El vino de la tarde Siendo franco he dejado de tener grandes espectativas vínicas a la hora de llegar a una reunión social llámese bautizo, primera comunión, quince años, bodas, etc. etc. Cuando más esperaría un vino decentón y si hace calor algún blanquito que no sepa a jugo de frutas tropicales con su buena dosis de levaduras inoculadas, siendo así mucho mejor. Y es que aunque ustedes no lo crean a veces me siento muy afortunado con tener un Concha y Toro en la mesa, cuando sé que no existe ningún producto fermentado de uva a kilómetros a la redonda.

Ayer sábado llegamos mi respectiva y yo a un banquete de bautizo familiar que de manera generosa habíamos sido invitados. Un jardín con una bonita carpa, día soleado, calor moderado, pero mis instintos me advertían que no esperara vino, así que como estoy a dieta o mejor dicho de cuenta-calorías no pensaba tampoco beber cerveza. Una vez sentado en la mesa correspondiente vi dos copas… A veces se anotan la puntada de servir el agua en copas, pero de vino, nada de nada… Así que todo iba según mi itinerario mental.

Después de una burbujeante agua mineral con mucho hielo, me dispuse a comer algo de botana, venía con el diente afilaoo. En ese momento vi pasar a una mesera con una botella de tinto sobre una charola. ¿Cuál será…? Sin más protocolo llegó a la mesa ofreciéndolo. Cuando observé la etiqueta no lo podía creer… Se ha confundido de mesa, o de vino, o qué sé yo. Se trataba de un Coto de Imaz, Reserva 2005, que ya lo hubiera querido yo para mi boda. Un riojanito de lo mejor en cuanto a vinos todavía con cierta personalidad, sin lugar a dudas uno de mis preferidos. Color granatoso de capa media, ribete rubí, nariz térrea con recuerdos de trufa y una nota mineral de fondo, fruta negra de primera en sazón. En boca es amplio, de taninos vigorosos, excelente acidez y final largo. Un par de añitos lo harían un poco más elegante, ahora mismo está bebible, disfrutable y repetible. Este Imaz no desmejoró en lo absoluto con la comida. Una ensalada crujiente, con pimientos en juliana, lechuga, tomates cherry y oliva de buena calidad, seguido de una crema de chile poblano con granos de elote y rematando con un filete con papas cambray y verduras asadas envueltas en tocino. Esto último marido muy bien con el riojano… ¡Pero qué estoy diciendo! ¡Yo hablando de maridajes!

Me pesa no haber felicitado a los anfitriones, y preguntarles cómo han dado con este vino, porque definitivamente fue un gran acierto aunque también hay que decirlo: no toda la gente está dispuesta a gastar su dinero en un buen vino. Así que hay que reconocer un doble mérito.

Hoy día en México poca gente puede decir que el vino no está de moda; por lo menos existen algunas cartas que merecen ser revisadas. Encuentro a menudo errores en la carta de vinos de muchos restaurantes, a continuación enumero diez, la lista puede ser más larga, se aceptan sugerencias.

1.- Listas empolvadas con una oferta de vinos anacrónica. Vgr: un Beaujolais nouveau 2005. El sumiller o la persona encargada de confeccionar la carta debe de estar al pendiente de lo más interesante del mercado. En una palabra, una lista de vinos dinámica. No vender cadáveres, vinos cuya añada no levante sospechas.

2.- Listas de vinos con errores en las regiones o en las variedades de uva. No ha sido muy raro para mi encontrar: «Rivera del Duero» o «Cavernet Saviñon».

3.- Un abuso en los precios, además de redundancia de botellas «premier» de más de 600 pesos. Creo que debe haber un equilibrio entre la oferta de vinos premium y los que se consumen a diario. No todos los días son grandes ocasiones para descorchar esos vinos, además de que suelen estar inflados al 300%. No hay nada más desagradable que encontrarse con una lista de vinos caros.

4.- Lo contrario de lo anterior: una oferta de vinos ordinarios encabezados por Concha y Toro,  en una ocasión que decide el cliente gastar un poco más para celebrar un gran acontecimiento.

5.- Una carta con tantos «faltantes» que sólo unos cuantos vinos, contados con los dedos de una mano, son los que tienen en bodega. Es obligación del sumiller depurar el inventario de vinos.

6.- Una carta de vinos cuyas añadas no corresponden a los vinos que hay en bodega. Teniendo todavía la desfachatez de ensañar la botella antes de descorcharla, aún cuando no sea la añada mostrada en la carta.

7.- No incluir vinos generosos, de postre o espumosos. Una carta equilibrada debe tener algunas opciones de vinos que no sólo sean tintos y blancos.

