Archivos de la categoría ‘Cata’

CATA 175 Se me ha ocurrido juntar pinot noirs de varios países, y éste ha sido el resultado:
El primero de la noche fue el Edición Limitada Pinot Noir 2005, de Viña Morandé, un pinot de 14,5 grados de alcohol, que dicho sea no se notan. Aromas intensos a frutos secos, madera y ciruela madura. En boca destaca su acidez aunque su final es corto. En la frontera de lo repetible.

De Montes Alpha probamos éste, que es otro pinot con 14,5 de alcohol, aunque en este caso si se le nota un poco más el octanaje. En nariz fruta negra; frambuesa, cerezas en licor amalgamado con la madera y un fondo de higos, final astringente. Sin pena ni gloria.

Desde Portugal; Quinta Do Cidro Pinot Noir 2007. Huele a caramelo, café con leche, tiene una nota vegetal, en boca es monolítico, aburrido y áspero. Inmemorable con causa.

Desde España, Peñalba López, Vino de La Tierra de Castilla y León, 2010. Aromas a cereza, especiado a pimienta negra, toffee. En boca se percibe vainilla por la barrica y astringencia. Repetible pero sin tipicidad si es que algo así todavía existe.

Bottega Vinaia 2009. Color evolucionado; ocre con ribete teja, aromas a granos de café tostado, cajeta y final ligero. Se le dará el beneficio de la duda, sospecho que no tuvo buena guarda.

Por último un Louis Jadot genérico, añada 2010. Un borgoñita que conserva la decencia de sus 12,5 grados de alcohol, a la muy vieja usanza. Huele a ciruela con notas de pera, sí, de pera aunque sea tinto, boca sutil, excelente acidez, repetible. El mejor de la noche y de los más baratos, poco más de 250 pesos. Para comprar media cajita, siempre tomando en cuenta que se trata de un borgoñita de medio pelo.

Va de uruguayos... Bodega Gobelet En esta ocasión descorchamos algunos vinos uruguayos de la bodega Gobelet. Ya había probado un tannat de esa bodega, que por sus aromas terciarios le había calificado como un vino animal. Pues bien, creo que esa característica se manifestaba también en todos los tintos que probamos esa noche.
Empezamos con un blanco de la misma bodega. Viña Gobelet albariño 2013, de color amarillo dorado, aromas intensos a durazno, plátano y una nota de fondo de hierba recién cortada, se percibe alcohol y en boca es frutal, de acidez justa, aunque para algunos resultó bastante ácido. Repetible.
Seguimos en el mismo tenor, ahora un chardonnay blanc, confieso que es la primera vez que escucho ese apellido a la chardonnay. Chardonnay blanc 2013. Este vino es mucho menos expresivo que el anterior, más apagado en aromas; nardo, fruta amarilla no muy definida, al mover la copa huele a mantequilla. En boca es abocado, frutal y de final amargo con un fondo mineral. Repetible.
El tercero es un rosado vinificado con cabernet sauvignon. Gobelet rosado 2013. Color salmón, brillante. Huele a frambuesa, nariz de poca intensidad, ligero en boca y de final amargo y corto. Sin pena ni gloria, esos vinos que pasan sin dejar algo memorable, aunque en su conjunto no tengan defectos.
El cuarto es Viña Gobelet Roble 2009 vinificado con uva marcelan. Uva poco conocida al parecer originaria de Francia con producción en Langedoc y el Ródano, resultado de la combinación del cabernet y la garnacha tinta. En este caso nos pareció un vino con aromas muy marcados a caza con pelo, almizcle y fruta negra, ciruela y zarzamora. En boca es tánico, largo, potente de buen paso por boca de final amargo. Repetible.
Viña Gobelet Roble 2009 tannat. Aromas a carne asada con una nota floral a lavanda y cereza, fondo especiado a pimienta blanca. Boca mineral similar al anterior con muy buena acidez, de tanino maduro. Repetible.
El último un carmenere Roble 2010. Fruta roja, pimienta negra, final diluido. Hay quien apunta que esta ligero, de trago largo. Un punto a destacar en estos vinos es el precio que no rebasa en ningún caso los 300 pesos, además que el alcohol tampoco excede los 13° por volumen. Buenos tintos que se antojan con carne no muy condimentada y algún queso curado como el manchego o un buen brie. Un detalle curioso es que los he visto más baratos en una tienda especializada, los de esta noche los han traído directos del importador.
Ya pronto contaré en próximas entradas sobre el cava que arribó a los anaqueles. Ha tardado pero ya está aquí.

