Mouton 1993 a media luz...

Mouton 1993 a media luz…

El vino que pasaría al grupo de los más codiciados de Burdeos en 1973 y que hoy en día para mucha gente es un vino escandalosamente caro y alejado de su antigua gloria, con el afán de servir a un mercado de consumidores que buscan un vino hecho a la medida (cual si se tratara de una Coca Cola). Sin memoria histórica, mucho roble, color profundo, extracto… He tenido oportunidad de probar varias añadas, quizás el vino que más he descorchado de los cinco grandes: Lafite, Margaux, Haut Brion y Latour. Aunque Margaux, Latour y Haut Brion (en ese orden) tengan un lugar muy especial dentro de mis predilecciones. Lo había guardado mucho tiempo, uno de esos vinos que se niegan a salir de su escondite, aunque las miradas hayan penetrado más de una vez sus paredes de vidrio. Pero a todo le llega su hora y desempolvándola un poco interrumpí su reposo para quitarle el corcho y compartirla con gente querida, como debe de terminar un vino de este nivel.

En 1993 estamparon la figura desnuda de una joven, dibujo cuyo autor francés Baltus, fue censurado en Estados Unidos de América, y no sólo eso sino que fue cambiada la obra original por un simple fondo beige. Una muestra más de la doble moral de nuestros queridos primos norteños. El caso es que yo la compré en ese país y me traje a la bodega la botella sin estampado, como aparece en la foto.

Veinte años en vidrio han hecho que evolucione y nos brinde un concierto de aromas de caza y térreos dignos de los vinos que saben y pueden envejecer. También hay fruta negra, notas de pimiento y otras especias. En boca el tanino es suave y su acidez exquisita, largo y en sintonía. No sé si sea de los últimos Mouton memorables pero éste vale la pena. La espera en el vidrio se compensa con creces.

En otro orden de ideas de manera gradual han ingresado al mercado mexicano diferentes marcas de cavas, su entrada a nuestro país ha sido lenta, siendo las bodegas más antiguas y reconocidas Freixenet con diferentes presentaciones, así como otra bodega de producciones masivas Codorniu. Las más interesantes y de menor producción han tardado de hacer su aparición por los estantes pero no ha sido tan abundante su oferta, por lo que me ha sorprendido encontrar en la Europea la marca Gramona. Gramona III Lustros, Imperial Brut y el Celler Batlle (de añada), sus precios han sido inflados como ya es costumbre pero creo que vale la pena. En la Cena Navideña he descorchado la más económica que ha llegado, porque debo decir que hay otras en España. Gramona Imperial Brut , y me ha parecido un cava muy limpio de burbuja fina y constante con aromas intensos a tiza y cítricos, amplio en boca confirmando su carácter, su textura y su azúcar residual que más bien se percibe seco. Un buen cava que se deja beber y maridar con muchas cositas. Por ejemplo pavo ya sea ahumado o muy condimentado, bacalao y hasta con unos romeritos, estos últimos es pura especulación ya que no me consta. Mi próxima escala será el III Lustros cuando junte algo de dinero de la hipoteca de mi casa. 
Aprovecho aunque sea un poco tarde, para saludar y desear lo mejor en este año a mis dos sufridos lectores.

