Cuántas veces he descorchado vinos en la habitación de un hotel, y es que la tentación de probar lo recién adquirido siempre me lleva a pedir una copita y un descorchador para abrir una botella recién adquirida en el viaje. Pues bien, esa experiencia no siempre disfrutable, no siempre grata, muchas veces por el vino y otras por las condiciones propias de hotel. Es decir, no es lo mismo probar un vino con una buena copa a buena temperatura de servicio y cómodamente sentado en una mesa en la terraza de mi casa, que dentro de una habitación por muy lujosa que sea. Apreciación muy personal.

Esta última experiencia ha sido de las menos gratas. Llegué muy cansado, apenas con ánimos de acercarme a una de esas máquinas despachadoras de hielo, la botella estaba cubierta sólo a la cuarta parte por la estrechez del recipiente, acto seguido esperar unos minutos a que tomara la temperatura adecuada. En este caso tratándose de un blanco Chateau de la Ragotiére 2010 de la región de Muscadet, reposado en sus propias lías Sevre et Maine Surlie. Un vinito de 20 dólares que prometía. Mi cansancio era tan profundo que no pude ni siquiera descolgar el teléfono para que me mandaran una copita. Así que tomé un vaso y sin mayor protocolo me serví y lo probé. La apelación de origen muscadet lleva a mi mente a la mineralidad que puede llevarme a las mismas ostras del Atlántico, con las que marida de maravilla. En este caso fue desconcertante encontrarme con un vino floral con notas de pera y plátano, algo muy tropical para este vino. Al final en boca tiene algo de mineral, pero no del nivel de un buen muscadet.

Dos días no fueron suficientes para acabar con la botella, ni siquiera me ha remordido la conciencia el haberla dejado en la mesa, como quien abandona una prenda vieja y rota.

cata 163 A Siguiendo los pasos de la syrah o shiraz, esta noche están dispuestos seis ejemplares, algunos varietales y otros con mezcla de alguna otra uva. Pero antes comenzamos los puntuales con un espumoso que dejó una grata impresión a todos. Se trata de Orlandi semi seco, Blanc de Blancs, vinificado con trebbiano y chenin blanc. Un espumoso de Querétaro de Viñedos la Redonda, agradable, refrescante, con una nariz a miel, notas de frutos secos y algo de cítricos; toronja blanca, en boca se nota el azúcar residual sin llegar a empalagar gracias a su acidez, si bien discreta sirve para equilibrar el conjunto en boca. Un vino que por su precio: 130 pesos guarda una excelente relación calidad-precio. Repetible, quizás media caja para navidad.

El primer tinto fue Emiliana Reserva Especial 2002. Muchos tostados, fruta negra, de buena entrada y paso por boca. Repetible.

Las Moras Cabernet Sauvignon Shiraz 2011. Mudo al principio, costándole un poco abrirse para dar fruta negra en sazón; zarzamora, cereza, de entrada amplia, buena acidez y tanino presente.

Nerola 2010 de Miguel Torres, un syrah con garnacha de organic farming ¿será cultivo orgánico…? Nariz aromática a moras y frambuesas, de tanino casi dulce y un fondo mineral, hay quienes advierten un parecido con el anterior.

Ópalo Syrah 2006 con la leyenda bajo la añada; «No usamos madera». Es un vino argentino de Bodega y Viñedos Mauricio Lorca que desató controversia, ya que muchos advirtieron buena cantidad de madera, traducida en taninos. Aunque no entendería por qué insisten en que no usan madera… Viendo esta forma de vinificar como algo deseable, y el uso de la madera como algo nocivo, cuando en realidad la madera nueva y bien tostadita, es o por lo menos, o fue hasta hace poco lo habitual.
Huele a violetas, falta acidez, de final amargo. Repetible.

Lorca Poético 2006 difícil de leer la añada con la etiqueta morada muy garigoleada. Por cierto para mis amigos españoles, garigolear es un mexicanismo que no aparece en el diccionario de la RAE, pero que quiere decir ‘adornar profusamente’. Dicho esto se trata de otro vino de la misma bodega que el anterior. Huele al principio a maple, madera, y más madera, ciruela pasa, signos inequívocos de sobre-extracción y maduración. Doce meses en roble francés (90%) y roble americano (10%). 95% syrah y el resto cabernet sauvignon. Mi pregunta es: ¿Cuánto duró la maceración?

