VINOS CATA 168 Esperaba una tarde lluviosa como ya es costumbre a estas alturas del año, pero Tláloc nos ha favorecido con un clima templado, nublado sí, pero ni gota de agua.
Los vinos mexicanos serán siempre prioridad, sólo por el hecho de habitar estas tierras y ser mexicano, aunque en ocasiones más frecuentes de lo que desearía, encontramos en el camino varias decepciones. Hay que decir que algunos vinos merecen ser reconocidos y repetidos. En esta última categoría pondría al primer vino de la noche; Orlandi Cabernet-Malbec 2010 de la pujante bodega Viñedos la Redonda en el estado de Querétaro. Huele a piedra de río, para quienes se pregunten de que se trata este aroma, acuñado o por lo menos escuchado por primera vez en boca de un amigo, así que no es invento mío, y se refiere a un paseo a orillas de un río cuyas aguas mojan las rocas y al evaporarse llegan esos aromas tan peculiares a nuestro olfato. Una vez dicho esto sigo con los aromas del vino: zarzamora, ciruela madura con una nota de canela, una bella nariz que cautiva. En boca es frutal de tanino dulce con recuerdos en retronasal de violetas y un final mineral. Como para tener media cajita.
Flor de Guadalupe Cabernet Zinfandel 2005, fue el siguiente vino de la noche, con un color bastante evolucionado para ser un vino de siete años, llegando a los tonos atejados, aromas a cuero de primera calidad, tabaco rubio y recuerdos de tamarindo. En boca tiene tanino maduro y una excelente acidez, un vino fresco y de final largo. Repetible.
Copernicus 2011, mismo nombre del fundador de la astronomía moderna. Un vino cuya información en su página es algo confusa, pero parece ser que se vinifica y embotella por: Hoteles y Viñedos del Valle de Guadalupe. Huele al principio a lanolina, aceituna negra y hay quienes encontraron algo de mermelada de ciruela. En boca es astringente con final amargo.
L.A. Cetto Boutique Malbec 2007. Este vino es uno de cuatro de la serie Boutique, cuyo nombre me causa urticaria desde un principio. Una manera de tratar de justificar vinos caros sin ningún otro merito. Y miren que no tengo nada personal en contra de la bodega, es más, siento cierta predilección por sus vinos de gama baja en cuanto a mexicanos se trata. Este vino presenta aromas a frambuesa, aunque al principio es bastante corto, fruta roja, notas de nardo, en boca es bastante aburrido entra y se va sin dejar algo a la imaginación, como una señorita sin pechos y de piernas flacas. Por su precio es un inmemorable con causa.
L.A. Cetto Boutique Syrah 2007. Otro boutique 85 pesos más barato que el anterior, en la misma línea, sin nada que seduzca y me anime a sacar $494 de la bolsa. Tiene una leve nota química que sobresale en el primer golpe, como cuando quitamos el tapón del tanque de gasolina pero con menos intensidad, después da arándanos en sazón, en boca es amplio largo y amargo.
L.A. Cetto Boutique Sangiovese 2007. Con 14° de alcohol igual que sus dos antecesores, el más caro de los tres, $579 totalmente injustificados. Aroma a madera nueva, pegamento aunque yo percibo notas térreas y boca de taninos ásperos y final mineral, desenfocado. Otro inmemorable con causa. Faltaría probar el blanco, que me ha llamado la atención la mezcla de chardonnay, viogner y pinot noir. En la primera ocasión lo probaremos.
Después las viandas, que además de las acostumbradas pizzas, Carlos nos ha traído una muestra del jamón que el mismo hace, desde la matanza hasta el curado. Un jamón de primera cuyos aromas a ahumados me recuerdan el bosque. Creo que sí. Le vendría un fino muy bien, aunque nosotros lo maridamos con un tinto de sangiovese y todos los vinos sobrantes de la cata.

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Gobelet Tannat Roble 2009 Dentro del amplio espectro de aromas encontramos los: florales, frutales, vegetales, caramelizados, químicos, microbiológicos que se subdividen en animales y dentro de los animales existe una gama amplia de aromas: caza con pelo, faisandé, sangre…Mi memoria olfativa no da para mucho, pero este vino en particular huele a animal. Se trata de un Gobelet Tannat Roble 2009, un vino uruguayo que desde que lo descorcharon emitía aromas intensos a caza con pelo, almizcle junto con algunas notas ahumadas. Puras proteínas ganadas en el vino a través del tiempo, esa misteriosa transformación de lo frutal a lo terciario.

