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¿2003 o 2004…?

El 25 de agosto pasado Germán Dehesa Violante anunciaba a sus lectores en Gaceta del Ángel su terrible padecimiento. Cáncer. No sé dónde ni cuándo empezó todo, pero ayer supe que perdió la batalla. Hombre de letras, de pluma aguda y crítica, con un humor tirando a negro. Sin duda de mis favoritos. Así que en honor a don Germán, El Charro Negro, bajé a la cava y junto con mi mujer nos bebimos un borgoñita.
Domaine Jean Grivot es una bodega de la que no había probado nada, aunque dejé escapar un detalle. La añada. Se trata de un Chambolle-Musigny, La Combe D´Orveaux, 2003, los calores de ese año han dado vinos con mucha azúcar y poca acidez. A veces me pregunto si es mejor ignorar ciertas cosas a la hora de descorchar una botella, sobre todo tratándose de aspectos que vayan en contra de ese vino. El caso es que lo descorché con cierto escepticismo. Tardó algo en abrir, su nariz no es muy intensa; algo de fruta roja, mi esposa decía cereza yo frambuesa, algunas notas térreas de trufa y tierra mojada, pero muy leves, una nota especiada a tomillo era más evidente. En boca todo empieza bien, pero al final se hace hueco le falta profundidad y algo de armazón. Mis intenciones eran despedir a don Germán con algo mejor, pero conste que los borgoñas son de mis preferidos, aunque a veces no es posible dar en el clavo. Por cierto algo que nos ha intrigado mucho en el corcho, es un «4» debajo del «3» a manera de corrección… Caprichos de la naturaleza ya que el corcho es finalmente un pedazo de madera, algunas imperfecciones han tomado la forma de ese poco recurrente «4». ¿Qué habrá pasado con esa añada… fue mejor?

Los vinos de la noche

Los vinos de la noche

No es fácil levantarse a media semana por la madrugada después de haber dormido menos de tres horas, pero es aún más difícil despedirse de los buenos amigos. Anoche mi esposa y yo cenamos con dos entrañables amigos. Amigos que han decidido irse a vivir al extranjero por algún tiempo. La ocasión ameritaba descorchar algo especial. Abrimos boca con un Chateau Carbonnieux blanco 1998. Un Pessac Leognan que ha ganado su reputación gracias a su gran calidad y cualidades que gana con el tiempo. Once años le han sentado de maravilla. En nariz destaca una combinación de flores y fruta amarilla, piedra de río y pimienta blanca. Amplio en boca, refinado y con notas minerales, acidez que perdura y nos advierte que tiene nervio para evolucionar todavía por mucho tiempo. El segundo vino es un merlot Jacob´s Creek Reserve 2005. Desempacado de Australia, regalo de un hermano de Gabriel que vive por aquella tierra de canguros, cuya foto muestra el viñedo de fondo, sosteniendo la botella como si se tratara de un trofeo. Un vino que al principio olía a plástico y que con el aire fue dando algo de fruta negra, en boca ligero y de trago largo. Después saqué de la cava a «Don Ricardo» añada 2003, un vino en presentación magnum de la bodega Monte Xanic. Vinos que han dejado de gustarme desde hace mucho tiempo, por lo amaderado de sus tintos, definitivamente me quedo con su chenin colombard. Fue un regalo de cumpleaños que guardaba. Por desgracia presentaba una nota de cartón mojado, indudable señal de TCA.
De una partida de cuatro botellas de Lafite 94 que yo mismo compré, conservé una sola, mi invitado guardaba otra y dispuso…más bien la tomé de su nicho, ya que mi cava es la cava de mis amigos, lo digo textualmente ya que la comparto con ellos, no sólo descorchando mis botellas, sino también destinando algunos nichos para que puedan guardar las botellas que deseen.

El acusado

El acusado

Así que con su consentimiento era momento de probarla de nueva cuenta, ya que 1994 fue una añada que a mí en lo particular nunca me dejó satisfecho, algunos años después de aquellas primeras botellas, y después del corchazo de la anterior, no me pareció tan mediocre como las otras aunque tampoco levanta suspiros. Fruta negra, algo de mina de lápiz y chocolate, pero no tiene el nivel de un buen Lafite. Así con una lasaña y una ensalada de lechugas, tomates y espárragos rociados con vinagreta y buena charla, las horas se convirtieron en segundos y concluyó la velada, dando paso a una breve pero sentida despedida.