¿Bueno y poco…?

Publicado: 15 septiembre, 2012 en Reflexiones
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Ahora que soy abstemio sin alternativas por corta temporada, ya que los dos últimos ataques de gota han hecho sus estragos, es tiempo de reflexionar y hacer un alto en el camino. Lo primero que me pregunto es ¿Cuántos vinos han pasado por mis sentidos sin dejar huella…? Vinos que no merece la pena haberlos comprado y mucho menos probado. Ya sé que para muchos es parte de la exploración hedonista, pero no deja de ser causa de que al final ese ácido úrico se acumule y ya no pueda salir. Para quienes tenemos la desgracia de no metabolizar lo que se tenga que metabolizar. El caso es de que hoy prefiero haber bebido más de Alsacia, de Borgoña de los buenos burdeos, de los clásicos riojas… y dejar un poco los Concha y Toro…

También percibo dentro de esta supuesta moda de beber vino, y sobre todo comprar botellas estilizadas de bonitas etiquetas, que luzcan en la mesa y cuyo brebaje a veces es más oscuro que una cueva, la intención de manifestar a toda costa el estatus social y si a esto sumamos los más de 14 grados de alcohol que acostumbran los productores a depositar dentro de sus botellas, se cierra el ciclo… Muchos pensarán que ya no necesitan de bebidas espirituosas para ponerse a tono.

Hoy es 15 de septiembre y habrá muchos descorches. Yo no sé si descorcharé algo… si lo hago se los comento, si ha valido la pena, de otra forma para qué.

Foto extraída de banco de imágenes gratuitas

Post sin foto

Publicado: 4 septiembre, 2012 en Reflexiones, Vino
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Acostumbrados a las imágenes ya sean fotos, video y también sonido, nos parece incompleto algo que no vaya acompañado de estos elementos sensoriales. ¿Cuánto hemos invertido en mejores imágenes y video…? Más megas, más pixeles…no lo sé, pero trasladado al vino, desde que se sirve en la copa empezamos a descubrir su color, siempre que la luz lo permita, su fluidez o viscosidad, su aroma, y por último su textura en la lengua y su sabor.

Pero qué nos dice su color… ¿Qué tiene que ver una bonita copa? ¿Un moderno descorchador? ¿Un carísimo decantador? ¿Serán ya demasiados artilugios distractores? o ¿Tienen un lugar muy especial al momento de gozar una copa de vino? Son  inocentes preguntas que no tengo respuesta, estoy en un momento que no sé que es verdad y que es espejismo, debo separar el trigo de la paja.

El martes estaba escogiendo unos vinos, y de repente entra una señora pidiendo un cabernet sauvignon tinto. El encargado se queda callado. La señora pregunta ¿O hay de otros…? Sí, contesta el otro muy firme. También hay rosados. ¡Mira nada más…!

Y uno que trata de ir más a fondo. Saca la cámara… o mejor el micrófono.

La syrah está de moda…

Nada especial a pesar de cumplir 160 catas, aunque tampoco hay que hacer menos a la uva syrah, una variedad tan de moda que prácticamente todos los países la vinifican… Quizás Alemania y Austria no cuenten con el clima adecuado para estos experimentos. Si saben de algún vino desmiéntanme…

Entrando a la era verde, hemos estrenado manteles de cata plastificados para ahorrar árboles derribados. Creo que van a funcionar muy bien, era una pena tirar a la basura tantos manteles de papel inmaculado.

Quienes llegaron temprano pudieron probar un espumoso de categoría de refresco de sabor a cítricos de burbuja casi imperceptible. Brut Blanc de Blancs Viña Casa Blanca color amarillo pajizo con reflejos verdosos, calizo y cítrico, ligero y escurridizo, al final no queda más que un refresquito en la copa. Inmemorable con causa. Por cierto he olido la botella dos días después y me recordó los lagares en tiempos de fermentación, sin llegar a picar la nariz.

El primero de la noche fue un Solo Syrah 2006, de Marqués de Griñón. Piedra de río, arándanos bien maduritos y notas lejanas de albahaca. De final tánico y un poco amargo. No está mal.

