Food and WineHace unos días dio comienzo uno de los festivales gastronómicos más importantes de la ciudad de Cuernavaca: Food & Wine Morelos 2009. Conferencias, clases demostrativas, clases magistrales, talleres, catas de mezcal, de tequila y de vino. Además la visita de reconocidos chefs, y sumilleres que visitarán los principales restaurantes de la ciudad. Yo me apunté con mi esposa y mis entrañables compadres a la cena maridaje en nuestro restaurante favorito La Gaia, que recibió como invitados a los Chefs Alicia D Angelli, Aquiles Chávez y el chef repostero Héctor Villalobos. A la sumiller Claudia Juárez de Casa Madero, nunca la vi, se los aseguro. Todo transcurrió según lo esperado. Los anfitriones. Todos. Gente amable y comprometida con su labor, no quiero nombrar a nadie para no dejar a alguno de ellos fuera de la lista. Nos hicieron sentir en casa.

El primer tiempo fue un ceviche de garra de león con salsa de chile poblano y verduras en escabeche, preparado por la chef Alicia Gironella D´Angeli. Buena textura, con un refrescante toque de lima, maridado con el semillón de Casa Madero 2008, limpio y floral. El Dueto de canelones con huitlacoche y flor de calabaza en salsa de poblano con queso de cabra, fue de la joven chef anfitriona Fernanda Aramburo y el chef David Tovar. Buena armonía de sabores y texturas, aunque el vino, un chardonnay de Casa Madero 2008, no tiene nada que ver con aquella excelente añada de 2005. A éste le falta nervio, y estructura, muy goloso. El lomo de robalo empetrolado sobre yuca rostizada y aliño de salsa de chile güero con naranja agria…Déjenme tomar aire. Se llevó la noche, sellado de manera magistral, con una combinación de sabores que perduran una eternidad. El Merlot de la misma casa, añada 2006, es corto y hueco, frutita con alcohol, no hay integración. Quedaría fabuloso con un buen cabernet franc, unos grados abajo de lo «normal» y perdón que me remita al Valle del Loira. Por último un delicioso postre; Biscuit de guayaba (muy morelense) con cacahuate y frutos rojos, por Héctor Villalobos… para ch-u-p-a-r-s-e los dedos, y eso que no soy mucho de postres. Extraordinario equilibrio entre acidez y dulzura, lástima que no pueda decir lo mismo del vino: un rosado de La Redonda, semiseco, vinificado con Malbec y Cabernet (me parece). Vino queretano, sin pena ni gloria, sin nervio, falto de acidez. Me hubiera gustado ir a todas las muestras en los diferentes restaurantes, pero creo que hicimos una buena elección. Mañana tengo intenciones de ir a la conferencia de Hugo D´Acosta, «vinos de autor», me lo contaron, porque no lo veo en el programa. Fin de semana largo para todos los mexicanos.

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Como en cualquier otra disciplina, en el Mundo del vino una respuesta puede llevar a una serie interminable de preguntas. El camino al conocimiento del vino no tiene fin, no hay una meta posible, es un constante caminar sin tregua ni descanso sobre todo si nos metemos en los terrenos espinosos; propios de los enólogos y gente especializada. El estudio del vino está compuesto de varias materias: la geografía, la historia, la edafología, la ampeleografía, la química, la sociología entre muchas otras como la biología cuya rama, la botánica, me ocupa en esta entrega.

Todo comenzó al preparar una presentación para un diplomado para sumiller, el tema: las variedades de uva, tema ya de por si árido tomando en cuenta la enorme cantidad de variedades: aproximadamente 10 mil. Los ampeleógrafos franceses Pierre Viala y Victor Vermorel nombran 5 mil variedades en sus siete volúmenes de su trabajo titulado: Ampeleography publicado a principios del siglo XX. Sólo en Francia existen más de 200 variedades autorizadas comercialmente para la vinificación. ¿Es posible tener un panorama medianamente completo en menos de cuatro horas? La respuesta es obvia. Mi conocimiento sobre las variedades es el resultado de un 20% de lectura y el resto en la práctica: comprando, descorchando y degustando, tratando de encontrar esas botellas que se disfrutan tanto sin tener que hipotecar la casa. Confieso que esta última es mucho más reconfortante. Algún maestro me decía que el aprendizaje es mucho más efectivo cuando entran en juego todos los sentidos, y no puedo estar más de acuerdo, no hay nada que sustituya a la práctica.

