Archivos de la categoría ‘Cata’

Vinos de la 152

Una cata de fin de año más o una cata menos, según el cristal con que se mire. El fin de año para el grupo es una ocasión especial, fecha que marca varios festejos: Navidad, Año Nuevo y otro aniversario más del grupo, Vino Por Placer, que ya suman trece. Los manteles largos y las burbujas no se hicieron esperar. Jorge, nuestro tesorero estrella, ha tenido una magnífica idea… Año tras año rifábamos tres regalos; primero, segundo y tercer lugar, este año ha habido un regalo para todos y cada uno de los asistentes, para no herir corazones pusilánimes. Con el dinero que se ha juntado se ha podido pagar la cena, los regalos, entre otros gastos, y ha sobrado algo para el próximo año.

Los vinos son de entrada de precios altos, en promedio 1800 pesos, y digo de entrada porque no he probado ninguno, con excepción de un chileno (Alma Viva).
Abrimos boca con un PZ Malbec 2007 del valle de Uco. Un vino con una nariz mineral, de notas especiadas a pimienta blanca y fruta (cereza). En boca confirma su mineralidad, entrada amplia y de taninos rugosos.

De Argentina pasamos los Andes y llegamos a Puente Alto en Chile, con el famoso vino premium Almaviva también 2007, producto franco-chileno de la unión de Cocha y Toro y La Baronesa Philippine de Rothschild. Moviendo la copa desprende ahumados y tierra mojada con notas frutales de ciruela madura. Me ha gustado más en nariz que en boca. En boca entra con vigor pero al final se hace plano, falta garra, acidez, me ha desconcertado un poco pero a la mayoría les ha gustado y tienen impresiones diferentes a la mía en boca. «Excelente, redondo muy bueno…»

De Chile volamos a España. Gaudium 2002 la joya de Marqués de Cáceres, con 18 meses en roble francés (no sé si sea nuevo, me imagino que sí) y dos años en botella. Un vino moderno al final de su infancia, que huele a piedra de río, hollejos, zarzamora y una nota especiada a albahaca, taninos muy presentes todavía, de buen paso y final largo. Repetible.

Siguiendo por España, bajamos un poco al sur. Titán del Bendito 2008, después del 2005 y 2007, me parece menos expresivo, sin dejar su extracto, su alcohol y sus taninos rugosos. Un vino que entumece la lengua, un pecado no decantarlo.

De regreso a la Rioja. Trasnocho 2006. Un vino que siempre había leído mal su etiqueta. Ramírez con «a» y no con «e». Fernando Remírez de Ganuza. Abigarrado, potente, pero guardando hasta cierto punto el equilibrio. Mucha vainilla al principio, caja de puros y fruta negra de fondo. Boca amplia con un posgusto largo y de final astringente. Yo lo guardaría por lo menos cinco años.

Por último pasamos al este, hacia Italia por la Toscana. Petra 2006. Al principio huele a químicos; acetona y unos que otro aroma volátil. El aire lo limpia y da aromas compotados a fruta negra. Boca amplia, buena acidez y de tanino rugoso. Un vino en plena juventud, sin que podamos asegurar su vejez digna. Mis expectativas no son muy altas.

Drappier Carte D´ Or

Como en muchos hogares mexicanos en estas fechas, esta noche se ha servido Bacalao (semidulce) con aceitunas y almendras, pierna al horno con una salsa roja y un bacalao muy especial preparado con mucho esmero y virtuosidad por nuestro amigo Carlos, cuya receta ha pasado de su abuela a sus manos, y ha podido conservar la tradición. Una exquisitez que puede llevarle más de un día en preparar. Todo bañado con champán Drappier Carte D´ Or con aromas intensos a panadería, seco en boca y de final largo, otro buen ejemplo de un champán sin añada muy sabroso y consistente.

Agradezco a Jorge su entusiasmo para enriquecer esta velada con sus ideas y su tiempo para llevar las cuentas, así como a Sergio por la charola con los corchos de los vinos de todo el año, confeccionada por su esposa, a Carlos por su exquisito bacalao y al resto por su asistencia a la cata y formar parte del Grupo.

¡Felicidades en estas fiestas a todos quienes leen este blog, y para quienes no, también!