8.- Cartas mal clasificadas donde hay un evidente desorden no pudiendo concluir si la selección se hizo por países, regiones, uvas, precio o cualquier otro criterio.

9.- Cartas donde el cliente esperaría una buena selección de vinos de una región o uva en particular, Vgr: un restaurante italiano debería contar con una selección decente de vinos de ese país, como un restaurante en Galicia una selección de albariños…

10.- Las cartas de vino cuyas recomendaciones de maridaje se hacen al vapor, sin ningún conocimiento de causa. En esos casos es preferible ahorrarse las recomendaciones de maridaje.

VINOS DE LA 166

VINOS DE LA 166

Primero una copita de espumoso para los puntuales. Muy sabroso por cierto; redondo y compacto, muy aromático; frutos secos y pastelería, excelente acidez. Repetible y quizás como para comprar media cajita ya que se avecinan los calores primaverales. Se trata de un Santa Digna Estelado Rosé elaborado con la variedad país, «la variedad más antigua de Chile», según indica la etiqueta. De la familia catalana Torres.

Una vez más aflorando mi frustrada vocación docente, antes de la cata hablé un poco sobre la génesis del vino, recordando las dos vertientes: una como punto de referencia la intervención del Hombre en el proceso de vinificación, que nos remonta a unos ocho mil años antes de Cristo, otros opinan que seis mil, de acuerdo a semillas de uva acumuladas en un sitio determinado allá por las faldas del Cáucaso al norte de Turquía. Y la otra que se refiere a las primeras plantas trepadoras con uvas primitivas en Pangea, cuando los continentes estaban unidos, hace unos 50 millones de años. Ya que si había uvas y por tanto un proceso de fermentación en el grano, esas primeras gotas derramadas eran estrictamente vino. Después llegamos a la cata de seis vinos, un mexicano y cinco españoles del norte, un Penedés y cuatro del Priorat.

Empezamos a degustar los tintos con un Cabernet Franc Edición Limitada 2011 de Monte Xanic, recuerdo con cierta nostalgia aquel vinito de etiqueta anaranjada a finales de los 90, de lo mejor de Monte Xanic en tintos, se bebía unos graditos abajo de lo normal. Daniel Pérez Withaker compartía el gusto por este vino. Me consta. Hoy es como muchos otros vinos de Baja California salado. Huele a pimiento con notas térreas, tanino dulce final amargo, desenfocado.

Novembre 2006 de Raventos, este vino del Penedés huele a humo y cerezas de entrada amplia y final amargo, Monolítico. No está como para repetir.

Camins del Priorat 2010 de Alvaro Palacios. En la etiqueta aparece: samsó (50%), garnacha (40%), cabernet sauvignon y syrah (10%). No tenía noticias de la uva samsó y es que al existir una denominación de origen con el nombre de Cariñena, al parecer los productores no pueden mencionarla como variedad, así que ponen samsó, pero es lo mismo que cariñena. Un vino que al principio desprende aromas químicos a acetona después abre a aceituna negra y unas notas de canela de fondo. En boca es astringente de buena acidez pero algo corto. Repetible.

+7 2008. Otro Priorat, el que más gustó de la noche. Aromas intensos a barniz de uñas, con alguna nota refrescante de eucalipto y otras hierbas de olor, vino redondo de buena acidez y paso de boca. Repetible.

Badeceli 2005 de Bodegas Cal Grau. En alguna comida ya lo había probado y me gustó. En esta ocasión alguien anotó que olía a Uhu, un pegamento bastante volátil… Un poco de aire lo hace de nariz frutal, moras y con notas minerales. Tanino áspero, amplio, y final largo.

Cal Pla 2007 el más alcohólico con 14.7 grados. Chocolate amargo, cerezas en licor, frutos rojos, de entrada amplia y envolvente. Brioso y largo.
Imposible dejar de lado el detalle del suelo pizarroso del Priorat, la licorella, que tantos aportes da a sus codiciados vinos.

Carlos vuelve a dar muestras de sus virtudes culinarias al traernos unas lonchas de jamón ahumado que el mismo preparó. ¡Muuu Güeno! Dice que seguirá perfeccionando la técnica del ahumado extraída de recetas familiares de antaño, pero todos opinamos que con este nivel son ya de primera calidad.

Cuarto Aniversario

Publicado: 3 marzo, 2013 en Aniversario
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cuatro Hoy ya son cuatro años transcurridos, cuatro años desde que abrí este blog. La evolución en los blogs ha sido muy drástica, un universo que se apaga o que mucha gente abandona, autores y lectores buscando nuevas formas. Yo aquí sigo, no sé hasta cuando.