Uno de los puntos que debí abordar en mi presentación, era precisamente el tema de los híbridos; aspecto de la botánica. Los híbridos de la vid no son más que la cruza de dos plantas de diferente especie, esto es vitis vinífera con vitis salvajes, ya sean; rupestris, labrusca, riparia etc., ambas provenientes de la familia de las vitáceas y del género vitis. La siguiente pregunta lógica es: ¿Cómo se cruzan estas dos plantas? Las flores poseen estambres (órgano masculino) y pistilo (femenino). Hay flores que cuentan con ambos, así que no necesitan de la ayuda de los insectos o del viento.
Pero hay otras que de no ser por estos polinizadores no podrían reproducirse. La polinización cruzada no es más que la polinización entre plantas de diferente especie, en este caso el hombre juega un papel muy importante, ya que hay plantas que difícilmente podrían polinizarse debido a la distancia que las separa, entre otras razones.

El resultado es una vid híbrida cuya reproducción se hace por clonación ya que como en la gran mayoría de los híbridos, tanto animales como vegetales, son estériles. En el caso de la vid, los vitivinicultores prefieren clonar, es decir, plantar un sarmiento a sembrar las semillas, cuando la planta cuenta con semillas, por lo que tiene poca importancia el hecho de la esterilidad. Así queda parcialmente cerrado este capítulo tan importante y pocas veces comentado en el Mundo del vino.

foto extraída de crfg.org

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Un vermentino muy sabroso…

Domingo que se convierte en sábado, ya que el lunes es puente. Día de muertos, una de las fiestas más pintorescas de México. Papel picado, calaveras de azúcar, flores de Cempasúchil, ofrendas, veladoras, retratos de gente querida que ha partido, la comida preferida de los difuntos cuando estaban vivos, calabaza en tacha, piloncillo. Una fiesta mágica que cada año por desgracia va perdiendo su encanto en las ciudades, sustituida por el horrendo y mercadotécnico halloween.

Después de una semana de haber descorchado un pinotage sudafricano, Cape Haven pinotage 2006 . Vino que compré porque no es común encontrarlo en México. Después de guardar la mitad en el refrigerador, entiendan (nevera para mis amigos españoles) mi sorpresa ha sido mayúscula. Estaba predispuesto a las notas de café tostado, acidez casi nula, y una pesadez, peor que la que se manifiesta después de una opípara comida de verano. Pero me encontré con un vino ágil, fresco, con notas mentoladas y florales a lavanda, en boca se mostró integrado y con un posgusto largo. Mi mejor consejo es que guarden este vino una semana después de que lo descorchen. Pero antes sírvanse una copita para apreciar la diferencia y así poder oxigenarlo mejor.

calabaza

Calabaza en tacha

Otra gran sorpresa fue un vino de Indicazione geografica tipica semejante a un vino de la tierra español, clasificación que viene a ser la antesala de la denominación de origen. Vino de la Toscana de una variedad para mí desconocida hasta ayer. Se trata de la vermentino. Pian Del Bichi, vermentino 2008 Nariz intensa a fruta amarilla con hueso, níspero con notas especiadas de laurel y fondo herbáceo, limpio, refrescante y directo, en boca tiene un leve cosquilleo y una excelente acidez cítrica a mandarina. Un vino que repetiré y compraré por lo menos otro par de botellas. El tinto ha quedado pendiente. Vino de la misma bodega vinificado con sangiovese. Para rematar la tarde hubo calabaza en tacha con todo y semillas, un platillo de postre muy mexicano, típico de esta época. Aunque mi paladar no es de dulce, confieso que esta calabaza me sabe a gloria, una vez al año, su espeso caldo es tan dulce y de color tan parecido al Pedro Ximénez… aunque no sé si puedan maridar.

