Posts etiquetados ‘Chateau Musar 2000’

Dando un ligero repaso de todo lo que bebí durante el 2009, me he quedado con un puñado de vinos que merece la pena volver a comentar, por lo menos para mí, como un ejercicio necesario para futuras compras. Aunque habrá unos cuantos que no creo encontrar de manera tan fácil como cuando llegaron a mis manos.  Es el caso del Haut Brion 1964. Los vinos que permanecen en el paladar y en la memoria no necesitan libreta de notas, la «libreta de notas» para mí es algo intangible, cuando me refiero a ella puedo estar hablando de mi escasa memoria, de una servilleta o de un pedazo de papel arrugado, eso no importa. Algo transitorio mientras llego a casa y pongo mis anotaciones a salvo del cesto de la basura. Debo reconocer que el tiempo me ha hecho menos cuidadoso y poco estricto. Al principio tomaba nota de todo lo que bebía, aunque mis notas eran aún más aburridas que ahora, les faltaba algo de sal y pimienta, el tiempo también me ha hecho ver las notas de cata como una crónica de todos aquellos detalles que rodean esa copa de vino, no sólo los colores, el aroma o el sabor, sino la circunstancia misma. Así que sin mirar «la libreta»…
Recuerdo aquel Mogor Badan 1998, decorchado en un maratón organizado por el dueño de un restaurante de cortes argentinos para sus amigos, no lo conocía pero fui invitado por uno de ellos. En esa ocasión se descorcharon varios vinos y éste junto con un Caballo Loco No. ??? no sé si fue el 8, pero lo que sí sé es que fueron los dos mejores. Creo que también estuve influido por las bajas expectativas que tenía de estos vinos, pero para ser franco me gustaron mucho, no como para comprar una caja, pero sí para repetir. Su precio… Ni enterado, gracias a la generosidad del anfitrión.

Clos de La Barre 99 de Drouhin, sigue siendo de mis borgoñas favoritos. Parafraseando a Hugh Johnson: «Puño de hierro con guante de seda». Aunque tengo la tarea pendiente de probar nuevos viñedos y productores como: Coche Dury, Ramonet, Anne Gros, Faiveley y lo que pueda caer de Romanee Conti. Por qué no. Aunque ya cayó un Romanee St. Vivant 1994, no este año, hace ya algún tiempo. Pero no cierro las puertas a la mejor los Reyes Magos me escuchan.

Drappier Zero Dosage, este pinot noir pálido es de mis favoritos; para comprar una caja. Otro espumoso que me viene a la mente es el Billecart-Salmon Brut Blanc de Blancs 1998. Un vino aún muy joven, de excelente burbuja y complejidad, aunque yo apostaría que puede mejorar en botella.

Me gusta encontrar variedades nuevas, como aquel Pian del Bichi 2008, de la Maremma en la Toscana, vinificado con Vermentino, un vino muy sabroso de excelente acidez, cítrico y con un fondo herbáceo delicioso. Grecanico, una uva aún desconocida para mí hasta hace una semana. Aquella copita de La Segreta 2007, la disfrute como pocos.
Y qué decir de aquellas exquisiteces jerezanas, con el Oloroso y el Palo Cortado, de la bodega Fernando de Castilla. Dos grandes vinos que por fortuna ya se encuentran por estas latitudes. Una uva que desde hace mucho no disfrutaba tanto, como varietal, me refiero a la cabernet franc. Y aquel Marc Brédif 2006 de Chinon que me hizo volver a poner los ojos en estos exquisitos tintos del Valle del Loira.
Hablando de valles, el de Beka no se queda atrás, Chateau Musar 2000, un vino seductor con todos los encantos de una visita a un mercado libanés.

El Vino del año

Quiero cerrar esta entrada con un vino muy especial, que perdurará en mi memoria el resto de mi vida. Haut Brion, siempre ha gozado de una excelente reputación, pero cuando se trata de una botella magnum añada 1964, guardada por varios años en mi cava y compartida en un día especial con mis amigos y mi esposa, todo se transforma en algo mágico. Espero probar más vinos de esta añada, pero éste será inolvidable.