El último es un español Vallegarcía Syrah 2004. Notas de aceituna negra, fruta negra y una arista de alcohol. De paso firme en boca aunque al final se va muy rápido. No ha gustado mucho, domina el alcohol. Desequilibrado.

Vinos de la 162

Este viernes nos hemos reunido menos miembros de lo usual. Así que tomé la difícil decisión de descorchar cinco botellas (oficiales) en lugar de las seis de rigor.
Empezamos con un Martín Códax 2011, un albariño muy agradable que no deja de ser bastante comercial. De color pajizo, brillante y fluido, nos da en nariz los típicos aromas de plátano, con algún fondo de hierbas que no alcanzo a definir. En boca es frutal, juguetón, con una nota mineral en boca muy agradable y refrescante, un vino de trago largo para una tarde calurosa. Repetible.

De la misma bodega: Bodegas Aragonesas llegan los tres tintos siguientes. Empezando con Aragonia 2008, 100% garnacha tinta, de la denominación de origen Campo de Borja. Ubicada al sur de la comunidad autónoma de Navarra, y aunque las variedades autorizadas son la: garnacha, tempranillo, mazuelo, cabernet sauvignon, merlot y syrah en tintas, y macabeo, chardonnay y moscatel en blancas, la más representativa es la garnacha tinta, y digo tinta porque hay blanca y tintoreta, esta última de las pocas tintas con pulpa roja. Retomando el Aragonia 2008. Un vino con 8 meses de roble francés y americano, huele a ciruela, humo, en boca frutal, discreto que así como entra se va; unidimensional, sin aristas que después de media hora huele a cajeta. Repetible.
Coto de Hayas 2011. Aromas marcados a grosella tipo jarabe para la tos, mermelada de cereza, tanino dulce y de acidez justa.
Garnacha Centenaria 2010, con una crianza de apenas 4 meses en roble francés, térreo, piedra de río, fruta negra, bien amalgamado, entrada amplia, goloso de final largo. El tinto que más ha gustado. Repetible.

Para variar un poco a la hora de las viandas he escogido sushi, con uno de los mejores maridajes posibles para mi gusto. Un Jerez que bien podría ser una manzanilla, aunque me inclino más por un fino, por sus aromas ahumados que le van muy bien al pescado y el arroz del sushi. Una de dos: han quedado muy complacidos y satisfechos con el maridaje, o han sido muy prudentes a la hora de calificar el maridaje. Pero creo que en realidad sí les ha gustado. El vino es un Fino de Montilla Moriles, Monumental, de la Bodega Conde de la Cortina. Sus 14,5 grados de alcohol son bastante moderados para lo que nos tienen acostumbrados algunas bodegas de tintos. Un fino, oro viejo con frutos secos y ahumados. Repetible.

Clos Du Val sabatino

Publicado: 14 octubre, 2012 en Vino
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Desempolvando una botellita que llevaba casi un año guardada, no pude dejar de pensar qué podía esperar. Clos Du Val Pinot Noir 2007 es una bodega que refiero a los merlot, pero no a un pinot noir… Bueno, de no ser un regalo de alguna alma caritativa, por algo estaría guardada, así que la descorché y me serví un poco.
De verdad quería disfrutar sin prejuicios esta botella en una apacible tarde otoñal. Pero los prejuicios son más frecuentes en las almas viejas, y la mía no es del todo joven. Lo primero que llegó a mi chata nariz fueron ciruelas maduras con un fondo térreo muy sabroso, en boca estaba un poco cerrado, pero después de unos minutos daba señales de sobre maduración y de una arista de alcohol que lo hace un poco pesado, así como aromas a maple y piloncillo. A medida que fue subiendo la temperatura se convertía en un vino más y más torpe, como cuando un gordito se quiere levantar del sofá. Sus 13.5 grados son muy evidentes, y para un pinot es demasiado, quizás un syrah o un cabernet lo aguanten, o por lo menos esa es mi idea de los altos octanajes en los pinot. Para mi gusto deben ser más mesurados y delicados. Este pinto me recuerda a la miel de maple que se le pone encima a los hot cakes. Definitivamente seguiré comprando el merlot de esta bodega.