Los encapuchados…

Existen pocas certezas en la vida, una es que algún día tendremos que partir irremediablemente de este caótico mundo, otra es que España es el mayor exportador de vinos a nuestro país. Así que se me ocurrió hacer una cata de los vinos españoles más populares en el mercado mexicano. No es lo mismo que las denominaciones de origen «raras» o vinos «premium», al contrario; son los vinos más vendidos en restaurantes y tiendas. Si tienen alguna otra sugerencia lo tomaré en cuenta, la lista debe ser larga.

Con ocho miembros del grupo «abordo», comenzamos nuestro recorrido hedonista. No sin antes disfrutar de algunas burbujas, en esta ocasión el vino para los puntuales fue un Santa Carolina Brut Reserve. Por su precio (menos de 200 pesos) es uno de los espumosos con mejor relación calidad-precio que conozco. Aromas a pan tostado con notas de frutos secos, flores, cítricos, de boca amplia, refrescante de excelente acidez. Para comprar una cajita.

Los españoles más populares…

El primer tinto español fue un Monte Haro 2008, quizás el menos conocido, pero por 98 pesos no hay mucho más que pedir; un vino de trago largo, que al principio huele a vainilla, después zarzamora (mermelada), algunas notas de caja de puros y tomillo, en boca destaca su acidez.
El segundo fue uno de dos que no son riojanos. Gran Sangre de Toro 2007, quién no recuerda el torito que cuelga del cuello de la botella. Este vino catalán no sé si cambiará de nombre por aquello de la prohibición de las corridas de toros… En su mezcla lleva: garnacha, mazuelo y la uva tan de moda shiraz. Huele a chocolate amargo, fruta negra y tiene una arista de alcohol muy presente, acidez justa.

El siguiente es un viejo conocido, hay quienes lo tachan de aburrido, pero es un vinito cumplidor, una apuesta bastante segura: Marqués de Cáceres 2007. Doce meses en barrica y catorce en vidrio, una práctica en franco descenso. Hubo quien encontró algunos aromas químicos: acetona, laca de uñas… Para mí fue bastante redondo, bien amalgamado, entre la fruta, el alcohol y el tanino, pero sin cautivar.

CVNE Crianza 2008. Otro viejo conocido y quizás el más comercial de todos, no sólo en México, también en España, concretamente en Haro, en los bares alrededor de la Plaza de la Paz lo servían por copas como pan caliente. Fruta roja en sazón con una nota herbácea, buena entrada y final largo, tanino mullido.

Protos Roble 2009, un riberita muy comercial. El más joven de los seis. Huele a hollejos y fruta negra con notas de madera de fondo. En boca se nota la madera sin desmerecer la fruta. Doce meses de crianza; seis meses en roble y el resto en botella.

Por último, un clásico que lleva mucho tiempo en México, el vino de los abuelos que ha pasado de generación en generación, aunque su precio se eleva sensiblemente de los anteriores ($385.00). Marqués de Riscal Reserva 2008. Crianza de 24 meses en roble americano. Cuero, ahumados, tierra mojada. Suave en boca, tanino limado, buena acidez, confirmando ahumados, final largo. Ha gustado mucho a todos, aunque el estilo es diferente a los anteriores como para hacer comparaciones.
Falta una sola cata para concluir el año, un año que para mí se ha ido muy rápido. Momento de muchas reflexiones.

No todo el vino en nuestro país se produce en el noroeste. Baja California se ha convertido en el referente como zona productora de vino. Cuando se menciona el vino mexicano, los reflectores apuntan a una sola zona, Baja California, concretamente el Valle de Guadalupe, cuyos vinos tienen una mineralidad en ocasiones extrema, con una salinidad evidente. Pero hay otras zonas que emergen y otras en franco descenso. Es injusto pasar a segundo plano lugares como Parras Coahuila o Ezequiel Montes en el estado de Querétaro.

En esta ocasión probamos algunos vinos de estas dos últimas zonas. Empezamos con el vino reservado para los puntuales: un Mumm Brut cuya fama no sólo viene de Francia, en Napa ya se producen algunos espumosos interesantes. En este caso es un francés. No hay nada mejor que empezar con algo de burbujas para limpiar el paladar, se trata de un espumoso fresco, de buena burbuja; mediana y persistente, de color pajizo con destellos verdosos. Aromas a avellanas y notas de pastelería de fondo. En boca es refrescante, cítrico y de buena acidez.

El primer tinto fue Sierra Gorda Cabernet/merlot 2008, de Viñedos la Redonda. Aromas frambuesa, barro. En boca es compacto y mineral, con una leve arista de alcohol.