He puesto de título: Vino Animal ya que es más que evidente el conjunto aromático y también en boca. Lo que me ha sorprendido aún más es que estas características se encuentran con mayor frecuencia en vinos de añadas viejas, aquellos que han pasado largo tiempo en botella, no se esperaría en un vino de apenas cuatro años. Ayer mismo descorché un Muga Reserva 2008 muy enterito y con muchos bríos con apenas alguna señal de ahumados, pero nada que ver con este tannat. Así las cosas en este raro mundo del vino que lo evidente muchas veces no lo es tanto.

Como sus viñas en invierno

Publicado: 12 mayo, 2013 en Vino
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PEDRO L.H. El poco tiempo libre que me queda ha hecho que pierda el contacto de los acontecimientos más importantes alrededor del mundo del vino. Y es que hoy por la mañana me acabo de enterar del fallecimiento de don Pedro López de Heredia, padre de mi querida amiga Ma. José, a quien no tuve el gusto de conocer. Ha dejado sin duda un gran legado, la tradición de la bodega insignia de los vinos clásicos, del Barrio de la Estación, que sigue y seguirá vigente para deleitarnos a quienes disfrutamos de estos vinos.

La muerte, esa ineludible visita que todos en algún momento tenemos que enfrentar, pero que no deja de llenarnos de tristeza y dolor.

Me quedo con esta frase de Ma. José:

«Descansa ya, como sus viñas en invierno…»

Desde aquí toda mi solidaridad y afecto a la familia López de Heredia. Y qué mejor homenaje que descorchar un Bosconia, en memoria de don Pedro.

Q. E. P. D.

Un día después...

Un día después…

Empezamos con dos blancos, el primero ha llamado la atención por su nariz intensa y limpia a kiwi, pera y toronja blanca. En boca es cítrico; limón con una excelente acidez y balance para estos calores nada mejor, se trata de un Double Blanc 2011 de la bodega Barón Balché con una singular mezcla de: 70% sauvignon blanc, 20% palomino y 10% viogner. Para tener media cajita, «lista para usarse en caso de que el termómetro suba…» Una muy grata sorpresa recién llegada del Valle de Guadalupe.

Después de este blanquito refrescante de buena hechura pasamos a una gran decepción, si es que hay alguna esperanza para vinos de «bajas calorías y alcohol». Blanco Nuve de Cvne con apenas 9% de alcohol. Un vino diluido, desenfocado, algo de manzana verde, plano, plano… Un vino que ni por error repetiría.

El Tercero un Perrin 2010, Cotes Du Rhone, nariz muy al estilo de los Rotie; tocino, ahumados, fruta negra; zarzamora, de buen ataque, alguien dijo que tenía algo de «picante» sí hay alguna nota entre mentoles y capcina muy leve.

Finca Valdeguinea 2011. Huele a hollejos, mentoles, romero, de buena entrada; tánico y buena acidez. Repetible.

El quinto fue un Contonellaia 2010, se trata de un Chianti Classico con notas de caza, pelo mojado, de tanino subido, frutal y largo. Valió la pena comprar una cajita, para consumo del grupo.

Por último un Ley XVII, un vino de Ensenada, de carigñan con 14,7 grados de alcohol, para adormecer las amígdalas. Huele a aceituna negra, dátil y una nota química de acetona. En boca es miel maple con un vainillazo muy patente, esto se llama sobre extracción y mucho roble. Inmemorable con causa.

He conocido a una lectora de este blog, ya son tres lectores, invitada de Carlos, que aunque nos consideramos «club de Tobi» «men only», ya son dos mujeres las que comparten la mesa con el grupo en toda su historia.

Gracias a Sergio por el destapacorchos, ya te avisaré que tan efectivo es, el diseño es muy bonito. Hasta aquí con la crónica atrasada de esta cata, como ya es mi costumbre.

