Entrada principal a L´Ecrivain

Entrada principal a L´Ecrivain

El buen tiempo en Dublín me ha sonreído y me ha permitido caminar a mis anchas por la zona de Trinity College, donde alguna vez estudió Oscar Wilde. Siguiendo ese rumbo por la calle Grafton hacia el sur, llegué el parque St. Stephen´s Green, dando vuelta al este para conocer Baggott Street. Sus veinte grados centígrados hacen más bulliciosa la ciudad y le dan vida y movimiento a las calles. Nada que ver con aquellas gélidas temperaturas de febrero, cuando es imposible caminar más de cinco cuadras sin entrar a algún establecimiento a calentarse un poco, o desplazarse en taxi.

Al filo de las 7:00 pm he llegado a la recepción de L´Ecrivain, una señorita joven, rubia y baja de estatura me recibió preguntándome: ¿tiene reservación?… Algo que siempre me ha puesto los pelos de punta, los pocos que me quedan. Reservaciones cuando el salón está vacío, a sabiendas que no se llenará nunca. No, no tengo reservación. Después de una pausa, respondió observando la agenda: puede disponer de la mesa hasta las 8:00 pm. Señorita son las siete… No señor, son las 6:00. Menos mal que estaba adelantado mi reloj por una hora. La espera había sido larga y mis ansias por conocer el lugar fueron más grandes que mi orgullo, así que me dejé llevar hasta la mesa. Lugar discreto, sobrio, rayando en la monotonía. Salón en la planta alta y un pequeño desván, coronado con un «mini split» para los calores veraniegos.

Puligny-Montrachet % Volnay...

Puligny-Montrachet & Volnay…

Después de echar un vistazo alrededor de mi mesa, comprobé que no había una sola mesa ocupada. Pedí la carta. Como me imaginé… los precios son un atentado al patrimonio. La carta de vinos raya en lo aburrido, botellas que esperaría de cualquier otro lugar donde no se han roto mucho la cabeza. Aunque tampoco puedo decir que no tuviera algunas cosas interesantes, mis expectativas eran muy altas.

Comencé con un champán, un burbujeante rosé, color piel de cebolla; Pierre Paillard Brut Rosé, nariz caliza, boca frutal, abocado, acidez justa. Siguiendo con el vino. Tenía antojo de un blanco entrado en años y un tinto joven, pero el copeo es muy limitado, así que me decidí por dos medias botellas: Joan-Louis Chavy, Puligny-Montrachet 1er Cru, Les Folatieres 2006. Vendimiado en un pago de poco más de una hectárea, con 14 meses de crianza en roble, 30% nuevo. Vino no muy viejo, pero si maduro, y un Volnay, Lombeline 2007. Para comer abrí con una entrada de «New Season Asparagus»: espárragos con huevo pochado, parmesano y trufa. El sabor del huevo domina el conjunto a tal grado que por mucho que traté de limpiarme la boca y beber agua, tuve que pedir cambio de copa. Este Puligny-Montrachet me recordó el dulce de cajeta; un vino maduro y profundo con un gran balance. Como segundo; «Roast Duck»: cocción perfecta, así como la combinación de la guarnición con una salsa exquisita. Este Volnay no niega su juventud, pero tampoco su equilibrio, a sus cuatro años ya deja ver sus notas térreas, trufa y cuero del más fino. Firme en boca, con esa extraordinaria acidez, propia de los buenos borgoñas. «Bocato di cardinale». Maridando perfectamente con las notas dulces de la salsa del pato.

Cocción perfecta...

Cocción perfecta…

Cuando no estoy seguro de qué tiendas de vino visitar, me ha dado buen resultado preguntar en los restaurantes donde sirven vino. Así que pregunté a uno de los meseros. Me dio una lista de tres lugares, todos muy cercanos. Haciendo hincapié en que visitara una tienda de quesos, Matthews Cheese Cellar, donde sirven el queso con una copita de vino, un lugar según él, muy agradable que vale la pena conocer.