Casa Madero 3V cabernet 2009, sauvignon, merlot y tempranillo. De la bodega del mismo nombre. El primer golpe es cítrico; cáscara de naranja, notas de guanábana… ¿Estamos hablando de un blanco? Color rubí capa media, tanino firme, recuerdos de grosella y final áspero.

Casa Grande Gran Reserva 2007, cabernet/shiraz. Se percibe el pimiento de la cabernet, así como notas especiadas de pimienta negra y clavo. Boca frutal y final largo.

Casa Madero cabernet/ merlot 2008. Otra vez percibo la piel de naranja, fresa silvestre, mermelada de zarzamora, flojo en el paso de boca y final corto

Sierra Gorda producción Limitada 2008 cabernet/merlot/mabec. Al igual que el primero, tiene 12.5 grados de alcohol, algo insólito en estos días. Aromas a lavanda, menta y madera. Tanino mullido y de buena acidez.

Y el último y más viejo, Casa Grande Shiraz 2006. Nariz intensa a fruta roja y pimienta negra. Entrada amplia, buen tanino y largo. A pesar de su larguísima crianza en roble americano nuevo (24 a 26 meses), la fruta no está ahogada en madera. Algo que me ha sorprendido. ¿Será que la shiraz aguanta…?

Han sido bien recibidos, sobre todo por el contraste de la salinidad de Baja California, aun tratándose de vinos con cierta mineralidad, bastante comedida. Dos bodegas que tienen mucho futuro por delante.

Cinco mexicanos y un colado…

En este mes patrio volvimos nostálgicamente a los vinos mexicanos de alta extorsión, perdón expresión. Y es que esos precios lo dejan a uno temblando, y como he dicho y no me cansaré de repetirlo; por esos precios me empiezo a poner muy exigente. La competencia puede realmente ponerse dura e inmisericorde con todo y que la competencia es extranjera, implicando gastos de fletes y otras cositas, a veces no tiene ninguna relación lógica lo que puede pagarse por un vino extranjero contra un mexicano. Pero allá ellos mientras les dure.

Esta noche han faltado tres amigos de último momento, avisando unas horas antes, al más puro estilo mexicano. Sumado a los precios altos, nos toca de un buen billete por cabeza. Empezamos con un cava que no tiene mucho que llegó a México, de la bodega Sumarroca. Nuria Claverol 2008. 65% Xarel-lo, 20% parellada y el resto de la «mejorante» chardonnay, tres años en sus lias y 12% de alcohol, un cava fresco, burbuja media y de mediana persistencia, aunque yo no me fío mucho, ya que dependerá de la porosidad de las copas. Al principio desprende aromas de pastelería, frutos secos, pero poco después se muestra muy floral. En boca es cítrico con cierta mesura y algo corto al final. $590 es algo subido para lo que da. La depredación de los detallistas juega un papel importante en esto de los precios.

De la bodega californiana (México) Vinícola Tres Valles, probamos el Maat 2008 y el Kuwal 2007, ambos vinos muy parecidos; buena nariz, de mucha intensidad. El primero es un grenache noir que es lo mismo que garnacha tinta, sino es así pueden corregirme. Aunque mis compañeros parece que ya le tienen tirria a los vinos mexicanos, para mí son dos ejemplos de vinos de buena fruta que no desmerece con la salinidad. Kuwal 2007 es un vino con aroma a hollejos, amarga en la entrada, largo y con cierta salinidad, moderada.

Big Blend 2008, de Vena Cava. Un coctel de cinco uvas diferentes: 35% syrah, 29% zinfandel, 18% cabernet sauvignon, 12% petit syrah y 6% grenache… ¿algo más…? con sus casi 14% de alcohol huele a aceituna negra, frutos rojos, de buena acidez. Un vino correcto, pero por $500 ya no es tan correcto.

Quinta Monasterio 2008, que en un principio pensé que se trataba del Ribera del Duero. Catorce meses entre roble francés y americano nuevecito. Transcribo algunos comentarios: «bastante más redondo, sin aristas, más largo y amable» otro «simpático, me gustó, ácido, afrutado» me agrada comparar el vino con los humanos, palabras como: honesto, firme, juguetón… describen muchas veces mucho mejor algunos vinos que utilizando el lenguaje propio de «catas profesionales».

Por último de Vinícola La Trinidad, nueva para un servidor, llegó Minotauro 2009. Un vino de 600 pesos que sabe a chamoy del bueno, acidito y salado que al final da algunas notas de sandía, un inmemorable con causa. Así concluye esta costosa cata para rematar con unas pizzas también caras, ¿o será que ya se siente la crisis mundial…?

