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VINOS CATA 168 Esperaba una tarde lluviosa como ya es costumbre a estas alturas del año, pero Tláloc nos ha favorecido con un clima templado, nublado sí, pero ni gota de agua.
Los vinos mexicanos serán siempre prioridad, sólo por el hecho de habitar estas tierras y ser mexicano, aunque en ocasiones más frecuentes de lo que desearía, encontramos en el camino varias decepciones. Hay que decir que algunos vinos merecen ser reconocidos y repetidos. En esta última categoría pondría al primer vino de la noche; Orlandi Cabernet-Malbec 2010 de la pujante bodega Viñedos la Redonda en el estado de Querétaro. Huele a piedra de río, para quienes se pregunten de que se trata este aroma, acuñado o por lo menos escuchado por primera vez en boca de un amigo, así que no es invento mío, y se refiere a un paseo a orillas de un río cuyas aguas mojan las rocas y al evaporarse llegan esos aromas tan peculiares a nuestro olfato. Una vez dicho esto sigo con los aromas del vino: zarzamora, ciruela madura con una nota de canela, una bella nariz que cautiva. En boca es frutal de tanino dulce con recuerdos en retronasal de violetas y un final mineral. Como para tener media cajita.
Flor de Guadalupe Cabernet Zinfandel 2005, fue el siguiente vino de la noche, con un color bastante evolucionado para ser un vino de siete años, llegando a los tonos atejados, aromas a cuero de primera calidad, tabaco rubio y recuerdos de tamarindo. En boca tiene tanino maduro y una excelente acidez, un vino fresco y de final largo. Repetible.
Copernicus 2011, mismo nombre del fundador de la astronomía moderna. Un vino cuya información en su página es algo confusa, pero parece ser que se vinifica y embotella por: Hoteles y Viñedos del Valle de Guadalupe. Huele al principio a lanolina, aceituna negra y hay quienes encontraron algo de mermelada de ciruela. En boca es astringente con final amargo.
L.A. Cetto Boutique Malbec 2007. Este vino es uno de cuatro de la serie Boutique, cuyo nombre me causa urticaria desde un principio. Una manera de tratar de justificar vinos caros sin ningún otro merito. Y miren que no tengo nada personal en contra de la bodega, es más, siento cierta predilección por sus vinos de gama baja en cuanto a mexicanos se trata. Este vino presenta aromas a frambuesa, aunque al principio es bastante corto, fruta roja, notas de nardo, en boca es bastante aburrido entra y se va sin dejar algo a la imaginación, como una señorita sin pechos y de piernas flacas. Por su precio es un inmemorable con causa.
L.A. Cetto Boutique Syrah 2007. Otro boutique 85 pesos más barato que el anterior, en la misma línea, sin nada que seduzca y me anime a sacar $494 de la bolsa. Tiene una leve nota química que sobresale en el primer golpe, como cuando quitamos el tapón del tanque de gasolina pero con menos intensidad, después da arándanos en sazón, en boca es amplio largo y amargo.
L.A. Cetto Boutique Sangiovese 2007. Con 14° de alcohol igual que sus dos antecesores, el más caro de los tres, $579 totalmente injustificados. Aroma a madera nueva, pegamento aunque yo percibo notas térreas y boca de taninos ásperos y final mineral, desenfocado. Otro inmemorable con causa. Faltaría probar el blanco, que me ha llamado la atención la mezcla de chardonnay, viogner y pinot noir. En la primera ocasión lo probaremos.
Después las viandas, que además de las acostumbradas pizzas, Carlos nos ha traído una muestra del jamón que el mismo hace, desde la matanza hasta el curado. Un jamón de primera cuyos aromas a ahumados me recuerdan el bosque. Creo que sí. Le vendría un fino muy bien, aunque nosotros lo maridamos con un tinto de sangiovese y todos los vinos sobrantes de la cata.

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Un día después...