Viña San Pedro

El turno fue para Jorge. El tema: Viña San Pedro. Chile no se olvida… y es que Jorge nació en esa tierra andina. Una bodega tan emblemática merecía que le echáramos un vistazo. Viña San Pedro fue fundada por los hermanos Bonifacio y José Gregorio Correa Albano en 1865. Es una de las mayores bodegas de Chile junto con Concha y Toro. Desde la década del sesenta Gato Negro fue y sigue siendo su vino más comercial. Castillo de Molina su buque insignia durante algún tiempo, hasta que apareció en el horizonte Cabo de Hornos, en 1994.

Cabo de Hornos ha sufrido los efectos de la modernidad y la globalización de mercados, donde los vinos cada día pierden más su identidad. Nuestro grupo de cata tuvo la oportunidad de organizar una vertical de 1994 al 2000. Donde los cambios en las últimas añadas son dramáticos, la madera nueva cada vez está más presente. Para 2005 la filosofía de la casa vuelve a dar otro giro: Cabo de Hornos deja de ser varietal para ahora tener una mezcla de 3% de syrah y 7% de cabernet sauvignon del Valle del Alto, además del cabernet sauvignon de origen en el Valle de Lontué. Los enólogos de esta Viña, como le llaman en Chile a las bodegas, están encabezados por Marco Puyo. La reciente alianza con Viña Tarapacá no ha dado ningún vino nuevo al mercado, aunque no se sabe lo que ocurrirá a corto plazo, esta alianza se hizo apenas en diciembre del año pasado. Otra alianza importante fue la de Viña Santa Helena. Así que puedo asegurar un cambio con estas tres bodegas, por lo menos ya empezaron con la presentación de nuevos diseños en sus etiquetas. Aunque me gustaría ver una oferta original que le diera al mercado un poco de frescura, sin ningún derroche de mercadotecnia, algún vino auténtico, que recoja lo mejor de la tierra.
Chile tiene varios valles entre el Pacífico y Los Andes, desde el Valle de Bío Bío hasta los más fríos al norte, como los de Elqui y Limarí, propios para las variedades sauvignon blanc y chardonnay. Esta bodega cuenta con varios viñedos en diferentes regiones, a lo largo y ancho de Chile.

Entrando en materia sensitiva, el primer vino fue un blanco vinificado con chardonnay; Viña Santa Helena, Selección del Director, 2005. Sometido a 6 meses de roble. Seis meses que para mi gusto le confieren bastante tanino, es un vino de color oro viejo, con una nariz intensa a membrillo y alguna nota especiada de pimienta blanca. En boca es tánico al principio y de acidez muy justa. Al grupo le ha gustado más que a mí. Viña San Pedro 1865, 2003, malbec, sí malbec, algo poco común en un vino chileno. Al principio huele a acetona, después se limpia un poco y brotan hollejos y algo de fruta negra pasada. En boca me recuerda la mermelada de cereza. El siguiente fue un shiraz: El Viña San Pedro 35 Sur 2006 bastante duro, con notas verdes y muy tánico. De aquí para adelante estuvo presente la cabernet sauvignon. Muy presente. Con sus características notas de pimiento rojo. Así fue con el Castillo de Molina 2005, Cabo de Hornos 2003 , con sus 14.5 grados de alcohol. Y Viña Santa Helena 2004 que nunca abrió. Una verdadera lápida. El Cabo de Hornos, nada comparable con el magnífico 99 o alguno de sus anteriores hermanos.

peñin

Faltó el cafecito…

Hoy es un día movido para mí: Cata en la noche y alguna que otra cosa interesante que comentar. He leído como cada viernes el periódico Reforma. En su sección Buena Mesa aparece el señor Gerschman reconociendo la larga carrera del periodista y crítico de vinos español José Peñin, a raíz de su reciente visita a tierras aztecas. Por mi parte nunca he leído su revista y sus puntos sobre los vinos que califica, tampoco son mi guía. Pero sí tengo un libro de lo más ilustrativo y uno de los que no prestaría jamás. Ya aprendí la lección. El Vino, publicado por Ediciones Orbis en Barcelona, curiosamente no aparece el año de su publicación, aunque a juzgar por las fotos y el estado del libro, debe tener unos quince añitos como mínimo, así que razón de más para no prestarlo; no creo que lo encuentre hoy en día. Mucha información sobre el viñedo, la vid, los suelos, clima, conducción de la vid… información que no he encontrado en otras publicaciones, y mucho menos explicada de forma tan sencilla y amena.