Deliberando...

Imposible pasar por alto el acto de barbarie del jueves en Monterrey. La indignación, el miedo y la desesperanza juntas. Anoche todos nos preguntábamos, ¿qué sigue…?

Girando hacia aspectos de la vida que nos reconfortan y nos dan esperanzas…hemos dejado atrás los malbec, por lo menos de manera temporal. Hoy toca turno a Alfonso. Nos ha traído un repertorio variado, destacando algunos vinos de la tierra del canguro y del bumerán. Antes de empezar a descorchar los vinos, Alfonso nos dio una introducción a los dos vinos australianos de la noche, traídos precisamente de ese país, además de reseñar el panorama del comercio del vino a nivel mundial, destacando los principales países productores y consumidores. Australia ocupa el sexto lugar como productor de vino, sin embargo es el cuarto en ventas al exterior por volumen y tercero por precio. El vino australiano según datos de Alfonso, es de los más caros.

La idea principal de esta cata ideada por Alfonso, es medir los aciertos de cada uno de los presentes para identificar: país, uva y añada. Le decía de broma que si quería también el nombre y apellido de los productores… 🙂 La verdad es que eso ya sólo se ve en las películas, con este globalizado estilo de vinificar se ha perdido casi por completo la tipicidad, el terroir y todo aquello que pudieramos identificar para diferenciar un vino de otro. Pero la lucha se hizo. Para imprimir más emoción al asunto, Gabriel sugirió que cada uno depositara 100 pesos, y al final quien tuviera el mayor número de aciertos se embolsara todo el dinero. Curiosamente fue él quien ganó. ¿Casualidad o premeditación…?

Abrimos con un sudafricano, Nederburg 2006, que francamente no reconocí ni de cerca. Había además que escoger de una lista de cinco paises y cinco posibles añadas. A la mayoría les pareció un vino caliente, es decir muy alcohólico, sus aromas para mí están marcados por la vainilla, chocolate amargo, fruta roja (ciruela). Acidez destacable y de final amargo. Al último huele a toffee, forma pomposa de decir cafe con leche. Éste fue uno de tantos que no acerté a dar con su origen y por ende tampoco la uva. Quien me ponga a prueba con un sudafricano de uva shiraz y un australiano con cabernet sauvignon, no es digno de confianza 🙂

El segundo fue un australiano Ebenezer Shiraz 2006, de Barossa, a las afueras de Adelaida. De los pocos que acerté, por pura asociación. Australia-shiraz. Toques herbáceos, ciruela y pimienta negra, de entrada potente y muy tánico.

Sirviendo el tercer vino...

El tercero fue un Chateau La Grange Clinet 2006, otra trampita, ya que este burdeos como muchos otros no es varietal. Tiene un predominio de la merlot, pero también está vinificado con cabernet sauvignon y cabernet franc. Nariz corta, floral y con un paladar mineral y final amargo. De los que pasan al olvido pronto.

Seguimos con Isla de Lobos 2008, que de saber que era uruguayo la respuesta a la uva era automática. Tannat. Nariz difusa (tercera acepción) ¿a qué huele esto…? yo me pregunto. En boca es tánico y desenfocado. Palabras como: ligero, corto, flojo y plano llenaron la libreta.

El penúltimo fue el español, Vega Riaza 2005, un riberita con 14 grados de alcohol muy bien integrados, aromas a chocolate y roble, con buen armazón.

Por último otro australiano. Wynns Cabernet Sauvignon 2008, de Coonawarra. Podría definirse como unos de los vinos más especiados que he probado últimamente. Romero, tomillo, pimienta blanca… boca mineral y buena acidez. Me gustó. aunque creo que el favorito fue el cinco.

Desde aquí nuestros mejores deseos para Jorge y su familia, que todo salga bien en su viaje.

Los seis mejores...

De los treinta y cinco malbec catados este año; dos son mexicanos, uno es chileno, uno francés y el resto argentino. Hubo dos que ya no vi por los anaqueles; Santa Ana Homage 2008 y Callejón del Crimen 2005, dos vinos que sin duda gustaron a todos y estaban entre los preferidos. El más caro, y uno de los menos congratulados fue Tikal Amorio 2007, de Ernesto Catena, $801.00 Un precio que rebasa el promedio que no llegó a $300.00
Una de las características en común más importantes de los seis mejores, fue su frutalidad y lo bien amalgamados: alcohol, tanino, acidez, con la madera muy bien puesta, o dicho de otra forma, usada para oxigenar el vino y no para maquillarlo con aromas y sabores ajenos a la fruta y a la tierra. La diferencia entre añadas es de tres años, que también pueden influir en el resultado final.

