Posts etiquetados ‘Drappier Zero Dosage’

La costumbre de recorrer los días de asueto lleva ya varios años en México, y es para mí absurdo que el día feriado en domingo lo prolonguen al lunes, pero quizás no entre por mi cariado cerebro que somos un país que se puede dar esos lujitos. El caso es que descorché algunas cosas interesantes durante este largo fin de semana que quisiera comentar.

Empecé con un Drappier Zero Dosage, un espléndido espumoso 100% pinot noir. Su color lo delata, aunque no es «rosado» tiene unos reflejos frambuesa increíbles que acabo de descubrir, al llegar la luz artificial a la copa. Burbuja fina y unos aromas a pastelería que envuelven el ambiente. Firme en boca, con una acidez extraordinaria, seco y profundo. Un gran champán sin añada.

Hospices De Baune Corton Cuvée Charlotte Dumay 1958

El segundo vino lo saqué de su frío y oscuro nicho después de guardarlo poco más de dos años. Se trata de una botella magnum de Hospices De Baune Corton Cuvée Charlotte Dumay 1958, única botella que quedaba de sólo un par, de aquel espléndido regalo de un alma generosa. Su etiqueta es indescifrable por el moho, pero el corcho, aunque ha salido ha pedazos hizo su trabajo dignamente. mr. Broadbent ha sido muy sucinto al reseñar esta añada:

The British trade had bought too many of the 57s and by the time the 58s were ready, the quality of 59 was apparent. No 58 burgundies were bottled, listed or even refered to in Harvey´s retail lists of the early to mid-1960´s. Only two 58s ever tasted, both DRCs. (…)

Por lo que no podemos hacer comparaciones con una bodega de tanto abolengo y prestigio, quizás la que más.
Mis impresiones son las siguientes: un vino que pedía a gritos ser decantado, primero para deshacerme de los pedazos de corcho que quedaron, y por otro lado para limpiarlo de sus aromas de reducción. A pesar de sus 53 años, no sólo ha resistido el oxígeno, sino que lo ha beneficiado… Este vino está mejor a cada trago: ahumados, bosque, trufa, con notas animales y balsámicos. Una belleza en boca, maduro, profundo, redondo, largo, que hace que uno piense en lo importante que es la paciencia y las buenas condiciones de guarda. Gran recompensa.

Un regalo apenas recibido el día anterior, murió en el ruedo al otro día. Pintia 2006, como buen «Toro» es potente y yo diría que hasta el extremo, mucho extracto, mucho alcohol y sumado a mi poca paciencia… Este vino necesita decantación previa un par de horas antes del servicio. Al final de la comida estaba mucho más integrado.

Mönnchhof riesling 2010

Por último, uno de mis Mosela favoritos Mönchhof Riesling 2010. Un riesling muy joven, sutil, delicado. Nariz floral, entre azahar y flor de manzanilla, con notas frutales, que se intensifican a las 24 horas; pera, durazno, níspero. No tiene las típicas notas de petróleo de los riesling entrados en años. Boca delicada como un pañuelo de seda de primera calidad, cosquillea al principio aunque la burbuja no es perceptible a la vista. Abocado, cítrico, mandarina, con una acidez extraordinaria, como para comprar un par de cajitas y observar de cerca su evolución.

Por fin he terminado esta entrada, después de algunas horas tratando de subir d-o-s f-o-t-o-s… un descaro lo que se paga por el servicio de internet en este país a cambio de una bazofia. Estoy hablando de Infinitum, aunque creo que hay poca diferencia con las demás. Una vergüenza.

 De sobaquillo

Debido a diferentes motivos la cata centésima vigésima segunda se hizo en un restaurante: El Olivo. Cata de sobaquillo, tan populares en España. De carácter informal y desenfadado, como aquellos viajes que sin planeación alguna resultan más divertidos que con un plan riguroso. La condición es que cada participante lleve una botella de vino…lo demás es lo de menos.

Este viernes da comienzo un «ligero» periodo vacacional de dos semanitas: Semana Santa y de Pascua. Periodo de los que solemos los mexicanos buscar y disfrutar a nivel escolar, es decir para niños y jóvenes estudiantes, el resto tendremos menos descanso. Pensando nuevamente en el calor primaveral, aunque nuestra reunión haya sido en la noche, me decidí por un espumoso; un champán que ya he comentado aquí, se trata del Zero Dosage de Drappier.