Alcohol de menor 13.0 a mayor 14.5...

Alcohol de menor 13.0 a mayor 14.5…

Volteando hacia la tierra de los canguros con cierto esceptisismo, metí al carrito seis shiraz. Esos alcoholes altos y taninos rugosos de la cata pasado me sentaron bien, así que quise repetir la experiencia con los vinos de esta tierra, plenamente identificados con esta uva.

Empezamos con un riesling Kabinett de Superama, aprovechando la corta temporada de productos germanos. Los primeros en llegar lo probaron. Anselmann Riesling 2011. Medido bajo el rasero de esta categoría y con sus 11 grados de alcohol es algo subido de precio, 180 pesos. Guanábana, níspero y algo de flores indefinidas. Es abocado pero con una ausencia de acidez que lo hace un poco fofo.

El primer tinto fue para mi el mejor. Repito; para mi. The Little Pinguin 2011 un shiraz discreto, color rubí capa baja, grosella con notas térreas, buen paso y con suficiente acidez, sin mucho extracto y a un precio que lo hace aún más atractivo, 130 pesos. Quizá no entra en los que refleje mejor la tipicidad de la shiraz, si es que todavía existe eso.

Rosemount shiraz 2010. Uno de los vinos australianos más conocidos en México. Con su botella de extrañas formas geométricas en su base. Humo, pimienta negra, tánico y algo tosco. No más que decir.

Shiraz Katnook Estate 2005. El primer golpe es de granos de café tostado, después da algo de fruta negra y ahumados, para muchos redondo y de posgusto largo. Repetible.

Greg Norman Lime Stone Coast 2007. Empezamos en 13 grados de alcohol y ahora ya vamos en los 14.5 con este vino y los dos posteriores. Vino potente de buen ataque y a diferencia de los anteriores algo mineral.

De la legendaria bodega Pendfolds. Bin 128 2010 con 12 meses de roble francés es tánico, fruta negra con notas mentoladas y de uva pasa. Dos raras coincidencias en un mismo vino.

Para rematar otro Pendfolds. Bin 28 (Kalimna) 2008. Con una buena cantidad de sedimento, muestra del poco filtrado para su edad. Muy semejante al anterior, pero qué digo al anterior… Ha sido una cata con aburridas semejanzas, con excepción del primero que fue un blanco, menos mal, y del primer tinto de corte más sutil. A pesar de que este último tiene la misma crianza pero en roble americano.
Hasta aquí con los syrah. Veré si para la otra encuentro en los anaqueles algunos ejemplares de syrah español, que tengo muchas ganas de probar.

¿Bueno y poco…?

Publicado: 15 septiembre, 2012 en Reflexiones
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Ahora que soy abstemio sin alternativas por corta temporada, ya que los dos últimos ataques de gota han hecho sus estragos, es tiempo de reflexionar y hacer un alto en el camino. Lo primero que me pregunto es ¿Cuántos vinos han pasado por mis sentidos sin dejar huella…? Vinos que no merece la pena haberlos comprado y mucho menos probado. Ya sé que para muchos es parte de la exploración hedonista, pero no deja de ser causa de que al final ese ácido úrico se acumule y ya no pueda salir. Para quienes tenemos la desgracia de no metabolizar lo que se tenga que metabolizar. El caso es de que hoy prefiero haber bebido más de Alsacia, de Borgoña de los buenos burdeos, de los clásicos riojas… y dejar un poco los Concha y Toro…

También percibo dentro de esta supuesta moda de beber vino, y sobre todo comprar botellas estilizadas de bonitas etiquetas, que luzcan en la mesa y cuyo brebaje a veces es más oscuro que una cueva, la intención de manifestar a toda costa el estatus social y si a esto sumamos los más de 14 grados de alcohol que acostumbran los productores a depositar dentro de sus botellas, se cierra el ciclo… Muchos pensarán que ya no necesitan de bebidas espirituosas para ponerse a tono.

Hoy es 15 de septiembre y habrá muchos descorches. Yo no sé si descorcharé algo… si lo hago se los comento, si ha valido la pena, de otra forma para qué.

