Bodega Monte Xanic (por alguna razón falta uno en la foto)

Fue hace muchos años cuando empecé a escuchar sobre esta bodega: Monte Xanic, «Xanic, del Cora nayarita, significa ‘la flor que nace después de la primera lluvia’. Con las lluvias de noviembre y diciembre, la vida florece en el Valle» (…) Una bodega que empezaba a destacar a principios de los noventa. Cómo olvidar aquel cabernet franc de etiqueta anaranjada que tantas tardes bebí con placer. Al igual que el chenin colombard con unos chiles en nogada… Después los tintos me empezaron a parecer tánicos, mucha madera nueva, era la tendencia. Ayer por la noche, y después de no hacerlo en mucho tiempo, probamos una buena muestra de esta bodega, y nos sorprendimos gratamente.

Empezamos con el Chenin colombard 2023 fermentado en acero inoxidable. Un vino limpio color amarillo pajizo, brillante y fluido. En nariz paja mojada, barro, piña caramelizada. Podría resumirlo como un vino abocado, sin perder el armazón de la acidez y que va muy bien con quesos poco curados y chiles en nogada. Para comprar una caja.

Calixa Chardonnay 2023. Amarillo verdoso, brillante. Huele a espino blanco, y una notita de durazno de fondo. Va de más a menos, acidez comedida, mineral y de final amargo. Repetible.

El tercero fue un tinto que gustó a todos. Se trata de Calixa 2023 vinificado con syrah, grenache y merlot. Rojo carmín, capa baja, huele a ciruela madura, tierra mojada y algo especiado a mejorana. Entrada potente, buen paso y final largo, tanino dulce. Muy agradable, para comprar media caja.

Calixa syrah 2023. Color picota capa media. Huele a moras, fruta negra, en boca tanino mullido, buena acidez, un vino redondo de trago largo. Para un par de botellas.

El último de la noche fue el Monte Xanic cabernet sauvignon 2022. Huele a cerezas en licor, con una notita química a acetona, hollejos. De alcohol alto, amargo, goloso, abigarrado. Quizás para la próxima decantarlo una hora antes no sea mala idea. Para darle otra oportunidad.

No quiero dejar pasar la oportunidad de felicitar a nuestro campeón senior, que hizo un papel muy destacado en el torneo mundial de natación en Singapur, donde ha quedado en los diez primeros lugares en las diferentes categorías, compitiendo con exolímpicos. Nos ha mostrado sus medallas por si quedaba alguna duda. ¡Carlos muchas felicidades! eres una persona muy disciplinada y tenaz.

Quinto de la noche: un poblano

Una noche con escasa audiencia, como pocas, no recuerdo que se juntaran sólo cinco miembros. Además había escogido algunos vinos que me parecía interesante contrastar. Sobre todo el último: un vino de Puebla, que a pesar de ser el primer lugar donde llegó la vid a México, no es muy común ver vinos de ese estado en los anaqueles, por lo menos no hasta ahora.

Empezamos con un blanco vinificado con chardonnay y chenin blanc. 2V de Casa Madero añada 2024. Color verde-amarillento pálido, brillante y fluido. Huele a piña y notas de mango; un vino tropical y atractivo en nariz. En boca es mineral y frutal, con buena acidez y paso por boca, con un final largo. Por sus 397 pesos vale la pena, para media caja.

Después nos fuimos a los tintos de esta misma bodega, en Parras Coahuila. 3V 2023. Un vino de precio medio muy popular en restaurantes. Vinificado con cabernet sauvignon, merlot y tempranillo. Granate con menisco rubí. Huele a cerezas en licor, fruta negra y notas de pastelería. En boca es potente de tanino rugoso, final largo y astringente. Con una decantación me parece que se limarían esos taninos que enmascaran el conjunto. Para repetir.