Un día después…

Empezamos con dos blancos, el primero ha llamado la atención por su nariz intensa y limpia a kiwi, pera y toronja blanca. En boca es cítrico; limón con una excelente acidez y balance para estos calores nada mejor, se trata de un Double Blanc 2011 de la bodega Barón Balché con una singular mezcla de: 70% sauvignon blanc, 20% palomino y 10% viogner. Para tener media cajita, «lista para usarse en caso de que el termómetro suba…» Una muy grata sorpresa recién llegada del Valle de Guadalupe.

Después de este blanquito refrescante de buena hechura pasamos a una gran decepción, si es que hay alguna esperanza para vinos de «bajas calorías y alcohol». Blanco Nuve de Cvne con apenas 9% de alcohol. Un vino diluido, desenfocado, algo de manzana verde, plano, plano… Un vino que ni por error repetiría.

El Tercero un Perrin 2010, Cotes Du Rhone, nariz muy al estilo de los Rotie; tocino, ahumados, fruta negra; zarzamora, de buen ataque, alguien dijo que tenía algo de «picante» sí hay alguna nota entre mentoles y capcina muy leve.

Finca Valdeguinea 2011. Huele a hollejos, mentoles, romero, de buena entrada; tánico y buena acidez. Repetible.

El quinto fue un Contonellaia 2010, se trata de un Chianti Classico con notas de caza, pelo mojado, de tanino subido, frutal y largo. Valió la pena comprar una cajita, para consumo del grupo.

Por último un Ley XVII, un vino de Ensenada, de carigñan con 14,7 grados de alcohol, para adormecer las amígdalas. Huele a aceituna negra, dátil y una nota química de acetona. En boca es miel maple con un vainillazo muy patente, esto se llama sobre extracción y mucho roble. Inmemorable con causa.

He conocido a una lectora de este blog, ya son tres lectores, invitada de Carlos, que aunque nos consideramos «club de Tobi» «men only», ya son dos mujeres las que comparten la mesa con el grupo en toda su historia.

Gracias a Sergio por el destapacorchos, ya te avisaré que tan efectivo es, el diseño es muy bonito. Hasta aquí con la crónica atrasada de esta cata, como ya es mi costumbre.

VINOS DE LA 166

VINOS DE LA 166

Primero una copita de espumoso para los puntuales. Muy sabroso por cierto; redondo y compacto, muy aromático; frutos secos y pastelería, excelente acidez. Repetible y quizás como para comprar media cajita ya que se avecinan los calores primaverales. Se trata de un Santa Digna Estelado Rosé elaborado con la variedad país, «la variedad más antigua de Chile», según indica la etiqueta. De la familia catalana Torres.

Una vez más aflorando mi frustrada vocación docente, antes de la cata hablé un poco sobre la génesis del vino, recordando las dos vertientes: una como punto de referencia la intervención del Hombre en el proceso de vinificación, que nos remonta a unos ocho mil años antes de Cristo, otros opinan que seis mil, de acuerdo a semillas de uva acumuladas en un sitio determinado allá por las faldas del Cáucaso al norte de Turquía. Y la otra que se refiere a las primeras plantas trepadoras con uvas primitivas en Pangea, cuando los continentes estaban unidos, hace unos 50 millones de años. Ya que si había uvas y por tanto un proceso de fermentación en el grano, esas primeras gotas derramadas eran estrictamente vino. Después llegamos a la cata de seis vinos, un mexicano y cinco españoles del norte, un Penedés y cuatro del Priorat.

Empezamos a degustar los tintos con un Cabernet Franc Edición Limitada 2011 de Monte Xanic, recuerdo con cierta nostalgia aquel vinito de etiqueta anaranjada a finales de los 90, de lo mejor de Monte Xanic en tintos, se bebía unos graditos abajo de lo normal. Daniel Pérez Withaker compartía el gusto por este vino. Me consta. Hoy es como muchos otros vinos de Baja California salado. Huele a pimiento con notas térreas, tanino dulce final amargo, desenfocado.

Novembre 2006 de Raventos, este vino del Penedés huele a humo y cerezas de entrada amplia y final amargo, Monolítico. No está como para repetir.