Empezamos con un interesante espumoso portugués Herdade Do Esporão, Vinho espumante en cuya etiqueta ponen: método clásico, bruto 2008, ¿querrá decir Brut en portugués?, ¿o me reconocieron…? :-). Con intensos aromas a pan tostado y mantequilla, seco en boca y de buena burbuja y acidez. Un buen espumoso por algo menos de $400.00
Con casa un poco más que llena, formamos una docena de sedientos de malbec alrededor de la mesa, cosa que ha complicado completar en cada mantel, las copas necesarias, a pesar de que un par de días antes había comprado un juego de seis copas extra. Así que entre mi limitada percepción ya congénita, y la falta de copas, que al último tuve que compartir con el último que llegó, no pude inspirarme lo necesario como para tener un juicio ponderado de los vinos, cosa que me pesa mucho, después de haber esperado por tanto tiempo esta cata. Así que la mayoría de los adjetivos y contribuciones han sido de mis compañeros.

Viña Alicia 2008 fue el primer malbec. Nariz intensa a fruta negra, chocolate amargo y notas florales, de tanino firme y final largo. Un poco de vidrio le caerá muy bien, quizás un par de años. Acostumbro a poner el más caro al último, partiendo de que el precio no muchas veces refleja la calidad y ni siquiera si es mejor que otro barato, lo he dejado por esta vez al principio.

Felino 2008, de Viña Cobos. Copia textual: suave, afrutado, ligeramente más amargo, arándanos, notas de sandía, tanino rugoso y final amargo

Maula 2006. De carácter térreo de buen ataque, que va de más a menos, tanino suave y buena acidez. Sutil.

Tabla No. 1, 2008. Un mexicano que se ganó con creces el estar entre los seis… al leer las notas de mis compañeros me doy cuenta que a la mayoría les pareció muy ácido, esto me recuerda también que el umbral a la acidez es distinto en cada persona, a mí me ha gustado, aunque sus taninos los noto un poco verdes. Necesita integrarse en botella. Es un vino que definitivamente volvería a comprar, uno de los pocos representantes de Aguascalientes.

Sur de los Andes 2006. Un vino potente que tras unos minutos de aire mejoran sus taninos, frutal y buen recorrido en boca, de final largo y buena acidez.

Por último Alamos 2009. Bajo la misma hechura de los demás, frutal, tánico, acidez viva, ideal para un buen corte argentino.

Con mi ejercicio fallido al catar y las someras notas de mis compañeros, no quisiera poner por escrito muchas conclusiones, mucho menos escoger el mejor, creo que todos son vinos que no defraudarían a nadie.
Sería bueno echar un vistazo a las primeras impresiones, me refiero a la primera vez que los probamos, pero de antemano sé que deben ser muy diferentes.

Botellas de la 146... malbec VI parte

Así como en catas anteriores hubo poco quórum, hoy estoy muy contento de que haya casa llena, además de un invitado muy especial, mi querido amigo y compadre Rodolfo. Así como también dos «descarriados que han vuelto al redil». El problema viene con las copas, ya que las últimas han tenido que ser de chile, de dulce y de manteca, ya que no alcanzaron las «originales» para tantos concurrentes. Otro problemita viene a la hora de servir el vino, para no dejar a los últimos sin su porción mínima, superados esos dos problemas todo salió de maravilla.

Tenía todas las intenciones de juntar los seis mejores malbec que habíamos probado a lo largo de la primera mitad de este año, y poder disfrutarlos y compararlos, pero por más que los busqué, hubo dos que no aparecieron por ninguna tienda. «Se nos acabaron…» También me han dicho que los volverán a tener en sus anaqueles en los próximos días, así que pospuse un mes más la esperada cata de los mejores…
No me ha quedado otra más que comprar seis nuevos malbec.