Nerola 2004 con el 80% syrah y 20% monastrel. Una decepción; fugaz con aromas a jarabe para la tos, mermelada de frambuesa, a media boca se va, para no dejar ningún recuerdo.

Montes Alpha syrah 2007. Sus 14,5 grados de alcohol por momentos se asoman haciéndolo un vino pesado y torpe. Humo, fruta negra, nada que mueva a comprar otra.

El siguiente fue otro vino del Cono Sur; un Emiliana Syrah 2002, del viñedo de Cachapoal. Un vino que huele a madera vieja, canela y algo de fruta negra indefinida, un vino tirando a los clásicos, con excesiva acidez. Desenfocado.

De España a Chile y por último a Argentina. Salentein 2004 del Valle de Uco, con nada menos que 15 graditos de alcohol. Higos, zarzamora, pimienta negra, final tánico, sus alcoholes están bien integrados aunque no sé qué pasará con dos botellas adentro.

Por último un Luigi Bosca 2005. Recuerdo aquellos memorables chardonnay de principios de los noventa. Es un vino que al principio percibí algo de cartón mojado, pero después se limpia y abre con mucha fruta negra y pimienta, un vino de corte moderno que ha gustado a la mayoría. Frutal y potente. Repetible.

Anotando virtudes y defectos…

Como ya es costumbre me dispongo a reseñar la última cata del grupo más de tres semanas después. Poca asistencia debido al mes de julio cuando mucha gente sale de viaje, falta de manteles de cata, la ausencia de Sergio, nuestro auxiliar en la ejecución de la cata, cosa grave… Pero eso sí, con muchos ánimos. Fuimos siete, así que que tomé la difícil decisión de poner sólo cinco botellas en lugar de las seis de rigor.

Primer vino: un blanco ya conocido por el grupo: Hugel Riesling 2010. Amarillo con reflejos verdosos, huele a barro, a cítricos y una nota de queroseno. En boca es fresco, se confirman los cítricos de final levemente amargo que le da un toque de elegancia para rematar, estoy seguro de que no defrauda a nadie. Fue una noche de Riberas con excepción del primero, un Alsaciano de mis preferidos.

El primer tinto fue un Luz Millar 2004 color picota, aroma a torrefactos, albahaca, vainilla. En boca es carnoso, de buena acidez, frutal y con leves notas minerales de fondo.

El segundo, Luz Millar 2004, con la diferencia que éste tiene 12 meses en barrica a diferencia de los 15 meses del primero, además de sus 13 grados de alcohol en lugar de 14.5. Frambuesa, pimienta negra, en boca es potente al principio y al final se desvanece.

El tercero, Condado de Haza 2008 con una evidente nota de sulfuroso, después se limpia un poco para dar algo de fruta roja. En boca es corto, con un final plano. Inmemorable con causa. Algo le ha pasado en el camino.

Cuarto: Raíz de Guzmán 2009. Este vino tiene buena entrada, aunque tiene de todo no cautiva, algo desenfocado, hay quienes advirtieron alguna nota de químicos algo molesta y distractora. Un vino para el olvido.

Quinto: Páramo de Guzmán 2006. Mermelada de cerezas, frambuesa artificial, en boca es ligero y de final medio, buena astringencia y de acidez justa. Vinos estos dos últimos, traídos por Sergio.

Después de más de una semana me dispongo a narrar la última cata del grupo, por no dejar pasar más tiempo, la razón es que la ficha de cata no la envió monsieur René, quien organizó y llevó los vinos, además de hacer una amena presentación de los mitos sobre el vino y algunas cositas más. Dentro de los diferentes tipos de vino menciona «el gris…» mmm que alguien me aclare esto, porque nunca lo había escuchado. Pinot gris, es una variedad de uva que ha hecho famosos a estos blancos italianos, pero no creo que amerite una clasificación especial de color, como lo es el tinto, rosado y blanco… porque entonces cabría la posibilidad de agregar el vino verde también.