De postre, al escuchar sobre quesos, pedí una tablita con un Capitelli de Anselmi, un vino de postre bastante plano y diluido si lo comparamos con otros, como por ejemplo un buen Sauternes o un Moscatel Málaga Jorge Ordoñez 2007, anunciado en la carta. Saciado por completo tanto por el lado de la comida como por el del vino, pedí la cuenta. Sin hacer conversiones tortuosas a dólares o a pesos, pagué y me retiré a mi hotel. Tenía sueño, necesitaba una siesta. Siesta que se prolongo más de la cuenta, cuando vi el reloj era demasiado tarde, aun con la hora extra que me habían regalado en L´Ecrivain… Al final reconozco que no se puede hacer todo en un solo día, por muy largo que éste sea. La única tienda de la lista que conocí fue Fallon & Byrne, curiosamente había sido la primera que había visitado ese día por la mañana. Quedarón en el tintero: The Corkscrew, en Grafton, y Matthews Cheese Cellar, esta última es la que más me pesa no haber visitado. Las menciono por si alguien visita estas tierras y tiene tiempo para el tour. Thorton´s me fue recomendado por su supuesta excelente relación calidad-precio. Este restaurante está casi justo frente a la entrada del parque Stephen´s Green, siguiendo al sur por la calle Grafton… Será para la próxima ocasión.

Rosados de la Noche

Rosados de la Noche

De vuelta a los rosados. Para la gran mayoría, los rosados no son más que seudo vinos, que no merecen la pena la atención. Lo cierto es que no todos son iguales, basta recordar los famosos rosados de Sancerre o el singular Tondonia, que en realidad viene a ser un clarete por su mezcla de viura con algunas tintas.

René ha decidido volver a echar un vistazo a los rosados, incluyendo un champán. Empezamos con un Veuve Clicquot Rosé. Aromas de frambuesa de la pinot noir, variedad dominante. Color entre anaranjado y salmón, brillante y fluido, con burbuja fina no muy persistente. Aromas a pan tostados, y notas de frutos secos y de frambuesa. Seco, guardando un buen equilibrio entre los frutos rojos y la tiza. El segundo fue un Côtes du Rhône de Ogier; Heritages Rosé Ogier Caves de Papes 2008. Color salmón, brillante, notas de durazno y lavanda, en boca es flojo sin persistencia, acidez muy justa.
Uno que hacía tiempo que no veía, o no buscaba por los anaqueles, ya que nunca me ha interesado; Mateus. Un refresquito de naranja con burbujas obscenamente grandes y escasas. Cuando parecía mejorar un poco la cosa con el siguiente vino, un portugués, Defesa 2008, de la Bodega Heredade Do Esporao, vinificado con aragonés y syrah. Resultó un vino de color frambuesa y sabor a malvavisco de fresa.
Para no olvidarnos de nuestro terruño, un rosado de la Bodega Santo Tomás de San Vicente en Baja California, se trata de Santo Tomas Rosado 2008. Color anaranjado destellos ladrillo, aromas a ciruela pasa y tamarindo con algo de «jugo de manzana de tetrapack», su color y sus sabores sugieren que este vino ya pasó por su mejor momento. Al último ha llegado un cabernet de Somontano, se trata del ya conocido Enate Rosado 2008, un vino muy diferente a los anteriores, con sus 13,5 de alcohol, es un vino potente, aguerrido y contundente. Color y sabor cereza, con notas minerales.

Mejor Wine Bar de Dublín Expedición…Puede ser la segunda acepción o la quinta del diccionario de la RAE, si tomamos en cuenta no precisamente la curia romana, sino la autoridad máxima en el hogar; encabezada por la mujer, dueña y señora de la casa. Lo más importante es que he sido dispensado por cinco noches y seis días para emprender una gran empresa al otro lado del charco. Teniendo un solo día libre en la capital de Irlanda, no había tiempo que perder. Ya había tenido la oportunidad de conocer Dublín y parte de su oferta gastronómica-vínica, pero nada mejor como explorarla solo, a mi propio ritmo, sin prisas y con la única intención de descubrir sitios que valgan la pena, relacionados con el buen comer y beber. A veces no tenemos un panorama completo si nos enfocamos a las recomendaciones de taxistas y conserjes de hotel. A veces sí. El caso es que cuando más de una persona recomienda un lugar, alguna gracia debe tener. Dublín es una ciudad pequeña con poco menos de medio millón de habitantes. Celosos de su pasado celta y optimistas en el futuro, guardan mucha similitud con los ingleses… aunque por favor, que no se enteren de lo que acabo de decir.

