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CATA 237

Por fin nos hemos reunido después de dos años de pandemia, aunque no ha acabado ni acabará por completo, es hora de volver y degustar lo que la naturaleza nos ha regalado con tanta generosidad y el hombre ha trasformado en vino. Me he quedado con la grata impresión de aquel Priorato que probé en Zúrich y que tantas remembranzas me ha traído de aquellas bellas tierras de Porrera y sus alrededores. Así que elegí seis vinos catalanes. Antes debo decir que hay situaciones verdaderamente cómicas: entré a una tienda de bastante prestigio, lo que antes eran ultramarinos, con un buen surtido de vinos. Pregunté a uno de los vendedores, que se encontraba en el pasillo, por los vinos catalanes. Muy amable me señaló un Ribera del Duero, al aclararle que esa no era la región que buscaba, tuvo a bien señalarme un Toro. El hombre no tenía idea de Cataluña, para él se trataba de en una adivinanza. Me vi en la necesidad de acomodarme los lentes y buscarla yo mismo. Dicho lo anterior les diré que empezamos con un espumoso de bienvenida, un Freixenet Cordón Negro para limpiar las papilas y celebrar el estar juntos de nuevo. Después un tinto Canals &Nubiola sin añada, o por lo menos no está indicada, tampoco la variedad ni la crianza. Corto de nariz, algo de fruta roja, unidimensional, final corto. No hay mucho que decir. Un inmemorable con causa. El segundo fue un Sangre de Toro «Original» 2019, conocido de sobra pero que extrañamente no lo he encontrado en el sitio de la bodega. D.O. Catalunya señalada en el Oxford Companion of Wine «Local Catalan name for the region of CATALUÑA and controvertial DO created in the early 21th century for blends of wines made from anywhere in the region. The big bottlers such as TORRES where the chief proponents and are the chief beneficiaries.» No deja de llamarme la atención que dentro de la sucinta descripción de la denominación de origen (DO) escribieran un comentario con cierta dosis de acritud sobre la bodega de Torres. Con respecto al vino, tiene un punto sulfuroso, parece que el aire lo limpia y sale fruta roja madura, el final es diluido y corto. Nada que mueva a comprarlo por segunda vez.

El tercero es otro Sangre de Toro, pero éste es un Reserva añada 2016. Bastante correcto, acidez, alcohol y tanino en equilibrio. Huele a ciruela negra, casis. Repetible. Siguió un Atrium de la misma bodega pero de la denominación de origen Penedés. Añada 2018 y con un primer golpe de nariz a TCA que no se logró limpiar con el aire. Llama la atención su color rojo profundo de capa alta. Debería darle otra oportunidad, aunque no es el primero que pruebo, no recuerdo detalles de los otros. Entrando ya en la recta final aparecen los prioratos. El primero un Salmos 2016 con 14 meses de roble francés 25% nuevo. Ha gustado a todos, pero ni de lejos me trajo recuerdos de los prioratos de excelencia. Fruta negra madura, notas minerales y otras lejanas de romero. Excelente acidez tanino maduro. Repetible. El último fue un Costers del Prior 2015, un vino correcto cuyos nueve comedidos meses de crianza en roble francés le han limado asperezas sin maquillarlo, y que por momentos salían algunas notas de licorella, el término para ese suelo de pizarra tan especial de las escarpadas costers del Priorato. En definitiva ninguno de los vinos se acercó a aquel que probé en Zúrich, no pierdo esperanzas para encontrarlo.

Me ha dado mucho gusto volver a la mesa de Vino Por Placer y compartir el vino con todos los presentes, todos, y haber charlado tan a gusto de tantas experiencias de los últimos meses.

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Otro año más,  bajo un punto pesimista otro menos. El caso fue que nos reunimos ayer por la noche muy contentos a degustar algunos Pomerol y su vecino menor Lalande de Pomerol. Había reposando en mi bodega una botellita de Petrus añada 2001 desde hace 14 años (octubre 2005). Haciendo un poco de historia; la compré a finales de 2005 en San Antonio Texas, en una tienda con más facha de tienda de autoservicio que de vino, eso sí,  muy grande. Tienda donde francamente no había entrado, rumbo a Austin. Llevaba unas 6 o 7 botellas en fila cuando el dueño se acercó a hacerme plática. Aproveché para preguntarle si tenía alguna añada de Petrus en menos de mil dólares que me vendiera… Si la encuentra probablemente la pondré en el carrito. Y así fue. Hoy en día después de mis 55 primaveras estoy convencido de dos cosas: la primera es que todos tenemos tarde o temprano una cita con la Parca y la segunda es que disfrutar el vino sólo se puede hacer con buena compañía. Así que ofrecí mi botella a precio de ganga a mis amigos de Vino Por Placer que no tardaron en aceptar. Previo a la cata y con toda la intención de confundirlos tape las botellas con papel aluminio, y a cada vino le dedicaba un piropo, pero no contaba que el Petrus era el más viejo de los seis, así que su color y sedimentos fueron suficientes pruebas para delatarlo. Lejos de sus virtudes organolépticas, mis compañeros sacaran la conclusión de que se trataba del cuarto vino, aunque hubo quien dudo hasta el último momento. Y este fue el resultado:

El primero fue un Chateau Ferrand 2015 Fruto de las maniobras del mercenario de Michael Rolland que ha tenido a bien vivir de los consejos, a veces no tan sabios, que les «vende» a precio de oro a algunos productores no muy tradicionalistas. Se trata de un vino con cierta amalgama de piel fina y fruta roja, con un  final en boca amargo. Hay quienes encontraron algo de pimienta blanca, pero todos coincidimos en su final amargo.