Vinos mexicanos de la cata 172

Vinos mexicanos de la cata 172

Ésta va de vinos mexicanos, y es que cada semana encuentro alguna novedad en los estantes con respecto a productos nacionales. Mi percepción es que algunos de ellos desaparecerán irremediablemente con el paso del tiempo, sobre todo aquellas bodegas con un enfoque meramente mercantilista y oportunista. Quienes tengan tablas de vitivinicultores quizás algunos la pasen mal, pero seguirán en este arduo camino. Debo destacar la labor de Viñedos La Redonda en el estado de Querétaro, cuyos esfuerzos y dedicación parece que ya están dando sus primeros frutos, como pudimos comprobar en esta cata.

Abrimos con el Miramar 2005, un vino de Bodegas Santo Tomás vinificado con tempranillo y cabernet, una combinación cada vez más común en vinos mexicanos. Con cuatro meses de roble francés, un vino que para la mayoría resultó cansino, ya había pasado su mejor momento. A mí me pareció un vino con aromas vegetales, con notas de ciruela y de muy buena acidez, de trago largo que por su precio no hay mucho más que pedir. Bebible.

El segundo viene de la región de Ojos Negros, se trata de Euphoria 2011. Olor y sabores picantes, morrón y tamarindo, combinación que no fue del agrado de nadie. No sé si algo estaba mal en este vino por la guarda.

El tercero viene de Querétaro de Viñedos La Redonda, sin añada y con sólo el nombre del La Redonda, «Tinto joven, variedades selectas del viñedo» la única información de este vino en su página. Me gustaría saber de que está hecho. Huele a vino blanco, a ojos cerrados juraría que es así. Maracuyá, chicle de plátano y de fondo aparece algo de fruta roja indefinida, paso de boca y final amargos. Inmemorable con causa.

El segundo de esta bodega es un Orlandi cabernet sauvigon, malbec 2010, huele a grosellas, cerezas en licor, un golpe de madera que lo favorece, cremoso y de tanino dulce. Repetible.

Orlandi Tempranillo, cabernet 2009 otro con la misma mezcla, para que no digan que estoy inventándome cosas…Huele a canela, cerezas, en boca se advierte una nota dulce, que no precisamente viene del alcohol y el tanino, falta acidez al conjunto, agradable y repetible.

Por último La Redonda Tinto ruby, sin añada. Un vino rotundamente dulce que nos ha tomado por sorpresa, incluido su servidor. Aromas intensos a ate de guayaba, hay quien lo comparó con un Boing sin decir de qué sabor, pero creo que es rebajarlo demasiado, si bien no tiene la acidez y profundidad de un buen vino botrizado, porque aunque no lo crean existen tintos botrizados, tampoco me parece que sea un vino tipo gaseosa. Definitivamente no repetiría más que después de comer en un día caluroso sin tener nada mejor a la mano.

CATA 171 Después de mi reciente episodio cardiaco es mi primera cata, y mis amigos generosamente han organizado todo, detalle que agradezco mucho. Así que sólo me dispuse a disfrutar de la velada. Han titulado esta cata como «Duelo sudamericano» por aquello de los vinos que probaremos: tanto argentinos como chilenos. Variando la dinámica se trataba de ir descifrando el orden de los vinos según sus características organolépticas, algo muy pretencioso sin dejar de ser interesante.

