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CATA 195Hay países cuya relación con el vino no parece tan estrecha como lo pueden ser: Francia, Italia y España, aunque en realidad todo indica que se originó en las faldas del Cáucaso. Vestigios de lagares, semillas de uva y ánforas con pigmento han sido la prueba para sustentar dicha teoría. Israel está entre los primeros países por donde la vid peregrinó en su largo éxodo hacia el Oeste del Mar Mediterráneo.

En esta ocasión probamos cuatro vinos de este país de la región de Judea. Pero antes descorchamos uno de Pomerol que había traído  René.  Clos René 2010. Y antes de éste, un espumoso de Concha y Toro, para quienes llegaron temprano a la cita, aunque por falta de cuórum todos tuvieron la oportunidad de probarlo. Se trata de un espumoso muy agradable, con aromas a lanolina, talco y notas cítricas lejanas. En boca es abocado a pesar de que aparezca Brut en la etiqueta; se percibe un ligero deje a azúcar residual. Bastante refrescante para los calores que se avecinan.

Pero siguiendo con los vinos de Israel… Según datos estadísticos de la OIV (Organization International de la Vigne et du Vin) Israel tiene 7000 ha de viñedos, y produce 60,000 hl de vino al año. La mayoría del vino que se exporta, sobre todo a EE.UU, lo producen: Carmel o Golan Heights, seguido por las bodegas Barkan y otras menores.

El primero: Clos René 2010; huele a fruta negra, pastel de fruta y notas de fondo a  chocolate blanco. En boca es astringente y de final amargo, dos cosas que destacan del conjunto, que por su precio, recomiendo decantarlo una hora antes del servicio, porque a pesar de sus seis años en vidrio sigue rugoso y desintegrado.

Psagot Merlot 2012. De la bodega del mismo nombre Psagot Winery. Primer golpe a madera vieja, ciruela en sazón. En boca destaca:  mermelada de ciruela además de notas de fondo dulces a ciruela pasa, tanino mullido y acidez justa.

Psagot Edom 2011. Vinificado con 60% cabernet sauvignon, 19% cabernet franc, 5% merlot y 5% petit verdot, 14 meses en roble francés y americano. Este vino huele a humedad, cuarto cerrado, cartón húmedo, por lo que definitivamente está defectuoso.

Psagot Cabernet Sauvignon 2011. Nariz alcohólica, fruta roja y tanino dulce. Este vino no está integrado y dudo que el tiempo haga su trabajo. Inmemorable con causa.

Psagot Single Vineyard Cabernet Sauvignon 2011. Primer golpe a cartón mojado, después se limpia un poco moviendo la copa, dando mermelada de arándanos. En boca  falta acidez, de tanino dulce y final amargo. Sin pena ni gloria. No sé si con esta muestra puedo aventurarme a decir que me parecen vinos sobremadurados, o que el clima cálido hace que el azúcar aumente, y dé por lo tanto esa sensación de taninos dulces en parte por el alcohol y por el azúcar residual, otra sería el trato antes del descorche. Me gustaría probar vinos de otras bodegas y añadas más recientes.

Cata centésima nonagésima cuarta

Publicado: 19 marzo, 2016 en Cata

PCATA 194arece tarea fácil desmenuzar una copa de vino para saber: de qué uva se trata, el grado de madurez, su astringencia, azúcar residual… y todas esas cosas de las que se encargan los enólogos en el laboratorio, y los sumilleres en los concursos. Habría que matizar que los enólogos se encargan de muchas otras cosas en el viñedo, desde mucho antes de la vendimia,  y de todas las labores dentro de una bodega.  Decía que parece fácil, pero no lo es. Si a ésto le sumamos la falta de tipicidad por: la sobre-extracción de la fruta,  la homogenización en los procesos, el cambio climático y otros menesteres…, la tarea se torna francamente imposible a la hora de pretender descifrar el origen del vino en cuestión. Esto mismo pretendí que hicieran mis compañeros de grupo, con resultados no muy halagüeños. Tenían que anotar: país,  denominación de origen, variedad (es) y añada… ¡Casi nada!

La verdad es que al final todos los vinos venían de Somontano, aunque hubo quienes suponían que se trataba de Argentina, México, Chile y hubo alguien que pensó en Borgoña. Así las cosas, creo que fue una buena lección de humildad para todos, y me viene a la memoria aquella frase de Sócrates: «Yo sólo sé que no sé nada» 

Empezamos con Viñas del Vero, y terminamos con Bodegas Pirineos.