Chateau De Sales 2011. Fruta negra con una notita de chocolate amargo, va de más a menos, final muy plano, nada que mueva sentimientos. Sin pena ni gloria.

Chateau Bertineau 2011. De Lalande de Pomerol. El de alcohol más alto (14) que viniendo de la manipulación  de Michael Rolland no es de extrañarse. Nariz cerrada al principio y después de mucho tiempo abre elegante, sin muchas concesiones, pero con gracia. No se trata de un vino sobre extraído ni de un vino tosco. Fruta negra, algo de especias, con otro final amargo. Repetible.

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Vinos de la Cata 234

El famoso cuarto de la noche; el tan esperado Chateau Petrus 2001. Huele a corcho, desde que lo descorché noté una capita verde, ¿demasiada humedad en bodega…? tal vez, pero un poco de aire fue suficiente para limpiarlo. Color tirando a marrón, brillante y fluido. Me gustaría hacer una lista de virtudes acerca de este vino que hay quienes dicen es el mejor merlot del mundo, pero no puedo. Cada añada, con algunas excepciones se mezcla con un 5% de cabernet franc. Redondo, algo de pastel de frutas, tanino mullido, todo en su lugar  pero nada que mueva a la lágrima que sale cuando algo de verdad emociona, tampoco bajaron los ángeles con sus arpas a cantarme al oído. Un vino que si me hubieran dicho que se pagaron 20 verdes lo hubiera creído sin problema alguno. Cada vez soy más escéptico de los vinos caros, o con los vinos que han hecho caros los nuevos ricos que habitan China y Rusia, cuando las bodegas muy complacidas  declaran la añada del siglo cada año. Este tal vez sea el último Petrus que beba en mi vida, a menos que un alma caritativa me invite una copa.  Pero no lo he dicho para levantar lástima ni para que se compadezcan de mí, porque si se trata de invitarme y dar la nota o subirse al nivel de la pedantería, está el Chateau Le Pin. Otro Pomerol  algo más escaso; ronda las 600 cajas anuales y que se produce en 2 hectáreas, ya se podrán imaginar el precio…

El quinto, y aquí se cumplió aquella sentencia de que no hay quinto malo, fue un delicioso Chateau Haut Surget 2016. Rebosante de juventud con unas notas nítidas de fruta de la mejor calidad: grosella, redondito, y quizás por encontrar un defecto; acidez justa. No sólo repetible, ya que para 500 devaluados pesos, me parece que voy por tres  botellas para estas fiestas.

El último Chateau Grand Moulinet 2014. Un vino apagado, sin fuerza que no gustó a nadie. Las notas de mis amigos: Chocolate, cereza, ciruela, y ligeramente astringente. Me parece que probaron un vino diferente o pecan de generosos.

Así concluyo, no sin antes agradecer a todos mis amigos su amistad y los buenos momentos que pasamos este año que está por concluir. Gracias Carlos por molestarte en llevar tan original y deliciosa lasaña de bacalao.

Este pasado miércoles 19 de septiembre seguramente  la gente salió por la mañana de sus casas un poco temerosa, otras pensando gran parte del día en la tragedia ocurrida hace un año en México y sus alrededores, yo fui del segundo grupo, además tenía una invitación por la tarde a una cata en una tienda gourmet recién abierta hace poco. La verdad es que hacía mucho que no me presentaba a un acontecimiento de este tipo. Muchas veces por apatía, otras para evitar escuchar los interminables rollos comerciales que suelen derrochar los anfitriones. Al final me presenté puntual a la cita,  aunque debo decir que la falta de educación y compromiso de la mayoría de los invitados es vergonzosa. Con poco más de una hora de retraso comenzó la charla una sumiller joven y muy entusiasta. Se trata de Sandra Fernández Gaytán. Fuera de la chocante costumbre en muchos países de lengua castellana, entre ellos el nuestro, de llamarles sommelier en vez de utilizar el término correcto; sumiller a las personas de esta noble profesión. Aclarado el punto sigo con su extenso currículum, pero sobre todo, el enfoque que tiene del mundillo del vino me fue interesando a medida que pasaba el tiempo.  Puntos de vista contrastantes y datos de la situación vitivinícola en nuestro país  aparentemente actualizados.

Sumiller Sandra Fernández

Sumiller Sandra Fernández

Contando sus inicios en esta profesión, nos decía que al principio no le entusiasmaba mucho el vino, entiéndase que no fue un impulso desde la niñez sino un gusto adquirido después de que su  profesora le dijera un buen día:

«No sabes oler, sabes respirar…»

Una de esas frases que nos cambian la perspectiva  de  la vida y que  transforma nuestro horizonte profesional, desde ese momento se interesó por el vino.

Muy pronto advertí que no se trataría de una cata tradicional de tintos con aromas  a frutos rojos y de blancos a fruta amarilla, como bien lo apuntaba ella misma. Al final reconozco que valió la pena la espera aunque hubo ciertas imprecisiones que suelen darse cuando el expositor se relaja y piensa que a la gente le da lo mismo una cifra de más o de menos. Más adelante lo explico con detalle.