Los puntuales empezamos con un cava bastante agradable. Raventós i Blanc de Nit 2008, un cava color durazno (la parte amarilla de la cáscara) con reflejos salmón que delatan alguna uva tinta en su mezcla, precisamente se trata de la monastrell. Seco en boca, mucha tiza con algo de fruta indefinida y de final largo.

El primer vino fue un blanco, que a ojos cerrados me pareció un torrontés, aunque se trató de un Domaines Schulemberger Gewurtztraminer 2008. Muy floral en nariz, con algunas notas de azahar y durazno. En boca resulta abocado, con recuerdos de manzanas en almíbar y de acidez baja. Repetible.

Vinos de la 158…

Gigondas La Gille 2006, de Perrin & Fils. En seis años ha ganado un color rubí capa media un poco velado, huele a pimiento, que me hizo pensar en un cabernet al principio, caja de puros, ciruela, canela… En boca tiene un final diluido.

Arry´s Original 2007 del Valle de Mc Laren. Bonita nariz a fruta negra en sazón, en boca es áspero, de tanino muy presente que rompe con el equilibrio. Algo austero, le falta mucho vidrio.

Psi 2009, de la bodega Dominio de Pingus de donde proceden vinos de los más caros de España. Hablar de esta bodega y de Peter Sisseck, su enólogo, es lo mismo. Picota capa alta, un vino con mucho extracto, moras, expreso, con algunas notas animales. En boca es unidimensional de final corto, nada que pueda justificar su precio.

Montepulciano Farnese Riserva 2007. Amplio en boca, frutal con notas balsámicas y de final largo, taninos maduros. Repetible

Burmester 1996. Este último llamó la atención desde un principio, un oporto vintage color marrón atejado, ribete amarillo ocre, algo espeso, con una nariz alcohólica y dulce, «ajerezado», frutos secos, orejones, higos. Dulce en boca pero con una excelente acidez, con buena profundidad y largo. Repetible en una buena partida de dominó una tarde de invierno.

Así concluía esta cata, sin que pudiéramos tener alguna certeza de las elecciones. Todos a la expectativa.

Savigny-les-Beaune 1er Cru 2009

Más allá de los Joseph Drouhin, Louis Jadot y el pasteurizado Louis Latour, pocos son mis encuentros con otros borgoñas. Recuerdo y recordaré por siempre aquel enorme y glorioso Romanée St. Vivant 1994. Pero todavía hay un número infinito en la lista que debo probar antes de llegar a la tumba con el alma tranquila. En esa búsqueda me hice de esta botella, una menos, se trata de un 1er Cru cuya apelación de origen es Les Marconnets situado en la famosa Cote d´Or, al sudeste del pueblo del mismo nombre, justo cruzando la planicie debajo de las lomas del sur de Corton.

Savigny-les-Baune 1er Cru de Simon Bize & Fils 2009. Reconozco que ha sido un atrevimiento descorchar esta botella en su plena infancia, la impaciencia cobra su precio. Un vino con mucha fruta negra; ciruela, cereza… toques de humo y notas herbáceas, en boca es potente de excelente acidez, se le nota el tanino, le falta vidrio para amalgamar todo el ímpetu que desborda, es como un potro que brinca y corre por todos lados. Aún así con una buena decantación de una hora está bebible, aunque cinco años más podrían convertirlo en algo más memorable. Mi idea de los borgoñas va más hacia la madurez, para vinos jóvenes ya hay muchos en los estantes de las tiendas de autoservicio y también en tiendas especializadas. Habrá quien piense que un vino con tres años llega a la madurez, tal vez un Concha y Toro pero no un buen borgoña.

Gran Reserva 904

Publicado: 17 junio, 2012 en Vino
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Un vino redondo, amalgamado y profundo…

Otro día del padre para dejarse arrastrar por convencionalismos sociales que permiten que las economías respiren en un mundo en crisis, donde al final unos cuantos poderosos mueven los hilos para su propio beneficio. ¿O hay quienes lean este blog que todavía piensan que es obra del azar…?