A Peñín se le ha calificado de ser imparcial en sus juicios, pero… a qué famoso crítico no se le ha tachado de ésto. Su visita estuvo acompañada de Mr. Georg Riedel. Una cata en Palacio de Hierro con vinos de la talla de Vega Sicilia y Pichon Lalande… ya se podrán imaginar.

Gerschman también escribe en su columna sobre la maduración alcohólica (azúcar) y la fenólica, añadiendo un término que yo francamente nunca había escuchado; «dulcedumbre» refiriéndose a las maduraciones extremas, dando vinos «dulces». Afirma que: «el paladar de los mexicanos se inclina a lo dulce, la dulcedumbre puede ser complicidad entre el productor y el consumidor» (…). Estoy de acuerdo, a los mexicanos nos gusta lo dulce: agua de frutas, horchata, jamaica, tamarindo y los tan consumidos refrescos, repletos de gas y azúcar. Aunque esta dulcedumbre la entiendo como una nota de tanino dulce y no como los vinos dulces naturales o de azúcar añadida o chaptalizados.

Por último les comento que la ciudad de Cuernavaca se vestirá de gala al recibir a un buen número de chefs y sumilleres que deleitarán a sus comensales en diferentes restaurantes de la ciudad. Food & Wine Morelos.  Promete y promete mucho. Yo ya me apunté para una cenita-maridaje con mi esposa y unos amigos. Después les cuento. Por ahora debo revisar que todo esté en su lugar para la centésima vigésima séptima cata.

Después de escuchar varias falacias, o mejor dicho estupideces, acerca del vino esta semana. Me propongo en la siguiente lista, enunciar las 10 mejores, o peores, ya depende de cada quien.

1.- El blanco frío y el tinto al tiempo. He probado algunos blancos por copeo, que de tan fríos que los sirven, entumecen la lengua. Los tintos por arriba de los 22°C son puro alcohol en nariz y en boca, que es lo primero que se evapora en la copa. Hay tintos como los varietales de pinot noir o cabernet franc, que ganan con unos grados abajo de lo que se deben refrescar otros tintos. Así que no podemos generalizar.

2.- El tinto con carne roja y el blanco con mariscos y pescado. Todo dependerá del vino tinto, ya que no es lo mismo un cabernet sauvignon chileno que un Chénas o un Fleurie (gamay). Y no es lo mismo una sardina en tomate que un salmón a las brasas.

3.- El vino mientras más viejo mejor. Ésta no me parece tan descabellada, aunque habría que matizar. Hay vinos hechos para una larga evolución, su curva es como una elipse, y hay otros que apenas si tienen un periodo de pulimiento, su curva es como una montaña rusa de pendiente muy acentuada. Es un periodo de reposo para superar lo que llaman en inglés bottle sickness.

4.- El mejor vino blanco, es el tinto. Sin comentarios.

5.- Para celebrar… sólo con champán. Estoy parcialmente de acuerdo, porque también hay vinos tranquilos para levantar la copa, brindar y disfrutarse en cualquier ocasión, sin que las burbujas sean la única opción.

6.- El vino está hecho de «químicos». Esto viene a colación por aquello de que mucha gente piensa que la demanda de vino es superior a la oferta. Si bien es cierto que al vino le agregan desde el sulfuroso hasta el ácido citrico pasando por azúcar (chaptalización). Estamos muy lejos de que sea una combinación de sustancias colorantes y saborizantes como en el caso de los refrescos, sodas o cualquier otra bebida, donde lo único natural es el agua. Y a veces ni el agua…¿O quizás estemos cerca?

7.- Al vino se le echa fruta para que sepa a fruta, es decir si huele a cerezas, se le han agregado cerezas… Ésta sí me hizo reír. Los aromas y sabores los toma la vid del suelo que la nutre, es el hombre quien hace la analogía con lo que tiene a mano, o mejor dicho con lo que tiene en su memoria olfativa. Vgr: esos rasgos del champán a tiza, los toma de los suelos calizos de Champagne, en sus distintas variantes.