Francamente desconocía por completo que la historia del vino en América comenzara en Puebla y  la Ciudad de México, lo que llamaban Huejotzingo. Ya desde entonces existía una planta trepadora que con sus frutos, los naturales de esta región preparaban una bebida fermentada. Su gusto amargo y astringencia hizo que la  mezclaran  con miel.

Siguiendo con la historia algunos siglos después, Don Lorenzo García en 1595 abrió la bodega que hasta hoy sigue en plena producción, la más vieja de América. Pero no fue hasta 1597 cuando pudo comercializarlo previo permiso del rey de España. Aunque yo tengo mis reservas con aquello de la prohibición de la producción de vino en México, por motivos de competencia con el vino español.  Y esta duda surge por una simple y sencilla razón: ¿El vino aguantaba el largo viaje en alta mar hasta cruzar el Atlántico y llegar a las costas de Veracruz…? Yo creo que lo que llegaba, si no se lo bebían antes en el camino, era vinagre. Pero respetemos temporalmente la historia oficial. Hoy esa bodega se llama Casa Madero y va por la quinta generación de productores.

En 1842 abre sus puertas la Escuela de Agricultura, con especial énfasis en la viticultura.

En 1888 nace la bodega Santo Tomás.

En 1900 entra a México la filoxera, ese endemoniado pulgón come raíces que devastó la mayor parte de los viñedos de Europa.

En 1906  cien familias rusas se instalan de manera permanente en el al Valle de Guadalupe, hoy queda el legado de Bibayoff

Después de la Revolución Mexicana, que por obvias razones había mermado la producción a niveles ínfimos, resurge en 1920. Cincuenta años después, en 1970 nacen los vinos en Calafia de Domecq. Y rompiendo parámetros surge en 1987 Monte Xanic. Todavía recuerdo con nostalgia su rústico y sabroso  cabernet franc con su etiqueta de color anaranjado, ya extinto.

Otros datos interesantes: En México hay 4000 ha de viñedos, según la sumiller, yo tengo otro dato muy diferente de The Oxford Companion To Wine de Jansis Robinson tercera edición 2006 pag. 441

Mexico, the America´s oldest wine producer country, had 41,000 ha/ 101,000 acres under vine  in 2002 (…)

Para ponerlo en perspectiva Jordania y Tailandia países con ínfima producción, tienen 4000 ha cada uno, España el de mayor extensión de viñedos, tiene 1,207,000 ha, EE.UU 415,000 ha (*datos del año 2002)

Siguiendo el hilo de México: tenemos 2000 etiquetas nacionales y un consumo per cápita de 720 ml con una producción de 62 millones de litros al año.  70% del vino que se consume se importa.  Y el 40% de lo que pagamos los mexicanos por los vinos corresponden a impuestos.

Al hablar de las uvas insignia de cada país, y poner ejemplos: Argentina: malbec, Uruguay: tannat, Sudáfrica: pinotage, Australia: Syrah etc., Decía Sandra Fernández que en México hace falta tener una uva propia.   Yo pienso que hace más falta vinificar bien que tener una uva insignia a manera de branding que tampoco es malo, pero no debe preocuparnos mucho. Un buen ejemplo es hablar de Francia, donde  no implica hablar de un varietal, porque quedamos muy cortos. Podríamos hablar del coupage o mezcla bordolesa, y Francia es un país tradicionalmente vitivinícola, pero con la diferencia del Viejo Mundo.

En México se da con excelentes resultados en el Valle de Guadalupe: la zinfandel y la malbec,  quizás en algunos años tendremos alguna uva que nos identifique en el Mundo.

Por último me gustaría destacar algunos aspectos de la cata, que no se ha limitado a mencionar aromas y sabores, a manera de lista de supermercado.

Hay dos vinos destacables para mi. El primero un blanco y el último un rosado. La Llave Blanca 1999, de Vinícola Torres Alegre y Familia en el Valle de Guadalupe. Según contó la sumiller, el enólogo y dueño de la bodega fue el creador de un sistema de oxidación controlado, llamado micro-oxigenación, que consiste en oxigenar el vino lentamente mediante diminutas mangueras hasta el punto que se haya acelerado su evolución, sin llegar a la vejez y mucho menos a la decrepitud.  Buscando en el mismo libro, encontré que el mérito lo tiene un francés: Patrick Ducournau en la región de Mediran, para controlar la aireación en los tanques de fermentación y así proveer de oxígeno a la levadura. Aunque también se puede oxigenar en algún otro momento dentro del proceso de crianza. El resultado es un vino muy interesante que me recuerda a los blancos de López Heredia, con toda proporción guardada. También compartió la historia de una vieja barrica abandonada en lo que fue Chateau Camou, que contenía un savignon blanc y que ahora se vende como el vino más caro de México por $12,000 pesitos la botella,  La Llave del tiempo. No cabe duda de que hay vinos para todo mundo, hasta para quienes se desprenden con facilidad de su dinero después de escuchar una romántica historia.

Vinos catados...

