Posts etiquetados ‘Bosconia 1998’

CATA 213Ahora fue de sobaquillo. El primero de la noche: One Les Jolies Filles (Rare Rosé) anunciaba la etiqueta, buscando en internet no encontré la manera de cambiar el idioma de su página web al castellano y como mi franchute es muy pobre… paupérrimo, sólo pude saber que está vinificado con tres uvas tintas: 85% cinsault, 10% syrah y el resto mourvèdre. Este rosadito tenía un color evolucionado a piel de cebolla y tonos ámbar. Lo primero que llega a la nariz es mango, entrada un poco amarga recordando el té negro, un rosado diferente, quizás por su evolución. Repetible…

El segundo un Federico Paternina Reserva 2011, un vino maduro, sutil. Huele a paja mojada, barro, piel de rusia. En boca tiene una excelente acidez, tanino pulido y final larguísimo. Para media caja. Quien lo trajo asegura que es una de las mejores añadas en Rioja.

Bosconia 1998. Pura elegancia, huele a especias: mejorana, bosque bajo, ahumados redondo y profundo. ¡Una caja por favor…!

Después llegaron las burbujas, Moët Chandon Néctar Imperial, aunque no sea muy ortodoxo; ni la copa ni el orden de aparición y además se trate de un champán de producción en serie, lo disfrutamos todos. Burbuja rápida y de mediano tamaño, amarillo verdoso, abocado y fondo cítrico… al final, toronja blanca, muy ad hoc  para un viernes por la noche.

Montes Selección Limitada 2015. Vinificado con un 70% de cabernet sauvignon y 30% carmenere. Un vino que recuerda la miel de maple, sobre madurado, barroco, con alcoholes altos (14.5) que además se perciben.

RA Roganto 2014. Este vino mexicano lo he seguido por algún tiempo desde que lo encontré en los anaqueles de una tienda, hace ya algunas primaveras. Me parece sin lugar a dudas uno de los mejores vinos mexicanos, y si a esto le agregamos que podemos comprarlo por menos de 300 pesos se convierte en una opción no sólo para consumirlo de vez en vez, sino para comprar una caja. Un vino sin excesos, sin máscaras, directo, fruta de la mejor calidad, redondo, con un equilibrio excepcional, me recuerda los buenos merlot por aquello del pastel de frutas, fruta negra y especias.. Ahora mismo está para beberse y disfrutarse.

CATA 211Ayer por la noche tenía todas mis esperanzas puestas en que cada uno de los seis vinos cumpliera con su reconocida fama; las expectativas eran muy altas. Había desembolsado algo así como doscientos veinte dólares, cuatro mil pesos mexicanos en seis botellas de vino. Es difícil dejar de relacionar el precio con la calidad, aunque aquí estuviera asegurada esta última, pero no muchas veces va de la mano con el placer recibido a cambio.

España volvía a la copa, tierra querida de donde llega la mayor parte de las importaciones de vino a México.

Empezamos con un ejemplar de distinto origen, un francesito, un Chablis premier cru 2014 de La Chablissine, una bodega no muy aristócrata, por un lado, y por otro un vino muy joven. Como muchos deben saber un buen Chablis empieza a abrirse con su encanto después de cinco añitos. En el caso de los grandes Cru  ocurre mucho después. Este vino aromático huele a manzana verde y hierba recién cortada. En boca es cítrico, con una entrada mineral, algo que me llamó la atención ya que lo mineral por lo regular se percibe al final.

Seguimos con un tinto de capa alta y muy barroco. Huele a chocolate y ciruela con un tanino rugoso y fruta muy concentrada y sobre madurada. Se trata de un Torremilanos 2015 vinificado 100% tempranillo. Le falta mucho aire, vidrio o ambas.

Pesquera Crianza 2013 un vinito de 14 grados de alcohol que huele a arcilla y fruta roja indefinida. Sin pena ni gloria… Y yo seguía esperando.

El cuarto fue un Bosconia Reserva 1998  ¿Viejo o maduro? qué fácil puede la gente confundir una cosa con la otra, y más tratándose de un vino precedido por dos vinos cuyos taninos son bastante elocuentes y de alcoholes altos. No quiero extenderme en este vino cuya elegancia y profundidad hablan por sí solas, esos 19 años apenas han servido para hacerlo más interesante, le queda tiempo por delante.

Los dos siguientes francamente no sé qué pudo haberles sucedido…

Pesquera Reserva 2012 un tinto que debía estar por lo menos ya hecho y bebible, apareció un poco débil y anémico.  Buena nariz:  térrea, champiñón y algo especiado con notas de canela de fondo. En boca, ni pena ni gloria.

Gran Reserva 904 2007.  Sin lugar a dudas uno de mis vinos clásicos favoritos. Esta vez se presentó tímidamente, recordándome aquella descripción de Camblor cuando se refería al «mutismo»  aseguraba que era una etapa en los grandes vinos. Etapa donde todo parece levitar en un sueño invernal como los osos dentro de sus madrigueras, donde apenas sí respiran para volver a la vida con todo ímpetu en la primavera. Pues quiero pensar que este gran vino estaba dormido y no despertó en la copa por más muñequeo que imprimí durante algunos minutos.

El balance de la cata para mi gusto fue pobre, una decantadita previa hubiera hecho la diferencia en la mayoría de los vinos.