MInerales La mineralidad es más que una característica agradable del vino, encierra varios conceptos interesantes. Como casi todos sabemos la mineralidad viene del suelo donde se planta el viñedo, a mayor concentración de materia orgánica, mayor sensación mineral habrá tanto en nariz como en boca, aunque hay quienes aseguran que no puede olerse, ya que los minerales no despiden aromas perceptibles.

La mineralidad es también para mi una característica que en grado extremo puede llegar a saturar los sentidos, como es el caso de la gran mayoría de los vinos de Baja California, cuyo suelo salino, sobre todo en años muy secos, transmite estas notas a tal grado que parece que tuviera granos de sal en su composición.

Hace unas semanas se hizo patente en la cata centésima sexagésima quinta, con algunos beaujolais, cuya mineralidad era patente, pero para poder tener un referente más significativo yo escogería un buen muscadet, cuya mineralidad es una de sus principales características.

Como pueden ver mis dos fieles lectores, sí hubo cata centésima sexagésima quinta, lo que no hubo fue qué comentar que pudiera ser interesante.

Foto extraída de Wikimedia Commons

Hacía tiempo que no escribía estas listas, así que me parece pertinente hacer una sobre las formas de arruinar el vino, que además son más común de lo que parece. También es un hecho que la gente que goza del vino desde hace algún tiempo lo tendrá ya muy presente. Esta lista va dirigida a aquellos que no lo sepan.

1.- Mezclándolo, hay personas que le agregan desde hielo hasta Coca Cola (calimocho). El vino no debe mezclarse nunca, ni siquiera el tan socorrido jugo de naranja con champán (mimosa).

2.- El hecho de no poner a temperatura un vino; ya sea refrescarlo y he dicho refrescarlo porque hay quienes lo «congelan» hasta entumecer la lengua. El vino tiene una temperatura ideal de consumo, ni muy frío ni caliente (arriba de los 20°C).

3.- Estar cerca de una fuente de humo, llámese fumadores, arruina el mejor vino. Y si esa fuente proviene de nuestra propia boca, mucho peor.

4.- El exceso de fosfato en los pescados dan un gusto metálico con el vino tinto, en la medida que sea más tánico peor, así como otros elementos contenidos en la comida como demasiados condimentos, picante o mucha grasa pueden destrozar el vino.

5.- El estado de ánimo es esencial para gozar del vino, no hay como relajarse y olvidarse de los problemas bebiendo lentamente una buena copa sin las cuatro anteriores situaciones adversas. El vino además contribuye a ese estado de relajación en la medida de la disposición de cada uno.

Los invito a agregar alguna de su lista.

Vovray Pinon Desde las burbujas más comunes entre la gente con poco ingenio y hasta de mal gusto, víctimas de la mercadotecnia, empezando con Dom Perignon, Cristal, La Grande Dame, hasta cosas más refinadas y sutiles para paladares más exigentes como: Drappier, Gaston Chiquet, Egly- Ouriet, Billecart-Salmon… En esta ocasión ni unas ni otras llegaron a la mesa, la crisis hace mella y mi cava empieza a tener varios huecos, aún así me pude decantar por un espumoso de Vouvray, del maestro François Pinon. He dicho espumoso porque además no podría llamarse champagne, ya que no se produce en esa zona, aunque todo indica que se vinifica por el método tradicional. En la etiqueta dice muy claro su origen, Vouvray y el grado de dulce que se puede esperar brut, en la parte superior; non dosé… Me ha confundido un poco ya que no es lo mismo brut que non dosé. aunque al probarlo se puede percibir algo de azúcar residual llegando a ser apenas abocado.

También reposaba en la mesa una botella que guardé algún tiempo, y que ayer descorché, no sin antes acordarme de mi buen amigo Jesús Madrazo quien tuvo el gran detalle de regalarme dos botellas, he decidido descorchar la de Contino Selección 2001 para recibir el año.

Empezamos con un portugués que por alguna razón había dejado en el refrigerador olvidado, Quinta de Cidro 2008. Un albariño color oro viejo, huele a paja mojada, barro, con algo de flores indefinidas. En boca es firme buena acidez y largo, se antoja con algún queso curado. Francamente pensé que estaba para el fregadero y me he llevado una grata sorpresa.

El espumoso huele a flores y cítricos, con el aire aparece algo térreo de fondo, en boca es una golosina, cítrica con mandarina y un poco de manzana fundidos con una excelente acidez y  final largo. Vale la pena voltear hacia los espumosos y por qué no, también a los cremants, sin prejuicios.