Vinos de la cata

El Convertible Rosa, único vino de Viñas Pijoan que no tiene nombre de mujer, como los otros. Vinificado con 70% zinfandel, 15% merlot, 10% garnacha tinta y lo demás colombard. En el sentido estricto sería un clarete por tener uva blanca (colombard)  Bonito color salmón, brillante y fluido. Un vino elegante que tiene aromas a manzana verde, paso y final amargo. Un rosado que como bien dice Sandra sale del montón de  vinos con azúcar que pocas veces pueden maridar. La relación acidez y salivación que mencionó me parece muy interesante, desde el punto de vista gastronómico,  para poder digerir y disfrutar el vino con la comida.

Otro que se me olvidaba es el Nebbiolo passito de Villa Montfiori. Un vino de postre de aspecto turbio, opaco y espeso que se vinifica son el método passito que me imagino proviene de pasa, uvas pasa… Dulce con mesura y con una buena dosis de acidez, ideal para maridar con un queso Brie. Un vino sin filtrar, he aquí el motivo de su capa velada y sus aromas a hollejos. Por cierto el maridaje no fue nada del otro mundo, creo que le faltó a las viandas materia prima de calidad y poco más de mimo.

Así concluyó la noche de miércoles, agradezco la amable invitación de Carlos. Abur.

Cata 220

Publicado: 1 septiembre, 2018 en Cata, Vino

hueledenoche

Cestrum Nocturnum (Hueledenoche)

Cestrum Nocturnum  nombre científico para el Hueledenoche, un arbusto que dispersa un olor parecido al talco valga la comparación, y que propaga su intenso aroma exclusivamente por  la noche, de ahí su nombre común. Durante la cata de ayer hizo gala de su nombre obstruyendo nuestro ya de por sí mermado sentido del olfato. Parece mentira pero un pequeño arbusto puede saturar el ambiente con su particular olor a varios metros a la redonda, como fue el caso. Así que lidiando con este contratiempo, hicimos lo que pudimos para descifrar los aromas de los vinos de la noche de ayer.

Empezamos con un Viogner de bodega Lagarde, Altas Cumbres 2015. Un blanquito bastante ácido, como si probara un limón verde, al principio huele a uva; siendo ésta su materia prima, sorprende encontrar pocos vinos que huelan a uva, sobre todo ese olor cuando se le quita la cáscara, pasto recién cortado… aromas muy verdes. En boca limón y más limón. Un poco pasado de acidez. Repetible

Valentín Bianchi Malbec 2016 primer tinto. Huele a ciruela no muy madura, cereza, de tanino rugoso y final amargo. Nada que mueva a comprar otra botella, decantado debería mejorar.

Trumpeter Malbec 2015. Este es un vino que se ha vuelto muy comercial, se puede encontrar en  muchos estantes de diferentes tiendas. Primer golpe huele a algún aroma químico no definido, un poco de aire lo limpia dando alguna nota de fruta roja. En boca es fugaz y ligero. Desconcertante. ¿Algún problema de guarda…?

cata 220

Cata de Malbec o de Hueledenoche…

Catena Malbec 2015. Nariz balsámicos, cereza, notas de miel maple, en boca es astringente, un poco amargo y algo desenfocado. Repetible… Tal vez ¿por qué no?

Zorzal Malbec 2015. Fruta roja en sazón con notas de vainilla, nariz agradable y en boca equilibrado. Redondo. Repetible.

Navarro Correas Reserva 2012. Un viejo conocido cuyos alcoholes llegan a los 14 grados. Huele a cerezas en licor, chocolate amargo y notas de coco, final amargo. Para comprar 4 botellas y ver qué pasa.

Durante toda la cata estuvieron presente los «destilados» del Hueledenoche, así que podríamos decir que fue una cata con limitaciones… Pero como no somos profesionales y siempre las tenemos, si alguno de los vinos catados se nos cruza algún día por nuestro camino le daremos otra oportunidad, no somos muy severos.

CATA 219

Cata 219

Viernes caluroso con amenaza de tormenta después de varios días sin lluvias, hoy parece que caerá algo de agua, afortunadamente, y más tarde así fue y refresco la noche. Esta cata se convirtió en una cata de precios altos, por así decirlo. Lo malo está cuando no cabe una justificación. Empecemos a desmenuzar lo que sucedió. Llegó un viejo y querido miembro del grupo de visita, así que empezamos muy bien.

Abrimos  boca con un vino clarete, es decir un vino elaborado con uvas tintas y blancas, a diferencia de los rosados que son elaborados con uvas tintas y cuya maceración es muy corta. Tulip Rosé 2016 de las colinas de Judea (judean Hills) vinificado 65% de cabernet franc y el resto de sauvignon blanc. Piel de cebolla algo velado, olores a melón maduro con notas de guanábana, en boca domina un amargor de agua quina, nada que invité a comprar otra botella, y menos aún si revisamos el precio: mil pesos… Debo decir que este vino junto con el último fue comprado en un restaurante cuyo dueño llegó a la mesa a ofrecernos vinos de esta región que habían importado hace poco. Quién iba a decirme que pagaría por un clarete anónimo, mil pesotes… A veces soy muy educado y prudente.

Hugel Gewurztraminer 2013. Un alsaciano que nunca falla, con su ya reconocido carácter femenino a rosas. Huele a eso y a maracuyá con notas lejanas de nardo… espeso, de acidez justa y final amargo, muy elegante. Para guardar una caja. No conozco a una sola mujer que se resista a este vino.