Camins del Priorat 2010 de Alvaro Palacios. En la etiqueta aparece: samsó (50%), garnacha (40%), cabernet sauvignon y syrah (10%). No tenía noticias de la uva samsó y es que al existir una denominación de origen con el nombre de Cariñena, al parecer los productores no pueden mencionarla como variedad, así que ponen samsó, pero es lo mismo que cariñena. Un vino que al principio desprende aromas químicos a acetona después abre a aceituna negra y unas notas de canela de fondo. En boca es astringente de buena acidez pero algo corto. Repetible.

+7 2008. Otro Priorat, el que más gustó de la noche. Aromas intensos a barniz de uñas, con alguna nota refrescante de eucalipto y otras hierbas de olor, vino redondo de buena acidez y paso de boca. Repetible.

Badeceli 2005 de Bodegas Cal Grau. En alguna comida ya lo había probado y me gustó. En esta ocasión alguien anotó que olía a Uhu, un pegamento bastante volátil… Un poco de aire lo hace de nariz frutal, moras y con notas minerales. Tanino áspero, amplio, y final largo.

Cal Pla 2007 el más alcohólico con 14.7 grados. Chocolate amargo, cerezas en licor, frutos rojos, de entrada amplia y envolvente. Brioso y largo.
Imposible dejar de lado el detalle del suelo pizarroso del Priorat, la licorella, que tantos aportes da a sus codiciados vinos.

Carlos vuelve a dar muestras de sus virtudes culinarias al traernos unas lonchas de jamón ahumado que el mismo preparó. ¡Muuu Güeno! Dice que seguirá perfeccionando la técnica del ahumado extraída de recetas familiares de antaño, pero todos opinamos que con este nivel son ya de primera calidad.

Cadáveres de la 164

Cadáveres de la 164

Por estas fechas estamos de manteles largos, festejamos: Navidad, aniversario de fundación de Vino por Placer(décimo cuarto) y sobre todo el hecho de poder estar reunidos y compartir el fruto de la vid. Extrañamos a Juan Antonio que por motivos de salud no pudo asistir a esta clásica reunión decembrina, y esperamos su pronta recuperación.

De la bodega Perrier Jouët llega a nuestra mesa una botella de Belle Epoque 2002.  Un espumoso que se muestra muy jovial, aunque ya seduce con los encantos de un champán maduro; color pajizo brillante, burbuja fina y de media intensidad, aunque siempre dependerá en gran medida de la copa; la forma de lavarla, el jabón… Huele a pan tostado y almendras, en boca tiene buen balance, cremoso, excelente acidez y final largo. Después de media hora de aire huele a cera y granos de café, este último aroma poco codiciado por lo menos para mi. Para comprar una cajita y observar su evolución.

Volnay Joseph Faiveley 2007. Color rubí de capa baja, frutal, con algunas notas ahumadas de fondo. Equilibrio entre acidez, tanino y alcohol. Habrá que esperar un tiempo en botella para descubrir sus encantos, propios de un vino maduro. Por ahora está bebible.

Roda I (Reserva) 2006. Con una crianza de 16 meses en barrica francesa, 50% nueva y el resto un solo uso, y 20 meses más en botella. Primer golpe a fruta negra y flores, pasado un tiempo; pastel de frutas. En boca se nota la sobre maduración, el extracto sin llegar a excesos, chocolate amargo y de final áspero.

Don Melchor 2007. Rojo sangre, huele a zarzamora, hay quienes advierten en boca «chile piquín», nota de tamarindo, terroso, ataque intenso, redondo. Como para una buena carne. No se perciben sus casi 15 grados de alcohol, más que cuando sube la temperatura.

Alión 2006
. Un vino moderno de Ribera del Duero de mucho éxito en nuestro país. Pimienta negra, térreo, especias, de buen ataque final un poco amargo.