Va de uruguayos... Bodega Gobelet En esta ocasión descorchamos algunos vinos uruguayos de la bodega Gobelet. Ya había probado un tannat de esa bodega, que por sus aromas terciarios le había calificado como un vino animal. Pues bien, creo que esa característica se manifestaba también en todos los tintos que probamos esa noche.
Empezamos con un blanco de la misma bodega. Viña Gobelet albariño 2013, de color amarillo dorado, aromas intensos a durazno, plátano y una nota de fondo de hierba recién cortada, se percibe alcohol y en boca es frutal, de acidez justa, aunque para algunos resultó bastante ácido. Repetible.
Seguimos en el mismo tenor, ahora un chardonnay blanc, confieso que es la primera vez que escucho ese apellido a la chardonnay. Chardonnay blanc 2013. Este vino es mucho menos expresivo que el anterior, más apagado en aromas; nardo, fruta amarilla no muy definida, al mover la copa huele a mantequilla. En boca es abocado, frutal y de final amargo con un fondo mineral. Repetible.
El tercero es un rosado vinificado con cabernet sauvignon. Gobelet rosado 2013. Color salmón, brillante. Huele a frambuesa, nariz de poca intensidad, ligero en boca y de final amargo y corto. Sin pena ni gloria, esos vinos que pasan sin dejar algo memorable, aunque en su conjunto no tengan defectos.
El cuarto es Viña Gobelet Roble 2009 vinificado con uva marcelan. Uva poco conocida al parecer originaria de Francia con producción en Langedoc y el Ródano, resultado de la combinación del cabernet y la garnacha tinta. En este caso nos pareció un vino con aromas muy marcados a caza con pelo, almizcle y fruta negra, ciruela y zarzamora. En boca es tánico, largo, potente de buen paso por boca de final amargo. Repetible.
Viña Gobelet Roble 2009 tannat. Aromas a carne asada con una nota floral a lavanda y cereza, fondo especiado a pimienta blanca. Boca mineral similar al anterior con muy buena acidez, de tanino maduro. Repetible.
El último un carmenere Roble 2010. Fruta roja, pimienta negra, final diluido. Hay quien apunta que esta ligero, de trago largo. Un punto a destacar en estos vinos es el precio que no rebasa en ningún caso los 300 pesos, además que el alcohol tampoco excede los 13° por volumen. Buenos tintos que se antojan con carne no muy condimentada y algún queso curado como el manchego o un buen brie. Un detalle curioso es que los he visto más baratos en una tienda especializada, los de esta noche los han traído directos del importador.
Ya pronto contaré en próximas entradas sobre el cava que arribó a los anaqueles. Ha tardado pero ya está aquí.

Chappellet_PritCabSauv_09 Hace un par de semanas tuve la dicha y el placer de cenar acompañado de mis compadres con motivo de mi aniversario, y elegí para la ocasión un vino muy especial en varios sentidos. Chappellet es una bodega ubicada en las colinas de Pritchard en Napa, cerca del lago Hennesy. Alguna vez traté de llegar a la bodega y me perdí, además de que mi esposa sufrió un fuerte mareo que hizo abortar la visita. De haber tenido más tiempo y suerte la habría conocido.

He probado dos de sus tintos, el primero in situ, no precisamente en la bodega pero sí en un restaurante en Rutheford, del mismo nombre Rutherford Grill, no muy lejos de donde se vinifica. Lugar donde no sé si fue el hambre o la ocasión pero me pareció un excelente restaurante para descansar y hacer una pausa a la visita de bodegas y comer sustanciosamente carne, cuando podía comer sin restricciones, en una sala climatizada y luz dosificada. El vino que elegí fue el merlot Chappellet 2005, me pareció un vino joven con notas de bayas y pétalos de rosa, nada espectacular diría que le faltaba vidrio, pero que maridaba con la carne. Este último más madurito y expresivo, Chappellet Pritchard Hill Cabernet Sauvignon posiblemente 2007 aunque no lo he podido comprobar, la botella la han tirado al reciclaje y no he tomado nota. A pesar de que su nombre indica cabernet sauvignon, en realidad está vinificado con un 75% cabernet sauvignon, 15% petit verdot y 10% malbec, con una crianza entre 15 y 18 meses en roble francés nuevo. Guardado celosamente durante cinco inviernos. Tiene un color cereza intenso de capa alta, y una nariz barroca a ciruela, cerezas, zarzamora y una nota de capuchino, tabaco oscuro, pimiento morrón y un golpe de humo. En boca no es menos contundente que en nariz, con un alcohol muy bien integrado a pesar de sus escandalosos quince grados por volumen, una acidez comedida y un final largo. Decía que era especial porque la compré convencido de su potencial, la guardé algún tiempo y la compartí con gente muy querida. Un año más o un año menos, según el cristal con que se mire, hoy estoy optimista y quiero pensar en un año más.
P.D. Encontré la corbata de la botella, entró en bodega el 16 de agosto de 2008 y es de la añada 2005.