A pesar de que el comercio del vino en México no es precisamente abundante, hay varietales que pudiéramos pasar varias catas probando, sin agotar el repertorio. Es el caso de esta uva, que no hay un lugar donde no se encuentren por lo menos un par de ejemplares. Yo me pregunto si habrá un mejor homenaje a los vinos de esta variedad, que probar todo lo que encuentre en los anaqueles. Y tratándose del primer año que se celebra el día del malbec (17 de abril). Así lo ha decidido Wines of Argentina que reúne a las bodegas exportadoras de ese país, recordando al señor Pouget, quien plantó precisamente un 17 de abril las primeras cepas de malbec en Mendoza. Apunte sacado de la revista Catadores de este mes.

El caso es que nos volvimos a despachar seis malbec, que hemos disfrutado y comentado mucho en esta noche. Es quizás también la predisposición o la sugestión de probar los seis mejores, ya que nunca les advertí el cambio de planes, hasta concluida la cata.

Sirviendo el sexto...

Empecé dándoles la bienvenida a los puntuales con un cava reserva Mont Marçal, vinificada con xarel lo, macabeo y chardonnay, esta última, cada vez más usada como lo que llaman ellos; «uva mejorante», aunque no estoy del todo de acuerdo, y este es un buen ejemplo. Sus aromas a tiza, me hacen pensar más en la chardonnay que en las otras uvas. Al principio huele a panadería, pero desaparecen sus aromas en pocos segundos para dar paso a tiza y cítricos, que se confirman en boca. Seco hasta la médula y de posgusto largo.

El primer tinto ha levantado buenos comentarios que después de ver el precio se han multiplicado. Finca Simonassi 2007, cuya crianza es en roble francés, pero el 80% se deposita en piletas doce meses, me imagino que son de concreto. Un vino frutal; ciruela madura con notas de violetas y menta, agradable, guardando el equilibrio, de boca mineral, con buen nervio, acidez intensa.

De la bodega Del Fin del Mundo, llega un vino del mismo nombre añada 2008, con 14 grados de alcohol no muy integrado, con mucho extracto y final corto. Desaparece de la memoria así como llegó. El tercero es de la bodega Porvenir de los Andes, La Borum 2006. El primer golpe es de aromas ahumados y térreos, con un fondo de fruta roja indefinida, para mi gusto desenfocado y de final corto, aunque sólo haya una coincidencia con mis apuntes, para todos ha sido un vino agradable y de final largo. De la bodega Viña Alicia, vienen los dos siguientes, Paso de Piedra 2008, con ocho meses en barrica de segundo y tercer uso, nada común hoy en día. Muchos han percibido aromas de crianza, cueros y ahumados, «acaramelado», «agradable y voluptuoso», «muy, muy rico»… han sido algunos comentarios. Viña Alicia 2008 ha sido mi favorito. Aromas intensos a fruta roja, sandía, que se confirma en boca y que hemos llegado a la conclusión de que es parte de la tipicidad de la malbec. Redondo, firme, de taninos maduros y muy largo. El último, Felino 2008. Aromas a chocolate blanco, fruta negra, notas de grano de café tostado, en boca muy, muy mineral y de tanino casi dulce, ¿serán sus 14 grados…? Otro que ha gustado a la mayoría, y aún más al revisar su precio que no llega a los $300.00.
Concluida esta cata, espero la siguiente con la esperanza de encontrar los seis mejores vinos escogidos por el grupo, ya que muchas botellas así como llegan a las tiendas se van para no volver.

Superado de forma parcial el ataque de gota, mi acercamiento al elixir de Baco debía ser restringido y moderado, pero con los especímenes de esta calurosa noche primaveral no pude resistir a la tentación de repetir algunos tragos, seguidos de una dosis extra de Zyloprim.

Cambio de Información por información chatarra...

La botella destinada a quienes llegan con puntualidad, se acabó más rápido de lo que pensé. Sumarroca Gran Reserva 2006, Brut Nature. Una etiqueta colocada justo en la contra-etiqueta, no me permite ver detalles mucho más importantes que saber que es la Selección del Staff de Viña Gourmet… Aunque sí alcanzo a distinguir que se trata de uvas autóctonas, información muy importante para mí, ya que su carácter calizo me hizo pensar por un momento en la chardonnay y suelos calizos. De buena burbuja aunque un poco gruesa, floral con algunas notas de panadería y en boca un carácter eminentemente calizo.
El primer malbec es Tomero 2008, de bodegas Vistalba, nariz frutal: frambuesa y fresa, en boca es astringente con una arista de alcohol, sus 14,4 grados son evidentes a pesar de estar a buena temperatura. Altos Las Hormigas 2009, es bastante popular por diferentes tiendas incluido Costco. Huele a hollejos, mermelada de zarzamora con algunas notas verdes, en boca es frutal y sabroso. El tercero ha gustado mucho a la mayoría, Maula 2006, el más amalgamado de todos, con aroma a higos cristalizados, fruta roja en sazón. En boca es de taninos suaves, buena acidez, muy redondito.