Contino s. 2001 Contino, de esa bodega estilo chateau con su propio viñedo autosuficiente, y como dije antes cuyo enólogo generosamente me regaló un par de botellas que he guardado celosamente durante siete años. Su mezcla lleva 80% de tempranillo y 20% de graciano, ambas entre los veinte y treinta años. El tiempo ha hecho que entre a la madurez con muchos bríos, un vino redondo sin aristas, fruta roja de la mejor calidad, tanino mullido, excelente acidez y profundidad con un toque mineral al final que enmarca el conjunto. A mitad de la cena aparecía una arista de alcohol que se fue así como llegó.

Las viandas han sido carnes frías y un poco de queso que ha caído de maravilla, sobre todo el Brie; cremoso y un punto salado como a mi me gusta, que se lleva muy bien con las burbujas y la acidez.

¡Feliz y exitoso año 2013!

VINOS 2012 Todo depende del cristal con que se mire, quiero ser optimista y pensar en un año más. Siempre cabe una reflexión al final del año sobre bebido, de lo que se ha disfrutado en extremo, de las botellas que no volvería a comprar y de las tareas pendientes que aún no se concretan a pesar de que un año tiene 365 días. Este año que está por despedirse no es la excepción.

De lo bebido lo primero que me viene a la mente es ese magnífico Cuvée de Marie-Kattalin 2008 sin lugar a dudas uno de los mejores blancos que he probado. 100 % petit mangsen. De la cata Centésima quincuagésima tercera.
Otro gran blanco un Vovray de Huet, Le Haut-Lieu Sec 1996. Seco como su nombre lo indica, la chenin en su máxima expresión, con una estructura y una complejidad que sólo pueden venir de manos virtuosas como las que vinifican estas joyas.

Dentro de la categoría de los espumosos he bebido de todo un poco este año, desde un jovial Belle Epoque 2002, hasta un Orlandi semi seco, Blanc de Blancs, pasando por algunas decepciones. El primero de la bodega Perrier Jouët, un vino bastante joven después de sus diez años en botella, promete estar en la cúspide con otros años más… ¿Cuántos? no lo sé. El Orlandi semi seco ha gustado mucho y guarda una excelente relación calidad-precio. Repetible.

Si de tintos se trata, ha sido un año mediocre, tal como lo predecía al principio no he probado cosas que valgan la pena, salvo algunas honrosas excepciones.
El primero del que me acuerdo es aquel viejo conocido Gran Reserva 904 1997. Quince años dejan apenas asomar la grandeza de este riojano de buena cuna… Así empezaba mi nota: ninguna sorpresa una de las mejores bodegas clásicas de Rioja.
Después viene a mi mente aquel Garnacha Centenaria 2010 con apenas 4 meses en roble francés, térreo, piedra de río, fruta negra, bien amalgamado, entrada amplia, goloso de final largo… Desde el principio me ha gustado mucho, sin dejar de reconocer su corte moderno; un poco sobre-extraído pero repetible.

Un mexicano no podía faltar, y no porque sea defensor de vinos de alguna nacionalidad per se, sino porque este año he probado más mexicanos de lo acostumbrado. Me ha gustado mucho el cabernet sauvignon-merlot 2008 de Casa Madero. Un vinito de trago largo disfrutable y repetible.

Vía Nova 2010 es un mencía 100%, de Valdeorras, un vino muy agradable que me recuerda aquella famosa frase del minimalismo «less is more» acuñada o por lo menos adoptada por Mies Van Der Rohe.

Y para terminar con este recuento, no tengo dudas en darle el título de lo peor de 2012, y repito la nota completa:

Malbec XL 2006, no es una talla ni tampoco el número cuarenta en romano, es el cuarto tinto de la noche, un malbec, mejor conocida en Cahors, de donde procede, como: Côt, Auxerrois o Côt Noir. Té de roble, con aromas y sabores químicos a barniz, una madera desbordante, en una palabra; imbebible.

A los dos lectores de este blog les deseo lo mejor para estas fiestas y el año que se aproxima. ¡Muchos felices descorches y mucha salud…!

Cadáveres de la 164

Cadáveres de la 164

Por estas fechas estamos de manteles largos, festejamos: Navidad, aniversario de fundación de Vino por Placer(décimo cuarto) y sobre todo el hecho de poder estar reunidos y compartir el fruto de la vid. Extrañamos a Juan Antonio que por motivos de salud no pudo asistir a esta clásica reunión decembrina, y esperamos su pronta recuperación.