Foto extraída de http://www.chappellet.com/index.cfm

Vinos mexicanos de la cata 172

Vinos mexicanos de la cata 172

Ésta va de vinos mexicanos, y es que cada semana encuentro alguna novedad en los estantes con respecto a productos nacionales. Mi percepción es que algunos de ellos desaparecerán irremediablemente con el paso del tiempo, sobre todo aquellas bodegas con un enfoque meramente mercantilista y oportunista. Quienes tengan tablas de vitivinicultores quizás algunos la pasen mal, pero seguirán en este arduo camino. Debo destacar la labor de Viñedos La Redonda en el estado de Querétaro, cuyos esfuerzos y dedicación parece que ya están dando sus primeros frutos, como pudimos comprobar en esta cata.

Abrimos con el Miramar 2005, un vino de Bodegas Santo Tomás vinificado con tempranillo y cabernet, una combinación cada vez más común en vinos mexicanos. Con cuatro meses de roble francés, un vino que para la mayoría resultó cansino, ya había pasado su mejor momento. A mí me pareció un vino con aromas vegetales, con notas de ciruela y de muy buena acidez, de trago largo que por su precio no hay mucho más que pedir. Bebible.

El segundo viene de la región de Ojos Negros, se trata de Euphoria 2011. Olor y sabores picantes, morrón y tamarindo, combinación que no fue del agrado de nadie. No sé si algo estaba mal en este vino por la guarda.

El tercero viene de Querétaro de Viñedos La Redonda, sin añada y con sólo el nombre del La Redonda, «Tinto joven, variedades selectas del viñedo» la única información de este vino en su página. Me gustaría saber de que está hecho. Huele a vino blanco, a ojos cerrados juraría que es así. Maracuyá, chicle de plátano y de fondo aparece algo de fruta roja indefinida, paso de boca y final amargos. Inmemorable con causa.

El segundo de esta bodega es un Orlandi cabernet sauvigon, malbec 2010, huele a grosellas, cerezas en licor, un golpe de madera que lo favorece, cremoso y de tanino dulce. Repetible.

Orlandi Tempranillo, cabernet 2009 otro con la misma mezcla, para que no digan que estoy inventándome cosas…Huele a canela, cerezas, en boca se advierte una nota dulce, que no precisamente viene del alcohol y el tanino, falta acidez al conjunto, agradable y repetible.

Por último La Redonda Tinto ruby, sin añada. Un vino rotundamente dulce que nos ha tomado por sorpresa, incluido su servidor. Aromas intensos a ate de guayaba, hay quien lo comparó con un Boing sin decir de qué sabor, pero creo que es rebajarlo demasiado, si bien no tiene la acidez y profundidad de un buen vino botrizado, porque aunque no lo crean existen tintos botrizados, tampoco me parece que sea un vino tipo gaseosa. Definitivamente no repetiría más que después de comer en un día caluroso sin tener nada mejor a la mano.

CATA 171 Después de mi reciente episodio cardiaco es mi primera cata, y mis amigos generosamente han organizado todo, detalle que agradezco mucho. Así que sólo me dispuse a disfrutar de la velada. Han titulado esta cata como «Duelo sudamericano» por aquello de los vinos que probaremos: tanto argentinos como chilenos. Variando la dinámica se trataba de ir descifrando el orden de los vinos según sus características organolépticas, algo muy pretencioso sin dejar de ser interesante.