El caso es que encuadró perfectamente un día lluvioso y bajando la temperatura sensiblemente de un calor sahariano a uno de selva tropical alta, o sea no mucho, pero sí lo suficiente para sacar un buen tinto. Un tinto que se destaca de muchos cientos, quizás miles de riojas de estilo moderno y sin personalidad. Rioja Alta S.A. una de mis bodegas preferidas. No sé de dónde salió pero la encontré en un botellero muy acostadita y con una fina capa de polvo. La comida no es la más apropiada para el vino, pero para mí no es tan importante, el objetivo era probarlo ya entrando a la madurez, sin dejar de reconocer que tiene mucho camino por delante. En uno de mis restaurantes favoritos de pizza, con un buen horno de leña le hemos dado trámite a la botella… Bueno casi toda, entre mi esposa y yo.

Gran Reserva 904, 1997. Quince años dejan apenas asomar la grandeza de este riojano de buena cuna. De color entrando a los matices ocre, presenta un marcado aroma a cuero y trufa. En boca es delicado y complejo, redondo y profundo, con una acidez que sólo los riojanos con casta llegan a alcanzar. En conjunto es seductor y muy bien amalgamado. Qué bueno que todavía pueda encontrar estos vinos en la tienda, y de vez en cuando uno en mi cava. No sólo para repetir sino para comprar una caja. Soñar no cuesta…

Vía Nova 2010, Valdeorras 100% mencía

Siempre he pensado que encontrar algún vino interesante en el super es algo cada vez más difícil, dentro del universo de la fermentación del mosto o jugo de uva, cada vez hay más marcas comerciales que producen vinos por millones de litros que varían poco de una región a otra, o de un cabernet a un shiraz, o de un merlot a un pinot noir. Todo bajo un gran velo de anonimato y aburridas semejanzas. Aunque tales reflexiones, añejas por cierto, no parecen tener mucha importancia, si es que alguna vez la tuvieron, a estas alturas donde nadie lee blogs, y mucho menos del producto fermentado de la vid. Parece apocalíptico pero es la realidad. Dense una vuelta y lo comprobarán.

Pero bueno. Una vez recobrada la insensatez vuelvo a lo del vino del super. Un vino barato, un vino importado por millares pero que a un servidor le gustó como para repetir. No sé si sea la ocasión. Es sábado y es tiempo de colgar todo lo que huela a trabajo para sacar una copa y servir el vino.

Se trata de un Valdeorras 100% mencía. Vía Nova 2010, en alusión a aquella famosa vía romana. Huele a fruta negra, zarzamora, refresco de cola, con un fondo mentolado muy sabroso. En boca es fresco, directo, sin complicaciones, con una excelente acidez y de tanino suave pero presente. De trago largo que permite ver transcurrir la tarde de este caluroso sábado de finales de primavera. Siempre lo sencillo es lo mejor… «less is more».

Franceses debajo de los $220 Hablar de vinos por debajo de los 220 pesos no sería tan inhabitual sino se tratara de vinos franceses. Y es que siempre han gozado de prestigio, buena fama y altos precios, que muchas veces no se cumple ni una sola premisa de las tres anteriores. Me pareció interesante probar suerte con seis vinos seleccionados en La Europea.

Empezamos con un blanquito, el más modesto de la región de Chablis; Petit Chablis añada 2009 cuya marca aparece a manera de sentencia: «Le Donjon des Eschofiers» aunque buscando en internet encontré que se conoce como: Jean Louis Quinson Petit Chablis Le Donjon Escholiers. Si hay alguien que lo aclare qué mejor. Se trata de un vino blanco muy agradable, listo para beberse sin ninguna otra pretensión. Color pajizo de ribete acerado, huele a níspero con alguna nota de anís de fondo y lichi. En boca tiene una excelente acidez, acidez cítrica entre lima y limón, con un punto de azúcar sin llegar siquiera a ser abocado, fresco y directo.

Vin D´Alsace Laugel Riesling 2010. Este vino a ojos cerrados parece un buen ejemplar de gewürztraminer; espeso, floral, notas especiadas… Pero no. Es un riesling joven casi transparente y muy nítido. Excelente gewürztraminer… Perdón riesling.