Alto octanaje en noche primaveral...


Punto Final 2009, de bodegas Renacer fue el cuarto, el más moderado de alcoholes con sus «apenas» 13,5 grados. Chocolate amargo, especiado; clavo y pimienta negra, tostados y notas de sandía. Buen paso de boca de taninos mullidos y buena acidez. Repetible. Riglos Gran Malbec 2005, de la bodega del mismo nombre es una tabla barnizada, no encuentro otro aroma. Fruta. ¿Dónde?. Curiosamente ha gustado mucho, hubo quien escribió: Sólido, sólido, sólido… francamente no sé a que se refiere. La madera es sólida, si es que encuentra la relación de los tres estados de la materia… coincido. En boca tiene taninos cálidos, raro a pesar de esa nariz tan «amaderada» y es que 21 meses en Allier nuevo son capaces de doblegar cualquier cosa.
Por último probamos un malbec de ochocientos pesitos, que definitivamente no los volvería a pagar. Tikal Amorio 2007, un vino de Mendoza con un extraño sello del bicentenario de la independencia de México, ¿será una etiqueta diseñada especialmente para las exportaciones de Argentina a México…? De nariz muy integrada… pero en boca la madera ahoga cualquier signo de vida. Hay quien puso en la libreta: «simplemente el mejor; café, vainilla, tostados, grato». Parecería que estuviera hablando de hot cakes. Así concluye la penúltima cata de malbec, la próxima será de los seis mejores ejemplares que hemos catado en la primera mitad de este año.

Botellas de la 144 

No recuerdo que hubiera tan pocos miembros del grupo en una cata, a pesar de la poca concurrencia: sólo siete personas incluido su servidor: Descorchamos los seis vinos malbec destinados para esta ocasión.

Alfonso, un buen amigo entusiasta del vino, nos ha acompañado en múltiples ocasiones, pero fue hasta ayer que se hizo oficial su entrada al grupo, por la única razón del cupo: Es un placer que esté entre nosotros. Hay quienes se ganan la entrada y otros que van cerrándose la puerta. Pero así es esto, los grupos son dinámicos y van cambiando con el paso del tiempo.
Abrimos con un Aria de Segura Viudas, un cava comercialito bastante conocido por estas latitudes. Sólo para refrescar el paladar y tonificar la lengua.

Una alergia me tiene desde hace un par de días con la nariz húmeda y algo inflamada, incapaz de detectar aromas sutiles, en mi ya de por sí limitado olfato, así que esta vez me conformé con saber que había alguna diferencia entre un vino y otro. Con la nariz cerrada abrí los oídos y los ojos. Comenzamos con un vino de la Bodega Viñedos Santiago Graffigna, se trata del Graffigna Centenario Reserve 2008, aromas intensos a mermelada de grosella, para la mayoría alcohólico, astringente y de final amargo, nada que seduzca, algo desenfocado. El segundo; Secreto de Viu Manent 2009, un malbec chileno del Valle de Colchagua, 85% malbec y el resto nadie lo sabe, un secreto. Aunque hay quienes opinaron que se podía tratar de cabernet sauvignon por algunas notas de pimiento. Nariz de poca intensidad, notas especiadas a romero, granos de café tostado, ligero y de final corto.
Alamos 2009, de Catena Zapata, fue el tercero de la poca concurrida cata; un vino de buen armazón, con nervio y de tanino firme, frutal y con notas a chocolate amargo.

Catena 2008, de la misma bodega con 18 meses de roble francés nuevo, se muestra más astringente, de tanino casi dulce, mullido y final largo. Repetible dentro de su lado moderno. El quinto fue una sorpresa agradable ya que se trata de un vino mexicano de Aguascalientes, muy fresco y frutal.

Tabla No. 1 Malbec 2008, cuya hechura fue asesorada por el señor Hugo D´Acosta, el archi recontra famoso, Michael Rolland mexicano. Vino redondo, fresco, de buena acidez que da vida al conjunto, de tanino suave. Con capas de fruta roja entre mezcladas con canela y notas minerales. En un precio que coquetea del lado oscuro. $399.00. Pero creo que lo volvería a comprar.