De la bodega Perrier Jouët llega a nuestra mesa una botella de Belle Epoque 2002.  Un espumoso que se muestra muy jovial, aunque ya seduce con los encantos de un champán maduro; color pajizo brillante, burbuja fina y de media intensidad, aunque siempre dependerá en gran medida de la copa; la forma de lavarla, el jabón… Huele a pan tostado y almendras, en boca tiene buen balance, cremoso, excelente acidez y final largo. Después de media hora de aire huele a cera y granos de café, este último aroma poco codiciado por lo menos para mi. Para comprar una cajita y observar su evolución.

Volnay Joseph Faiveley 2007. Color rubí de capa baja, frutal, con algunas notas ahumadas de fondo. Equilibrio entre acidez, tanino y alcohol. Habrá que esperar un tiempo en botella para descubrir sus encantos, propios de un vino maduro. Por ahora está bebible.

Roda I (Reserva) 2006. Con una crianza de 16 meses en barrica francesa, 50% nueva y el resto un solo uso, y 20 meses más en botella. Primer golpe a fruta negra y flores, pasado un tiempo; pastel de frutas. En boca se nota la sobre maduración, el extracto sin llegar a excesos, chocolate amargo y de final áspero.

Don Melchor 2007. Rojo sangre, huele a zarzamora, hay quienes advierten en boca «chile piquín», nota de tamarindo, terroso, ataque intenso, redondo. Como para una buena carne. No se perciben sus casi 15 grados de alcohol, más que cuando sube la temperatura.

Alión 2006
. Un vino moderno de Ribera del Duero de mucho éxito en nuestro país. Pimienta negra, térreo, especias, de buen ataque final un poco amargo.

Cheval de los Andes 1999, Su corcho estaba hecho un polvorón, a pesar del esfuerzo no he podido librarme de sacarlo a pedazos y de haber quedado gran parte adentro de la botella. Aceituna negra, humo cuero, largo, complejo.

Con excepción del champán y el volnay, se trata de vinos de corte moderno, de mucho extracto y tanino.

Me faltaba mencionar la cena y la rifa, esta última organizada por Jorge como el año pasado. Todos nos llevamos un regalo. Un ejercicio muy democrático para que todos queden muy satisfechos.
El bacalao se hizo presente en dos versiones: la de Toño y la de Carlos, este último lleva horas de preparación y los resultados saltan a la vista… y al paladar. Había también pierna al horno y una rica ensalada rusa, todo rociado con Drappier Carte D´ Or y Champán Brut de Perrier Jouët. Las burbujas y la excelente acidez hacen que maride muy bien con el condimento de los platillos.
Así concluye un año de catas. Mis mejores deseos para Juan Antonio y su pronta recuperación.

Cuántas veces he descorchado vinos en la habitación de un hotel, y es que la tentación de probar lo recién adquirido siempre me lleva a pedir una copita y un descorchador para abrir una botella recién adquirida en el viaje. Pues bien, esa experiencia no siempre disfrutable, no siempre grata, muchas veces por el vino y otras por las condiciones propias de hotel. Es decir, no es lo mismo probar un vino con una buena copa a buena temperatura de servicio y cómodamente sentado en una mesa en la terraza de mi casa, que dentro de una habitación por muy lujosa que sea. Apreciación muy personal.

Esta última experiencia ha sido de las menos gratas. Llegué muy cansado, apenas con ánimos de acercarme a una de esas máquinas despachadoras de hielo, la botella estaba cubierta sólo a la cuarta parte por la estrechez del recipiente, acto seguido esperar unos minutos a que tomara la temperatura adecuada. En este caso tratándose de un blanco Chateau de la Ragotiére 2010 de la región de Muscadet, reposado en sus propias lías Sevre et Maine Surlie. Un vinito de 20 dólares que prometía. Mi cansancio era tan profundo que no pude ni siquiera descolgar el teléfono para que me mandaran una copita. Así que tomé un vaso y sin mayor protocolo me serví y lo probé. La apelación de origen muscadet lleva a mi mente a la mineralidad que puede llevarme a las mismas ostras del Atlántico, con las que marida de maravilla. En este caso fue desconcertante encontrarme con un vino floral con notas de pera y plátano, algo muy tropical para este vino. Al final en boca tiene algo de mineral, pero no del nivel de un buen muscadet.