Sottano Malbec 2008. Primer golpe a madera usada,  como si estuviera ante un riojano de viejo cuño, yo mismo que fui quien preparó la cata. Me hace dudar… huele también a barro y notas lejanas de fruta negra. En boca se nota un poco cansino, aunque extrañamente a mis compañeros les pareció potente e inclusive astringente. ¿Será el mismo vino? Al final creo que no repetiría. Inolvidable con causa.

Sottano Cabernet Sauvignon 2009. Esto tiene un color carmín de capa alta, precioso a la vista. Huele a cerezas y notas de grosellas. Boca frutal, excelente acidez y final muy largo. Repetible.

Cocodrilo 2013. Vino redondo cuya acidez, tanino y alcohol están en equilibrio. Hay quien escribió que huele a vainilla, chocolate y dátil, en boca astringente. Con sus 15 grados de alcohol y 14 meses en barrica nueva de roble americano.

Tulip 2012. Vinificado con un 85% de cabernet franc y 15% merlot, un ensamble que no había probado. Es un vino que pasa muy bien. Aromas químicos al principio de acetona, que va abriendo con el aire para dar después cerezas en licor y hollejos. Va de menos a más, agradable de buen paso. Todo va bien hasta que recuerdo que pagué $1500.00  Y es que si después de $500 me pongo un poco exigente, al triple empiezo a desvariar. No puedo dejar de recordar un Ferrando de Carema en 25 dólares o el multicitado Mogor de Lapierre en poco más de mil en México, según reporte de un amigo. No, creo que no repetiré. ¿Cuántos productores arribistas quieren cobrar en su primera añada un riñón…? Cuando algunos productores han dejado riñones, corazón  y córneas dentro de un viñedo por generaciones.

Como he dicho repetidas ocasiones, hoy parece que el mercado del vino se suma a la bolsa de valores con sus compras a futuro, tanto nuevo rico suelto léase sobre todo chinos y rusos que pagan, como dicen en España un huevo por una botella que quizás nunca descorchen. Nos han jodido la vida a quienes disfrutamos el vino de verdad, y no como un mero negocio o estatus social… Y los productores cada año anunciando la añada del siglo. Abur.

Cata 218 (Vinícola San Lorenzo)

Publicado: 4 julio, 2018 en Cata
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Después de la última reunión (Cata 217) donde se habló de Parras Coahuila, región vitivinícola con su propia estrella, separada de Baja California y que goza de prestigio en gran medida por tener una de las bodegas más antiguas de América: Vinícola San Lorenzo, mejor conocida como Casa Madero. No tardé mucho en seleccionar 5 vinos de esa bodega para descorcharlos en la siguiente reunión. Dicho sea, arriba del  umbral de 500 pesos  me pongo muy exigente a la hora de probar un vino.

CATA MADERO

Parras Coahuila, primero Don Leo el resto Casa Madero…

Empezamos con el único vino de otra bodega dentro de la región. Don Leo 2013 vinificado con savignon blanc. Amarillo pajizo, fluido y brillante, con una nariz intensa a cera de abejas, piña madura, notas tropicales sin llegar a empalagar los sentidos. Otros encontraron: melón, flor de azahar y notas de miel. Está para comprar 6 botellitas. Ya en la Cata 212 lo habíamos probado aunque se trataba de otra añada, la 2013.

Casa Madero 2V 2017. Vinificado con chardonnay y chenin blanc, es por eso lo de las 2 variedades «2V». Color amarillo verdoso, huele a caramelo de limón, buen paso de boca, frutal y de buena acidez, muy vivaracho. Para repetir.

Casa Madero 3V Gran Reserva 2014. Esto de  Gran Reserva  es sin lugar a dudas parte del nombre, por lo poco que sé no hemos llegado en México a legislar respecto al tiempo necesario en madera y vidrio para catalogar un vino de esa forma como en muchas denominaciones de origen españolas. Que además cada vez me parece a mí resultan más anacrónicas. Es un vino granate oscuro de capa alta, el primer golpe es madera y humo. Tanino áspero, desembocado, acidez alta… Pide a gritos una guarda para limar asperezas, sin asegurar con esto su integración. Inmemorable con causa.

El cuarto es un Casa Madero Gran Reserva Malbec 2014. Otro vino de 13.9 grados de alcohol, como los dos que siguen en el orden. Un vino denso, capa alta, aroma a dátil. ciruela, alcoholes altos sólo en nariz,  en boca está muy bien amalgamado, todo en su lugar, ha gustado mucho. Para media caja.

Casa Madero Gran Reserva Cabernet Sauvignon 2014. A pesar del nombre no se trata de un varietal, tiene  62% cabernet sauvignon y 38% merlot. Ciruela madura, térreo, tanino mullido, excelente acidez y final amargo. Me ha gustado más que el anterior, mucho más redondo. ¡Una cajita por favor!

El último de la noche fue un Casa Madero Gran Reserva Shiraz 2014. 100% Shiraz. Higo, fruta negra, chocolate y notas de vainilla, vino redondo de trago largo, bastante logrado, a muchos nos ha gustado. Repetible.

cata 218

Cadáveres de la 217

Hay catas especiales por la naturaleza de sus vinos, y hay catas con invitados especiales, dicho sea no por un simple cumplido, sino porque la plática pos-cata que se desarrolló el viernes pasado además de amena ilustra las dificultades por las que pasan los productores. Fue el caso de nuestra última reunión. Alfonso invitó a la mesa a Eduardo, productor de vino con viñedo propio en Parras Coahuila: Vinícola Las Pudencianas. Vino mezcla de cabernet sauvignon con tempranillo que más tarde comentaré.