El primero de la noche es un vino de la bodega Felix Lavaque Felix 2007. Datos que supimos después. Una rara mezcla con la uva insignia de argentina: malbec con 73% y la de uruguaya tannat con el 27%. Huele a cerezas en licor, casis, pimiento y chocolate, otros han apuntado, como un vino especiado aunque casi todos coincidimos de que se trata de un vino alcohólico y de final amargo. Al observar su contenido de alcohol por volumen se confirma lo dicho (15,1).
Quimera 2009. Aromas a mermelada de zarzamora, pimienta blanca, astringente y de final también amargo. Con una típica mezcla bordolesa y catorce meses en roble francés: 40% usado y el resto nuevo. Bebible.
El tercero es un viejo conocido, se trata de Cabo de Hornos 2005. Un vino que mereció todos mis respetos y admiración antes del 2005 o quizás un par de añadas antes, y que hoy es parte de ese aglomerado anónimo. Vino moderno sobre extraído y sin personalidad, con precios exorbitantes. Todos han coincidido en su brutal astringencia, esa que duerme las papilas gustativas.
Caballo Loco 2008. Un vino que siempre ha llamado mi atención, vinificado como jerez, por aquello de las extrañas mezclas de añadas, no por otra cosa, pero con resultados muy interesantes. Definitivamente es un vino que bebería en toda ocasión que tenga oportunidad. Fruta roja en sazón, notas de cuero de la mejor calidad, dátil y notas especiadas, redondo, buen tanino. Repetible. Y a un precio bastante comedido, casi la mitad del Cabo de Hornos.
El penúltimo es un tannat 100%, Arerungua 2002, un nombre que se antoja más para un instrumento musical sacado de una tribu de la selva, que para un vino. Huele a piel de Rusia, frutos rojos, equilibrado y de final largo. Repetible aunque debo decir que no deja mucho a la memoria. ¿O será porque estoy escribiendo casi dos meses después de la cata…?
Juan Carrau 2009. El último de la tarde, de la misma bodega y misma uva, aunque con un poco menos octanaje. Dátil, vino estructurado e integrado palabras textuales de mi compañero, por alguna razón yo no escribí ninguna nota. Mis sentidos habrán adormecido al final. Pero qué mal catador soy, no podría aspirar a los maratones que acostumbran quienes se dedican profesionalmente a esto. ¡Agur!

CATA 167 A diferencia de lo habitual que sería celebrar esta cata el último viernes del mes, estamos hoy reuinidos el 2 de agosto, las vacaciones a veces varían el calendario. Ya reunidos, la gran mayoría, abrimos con un Pouilly-Fusse 2009 que influido por la marca Georges Dubceuf, pensé que había cometido un error al incluirlo en la cata. Nombre me traslada irremediablemente a los Beaujolais Nouveau con sabor a goma de mascar sabor fresa. Pero nada de eso, resultó ser un vino bastante digno, sino para elevar el espíritu, sí para disfrutarlo. Color amarillo pajizo, aromas a manzana, pera, y alguna hierba que no acabo de identificar, graso, de buen cuerpo, con un leve toque amargo al final. Repetible.
Peñalba López 2010. Un vino cuyo alcohol está muy patente, astringente, tosco, que no ha dejado muy satisfechos a los presentes.
Siguió un ribera; Los Cantos 2010, 95% tempranillo y el resto merlot. Zarzamora, con notas mentoladas y de vainilla, ligeramente astringente, final largo. Repetible.
Piedra Selección Platino 2004, un Toro que me recordó a los Côte Rôtie, con sus aromas de tocino, ahumados y fruta negra, algo astringente y amplio en boca. Repetible.
Vino Primero 2012 , otro Toro de Bodegas Fariña, con una característica muy especial. No sé cuántos vinos de maceración carbónica habrá en la región de Toro, todos la conocemos por sus alcoholes altos y su concentración, y aunque los vinos de maceración son muy concentrados en aromas y color, su grado de alcohol no es tampoco un buen ejemplo de Toro (13,5) que hoy en día se puede encontrar en muchos pinot de Borgoña. Es un vino aromático, terso, muy frutal, que iría de maravilla con una buena parillada. Me ha gustado mucho, no sólo repetiré sino que me haré de seis botellitas.
Gran Colegiata 2005, otro Toro. Un viejo conocido, pero que éste en particular, está muy cansino; poca acidez, diluido y «ajerezado». Hubo algún problema durante su guarda.

