
Savigny-les-Beaune 1er Cru 2009
Más allá de los Joseph Drouhin, Louis Jadot y el pasteurizado Louis Latour, pocos son mis encuentros con otros borgoñas. Recuerdo y recordaré por siempre aquel enorme y glorioso Romanée St. Vivant 1994. Pero todavía hay un número infinito en la lista que debo probar antes de llegar a la tumba con el alma tranquila. En esa búsqueda me hice de esta botella, una menos, se trata de un 1er Cru cuya apelación de origen es Les Marconnets situado en la famosa Cote d´Or, al sudeste del pueblo del mismo nombre, justo cruzando la planicie debajo de las lomas del sur de Corton.
Savigny-les-Baune 1er Cru de Simon Bize & Fils 2009. Reconozco que ha sido un atrevimiento descorchar esta botella en su plena infancia, la impaciencia cobra su precio. Un vino con mucha fruta negra; ciruela, cereza… toques de humo y notas herbáceas, en boca es potente de excelente acidez, se le nota el tanino, le falta vidrio para amalgamar todo el ímpetu que desborda, es como un potro que brinca y corre por todos lados. Aún así con una buena decantación de una hora está bebible, aunque cinco años más podrían convertirlo en algo más memorable. Mi idea de los borgoñas va más hacia la madurez, para vinos jóvenes ya hay muchos en los estantes de las tiendas de autoservicio y también en tiendas especializadas. Habrá quien piense que un vino con tres años llega a la madurez, tal vez un Concha y Toro pero no un buen borgoña.


Hablar de vinos por debajo de los 220 pesos no sería tan inhabitual sino se tratara de vinos franceses. Y es que siempre han gozado de prestigio, buena fama y altos precios, que muchas veces no se cumple ni una sola premisa de las tres anteriores. Me pareció interesante probar suerte con seis vinos seleccionados en La Europea.
A veces me pregunto: ¿Por qué sigo comprando vinos mexicanos…? Y es que del universo de etiquetas que rondan por los anaqueles, pocos, muy pocos merecen la pena. Sobre todo si nos ponemos escrupulosos en el precio. A pesar de todo caigo y cada vez que veo nuevas etiquetas las echo al carrito.
Después de una semana de haber puesto a trabajar mi hígado y mis riñones no ha caído algo que valga la pena comentar. Hasta el día de hoy. Y esto me lleva a una añeja reflexión: ¿Qué está pasando con el grado de alcohol en el vino…? cada vez me encuentro en las etiquetas alcoholes arriba de los 13,5 aunque en algunos no sea tan evidente cuando está bien integrado, en otros podría ponerme en la calle como tragafuegos.
Por primera vez desde su padecimiento y su larga convalecencia Carlos llegó a la cata, un poco atrasado pero de buen ánimo. A mi me falta poco más de una semana para poner a trabajar mi hígado y mis riñones. Tiene que ser por una buena causa, así que desde ahora estoy pensando en abrir algo especial. Tal vez un buen blanco por aquello de los calores que empiezan a apretar.
La historia se repite, después del escándalo de botellas falsas que llevó a su autor a la corte en el 2006, si la memoria no me falla. Escándalo protagonizado por Hardy Rodenstock, ex-publicita y promotor musical cuya ambición lo llevó a vender por varios miles de dólares botellas de formatos raros y de añadas muy viejas, que al final resultó un fraude, y cuya historia novelesca se llevó al libro
Saborizantes artificiales, es así como se conocen a las sustancias que se agregan a ciertos alimentos durante su fabricación, para imitar algunos sabores. Es común encontrarlos en la mayoría de los alimentos procesados, así como también se encuentran algunos colorantes y conservadores. Lo que más me sorprende, como podrá sorprender a los enófilos más romanticones y hasta los más realistas, a pesar de que es ilegal en la mayoría de los países productores, se utilizan saborizantes para el vino. Existen dos clases: saborizantes idénticos a los naturales *(nature-identical flavorings) y los saborizantes artificiales, muy fáciles estos últimos de detectar. Afirman que es difícil de percibir los primeros que pueden producir sabores característicos de variedades nobles como la cabernet sauvignon y la savignon blanc. Detectados únicamente mediante análisis clínicos, aun en pequeñísimas cantidades. Su concentración hace posible que sean efectivas en porcentajes del 0.001* El más común de estos saborizantes es la esencia de roble.
Sabía que en este mes el blog cumpliría tres años, pero al revisar 