Empezamos con un blanquito de vermentino que la podemos encontrar con varios nombres a lo largo de Italia. Belgvardo Bermentino 2014 se trata de un blanco amarillo verdoso, fluido y brillante, en boca de excelente acidez que me recuerda la piña un poco verde, hierba recién cortada. Vino jovial de acidez sobresaliente y para mi gusto abocado y frutal en boca. Bueno para estos calores de finales de primavera. Para tener un par de botellas acostadas.

El segundo Côtes de Provence Marius Peyol 2016 un rosado con tonos anaranjados cuya nariz me recordó a algún cooler que venden por sixpack, y que sin dejar de ser agradables no parece que bebamos un algo que valga la pena. Será que es muy malo o los rosados de esta región no los entiendo o ambas cosas. Inmemorable con causa.

El tercero fue el primer tinto, Crocus 2012 de Paul Bertrand, este vino viene directo de Cahors y es un malbec. Huele a fruta negra, madera nueva, acidez escasa, de tanino rugoso. Nada que me mueva a comprar otra botella.

El cuarto gustó a todo mundo, se trata de un Barbera D´Alba Sovrana 2012.  Huele al principio a granos de café y notas de vainilla, después da paso a la fruta; ciruela en sazón, pero lo mejor no es la nariz. En boca es redondo, acidez y tanino en equilibrio y de final muy largo. Un buen vino como para tener media caja y probar como va evolucionando en un par de años.

El quinto es otro Barbera D´Alba Castina Bruciata 2015, menos agraciado que el anterior, pero que a mí me ha gustado. Zarzamora, pimienta negra, hollejos y fruta roja. En boca se nota aún la juventud con unos taninos vivos, y una acidez que los atenúa un poco, final largo. Falta botella, para comprar media caja.

El sexto «rojo sangre, capa alta, dátil, buen cuerpo, tanino y acidez media, haría maridaje con cortes de carne roja» copiado textualmente de alguno de mis compañeros, ya que en este sexto andaba perdido con los anteriores y un poco distraído, la nariz no me daba para mucho más.

Eduardo Narro 2016Por último descorchamos un vino que generosamente trajo Eduardo de su bodega. Se trata de un cabernet sauvignon tempranillo. Eduardo Narro Reserva Especial 2016. Es difícil dejar los prejuicios cuando tienes en la mesa al productor, pero de todas formas no existe la objetividad. A mí me pareció un vino bastante equilibrado, no destaca el alcohol, ni el tanino, ni la acidez todo está en su lugar. Frutal y con un buen paso de boca, sinceramente es un vino agradable que puede repetirse y hasta tener unas botellitas guardadas. Por cierto que últimamente he visto con más frecuencia está combinación de uvas.

Con respecto a la amena charla pos-cata daría para escribir un par de entradas, pero me limitaré a decir que se programó una visita a Parras Coahuila en breve, eso sí, antes de la vendimia para poder disfrutar del paisaje y de cada rincón de la bodega sin la molesta muchedumbre propia en tiempo de vendimia.

Me llamó la atención que mencionara un nuevo enemigo de la vid alrededor del mundo, así como ocurrió a finales del siglo XIX en Europa. Aunque podría extenderse por cualquier viñedo, los daños en Parras Coahuila no han sido graves, se trata de la enfermedad de Pierce, causada por la bacteria Xylella fastidiosa, una bacteria  que puede sobrevivir y se multiplica en los conductos que transportan el agua en la planta (xilema). Sólo ciertas cepas  de la bacteria son capaces de infectar plantas de vid. Sin duda un problema que preocupa a los productores y que de algún modo tendrán que resolver. Hasta aquí con la reseña de la última cata.

Haciendo un recuento para no perderme en el camino, después de la cata 213 en casa de Alfonso, miembro del grupo y además anfitrión, nos invitó una paella. Se me ocurrió averiguar qué vino maridaba mejor. Hay que recordar que aquí en México es raro que las paellas tengan conejo dentro de sus ingredientes, y que son combinadas. Lo que vendría a ser un «Mar y Tierra» en España. Compré un blanquito, un rosado (Marqués de Riscal) y dos tintos que han pasado al olvido. La mayoría coincidimos de que fue el rosado el que mejor maridó. Sin otro propósito más que pasarla bien, disfrutar la paella y saber qué vino se llevaba mejor con el platillo. Yo mismo hice la paella,  por desgracia me he  pasado de sal, y en una paella es un pecado mortal 😦

De la 214 ya he reseñado lo suficiente, y la posterior la 215. Se trató de vinos mexicanos comprados por internet por Paco, y que en honor a la verdad no levantaron suspiros, a mí en lo personal me gustó un syrah de la bodega Campo Real Vinícola: Tierra Adentro 2011.  Me pareció no sólo bebible sino repetible.

De Líbano a Coonwarra...