Cheval de los Andes 1999, Su corcho estaba hecho un polvorón, a pesar del esfuerzo no he podido librarme de sacarlo a pedazos y de haber quedado gran parte adentro de la botella. Aceituna negra, humo cuero, largo, complejo.

Con excepción del champán y el volnay, se trata de vinos de corte moderno, de mucho extracto y tanino.

Me faltaba mencionar la cena y la rifa, esta última organizada por Jorge como el año pasado. Todos nos llevamos un regalo. Un ejercicio muy democrático para que todos queden muy satisfechos.
El bacalao se hizo presente en dos versiones: la de Toño y la de Carlos, este último lleva horas de preparación y los resultados saltan a la vista… y al paladar. Había también pierna al horno y una rica ensalada rusa, todo rociado con Drappier Carte D´ Or y Champán Brut de Perrier Jouët. Las burbujas y la excelente acidez hacen que maride muy bien con el condimento de los platillos.
Así concluye un año de catas. Mis mejores deseos para Juan Antonio y su pronta recuperación.

cata 163 A Siguiendo los pasos de la syrah o shiraz, esta noche están dispuestos seis ejemplares, algunos varietales y otros con mezcla de alguna otra uva. Pero antes comenzamos los puntuales con un espumoso que dejó una grata impresión a todos. Se trata de Orlandi semi seco, Blanc de Blancs, vinificado con trebbiano y chenin blanc. Un espumoso de Querétaro de Viñedos la Redonda, agradable, refrescante, con una nariz a miel, notas de frutos secos y algo de cítricos; toronja blanca, en boca se nota el azúcar residual sin llegar a empalagar gracias a su acidez, si bien discreta sirve para equilibrar el conjunto en boca. Un vino que por su precio: 130 pesos guarda una excelente relación calidad-precio. Repetible, quizás media caja para navidad.

El primer tinto fue Emiliana Reserva Especial 2002. Muchos tostados, fruta negra, de buena entrada y paso por boca. Repetible.

Las Moras Cabernet Sauvignon Shiraz 2011. Mudo al principio, costándole un poco abrirse para dar fruta negra en sazón; zarzamora, cereza, de entrada amplia, buena acidez y tanino presente.

Nerola 2010 de Miguel Torres, un syrah con garnacha de organic farming ¿será cultivo orgánico…? Nariz aromática a moras y frambuesas, de tanino casi dulce y un fondo mineral, hay quienes advierten un parecido con el anterior.

Ópalo Syrah 2006 con la leyenda bajo la añada; «No usamos madera». Es un vino argentino de Bodega y Viñedos Mauricio Lorca que desató controversia, ya que muchos advirtieron buena cantidad de madera, traducida en taninos. Aunque no entendería por qué insisten en que no usan madera… Viendo esta forma de vinificar como algo deseable, y el uso de la madera como algo nocivo, cuando en realidad la madera nueva y bien tostadita, es o por lo menos, o fue hasta hace poco lo habitual.
Huele a violetas, falta acidez, de final amargo. Repetible.

Lorca Poético 2006 difícil de leer la añada con la etiqueta morada muy garigoleada. Por cierto para mis amigos españoles, garigolear es un mexicanismo que no aparece en el diccionario de la RAE, pero que quiere decir ‘adornar profusamente’. Dicho esto se trata de otro vino de la misma bodega que el anterior. Huele al principio a maple, madera, y más madera, ciruela pasa, signos inequívocos de sobre-extracción y maduración. Doce meses en roble francés (90%) y roble americano (10%). 95% syrah y el resto cabernet sauvignon. Mi pregunta es: ¿Cuánto duró la maceración?

El último es un español Vallegarcía Syrah 2004. Notas de aceituna negra, fruta negra y una arista de alcohol. De paso firme en boca aunque al final se va muy rápido. No ha gustado mucho, domina el alcohol. Desequilibrado.