Algunas estadísticas:
Visitas: 50,910
Entradas: 235
Comentarios: 1349
No dejaré de agradecer a toda la gente que entra a leer este blog, y sobre todo a quienes dejan sus valiosos comentarios.

Un cordial saludo a mis dos lectores.

Foto extraída de mujerdiez.es

Hace más de quince años empecé a darme cuenta de la diferencia entre los vinos sobre-extraídos de alcoholes altos, taninos rugosos, en algunos casos parecidos a la lija para limpiar el óxido del acero, y por el otro lado la sutileza de los vinos que han pasado por una oxigenación lenta en barrica usada que más que aportar taninos, liman los de la uva. Nada nuevo, ya hace tres décadas o quizás menos empezaron con la barrica nueva y bien tostadita de manera indiscriminada, sometidos a largos periodos de crianza. Dos mundos diferentes, cada uno con sus adeptos.
Pues hoy mr. Gerschman ha dado señales de cordura, ha escrito en su columna «Vinos» algo titulado «Ancho y Largo» y apunta entre otras cosas lo siguiente:

«Alguna vez les platiqué de aquella época en que el consumidor, en convivencia con el enólogo, buscaba vinos de mucha concentración y volumen. Y de cómo la balanza se está volviendo a equilibrar con una mejor apreciación de la elegancia en tanto que criterio central».

Para un hombre que ha pasado casi toda su vida halagando los vinos sobre-extraídos, concentrados y todas esas características de los vinos modernos, no es asunto menor. Nunca hubiera pensado que saldrían de su pluma tales reflexiones, sobre todo cuando habla de volver al equilibrio. Me acuerdo cuando en alguna ocasión criticaba de manera feroz los vinos de López Heredia… Siendo ejemplo de uno de los vinos más clásicos y refinados que aún se vinifican en Haro (Rioja).

Yo esperaría que por un lado los productores se den cuenta de que los consumidores también piensan en la sutileza, elegancia y equilibrio, y por otro, que no desaparezcan los vinos modernos sin excesos, porque no todo lo que tiene color tinta china, ribete cardenalicio y un precio de más de cien dólares es malo.

MInerales La mineralidad es más que una característica agradable del vino, encierra varios conceptos interesantes. Como casi todos sabemos la mineralidad viene del suelo donde se planta el viñedo, a mayor concentración de materia orgánica, mayor sensación mineral habrá tanto en nariz como en boca, aunque hay quienes aseguran que no puede olerse, ya que los minerales no despiden aromas perceptibles.

La mineralidad es también para mi una característica que en grado extremo puede llegar a saturar los sentidos, como es el caso de la gran mayoría de los vinos de Baja California, cuyo suelo salino, sobre todo en años muy secos, transmite estas notas a tal grado que parece que tuviera granos de sal en su composición.

Hace unas semanas se hizo patente en la cata centésima sexagésima quinta, con algunos beaujolais, cuya mineralidad era patente, pero para poder tener un referente más significativo yo escogería un buen muscadet, cuya mineralidad es una de sus principales características.

Como pueden ver mis dos fieles lectores, sí hubo cata centésima sexagésima quinta, lo que no hubo fue qué comentar que pudiera ser interesante.

Foto extraída de Wikimedia Commons

Hacía tiempo que no escribía estas listas, así que me parece pertinente hacer una sobre las formas de arruinar el vino, que además son más común de lo que parece. También es un hecho que la gente que goza del vino desde hace algún tiempo lo tendrá ya muy presente. Esta lista va dirigida a aquellos que no lo sepan.

1.- Mezclándolo, hay personas que le agregan desde hielo hasta Coca Cola (calimocho). El vino no debe mezclarse nunca, ni siquiera el tan socorrido jugo de naranja con champán (mimosa).

2.- El hecho de no poner a temperatura un vino; ya sea refrescarlo y he dicho refrescarlo porque hay quienes lo «congelan» hasta entumecer la lengua. El vino tiene una temperatura ideal de consumo, ni muy frío ni caliente (arriba de los 20°C).

3.- Estar cerca de una fuente de humo, llámese fumadores, arruina el mejor vino. Y si esa fuente proviene de nuestra propia boca, mucho peor.

4.- El exceso de fosfato en los pescados dan un gusto metálico con el vino tinto, en la medida que sea más tánico peor, así como otros elementos contenidos en la comida como demasiados condimentos, picante o mucha grasa pueden destrozar el vino.

5.- El estado de ánimo es esencial para gozar del vino, no hay como relajarse y olvidarse de los problemas bebiendo lentamente una buena copa sin las cuatro anteriores situaciones adversas. El vino además contribuye a ese estado de relajación en la medida de la disposición de cada uno.