Casa Madero Merlot 2022. Para mí el mejor de la noche, un vino con una nariz muy característica de la merlot: pétalos de rosa con notas de ciruela roja madura, notas de madera de fondo. Bastante redondo en boca con un tanino casi dulce, buena acidez. Para media caja.

Cambiamos de bodega y de región. Santo Tomás Syrah 2022. El primer golpe es a vainilla, quizás provenga de la barrica. Sólo indica: roble francés. Va de más a menos tanino y acidez comedidos, nada que enamore, un vino correcto. Inmemorable con causa.

El esperadísimo vino poblano de más de 850 pesos, no ha hecho justicia por el pecio. Entreerres 2021. Con 12 meses de crianza en roble francés. Lo primero que llama la atención es su etiqueta arrugada, «papel mojado» bastante original. Color granate pálido, apagado, fluido y velado. Nariz especiada a pimienta negra y con notas de pimiento verde. En boca pasa sin dejar huella, quizás el error fue ponerlo al último, después de haber pasado un grupito de tintos bien armados de taninos. Pero ha servido para hacer planes para visitar las faldas del volcán Popocatépetl en busca de esas tierras arenosas donde se encuentra algún viñedo perdido al igual que en las cercanías de Atlixco, quizás encontremos algo interesante ¡Abur!

Italianos básicos, vinos de mesa sin añada

Italia y su inmensa cantidad de vinos, con sus más de 350 variedades autóctonas; sus más de 300 DOC (Denominazione di Origine Controllata) es un mundo insondable casi imposible de entender con profundidad, sumado a la moderada cantidad de vinos que llegaban a México, y que por fortuna desde hace algún tiempo, cada vez pueden verse más etiquetas en los anaqueles.

El viernes descorchamos cinco vinos que al principio no me había percatado de que no tenían añada, así que se trata de la base de la pirámide de la producción, vinos de mesa sin añada. En la etiqueta aparece la variedad de uva y los escasos grados de alcohol por volumen.

Empezamos con un Trebbiano Marche de Vinícola Decordi, con sus 11 grados de alcohol. Color amarillo pálido, brillante y fluido. Huele a lima. En boca es mineral, cítrico con recuerdos de toronja blanca. Un vino ligero quizás le falte acidez.

Pasamos al Bardolino. Color rubí con aromas a fruta roja, ciruela madura y notas de madera. Corto en boca. Un nivel diferente al que acostumbran vinificar hoy en día. Como si se tratara de una miniatura, sutil con acidez, tanino y alcohol al mismo nivel. Repetible.

Barbera D´Asti. Huele a cerezas en licor, tanino más presente de todos los vinos de la noche, buena acidez, final astringente. Repetible.

Sangiovese. Color cereza. Huele a chicle de tutifruti, un vino redondo en boca, frutal y sin excesos. Repetible.

Montepulciano D´Abruzo. Color picota, vino fluido y brillante. Fruta negra con un fondo de flores. En boca tiene buena acidez y tanino limado. Repetible.

En general son vinos que tienen buena relación calidad precio.

Vino Verde, un italiano y el resto de Somontano

Aveleda 2023 Vinho Verde con 9.5%. Acostumbrado a los vinos por arriba de los trece grados de alcohol, éste parece un vinito tipo «cooler» pero con cierto encanto. Color amarillo pálido con reflejos verdosos, huele a manzana verde. En boca es ligero con una acidez comedida y una sensación fresca que recuerda a la sidra. Por $290 no es descabellada su compra como para repetir.

Novantaceppi 2023 de Friuli, vinificado con pinot grigio, sin madera fermentado en tanques de acero inoxidable. La diferencia es notoria con el anterior. Pajizo brillante nariz a durazno, buena entrada en boca, acidez moderada y al final un apretón amargo, con recuerdos de agua quina. Para comprar media caja.

Montesierra 2023. Este somontano de $200 cumple con creces mis expectativas. Primer golpe a madera usada, algo de fruta negra y humo. En boca tiene buen paso, redondo y con un final largo.