Siguiendo por la bulliciosa calle de Grafton hacia el sur antes de llegar al famoso parque St. Stephen´s Green, me metí en una calle, sin rumbo fijo, caminé unas cuantas cuadras para detenerme justo al otro lado de un wine bar que había visto anunciado en la sección amarilla unos minutos antes en el hotel. Olesya´s Wine Bar, número dieciocho de la calle Exchequer. Cuatro personas hacían reparaciones en la fachada y el lugar aún no estaba abierto, así que me metí justo enfrente en Fallon & Byrne para comprar una botellita de agua y echar un vistazo al lugar. Me recordó al HEB en versión europea donde se encuentra de todo un poco, en un sitio relativamente pequeño: fruta, legumbres, verduras, quesos, carnes frías, helados, pastelería y algo que no debe faltar… vinos. A la entrada bajando las escaleras se encuentra su propio wine bar, considerado el mejor de la ciudad en este año, según una pizarra dentro del local. También estaba cerrado aunque faltaba poco para que lo abrieran.
Una vez que abrieron bajé al sótano. Sus muros colindantes están cubiertos por botelleros con una selección modesta pero suficiente para entretenerse un rato, observando etiquetas. La verdad la carta no es para impresionar a nadie: 22 blancos, 30 tintos, 3 espumosos, 1 Sherry, 1 Jurancón dulce y un Oporto. Sin pensarlo mucho me decidí por un Freiheit Grüner Veltliner 2007. Color amarillo pálido, aromas de fruta entre pera y manzana verde, de boca vivaz, cítrica (limón) despidiéndose en el posgusto con mucho vigor. El día era largo, tanto por el verano; oscureciendo poco antes de las 11:00  y empezando a clarear a eso de las 4:30, como también por el ajetreo de conocer el mayor número de lugares interesantes en unas horas. Así que crucé la calle y entré a Olesya´s W.B., este lugar es acogedor, cuenta con apenas unas cuantas mesas, bien acondicionado y atendido ese día por un diligente joven que en seguida me mostró la carta. Desde la entrada se anuncian más de cien vinos por copeo y más de 300 en total.

JM Gobillard & Fils Rose y Balsamique Foie-gras

JM Gobillard & Fils Rose y Balsamique Foie-gras

Su carta es más extensa que la de enfrente y la oferta de bocadillos es interesante. Se nota el esmero en la selección de vinos y la preparación de las viandas. Un poco de burbujas no estaría mal, así que escogí una copita de JM Gobillard & Fils Rosé, a 16 €. Seco hasta la médula, calizo y mineral. Un buen espumoso para maridar con un foie gras balsámico: crujiente pan en una cama de finas rebanadas de manzana y coronado con el foie gras, unas gotas de vinagre balsámico y aceite de oliva; todo-frío-y-exquisito. La carta esta enfocada a gustos algo sofisticados: «Red caviar», «Sevruga caviar» y para bolsillos más holgados «Beluga…». Tiempo para que al estilo español; mude de lugar para seguir disfrutando. Después de caminar por el costado norte del parque St. Stephen´s Green, según las indicaciones que me habían dado, seguí caminando por un buen trecho no sin antes, como es mi costumbre, perderme por algunos instantes hasta llegar a la puerta del famoso restaurante francés multi recomendado; L’Ecrivain. Para mi mala fortuna olvidé que estaba en Europa y que a las 2:45 estaba cerrado. Con un: I´am soo sorry, tuve que regresar al hotel para hacer tiempo y descansar un poco hasta que el reloj marcara las 6:00 de la tarde.

(continuará)

Burdeos 2007, por las nubes

Qué sería de un aeropuerto moderno sin sus tiendas «duty free», sin sus pasillos repletos de gente sin rumbo, sin asiáticos comprando vino caro y tomando fotografías por todos lados, sin el carrito de golf por los pasillos con la señora gorda desbordándose, sin sus vuelos cancelados o retrasados… Si conoces un aeropuerto sin estas características, no es un verdadero aeropuerto, y si lo conoces, ya conociste todos. Hoy, los más importantes han perdido poco a poco su identidad.