Viñas Del Vero crianza , vinificado con tempranillo y cabernet sauvignon. Huele a ciruela con notas muy presentes de vainilla y romero. En boca está un poco diluido, y tiene tanino rugoso.

Viñas Del Vero Cabernet Sauvignon 2006. Este otro tiene muy presente un aroma químico, cansino y de final largo, acidez alta. Desequilibrado, parece que no ha tenido una buena guarda, aunque su acidez me hace suponer que da para más.

Viñas Del Vero Merlot 2006, con 14.0 grados de alcohol y diez meses en Allier. Huele a cerezas, pétalos de rosa, propios de la merlot en vinos jóvenes. Astringente y de final largo. Repetible. Este ha sido el vino que alguien confundió con un borgoña.

Montesierra 2013 de bodega Pirineos, cabernet, tempranillo y melot. Aromas a pimiento, ciruela negra, boca frutal de buena acidez y astringencia. Repetible

Pirineos Selección 2008. Buena fruta; roja en sazón; cerezas, excelente acidez, buen paso y tanino rugoso. Repetible.

Una pequeña muestra de estos vinos que nacen en las faldas de los Pirineos, en la región de Aragón.

sobaquilloAnte la falta de tiempo para preparar la cata, el viernes por la noche llegaron, los pocos «catadores» que lo hicieron, con una botella debajo del brazo. No hubo ninguna restricción de variedad, precio o de ninguna otra. Y los resultados son los siguientes:

Empezamos con Moet & Chandon Rosé Imperial, mi afinidad con el champán rosado quizás haya sido la causa de que me gustara tanto. Cualquier entendido del champán podría decir que: se trata de una marca industrial, que produce miles de cajas…etc, etc, y si sumamos el hecho de que aquí en México la oferta de espumosos no es muy generosa. Debo decir que me agradó y mucho. De color salmón, buena burbuja (fina), tiene una nariz intensa a panadería, almendras, durazno y notas de grosella. En boca tiene una frutalidad muy vivaracha, buena acidez , recordando la toronja blanca. Repetible.

El segundo; Cyan Prestigio 2007, vino de la Tierra de Castilla y León. Aromas a regaliz y arándanos. En boca es plano. Va de menos a más con buen paso, pero al final vuelve a diluirse. Inmemorable con causa.

Pisano 2005, vino Uruguayo vinificado con tannat. Huele a fruta roja indefinida con una nota de madera. En boca es poco expresivo se percibe algo lejano de aceituna verde, final ácido.

El cuarto viene de Ribera del Duero, es un Matarromera 2010, al parecer 100% tempranillo que deja a más de uno satisfecho. Fruta negra de la mejor calidad, con un fondo balsámico muy agradable. De trago largo y con cierta complejidad. Repetible, sin dudar.

Este último ha invadido el mercado mexicano, pocos de quienes beben vino español, podrían dudar de haberlo probado por lo menos una vez en su vida. Gran Sangre de Toro 2011. Un vino redondo, sin aristas, frutal de tanino comedido y acidez justa. Un vino correcto, para beber diario.

Después de esta sucinta reseña, y a un mes exacto de haber catado estos vinos, me despido. Hoy toca la Cata 194.

CATA 192Como todos los años en diciembre nos dispusimos a compartir seis vinos de precios altos, aunque muchas veces eso no implique que sean mejores que los «económicos». Con manteles largos y las copas dispuestas en esta ocasión fue Toro la protagonista, la cata anterior también habían sido  vinos de esta denominación. Retomamos la idea con vinos de un nivel de precio más alto. Mucha gente está convencida de que los vinos «caros» son mucho mejores, idea que mueve la economía en la mayor parte del Mundo. Hubo sólo una excepción y fue un chileno que quedó un poco rezagado, al último ya cuando la lengua daba señales de entumecimiento después de tanto tanino agreste.

Pintia 2008. Con un año de crianza, 70% en roble francés y el resto en americano, y sus 15% de alcohol. Huele a cerezas en licor, con notas de zarzamora, no sé por qué últimamente todo me huele a zarzamora. En boca es astringente, de esa astringencia propia de la madera, como cuando se chupa el palo de las paletas… y alcohol no integrado. Es que 15 grados es bastante octanaje, creo yo.