Un vasco entre puros zacatecanos...

Un vasco entre puros zacatecanos…

A pesar de adelantar una semana la cata que fue el primer día de verano, he postergado esta entrada, como ya es mi costumbre, pero ahí va. Nos hemos congregado pocos, ya que ha faltado casi la mitad del quórum.
Sin más preámbulos pasamos a la cata que esta vez fue abierta, con las botellas desnudas, irremediablemente empezaron a volar nuestros prejuicios, aunque tratándose de un vino vasco y el resto zacatecanos era difícil tener alguna imagen preconcebida.
El primero fue un blaquito, que como dije antes viene del País Vasco, Inazio Urruzola sin añada, de la denominación de origen Getariako Txacoli, aquí un video de las tierras donde nace. Se trata de un vino ligero con apenas 10.5 grados de alcohol, sin crianza, que al llegar a la copa se pueden ver algunos restos de CO2 en pequeñas burbujas, un vino de aguja con notas minerales que me traen recuerdos de las aguas medicinales de algunos balnearios. En el mejor sentido, sin gente tirándose de panzazo por sus aguas…
El segundo de la noche, y primer tinto así como los que le preceden son zacatecanos, francamente no había visto nada de esas tierras por los anaqueles. Tierra Adentro Tempranillo 2010. Huele a toffee, chocolate amargo, zarzamora y una nota distractora de miel maple, algo cansino, en boca es flojo, diluido.
Tierra Adentro Merlot 2010  un merlot que le falta nervio, al principio huele a col hervida, pero se limpia pronto para dar tabaco rubio, mascabado y algo de fruta roja indefinida, en boca no tiene ni acidez ni tanino, algunas notas de chocolate en retronasal.
El cuarto es un syrah; Tierra Adentro Syrah 2010. Sin pena ni gloria como sus antecesores, falta de nervio, ¿será que Zacatecas tiene demasiado sol…? Corto en nariz, en boca diluido, y final amargo. Hay quien lo definió como: Picota, nariz a cuero mojado, de ataque suave, con equilibrio.
Tierra Adentro Syrah, merlot, tempranillo 2010. En la misma línea que los anteriores, aunque con olor a silla de montar sudada evidente, para muchos un defecto. Otra opinión: Frutos rojos, muy parecido al anterior, maderas en retronasal y final amargo.
Tierra Adentro Selección Limitada Malbec 2010. Color oscuro casi tinta china, fruta negra en sazón, flor de tila aunque hay quienes lo conocen como tilo, grosella, tanino casi dulce, amplio en boca, buena acidez. Definitivamente el más vivaracho. Repetible.
Hasta la próxima…

