos pocos son nuevos lectores que acostumbran dejar algún mensaje. Mensajes que alimentan el ego, y que nos permiten saber si vamos por buen camino, o por lo menos que no los hacemos bostezar.

Yo tengo varias preguntas para mis amigos blogueros: ¿Cuántas veces descorchan un vino para tener algo que contar? ¿Cuántas ocasiones se han perdido de algo interesante por estar apuntando en la libretita algunas impresiones sobre acontecimientos relacionados con el vino? ¿Y cuántas otras han buscado ir algún acontecimiento para tener algo que escribir?  Lo que no me queda claro es saber si esta búsqueda de material es algo patológico o es la norma.
Por lo pronto tomaré un receso de algunos días gracias a un agudo ataque de gota. El colesterol, los triglicéridos, el ácido úrico son la antesala de los cincuenta. Habrá que cuidarse porque finalmente por muchas cualidades para la salud que le encuentren cada semana al vino, es lo primero que prohíben los médicos.

Foto extraída de blogcastello.com