Foto extraída de banco de imágenes gratuitas

Post sin foto

Publicado: 4 septiembre, 2012 en Reflexiones, Vino
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Acostumbrados a las imágenes ya sean fotos, video y también sonido, nos parece incompleto algo que no vaya acompañado de estos elementos sensoriales. ¿Cuánto hemos invertido en mejores imágenes y video…? Más megas, más pixeles…no lo sé, pero trasladado al vino, desde que se sirve en la copa empezamos a descubrir su color, siempre que la luz lo permita, su fluidez o viscosidad, su aroma, y por último su textura en la lengua y su sabor.

Pero qué nos dice su color… ¿Qué tiene que ver una bonita copa? ¿Un moderno descorchador? ¿Un carísimo decantador? ¿Serán ya demasiados artilugios distractores? o ¿Tienen un lugar muy especial al momento de gozar una copa de vino? Son  inocentes preguntas que no tengo respuesta, estoy en un momento que no sé que es verdad y que es espejismo, debo separar el trigo de la paja.

El martes estaba escogiendo unos vinos, y de repente entra una señora pidiendo un cabernet sauvignon tinto. El encargado se queda callado. La señora pregunta ¿O hay de otros…? Sí, contesta el otro muy firme. También hay rosados. ¡Mira nada más…!

Y uno que trata de ir más a fondo. Saca la cámara… o mejor el micrófono.

La syrah está de moda…

Nada especial a pesar de cumplir 160 catas, aunque tampoco hay que hacer menos a la uva syrah, una variedad tan de moda que prácticamente todos los países la vinifican… Quizás Alemania y Austria no cuenten con el clima adecuado para estos experimentos. Si saben de algún vino desmiéntanme…

Entrando a la era verde, hemos estrenado manteles de cata plastificados para ahorrar árboles derribados. Creo que van a funcionar muy bien, era una pena tirar a la basura tantos manteles de papel inmaculado.

Quienes llegaron temprano pudieron probar un espumoso de categoría de refresco de sabor a cítricos de burbuja casi imperceptible. Brut Blanc de Blancs Viña Casa Blanca color amarillo pajizo con reflejos verdosos, calizo y cítrico, ligero y escurridizo, al final no queda más que un refresquito en la copa. Inmemorable con causa. Por cierto he olido la botella dos días después y me recordó los lagares en tiempos de fermentación, sin llegar a picar la nariz.

El primero de la noche fue un Solo Syrah 2006, de Marqués de Griñón. Piedra de río, arándanos bien maduritos y notas lejanas de albahaca. De final tánico y un poco amargo. No está mal.

Nerola 2004 con el 80% syrah y 20% monastrel. Una decepción; fugaz con aromas a jarabe para la tos, mermelada de frambuesa, a media boca se va, para no dejar ningún recuerdo.

Montes Alpha syrah 2007. Sus 14,5 grados de alcohol por momentos se asoman haciéndolo un vino pesado y torpe. Humo, fruta negra, nada que mueva a comprar otra.

El siguiente fue otro vino del Cono Sur; un Emiliana Syrah 2002, del viñedo de Cachapoal. Un vino que huele a madera vieja, canela y algo de fruta negra indefinida, un vino tirando a los clásicos, con excesiva acidez. Desenfocado.

De España a Chile y por último a Argentina. Salentein 2004 del Valle de Uco, con nada menos que 15 graditos de alcohol. Higos, zarzamora, pimienta negra, final tánico, sus alcoholes están bien integrados aunque no sé qué pasará con dos botellas adentro.

Por último un Luigi Bosca 2005. Recuerdo aquellos memorables chardonnay de principios de los noventa. Es un vino que al principio percibí algo de cartón mojado, pero después se limpia y abre con mucha fruta negra y pimienta, un vino de corte moderno que ha gustado a la mayoría. Frutal y potente. Repetible.

Anotando virtudes y defectos…

Como ya es costumbre me dispongo a reseñar la última cata del grupo más de tres semanas después. Poca asistencia debido al mes de julio cuando mucha gente sale de viaje, falta de manteles de cata, la ausencia de Sergio, nuestro auxiliar en la ejecución de la cata, cosa grave… Pero eso sí, con muchos ánimos. Fuimos siete, así que que tomé la difícil decisión de poner sólo cinco botellas en lugar de las seis de rigor.