Dos días no fueron suficientes para acabar con la botella, ni siquiera me ha remordido la conciencia el haberla dejado en la mesa, como quien abandona una prenda vieja y rota.

cata 163 A Siguiendo los pasos de la syrah o shiraz, esta noche están dispuestos seis ejemplares, algunos varietales y otros con mezcla de alguna otra uva. Pero antes comenzamos los puntuales con un espumoso que dejó una grata impresión a todos. Se trata de Orlandi semi seco, Blanc de Blancs, vinificado con trebbiano y chenin blanc. Un espumoso de Querétaro de Viñedos la Redonda, agradable, refrescante, con una nariz a miel, notas de frutos secos y algo de cítricos; toronja blanca, en boca se nota el azúcar residual sin llegar a empalagar gracias a su acidez, si bien discreta sirve para equilibrar el conjunto en boca. Un vino que por su precio: 130 pesos guarda una excelente relación calidad-precio. Repetible, quizás media caja para navidad.

El primer tinto fue Emiliana Reserva Especial 2002. Muchos tostados, fruta negra, de buena entrada y paso por boca. Repetible.

Las Moras Cabernet Sauvignon Shiraz 2011. Mudo al principio, costándole un poco abrirse para dar fruta negra en sazón; zarzamora, cereza, de entrada amplia, buena acidez y tanino presente.

Nerola 2010 de Miguel Torres, un syrah con garnacha de organic farming ¿será cultivo orgánico…? Nariz aromática a moras y frambuesas, de tanino casi dulce y un fondo mineral, hay quienes advierten un parecido con el anterior.

Ópalo Syrah 2006 con la leyenda bajo la añada; «No usamos madera». Es un vino argentino de Bodega y Viñedos Mauricio Lorca que desató controversia, ya que muchos advirtieron buena cantidad de madera, traducida en taninos. Aunque no entendería por qué insisten en que no usan madera… Viendo esta forma de vinificar como algo deseable, y el uso de la madera como algo nocivo, cuando en realidad la madera nueva y bien tostadita, es o por lo menos, o fue hasta hace poco lo habitual.
Huele a violetas, falta acidez, de final amargo. Repetible.

Lorca Poético 2006 difícil de leer la añada con la etiqueta morada muy garigoleada. Por cierto para mis amigos españoles, garigolear es un mexicanismo que no aparece en el diccionario de la RAE, pero que quiere decir ‘adornar profusamente’. Dicho esto se trata de otro vino de la misma bodega que el anterior. Huele al principio a maple, madera, y más madera, ciruela pasa, signos inequívocos de sobre-extracción y maduración. Doce meses en roble francés (90%) y roble americano (10%). 95% syrah y el resto cabernet sauvignon. Mi pregunta es: ¿Cuánto duró la maceración?

El último es un español Vallegarcía Syrah 2004. Notas de aceituna negra, fruta negra y una arista de alcohol. De paso firme en boca aunque al final se va muy rápido. No ha gustado mucho, domina el alcohol. Desequilibrado.

Vinos de la 162

Este viernes nos hemos reunido menos miembros de lo usual. Así que tomé la difícil decisión de descorchar cinco botellas (oficiales) en lugar de las seis de rigor.
Empezamos con un Martín Códax 2011, un albariño muy agradable que no deja de ser bastante comercial. De color pajizo, brillante y fluido, nos da en nariz los típicos aromas de plátano, con algún fondo de hierbas que no alcanzo a definir. En boca es frutal, juguetón, con una nota mineral en boca muy agradable y refrescante, un vino de trago largo para una tarde calurosa. Repetible.

De la misma bodega: Bodegas Aragonesas llegan los tres tintos siguientes. Empezando con Aragonia 2008, 100% garnacha tinta, de la denominación de origen Campo de Borja. Ubicada al sur de la comunidad autónoma de Navarra, y aunque las variedades autorizadas son la: garnacha, tempranillo, mazuelo, cabernet sauvignon, merlot y syrah en tintas, y macabeo, chardonnay y moscatel en blancas, la más representativa es la garnacha tinta, y digo tinta porque hay blanca y tintoreta, esta última de las pocas tintas con pulpa roja. Retomando el Aragonia 2008. Un vino con 8 meses de roble francés y americano, huele a ciruela, humo, en boca frutal, discreto que así como entra se va; unidimensional, sin aristas que después de media hora huele a cajeta. Repetible.
Coto de Hayas 2011. Aromas marcados a grosella tipo jarabe para la tos, mermelada de cereza, tanino dulce y de acidez justa.
Garnacha Centenaria 2010, con una crianza de apenas 4 meses en roble francés, térreo, piedra de río, fruta negra, bien amalgamado, entrada amplia, goloso de final largo. El tinto que más ha gustado. Repetible.