Galleta de la Suerte

Publicado: 22 abril, 2013 en Restaurantes, Vino

Galleta de la suerte Las galletas de la suerte de los restaurantes chinos no han sido nunca puntos de referencia a la hora de dilucidar mi futuro, y mucho menos para tomar decisiones importantes o cualquier otra. Pero en esta ocasión no he podido evitar hacer la asociación del mensaje con el mundo del vino en su momento actual, de manera concreta referida a los productores de vino. «La simplicidad y la claridad deben ser su tema en la vestimenta». Mmmm bueno, de no llevar ropa sucia o rota, lo demás es lo de menos, es decir la ropa nunca me ha preocupado mucho. Pero si lo trasladamos al vino creo que puede contraponerse a las hechuras de los enólogos modernos. Volver a lo básico, a la simplicidad. ¿Qué esperan los enólogos para dejar que el terroir, la fruta y las hechuras honestas hablen por sí mismas…? En cambio encontramos un nutrido número de vinos por arriba de los 90 puntos de mr. Parker, y por ende caros, muy caros, qué millonario que se precie de buen gusto puede dejar escapar las recomendaciones con menudas calificaciones.

Por cierto, que en este restaurante chino me he bebido dos copas de Casa Madero Chardonnay… Desconozco añada. Digamos que bebible y hasta agradable con estos calores primaverales, aunque también debo decir que dentro del restaurante aguantan muy bien los tintos, debido al aire acondicionado a todo galope. Concluyo transformando el mensaje de la galletita a los siguiente:

«La simplicidad y la claridad deben ser los temas en la vinificación»

El vino de la tarde Siendo franco he dejado de tener grandes espectativas vínicas a la hora de llegar a una reunión social llámese bautizo, primera comunión, quince años, bodas, etc. etc. Cuando más esperaría un vino decentón y si hace calor algún blanquito que no sepa a jugo de frutas tropicales con su buena dosis de levaduras inoculadas, siendo así mucho mejor. Y es que aunque ustedes no lo crean a veces me siento muy afortunado con tener un Concha y Toro en la mesa, cuando sé que no existe ningún producto fermentado de uva a kilómetros a la redonda.

Ayer sábado llegamos mi respectiva y yo a un banquete de bautizo familiar que de manera generosa habíamos sido invitados. Un jardín con una bonita carpa, día soleado, calor moderado, pero mis instintos me advertían que no esperara vino, así que como estoy a dieta o mejor dicho de cuenta-calorías no pensaba tampoco beber cerveza. Una vez sentado en la mesa correspondiente vi dos copas… A veces se anotan la puntada de servir el agua en copas, pero de vino, nada de nada… Así que todo iba según mi itinerario mental.

Después de una burbujeante agua mineral con mucho hielo, me dispuse a comer algo de botana, venía con el diente afilaoo. En ese momento vi pasar a una mesera con una botella de tinto sobre una charola. ¿Cuál será…? Sin más protocolo llegó a la mesa ofreciéndolo. Cuando observé la etiqueta no lo podía creer… Se ha confundido de mesa, o de vino, o qué sé yo. Se trataba de un Coto de Imaz, Reserva 2005, que ya lo hubiera querido yo para mi boda. Un riojanito de lo mejor en cuanto a vinos todavía con cierta personalidad, sin lugar a dudas uno de mis preferidos. Color granatoso de capa media, ribete rubí, nariz térrea con recuerdos de trufa y una nota mineral de fondo, fruta negra de primera en sazón. En boca es amplio, de taninos vigorosos, excelente acidez y final largo. Un par de añitos lo harían un poco más elegante, ahora mismo está bebible, disfrutable y repetible. Este Imaz no desmejoró en lo absoluto con la comida. Una ensalada crujiente, con pimientos en juliana, lechuga, tomates cherry y oliva de buena calidad, seguido de una crema de chile poblano con granos de elote y rematando con un filete con papas cambray y verduras asadas envueltas en tocino. Esto último marido muy bien con el riojano… ¡Pero qué estoy diciendo! ¡Yo hablando de maridajes!

Me pesa no haber felicitado a los anfitriones, y preguntarles cómo han dado con este vino, porque definitivamente fue un gran acierto aunque también hay que decirlo: no toda la gente está dispuesta a gastar su dinero en un buen vino. Así que hay que reconocer un doble mérito.