Los ascensos de clase económica a business class forman parte de las nuevas políticas en las tan decaídas aerolíneas. Un golpe de suerte hizo que mi rechoncha figura viajara cómodamente en business class desde México a Frankfurt sin desembolsar un quinto, disfrutando de las comodidades y del champán, así como un riesling troken muy floral y limpio que más tarde encontraría a la venta en el aeropuerto. Se trata de un Franconia riesling Burgüerspitale troken 2008, cuyo precio me sorprendió aún más: 9 €. Al haber tenido tan reposado viaje y tiempo libre de sobra en el aeropuerto, busqué con optimismo algún vino alemán que valiera la pena para llevar y disfrutar en el cuarto de hotel, en Dublín. Para que de regreso; ya sea que comprara las mismas botellas o cambiara por otras mejores, debido a la escala de regreso en la misma ciudad alemana. La primera tienda grande me atrajo como la presa al sabueso.
Al igual que todas las tiendas «Duty Free» de tamaño familiar; tiene su sección de perfumes, aparatos electrónicos, accesorios de piel… pero lo que buscaba estaba más cerca de lo que pensé. A un lado del pasillo estaban las botellas de vino, muy bien formaditas, iluminadas y rodeadas por asiáticos cual enjambre en un prado lleno de flores. Me hizo gracia una japonesa colocándose una botella de Faustino V a unos centímetros de su sonriente rostro para que su pareja perpetuara la imagen con su moderna cámara digital de última generación. Nunca me imaginé que en Japón fuera un vino de culto.

Los precios de la mayoría de los Burdeos son de verdadero escándalo. Después de sorprenderme por lo que piden por la añada 2007, los pronósticos para la 2009 parecen una escalada brutal a precios impagables. Margaux 2007, 495 €. Lafite misma añada 499 €. Del otro lado del anaquel encontré lo que buscaba. Vino alemán a precios comedidos.

                    Los alemanes…

De entre una veintena de ellos, escogí un Krebs Crode 2008 Spätburgunder Spätlese, Rotwein Troken. Ojalá que su copioso y kilométrico nombre hubiera sido directamente proporcional a su contenido. Un vino desconcertante: nariz a barro, notas de grosella y algo de naranja. Boca diluida sin acidez, tan diluido que parecía que le habían agregado agua. La otra botella de la misma marca y añada fue un riesling troken Gutsabfüllung. Vino floral, cítrico de boca refrescante con excelente acidez, pero tampoco para repetir. De regreso a la tienda he metido a la canasta un par de estilizadas botellas; ambas repletas de medallas y reconocimientos, cosa que me hizo dudar. Anselmann Trockenbeerenauslese Ortega 2005, y un Anselmann Eiswein Riesling 2008. Me llamó poderosamente la atención la uva Ortega, un nombre en concordancia con una región de Castilla y León, más que de un vino alemán Trockenbeerenauslese. Hasta aquí mis variopintas experiencias en el aeropuerto.

Confieso haber caído redondo ante la seducción de estas palabras, o mejor dicho de esta marca, producto finalmente de las habituales prácticas de mercadotecnia. Berry Bros. & Ruth impone, una tienda de más de trescientos años en el corazón de Londres, es una de las más prestigiadas. Un «claret» escogido por ellos debería ser, por lo menos, algo digno de beberse en un festejo… Grandes espectativas, pero pocos resultados… empecemos por el principio.
Inicié la tarde de este día del padre con un Spätlese de poca estirpe, pero muy resultón. Machmer Weingut 2006er ¿les dice algo…? un gewürztraminer tirando al anonimato, no se trata de ningún tan famoso Dr. distinguido en otras regiones. Color oro joven… por aquello de oro viejo. Ya que me pareció entre oro y pajizo. Aromas intensos a melocotón, toronja roja, notas de miel y flores, con un final cítrico a cáscara de naranja. Lo más importante es que satisfizo a todos los paladares femeninos. Y para mí, lo que apunté al principio, un Gewürtztraminer resultón. Bebible y accesible, cuando lo podía encontrar en los anaqueles de Superama, aunque hace mucho que ya no lo veo.