De todo un poco…

Llegué antes que todos, por fortuna, como organizador así debe de ser. En seguida fueron apareciendo uno a uno los integrantes del equipo de nuestro querido y añejo grupo. Carlos Font trajo un cava Vilarnaud Brut, que fue con lo que empezamos la tanda. Frutos secos, notas combinadas entre cítricas y florales, cremoso en boca. La Drappier Zero Dosage, este pinot resultó algo fatigado, sus señales eran claramente a la baja: color amarillo oro, manzana asada y una nota tostada algo indefinida, nada que ver con la última que probé. Siguió un tinto, Chateau Vieux Pourret 2004, un St. Emillion, grand cru. traído por Francisco. De nariz muy intensa y bien amalgamada, tabaco y fruta negra, muy tánico, con un poco de aire y algo más fresco mejoró. Sergio llevó un Black Swan 2008, shiraz-cabernet. Una combinación entre vainilla, chocolate y miel maple, no estoy hablando de malteadas, ¿o sí…? Los comentarios de mis compañeros fueron muy positivos, no cabe duda de que estos vinos son facilitos dan gusto y hasta placer a mucha gente. Las Moras 2009 podría entrar en la categoría de los argentinos más comerciales. De color oscuro, violáceo, en nariz y boca no se nota un exceso de extracción, hay cierto equilibrio aunque no mueve ninguna fibra interna.
Puesto que Gabriel y Juan Antonio no llevaron botella, compraron una en el restaurante. Quinta Do Portal 1999, un portugués más pa allá que pa acá. Polvo, baúl viejo, corto y austeridad rayando en la nada. Muy desmejoradillo, como dicen algunos amigos españoles; no había de donde cogerlo… Pero un buen cierre salvó la noche, y ¡vaya que si la salvó! René había dejado desde el pasado diciembre una botellita del venerable Royal Tokaji 1996, 5 puttonyos. Para ser sincero debo decir que son vinos que no sigo mucho, no me considero muy entusiasta, pero hay grandiosas excepciones y hoy ha sido una de ellas. Flores secas, licor de naranja, cera de abejas. En en boca acidez sublime armonizada con un fondo y complejo paso de boca y final eterno. Con sus 10,5 grados de alcohol, es una muestra de lo grandioso y equilibrado que puede resultar un vino. De la comida poco que decir, ya que después de varios años he decidido cerrar un poco la boca a los alimentos cargados de grasa y carbohidratos, así que una ensalada griega con todo y aceitunas negras, fue mi platillo de la noche. Sin pan… un poco nada más.

Bueno, es hora de entrar a otra faceta, donde los problemas de tránsito se aminoran por el receso escolar, y la vida toma otro ritmo. Aguuur.

Dando un ligero repaso de todo lo que bebí durante el 2009, me he quedado con un puñado de vinos que merece la pena volver a comentar, por lo menos para mí, como un ejercicio necesario para futuras compras. Aunque habrá unos cuantos que no creo encontrar de manera tan fácil como cuando llegaron a mis manos.  Es el caso del Haut Brion 1964. Los vinos que permanecen en el paladar y en la memoria no necesitan libreta de notas, la «libreta de notas» para mí es algo intangible, cuando me refiero a ella puedo estar hablando de mi escasa memoria, de una servilleta o de un pedazo de papel arrugado, eso no importa. Algo transitorio mientras llego a casa y pongo mis anotaciones a salvo del cesto de la basura. Debo reconocer que el tiempo me ha hecho menos cuidadoso y poco estricto. Al principio tomaba nota de todo lo que bebía, aunque mis notas eran aún más aburridas que ahora, les faltaba algo de sal y pimienta, el tiempo también me ha hecho ver las notas de cata como una crónica de todos aquellos detalles que rodean esa copa de vino, no sólo los colores, el aroma o el sabor, sino la circunstancia misma. Así que sin mirar «la libreta»…
Recuerdo aquel Mogor Badan 1998, decorchado en un maratón organizado por el dueño de un restaurante de cortes argentinos para sus amigos, no lo conocía pero fui invitado por uno de ellos. En esa ocasión se descorcharon varios vinos y éste junto con un Caballo Loco No. ??? no sé si fue el 8, pero lo que sí sé es que fueron los dos mejores. Creo que también estuve influido por las bajas expectativas que tenía de estos vinos, pero para ser franco me gustaron mucho, no como para comprar una caja, pero sí para repetir. Su precio… Ni enterado, gracias a la generosidad del anfitrión.