Vinos de la 162

Este viernes nos hemos reunido menos miembros de lo usual. Así que tomé la difícil decisión de descorchar cinco botellas (oficiales) en lugar de las seis de rigor.
Empezamos con un Martín Códax 2011, un albariño muy agradable que no deja de ser bastante comercial. De color pajizo, brillante y fluido, nos da en nariz los típicos aromas de plátano, con algún fondo de hierbas que no alcanzo a definir. En boca es frutal, juguetón, con una nota mineral en boca muy agradable y refrescante, un vino de trago largo para una tarde calurosa. Repetible.

De la misma bodega: Bodegas Aragonesas llegan los tres tintos siguientes. Empezando con Aragonia 2008, 100% garnacha tinta, de la denominación de origen Campo de Borja. Ubicada al sur de la comunidad autónoma de Navarra, y aunque las variedades autorizadas son la: garnacha, tempranillo, mazuelo, cabernet sauvignon, merlot y syrah en tintas, y macabeo, chardonnay y moscatel en blancas, la más representativa es la garnacha tinta, y digo tinta porque hay blanca y tintoreta, esta última de las pocas tintas con pulpa roja. Retomando el Aragonia 2008. Un vino con 8 meses de roble francés y americano, huele a ciruela, humo, en boca frutal, discreto que así como entra se va; unidimensional, sin aristas que después de media hora huele a cajeta. Repetible.
Coto de Hayas 2011. Aromas marcados a grosella tipo jarabe para la tos, mermelada de cereza, tanino dulce y de acidez justa.
Garnacha Centenaria 2010, con una crianza de apenas 4 meses en roble francés, térreo, piedra de río, fruta negra, bien amalgamado, entrada amplia, goloso de final largo. El tinto que más ha gustado. Repetible.

Para variar un poco a la hora de las viandas he escogido sushi, con uno de los mejores maridajes posibles para mi gusto. Un Jerez que bien podría ser una manzanilla, aunque me inclino más por un fino, por sus aromas ahumados que le van muy bien al pescado y el arroz del sushi. Una de dos: han quedado muy complacidos y satisfechos con el maridaje, o han sido muy prudentes a la hora de calificar el maridaje. Pero creo que en realidad sí les ha gustado. El vino es un Fino de Montilla Moriles, Monumental, de la Bodega Conde de la Cortina. Sus 14,5 grados de alcohol son bastante moderados para lo que nos tienen acostumbrados algunas bodegas de tintos. Un fino, oro viejo con frutos secos y ahumados. Repetible.

Alcohol de menor 13.0 a mayor 14.5...

Alcohol de menor 13.0 a mayor 14.5…

Volteando hacia la tierra de los canguros con cierto esceptisismo, metí al carrito seis shiraz. Esos alcoholes altos y taninos rugosos de la cata pasado me sentaron bien, así que quise repetir la experiencia con los vinos de esta tierra, plenamente identificados con esta uva.

Empezamos con un riesling Kabinett de Superama, aprovechando la corta temporada de productos germanos. Los primeros en llegar lo probaron. Anselmann Riesling 2011. Medido bajo el rasero de esta categoría y con sus 11 grados de alcohol es algo subido de precio, 180 pesos. Guanábana, níspero y algo de flores indefinidas. Es abocado pero con una ausencia de acidez que lo hace un poco fofo.

El primer tinto fue para mi el mejor. Repito; para mi. The Little Pinguin 2011 un shiraz discreto, color rubí capa baja, grosella con notas térreas, buen paso y con suficiente acidez, sin mucho extracto y a un precio que lo hace aún más atractivo, 130 pesos. Quizá no entra en los que refleje mejor la tipicidad de la shiraz, si es que todavía existe eso.

Rosemount shiraz 2010. Uno de los vinos australianos más conocidos en México. Con su botella de extrañas formas geométricas en su base. Humo, pimienta negra, tánico y algo tosco. No más que decir.

Shiraz Katnook Estate 2005. El primer golpe es de granos de café tostado, después da algo de fruta negra y ahumados, para muchos redondo y de posgusto largo. Repetible.

Greg Norman Lime Stone Coast 2007. Empezamos en 13 grados de alcohol y ahora ya vamos en los 14.5 con este vino y los dos posteriores. Vino potente de buen ataque y a diferencia de los anteriores algo mineral.