Enate 2019. Sus 15 grados de alcohol son contundentes, le falta integrarse al conjunto. Huele a cerezas en licor, y una nota especiada a pimienta negra. Para repetir.

Laus 2020. Vinificado con merlot y cabernet sauvignon. Un vino que ha pasado sin nada destacable, todo en su sitio pero sin enamorar. Alcohol, tanino y acidez en equilibrio, aunque el final es amargo. Repetible.

A pesar de lo menguado de mi sentido del olfato, que ya de por sí es normal, hay que agregar el humo de las quemazones en la ciudad que irritan la nariz y los ojos. Creo que a pesar de todo lo dicho, pudimos disfrutar de los vinos de esta noche.

Cata 270

Empezamos con un chardonnay de la bodega Errazuris, Panul Gran Reserva 2021. Amarillo verdoso brillante y fluido. Tiene una nariz herbácea al principio, después da un poco de piña, al darle vueltas a la copa: aromas a espino blanco, níspero, membrillo. En boca tiene buena acidez con algo de críticos, de final largo y un poco amargo. Para media caja.

Don Nicanor 2022, de la bodega Nieto Senetiner. Vinificado con cabernet sauvignon. Huele a ciruela roja madura, piedra de río y algo de pimienta blanca. En boca tiene un ligero cosquilleo, acidez comedida, tanino presente y final amargo.

Gran Coronas 2019, este vino del Penedés el primer golpe es humo, moras. Buen paso de boca y final áspero. Un poco desequilibrado, quizás falte vidrio o decantarlo media hora antes del servicio.

Marqués de Vitoria 2021 100% tempranillo y 14,5 de alcohol bien integrado. Nariz juguetona con un fondo floral, grosella y en boca abigarrado. Para media caja.

Porta 2021 también es un 100% tempranillo de bodegas del mismo nombre. Huele a pastel de frutas, fruta negra, de acidez comedida y tanino rugoso, bien integrado el alcohol. Repetible.

Bosconia 1964

Publicado: 1 abril, 2025 en Bodegas, Vino y amigos
Etiquetas:

Bosconia cosecha de 1964

Hay vinos que guardamos por mucho tiempo, y guardamos no sólo la botella sino recuerdos gratos asociados a una añada, o a quien generosamente nos la ha regalado, o a momentos inolvidables y a veces todo lo anterior junto. En este caso recibí esta botella de manos de la dueña de la bodega, María José López Heredia. Corría el año de 2005, hace casi veinte años, fui solo a España a un congreso de Verema en Talavera de la Reina, provincia de Toledo. Un gran encuentro de aficionados en la casa Osborne, con viñedos que se extendían hasta el horizonte, donde llegaba nuestra vista, más de 700 hectáreas. Después recorrí los viñedos del sur de Portugal con mi amigo Antoliano, un extremeño de espíritu generoso, amable, de buen corazón y amante de todo lo que tiene que ver con el vino. Para finalmente tirar al norte durmiendo en Salamanca, para llegar al otro día a Haro en Rioja. Visitas interesantes a dos bodegas, por falta de tiempo. En López Heredia fui recibido por María José que me dio la bienvenida con lo brazos abiertos, como nadie me había recibido antes en una bodega. Por si fuera poco era su cumpleaños y descorchó un Bosconia 1968. Al preguntarle por el precio de un Bosconia 1964, nunca me imaginé que me traería un Tondonia y un Bosconia de regalo, ambas añada 64. Un día inolvidable que espero tener la oportunidad de contarles a mis nietos.

Guardada desde el 2 de octubre de 2005 en mi cava, dormía plácidamente en un rincón hasta que la saqué de su letargo, empolvada y con signos de humedad en la etiqueta. Nada mejor que compartirla con alguien que reconoce el buen vino, lo disfruta y lo comenta, pero sobre todo con un gran amigo.