VINOS CATA 168 Esperaba una tarde lluviosa como ya es costumbre a estas alturas del año, pero Tláloc nos ha favorecido con un clima templado, nublado sí, pero ni gota de agua.
Los vinos mexicanos serán siempre prioridad, sólo por el hecho de habitar estas tierras y ser mexicano, aunque en ocasiones más frecuentes de lo que desearía, encontramos en el camino varias decepciones. Hay que decir que algunos vinos merecen ser reconocidos y repetidos. En esta última categoría pondría al primer vino de la noche; Orlandi Cabernet-Malbec 2010 de la pujante bodega Viñedos la Redonda en el estado de Querétaro. Huele a piedra de río, para quienes se pregunten de que se trata este aroma, acuñado o por lo menos escuchado por primera vez en boca de un amigo, así que no es invento mío, y se refiere a un paseo a orillas de un río cuyas aguas mojan las rocas y al evaporarse llegan esos aromas tan peculiares a nuestro olfato. Una vez dicho esto sigo con los aromas del vino: zarzamora, ciruela madura con una nota de canela, una bella nariz que cautiva. En boca es frutal de tanino dulce con recuerdos en retronasal de violetas y un final mineral. Como para tener media cajita.
Flor de Guadalupe Cabernet Zinfandel 2005, fue el siguiente vino de la noche, con un color bastante evolucionado para ser un vino de siete años, llegando a los tonos atejados, aromas a cuero de primera calidad, tabaco rubio y recuerdos de tamarindo. En boca tiene tanino maduro y una excelente acidez, un vino fresco y de final largo. Repetible.
Copernicus 2011, mismo nombre del fundador de la astronomía moderna. Un vino cuya información en su página es algo confusa, pero parece ser que se vinifica y embotella por: Hoteles y Viñedos del Valle de Guadalupe. Huele al principio a lanolina, aceituna negra y hay quienes encontraron algo de mermelada de ciruela. En boca es astringente con final amargo.
L.A. Cetto Boutique Malbec 2007. Este vino es uno de cuatro de la serie Boutique, cuyo nombre me causa urticaria desde un principio. Una manera de tratar de justificar vinos caros sin ningún otro merito. Y miren que no tengo nada personal en contra de la bodega, es más, siento cierta predilección por sus vinos de gama baja en cuanto a mexicanos se trata. Este vino presenta aromas a frambuesa, aunque al principio es bastante corto, fruta roja, notas de nardo, en boca es bastante aburrido entra y se va sin dejar algo a la imaginación, como una señorita sin pechos y de piernas flacas. Por su precio es un inmemorable con causa.
L.A. Cetto Boutique Syrah 2007. Otro boutique 85 pesos más barato que el anterior, en la misma línea, sin nada que seduzca y me anime a sacar $494 de la bolsa. Tiene una leve nota química que sobresale en el primer golpe, como cuando quitamos el tapón del tanque de gasolina pero con menos intensidad, después da arándanos en sazón, en boca es amplio largo y amargo.
L.A. Cetto Boutique Sangiovese 2007. Con 14° de alcohol igual que sus dos antecesores, el más caro de los tres, $579 totalmente injustificados. Aroma a madera nueva, pegamento aunque yo percibo notas térreas y boca de taninos ásperos y final mineral, desenfocado. Otro inmemorable con causa. Faltaría probar el blanco, que me ha llamado la atención la mezcla de chardonnay, viogner y pinot noir. En la primera ocasión lo probaremos.
Después las viandas, que además de las acostumbradas pizzas, Carlos nos ha traído una muestra del jamón que el mismo hace, desde la matanza hasta el curado. Un jamón de primera cuyos aromas a ahumados me recuerdan el bosque. Creo que sí. Le vendría un fino muy bien, aunque nosotros lo maridamos con un tinto de sangiovese y todos los vinos sobrantes de la cata.

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Un día después...

Un día después…

Empezamos con dos blancos, el primero ha llamado la atención por su nariz intensa y limpia a kiwi, pera y toronja blanca. En boca es cítrico; limón con una excelente acidez y balance para estos calores nada mejor, se trata de un Double Blanc 2011 de la bodega Barón Balché con una singular mezcla de: 70% sauvignon blanc, 20% palomino y 10% viogner. Para tener media cajita, «lista para usarse en caso de que el termómetro suba…» Una muy grata sorpresa recién llegada del Valle de Guadalupe.

Después de este blanquito refrescante de buena hechura pasamos a una gran decepción, si es que hay alguna esperanza para vinos de «bajas calorías y alcohol». Blanco Nuve de Cvne con apenas 9% de alcohol. Un vino diluido, desenfocado, algo de manzana verde, plano, plano… Un vino que ni por error repetiría.

El Tercero un Perrin 2010, Cotes Du Rhone, nariz muy al estilo de los Rotie; tocino, ahumados, fruta negra; zarzamora, de buen ataque, alguien dijo que tenía algo de «picante» sí hay alguna nota entre mentoles y capcina muy leve.