Por último Vibo 2007, de la misma bodega; Viu Manent, pero ésta, ubicada del lado argentino en Mendoza. Un vino cuya pesada botella despierta la primera incógnita: ¿Es de 750 ml.? su tamaño es engañoso, aunque su gran agujero por debajo de la base, sirve para ajustar el volumen. Un vino corpulento, de buena fruta y ataque amplio. Integrado, ha dicho la mayoría. Aunque yo sigo sin pescarlas… Puedo decir que me agradó el 3 y el 5. Nada más.

Botellas de la Cata 143

La temperatura sube día con día, la primavera deja sentir su aliento aun en el aire de la noche, esta noche donde por tercera vez buscaremos la tipicidad de la uva malbec. En realidad sería muy pretencioso buscarla, es una tarea casi imposible, así que nos limitamos a pasar un buen rato y escoger los mejores vinos.
Este año se acabaron las multas y los castigos monetarios para los impuntuales y los que dicen que vienen y nunca llegan, de cualquier forma lo recaudado se destina a la cata de fin de año. A cambio los primeros en llegar reciben una resfrescante copita de espumoso. Hoy empezamos con este nuevo protocolo, muestra de cordialidad y bienvenida, en este ya de por sí complicado panorama de la vida cotidiana. Así que desde ahora un espumoso de entrada: champán, cremant, cava, prosecco, asti, lambrusco… cualquiera que se atraviese en el camino. En esta ocasión serví un cava Peñalba López 2008, Aranda de Duero, de la bodega Torremilanos. Austero, de burbuja persistente pero muy grande, aromas a manzana verde, en boca le falta acidez.
El primer malbec; Finca La Colonia 2010, de la famosa bodega Norton, una de las más grandes de Mendoza. Color picota, brillante y con una nariz muy integrada, difícil de desmenuzar: frutal, floral con una nota mentolada que lo hace muy jugoso y refrescante, un buen vino joven por menos de $100. Viento Sur 2010, de la conocida bodega Freixenet que ha hecho inversiones importantes en América. Este vino tiene de entrada olores químicos, tinta china, de tanino áspero y acidez justa, nada que lo mueva a uno, ya no digamos a volverlo a comprarlo, sino a darle un segundo trago. Fue el que menos gustó.

Tierra de Luna Alta Colección 2009. Aromas herbáceos, hollejos y notas químicas. En boca tiene un final a fruta pasada, que me recuerda la comida que le dan a los pobres changos en el zoológico. Aunque creo que fui el único en detectarlo, para los demás fue un vinito frutal de fruta fresca.

Rigal Malbec 2009, Vin de Pays. Algo que veniamos detectando en la mayoría de los vinos anteriores, junto con este, es un olor a sandía. Quizás sea la primera pista para definir la tipicidad de esta uva. Una vez que nos pusimos de acuerdo en este detalle, llegó el último de la noche a descomponer nuestras valiosas conclusiones, la verdad es que ya lo sospechaba desde un principio. Otro detalle ha sido que la mayoría tienen poca crianza en barrica, y es de segundo uso, con excepción del último. El quinto de la noche fue el mejor. Todos coincidimos. Sur De Los Andes Reserva 2006, nariz intensa a chocolate, vainilla, fruta negra, en boca untuoso, complejo y tánico.

Encontré el malbec de Monte Xanic 2008, «Edición Limitada»que de inicio me pareció buena idea probarlo, hacía mucho que no compraba algo de esta bodega, ni siquiera los blancos. Fue una total decepción. Un vino de más de $500 pesos, que a lo único que sabe es a agüita con chamoy, salado y sin pizca de acidez. Aquí transcribo algunos comentarios: «Se nota que es de Baja California…» me imagino que lo apunta por lo salado, «salado y amargo» (…) Si lo salado es resultado de la tierra y los años más secos, creo que deberían empezar a buscar otras tierras. Así terminamos esta cata para entrar en la segunda fase de malbec, de precios mucho más altos. En este caso hubo dos vinos fuera de Argentina, que no hicieron muy buen papel.

Todas rotas por la pierna...

Esta noche también rompí el record de copas rotas, con un total de tres. Una carambola de tres no es muy común, pero gracias a algunas copas extras que tenía guardadas no padeceremos por escasez en nuestro inventario. Lo más frustrante de todo es que se han roto de la pierna, quedando el cuerpo intacto… también quiero confesar que el único culpable he sido yo.