El otro, el Claret es un vinito con una nariz bastante confusa entre los burdeos de medio pelo actuales, podría confundirse con algún: chileno, californiano (de las dos Californias), italiano, español o qué sé yo… chocolate amargo, lavanda y pimiento. En boca es de taninos mullidos y de acidez justa. No le veo por ningún lado lo «extra ordinary» al menos que en castellano tenga otra acepción. Tan comercial como lo que se ha convertido este Día. Tanto las madres como los padres tenemos dos de los días más socorridos para las compras y las salidas a comer a restaurantes hasta el tope de incautos. Pero tratándose del día del padre, y habiendo deshechado del inventario este claret, ha merecido la pena el «grandísimo» sacrificio. Lo peor en estos casos es haber cargado la mercancía de tan lejos con tan probres resultados.

Albergando nuevas esperanzas de encontrar algunas cosas interesantes en Frankfurt, que aunque estaré un par de horas para la conexión de otro vuelo, sé que en Alemania debe haber cosas buenas en el aeropuerto, sobre todo tratándose de uno tan concurrido. Mi objetivo: los troken, y uno que otro Mosela dulce, de calidad probada.

Claret Extra Ordinary???

No acababan de despedir a Saramago cuando anunciaban la muerte de Carlos Monsiváis, ayer, a medio día. Como bien apuntaban en un periódico: la «Conciencia de México». Quienes conocimos a Monsiváis, no en persona, pero sí por lo que escribió, sabemos de quien se trata, y lo que hemos perdido, pero como dijo alguien hoy por la mañana; que triste que lo hayamos perdido, pero que afortunados de haberlo tenido. Deja un legado vasto, y como casi siempre sucede habrá quien empiece a leerlo: Yo ya empecé, aunque falta mucho camino por recorrer. QEPD

Sorbete de mandarina y unas gotas sobrantes de Clos de La Barre 2006, a media luz...

Mi primer encuentro con Saramago fue; Ensayo sobre la ceguera, en su quinta edición, noviembre de 2000. Una novela que revela de manera cruda las inmundicias y la miseria humana. La mujer de las gafas, la esposa del doctor, el doctor… no existen nombres y las mayúsculas después de las comas dejan entrever las pausas, como si no le gustara poner puntos. El hombre duplicado es la otra novela que he leído del Nobel de Literatura 1998. Casualmente estoy por terminar Caín, cuando ayer me enteraba de su muerte. Hombre de Izquierda, siempre coherente con sus principios y leal a muchas causas alrededor del mundo, recuerdo haberlo visto por México, apoyando aunque sólo fuera en el discurso la causa del «Subcomandante Marcos». Su obra El Evangelio según Jesucristo fue duramente criticada en varios países incluido Portugal, al punto del auto exilio. Descanse en Paz.

El calor ha disminuido con las primeras tormentas, así que escogí un tinto. Habiendo más de una botella del fenomenal Monopole de Jadot Volnay, Clos de la Barre 2006…no lo pensé más y la saqué de su corto letargo. El 99 me dejó sorprendido, sin duda uno de los mejores que he probado. Sospeché que cuatro años no serían suficientes para disfrutarlo en su plenitud, pero quise correr el riesgo. Abrir Borgoñitas jóvenes no es tampoco una mala experiencia. La verdad es que estaba delicioso, se nota su juventud, pero está bebible y yo diría que disfrutable. Acidez firme, fruta a raudales, eso sí, de la buena, sin maquillajes defraudadores, se empiezan a percibir notas lejanas de tabaco rubio, con equilibrio y gran clase. La siguiente botella tendrá que esperar por lo menos cinco años. Maridó muy bien con un filete en salsa de camarones y mejillones, aunque pudiera parecer que la salsa es de sabor fuerte y textura cremosa, a mi me pareció muy delicada. Exquisita. Rematado con un sorbete de mandarina y un exprés.
Gran vino en su proceso de maduración, para despedir a Saramago. El domingo habrá que descorchar algo bueno, para disfrutar y celebrar el día del padre. Merecido o no, ya está decidido.