De la famosa bodega de Ribera del Duero viene el siguiente vino, aunque éste se vinifica en Toro. Cyan Prestigio 2005. Al principio tiene un olor desagradable a cartón mojado y polvo, bonita combinación… Yo me quedé en esas aunque las caras de mis amigos no me hicieron pensar en que les hubiera desagradado. En boca tiene buena acidez, fruta, buen tanino, sin arrancar la lengua. Hay quienes encontraron aromas a dátil, cuero mojado y más fruta que yo. Yo no lo volvería a comprar. Aunque tratándose de un defecto habría que ser más justos y repetir.

Piedra Platino 2004, con 18 meses de crianza, y algo que ya se está volviendo costumbre: revolver roble francés con algo de americano. En este caso 85 y 15% respectivamente. Chocolate, regaliz, buen paso de boca y acidez aceptable. No está mal. Repetible.

Numanthia 2010. 16 meses en roble. 15% de alcohol. Un poco mudo al principio, fruta mesurada, aromas a vainilla que me imagino vienen del roble. Aunque la información es escueta, debe ser francés o una combinación con algo de americano. Astringente y final largo.

Termanthia 2009. Su hermano mayor con 18 meses en roble. Nariz discreta, fruta negra con notas de chocolate amargo y vainilla. Hay quien puso en sus notas: elegante y discreto. Hasta el momento puedo decir que una decantación previa de una hora podría sacar algo más de estos vinos con exceso de roble para mi gusto. Una opinión muy personal ya que ha gustado a todos los miembros del grupo. La pregunta sería: ¿Podría conseguir algo más por los casi 4000 pesos que piden…? Por cierto, esta botella  desde que la saqué de la cava me pareció muy pesada… Así que fui a la báscula que se usa en repostería… 1188 g cuando una botella promedio ronda los 450 g se podría usar con mucha efectividad para defensa personal. Pues hasta aquí ha llegado Toro y mis sugerencias para esta cata, ya que en esta ocasión no hice las compras directamente por cuestiones que sale de sobra que explique en este foro.

El último en el orden, sólo en eso, de Viña Santa Helena: Notas de Guarda 2009. Después del inmisericorde bombardeo de taninos a la lengua, viene este vino que a pesar de sus 14,5 grados de alcohol y sus 13 meses de roble francés, de primero y segundo uso, se siente ágil y ligero con aromas a ciruela madura, buen paso de boca y alcohol y tanino integrados. Nada que pueda ponderarse después del desfile de roble y alcohol. Aquí llegamos a la última cata de este año.

cata 191Va de Toros, de esa famosa región zamorana de aires cálidos. Para quienes han probado vinos de esta denominación, podrán coincidir de que se trata de vinos potentes,  mucho extracto, alcoholes altos y taninos rugosos. Para esos días que nos levantamos con ánimos  de un vino moderno y dejar a un lado las sutilezas. Pues bien, aquí empezamos con el primero de la tarde. Gran Colegiata Barrica 2010 de bodegas Fariña, con apenas 4 meses de barrica. Aromas a lavanda y fruta negra, un vino sin aristas, frutal; arándanos maduros, buen paso y final discreto, taninos vivos sin arrancar la lengua. Repetible.

De la misma bodega procede el segundo: Fariña 70 Aniversario 2012 con 14,5  de alcohol por volumen. Notas ahumadas y fruta negra; zarzamora. Va de más a menos, de final astringente. Repetible.

Valpiculata 2006, Hollejos, notas dulces de regaliz tanino maduro y buena acidez. Para comprar un par de botellas.

Gran Colegiata Roble Francés 2009. Fruta roja, con un alcohol poco integrado que pierde el equilibrio. Inmemorable con causa.

Gran Colegiata Campus 2008, Aromas intensos a fruta negra y notas minerales. En boca el alcohol es evidente a tal grado que rompe la armonía, taninos maduros. Inmemorable con causa.

Gran Colegiata Reserva 2008. El de precio más elevado,  por arriba de los 600 pesos (35 dólares americanos). Mermelada de zarzamora, boca frutal con una nota dulce al final. Repetible aunque por el precio quién sabe.