A pesar de usar el descorchador de laminillas y el sello del lacre de la botella, sesenta años son muchos años. Sumado a mi poca paciencia no pude concluir la maniobra sin que acabara un trozo de corcho dentro de la botella. Así que pedí un decantador, y abrió de manera magistral. Bosconia es quizás el vino que más he descorchado y disfrutado, mi experiencia con añadas viejas ha sido abundante gracias a la camaradería de muchos amigos en España, que han compartido generosamente este extraordinario vino clásico, en distintas añadas, todas bastante remotas en el tiempo sesentas y setentas.

De color marrón con reflejos ocres y ribete amarillo oro, ese amarillo de los amontillados viejos. Vino espeso y velado con pocos sedimentos para su edad. El primer golpe viene con algunas notas de reducción, después frutos secos, tierra mojada y ciruela pasa, aromas balsámicos. Lo más impresionante fue que sin estar completamente cerrado fue abriendo de menos a más con un conjunto discreto de aromas de reducción que iban desvelando en boca fruta roja en sazón, champiñón, pasas, orejones de manzana y un final largo. Una delicia que hubiera preferido una botella magnum para seguir disfrutándolo a cada trago. Mi amigo quedó impresionado no sólo de la longevidad del vino sino de la profundidad que ha ganado en estos veinte años, con una buena guarda. Algo que cada vez perdemos más: la paciencia para poder disfrutar del regalo de una excelente hechura y el paso del tiempo.

El lugar donde lo descorchamos, un restaurante de comida española, La Boquería de este lado del charco. Nada mejor para acompañar semejante vino. Y aunque el pulpo estaba un poco duro, tenía muy buen sabor, con sus patatas y su pimentón. Una tarde redonda homenajeando a este gran vino, comida exquisita y una amena charla.

Le Creete 2022 , blanco vinficado con sangiovese

Revisando mis apuntes, que muchas veces son notas en el teléfono, otras en una servilleta arrugada, me he percatado que hay una tendencia a los tintos, pero que también hay blancos en la lista, y los consumo cada vez más, algunos son muy apreciados. Empezaré con un blanco italiano regalo de un amigo Le Greete Lugana 2022, por desgracia y como suele suceder la información en la contraetiqueta es escasa y sin trascendencia: 13% de alcohol y los datos del importador. Me he puesto investigar para saber algo más en internet: Bodega Ottella, vinificado 100% sangiovese, así que sin duda tuvo una maceración comedida que en este caso son tres semanas, que ya no me parece tan comedida para conservar ese color, que si bien no es rosado, tampoco es de un amarillo pálido. Un blanco envejecido en hormigón (tanques de concreto) seis meses para después ser embotellado. Con 14,5% de alcohol muy bien integrado. Un vino tropical con notas exuberantes a guanábana y pera, buena estructura y algo de azúcar residual de manera casi imperceptible, de final largo… muy refrescante y de buen paso por boca, con una excelente acidez que recuerda a la toronja blanca.

Otro regalo. Enviado por mi comadre para que maridara la comida esa tarde con mi compadre, que por cierto me pidió mi opinión de este vino coahuilense. Nada menos que una de las bodegas consentidas de mi repertorio de vinos mexicanos. La etiqueta anaranjada es una de mis elecciones preferidas hablando de un buen ejemplo de tempranillo desde este lado del charco, ya que sabemos de sobra que en la península ibérica se dan muy buenas cositas. En este caso se trata de un cabernet sauvignon añada 2020. Un vino muy frutal y con armazón de sobra. Primer golpe a ciruela en sazón sin sobre maduraciones, hollejos, fruta negra, y una nota especiada al final de pimienta blanca. Redondo, tanino limado y quizás el final corto. Para comprar media caja.

Desde aquí mi agradecimiento por esta botella.