Finca Valdeguinea 2011. Huele a hollejos, mentoles, romero, de buena entrada; tánico y buena acidez. Repetible.

El quinto fue un Contonellaia 2010, se trata de un Chianti Classico con notas de caza, pelo mojado, de tanino subido, frutal y largo. Valió la pena comprar una cajita, para consumo del grupo.

Por último un Ley XVII, un vino de Ensenada, de carigñan con 14,7 grados de alcohol, para adormecer las amígdalas. Huele a aceituna negra, dátil y una nota química de acetona. En boca es miel maple con un vainillazo muy patente, esto se llama sobre extracción y mucho roble. Inmemorable con causa.

He conocido a una lectora de este blog, ya son tres lectores, invitada de Carlos, que aunque nos consideramos «club de Tobi» «men only», ya son dos mujeres las que comparten la mesa con el grupo en toda su historia.

Gracias a Sergio por el destapacorchos, ya te avisaré que tan efectivo es, el diseño es muy bonito. Hasta aquí con la crónica atrasada de esta cata, como ya es mi costumbre.

VINOS DE LA 166

VINOS DE LA 166

Primero una copita de espumoso para los puntuales. Muy sabroso por cierto; redondo y compacto, muy aromático; frutos secos y pastelería, excelente acidez. Repetible y quizás como para comprar media cajita ya que se avecinan los calores primaverales. Se trata de un Santa Digna Estelado Rosé elaborado con la variedad país, «la variedad más antigua de Chile», según indica la etiqueta. De la familia catalana Torres.

Una vez más aflorando mi frustrada vocación docente, antes de la cata hablé un poco sobre la génesis del vino, recordando las dos vertientes: una como punto de referencia la intervención del Hombre en el proceso de vinificación, que nos remonta a unos ocho mil años antes de Cristo, otros opinan que seis mil, de acuerdo a semillas de uva acumuladas en un sitio determinado allá por las faldas del Cáucaso al norte de Turquía. Y la otra que se refiere a las primeras plantas trepadoras con uvas primitivas en Pangea, cuando los continentes estaban unidos, hace unos 50 millones de años. Ya que si había uvas y por tanto un proceso de fermentación en el grano, esas primeras gotas derramadas eran estrictamente vino. Después llegamos a la cata de seis vinos, un mexicano y cinco españoles del norte, un Penedés y cuatro del Priorat.

Empezamos a degustar los tintos con un Cabernet Franc Edición Limitada 2011 de Monte Xanic, recuerdo con cierta nostalgia aquel vinito de etiqueta anaranjada a finales de los 90, de lo mejor de Monte Xanic en tintos, se bebía unos graditos abajo de lo normal. Daniel Pérez Withaker compartía el gusto por este vino. Me consta. Hoy es como muchos otros vinos de Baja California salado. Huele a pimiento con notas térreas, tanino dulce final amargo, desenfocado.

Novembre 2006 de Raventos, este vino del Penedés huele a humo y cerezas de entrada amplia y final amargo, Monolítico. No está como para repetir.

Camins del Priorat 2010 de Alvaro Palacios. En la etiqueta aparece: samsó (50%), garnacha (40%), cabernet sauvignon y syrah (10%). No tenía noticias de la uva samsó y es que al existir una denominación de origen con el nombre de Cariñena, al parecer los productores no pueden mencionarla como variedad, así que ponen samsó, pero es lo mismo que cariñena. Un vino que al principio desprende aromas químicos a acetona después abre a aceituna negra y unas notas de canela de fondo. En boca es astringente de buena acidez pero algo corto. Repetible.

+7 2008. Otro Priorat, el que más gustó de la noche. Aromas intensos a barniz de uñas, con alguna nota refrescante de eucalipto y otras hierbas de olor, vino redondo de buena acidez y paso de boca. Repetible.