CATA 190A raíz de un vino griego traído por Alfonso desde aquellas lejanas tierras, me di a la tarea de buscar otros vinos helenos para poder contrastarlos. Al no encontrar ninguno en las tiendas que visité, decidí comprar vinos «mediterráneos», que en teoría deberían de tener algo más en común, además de la influencia de esa zona. Aunque ya sabemos que hoy en día no es necesario romperse tanto la cabeza para encontrar vinos aburridamente semejantes. De hecho, es el pan nuestro de cada día. Pues así las cosas busqué un siciliano, algo de Cataluña (Priorat) y por qué no, un Côtes du Rhône, aunque hubiera preferido un Côte-Rôtie con esos aromas a tocino ahumado que he encontrado en algunos.

Empezamos con un blanco vinificado con garnacha blanca y xarel lo. Dos de las variedades cuyos resultados agradan a mi paladar, no sólo el cava, sino también en vinos tranquilos. Se trata del Massis 2012 con ocho meses en barrica y 14 graditos de alcohol bastante integrados. Un vino color pajizo brillante de destellos verdosos. Huele a pera, cera y en boca es mineral y con un final amargo muy sabroso. Para comprar un par de botellitas.

Santa Cecilia 2008. Aromas intensos a mermelada de higo, humo y  zarzamora. En boca está un poco desencajado de final áspero. Inmemorable con causa.

Galeana 2008 de la bodega Domini de la Cartoixa, en Priorat. Fruta negra; arándanos, vino redondo, buen paso de boca; acidez y tanino. El mejor de la noche. Repetible. Aunque rebasa la peligrosa barrera de los 500 pesos(30 dólares), cuando empiezo a ponerme exigente. Lo pensaría dos veces antes de volver a comprarlo.

Imiglikos Santo sin añada. Un vino desconcertante, «semidulce» indica la etiqueta, no sabemos de que está hecho dentro de las raras variedades griegas como: aghiorghitiko, limnio, mandelaria o xinomavro, aunque no descarto la cabernet sauvignon, cabernet franc, merlot, garnacha o la cinsault. Huele a granada, y notas cítricas, cáscara de naranja, ate de membrillo, a pesar de ser tinto a ojos cerrados parece un blanco. Es dulce poco denso con un leve cosquilleo en el paladar. Diferente, se antoja con un buen brie y una hogaza recién sacada del horno.

Côtes du Rhône 2008 de la Famille Perrin. Intensos aromas a humo, cerezas en licor. En boca tiene buena acidez, todo en equilibrio, pero sin cautivar. Bebible.

Por debajo de 200

Extranjeros por debajo de 200…

En una escapada a la tienda de vinos más grande de los alrededores de mi barrio, me di a la tarea de buscar vinos por debajo de los 200 pesos (10€ ), sin importar país, región o variedad. ¡Cuál sería mi sorpresa!  que cuando pasaba por los anaqueles de vino mexicano todos rebasaban ese precio, inclusive el Casa Madero cabernet sauvignon (etiqueta beige), arriba de los 250 pesos.

No quiero decir que no los haya, pudiendo encontrarlos en las tiendas de autoservicio, como pudieran ser los de L A Cetto con su cabernet sauvignon básico alrededor de 100 pesos,   Domecq con la línea XA…  Y de ahí para abajo Valle Redondo y  poco más. En este caso todos excedían escandalosamente la barrera preestablecida. Me parece increíble que sea más fácil encontrar vinos importados de más bajo precio que los nacionales. Y me remite a una indubitable e ineluctable hecho: los precios de los vinos mexicanos cada día son más altos. La balanza está muy cargada hacia los vinos de 300, 400 y hasta las cifras de tres ceros… ¿Hay alguna buena razón…?

Así que como podrán adivinar no compré vinos mexicanos.

Empezamos con un blanquito para refrescar la garganta. Gewürztraminer 2011 de Viñas del Vero. Esta variedad me parece una de las más «femeninas», no conozco a ninguna mujer que no le haya gustado. Color pajizo brillante. Aroma intenso a níspero. En boca es abocado, con un final amargo que recuerda al agua quina. Si tuviera que encontrar algún pero, sería su acidez muy justita, le falta nervio. Repetible.

Syrah Gran Reserva 2011 de la bodega Santa Carolina. Esta marca no aparece en la página web, otro hecho que no es la primera vez que me sucede. Entiendo que hay  diferentes etiquetas para algunos mercados fuera del país de origen, pero podrían  incluirlos para los consumidores que se tomen la molestia de buscarlos  en su portal. En dónde más podría encontrarse la información. De color violáceo, huele a chocolate amargo, cerezas en licor, aunque no se advertía la madera, en boca es una lija que entumece la lengua y las encías. Hay quienes lo compararon con «un palo de paleta» haciendo alusión a aquellas veces en que se ronzaba el último trozo de hielo al quedar descubierto el palo que la sostenía. Inmemorable con causa.