De Francia a Chile pasando por España y México

En esta ocasión Francisco llevó los vinos, una selección bajo su criterio de lo mejor que ha probado últimamente. Empezamos con un blanco genérico de Burdeos. Les Légendes 2022 de Rothschild, un vino con 12,0 grados a la vieja usanza. Color amarillo pajizo con destellos verdosos, brillante y fluido. Huele a guanábana y notas de pera. En boca tiene una excelente acidez cítrica; toronja blanca a medio paso amarga, dándole un final de agua quina. Para media caja, con esto de que ya empieza el calor.

Calixa 2021 cabernet sauvignon y syrah con 13,8% de alcohol. Color rubí capa media. El primer golpe es a madera vieja, moras, al moverlo fósforo y cuero, al dejarlo un rato más en la copa da algunas notas de tamarindo. Acidez comedida y final largo. Repetible.

Don Leo 2023, del Valle de Parras en Coahuila, pinot noir 100% con 13,8%. Un pinot atípico empezando por el alcohol. Color rubí de capa baja. Huele a maple y grosella, acidez baja y tanino dulce. Le falta nervio y estructura. Inmemorable con causa.

Luis Cañas Reserva 2017. Un riojanito color carmín, al principio huele levemente a brett, el aire hace su trabajo, ciruela negra, buen paso y final rugoso. Repetible, aunque sería buena idea decantarlo para la próxima botella.

Cabo de Hornos 2020 cabernet sauvignon 100%, 14% y $1300. Color tinta negra, ribete carmín. Huele a moras, pastelería y notas de ciruela negra madura. En boca es de entrada amplia, va de más a menos con un final largo. Frutal y jugoso. Me ha gustado más que las últimas añadas, sin ahogarlo en madera han conseguido algo de equilibrio, el exceso de madera es el defecto de las ultimas botellas descorchadas. El cambio de etiqueta no me ha gustado del todo, prefiero la anterior, me parece más sobria. Todo indica que 2013 fue el último año que salió con esa etiqueta, yo ni enterado, al verlo pensé que se trataba de alguna variante del vino quizás otra mezcla, pero es el mismo.

Etiqueta anterior

Vinos de 12 dólares promedio

En ocasiones las cosas salen mucho mejor de lo que se esperan. El estigma del precio ronda nuestras cabecitas cuando caminamos por los pasillos revisando los anaqueles de la sección de vinos. En esta ocasión escogí cinco cuyo precio promedio fue de $257 unos 12 dólares americanos. Para mi sorpresa han gustado mucho, incluido a un servidor. Empezando con dos blanquitos chilenos de muy buena hechura.

Carmen 2022 vinificado con savignon blanc de la región de Casa Blanca. Durante la cata señalé que esta región se ubicaba al norte de Chile. Aclarando uno de los miembros de catadores, Jorge de nacionalidad chilena, que no se trataba del norte. Y tiene razón, no podemos considerar el norte en términos absolutos. Si bien es cierto que Casa Blanca no colinda con Perú (punto más septentrional) tampoco podemos hablar del sur de Chile, si sólo consideramos las regiones vitivinícolas. Revisando The Oxford Companion of Wine (tercera edición) página 164. Hablando de regiones productoras de vino chileno en la punta norte estaría Aconcagua y enseguida poco más al sur, la región de Casa Blanca, al noroeste de Santiago. Hablamos de un trayecto de menos de 180 km en línea recta. Es decir sin estar al norte de Chile (frontera con Perú), Casa Blanca podríamos considerarla de las regiones norteñas. Aclarado este punto, se trata de una región propicia para uvas blancas. Este vino presenta un bonito color amarillo pajizo, brillante y fluido. Huele a espino blanco y mandarina, en boca se siente un cosquilleo, de excelente acidez con notas de toronja blanca. Un vino que por 279 pesos, 13 dólares, tiene una muy buena relación calidad-precio.

El segundo blanco Carmen Premier 2022, de la misma bodega. Huele a cera de abeja, piel de naranja y durazno. En boca es cítrico también con notas de toronja, aunque sin la acidez del anterior.