Les dejo con una frase de Saramago:

«Nuestra única defensa contra la muerte es el amor»

Casa Madero 2V, 2008

Los calores siguen atormentando a gran parte de los habitantes de México y sus alrededores, no acaba de entrar plenamente la temporada de lluvias, a pesar del puñadito de tormentas que han caído en la última semana. Lo que ha llegado y de manera estruendosa es el Mundial de Futbol. La gente no habla de otra cosa. En muchos centros de trabajo colocaron pantallas, para que los hacendosos empleados pudieran disfrutar del partido inaugural. Ante tal enajenación colectiva, confieso sentirme liberado del yugo de la esclavitud que muchos fanáticos compatriotas padecen al profesar este deporte. Miran el reloj cada cinco segundos, para ver cuanto falta para que empiece el siguiente partido, compran sombreros, paliacates, se pintan la cara, tricolor… Yo.Teniendo en casa a una gran aficionada, me gustaría por un momento sentir algo por el futbol, para poder platicar y experimentar lo que viven los verdaderos aficionados. Ya que por otro lado el fanatismo en todas las disciplinas, rompe con el orden y embrutece los ánimos. Como cuando algún grupo de seudo aficionados acuden al monumento de la Victoria Alada, mal llamado «Ángel de la Independencia» para destruir todo lo que encuentran a su paso, y lo mismo les da un empate o una raquítica victoria.

Para no alejarme mucho del tema que me ocupa en este blog, les diré que me sorprende el gran interés que ha desatado entre propios y extraños, los vinos de Sudáfrica. Y como mi padre decía: «Piensa mal y acertarás», así que es muy probable el incremento del precio en estos vinos de pinotage y cabernet sauvignon, entre otras variedades. Resultado de la fiebre mundialista.

Yo sigo con los blancos, hoy he probado un vino mexicano de Casa Madero. Los recuerdos que guardo del Chardonnay 2005 son muy gratos, uno de los mejores mexicanos de esta variedad. Así que compré y guardé con mucho entusiasmo el Casa Madero 2V 2008, haciendo alusión a las dos variedades que lo componen, o que lo descomponen según los gustos de cada quien. Chardonnay y Chenin Blanc al 50%. Sí, ya sé que no suena muy ortodoxo pero de momento me llamó la atención. Se trata de un vino de alto octanaje, de los que al beber dos copas se empieza a nublar la vista y la garganta se calienta. Vodka en las rocas con un chorrito de limón, en este caso manzana verde, jugo de manzana verde. 13,5 hoy en día no parece asustar a nadie, aunque se trate de un vino blanco. Lo que sucede es que cuando no se integra, resalta como un vestido rojo en un desfile de modas. Le falta acidez y armonía. Mi esposa y yo, no pudimos acabar con la botella. Advierto que si tengo algún error en los datos técnicos es porque he perdido la servilleta donde los apunté, y en la página de la bodega no encontré el vino, ha sido todo de memoria. Así las cosas, mañana será otro día y tal vez esté de ánimos para descorchar algo más ligero pero con más definición y estructura… han adivinado, si pensaron en algún Riesling del Mosela. A mis amigos futboleros; ¡que sigan disfrutando el momento!.