El primero de la noche es un vino de la bodega Felix Lavaque Felix 2007. Datos que supimos después. Una rara mezcla con la uva insignia de argentina: malbec con 73% y la de uruguaya tannat con el 27%. Huele a cerezas en licor, casis, pimiento y chocolate, otros han apuntado, como un vino especiado aunque casi todos coincidimos de que se trata de un vino alcohólico y de final amargo. Al observar su contenido de alcohol por volumen se confirma lo dicho (15,1).
Quimera 2009. Aromas a mermelada de zarzamora, pimienta blanca, astringente y de final también amargo. Con una típica mezcla bordolesa y catorce meses en roble francés: 40% usado y el resto nuevo. Bebible.
El tercero es un viejo conocido, se trata de Cabo de Hornos 2005. Un vino que mereció todos mis respetos y admiración antes del 2005 o quizás un par de añadas antes, y que hoy es parte de ese aglomerado anónimo. Vino moderno sobre extraído y sin personalidad, con precios exorbitantes. Todos han coincidido en su brutal astringencia, esa que duerme las papilas gustativas.
Caballo Loco 2008. Un vino que siempre ha llamado mi atención, vinificado como jerez, por aquello de las extrañas mezclas de añadas, no por otra cosa, pero con resultados muy interesantes. Definitivamente es un vino que bebería en toda ocasión que tenga oportunidad. Fruta roja en sazón, notas de cuero de la mejor calidad, dátil y notas especiadas, redondo, buen tanino. Repetible. Y a un precio bastante comedido, casi la mitad del Cabo de Hornos.
El penúltimo es un tannat 100%, Arerungua 2002, un nombre que se antoja más para un instrumento musical sacado de una tribu de la selva, que para un vino. Huele a piel de Rusia, frutos rojos, equilibrado y de final largo. Repetible aunque debo decir que no deja mucho a la memoria. ¿O será porque estoy escribiendo casi dos meses después de la cata…?
Juan Carrau 2009. El último de la tarde, de la misma bodega y misma uva, aunque con un poco menos octanaje. Dátil, vino estructurado e integrado palabras textuales de mi compañero, por alguna razón yo no escribí ninguna nota. Mis sentidos habrán adormecido al final. Pero qué mal catador soy, no podría aspirar a los maratones que acostumbran quienes se dedican profesionalmente a esto. ¡Agur!

Una copita diaria

Publicado: 7 octubre, 2013 en Reflexiones, Vino
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Corazón 10 Parece ser que aquella trillada recomendación médica por fin la sigo al pie de la letra, y es que mucha gente sabe y estará de acuerdo que el vino debe beberse con medida, ya que de otra forma resulta perjudicial. Tanto los abstemios como quienes se pasan de la dosis pueden sufrir las consecuencias.

Qué me hizo seguir esa recomendación. Un infarto. Sí un problema coronario derivó en infarto, pequeño y aunque los doctores traten de atenuarlo al decir micro-infarto sigue siendo delicado. Una situación que jamás hubiera siquiera imaginado. Reajustando mis patrones de conducta, hoy me sirvo una copa de tinto en la comida cuando antes consumía 5 o 6 dos veces por semana, por poner alguna cantidad…Ya lo dice el dicho: nadie escarmienta en cabeza ajena.

Sé que mucha gente estará pensando que adaptar nuestros hábitos a una dieta sana que incluya: más verduras, más fruta, más fibra y más agua, es muy complicado. La vida moderna nos lleva a la comida rápida, el colesterol, los triglicéridos y el azúcar refinada. Pero yo les aseguro que todo tiene remedio, falta una buena dosis de voluntad, los beneficios son inmensos. Estar sano es un valioso tesoro que en muchas ocasiones resulta irreparable. En el plano económico también hay grandes ventajas, hoy en día la asistencia médica es muy cara, se ha vuelto un gran negocio, a pesar de tener seguro de gastos médicos de entrada hay que desembolsar fuertes cantidades de dinero, para después ser rembolsado, de cualquier forma la prima se tiene que pagar de nuestro bolsillo. Claro que hay diferencias entre los distintos seguros y pólizas.
Otro lado oscuro del cual poco se habla es el hecho de quedar literalmente fichado, cuando ocurre un acontecimiento de esta naturaleza cambiar algunos beneficios de la póliza o cambiar de seguro es una tarea titánica sino imposible. Los seguros se basan en estadísticas; números fríos que muchas veces no reflejan la realidad. Hoy puedo decir que estoy más sano que antes del infarto, sin embargo para el seguro soy una amenaza ya que según las estadísticas el ingreso al hospital por la misma causa es muy alto.

Así que más allá de los números, cifras y otros rollos recomiendo la copita de tinto diario, una buena dieta y ejercicio. ¡Vale la pena!