Smoked 2021 de bodegas Doña Paula. Huele a chocolate amargo y cerezas. En boca es redondo, quizás destaca un poco el alcohol a pesar de sus 13 grados por volumen, nada exagerados para nuestros días. Con 12 meses de crianza en roble francés, bien integrado. Para 6 botellas.

Estancia Mendoza 2019. Una rara mezcla de malbec y cabernet franc. Huele a cerezas en licor, y una notita de fósforo que distrae un poco, aunque el aire hace su trabajo y se limpia después de unos minutos. Excelente acidez y de final astringente. Repetible.

20 Malbec 2020. Fácilmente confundible con la añada. Zarzamora y al mover la copa da fruta en mermelada, va de más a menos con un final diluido. Fácilmente olvidable. Quizás el más flojito de la noche.

Así terminamos la primera cata del año, poco concurrida, con tres ausencias.

Vertical de Marqués de Murrieta del 2012 al 2017

Este año cumplimos 26 años de reunirnos a compartir el vino. Organizamos la tan sonada vertical que se pospuso durante tanto tiempo, por fin, llegó la fecha; una vertical de Marqués de Murrieta del año 2012 al 2017. Manteles largos y un bufé de pavo al vino blanco, hongo portobello y pasta María acompañada de una deliciosa ensalada. Todo enmarcado en un ambiente de camaradería.

Marqués de Murrieta es una bodega que se autodenomina como la primera en elaborar vino en Rioja. Título que de entrada suena un poco chocante, y si nos vamos a la Antigüedad, cuando los romanos ocupaban estos suelos, podríamos llegar a otras conclusiones.

Empezamos en orden ascendente por el 2012, se trata de un vino con 14 grados de alcohol por volumen, la verdad no se le notan, bastante integrado, y como se puede ver por su color, el tiempo a limado esos antocianos y esos taninos, dando reflejos teja, de capa baja y poca astringencia. Huele a ciruela roja en sazón, así como notas terciarias de piel de Rusia. Hay una característica que se puede sentir en todos los vinos que catamos, una acidez muy refinada, que le da armazón al conjunto.

El 2013 es color rubí de capa baja, brillante y fluido, con aromas intensos a zarzamora y notas balsámicas. Un vino redondo y elegante de tanino firme a pesar de sus once añitos.

El 2014 tiene aromas a maple muy intensos, apenas se descorcha, envuelve el ambiente, de color rubí un poco más intenso que el anterior. Notas de pastel de frutas. Este vino tiene un tanino dulce, algo que llama la atención sin poder encontrar la razón, su grado de alcohol es de 14 igual que el primero.

El 2015 es muy parecido al anterior, tanto en su color como en sus aromas, la fruta se hace más presente a medida que nos acercamos a los vinos más recientes. Tiene todo para seducir, acidez, tanino y alcohol muy bien integrados.

El 2016 huele a regaliz, el más expresivo de los seis, redondo de tanino más presente.

El 2017 es el más vivaracho como era de esperarse. Me gustaría tener tener el paladar y el olfato de mr. Michael Broadbent o el de Hugh Johnson, que desmenuzan a fondo los vinos, sobre todo en estas ocasiones en las que se puede degustar una vertical, pero mis alcances son muy limitados. Puedo decir que todos los vinos tienen el sello de la casa; han resultado muy elegantes y de una acidez exquisita. No se puede ver con los mismos ojos a esta bodega después de esta vertical.

Para brindar se descorcharon dos botellas de champagne de la misma casa: Conard -Duchéne 2012 de botella panzona, y una 2014 más estilizada. La primera, ya tiene indicios de cansancio, la burbuja grande y no muy persistente. Aromas a manzana asada de color amarillo dorado y falto de acidez. La 2012 más fresca con recuerdos cítricos y de burbuja más fina, acidez y notas de gis.

Bastante más fresca que la primera.