8.- Este vino no tiene conservadores. El sulfuroso se usa desde hace 2000 años, pero la mayoría de los iluminados que habla de conservadores, se imagina otras sustancias químicas cercanas al formol. Ergo; sino tiene formol, no tiene conservadores.

9.- Éste es el mejor vino del mundo… Recuerdo que cuando era niño decían que el Rolls Royce era el mejor coche del mundo. Se imaginan en la llanura africana con un Rolls Royce… Hay un vino para cada ocasión, eso sí, de repente se topa uno con cada cosa…

10.- Los vinos blancos no tienen taninos. Bueno, ésta es más sofisticada, y se desprende de la idea errónea de pensar que el tanino es el responsable del color, cuando en realidad son los antocianos. Los taninos se encuentran tanto en uvas blancas, como en tintas, sobre todo en las pepitas y algo menos en la cáscara. La corta maceración en los vinos blancos y rosados, hace que éstos no sean tánicos.

Los invito a agregar alguna de su lista.

Muerte vestida de gala

Muerte vestida de gala

Flores de Cempasúchil

Flores de Cempasúchil

Tengo la impresión de que en la mayoría de las ferias, conciertos y otros acontecimientos populares, las autoridades encargadas de la organización se limitan a cumplir con los requisitos básicos para su desarrollo, y no van más allá para poder llevar a buen término las diferentes actividades dentro de cada feria, lo anterior sumado a la falta de esmero y capacitación de los expositores. El Primer Festival Gastronómico 2009 en la ciudad de Cuernavaca no ha sido la excepción. Las diferentes muestras de comida han pasado casi todas la prueba, en la gran mayoría de puestos que visité me encontré con gente amable y dispuesta, cabe destacar una cata de cerveza dirigida por un muy entusiasta señor, cuyo nombre no recuerdo.

Después de echar un vistazo a las ofertas de cada restaurante allí representado, y haber probado unos champiñones capeados rellenos de surimi, deliciosos, subimos por la calle Hidalgo para entrar al famoso Jardín Borda Visité un estand donde ofrecían vinos de La Selección del Sommelier, nombre de la comercializadora. Dentro de su oferta, me decanté por un pinot noir, se me ha olvidado la marca por lo que sucedió a continuación. Al pedirle una muestra, que más bien era un dedal de plástico, me dijo el ilustre encargado que esa botella no estaba abierta, pero que me ofrecía un Carmenere… ¡gran similitud! Eso no es todo, en el momento que llegué estaba hablando con un cliente; y le decía con tono casi profético: «Esta botella tiene tapón metálico, porque no evoluciona, entonces no necesita del corcho»… sin comentarios. Lo mejor que pude hacer fue darme la vuelta y tomar un poco de aire fresco. Mi única compra fue un Cape Haven pinotage 2006, del estand frente a los otros, lugar donde las dos señoras que lo atendían de plano no ofrecían ni siquiera «el dedal de plástico» de los anteriores. Sólo faltaba que esperaran a los clientes leyendo un libro o tejiendo para completar el penoso cuadro. No sería mejor encontrar a gente un p-o-c-o más capacitada para promover el vino. Si los distribuidores no cuentan con el suficiente presupuesto para su promoción en ferias, mi mejor consejo es que no asistan. De no ser por esas flores de cempasúchil que nacen y crecen silvestres, y que adornan con su distintivo aroma y color las cada vez más escasas ofrendas para los muertitos, y esas artesanías que encontramos en uno de los rincones de la feria, me hubiera ido con un mal sabor de boca. Felicito a la gente que puso todo su empeño para la organización de este acontecimiento, y espero que cada año, si es que repiten, salga mucho mejor.