Los invito a agregar alguna de su lista.

Vovray Pinon Desde las burbujas más comunes entre la gente con poco ingenio y hasta de mal gusto, víctimas de la mercadotecnia, empezando con Dom Perignon, Cristal, La Grande Dame, hasta cosas más refinadas y sutiles para paladares más exigentes como: Drappier, Gaston Chiquet, Egly- Ouriet, Billecart-Salmon… En esta ocasión ni unas ni otras llegaron a la mesa, la crisis hace mella y mi cava empieza a tener varios huecos, aún así me pude decantar por un espumoso de Vouvray, del maestro François Pinon. He dicho espumoso porque además no podría llamarse champagne, ya que no se produce en esa zona, aunque todo indica que se vinifica por el método tradicional. En la etiqueta dice muy claro su origen, Vouvray y el grado de dulce que se puede esperar brut, en la parte superior; non dosé… Me ha confundido un poco ya que no es lo mismo brut que non dosé. aunque al probarlo se puede percibir algo de azúcar residual llegando a ser apenas abocado.

También reposaba en la mesa una botella que guardé algún tiempo, y que ayer descorché, no sin antes acordarme de mi buen amigo Jesús Madrazo quien tuvo el gran detalle de regalarme dos botellas, he decidido descorchar la de Contino Selección 2001 para recibir el año.

Empezamos con un portugués que por alguna razón había dejado en el refrigerador olvidado, Quinta de Cidro 2008. Un albariño color oro viejo, huele a paja mojada, barro, con algo de flores indefinidas. En boca es firme buena acidez y largo, se antoja con algún queso curado. Francamente pensé que estaba para el fregadero y me he llevado una grata sorpresa.

El espumoso huele a flores y cítricos, con el aire aparece algo térreo de fondo, en boca es una golosina, cítrica con mandarina y un poco de manzana fundidos con una excelente acidez y  final largo. Vale la pena voltear hacia los espumosos y por qué no, también a los cremants, sin prejuicios.

Contino s. 2001 Contino, de esa bodega estilo chateau con su propio viñedo autosuficiente, y como dije antes cuyo enólogo generosamente me regaló un par de botellas que he guardado celosamente durante siete años. Su mezcla lleva 80% de tempranillo y 20% de graciano, ambas entre los veinte y treinta años. El tiempo ha hecho que entre a la madurez con muchos bríos, un vino redondo sin aristas, fruta roja de la mejor calidad, tanino mullido, excelente acidez y profundidad con un toque mineral al final que enmarca el conjunto. A mitad de la cena aparecía una arista de alcohol que se fue así como llegó.

Las viandas han sido carnes frías y un poco de queso que ha caído de maravilla, sobre todo el Brie; cremoso y un punto salado como a mi me gusta, que se lleva muy bien con las burbujas y la acidez.

¡Feliz y exitoso año 2013!

VINOS 2012 Todo depende del cristal con que se mire, quiero ser optimista y pensar en un año más. Siempre cabe una reflexión al final del año sobre bebido, de lo que se ha disfrutado en extremo, de las botellas que no volvería a comprar y de las tareas pendientes que aún no se concretan a pesar de que un año tiene 365 días. Este año que está por despedirse no es la excepción.

De lo bebido lo primero que me viene a la mente es ese magnífico Cuvée de Marie-Kattalin 2008 sin lugar a dudas uno de los mejores blancos que he probado. 100 % petit mangsen. De la cata Centésima quincuagésima tercera.
Otro gran blanco un Vovray de Huet, Le Haut-Lieu Sec 1996. Seco como su nombre lo indica, la chenin en su máxima expresión, con una estructura y una complejidad que sólo pueden venir de manos virtuosas como las que vinifican estas joyas.

Dentro de la categoría de los espumosos he bebido de todo un poco este año, desde un jovial Belle Epoque 2002, hasta un Orlandi semi seco, Blanc de Blancs, pasando por algunas decepciones. El primero de la bodega Perrier Jouët, un vino bastante joven después de sus diez años en botella, promete estar en la cúspide con otros años más… ¿Cuántos? no lo sé. El Orlandi semi seco ha gustado mucho y guarda una excelente relación calidad-precio. Repetible.