Clos de La Barre 99 de Drouhin, sigue siendo de mis borgoñas favoritos. Parafraseando a Hugh Johnson: «Puño de hierro con guante de seda». Aunque tengo la tarea pendiente de probar nuevos viñedos y productores como: Coche Dury, Ramonet, Anne Gros, Faiveley y lo que pueda caer de Romanee Conti. Por qué no. Aunque ya cayó un Romanee St. Vivant 1994, no este año, hace ya algún tiempo. Pero no cierro las puertas a la mejor los Reyes Magos me escuchan.

Drappier Zero Dosage, este pinot noir pálido es de mis favoritos; para comprar una caja. Otro espumoso que me viene a la mente es el Billecart-Salmon Brut Blanc de Blancs 1998. Un vino aún muy joven, de excelente burbuja y complejidad, aunque yo apostaría que puede mejorar en botella.

Me gusta encontrar variedades nuevas, como aquel Pian del Bichi 2008, de la Maremma en la Toscana, vinificado con Vermentino, un vino muy sabroso de excelente acidez, cítrico y con un fondo herbáceo delicioso. Grecanico, una uva aún desconocida para mí hasta hace una semana. Aquella copita de La Segreta 2007, la disfrute como pocos.
Y qué decir de aquellas exquisiteces jerezanas, con el Oloroso y el Palo Cortado, de la bodega Fernando de Castilla. Dos grandes vinos que por fortuna ya se encuentran por estas latitudes. Una uva que desde hace mucho no disfrutaba tanto, como varietal, me refiero a la cabernet franc. Y aquel Marc Brédif 2006 de Chinon que me hizo volver a poner los ojos en estos exquisitos tintos del Valle del Loira.
Hablando de valles, el de Beka no se queda atrás, Chateau Musar 2000, un vino seductor con todos los encantos de una visita a un mercado libanés.

El Vino del año

Quiero cerrar esta entrada con un vino muy especial, que perdurará en mi memoria el resto de mi vida. Haut Brion, siempre ha gozado de una excelente reputación, pero cuando se trata de una botella magnum añada 1964, guardada por varios años en mi cava y compartida en un día especial con mis amigos y mi esposa, todo se transforma en algo mágico. Espero probar más vinos de esta añada, pero éste será inolvidable.

Seguramente han quedado muchos vinos en la libreta, pero tampoco se trata de hacer una larga lista, simplemente son los que más recuerdo.
Mis propósitos para este año no son tan elevados como los que he escuchado y leído de algunos amigos, simplemente seguir haciendo lo que más me gusta, acompañado de mi familia y gozando de salud.
Que todos sus proyectos se cumplan y gocen de buena salud. ¡Bienvenido el 2010!

Cata 129

Empieza la maratónica temporada de celebraciones de fin de año: desayunos, comidas, cenas, posadas; comida y bebida a raudales, acompañadas de empachos, tripas cogestionadas, tripas doloridas, agruras, reflujos y demás calamidades, así como uno que otro hígado hecho fuagrás. A pesar del desorden en horarios y múltiples excesos hoy empezamos con la Cata de fin de año, la última del 2009. Además celebramos once años de nuestro grupo, Vino Por Placer, sumado al cumpleaños de Jorge. Él mismo propuso que cada uno de nosotros trajera una botellita de vino, y así fue. No se determinó país, región, variedad, ni siquiera el precio, el repertorio resultó bastante variado. Comenzamos como ya es costumbre en muchas de nuestras reuniones, con algo de burbujas; se trata de la ya conocida Drappier, Pinot Noir, Zero Dosage. Seco, con aromas a pan tostado. Lo que vino después de media hora fue algo inesperado: abrió a piloncillo con un fondo floral, fruta roja frambuesa y levaduras. Buena burbuja y acidez. Seguimos con Viña Tondonia Rosado 1995 un vino con cuatro años de crianza en madera, madera usada como marcan los cánones clásicos, rosado aunque en realidad se trata de un clarete ya que lleva algo de viura, como me lo apuntó la propia María José L. Heredia en un correo. Un vino con mucha personalidad, inconfundible y que abre con infinidad de capas dando aromas y sabores diferentes a cada momento que pasa. Color piel de cebolla, velado. Aromas de tomillo, pimienta blanca, paja mojada, orejones, cáscara de naranja, toffee, en boca es sutil, excelente acidez. Gran personalidad. El primer tinto fue un Viñas Elias Mora 2006, un Toro con todas sus letras: amplio, potente con una buena carga frutal, tostados y buena acidez. Para repetir.