Seguramente han quedado muchos vinos en la libreta, pero tampoco se trata de hacer una larga lista, simplemente son los que más recuerdo.
Mis propósitos para este año no son tan elevados como los que he escuchado y leído de algunos amigos, simplemente seguir haciendo lo que más me gusta, acompañado de mi familia y gozando de salud.
Que todos sus proyectos se cumplan y gocen de buena salud. ¡Bienvenido el 2010!

Cata 129

Empieza la maratónica temporada de celebraciones de fin de año: desayunos, comidas, cenas, posadas; comida y bebida a raudales, acompañadas de empachos, tripas cogestionadas, tripas doloridas, agruras, reflujos y demás calamidades, así como uno que otro hígado hecho fuagrás. A pesar del desorden en horarios y múltiples excesos hoy empezamos con la Cata de fin de año, la última del 2009. Además celebramos once años de nuestro grupo, Vino Por Placer, sumado al cumpleaños de Jorge. Él mismo propuso que cada uno de nosotros trajera una botellita de vino, y así fue. No se determinó país, región, variedad, ni siquiera el precio, el repertorio resultó bastante variado. Comenzamos como ya es costumbre en muchas de nuestras reuniones, con algo de burbujas; se trata de la ya conocida Drappier, Pinot Noir, Zero Dosage. Seco, con aromas a pan tostado. Lo que vino después de media hora fue algo inesperado: abrió a piloncillo con un fondo floral, fruta roja frambuesa y levaduras. Buena burbuja y acidez. Seguimos con Viña Tondonia Rosado 1995 un vino con cuatro años de crianza en madera, madera usada como marcan los cánones clásicos, rosado aunque en realidad se trata de un clarete ya que lleva algo de viura, como me lo apuntó la propia María José L. Heredia en un correo. Un vino con mucha personalidad, inconfundible y que abre con infinidad de capas dando aromas y sabores diferentes a cada momento que pasa. Color piel de cebolla, velado. Aromas de tomillo, pimienta blanca, paja mojada, orejones, cáscara de naranja, toffee, en boca es sutil, excelente acidez. Gran personalidad. El primer tinto fue un Viñas Elias Mora 2006, un Toro con todas sus letras: amplio, potente con una buena carga frutal, tostados y buena acidez. Para repetir.

Chateau Foncherean 2000, un Burdeos Superior, genérico, que me atrevería a decir que ha llegado a su madurez plena, no esperaría ni un día más. Color tirando a ocre, sutil, con notas terciarias que sólo puede dar el paso del tiempo. Seguimos con un somontano, un viejo conocido; Gran Vos Gran Reserva 2000, de Viñas del Vero. Brioso, contundente, mucho extracto, tanino granuloso y de acidez algo justa.

La estrella de la noche

Carlos Cue escogió para esta cata el mejor vino de la noche, indiscutible. Chateau Musar 2000 famoso y mítico vino libanés del Valle de Beka, con su característico aroma a Kasba, que encierra un mundo de aromas propios de los mercados libaneses: incienso, resinas, velas, especias… todo dentro de una botella. Otro vino con gran personalidad, este es el segundo que pruebo y me parece de excelencia, aunque hay quienes afirman que su calidad no es constante.

Después de la cata, como también ya es costumbre en diciembre, hubo rifa. En esta ocasión copas, desde Riedel hasta las no menos útiles y de buen diseño Spiegelau ¡Que las disfruten los ganadores!

El menú estuvo compuesto de bacalao, un mismo pescado en dos estilos; uno traído por nuestro buen amigo Carlos, receta original de su abuela, cuya preparación requiere de varias horas. Una mezcla de sabores y texturas exquisitos y delicados. El otro bacalao está condimentado con aceite de oliva, ajo, jitomate, cebolla, pimiento, perejil, aceitunas verdes, almendras… mucho más contundente, con excelentes resultados. Los romeritos gustaron a todos, un típico platillo por estas fechas. Al último Jorge partió su pastel y sopló a las velitas.

Así cerramos un ciclo anual de catas, de un grupo cada vez más consolidado y participativo, con algunas ausencias que espero no sean permanentes. Ahora con un nuevo miembro: Oswaldo. ¡Bienvenido!.