Velvety 2012. Nariz discreta a flores secas así como entra sale… planito final tánico. Sin pena ni gloria. Corto como su descripción.

Les Héritiers 2012.  Hay quienes advertimos un deje a bicarbonato, su nariz no destaca, un vino bastante mudo.

Aguaribay 2009. Vino chileno de la bodega Flecha de Los Andes vinificado con malbec. Huele a mermelada de zarzamora, en boca tiene un cosquilleo, es cremoso, de taninos presentes sin molestar. Nada que cautive, un vino correcto.

Terroir La Baume 2012. Un vino que nos hizo dudar, al principio pensamos que estaba más allá que para acá. Notas acéticas en nariz y boca. Cansino, aromas químicos (acetona) Algo anduvo mal por el camino de este vino, desde la bodega hasta la mesa, habrá que probarlo de nuevo. ¿Quién se anima…?

Se abrió una polémica sobre los vinos «baratos». Hay quienes piensan que el precio va en relación directa con la calidad y el placer a la hora de descorchar ese vino. Yo sólo dejaría en el aire una frase de un amigo: «Es muy fácil defender un vino caro…»  ¿Qué opinan?

188 Rioja siempre ha estado en boca de quienes disfrutan del vino alrededor del mundo, su  prestigio a rebasado fronteras. Quizás junto con Jerez la denominación de origen más  emblemática de España. Embajadora de los vinos españoles. Su estilo no es precisamente definido, como sucede con tantas otras denominaciones. Va desde las bodegas clásicas como López Heredia, Rioja Alta S.A., Muga quizás esta última dando un giro a la  modernidad con su Torre Muga, hasta los más modernos como Roda. Así que hablar de  Rioja es hablar de un abanico muy variado de estilos. Una visita por la página del Consejo  Regulador de Rioja, me ha sorprendido por la cantidad de uvas que ampara. Y apuesto  a que mucha gente, como un servidor, no sabían que hay un tempranillo blanco. Pues lo  hay. En tintas están la tempranillo con poco más de 40 mil hectáreas plantadas de las 62  mil existentes. La    garnacha tinta, graciano que poco a poco ha recuperado el terreno perdido gracias al esfuerzo de  algunos vitivinicultores como Jesús Madrazo (enólogo de  Contino)  mazuelo,  y maturana tinta.

En blancas tenemos viura, malvasía, garnacha blanca, tempranillo blanca, maturana blanca, turruntés, chardonnay, savignon blanca y verdejo. Aclaro que la turruntés no debe confundirse con la torrontés de Argentina.

Rioja junto con Priorat son las dos únicas denominaciones de origen calificadas. Dado que no tenía muy claro que significaba tal denominación, fuera de que los requisitos son aún más estrictos que en la denominación de origen, me puse a investigar y esto fue lo que encontré:

En el año de 2008 se implanta una nueva regulación para los nombres geográficos de vinos, desapareciendo los VCPRD (vinos de calidad producidos en regiones determinadas), e incorporando las DOP(denominación de origen protegida) e IGP (indicación de origen protegida). A partir de ahora el reconocimiento no será realizado por los Estados miembros, sino por la Comisión (…)

– DENOMINACIÓN DE ORIGEN CALIFICADA (DOCa); deberá cumplir, además de los requisitos exigibles a las denominaciones de origen, los siguientes:
– Que hayan transcurrido al menos diez años desde su reconocimiento como Denominación de Origen.
– Se comercialice todo el vino embotellado desde bodegas inscritas y ubicadas en la zona geográfica delimitada.
– Cuente con un sistema de control desde la producción hasta la comercialización respecto a calidad y cantidad, que incluya un control físico-químico y organoléptico por lotes homogéneos de volumen limitado.
– Está prohibida la coexistencia en la misma bodega con vinos sin derecho a la DOCa, salvo vinos de pagos calificados ubicados en su territorio.
– Ha de disponer de una delimitación cartográfica por municipios, de los terrenos aptos para producir vinos con derecho a la DOCa.