Hugel y Trimbach, en sus espigadas botellas…

El calor sigue sofocando a los habitantes de la meseta central del valle de México, a pesar de algunas tímidas gotas de agua que han caído en los últimos días, anunciando el principio de la temporada de lluvias.
Debido a que Gabriel no preparó nada. Hoy, yo dirijo la Cata, aproveché la ocasión para descorchar seis blanquitos de primera calidad. El calor y los ánimos lo piden, así que busqué lo más interesante de los anaqueles de Palacio de Hierro y La Europea. La búsqueda no fue completamente al azar, Alsacia estaba en mi mente. Alsacia brilla como otras regiones francesas, siendo los blancos sus mejores exponentes. Trimbach y Hugel, garantizan satisfacciones y buenos momentos al degustar sus vinos, desde los básicos hasta sus cuveés más prestigiados…Así que empezamos con un Hugel Gewurztraminer 2007, para mí fue simplemente el mejor de la noche: fresco, aromático, espeso y contundente, una obra de arte, limpio, directo, muchas rosas, cítricos, guayaba y al final un deje a agua quina para rematar su salida. Compraré algunas botellitas para después. El Hugel Riesling 2006, tiene el característico aroma de la riesling en su juventud, mucho queroseno, con alguna fruta amarilla que no acaba de salir, en boca es mineral y abocado, excelente acidez y largo. El siguiente fue un Trimbach que nunca abrió, se trata del Pinot Blanc 2005. Bastante cerrado, con algunas notas lejanas a flores, en boca es rústico y con insinuaciones de flores secas y notas de pera. Habrá que darle otra oportunidad a este 2005. El Trimbach Riesling 2006, resultó más cerrado que el Hugel, con aromas a queroseno menos pronunciado y con una boca más mineral. Un cambio de 360 grados a Sancerre hizo evidente el carácter de los vinos en las dos regiones, marcando aún más la diferencia la uva savignon blanc en versión seco. Además de que existen otros productores cuyos vinos resultan más interesantes. Se trata de Pascal Jolivet 2007, evidentemente herbáceo y sin muchas concesiones, aromas a heno recien cortado y algunas notas calizas. Por último cerramos con un vino de Franconia, del sur de Alemania, rompiendo con ciertos parámetros empezando por la forma de la botella. Franconia Bacchus 2008, «esto es puro jugo de guanábana» alguien lo dijo, y todos estuvimos de acuerdo. Guanábana con sandía en sus expresiones más limpias, con un ligero toque amargo al final, un vino 100% f-r-u-t-a-l y fresco, para los peores días de calor.

Arrepintiéndose de sus pecados tintocéntricos…

Mi propósito era precisamente mostrar los extraordinarios resultados de la vinificación que se logran en algunas regiones y así revaluar los vinos blancos, ya que mucha gente los considera un peldaño abajo de los tintos, y creo que lo logré, al parecer esta vez han salido más que satisfechos, dispuestos a comprar algunas botellas para lo que resta de este calorcito tropical. Misión cumplida, sin llegar a los grandes vinos blancos, esos que envejecen durante décadas y ganan en complejidad como la mayoría de los grandes Borgoñas. Sin menoscabo de lo hoy descorchado, ya que muchos de ellos también evolucionan durante varios años con mucha dignidad.
Ante la contundencia de los hechos, hasta los más pintados en tinto, se han covertido a los blancos… por lo menos durante la cata de hoy, y lo que resta del calor en esta temporada.

¿La silueta será del sr. Reynaldo con su sombrero?

Hace unos días Felipe Calderón Hinojosa, presidente de los Estados Unidos Mexicanos, visitó Washington. Los comentarios no se hicieron esperar, aquí y allá en la capital norteamericana. No tanto por el mero hecho de la visita, sino porque pocas veces se habían visto tantas manifestaciones de afecto por parte del inquilino de la Casa Blanca en turno, al recibir al inquilino de Los Pinos. Hubo gran despliegue de reporteros, invitados especiales, desfile de soldados en los patios de la Casa Blanca, así como cañonazos, gran baile y un opulento banquete. Más allá del extravagante menú y de los vinos descorchados, todos californianos, que da cuenta Mr. Tyler Colman en su reconocido blog Dr. Vino. Me llamó la atención un «sombrerudo» que no tuvo la delicadeza de despojarse de su elegante y fino sombrero color negro durante el acontecimiento.
Entiendo muy bien que hay prendas que trascienden los buenos modales y las refinadas costumbres, y que además forman parte esencial de la personalidad. Como los llamativos lentes de Elton John o el guante plateado de Michael Jackson. Así que de momento pensé que se trataba de algún artista cuyo sombrero forma parte de sí mismo. Más adelante me percaté de que no se trataba de ningún artista famoso ni tampoco de un acaudalado petrolero texano. Su nombre Reynaldo Robledo, emigrante mexicano del estado de Michoacán, que llegó a los Estados Unidos hace más de tres décadas. Un hombre que hizo realidad el sueño americano a base de empeño y esfuerzo. Después de vendimiar en los viñedos californianos en calidad de ilegal, como mucha gente lo hace hasta el día de hoy (Mañana en Arizona, quien sabe). Ha gozado de fama y fortuna, dueño de su propia bodega, Robledo Family Winery. Una historia que pocas veces se repite; gente que ha luchado contracorriente y que nunca pierde las esperanzas.
Cuántos mexicanos siguen en los viñedos trabajando, haciendo las labores que pocos norteamericanos están dispuestos a desempeñar. Una pequeña parte de lo que descubrimos al descorchar una botella de vino californiano, es el esfuerzo de tantos mexicanos. Algunos, muy pocos, con más visión y espíritu empresarial alzan el vuelo, como el Sr. Robledo, otros muchos regresan a México con las manos vacías. Desde esa perspectiva, me trago mis palabras y reconozco públicamente, ante los dos lectores de este blog, que el sr. Reynaldo Robledo debe gozar de ciertos privilegios; como el hecho de cenar con el sombrero puesto, en el East Room de la Casa Blanca, rodeado de personajes famosos de la política y la sociedad. Siguiendo con el sombrero… yo tengo dos hipótesis, la primera es que se trata de un icono de la bodega (ver foto), y la otra, para alguien que le ha costado tanto trabajo llegar a donde llegó, pudiera entonces tratarse de un asunto de desconfianza… Qué tal si se lo roban en el guardarropa.