Foto extraída de chiscarcloset.com

reganto 2010 Hace tiempo que había perdido todo contacto con un buen amigo oftalmólogo de profesión, que predijo con asombrosa exactitud que necesitaría lentes en cuatro años, y así fue. Entre las novedades me contaba su incursión (segunda acepción) en la sumillería. Para quienes estén acostumbrados a su significado en francés entrar al mundo de los sommelier. Me contaba también que ya había probado 95 vinos de añadas recientes del Valle de Guadalupe, así que no perdí la oportunidad para felicitarlo por tan grandiosa experiencia y de paso que me recomendara algunos de los mejores a su juicio, siendo bastante parecidos nuestros gustos en lo que al vino se refiere.
Sin tiempo que perder me lancé por el primero que me recomendó, o mejor dicho la primer bodega; Roganto, nombre compuesto por sus dos dueños Rogelio y Antonio. De etiqueta negra y «RA» en rojo. Vino de la Casa ensamble varietal cosecha 2010 13,7 de alcohol… Sin contar con más información. No sé si RA sea la marca o Vino Tinto de La Casa. Pero sin detenernos en detalles, me ha parecido uno de los mejores tintos que he probado en mucho tiempo. Se trata de un vino joven, frutal con aromas embriagadores a fruta negra, y notas térreas con un fondo mentolado, una nariz muy definida y limpia. En boca confirma la fruta, redondo, de tanino mullido, excelente acidez, con mucho nervio y excelente paso por boca, con un final mineral y largo. Un buen vino del que tengo que llevar a casa por lo menos media cajita.

Marqués de Riscal 2007
En cuanto a la oferta de vinos de Superama debo destacar el Marqués de Riscal 2007 por el que piden 299 pesos. Me parece bastante razonable, en contraste con los más de 900 que piden por el Único de Santo Tomás, sí señor, casi mil pesos por un vino que hace no más de 5 años rondaba los 300. Si ese aumento de precio va de la mano con la excelencia, estaría justificado, pero fuera de la etiqueta no creo que difiera mucho con el anterior. Es una tarea pendiente que pronto comprobaré.
Y como muestra del poco cuidado de los vendedores a la hora de ofrecer un vino, aquí tenemos un buen ejemplo… Si Rioja es una variedad de uva, no creo que este vino la lleve por sus venas.

CATA 167 A diferencia de lo habitual que sería celebrar esta cata el último viernes del mes, estamos hoy reuinidos el 2 de agosto, las vacaciones a veces varían el calendario. Ya reunidos, la gran mayoría, abrimos con un Pouilly-Fusse 2009 que influido por la marca Georges Dubceuf, pensé que había cometido un error al incluirlo en la cata. Nombre me traslada irremediablemente a los Beaujolais Nouveau con sabor a goma de mascar sabor fresa. Pero nada de eso, resultó ser un vino bastante digno, sino para elevar el espíritu, sí para disfrutarlo. Color amarillo pajizo, aromas a manzana, pera, y alguna hierba que no acabo de identificar, graso, de buen cuerpo, con un leve toque amargo al final. Repetible.
Peñalba López 2010. Un vino cuyo alcohol está muy patente, astringente, tosco, que no ha dejado muy satisfechos a los presentes.
Siguió un ribera; Los Cantos 2010, 95% tempranillo y el resto merlot. Zarzamora, con notas mentoladas y de vainilla, ligeramente astringente, final largo. Repetible.
Piedra Selección Platino 2004, un Toro que me recordó a los Côte Rôtie, con sus aromas de tocino, ahumados y fruta negra, algo astringente y amplio en boca. Repetible.
Vino Primero 2012 , otro Toro de Bodegas Fariña, con una característica muy especial. No sé cuántos vinos de maceración carbónica habrá en la región de Toro, todos la conocemos por sus alcoholes altos y su concentración, y aunque los vinos de maceración son muy concentrados en aromas y color, su grado de alcohol no es tampoco un buen ejemplo de Toro (13,5) que hoy en día se puede encontrar en muchos pinot de Borgoña. Es un vino aromático, terso, muy frutal, que iría de maravilla con una buena parillada. Me ha gustado mucho, no sólo repetiré sino que me haré de seis botellitas.
Gran Colegiata 2005, otro Toro. Un viejo conocido, pero que éste en particular, está muy cansino; poca acidez, diluido y «ajerezado». Hubo algún problema durante su guarda.