Así también existe otra clasificación superior:

– VINOS DE PAGOS: son los originarios de un «pago» entendiendo por tal el paraje o sitio rural con características edáficas y de microclima propias que lo diferencian y distinguen de otros de su entorno, conocido con un nombre vinculado de forma tradicional y notoria al cultivo de los viñedos de los que se obtienen vinos con rasgos y cualidades singulares y cuya extensión máxima será limitada reglamentariamente por la Administración competente, de acuerdo con las características propias de cada Comunidad Autónoma, y no podrá ser igual ni superior a la de ninguno de los términos municipales en cuyo territorio o territorios, si fueren más de uno, se ubique.
Se entiende que existe vinculación notoria con el cultivo de los viñedos, cuando el nombre del pago venga siendo utilizado de forma habitual en el mercado para identificar los vinos obtenidos en aquél durante un período mínimo de cinco años.
En caso de que la totalidad del pago se encuentre incluida en el ámbito territorial de una denominación de origen calificada, podrá recibir el nombre de «pago calificado», y los vinos producidos en él se denominarán «de pago calificado», siempre que acredite que cumple los requisitos exigidos a los vinos de la Denominación de Origen calificada y se encuentra inscrito en la misma.

Información obtenida de http://www.winesfromspain.com

Como pueden ver, se trata de términos que en muchas ocasiones los consumidores quedan aún más confundidos que al principio de su búsqueda. Al final lo que cuenta no está ni en las etiquetas ni en las regulaciones, por más estrictas que estas sean; sino lo que está dentro de la copa.

Empezamos con una bodega cuyos vinos me gustan mucho, sobre todo el segundo de la noche. Se trata la bodega El Coto de Rioja S.A. El primero: El Coto 2011. Doce meses en roble americano y seis en botella. Huele a tierra mojada, fruta negra. En boca es amplio y va de más a menos, acidez alta, necesita integrarse. Pasado unos minutos huele a granos de café. Repetible.

Coto de Imaz 2008. Con sus 18 días de maceración, 17 meses en roble americano, y 42 meses en vidrio; sale de la bodega después de cinco largos años de haber sido embotellado. Difícil de creer en estos tiempos que corren donde todo es instantáneo, inmediato. Además de tratarse de un vino por abajo de los 300 pesos (17 €).

En esta ocasión lo siento mudo, poco expresivo. En boca es frutal, buena acidez, tanino presente. Quizás con una decantación abra un poco más. Uno de mis riojanos favoritos me ha dejado indiferente, esta vez.

Lealtanza 2004. A pesar de sus colores de vino evolucionado; terracotas y ribetes ladrillo es un vino expresivo, equilibrado con fruta negra, buena acidez, tanino y de alcoholes integrados. Repetible.

Artadi 2010. De 24 a 48 horas de maceración y doce meses de crianza en roble francés. Me ha recordado la puntada de algunos amigos cuando dicen que llegan entre las 5 y las 7 de la tarde a una cita. La maceración entre una cifra y la otra es del doble. Tiene una nariz a tocino y cerezas, boca frutal, con buena entrada. Repetible.

Fuimos pocos a la mesa,  así que he decidido descorchar sólo cinco en lugar de los seis acostumbrados. El último es el Cune Edición Única 2007. Con dos años en roble tanto francés como americano. Sospecho que esta etiqueta la han impreso para una tirada de botellas vendidas en México, y que se trata simplemente de un reservita cuya añada les ha costado trabajo vender. Perdón, pero a veces soy muy mal pensado. Además en esto de la mercadotecnia se vale de todo. Es un vino frutal, de acidez moderada y de final largo. Nada que evoque pensamientos muy altos ni suspiros profundos. Bebible solamente.

De la cantimplora a la botella espigada...

De la cantimplora a la botella espigada…

Para no perder la costumbre, con casi un mes de retraso, me dispongo a relatar la centésima octagésima séptima cata.

El primero, un blanco, un blanco especial, o digamos no muy común en los anaqueles mexicanos. Se trata de un silvaner. Juliusspital 2012, con trece grados de alcohol por volumen. Huele a uva, ese aroma que guardo en mi memoria desde la infancia; cuando al pelar la cáscara (hollejo)  la pulpa despide: el olor a uva, también heno, perón y notas minerales. En boca sabe a toronja blanca, rosas, con un ligero amargor al final. Como para comprar tres botellitas.

Chianti Bolla 2010. Huele a ciruela madura con notas de ceniza. Boca frutal, de tanino suave, diluido. Repetible.