Queda en mi lista de pendientes probar sus vinos, que después de tanta propaganda gratuita, espero lleguen pronto a México, sino es que ya han llegado.

Foto extraída de robledofamilywinery.com

Hace poco he visto un bar de vinos cerrar sus puertas, o para quienes prefieren lo anglo y sentirse nice; un Wine Bar. Cerró por falta de clientes, no me cabe la menor duda. La mayoría de las veces que pasé por allí estaba vacío, incluyendo viernes y sábados por la noche, días que se supone habría más afluencia de bebedores y gente curiosa. Lo visité un par de ocasiones y la verdad dejaba mucho que desear. Un plato de quesos… Con rebanadas de queso amarillo. Sólo faltaba el pan Bimbo blanco. Como enófilo puedo imaginar cual sería para mí el-Wine-Bar-ideal. Tampoco quiero decir que cumpliendo con los diez puntos que señalo a continuación las ventas fluyan y llegue a ser un éxito, hay cuestiones de mercado que aquí no considero.

1.- Un buen estacionamiento con lugares suficientes para no tener la necesidad del dichoso «valet parking», fuente de tantos conflictos. Así como cajones donde se puedan abrir las puertas del coche sin necesidad de pegarle al vecino.

2.- Una sonrisa amable dándonos la bienvenida. Si es femenina mucho mejor.

3.- Decoración sobria alrededor de un tema relacionado con el vino. En México tenemos excelentes decoradores(as) de interiores.

4.- Mesas que no parezcan de juguete y sillas cómodas. Libre de humo de cigarro, puros o pipas. En la ciudad de México ya es una realidad.

5.- Una carta de vinos equilibrada, no muy extensa, pero con variantes que resulten sugerentes tanto para el conocedor como para el principiante. Además de una cuidada selección de doce vinos por copeo; interesantes y novedosos, rotando la mitad (6) cada semana por cosas nuevas.

6.- Menú: compacto, sabroso, buena materia prima. Botanas o tapas, cuatro o cinco variedades diferentes.

7.- Precios atractivos que la gente no salga con la idea de que fue asaltada. Precios por copeo en el rango de los $60 a los $260 (5 a 20 dólares). Aunque reconozco que hay ocasiones que ameritan salirse del rango… Recuerdo un Chateau D´Yquem 1990 de 50 dólares la copa. Yo creo que sí los vale.

8.- Copas transparentes de cristal delgado, adecuadas a cada tipo de vino, bien lavadas, secas, sin aromas raros y bien servidas.

9.- Camareros informados que puedan ayudar a quienes lo soliciten. Sin atosigar a los clientes con información no solicitada.

10.- Sanitarios (servicios) iluminados, ventilados y limpios con espacio suficiente y sin malos olores.

¿Alguna otra sugerencia…?