La Posee d´Or 2009 Una celebración especial ha hecho que baje a la cava por dos vinos: uno francés y el otro español. El francés un Chambolle-Musigny 2009 de La Pousse d´Or. Al norte de Vosne Romanée en la Côte de Nuits perteneciente a la gran zona de Côte d´Or. Se mostró delicado, con aromas a grosella, notas mentoladas y de bosque bajo. Bastante joven para desplegar los terciarios de los grandes borgoñas, aunque su encanto es algo etéreo, sutil, como los sueños que apenas dejan rastro, necesita mucho más tiempo para amalgamar su contenido. Una buena ensalada de bogavante con espárragos ha maridado bien.
El segundo vino de la bodega Rioja Alta S.A., Gran Reserva 904 1998 que me ha hecho recordar la impertinencia de un señor que repetía con vehemencia que Rioja Alta era una zona, a lo que yo replicaba que se trataba también de una de las bodegas tradicionales de Rioja… Pero a oídos sordos. Pues este 904 está en un punto de madurez muy interesante, más profundo en color y aromas que el Borgoña, con un ribete ocre precioso y sus aromas de ahumados, tocino, térreos con algo de ciruela en sazón y tabaco rubio, una nariz expresiva y compleja al igual que en boca, profundo complejo; con una acidez exquisita y un tanino mullido. Ahora mismo está formidable, aunque sé que puede evolucionar a favor mucho más tiempo. El mar y tierra; filete miñón y una cola de bogavante en diferentes salsas, no ha sido el mejor maridaje, pero tampoco ha sido muy explosivo.
Dos grandes vinos en una tarde inolvidable.

Un vasco entre puros zacatecanos...

Un vasco entre puros zacatecanos…

A pesar de adelantar una semana la cata que fue el primer día de verano, he postergado esta entrada, como ya es mi costumbre, pero ahí va. Nos hemos congregado pocos, ya que ha faltado casi la mitad del quórum.
Sin más preámbulos pasamos a la cata que esta vez fue abierta, con las botellas desnudas, irremediablemente empezaron a volar nuestros prejuicios, aunque tratándose de un vino vasco y el resto zacatecanos era difícil tener alguna imagen preconcebida.
El primero fue un blaquito, que como dije antes viene del País Vasco, Inazio Urruzola sin añada, de la denominación de origen Getariako Txacoli, aquí un video de las tierras donde nace. Se trata de un vino ligero con apenas 10.5 grados de alcohol, sin crianza, que al llegar a la copa se pueden ver algunos restos de CO2 en pequeñas burbujas, un vino de aguja con notas minerales que me traen recuerdos de las aguas medicinales de algunos balnearios. En el mejor sentido, sin gente tirándose de panzazo por sus aguas…
El segundo de la noche, y primer tinto así como los que le preceden son zacatecanos, francamente no había visto nada de esas tierras por los anaqueles. Tierra Adentro Tempranillo 2010. Huele a toffee, chocolate amargo, zarzamora y una nota distractora de miel maple, algo cansino, en boca es flojo, diluido.
Tierra Adentro Merlot 2010  un merlot que le falta nervio, al principio huele a col hervida, pero se limpia pronto para dar tabaco rubio, mascabado y algo de fruta roja indefinida, en boca no tiene ni acidez ni tanino, algunas notas de chocolate en retronasal.
El cuarto es un syrah; Tierra Adentro Syrah 2010. Sin pena ni gloria como sus antecesores, falta de nervio, ¿será que Zacatecas tiene demasiado sol…? Corto en nariz, en boca diluido, y final amargo. Hay quien lo definió como: Picota, nariz a cuero mojado, de ataque suave, con equilibrio.
Tierra Adentro Syrah, merlot, tempranillo 2010. En la misma línea que los anteriores, aunque con olor a silla de montar sudada evidente, para muchos un defecto. Otra opinión: Frutos rojos, muy parecido al anterior, maderas en retronasal y final amargo.
Tierra Adentro Selección Limitada Malbec 2010. Color oscuro casi tinta china, fruta negra en sazón, flor de tila aunque hay quienes lo conocen como tilo, grosella, tanino casi dulce, amplio en boca, buena acidez. Definitivamente el más vivaracho. Repetible.
Hasta la próxima…