Pinotage, variedad sudafricana

Pinotage, variedad sudafricana

Ese pinotage, la misma botellita ayer adquirida, feneció el día de hoy. Cada vez que escucho pinotage no puedo evitar pensar en un laboratorio al estilo Frankenstein. Variedad resultante de la pinot noir y la cinsault, atribuida al profesor Izak Perold, de la Universidad Stellenbosh en Sudáfrica. Hasta el momento no he probado de esta uva nada que me haya movido a comprar más de una botella. Este pinotage es brillante, de color violáceo y menisco rubí, nariz intensa a fruta negra madura, zarzamora con notas de higo en un fondo herbáceo no muy definido. Boca golosa, de taninos limados y acidez correcta. Un vino sólo para beber sin meditarlo: correcto.

¿Valor o precio?

Publicado: 21 octubre, 2009 en Reflexiones, Vino
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balanzaMucha gente me pregunta: ¿qué vino les puedo recomendar? Yo devuelvo la pregunta: ¿Qué les gustaría?  Refiriéndome a algún estilo, color, bodega o región. Su respuesta es contundente; que no sea muy caro. Entonces me surge la duda…¿Qué es barato y qué es caro? Para mí la relación de calidad precio es muy importante. Cuántos vinos arriba de los 50 dólares no cumplen con las mínimas expectativas para ese nicho, y cuántos otros abajo de los $8.00 cumplen con creces su valor en relación a su precio.

Hace algunos años compré en copropiedad una botella de Petrus 1988. Cada semana que pasaba por la tienda veía como disminuía su precio. Una vez que consideré que ya era algo razonable, pero sobre todo asequible, le avisé a un amigo y él estuvo de acuerdo en ser copropietario al 50%. Guardada por algún tiempo, llegó el gran día, el día que bajarían los angelitos del cielo con todo y sus arpas a cantarnos al oído… Así eran nuestras expectativas por una botella de $400 verdes. Reunidos con nuestras respectivas esposas, nos dispusimos a disfrutar de tan grande y prestigiado chateaux. Para nuestra sorpresa no hubo angelitos, ni arpas ni cosa por el estilo, sólo un vino correcto pero sin ningún encanto extra. Lo primero que cruzó por mi mente fue que habíamos sido objeto de una estafa… ¿Esto es un Petrus? repetía mi amigo. Seguramente si esa misma botella la hubiéramos probado en un contexto diferente las cosas serían distintas. Si en su etiqueta no existiera esa palabrita de seis letras, si fuera menos aristócrata, o hubiera pagado la décima parte.

El valor en el vino debe ser lo más importante a la hora de hacer nuestras compras, pero en ocasiones parece que la gente lo pasa por alto. En 2005, en el aeropuerto Charles de Gaulle, hacía un poco de tiempo antes de abordar el avión, viendo los vinos en una tienda donde se podían encontrar Burdeos y Borgoñas de varios cientos de euros. No faltó un compatriota, porque siempre hay algún mexicano cerca, reconocible por su acento, que hablaba con una dama sobre las «joyas» que iba encontrando en los anaqueles… ¡Mira ese vino, cuesta 350 euros! ¡Mira ese otro cuesta 2 mil! Nunca salió de su boca una nota aromática, sabor o algún juicio más allá del precio. Gente que de alguna manera el amor al vino le ha entrado como una forma de presumir su estatus económico y social, pero que a la hora de la crítica organoléptica queda en babia.

En tiempos donde la liquidez se recorta y parece que es un fenómeno mundial, habría que replantear el mercado del vino. Debe ser un motivo de análisis ya que la abundancia parece que es cosa del pasado. ¿Cuánta gente estará dispuesta a pagar esas cantidades de dinero por vino? y ¿Cuántas otras buscarán nuevos parámetros para escogerlo? Preguntas que pueden tener una respuesta hacia un mayor valor por el dinero, y buscar cada vez mejores vinos a un precio asequible.

foto extraída de wineaccess.com

El sábado fui a una comida, donde el único detalle que escapó de la lista de prioridades fue el de ofrecer vino. Una vez más compruebo que el vino en México está muy lejos de ser una bebida de consumo común. Así que este traumático suceso me hizo pensar en las cosas que más me molestan como consumidor y amante del vino. He aquí la lista, sin ningún orden de importancia, simplemente he ido apuntando lo que se me ocurría, a manera de decálogo.