Poggio Capponi 2011. Otro Chianti. Huele a cerezas con notas muy maduras tirando a mermelada. En boca se nota demasiado el alcohol, aunque no se pierde del todo la fruta. Para algunos es demasiado astringente.

Blue Nun 2013, este riesling de la monjita, un eiswein que tiene apenas siete grados. Aromas intensos a queroseno, miel y flores. En boca: miel y melocotón. Repetible, aunque el precio puede desanimar a muchos, yo incluido.

Ansellman 2009. Uva silvaner, bastante espeso, huele a membrillo y flores, para otros: notas de guanábana, mango y durazno. Repetible. Al igual que el anterior, aquí en México su precio fue de más de 900 pesos. Por ese precio prefiero un Trokenbeerenauslese, o hasta un Sauternes de medio pelo.

Vidal 2004.  Con 10 grados de alcohol. Este último quise contrastarlo con los anteriores, lo probamos la cata pasada. A mi me encantó. Un vino más maduro, se nota la evolución a favor, dando aromas más profundos, mucho más complejo que los anteriores, aunque dicho sea no es común guardar un icewine durante tanto tiempo.

Tempranillo en México, entres otros.A raíz de un obsequio de una botella de tempranillo mexicano, decidí compararlo con algunos otros de la misma uva, también mexicanos. Y este fue el resultado. Empezamos refrescando la garganta con un espumoso de Miguel Torres en cuya etiqueta aparece Santa Digna. Se trata de un rosado vinificado con uva país, la más antigua de Chile. Estelado sin añada. Color rosado con destellos frambuesa, burbuja fina y persistente, no muy rápida, pero hay quienes dicen que mucho depende de la copa: el cristal, la manera como se lavó, etc., etc., Un espumoso que ha gustado mucho, sobre todo con los calores que empiezan a apretar. Nariz floral, con algunas notas cítricas de piel de naranja. En boca es refrescante con recuerdos de toronja blanca, toque calizo y buena acidez. Como para hacerse de una cajita para estos calores y los que vienen.

Galileo 2013, de Vinícola El Cielo. Huele a regaliz, moviendo la copa desprende aromas intensos a arándanos, notas de tierra mojada. En boca es mineral, paso de boca amargo, y de final largo. Bebible.

Quinta Monasterio 2011. Por un instante lo confundí en el estante con Hacienda Monasterio. Varietal de tempranillo con doce meses en barrica nueva de roble francés y americano. Humo, chocolate amargo, en general fruta roja en sazón. En boca es algo cerrado, no tan expresivo como en nariz, amargo, y con evidente carga de alcohol. A pesar de que 13,5 grados hoy en día parece un juego de niños. Inmemorable con causa.

Papaztac 2013. Este fue el vino de regalo que propicio esta cata de tempranillos aunque sólo hay dos varietales, el segundo y el tercero. Aroma dulce a higos, frutos rojos; ciruela madura. En boca es frutal, de buena acidez y de taninos mullidos. Repetible.

Tierra Adentro 2010. Una bodega que ha sido de las favoritas del Grupo desde aquel vino que probamos en el bicentenario o esta otra cata donde hubo varios ejemplares de esta bodega zacatecana: Campo Real. En este caso se trata de una mezcla de 80% syrah, 40% merlot y el resto tempranillo. Así que definitivamente no es un buen ejemplo de tempranillo, que ya de por sí, es difícil encontrar su tipicidad cuando es un varietal, fenómeno común ya que se ha perdido la personalidad de la uva por métodos extremos de sobre-extracción y crianzas muy prolongadas entre otras linduras enológicas. Este es un vino con un singular olor a aceite de oliva, para otros atún y sardinas enlatados, aromas que sólo había encontrado en la chardonnay californiana (EE.UU). El caso es que fue abriendo a fruta roja. En boca tiene una excelente acidez, aunque el final es corto y ligeramente amargo, de buenos taninos y paso por boca.

Un Icewine de uva vidal 2004. Este vino lo trajo Francisco, lleva algún tiempo guardado, bien guardado; ya que se manifiesta de la mejor forma en que puede hacerlo un icewine. Color ocre, con destellos de oro viejo, espeso, con una nariz embriagadora «botrizada», miel, flores, piña cristalizada. Una delicia. Guardamos una botellita para la próxima cata, para que no se la pierdan quienes no asistieron este día.