De la legendaria bodega Pendfolds. Bin 128 2010 con 12 meses de roble francés es tánico, fruta negra con notas mentoladas y de uva pasa. Dos raras coincidencias en un mismo vino.

Para rematar otro Pendfolds. Bin 28 (Kalimna) 2008. Con una buena cantidad de sedimento, muestra del poco filtrado para su edad. Muy semejante al anterior, pero qué digo al anterior… Ha sido una cata con aburridas semejanzas, con excepción del primero que fue un blanco, menos mal, y del primer tinto de corte más sutil. A pesar de que este último tiene la misma crianza pero en roble americano.
Hasta aquí con los syrah. Veré si para la otra encuentro en los anaqueles algunos ejemplares de syrah español, que tengo muchas ganas de probar.

La syrah está de moda…

Nada especial a pesar de cumplir 160 catas, aunque tampoco hay que hacer menos a la uva syrah, una variedad tan de moda que prácticamente todos los países la vinifican… Quizás Alemania y Austria no cuenten con el clima adecuado para estos experimentos. Si saben de algún vino desmiéntanme…

Entrando a la era verde, hemos estrenado manteles de cata plastificados para ahorrar árboles derribados. Creo que van a funcionar muy bien, era una pena tirar a la basura tantos manteles de papel inmaculado.

Quienes llegaron temprano pudieron probar un espumoso de categoría de refresco de sabor a cítricos de burbuja casi imperceptible. Brut Blanc de Blancs Viña Casa Blanca color amarillo pajizo con reflejos verdosos, calizo y cítrico, ligero y escurridizo, al final no queda más que un refresquito en la copa. Inmemorable con causa. Por cierto he olido la botella dos días después y me recordó los lagares en tiempos de fermentación, sin llegar a picar la nariz.

El primero de la noche fue un Solo Syrah 2006, de Marqués de Griñón. Piedra de río, arándanos bien maduritos y notas lejanas de albahaca. De final tánico y un poco amargo. No está mal.

Nerola 2004 con el 80% syrah y 20% monastrel. Una decepción; fugaz con aromas a jarabe para la tos, mermelada de frambuesa, a media boca se va, para no dejar ningún recuerdo.

Montes Alpha syrah 2007. Sus 14,5 grados de alcohol por momentos se asoman haciéndolo un vino pesado y torpe. Humo, fruta negra, nada que mueva a comprar otra.

El siguiente fue otro vino del Cono Sur; un Emiliana Syrah 2002, del viñedo de Cachapoal. Un vino que huele a madera vieja, canela y algo de fruta negra indefinida, un vino tirando a los clásicos, con excesiva acidez. Desenfocado.

De España a Chile y por último a Argentina. Salentein 2004 del Valle de Uco, con nada menos que 15 graditos de alcohol. Higos, zarzamora, pimienta negra, final tánico, sus alcoholes están bien integrados aunque no sé qué pasará con dos botellas adentro.

Por último un Luigi Bosca 2005. Recuerdo aquellos memorables chardonnay de principios de los noventa. Es un vino que al principio percibí algo de cartón mojado, pero después se limpia y abre con mucha fruta negra y pimienta, un vino de corte moderno que ha gustado a la mayoría. Frutal y potente. Repetible.

Anotando virtudes y defectos…

Como ya es costumbre me dispongo a reseñar la última cata del grupo más de tres semanas después. Poca asistencia debido al mes de julio cuando mucha gente sale de viaje, falta de manteles de cata, la ausencia de Sergio, nuestro auxiliar en la ejecución de la cata, cosa grave… Pero eso sí, con muchos ánimos. Fuimos siete, así que que tomé la difícil decisión de poner sólo cinco botellas en lugar de las seis de rigor.