Primer vino: un blanco ya conocido por el grupo: Hugel Riesling 2010. Amarillo con reflejos verdosos, huele a barro, a cítricos y una nota de queroseno. En boca es fresco, se confirman los cítricos de final levemente amargo que le da un toque de elegancia para rematar, estoy seguro de que no defrauda a nadie. Fue una noche de Riberas con excepción del primero, un Alsaciano de mis preferidos.

El primer tinto fue un Luz Millar 2004 color picota, aroma a torrefactos, albahaca, vainilla. En boca es carnoso, de buena acidez, frutal y con leves notas minerales de fondo.

El segundo, Luz Millar 2004, con la diferencia que éste tiene 12 meses en barrica a diferencia de los 15 meses del primero, además de sus 13 grados de alcohol en lugar de 14.5. Frambuesa, pimienta negra, en boca es potente al principio y al final se desvanece.

El tercero, Condado de Haza 2008 con una evidente nota de sulfuroso, después se limpia un poco para dar algo de fruta roja. En boca es corto, con un final plano. Inmemorable con causa. Algo le ha pasado en el camino.

Cuarto: Raíz de Guzmán 2009. Este vino tiene buena entrada, aunque tiene de todo no cautiva, algo desenfocado, hay quienes advirtieron alguna nota de químicos algo molesta y distractora. Un vino para el olvido.

Quinto: Páramo de Guzmán 2006. Mermelada de cerezas, frambuesa artificial, en boca es ligero y de final medio, buena astringencia y de acidez justa. Vinos estos dos últimos, traídos por Sergio.

Después de más de una semana me dispongo a narrar la última cata del grupo, por no dejar pasar más tiempo, la razón es que la ficha de cata no la envió monsieur René, quien organizó y llevó los vinos, además de hacer una amena presentación de los mitos sobre el vino y algunas cositas más. Dentro de los diferentes tipos de vino menciona «el gris…» mmm que alguien me aclare esto, porque nunca lo había escuchado. Pinot gris, es una variedad de uva que ha hecho famosos a estos blancos italianos, pero no creo que amerite una clasificación especial de color, como lo es el tinto, rosado y blanco… porque entonces cabría la posibilidad de agregar el vino verde también.

Los puntuales empezamos con un cava bastante agradable. Raventós i Blanc de Nit 2008, un cava color durazno (la parte amarilla de la cáscara) con reflejos salmón que delatan alguna uva tinta en su mezcla, precisamente se trata de la monastrell. Seco en boca, mucha tiza con algo de fruta indefinida y de final largo.

El primer vino fue un blanco, que a ojos cerrados me pareció un torrontés, aunque se trató de un Domaines Schulemberger Gewurtztraminer 2008. Muy floral en nariz, con algunas notas de azahar y durazno. En boca resulta abocado, con recuerdos de manzanas en almíbar y de acidez baja. Repetible.

Vinos de la 158…

Gigondas La Gille 2006, de Perrin & Fils. En seis años ha ganado un color rubí capa media un poco velado, huele a pimiento, que me hizo pensar en un cabernet al principio, caja de puros, ciruela, canela… En boca tiene un final diluido.

Arry´s Original 2007 del Valle de Mc Laren. Bonita nariz a fruta negra en sazón, en boca es áspero, de tanino muy presente que rompe con el equilibrio. Algo austero, le falta mucho vidrio.

Psi 2009, de la bodega Dominio de Pingus de donde proceden vinos de los más caros de España. Hablar de esta bodega y de Peter Sisseck, su enólogo, es lo mismo. Picota capa alta, un vino con mucho extracto, moras, expreso, con algunas notas animales. En boca es unidimensional de final corto, nada que pueda justificar su precio.

Montepulciano Farnese Riserva 2007. Amplio en boca, frutal con notas balsámicas y de final largo, taninos maduros. Repetible

Burmester 1996. Este último llamó la atención desde un principio, un oporto vintage color marrón atejado, ribete amarillo ocre, algo espeso, con una nariz alcohólica y dulce, «ajerezado», frutos secos, orejones, higos. Dulce en boca pero con una excelente acidez, con buena profundidad y largo. Repetible en una buena partida de dominó una tarde de invierno.

Así concluía esta cata, sin que pudiéramos tener alguna certeza de las elecciones. Todos a la expectativa.