De Líbano a Coonwarra…

En esta cata cuyas expectativas no eran ni altas ni bajas, simplemente un total desconocimiento de los vinos. Al final resultó uno que otro muy interesante. Empezamos con un blanco australiano muy refrescante. Founder´s Block 2014 vinificado con savignon blanc. Amarillo pajizo brillante y fluido, aromas intensos a piña madura y durazno. En boca es fresco, abocado al principio, de excelente acidez, quizás más de lo que esperaba pero que daba al conjunto una buena armonía, resaltando su vivacidad, nada mejor para el calor junto a la alberca con algunas viandas.

Altitudes IXSIR Blanc 2015. Un segundo blanco de otra hechura. Huele a té de limón, té negro, mandarina. En boca es amplio y amargo en el paso de boca, una característica que siempre me ha gustado en los vinos blancos. Para media cajita.

Sileni Cellar Selection 2012. Austero, sin muchas concesiones, no muy aromático, después de unos minutos asoma un leve aroma a ciruela pasa y pastel de fruta. En boca es redondo sin destacar nada, equilibrado. Me gustó para repetir.

Altitudes IXSIR Rouge 2015. Este pinot desconcertó a muchos que pensaban en un vino evolucionado, aunque estaban equivocados, se trata de un pinot noir. Huele a fruta roja en sazón, tierra mojada y algo de especias; mejorana. En boca se nota algo de CO2; al entrar algo de cosquilleo, frutal y de acidez moderada, tanino mullido. Para una cajita.

Founder´s Block Shiraz 2013. Aromas intensos a grosella nota lejana a ciruela madura. En boca es austero y de final corto. Repetible.

Founder´s Block Cabernet Sauvignon 2015. Nariz corta, fruta negra indefinida. En boca es de tanino y acidez mesurada, sin enamorar. Inmemorable con causa.

CATA 213Ahora fue de sobaquillo. El primero de la noche: One Les Jolies Filles (Rare Rosé) anunciaba la etiqueta, buscando en internet no encontré la manera de cambiar el idioma de su página web al castellano y como mi franchute es muy pobre… paupérrimo, sólo pude saber que está vinificado con tres uvas tintas: 85% cinsault, 10% syrah y el resto mourvèdre. Este rosadito tenía un color evolucionado a piel de cebolla y tonos ámbar. Lo primero que llega a la nariz es mango, entrada un poco amarga recordando el té negro, un rosado diferente, quizás por su evolución. Repetible…

El segundo un Federico Paternina Reserva 2011, un vino maduro, sutil. Huele a paja mojada, barro, piel de rusia. En boca tiene una excelente acidez, tanino pulido y final larguísimo. Para media caja. Quien lo trajo asegura que es una de las mejores añadas en Rioja.

Bosconia 1998. Pura elegancia, huele a especias: mejorana, bosque bajo, ahumados redondo y profundo. ¡Una caja por favor…!

Después llegaron las burbujas, Moët Chandon Néctar Imperial, aunque no sea muy ortodoxo; ni la copa ni el orden de aparición y además se trate de un champán de producción en serie, lo disfrutamos todos. Burbuja rápida y de mediano tamaño, amarillo verdoso, abocado y fondo cítrico… al final, toronja blanca, muy ad hoc  para un viernes por la noche.

Montes Selección Limitada 2015. Vinificado con un 70% de cabernet sauvignon y 30% carmenere. Un vino que recuerda la miel de maple, sobre madurado, barroco, con alcoholes altos (14.5) que además se perciben.

RA Roganto 2014. Este vino mexicano lo he seguido por algún tiempo desde que lo encontré en los anaqueles de una tienda, hace ya algunas primaveras. Me parece sin lugar a dudas uno de los mejores vinos mexicanos, y si a esto le agregamos que podemos comprarlo por menos de 300 pesos se convierte en una opción no sólo para consumirlo de vez en vez, sino para comprar una caja. Un vino sin excesos, sin máscaras, directo, fruta de la mejor calidad, redondo, con un equilibrio excepcional, me recuerda los buenos merlot por aquello del pastel de frutas, fruta negra y especias.. Ahora mismo está para beberse y disfrutarse.

Viernes 8 del último mes del año, noche fría. Después de atender una importante cita propia de un padre que está al pendiente de las actividades escolares decembrinas de sus hijos, y de haber escuchado tocar el piano magistralmente, y de ver bailar en escena a mi hija, me dispuse a llegar a tiempo a la cena de Vino Por Placer, grupo al que orgullosamente pertenezco y donde nos reunimos puntualmente el último viernes  de cada mes. Ahora en diciembre como muchos de quienes siguen el blog saben, sacamos los manteles largos. Festejamos en primer lugar estar vivos, con achaques propios de la gente entrada en años, pero eso sí, con buen humor aunque a veces sea un poquito negro… ¡Mejor! También festejamos estas fechas que ablandan los corazones y que en algunos casos afloran los mejores sentimientos, aunque en otros, sigan en las mismas todo el año. Y por último festejamos el decimonoveno aniversario del Grupo.

Partiendo el lechón con el plato, a la vieja usanza...

Partiendo el lechón con el plato, a la vieja usanza…

Debo hacer énfasis en el esmero y tiempo invertido por parte de nuestro anfitrión que este año ha sido René. No sólo abrió las puertas de su casa sino también las del asador, que en su interior  doraba dos tiernos lechones. Suaves por dentro y crujientes por fuera, como mandan los cánones de los buenos asados segovianos. Mi única observación fue que si rociaba la sal (gruesa) en el lomo de los cerditos, quizás la sal hubiera sido poco menos contundente, que sumergirlos en salmuera por tantas horas… ¿Veinte habías dicho? Fuera de eso exquisitos, así como también el tradicional bacalao de Carlos, receta de su abuela.