Hoy día en México poca gente puede decir que el vino no está de moda; por lo menos existen algunas cartas que merecen ser revisadas. Encuentro a menudo errores en la carta de vinos de muchos restaurantes, a continuación enumero diez, la lista puede ser más larga, se aceptan sugerencias.

1.- Listas empolvadas con una oferta de vinos anacrónica. Vgr: un Beaujolais nouveau 2005. El sumiller o la persona encargada de confeccionar la carta debe de estar al pendiente de lo más interesante del mercado. En una palabra, una lista de vinos dinámica. No vender cadáveres, vinos cuya añada no levante sospechas.

2.- Listas de vinos con errores en las regiones o en las variedades de uva. No ha sido muy raro para mi encontrar: «Rivera del Duero» o «Cavernet Saviñon».

3.- Un abuso en los precios, además de redundancia de botellas «premier» de más de 600 pesos. Creo que debe haber un equilibrio entre la oferta de vinos premium y los que se consumen a diario. No todos los días son grandes ocasiones para descorchar esos vinos, además de que suelen estar inflados al 300%. No hay nada más desagradable que encontrarse con una lista de vinos caros.

4.- Lo contrario de lo anterior: una oferta de vinos ordinarios encabezados por Concha y Toro,  en una ocasión que decide el cliente gastar un poco más para celebrar un gran acontecimiento.

5.- Una carta con tantos «faltantes» que sólo unos cuantos vinos, contados con los dedos de una mano, son los que tienen en bodega. Es obligación del sumiller depurar el inventario de vinos.

6.- Una carta de vinos cuyas añadas no corresponden a los vinos que hay en bodega. Teniendo todavía la desfachatez de ensañar la botella antes de descorcharla, aún cuando no sea la añada mostrada en la carta.

7.- No incluir vinos generosos, de postre o espumosos. Una carta equilibrada debe tener algunas opciones de vinos que no sólo sean tintos y blancos.

8.- Cartas mal clasificadas donde hay un evidente desorden no pudiendo concluir si la selección se hizo por países, regiones, uvas, precio o cualquier otro criterio.

9.- Cartas donde el cliente esperaría una buena selección de vinos de una región o uva en particular, Vgr: un restaurante italiano debería contar con una selección decente de vinos de ese país, como un restaurante en Galicia una selección de albariños…

10.- Las cartas de vino cuyas recomendaciones de maridaje se hacen al vapor, sin ningún conocimiento de causa. En esos casos es preferible ahorrarse las recomendaciones de maridaje.

VINOS DE LA 166

VINOS DE LA 166

Primero una copita de espumoso para los puntuales. Muy sabroso por cierto; redondo y compacto, muy aromático; frutos secos y pastelería, excelente acidez. Repetible y quizás como para comprar media cajita ya que se avecinan los calores primaverales. Se trata de un Santa Digna Estelado Rosé elaborado con la variedad país, «la variedad más antigua de Chile», según indica la etiqueta. De la familia catalana Torres.

Una vez más aflorando mi frustrada vocación docente, antes de la cata hablé un poco sobre la génesis del vino, recordando las dos vertientes: una como punto de referencia la intervención del Hombre en el proceso de vinificación, que nos remonta a unos ocho mil años antes de Cristo, otros opinan que seis mil, de acuerdo a semillas de uva acumuladas en un sitio determinado allá por las faldas del Cáucaso al norte de Turquía. Y la otra que se refiere a las primeras plantas trepadoras con uvas primitivas en Pangea, cuando los continentes estaban unidos, hace unos 50 millones de años. Ya que si había uvas y por tanto un proceso de fermentación en el grano, esas primeras gotas derramadas eran estrictamente vino. Después llegamos a la cata de seis vinos, un mexicano y cinco españoles del norte, un Penedés y cuatro del Priorat.

Empezamos a degustar los tintos con un Cabernet Franc Edición Limitada 2011 de Monte Xanic, recuerdo con cierta nostalgia aquel vinito de etiqueta anaranjada a finales de los 90, de lo mejor de Monte Xanic en tintos, se bebía unos graditos abajo de lo normal. Daniel Pérez Withaker compartía el gusto por este vino. Me consta. Hoy es como muchos otros vinos de Baja California salado. Huele a pimiento con notas térreas, tanino dulce final amargo, desenfocado.

Novembre 2006 de Raventos, este vino del Penedés huele a humo y cerezas de entrada amplia y final amargo, Monolítico. No está como para repetir.