Si de tintos se trata, ha sido un año mediocre, tal como lo predecía al principio no he probado cosas que valgan la pena, salvo algunas honrosas excepciones.
El primero del que me acuerdo es aquel viejo conocido Gran Reserva 904 1997. Quince años dejan apenas asomar la grandeza de este riojano de buena cuna… Así empezaba mi nota: ninguna sorpresa una de las mejores bodegas clásicas de Rioja.
Después viene a mi mente aquel Garnacha Centenaria 2010 con apenas 4 meses en roble francés, térreo, piedra de río, fruta negra, bien amalgamado, entrada amplia, goloso de final largo… Desde el principio me ha gustado mucho, sin dejar de reconocer su corte moderno; un poco sobre-extraído pero repetible.

Un mexicano no podía faltar, y no porque sea defensor de vinos de alguna nacionalidad per se, sino porque este año he probado más mexicanos de lo acostumbrado. Me ha gustado mucho el cabernet sauvignon-merlot 2008 de Casa Madero. Un vinito de trago largo disfrutable y repetible.

Vía Nova 2010 es un mencía 100%, de Valdeorras, un vino muy agradable que me recuerda aquella famosa frase del minimalismo «less is more» acuñada o por lo menos adoptada por Mies Van Der Rohe.

Y para terminar con este recuento, no tengo dudas en darle el título de lo peor de 2012, y repito la nota completa:

Malbec XL 2006, no es una talla ni tampoco el número cuarenta en romano, es el cuarto tinto de la noche, un malbec, mejor conocida en Cahors, de donde procede, como: Côt, Auxerrois o Côt Noir. Té de roble, con aromas y sabores químicos a barniz, una madera desbordante, en una palabra; imbebible.

A los dos lectores de este blog les deseo lo mejor para estas fiestas y el año que se aproxima. ¡Muchos felices descorches y mucha salud…!

Cadáveres de la 164

Cadáveres de la 164

Por estas fechas estamos de manteles largos, festejamos: Navidad, aniversario de fundación de Vino por Placer(décimo cuarto) y sobre todo el hecho de poder estar reunidos y compartir el fruto de la vid. Extrañamos a Juan Antonio que por motivos de salud no pudo asistir a esta clásica reunión decembrina, y esperamos su pronta recuperación.

De la bodega Perrier Jouët llega a nuestra mesa una botella de Belle Epoque 2002.  Un espumoso que se muestra muy jovial, aunque ya seduce con los encantos de un champán maduro; color pajizo brillante, burbuja fina y de media intensidad, aunque siempre dependerá en gran medida de la copa; la forma de lavarla, el jabón… Huele a pan tostado y almendras, en boca tiene buen balance, cremoso, excelente acidez y final largo. Después de media hora de aire huele a cera y granos de café, este último aroma poco codiciado por lo menos para mi. Para comprar una cajita y observar su evolución.

Volnay Joseph Faiveley 2007. Color rubí de capa baja, frutal, con algunas notas ahumadas de fondo. Equilibrio entre acidez, tanino y alcohol. Habrá que esperar un tiempo en botella para descubrir sus encantos, propios de un vino maduro. Por ahora está bebible.

Roda I (Reserva) 2006. Con una crianza de 16 meses en barrica francesa, 50% nueva y el resto un solo uso, y 20 meses más en botella. Primer golpe a fruta negra y flores, pasado un tiempo; pastel de frutas. En boca se nota la sobre maduración, el extracto sin llegar a excesos, chocolate amargo y de final áspero.

Don Melchor 2007. Rojo sangre, huele a zarzamora, hay quienes advierten en boca «chile piquín», nota de tamarindo, terroso, ataque intenso, redondo. Como para una buena carne. No se perciben sus casi 15 grados de alcohol, más que cuando sube la temperatura.

Alión 2006
. Un vino moderno de Ribera del Duero de mucho éxito en nuestro país. Pimienta negra, térreo, especias, de buen ataque final un poco amargo.

Cheval de los Andes 1999, Su corcho estaba hecho un polvorón, a pesar del esfuerzo no he podido librarme de sacarlo a pedazos y de haber quedado gran parte adentro de la botella. Aceituna negra, humo cuero, largo, complejo.

Con excepción del champán y el volnay, se trata de vinos de corte moderno, de mucho extracto y tanino.

Me faltaba mencionar la cena y la rifa, esta última organizada por Jorge como el año pasado. Todos nos llevamos un regalo. Un ejercicio muy democrático para que todos queden muy satisfechos.
El bacalao se hizo presente en dos versiones: la de Toño y la de Carlos, este último lleva horas de preparación y los resultados saltan a la vista… y al paladar. Había también pierna al horno y una rica ensalada rusa, todo rociado con Drappier Carte D´ Or y Champán Brut de Perrier Jouët. Las burbujas y la excelente acidez hacen que maride muy bien con el condimento de los platillos.
Así concluye un año de catas. Mis mejores deseos para Juan Antonio y su pronta recuperación.