Los vinos no podían desmerecer, así que nos decantamos unánimemente por una vertical de Valbuena 5° de la añada 2006 a la 2011. Seis vinos de una bodega que lleva más de 125 años en pie y con mucho futuro por delante, todo se debe a la Vega (1000 Ha), como llaman familiarmente a la propiedad. Pertenece al grupo Tempos de Vega Sicilia que agrupa nada más y nada menos que Valbuena de Duero con los Vega Sicilia Único, Reserva Especial y Valbuena 5°. Por otro lado Alión también en Ribera del Duero, Pintia en Toro, Macán en Rioja y Oremus en Tokaji Hungría. Su enólogo estrella después del legendario Mariano García fue Xavier Auxás, responsable del resultado de estos vinos… Y el último cambio en 2015 Gonzalo Iturriaga, cuya firma no aparece en esta vertical.

La edad promedio de las viñas es de 35 años,  plantadas  en 140 Ha. La fermentación se lleva a cabo en depósitos de acero inoxidable con levadura autóctona, quiero pensar que viene del mismo hollejo. Tras la fermentación pasan a tinas de madera de 20,000 litros cada una, entre cuatro y siete meses. Su crianza comienza en barricas nuevas de 225 litros entre 15 y 18 meses combinando roble francés y americano, y 3 meses en barrica usada. Así como los buenos riojas, este Ribera del Duero sale al mercado como un vino ya hecho, listo para beber. Entiéndase que su evolución es lenta pero para quienes desean las satisfacciones inmediatas, lo pueden descorchar, no es así el caso de los burdeos. Por lo que pasarán 2 años más en botella antes de salir al mercado. En resumen tiene una crianza entre madera y vidrio de cinco años, de ahí el nombre de Valbuena 5°. Por último, antes de pasar a la cata en particular, está vinificado en su mayoría con tinto fino, lo que llaman en casi toda España tempranillo y una ligera proporción de merlot, dependiendo la añada.

Notas de las añadas en particular y sus condiciones climatológicas:

Valbuena 2006 al 2011

Valbuena 2006 al 2011

El primero, 2006. Se vendimió entre el 9 y 27 de septiembre. Invierno frío y lluvioso y primavera con temperaturas altas. Un vino que no parece haber salido de esas condiciones de clima, por su acidez, muy vivaracho, con evidente juventud que al probar los dos siguientes dudé en pensar que fuera el «más viejo». Fruta negra de primerísima, notas de tomillo y pimienta. En boca excelente acidez, y un tanino aún poco limado; rugoso. Como para esperar unos cinco añitos más a ver qué pasa.

2007. Buena brotación en primavera, que fue calurosa y algo de granizo. Verano algo más frío. Este vino me ha desconcertado desde el principio, al igual que a todos los presentes. Huele a granos de café tostado como cuando se deja en la copa por varios minutos, fruta negra lejana, casi ausente, en boca es planito entra y sale sin advertirlo demasiado. Falta armazón y contundencia. Según la bodega: «una añada límite y austera».

2008. Invierno seco, primavera fría y lluviosa, brotaciones tardías. Se registra tan solo 1 °C el 29 de septiembre que activa las torres anti-helada.  El primer golpe en nariz es de madera quizás no tan nuevecita como la que acostumbran las bodegas de hoy. En boca su tanino está presente y su acidez muy comedida, le falta garra. Por eso he dicho que el primero resultó más jovial que sus predecesores. Bodega: «Añada de corte Atlántico, sombría, pura elegancia».

notas20122009. Invierno frío y con heladas habituales en torno al Duero. Poca lluvia en primavera. Verano caluroso. La vendimia comenzó el 24 de septiembre y finalizó el 3 de octubre. Regaliz, chocolate amargo y notas de fruta roja; ciruela en sazón. Redondo, todo en su lugar, acidez, alcohol y tanicidad ¡Media cajita por favor.!

2010. Destaco que según la bodega: Gracias a las reservas hídricas en el suelo y las buenas condiciones del verano, el ciclo de la vid se recuperó. La vendimia comenzó el 1 de octubre y finalizó el 15.

Se ha roto el corcho, curioso que haya sido en un vino más reciente y tomando en cuenta los casi 5cm de largo de los estándares de la bodega, se halla pulverizado de tal forma. Seguro una guarda distinta a los demás; menos humedad. Pero bueno ya lo apunté en «incidentes menores»

2011. Invierno típico, primavera con temperaturas más altas de lo habitual que forzaron a adelantar el ciclo de la planta. Verano cálido con un final escaso en lluvias y buenas temperaturas que permitieron esperar el punto óptimo de maduración.  Otro corcho roto al abrir la botella. Huele a zarzamora, algo de tomillo y nuez moscada, fruta negra; arándanos. En boca es de tanino presente y falta un poco de acidez. Bebible. Así concluye este festín que por cierto se abrió al último un CUNE reserva, que parecía venido a menos junto a los dos últimos vinos de la cata. Curioso, será que ya el paladar no daba para más… Pero había que bajar la grasita del pellejo del lechón.