Camins del Priorat 2010 de Alvaro Palacios. En la etiqueta aparece: samsó (50%), garnacha (40%), cabernet sauvignon y syrah (10%). No tenía noticias de la uva samsó y es que al existir una denominación de origen con el nombre de Cariñena, al parecer los productores no pueden mencionarla como variedad, así que ponen samsó, pero es lo mismo que cariñena. Un vino que al principio desprende aromas químicos a acetona después abre a aceituna negra y unas notas de canela de fondo. En boca es astringente de buena acidez pero algo corto. Repetible.

+7 2008. Otro Priorat, el que más gustó de la noche. Aromas intensos a barniz de uñas, con alguna nota refrescante de eucalipto y otras hierbas de olor, vino redondo de buena acidez y paso de boca. Repetible.

Badeceli 2005 de Bodegas Cal Grau. En alguna comida ya lo había probado y me gustó. En esta ocasión alguien anotó que olía a Uhu, un pegamento bastante volátil… Un poco de aire lo hace de nariz frutal, moras y con notas minerales. Tanino áspero, amplio, y final largo.

Cal Pla 2007 el más alcohólico con 14.7 grados. Chocolate amargo, cerezas en licor, frutos rojos, de entrada amplia y envolvente. Brioso y largo.
Imposible dejar de lado el detalle del suelo pizarroso del Priorat, la licorella, que tantos aportes da a sus codiciados vinos.

Carlos vuelve a dar muestras de sus virtudes culinarias al traernos unas lonchas de jamón ahumado que el mismo preparó. ¡Muuu Güeno! Dice que seguirá perfeccionando la técnica del ahumado extraída de recetas familiares de antaño, pero todos opinamos que con este nivel son ya de primera calidad.

Cuarto Aniversario

Publicado: 3 marzo, 2013 en Aniversario
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cuatro Hoy ya son cuatro años transcurridos, cuatro años desde que abrí este blog. La evolución en los blogs ha sido muy drástica, un universo que se apaga o que mucha gente abandona, autores y lectores buscando nuevas formas. Yo aquí sigo, no sé hasta cuando.

Algunas estadísticas:
Visitas: 50,910
Entradas: 235
Comentarios: 1349
No dejaré de agradecer a toda la gente que entra a leer este blog, y sobre todo a quienes dejan sus valiosos comentarios.

Un cordial saludo a mis dos lectores.

Foto extraída de mujerdiez.es

Hace más de quince años empecé a darme cuenta de la diferencia entre los vinos sobre-extraídos de alcoholes altos, taninos rugosos, en algunos casos parecidos a la lija para limpiar el óxido del acero, y por el otro lado la sutileza de los vinos que han pasado por una oxigenación lenta en barrica usada que más que aportar taninos, liman los de la uva. Nada nuevo, ya hace tres décadas o quizás menos empezaron con la barrica nueva y bien tostadita de manera indiscriminada, sometidos a largos periodos de crianza. Dos mundos diferentes, cada uno con sus adeptos.
Pues hoy mr. Gerschman ha dado señales de cordura, ha escrito en su columna «Vinos» algo titulado «Ancho y Largo» y apunta entre otras cosas lo siguiente:

«Alguna vez les platiqué de aquella época en que el consumidor, en convivencia con el enólogo, buscaba vinos de mucha concentración y volumen. Y de cómo la balanza se está volviendo a equilibrar con una mejor apreciación de la elegancia en tanto que criterio central».

Para un hombre que ha pasado casi toda su vida halagando los vinos sobre-extraídos, concentrados y todas esas características de los vinos modernos, no es asunto menor. Nunca hubiera pensado que saldrían de su pluma tales reflexiones, sobre todo cuando habla de volver al equilibrio. Me acuerdo cuando en alguna ocasión criticaba de manera feroz los vinos de López Heredia… Siendo ejemplo de uno de los vinos más clásicos y refinados que aún se vinifican en Haro (Rioja).

Yo esperaría que por un lado los productores se den cuenta de que los consumidores también piensan en la sutileza, elegancia y equilibrio, y por otro, que no desaparezcan los vinos modernos sin excesos, porque no todo lo que tiene color tinta china, ribete cardenalicio y un precio de más de cien dólares es malo.