Para variar un poco a la hora de las viandas he escogido sushi, con uno de los mejores maridajes posibles para mi gusto. Un Jerez que bien podría ser una manzanilla, aunque me inclino más por un fino, por sus aromas ahumados que le van muy bien al pescado y el arroz del sushi. Una de dos: han quedado muy complacidos y satisfechos con el maridaje, o han sido muy prudentes a la hora de calificar el maridaje. Pero creo que en realidad sí les ha gustado. El vino es un Fino de Montilla Moriles, Monumental, de la Bodega Conde de la Cortina. Sus 14,5 grados de alcohol son bastante moderados para lo que nos tienen acostumbrados algunas bodegas de tintos. Un fino, oro viejo con frutos secos y ahumados. Repetible.

Clos Du Val sabatino

Publicado: 14 octubre, 2012 en Vino
Etiquetas:, ,

Desempolvando una botellita que llevaba casi un año guardada, no pude dejar de pensar qué podía esperar. Clos Du Val Pinot Noir 2007 es una bodega que refiero a los merlot, pero no a un pinot noir… Bueno, de no ser un regalo de alguna alma caritativa, por algo estaría guardada, así que la descorché y me serví un poco.
De verdad quería disfrutar sin prejuicios esta botella en una apacible tarde otoñal. Pero los prejuicios son más frecuentes en las almas viejas, y la mía no es del todo joven. Lo primero que llegó a mi chata nariz fueron ciruelas maduras con un fondo térreo muy sabroso, en boca estaba un poco cerrado, pero después de unos minutos daba señales de sobre maduración y de una arista de alcohol que lo hace un poco pesado, así como aromas a maple y piloncillo. A medida que fue subiendo la temperatura se convertía en un vino más y más torpe, como cuando un gordito se quiere levantar del sofá. Sus 13.5 grados son muy evidentes, y para un pinot es demasiado, quizás un syrah o un cabernet lo aguanten, o por lo menos esa es mi idea de los altos octanajes en los pinot. Para mi gusto deben ser más mesurados y delicados. Este pinto me recuerda a la miel de maple que se le pone encima a los hot cakes. Definitivamente seguiré comprando el merlot de esta bodega.

Alcohol de menor 13.0 a mayor 14.5...

Alcohol de menor 13.0 a mayor 14.5…

Volteando hacia la tierra de los canguros con cierto esceptisismo, metí al carrito seis shiraz. Esos alcoholes altos y taninos rugosos de la cata pasado me sentaron bien, así que quise repetir la experiencia con los vinos de esta tierra, plenamente identificados con esta uva.

Empezamos con un riesling Kabinett de Superama, aprovechando la corta temporada de productos germanos. Los primeros en llegar lo probaron. Anselmann Riesling 2011. Medido bajo el rasero de esta categoría y con sus 11 grados de alcohol es algo subido de precio, 180 pesos. Guanábana, níspero y algo de flores indefinidas. Es abocado pero con una ausencia de acidez que lo hace un poco fofo.

El primer tinto fue para mi el mejor. Repito; para mi. The Little Pinguin 2011 un shiraz discreto, color rubí capa baja, grosella con notas térreas, buen paso y con suficiente acidez, sin mucho extracto y a un precio que lo hace aún más atractivo, 130 pesos. Quizá no entra en los que refleje mejor la tipicidad de la shiraz, si es que todavía existe eso.

Rosemount shiraz 2010. Uno de los vinos australianos más conocidos en México. Con su botella de extrañas formas geométricas en su base. Humo, pimienta negra, tánico y algo tosco. No más que decir.

Shiraz Katnook Estate 2005. El primer golpe es de granos de café tostado, después da algo de fruta negra y ahumados, para muchos redondo y de posgusto largo. Repetible.

Greg Norman Lime Stone Coast 2007. Empezamos en 13 grados de alcohol y ahora ya vamos en los 14.5 con este vino y los dos posteriores. Vino potente de buen ataque y a diferencia de los anteriores algo mineral.

De la legendaria bodega Pendfolds. Bin 128 2010 con 12 meses de roble francés es tánico, fruta negra con notas mentoladas y de uva pasa. Dos raras coincidencias en un mismo vino.

Para rematar otro Pendfolds. Bin 28 (Kalimna) 2008. Con una buena cantidad de sedimento, muestra del poco filtrado para su edad. Muy semejante al anterior, pero qué digo al anterior… Ha sido una cata con aburridas semejanzas, con excepción del primero que fue un blanco, menos mal, y del primer tinto de corte más sutil. A pesar de que este último tiene la misma crianza pero en roble americano.
Hasta aquí con los syrah. Veré si para la otra encuentro en los anaqueles algunos ejemplares de syrah español, que tengo muchas ganas de probar.