Primer vino: un blanco ya conocido por el grupo: Hugel Riesling 2010. Amarillo con reflejos verdosos, huele a barro, a cítricos y una nota de queroseno. En boca es fresco, se confirman los cítricos de final levemente amargo que le da un toque de elegancia para rematar, estoy seguro de que no defrauda a nadie. Fue una noche de Riberas con excepción del primero, un Alsaciano de mis preferidos.

El primer tinto fue un Luz Millar 2004 color picota, aroma a torrefactos, albahaca, vainilla. En boca es carnoso, de buena acidez, frutal y con leves notas minerales de fondo.

El segundo, Luz Millar 2004, con la diferencia que éste tiene 12 meses en barrica a diferencia de los 15 meses del primero, además de sus 13 grados de alcohol en lugar de 14.5. Frambuesa, pimienta negra, en boca es potente al principio y al final se desvanece.

El tercero, Condado de Haza 2008 con una evidente nota de sulfuroso, después se limpia un poco para dar algo de fruta roja. En boca es corto, con un final plano. Inmemorable con causa. Algo le ha pasado en el camino.

Cuarto: Raíz de Guzmán 2009. Este vino tiene buena entrada, aunque tiene de todo no cautiva, algo desenfocado, hay quienes advirtieron alguna nota de químicos algo molesta y distractora. Un vino para el olvido.

Quinto: Páramo de Guzmán 2006. Mermelada de cerezas, frambuesa artificial, en boca es ligero y de final medio, buena astringencia y de acidez justa. Vinos estos dos últimos, traídos por Sergio.

Franceses debajo de los $220 Hablar de vinos por debajo de los 220 pesos no sería tan inhabitual sino se tratara de vinos franceses. Y es que siempre han gozado de prestigio, buena fama y altos precios, que muchas veces no se cumple ni una sola premisa de las tres anteriores. Me pareció interesante probar suerte con seis vinos seleccionados en La Europea.

Empezamos con un blanquito, el más modesto de la región de Chablis; Petit Chablis añada 2009 cuya marca aparece a manera de sentencia: «Le Donjon des Eschofiers» aunque buscando en internet encontré que se conoce como: Jean Louis Quinson Petit Chablis Le Donjon Escholiers. Si hay alguien que lo aclare qué mejor. Se trata de un vino blanco muy agradable, listo para beberse sin ninguna otra pretensión. Color pajizo de ribete acerado, huele a níspero con alguna nota de anís de fondo y lichi. En boca tiene una excelente acidez, acidez cítrica entre lima y limón, con un punto de azúcar sin llegar siquiera a ser abocado, fresco y directo.

Vin D´Alsace Laugel Riesling 2010. Este vino a ojos cerrados parece un buen ejemplar de gewürztraminer; espeso, floral, notas especiadas… Pero no. Es un riesling joven casi transparente y muy nítido. Excelente gewürztraminer… Perdón riesling.

Georges Duboeuf Merlot 2010. El famosísimo productor de beaujolais nouveau, vinifica este merlot. Muy primario con aromas intensos a pétalos de rosa que salen apenas se descorcha la botella. En boca es frutal y de final amargo. Repetible, aunque lo preferiría decantado con media hora de anticipación al servicio.

Calvet Côtes-du-Rhône 2010. El primer golpe es a merthiolate… Muy volátil, notas de fruta roja, grosella y moras. Frutal y de final largo. No repetible.

Les Heritiers Côtes-du-Rhône 2009. Este vino huele a aceite de oliva, lata de sardinas decía alguien… Un vino entrado a la madurez, de tanino suave, fruta roja escasa y de buena acidez. Repetible. Quizás.

Perrin Reserve Côtes-du-Rhône 2010. Nos dio la impresión a casi todos que tenía algo de corcho, aunque con el aire pasó a un aroma térreo, trufa. Un vino sin pena ni gloria que se puede beber pero no mueve fibras.
Tomando en cuenta que ninguno rebasó los 220 pesos y que algunos quedaron muy atrás de ese precio, como el Calvet $130 o el Merlot de Georges Duboeuf en $119. La cosa no está tan mal. Pero yo me quedo con los dos primeros.