1.- Salir de casa un sábado por la mañana hacía mi tienda de vinos preferida, para escoger con esmero alguna botellita con motivo de alguna comida pendiente para ese día, sin tomar en cuenta aquello de la guarda previa. Descorcharla en la comida, y para desencanto de todos encontrar un pestilente olor a cartón mojado. Aún peor si la botella pestilente la he guardado por largo tiempo.

2.- Que esa misma botella sea rechazada para su cambio en nuestra tienda preferida…

3.- Llegar a un restaurante y soplarse un discurso de 5 minutos acerca de la botella que has tomado toda tu vida, sin haberlo solicitado.

4.- Escuhar al mesero decir con la seguridad que sólo puede dar la ignorancia; «el cabernet sauvignon es tinto y no se enfría»

5.- Observar una encarnizada pelea entre el mesero y la botella a la hora de descorcharla.

6.- Que el mesero o encargado ponga en entredicho la devolución de una botella, que apesta a corcho a dos cuadras a la redonda.

7.- Pedir en un restaurante de cierto postín que decanten el vino, y que su respuesta sea; ¿qué es eso…?

8.- Esperar durante semanas una cata especial, y resfriarse el día anterior.

9.- Que se rompa una botella que has guardado celosamente durante mucho tiempo en la cava.

10.- Llegar a una fiesta y que no haya una sola gota de vino, en cambio encontrar toda la colección de destilados habidos y por haber. O que haya vino, pero que te lo sirvan en copas regordetas y chaparras.

Michael broadbentAl igual que las empresas que llevan al éxito una marca de un producto o servicio, con visión y tenacidad implicando años de arduo trabajo. Las peores consecuencias de una demanda no son; el desgaste físico o económico, aun cuando ésta no prospere, sino el hecho de poner en entredicho el prestigio ganado durante largos años, y ésto puede ocurrir en cuestión de días o inclusive en pocas horas, dependiendo de los medios de comunicación y obviamente el calibre del demandado. Los personajes famosos que se deben a un público que los respeta y les da su voto de confianza, pueden caer en la misma situación. Es el caso del Sr. Michael Broadbent, Master of Wine y encargado del departamento de subastas de vino en Christie´s durante varias décadas, hasta 1992. Prestigio que quedó para muchos en tela de juicio a raíz de la publicación de Billionaire´s Vinager, escrito por: Benjamin Wallace. Su gran error visto desde la perspectiva de mucha gente, fue haber subastado varias viejas botellas cuya propiedad fue supuestamente del expresidente de EE.UU. Thomas Jefferson, enófilo empedernido que no sólo consumía vinos franceses sino que trató sin éxito de llevar variedades nobles a Norteamérica. Botellas que al final resultaron falsas, error que se profundiza si tomamos en cuenta la larga trayectoria del Sr. Broadbent, ya que no estamos hablando de ningún bisoño que pudiera pasar por alto una cosa tan significativa y de tantos intereses económicos, como lo es la subasta de piezas por las que se pagan cantidades exorbitantes. Su análisis antes de la subasta se limitó a la autenticidad del vidrio, mediante expertos en la materia, y en efecto, todo señalaba que las botellas, entiéndase sin su contenido, eran auténticas. Después de la publicación sus críticos empezaron a percibir en el ambiente algo que no olía nada bien. El hecho contundente es que su reputación se vio afectada, si bien ya no se dedica en cuerpo y alma al asunto de los vinos y tiene para vivir holgadamente el resto de su vida, creo que es muy triste para cualquier persona acabar sus últimos años con tal desacredictación, después de haber probado las mieles del éxito. Pues bien la cosa no acabó ahí. Mr. Michael Broadbent interpuso una demanda contra Random House Inc, empresa inglesa que editó dicho libro. Caso documentado en la página del Instituto de Master of Wine (news), por si quieren echarle un ojo. Al parecer la demanda ha prosperado, y ya hubo varios puntos de acuerdo entre las partes, lo curioso es que el libro seguirá vendiéndose fuera del Reino Unido, sin ningún cambio que altere su contenido original. En lo personal esto de las demandas me deja muchas dudas… ¿bastará para devolverle a Mr. Broadbent su credibilidad?

Foto extraída de Librarything.fr