Georges Duboeuf Merlot 2010. El famosísimo productor de beaujolais nouveau, vinifica este merlot. Muy primario con aromas intensos a pétalos de rosa que salen apenas se descorcha la botella. En boca es frutal y de final amargo. Repetible, aunque lo preferiría decantado con media hora de anticipación al servicio.

Calvet Côtes-du-Rhône 2010. El primer golpe es a merthiolate… Muy volátil, notas de fruta roja, grosella y moras. Frutal y de final largo. No repetible.

Les Heritiers Côtes-du-Rhône 2009. Este vino huele a aceite de oliva, lata de sardinas decía alguien… Un vino entrado a la madurez, de tanino suave, fruta roja escasa y de buena acidez. Repetible. Quizás.

Perrin Reserve Côtes-du-Rhône 2010. Nos dio la impresión a casi todos que tenía algo de corcho, aunque con el aire pasó a un aroma térreo, trufa. Un vino sin pena ni gloria que se puede beber pero no mueve fibras.
Tomando en cuenta que ninguno rebasó los 220 pesos y que algunos quedaron muy atrás de ese precio, como el Calvet $130 o el Merlot de Georges Duboeuf en $119. La cosa no está tan mal. Pero yo me quedo con los dos primeros.

A veces me pregunto: ¿Por qué sigo comprando vinos mexicanos…? Y es que del universo de etiquetas que rondan por los anaqueles, pocos, muy pocos merecen la pena. Sobre todo si nos ponemos escrupulosos en el precio. A pesar de todo caigo y cada vez que veo nuevas etiquetas las echo al carrito.

En esta noche empezamos los puntuales con un cremant. Un vinito espumoso de los que llamo «de tanque», ya que la segunda fermentación se lleva a cabo en tanques de acero inoxidable, en lugar de la botella.
Un juguito de manzana sin mayor trascendencia que la de quitar el calor en esta asfixiante noche de primavera. Pero por ese precio prefiero un Jumex, que sé de antemano lo que puedo esperar por una mínima fracción del precio de lo que cuesta este Première Bulle Rosé. A pesar de lo de Rosé, es más bien un color durazno con algunos reflejos salmón muy tenues.
Después del «rosadito» espumoso descorchamos un Tinta México 2008 de la bodega de Santo Tomás, aquella que otrora vinificara con Wente el glorioso Duetto (1997, 1999).
Vinificado con Barbera y merlot sin mencionar proporciones, es un vino con aromas a cerezas en licor y cáscara de naranja. En boca es mineral rayando en lo salino, entrada amplia y de tanino rugoso.
Maite 2010. Bajo una etiqueta de carácter muy infantil, se esconde un aroma a pólvora  como pocas veces lo he percibido en un vino. Al cabo de unos minutos se limpia, pero lo que queda no es para hacernos suspirar, fruta roja en la lejanía y muy diluido en boca. Un inmemorable con causa.

Nuevas etiquetas, misma salinidad en algunos...

La Casona, reserva 2005. Un vino Chihuahuense de cabernet y merlot con seis meses de roble. A algunos miembros de la cata les recordó el viaje a Chihuahua a esta casona y sus vinos locales. Granate oscuro con ribete teja, aromas a pimiento, dátil. A mi me pareció un vino planito, indefinido… como si le hubieran agregado agua.

Monte Xanic Tempranillo 2010. Nariz dulzona a malvavisco, grosella, tanino rugoso, evoluciona a piña fermentada (tepache) gusto salino. Le falta armazón.

Ensamble 2005 de la bodega Casa de Piedra. Merlot, petit sirah y barbera. Nariz intensa a fruta roja; frambuesa  y ciruela con notas de roble, como muchos otros vinos de la zona  su mineralidad raya en lo salino perdiendo su equilibrio, una característica que distrae mucho al paladar.

Por último un vino de casi $700. Teziano 2008. Un 100% cabernet. Hay quien anotó que: huele a rompope. En general ha gustado a todos, se trata de un vino con mucho extracto y de alcoholes altos aunque en la etiqueta señale los 13,5 redondo de tanino suave y final largo con recuerdos a fruta negra. Repetible, pero no a ese precio.