Badeceli 2005 de Bodegas Cal Grau. En alguna comida ya lo había probado y me gustó. En esta ocasión alguien anotó que olía a Uhu, un pegamento bastante volátil… Un poco de aire lo hace de nariz frutal, moras y con notas minerales. Tanino áspero, amplio, y final largo.

Cal Pla 2007 el más alcohólico con 14.7 grados. Chocolate amargo, cerezas en licor, frutos rojos, de entrada amplia y envolvente. Brioso y largo.
Imposible dejar de lado el detalle del suelo pizarroso del Priorat, la licorella, que tantos aportes da a sus codiciados vinos.

Carlos vuelve a dar muestras de sus virtudes culinarias al traernos unas lonchas de jamón ahumado que el mismo preparó. ¡Muuu Güeno! Dice que seguirá perfeccionando la técnica del ahumado extraída de recetas familiares de antaño, pero todos opinamos que con este nivel son ya de primera calidad.

Cadáveres de la 164

Cadáveres de la 164

Por estas fechas estamos de manteles largos, festejamos: Navidad, aniversario de fundación de Vino por Placer(décimo cuarto) y sobre todo el hecho de poder estar reunidos y compartir el fruto de la vid. Extrañamos a Juan Antonio que por motivos de salud no pudo asistir a esta clásica reunión decembrina, y esperamos su pronta recuperación.

De la bodega Perrier Jouët llega a nuestra mesa una botella de Belle Epoque 2002.  Un espumoso que se muestra muy jovial, aunque ya seduce con los encantos de un champán maduro; color pajizo brillante, burbuja fina y de media intensidad, aunque siempre dependerá en gran medida de la copa; la forma de lavarla, el jabón… Huele a pan tostado y almendras, en boca tiene buen balance, cremoso, excelente acidez y final largo. Después de media hora de aire huele a cera y granos de café, este último aroma poco codiciado por lo menos para mi. Para comprar una cajita y observar su evolución.

Volnay Joseph Faiveley 2007. Color rubí de capa baja, frutal, con algunas notas ahumadas de fondo. Equilibrio entre acidez, tanino y alcohol. Habrá que esperar un tiempo en botella para descubrir sus encantos, propios de un vino maduro. Por ahora está bebible.

Roda I (Reserva) 2006. Con una crianza de 16 meses en barrica francesa, 50% nueva y el resto un solo uso, y 20 meses más en botella. Primer golpe a fruta negra y flores, pasado un tiempo; pastel de frutas. En boca se nota la sobre maduración, el extracto sin llegar a excesos, chocolate amargo y de final áspero.

Don Melchor 2007. Rojo sangre, huele a zarzamora, hay quienes advierten en boca «chile piquín», nota de tamarindo, terroso, ataque intenso, redondo. Como para una buena carne. No se perciben sus casi 15 grados de alcohol, más que cuando sube la temperatura.

Alión 2006
. Un vino moderno de Ribera del Duero de mucho éxito en nuestro país. Pimienta negra, térreo, especias, de buen ataque final un poco amargo.

Cheval de los Andes 1999, Su corcho estaba hecho un polvorón, a pesar del esfuerzo no he podido librarme de sacarlo a pedazos y de haber quedado gran parte adentro de la botella. Aceituna negra, humo cuero, largo, complejo.

Con excepción del champán y el volnay, se trata de vinos de corte moderno, de mucho extracto y tanino.

Me faltaba mencionar la cena y la rifa, esta última organizada por Jorge como el año pasado. Todos nos llevamos un regalo. Un ejercicio muy democrático para que todos queden muy satisfechos.
El bacalao se hizo presente en dos versiones: la de Toño y la de Carlos, este último lleva horas de preparación y los resultados saltan a la vista… y al paladar. Había también pierna al horno y una rica ensalada rusa, todo rociado con Drappier Carte D´ Or y Champán Brut de Perrier Jouët. Las burbujas y la excelente acidez hacen que maride muy bien con el condimento de los platillos.
Así concluye un año de catas. Mis mejores deseos para Juan Antonio y su pronta recuperación.