Chateau Foncherean 2000, un Burdeos Superior, genérico, que me atrevería a decir que ha llegado a su madurez plena, no esperaría ni un día más. Color tirando a ocre, sutil, con notas terciarias que sólo puede dar el paso del tiempo. Seguimos con un somontano, un viejo conocido; Gran Vos Gran Reserva 2000, de Viñas del Vero. Brioso, contundente, mucho extracto, tanino granuloso y de acidez algo justa.

La estrella de la noche

Carlos Cue escogió para esta cata el mejor vino de la noche, indiscutible. Chateau Musar 2000 famoso y mítico vino libanés del Valle de Beka, con su característico aroma a Kasba, que encierra un mundo de aromas propios de los mercados libaneses: incienso, resinas, velas, especias… todo dentro de una botella. Otro vino con gran personalidad, este es el segundo que pruebo y me parece de excelencia, aunque hay quienes afirman que su calidad no es constante.

Después de la cata, como también ya es costumbre en diciembre, hubo rifa. En esta ocasión copas, desde Riedel hasta las no menos útiles y de buen diseño Spiegelau ¡Que las disfruten los ganadores!

El menú estuvo compuesto de bacalao, un mismo pescado en dos estilos; uno traído por nuestro buen amigo Carlos, receta original de su abuela, cuya preparación requiere de varias horas. Una mezcla de sabores y texturas exquisitos y delicados. El otro bacalao está condimentado con aceite de oliva, ajo, jitomate, cebolla, pimiento, perejil, aceitunas verdes, almendras… mucho más contundente, con excelentes resultados. Los romeritos gustaron a todos, un típico platillo por estas fechas. Al último Jorge partió su pastel y sopló a las velitas.

Así cerramos un ciclo anual de catas, de un grupo cada vez más consolidado y participativo, con algunas ausencias que espero no sean permanentes. Ahora con un nuevo miembro: Oswaldo. ¡Bienvenido!.

Faltaban unos minutos para que mi mujer y yo nos sentáramos cómodamente en la terraza a disfrutar de una botellita de champán; Drappier Zero Dosage de pinot noir y sin añada… Suena el teléfono, contesta ella. Inmediatamente se queda muda y con la cara descompuesta, cuelga y sale a Drappierdecirme que había que cancelar las tarjetas de crédito de su hermana, porque acababan de asaltarla junto con mi cuñado. Una hora después habíamos terminado con nuestra apresurada y tensa tarea. Pero ya no teníamos ganas de descorchar nada. Por desgracia son historias que se repiten de manera cotidiana, y no me refiero a la cancelación de la velada. A veces me siento fuera de lugar al escribir sobre vino en un país con tantas carencias, entre otras las de seguridad pública, tarea primordial del Estado. Pero como no escribiré de cosas tristes, volteo y miro el gran placer que me llena poder beber, disfrutar y escribir. Así que después de este penoso preámbulo, triste porque vivo aquí, y porque no veo que mejore a corto plazo, repiro profundo y sigo adelante.

Hoy es un nuevo día o mejor dicho una nueva noche, y me dispongo a descorchar esa botellita que quedó pendiente. Un vino hasta hace poco imposible de conseguir en estas latitudes. Para mi sorpresa, Carlos Font me regaló una botella a principios de año, advirtiéndome que la había comprado en México. Así que me dio mucho gusto por el regalo y porque ya puedo conseguir este sabroso y no tan común champán de manera local. Zero dosage, que se traduce como un espumoso seco hasta la médula, por no tener ningún aporte de azúcar para el final, lo que los franceses llaman liqueur de expedition. Resultado; «una mujer sin maquillaje» un champán sin concesiones pero también sin máscaras. Una ensaladita de lechuga con mandarina y unas gotas de un aderezo que no ha querido el chef darme la receta. Levantando la copa pido desde lo más profundo de mis entrañas, que las cosas cambien y mis hijos puedan disfrutar un mundo mejor. ¡Salud!